7.- Con amigos
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Aunque Jake lo negara mil veces, Kurt lo afirmaría mil veces más. Él moreno tenía una voz fantástica. Es por esto que, cuando se abrió el periodo de inscripciones para ingresar al coro, el castaño arrastró a su amigo hasta el tablero de anuncios y lo obligó a escribir su nombre, para que el coro pudiera escuchar su "fantástica voz".
Desde que Jake audicionara y pasara a formar parte del coro, habían transcurrido cerca de seis meses; el coro había pasado a ser su tercera familia (luego de la suya propia y los Hummel) y en medio de risas y canciones, había aprendido a mostrar sus sentimientos, sin temor a ser ridiculizado por ello. Además de mejorar su canto y su expresión de emociones, desde su primer ensayo el moreno había dejado una estela de corazones rotos; Britt, Marley, Unique, Kitty… incluso Rachel, había mirado al muchacho con otros ojos… Situación que, por supuesto, hizo que Kurt levantara defensas en torno a su amigo.
Sentados en un rincón de la sala, observando al resto de los coristas jugar entre si, alrededor del piano, Rachel y Kurt conversaban.
- Yo lo vi primero – reclamaba Kurt a su amiga, mientras esperaban que llegara el Señor Schuester
- Ya lo sé – contestaba Rachel acomodando su cabello – De cualquier forma, fue solo una debilidad del momento, mi corazón está con Finn…
- Claro… – había susurrado Kurt, mirando con anhelo a su amigo, que en ese momento tonteaba con Ryder.
Al otro lado de la sala, Kitty, Santana y Quinn miraban también a Jake.
- Es muy mestizo – dijo Santana arrugando la nariz
- Es muy menor – sentenció Quinn
- Es perfecto… y super caliente – finalizó Kitty, a tiempo que se mordía el labio.
- Bueno, si lo quieres para ti, tendrás que quitar la competencia del camino. – Hizo notar Santana, mientras miraba a Kurt y se ponía en pie para ir a conversar con Britt.
Kitty miró al castaño y reconoció esa mirada de inmediato; Kurt quería al moreno y no solo como amigo.
- Disimula – le había dicho Rachel a Kurt, que seguía mirando a su amigo.
- ¿eeh? … aah si, claro.
Kurt recuperó la compostura, carraspeó un poco y acomodó su ropa, disimulando sus deseos de mirar todo el día a Jake. Es que ¿Cómo dejar de apreciar la perfección, cuando se presenta en un envase tan tentador como ese? Piel morena, labios carnosos, agradable nariz, ojos vivaces y sonrisa encantadora, aparte de un cuerpo perfecto y una voz de ensueño. ¿Cómo negarse a apreciar eso? Jake era perfecto para Kurt y éste juró por su vida, que si el moreno fuera una religión, él sería su más ferviente predicador. No pasaba un día en que no dejara de notar la belleza de su amigo y no pasaba una noche en la que no deseara dormir una vez más entre sus brazos. ¿Qué importaba si alguien más se daba cuenta? Su amor por Jake, por sus gestos, risas y palabras, se estaba convirtiendo en sacra devoción… fanatismo religioso que bordeaba la locura y que amenazaba con dejarlo confinado en un manicomio.
Con un escalofrío, se obligó a apartar su mirada de él, pero antes de hacerlo vio claramente como su amigo le sonreía. – Me tienes atrapado – había susurrado a tiempo que le devolvía la sonrisa y miraba a otra parte, chocando de lleno con la fría mirada de Kitty, que parecía condenarlo.
Le dedicó una sonrisa falsa a la muchacha y luego fue junto a Blaine para conversar sobre el último número de Vogue, huyendo así de la mirada de Kitty… y la sonrisa de Jake.
