Chapter 8: La fiesta de disfraces:

Rápido, ¿eh? Pues me he dado mucha prisa en terminarlo y espero que os guste tanto como me ha gustado a mi escribirlo :) Puede que tarde un poco más en escribir el siguiente capítulo, pero bueno, ya sabéis: la paciencia es la madre de la ciencia, así que no desesperéis. Bueno, os dejo leer.

A la mañana siguiente de la confesión, los españoles estaban entrenando, ahora, mucho más animados que la otra vez, y en la calle, bajo la atenta mirada de los japoneses. Esta vez estabais entrenando los pases y regates, los cuales eran espectaculares, sobre todo los tuyos y los de Rodolfo Ureña, al que apodabais "Preciosionator", por razones obvias: hacia pases increíbles, los que nadie se espera, pero los dos teníais una conexión. Él sabía en todo momento dónde estabas situada en el campo, y tú siempre sabías a quien iba a pasar, podría llamarse telequinesis, pero esa conexión venía de perlas para el equipo, sobre todo para los contraataques.

Mientras tanto, los japoneses observaban cada movimiento de cada jugador, intentando predecir lo que venía a continuación, pero siempre se sorprendían: a veces por los pases de Rodolfo, o los regates de Lucas y Paulino (a los que apodabais "Los ilusionistas", por razones también obvias).

Todos estaban concentrados a lo suyo, hasta que alguien apareció en el campo. Una persona conocida para todos los españoles, agradados por su visita, sobre todo por parte de las chicas. Era un muchacho rubio, con un peinado clásico pero muy atractivo, con los ojos azules realmente claros y una sonrisa que hacía suspirar a toda aquella que le mirara. Vestía una camisa azul con las mangas negras, un pantalón vaquero con unas zapatillas azules también, todo eso resaltaba su sonrisa y sus preciosos ojos azules. Era físicamente perfecto. Las chicas Inazuma se quedaron boquiabiertas al verle.

Alejandro: ¡Eduardo!

Todos: ¡Dudu! – Todos pidieron permiso para interrumpir el entrenamiento y el entrenador accedió. Todos se acercaron al visitante, hasta los japoneses se acercaron a cotillear.

Alejandro: ¿Qué tal la vida por lo alto?

Eduardo: Pues como siempre: discoteca aquí, discoteca allí, festival allá… ¿Y vosotros?

Tú: Muy bien. ¿Qué te trae por aquí?

Eduardo: Pues este fin de semana los chicos y yo (los chicos son sus amiguitos ricos, para que lo sepáis, ¿Qué se espera de la vida en Ibiza?) hemos alquilado La Cueva para una fiesta de disfraces y me acordé de vosotros.

Alejandro: ¿Así que estamos invitados?

Eduardo: Si pero con unas condiciones.

Alejandro: Suelta.

Eduardo: 1.- Que todos valláis disfrazados. 2.- Que (TN) valla lo más sexy que pueda. 3.- Que no llevéis trajes muy pesados o incómodos porque nos vamos a pasar la noche bailando y bebiendo. Y 4.- Que me presentéis a vuestros visitantes. – Todos te miraron a ti, con duda de que no aceptases ir muy sexy, pero en todas las fiestas organizadas por Eduardo y sus amiguitos acababas como una cuba liándote con dos o tres chicos guapísimos, así que sonreíste pervertida y el visitante tomó eso como un rotundo sí.

Eduardo: ¿Esta vez también vas a acabar con 5 tíos en el sofá? – Todos los japoneses te miraron asombrados, mientras que los demás compañeros reían animadamente.

Tú: Según qué humor tenga. ¿Y tú te bañarás en el jacuzzi con 10 tías otra vez?

Eduardo: Si entre esas tías están esas preciosidades y tú, claro. – Dijo mirando a las chicas Inazuma, las cuales se sonrojaron a más no poder.

Alejandro: Ejem… - Exclamó el capitán ante el comentario dirigido a ti. Siempre andabais tonteando, haciéndose cumplidos el uno al otro, pero los dos sabíais bien que no iba enserio, simplemente os seguíais el royo, pero los demás parecían no entenderlo, pensaban que estabais enamorados o algo así.

Eduardo: ¿Todavía te sigue molestando que le tire los tejos?

Alejandro: Pues algo si…

Eduardo: Pues prepárate para el sábado… - Antes de que el capitán pudiese contestar siguió hablando. – Ahora, presentadme a esos chavales de ahí atrás. – Todos abrieron el círculo hasta dejar a los jugadores japoneses dentro de él, en frente de Eduardo. – Me llamo Eduardo Urgell. Mi padre es Ricardo Urgell, el dueño del club "Pachá" (ese dato es cierto). – Le dio la mano a Endo.

Endo: Lo siento, no lo conozco.

Eduardo: Ya lo conocerás, tú tranquilo. ¿Cómo se llama tu equipo?

Endo: ¡Inazuma Japan! – Gritó ilusionado.

Eduardo: Vosotros ganasteis el mundial este… como se llamaba… ¿FFG?

Endo: FFI

Eduardo: Eso decía.

Kido: ¿Y por qué te llaman Dudu?

Eduardo: Gilipolleces de Fernando, al final se lo pegó a todos. Es el derivado de "Duduardo". Ya ves, no tiene ningún secreto.

Fernando: No es ninguna gilipollez, tú me llamas "Fer" y yo a ti "Dudu". Es pura venganza.

Alejandro: ¿ellos también están invitados?

Eduardo: Si pero recordad las condiciones. Ahora tengo que ir a elegir a las bailarinas. Nos vemos el sábado a las 19:00 en La Cueva. Por cierto, el tema es la antigua Grecia.

Tú: Te quedarás atontado con mi traje.

Eduardo: Eso espero. Nos vemos. – Dijo dándose media vuelta y despidiéndose levantando una mano. Se metió en el Porche azul que estaba aparcado y se marchó.

Endo: ¿Cuánta pasta tiene ese tío?

César: Pues la suficiente para comprar este hotel. Y le sobraría para otros tres Porches más.

Endo: Madre mía…

Tú: Pero hace las mejores fiestas del país. Ya veréis, será la mejor fiesta de vuestras vidas.

Kazemaru: No creo que supere a la del otro día.

Tú: Créeme. La superará mil veces.

Hiroto: ¿Y de dónde sacamos los trajes?

David: Hay una tienda de disfraces a la vuelta de la esquina, podríamos ir allí. Los trajes no son muy caros.

Jonás: Vamos ahora. – Todos siguieron al centrocampista, todos menos Alejandro y tú. - ¿No vais a venir?

Tú: Nosotros ya tenemos traje.

Jonás: ¿Los dos?

Alejandro: Si. Id vosotros, decidle al dependiente qué vais de parte de Alejando Cañedo, os hará un descuento bastante grande.

Fernando: (TN), recuerda que tienes que ir lo más sexy posible. ¿Estás segura que el traje ese es suficiente?

Tú: Ya verás. Confía en mí.

Los jugadores españoles y japoneses fueron a la tienda. En cuanto entraron, los dependientes se frotaron las manos, ese día, iban a ganar mucho dinero.

Decidieron probarse los disfraces por turnos, primero las chicas, después los chicos japoneses y por último, los españoles, cuales decidían si el traje que se probaban eran lo suficientemente buenos para la fiesta.

Les tocaba a las chicas. Aki se probó un traje de abeja bastante sexy, Haruna de camarera sexy, Natsumi de enfermera, Fuyuka de gata, Diana de gogó y Aurora de niña pequeña pero muy muy sexy. Todos los chicos japoneses se sonrojaron, los trajes eran muy escotados y provocadores, los españoles sin embargo, se las comían con los ojos.

Ulises: Mmm… ¡Camarera! ¿Me podría traer un vaso de agua helada? ¡Hace mucho calor aquí!

César: Ay… Me estoy mareando… ¿Podría atenderme enfermera? – Dijo yendo a cuatro patas cerca de Natsumi.

Guillermo: Pues yo voy a estudiar biología y me voy a especializar en abejas.

Rodolfo: Pues yo me especializaré en felinos. Pero para ello necesito una inspección profunda… - Dijo acercándose a Fuyuka.

Fuyuka: No gracias.

Pascual: Cariño, podrías bailarme algo para mi, a solas… - Dijo agarrándole de la cadera, dispuesto a besarla sin complejo alguno.

Diana: Ya bueno… Mejor otro día… - Dijo separándose bruscamente de él, Yeray se alegró de lo que hizo. Paulino se acercó a Aurora y le dio un papelito en blanco.

Paulino: Ahí tienes mi número. Niñero las 24, caricias y arrumacos incluidos para que la niña no pase miedo por las noches. Todo el servicio por un par de besitos. Es una buena oferta, no se pierda esta oportunidad.

Aurora: Anda Paulino, déjate de chorradas.

Paulino: Hablaba en serio, si quieres algún día podemos ir a dar un paseo juntos.

Aurora: Tú lo has dicho, algún día…

Jonás: Ahora que tenéis vuestros trajes, es el turno de los chicos. – Cada uno se metió en un probador y los españoles fueron repartiendo lo que para ellos eran los disfraces adecuados para cada uno.

A Kido le disfrazaron de vaquero, a Kazemaru de indio, a Tsunami y Tachimukai de los hombres de negro, a Fubuki de roquero (con maquillaje incluido (*-*)), a Goenji de policía, a Midorikawa de Peter Pan, a Hijikata de Faraón, a Nagumo y a Suzuno de bucanero y de corsario (la verdad, no se cual es la diferencia), a Endo de torero, etc.

Fubuki: ¡Me encanta este disfraz! Digo… ¡Rock & Roll! – Dijo haciendo un gesto roquero con la mano. Mientras tanto Goenji se acercó a Kazemaru, con una mano en el bolsillo y la otra colocándose las gafas de aviador.

Goenji: Ejem. ¿La identificación, por favor? – Kido se acercó a los dos con andares de cowboy, se bajó las gafas de sol y se levantó un poco el sombrero para poder mirar a los ojos al policía.

Kido: Tranquilo forastero, está conmigo. ¡Yiiija!

Endo: Oooooooleeeeeee… - Dijo muy emocionado moviendo la capa roja a un lado.

Nagumo: ¡Arrggg!

Suzuno: ¡Ahh el barco, grumete! – Todos se lo estaban pasando realmente bien imitando a los personajes que les había tocado cuando…

Afuro: ¡No pienso salir con esta pinta!

Daniel: Vamos, no es para tanto.

Afuro: ¿Qué no es para tanto? – Salió del probador con un disfraz de Cupido, pañal y todo incluido. Todos empezaron a reír. - ¡Es espantoso! – César y Fernando estaban llorando de la risa y Nagumo y Suzuno casi se ahogan entre carcajadas. - ¡Callaos de una vez! ¡Y traedme otro disfraz! No pienso salir así…

Mateo: Anda, toma este traje de payaso. Aunque sigo diciendo que el de Cupido es mucho más… Celestial. – Todos empezaron a reír de nuevo provocando que César cayera al suelo de la risa.

Afuro: ¿Porqué de payaso? ¿No hay algo más interesante?

Mateo: Bueno, si no quieres ese tienes el de Cupido esperándote.

Afuro: ¡No! Ya me quedo este…

Mateo: Eso esperaba.

Jonás: Ahora nos toca a nosotros. – Los españoles sabían muy bien que trajes coger. Cada uno se cogió el suyo y se metieron en los probadores.

De un momento a otro, salieron de sus probadores, con los trajes y complementos puestos, incluso adoptaron la personalidad y gestos de los personajes de los que iban disfrazado. Martín iba vestido de Hawaiano, David de brujo, Ulises de Superman, Guillermo de ninja, Jonás de vampiro, Luis de preso (con la bola negra en el pie), Fernando de cavernícola, Nicolás de Elvis y Romeo… de Romeo.

Martín: Romeo, ¿me estas tomando el pelo?

Romeo: ¿No crees que es perfecto para ligar? El sábado encontraré a mi Julieta.

Martin: Me has dejado sin palabras, macho.

César: Sin comentarios.

Ulises: Cada día eres más gilipollas, hermano.

Romeo: Cállate imbécil. Yo por lo menos no llevo músculos de relleno.

Ulises: ¡Es parte del disfraz!

Romeo: Aunque te vendría bien utilizarlo a diario, estás más blando que un cojín.

Ulises: Cállate…

Después de pagar todos los disfraces con el descuento que le hacía el dependiente a Alejandro, decidieron volver a casa a enseñar sus nuevos trajes a ti a Alejandro, lo cuales estaban probándose los disfraces que os hizo tu madre para una fiesta del instituto (antes de ir les hicisteis unos retoques de nada, como por ejemplo al tuyo, quitarle metros y metros de tela para que fuera mucho más provocativo).

Mientras tanto…

Tú: Si… Todavía me vale. – Dijiste admirándote frente al espejo, mientras que Alejandro estaba dándote la espalda para no ver nada personal mientras que te cambiabas. - ¿Qué te parece? – El chico se dio la vuelta, pensando que no le iba a sorprender, ya que ya te había visto antes con ese traje, pero no tuvo en cuenta de que estabas mucho más desarrollada que hace un año, así que al verte se quedó sin respiración.

Alejandro: …

Tú: Me resalta demasiado los pechos, ¿verdad? Esto nos pasa por probarnos disfraces del año pasado, no tuvimos en cuenta de que me han crecido las tetas y las caderas. – De repente, el capitán te abrazó por detrás, agarrándote de la cintura.

Alejandro: Te queda incluso mejor que el año pasado… - Fue un gesto tan tierno que te diste media vuelta y le abrazaste hundiendo tu cara en su pecho. Una sensación extraña invadió tu pecho, como si un lazo especial os unía aun más. Levantaste la cabeza para cruzar tu azulada mirada con sus rojizos ojos. Hubo una conexión, la cual jamás había ocurrido. Allí estabais los dos, abrazados, tú con un traje de ensueño y él, con su traje de arcángel, totalmente a juego contigo y mirándote con esos profundos y hechizantes ojos rojos. Era una tarde muy romántica, el sol estaba a punto de desaparecer y sus últimos rayos naranjas inundaban la habitación, creando un ambiente con el que cualquier chica soñaría. Sin daros cuenta, vuestros cuerpos se acercaban. Cada vez más cerca, cada vez más juntos, cada vez más unidos. Hasta que unisteis por fin vuestros labios en un primer beso perfecto, tanto tiempo de espera para ello, sin duda había merecido la pena.

El chico estaba en las nubes, por fin la mujer a la que amaba se había dado cuenta de cuánto estaba deseando besarla, y lo hizo. Le parecía un momento tan frágil que, besó como nunca antes lo había hecho: reunió todos sus conocimientos en las mujeres y creó el primer beso perfecto. Ni forzado, ni rápido, ni pasional.

Tú sin embargo, estabas muy cómoda, era un beso realmente bonito y tierno, ni muy corto ni muy largo, además Alejandro era un gran besador, sabía perfectamente dónde meter la lengua para que estuvieras más cómoda. Sus manos no tocaban nada comprometedor, ni metía demasiado la lengua en tu boca. Era una situación realmente extraña, te estabas besando con tu mejor amigo, pero, lo que hasta ahora pensabas que no te gustaría, te estaba gustando, y mucho además. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué te gustaba ese beso? No debería gustarte, era como un tabú. Pero era tan dulce… y tan bueno contigo… Nunca en tu vida te habían tratado tan bien como él y menos crear esa situación tan maravillosa como esa para los dos.

Tú: ¿Por qué nos estamos besando? ¿Por qué le importo tanto? Espera… No puede ser… Todo este tiempo… ¿Ha estado enamorado de mí? – Separaste suavemente tus labios de los suyos.

Alejandro: Yo… Lo siento…

Tú: Soy yo quien tengo que disculparme. – El capitán te miró confuso. – Alejandro… ¿Tú me amas? – El chico apartó la mirada y decidió que ese era el momento.

Alejandro: Desde el momento en el que te conocí. – Después de la confesión, le abrazaste fuertemente.

Tú: Lo siento tanto…

Alejandro: ¿Por qué?

Tú: Has estado todo este tiempo detrás de mí, y yo… Preocupada solo de mí… Soy una mala persona… Perdóname…

Alejandro: No tienes que disculparte. Antes lo estabas pasando peor que yo, mucho peor.

Tú: Pero… Tengo que compensártelo.

Alejandro: No tienes que compensarme de nada.

Tú: Claro que sí. Yo… Seré tu novia para el resto de nuestras vidas. – Alejandro se quedó de piedra, lo que estuvo deseando con toda su alma estaba ocurriendo. Tenía dos opciones: O salir contigo y ser feliz para siempre, o no salir contigo y que tú fueras feliz.

Alejandro: No…

Tú: Pero…

Alejandro: Se que yo no te gusto. Y me has besado para intentar aclarar tus ideas, pero… No me importa. También sé que no quieres salir conmigo, pero por el simple hecho de hacerme feliz, lo harías. Pues no pienso dejarte hacer eso, ¿y sabes por qué?

Tú: ¿Por qué?

Alejandro: Porque a mí lo único que me hace feliz es tu felicidad y bienestar. Si fueras totalmente feliz a mi lado saldría contigo sin dudarlo, pero sé que no es así, no serías feliz y por eso, prefiero que encuentres a tu pareja ideal y no te quedes en el camino por un amigo desesperado. – Le abrazaste tan fuerte que parecía que no podríais despegaros.

Tú: Eres la mejor persona que he conocido.

Alejandro: Pero no lo suficiente… hagamos que estoy nunca ha ocurrido, ¿de acuerdo?

Tú: Si.

"Ding, Dong"

Alejandro: Voy a abrir.

Tú: Gracias por todo.

Alejandro: No es nada. – Salió de la habitación, mientras que tú empezaste a quitarte el traje.

Sorprendentemente, te sentías mal, por decepcionar a Alejandro y por dejar que se hiciera ilusiones. Estabas arrepentida, pero ¿de qué? ¿Por qué ya echabas de menos las cálidas manos de tu mejor amigo? Quizás ya no era tu mejor amigo, sino para ti, algo más que eso, el chico que tu cabeza diese vueltas. Pero por otro lado estaba Goenji, el rubio que te hizo sentir mariposas en el estómago la primera vez que lo viste.

Tú: ¿A quién debo hacer caso? ¿Al estómago que tiene mariposas, o a la cabeza que da vueltas?

Mientras tanto…

Alejandro abrió la puerta, mientras intentaba asimilar lo que acababa de pasar.

Guillermo: ¡Hola!

Fernando: ¡Eh Alejandro! ¡Qué traje tan chulo!

Alejandro: Me alegro que os guste. – Dijo algo serio.

Jonás: ¿Ha pasado algo? – Le preguntó en bajito sin que nadie se enterara, al ver que su amigo estaba algo decaído.

Alejandro: Digamos que la he jodido. Dejemos el tema. – Se acercó a los demás, cuales ya habían entrado dentro y estaban admirando sus nuevos trajes. Cogió mucho aire y empezó a fingir felicidad y emoción por los demás.

Goenji: ¿Y (TN)?

Alejandro: Está arriba. Pero no quiere que le veáis con el traje puesto, así que tendréis que esperar.

Aki: ¿Es bonito?

Alejandro: Ni os lo imagináis.

Hugo: No iréis a la fiesta.

Todos: ¡¿Qué?

Kudou: Lo que él ha dicho.

César: ¡¿P-Pero por qué?

Hugo: ¿os acordáis de la última fiesta de Eduardo, en la cual tuve que conducir un autobús a las 6 de la mañana lleno de borrachos?

Fernando: ¿Y cuando tuvimos que llevaros en brazos a ti y a Helena unos 3 kilómetros porque estabais tan mal que no podíais ni andar?

Hugo: ¿Y cuando tuvimos que meteros en la fuente del ayuntamiento para que recobrarais la conciencia? Y estamos hablando de 16 personas.

David: ¿Y cuando tuvimos que llamar a vuestra madre por que no parabais de llorar?

Nicolás: ¡Que nos dejéis ir coño! – Todos miraron sorprendidos al segundo portero, el cual solía ser muy reservado y tímido. - ¡Tengo muchísimas ganas de ir a esa fiesta, ¿vale?

Hugo: Bueno… Por mi si…

Kudou: ¡Por mi no! Mira como acabaron los jugadores después de la fiesta aquella. Mañana tenemos entrenamiento.

Tú: Vamos entrenador… - Dijiste bajando las escaleras de una manera muy sexy. - ¿No cree que es injusto? - Te acercaste al adulto y por muy raro que pareciera, no ibas a dejar que tus amigos se quedaran sin fiesta, así que decidiste utilizar tu don. Pusiste una mano en su cara. - ¿le han dicho alguna vez que tiene unos ojos muy bonitos?

Kudou: Y-Yo… - Nadie se lo creía, estaba funcionando, a pesar de los tropecientos años que os llevabais, el entrenador estaba cayendo en tu trampa.

Tú: Es usted un hombre muy apuesto. Me pregunto como no está casado todavía. – Dijiste pasando tu mano libre por todo su pecho, sin dejar de mirarle a los ojos. Te acercaste mucho a su cara. - Va a dejar a sus jugadores que vallan a la fiesta, ¿verdad que si? – Dijiste con una voz de niña, algo infantil pero muy excitante.

Kudou: S-Si…

Tú: Muchas gracias entrenador. – Le diste un pequeño beso en la mejilla. – Es usted un buen hombre. – Te separaste de él y te diste la vuelta, encontrándote con todos los jugadores flipados y a algunos con cara de asco. Les guiñaste el ojo. - ¿Qué traje habéis comprado? – Cambiaste de tema rápidamente para evitar preguntas incómodas.

A partir de ese momento, todo funcionaba como siempre, los entrenamientos bestiales, la cantidad inhumana que se comían Midorikawa, Kabeyama y Martín, los golpes y gritos para despertar a los japoneses etc. ect. Todo iba normal hasta que el día de la gran fiesta llegó.

¡Ajá! Os dejo con la intriga. ¿Cómo irás vestida? ¿Qué pasará con Alejandro? ¿Y por qué Eduardo se comportará de una manera mucho más sensual contigo? Todo esto y mucho más aquí, en mi fic. ¡Reviews!

¡Gracias por leer!