Capítulo No. 8
El intruso
Sakura Li, cansada de revisar tantos papeles, se encontraba sentada detrás de su escritorio de caoba, su oficina solo era un poco más pequeña que la de su jefe, las paredes eran de un color crema, en ellas colgaban premios otorgados por la empresa por su eficiencia en ella y las ventanas daban hacia las calles concurridas. Desvió su mirada esmeralda de los papeles de contabilidad de la empresa que le había llevado Cha Song-ju hacia un pequeño portarretrato que posaba sobre el. Sonrió a medias al ver a Shaoran con aquella sonrisa que muchas veces le cortaba la respiración junto a ella y Kiba, extrañaba esa expresión en aquel hombre, lo extrañaba. Nada justificaba su comportamiento, no entendía, le reclamaba sus deberes conyugales y cuando ella estaba dispuesta a elaborarlas daba la estúpida excusa de "Tengo jaqueca" estaba molesta e irritada, esta vez no sería nada fácil obtener su perdón.
-Con más cuidado o terminarás rompiéndolos-la voz varonil del señor Cha las sacó de sus cavilaciones y se percató de cómo sus manos estrujaban los papeles. De inmediato los soltó y respiró resignada, Shaoran la estaba enloqueciendo y el no se daba cuenta.-Te ves enojada-continuó diciendo mientras tomaba asiento en la silla de frente del escritorio.
-Estoy bien-respondió con una mueca que no aparentaba ser una sonrisa.
El señor Cha le extendió una carpeta más con papeles referente a la empresa, ella suspiró cansada, solo faltaban quince minutos para la hora del almuerzo y se había pasado toda la mañana envuelta de papeles, no le tomó mucho tiempo entender todos esos números, el hombre de cabellera negra era muy eficiente y le explicaba las cosas de manera que entendía todo con mucha facilidad. Lo miró por unos segundos, estaba concentrado también en otra carpeta, decir que era atractivo era poco, era un semi-dios, visualizó la imagen de Shaoran la primera vez que lo vio, tenía el cabello desordenado y la barba le daba aire de hombre poco sutil, sonreía a sus adentros al recordar aquellas ojeras que había obtenido por la falta de sueño causadas por ella, aunque llevaba un aspecto atropellado todo en él la había cautivado, su amor hacia la mujer que no recordaba ser, su apariencia fría pero calida al tacto, solo Dios es perfecto y si Cha era casi perfecto por ser un semi-dios, Shaoran a pesar de sus fallas es el ser más substancial en su vida después de su hijo.
Aquella impertinente frase que ya comenzaba a odiar, volvió ocupar espacio en la mente de la castaña haciendo que desviara las buenas ideas que estaba teniendo de Shaoran, provocando una vez más irritación hacia él.
-¿Qué me dice?-preguntó Song-ju.
-¿Decirle qué?-fue la respuesta de Sakura pues no entendía a lo que se refería.
-De que debemos ir a almorzar-dijo mirándola con el ceño fruncido-y creo que debería tomarse unos minutos más, porque se le ve muy distraída.
-Que va, nada de eso-decía mientras agitaba la mano quitándole importancia al asunto-entonces nos veremos acá alrededor de las dos de la tarde.
-De acuerdo-respondió al ponerse de pie, se despidió de ella con una sonrisa encantadora, lo cual hizo que ella sonriera más y después de verlo marcharse se dispuso a tomar sus cosas y dirigirse a casa.
La lluvia que azotaba sin piedad las calles de la ciudad de Tokio le impidieron moverse de una caseta telefónica hasta la parada de autobús, sus zapatos negros de tacón bajo se empaparon completamente al igual que la falda negra que le llagaba a las rodillas, la blusa blanca tres cuarta aún estaba un poco seca, porque se cubrió con el chaleco negro antes de salir. El agua comenzó poco antes de haber salido, vio las nubes grises que amenazaban de lluvia, por esto decidió aumentar el paso, pero a pesar de eso la lluvia dio con ella antes de llegar a la parada, y ahora estaba encerrada en aquella pequeña y sucia caseta, esperando que se detuviera. Fue entonces cuando escuchó las bocinas de un mercede color azul.
Cha Song-ju descendió del auto junto con un paraguas y abrió la puerta de la caseta.
-Ven, te llevo-dijo en voz alta, ya que los relámpagos y truenos opacaban su voz. Ella iba a protestar, pero sabía que debía aceptar ese aventón a menos que quisiera salir a mojarse para enfermar. Salió y se refugió bajo el paraguas junto a él.
Song-ju le abrió la puerta del copiloto dándole paso para que entrara. Y poco después de haberle explicado donde vivía se dirigían hacia allá.
-Muchas gracias señor Cha-dijo en el momento en que él la dejaba frente a la puerta de su casa bajo aquel paraguas.
-¿Sabes? Tanta formalidad me cansa, llámame Song-ju, ¿me darás el placer de llamarte Sakura?-el la miraba con travesura mientras utilizaba la excusa de que se estaba mojando para acercarse más.
-Si, claro-comenzó a rebuscar las llaves de la casa en la cartera y la dejo caer al sentir la proximidad de ese hombre, ambos bajaron un poco sus cuerpos para recoger las cosas que se habían salido.
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-Kiba toma el paraguas que esta debajo de tu asiento-decía Shaoran, ya estaban cerca de casa. Se extrañó al ver un carro desconocido frente de su casa y más cuando vio a dos figuras tomando algunas cosas del suelo, sabía que era Sakura, podía reconocerla a mil leguas, ella tenía algo que solo él podía apreciar, su mera presencia, su aroma de cerezos en primavera, era único, y aunque para muchos aquello era insignificante para él era su razón de ser. Verla ahí, sonriéndole a ese hombre extraño, y el muy petulante le sonreía como un cazador en busca de su presa, apretó con fuerza el volante y frenó de golpe al ver que él sujeto se atreviera a tocarla al quitarle un mechón de su frente. Su sien explotaría aquel instante, toda su furia descansaban en sus puños, deseosos de darle un golpe al intruso que seguía charlando animadamente con su esposa.
-Papi-la voz de su hijo los sacó de sus cavilaciones-ten, quiero entrar a casa, tengo ganas de ir al baño.
Tomó el paraguas que Kiba le entregaba y salió del carro, al parecer los dos individuos aún no se daban cuenta de su presencia, cargó en brazos a Kiba para impedir que se mojara y se acercó lentamente a la puerta de la casa.
-Hola-dijo al verlos de cerca.
-Shaoran…-dijo Sakura algo incomoda por la situación.
-Mami-dijo Kiba soltándose del cuello de su padre para abrazar a su madre, para luego volver a su sitio de origen. Antes de que pudiera aferrarse al cuello de él, Shaoran aprovechó tal proximidad para adueñarse de los labios fríos de Sakura, los cuales se tornaron tibios con tan solo un roce, los acarició con ternura y pudo percatarse de las ansias de ella y su propio deseo, tenía ganas de cubrir cualquier distancia con su cuerpo, despacio fue apartando sus labios y la miró con ansias de más al tiempo que mordía su labio inferior. Sakura terminó apoyándose del umbral de la puerta, y tranquilizando esa sensación que se poseía de su vientre.
-Diuuuuuuu-expresó Kiba con cara de asco-esperen a entrar-decía aunque su corazón se llenaba de felicidad al ver que sus padres se llevaban bien.
-¿Cómo está? Soy Li Shaoran, el esposo de Sakura-dijo dirigiéndose al hombre extraño. Este le saludo tradicionalmente y con una sonrisa en los labios se presentó.
-Soy Cha Song-ju, compañero de trabajo de su esposa…
-Así es, será mi guía por unos días-se apresuró a decir tras un fatigoso silencio entre los presentes.
-Pero que descortés de mi parte-decía Shaoran mientras abría la puerta con su mano libre-pase-lo invitó.
-No gracias, tengo que irme, nos veremos en la tarde Sakura.
Ya los tres estaban adentro cuando se iba a despedir de Song-ju.
-Pues entonces Adiós-dijo cerrando con suavidad dureza la puerta en la nariz de aquel sujeto. Sakura lo miró abrir el paraguas y dirigirse a su auto a través de la ventana.
-No tenías que hacer eso-decía mientras caminaba hacia él.
Shaoran había bajado a Kiba para que este fuera a cambiarse y ahora tomaba el teléfono para comunicarse con un servicio de comida.
-¿Hacer qué?-preguntó como si no supiera de qué se tratara.
-Le cerraste la puerta en la cara-se quejó.
-¿De verdad? No me di cuenta-dijo encogiéndose de hombros-no es la gran cosa.
-Shaoran eso fue…
-Shhh…si por favor un servicio para tres de comida china-la interrumpió para pedir su orden. Al terminar Sakura seguía frente a él mirándolo con enojo.-será mejor que te cambies, te puedes enfermar.
En ese momento recordó que estaba empapada, la verdad es que el calor se había apoderado de ella después de aquel beso, se dirigió a las escaleras para ir a la habitación, de todas formas no quería enfermarse.
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-Ashuuuuit….ashuuuuuuit-se limpió la nariz con un pañuelo después de estornudar por quinta vez en menos de tres minutos.
-¿No estás tomando nada para ese resfriado?-preguntó su amiga amatista, la cual estaba sentada en el sofá más grande quedando de frente de la castaña, Sakura estaba cubierta de la cintura para abajo con una manta en uno de los sofá individuales.
-Si un antigripal, pero no es suficiente, llevo tres día con este resfriado, lo bueno es que es sábado y no tengo que trabajar.
-Te prepararé un té-se ofreció Tomoyo mientras se ponía de pie.
-No es necesario….
-Vamos, que se nota que lo necesitas, ¿y cómo van las cosas entre tú y Shaoran?
-O tenemos un iceberg de cama o la fiebre me está matando…-dijo rodando los ojos.
Tomoyo frunció el ceño, al parecer la relación de su amiga iba en declive, aunque ella sabía que eran algo que pronto superarían, Shaoran la ama demasiado y a pesar de que Sakura no lo recuerde en lo más mínimo se puede ver en esos ojos esmeraldas el amor que se ha ido despertando en ella.
-¿Y qué tal las cosas con Eriol?-preguntó Sakura para cambiar de tema.
La amatista no pudo evitar sonreír y que sus mejillas se tornaran rosas, desde el día que se habían ido a vivir juntos al apartamento que compraron antes de la muerte del padre de Sakura, todo iba mejorando, cada día lo amaba más, aún no creía que aquella estúpida idea pudo ser más fuerte que lo que sentía por él para alejarse así de improviso aún cuando eran jóvenes. Y él, todas las noches le demostraba el deseo que ella inducía en él, a veces sentía su mirada sobre ella, y eso le gustaba, que sus ojos la contemplaran solo a ella…para siempre.
-Todo va bien.
-De maravillas diría yo, ese brillo en tus ojos… estas completamente enamorada-le dijo antes de toser varias veces.
-Siempre lo estuve, solo que no me di cuenta a tiempo-Tomoyo se acercó al sofá para retornar a su asiento mientras esperaba que el té estuviera listo.
-¿No has hablado con él?-el tono de Sakura se volvió serio.
-Aún no…-Sakura la miró sorprendida-lo haré, necesito tiempo…
-¿Tiempo? Por Dios Tomoyo, el tiene derecho a que se lo confieses, y no en una semana, meses, sino ahora-le decía mirándola con mesura.
-Yo…-trató de defenderse, pero fue salvada tras el azote de una puerta.
-Shaoran tenemos visita y Kiba esta durmiendo, aunque no dudo que haya despertado pues el ruido hasta lo escucharon los muertos-Sakura cada vez mostraba más fastidio hacia el comportamiento de Shaoran, y él se comportaba más irritante cada día. Se le veía cansado con aquellas ojeras debajo de sus ojos, el cabello algo largo y rebelde, con la corbata aflojada y el saco en su mano derecha.
-Hola Tomoyo, lo siento, es solo…-decía en voz baja por el agotamiento.
-Esta bien, no hay problema-este abandonó la sala para subir a su habitación, necesitaba recostarse, desviar sus problemas de la mente, el estrés se posaba con tranquilidad sobre todo su cuerpo.
-¿Ves, cada día es peor…-dijo Sakura haciendo una mueca de total fastidio en los labios.
Tomoyo se había puesto de pie y entregado la taza de té a Sakura, la amatista tomó su cartera y se despidió.
-Tengo que hacer algunas compras para el apartamento.
-Debes de contarle-le recordó la castaña. Tomoyo respiró resignada y salió de la casa.
Con el té aún a medias fue hasta su habitación, no porque se preocupara por él, sino porque su adolorido cuerpo lo necesitaba con urgencia, pero antes de esto le dio un vistazo a Kiba, quien aún dormía placidamente. Al entrar a la habitación vio a Shaoran costado boca arriba sin los zapatos puestos, tenía los ojos cerrados pero sabía que no dormía porque con sus dedos se masajeaba la sien de ambos lados. Sakura dejo la taza en la mesita de noche y entro a la cama, acostándose de lado, dándole la espalda, y se arropó con las sabanas, pues sentía frío causado por la fiebre.
-Dormiré un poco, por favor estate pendiente de Kiba, aún duerme pero seguro…-guardó silencio al sentir como los fuertes brazos de Shaoran cubrían su cuerpo, y su pierna derecha se encontraba entrelazada con la suya, la respiración de él chocaba calidamente con el cuello de Sakura, ella cerró los ojos para apreciarlo más. El aspiró el dulce aroma de ella cerrando los ojos al mismo tiempo como si fuera un acto de purificación, cuanto la extrañaba, le hacía tanta falta su cuerpo, estar dentro de ella, escucharla decir su nombre con voz jadeante de deseo, y como se estremecía entre sus brazos, deseaba estar en ella otra vez.
-Te amo-dijo cerca de su oído con una pasión que lo quemaba por dentro. Ella se estremeció al escucharlo, la verdad era la primera vez que él le decía que la amaba, de seguro lo había hecho antes, pero ella no recordaba, quería recordarlo. No pudo evitar que unas lágrimas silenciosas descendieran hasta sus labios. Percibió como el cuerpo de ella temblaba, no era normal, tentó con su mano la frente hirviente de ella.
-Sakura…-murmuró. La giró suavemente para verla, estaba pálida y sudorosa con los labios morados.
Se levantó de la cama y comenzó a rebuscar entre el botiquín del baño un termómetro, lo colocó debajo de la lengua de ella.
-Trata de sostenerlo…-cinco minutos después lo extrajo, el miedo se apoderó de él al comprobar que tenía 41 grados de fiebre. Marcó el teléfono de un hospital para comunicarse con alguna enfermera.
-Mi esposa tiene 41 grados de temperatura, no sé que hacer…-escuchó atentamente cada una de las palabras de la enfermera, lo primero que hizo fue empezar a llenar la tina de agua fría. Después de colgar se remangó las mangas de la camisa hasta los codos y despojó cuidadosamente la ropa de Sakura, la llevó en brazos hasta la tina que ya estaba llena y la entró.
-No….no…-se quejaba y se aferraba más al cuello de él-no….no….
-Lo necesitas…-sintió como el cuerpo de ella se tenso al ser introducida al agua fría, casi helada. Una vez que estaba dentro Shaoran tomó un paño y lo estrujaba contra el tembloroso cuerpo de ella. Le daba miedo verla así tan mal, tenía miedo de llegar a perderla alguna vez, no podría soportar una vida sin ella, por ella respiraba, por ella despertaba cada mañana, no sería nada sin su cerezo…
Después de varios minutos la sacó y la tendió en la cama, y con otro paño se dispuso hacer lo mismo, estrujarla hasta que la circulación volviera a la normalidad. Como la enfermera le había dicho tomó unas pastillas para bajar la fiebre que tenía en su botiquín y se las dio de tomar, se desvistió quedando solo en calzoncillos, aunque no había recibido aquella instrucción de parte de la enfermera consideraba que no existía mejor manera de brindarle calor que con su propio cuerpo, a ella la vistió con un pijama blanca, un abrigo, y ambos quedaron cubiertos por dos sabanas y el cubre cama, antes de acostarse a su lado prefirió a pagar el aire condicionado. Se acurrucó cerca de ella, abrazándola, proporcionándole su calor.
Unos suaves golpes se escucharon en la puerta y recordó que Kiba aún dormía, hasta ahora.
-Entra…-le dijo.
Kiba aún soñoliento entró a la habitación, y observó la escena que tenía poniendo cara de avergonzando.
-Soy muy pequeño para ver esto-y fijó su mirada al piso, se lo encontraba más interesante-volveré a dormir, si puedo…-ya se estaba dando la vuelta cuando escuchó a su padre decirle que esperara.
-Mamá está enferma-dijo Shaoran- la estoy cuidando…
-Aja…-dijo en tono de "seré pequeño pero no tonto"-adiós papi, me voy a dormir….
Y sin más salió de la habitación.
Sonrió por la mentalidad de su hijo, le sorprendía que fuera tan pequeño y pensara de esa forma…los niños de hoy día. Entonces descansó su cabeza sobre la almohada apretando contra él el cuerpo de Sakura sin hacerle daño, debía bajar la fiebre.
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Despertó con calor aquella mañana, el sudor se deslizaba por la frente, y podía sentir las sabanas algo húmedas. Se despojó de ellas con rapidez, dándose cuenta que aparte de eso llevaba puesto un abrigo y la bata, con razón el calor. Aún así no sabía el por que, no recordaba nada de la noche anterior, más bien de la mitad del día del sábado, había subido en la tarde para recostarse un poco, pero no llevaba ese pijama puesto. Calzó sus pies en unas pantuflas que estaban de frente a la cama y bajó hasta el comedor.
-Buen día-le saludó Shaoran al verla descender por las escaleras, se notaba que no había pegado un ojo en toda la noche.-Te ves con mejor semblante.
-¿Cómo?-preguntó extrañada tomando asiento en una de las sillas del comedor.- ¿Qué hora es?-se dio cuenta que debía ser por lo menos más de las nueve, ya Shaoran estaba vestido con unos jeans azul, y un t-shirt del mismo color con cuello.
-Las dos de la tarde-dijo con normalidad.
-¿Qué? ¿Es domingo cierto?-quiso comprobar si no había dormido más de la cuenta.
-Así es, ayer te dio mucha fiebre, la fiebre bajaba y subía constantemente…
-Entonces tuviste en vela toda la noche-una sonrisa se dibujó en su rostro.
-Si…
-Por mi…
-Haría cualquier cosa por ti-respondió acercándose a ella para acariciarle la mejilla.
-¿Y Kiba?
Shaoran se aportó de ella y se dirigió al refrigerador para tomar el jarro de agua y servirse un poco.
-En casa de Touya, lo vino a buscar hoy temprano. ¿Tienes hambre? ¿Quieres que te prepare una sopa de vegetales?
-Me caería muy bien, gracias.
Esperó sentada en el sofá mientras su esposo le preparaba el almuerzo, ya se sentía mejor, si había tenido fiebre no parecía, su cuerpo se sentía con vitalidad y energía, por alguna razón hubo algo que le proporcionó un exquisito calor que la alivió por completo, entonces vino a su menta la imagen de la tina, el agua helada y él estrujando con un paño su débil cuerpo, y por su puesto el "Te amo" que escuchó antes, eso si que la hizo estremecerse, esas palabras tan calidas y suaves, tan penetrantes en su ser.
-Sakura…está lista.-le comunicó Shaoran colocando el plato sobre la mesa junto con una cuchara.
-Gracias…-ella empezó a comer en silencio mientras él la observaba detenidamente, le encantaba verla comer, como saboreaba cada uno de los bocados, como si cada uno fuera diferente, que guardara otro sabor. Río por dentro, de seguro se quemaría con aquel bocado, a veces se desesperaba un poco al comer.
-Auuchhh…quema-dijo.
Ahí estaba, se había quemado la lengua.
-Al paso querida Sakura-decía mientras con una servilleta limpiaba un poco debajo de sus labios una gota de sopa.-saldré por un momento ¿o prefieres que me quede?
"Quiero que te quedes"-pensó-Si es muy importante…puedes irte.
-Si, lo es y mucho, tu hermano me habló sobre una compañía, un socio que el tiene, que puede ayudarme con la empresa y claro Touya también me dará la mano, el señor se va de viaje mañana, y por eso iré a verlo está tarde.
-Eso me alegra, significa que podrás sacar de la quiebra a la compañía-se entusiasmó.
-Es lo que espero, bueno, nos vemos en un rato-se despidió de ella con un leve beso en los labios.
-¿Te vas vestido así?-preguntó.
-No es nada formal, incluso lo veré en su casa, es bueno que entremos en confianza-tomó las llaves del carro que estaban encima de la mesa y se fue.
Al terminar con su almuerzo decidió arreglar la habitación, la cual estaba en desorden, y todo la llevó a limpiarla completamente, nadie diría que el día anterior tenía fiebre de 41 grados. Mientras limpiaba la mesita de noche, dejó caer la gaveta al intentar abrirla, pues la jaló con tal fuerza que terminó saliéndose por completo, dejando caer en el suelo los papeles que había dentro.
Con cuidado los levantó y no pudo desviar su curiosidad hacía unos sobres que tenían inscrito su nombre. Los tomó entre las manos y se sentó sobre la cama para leer las cartas. Todas al parecer eran de Shaoran cuando aún eran novios, fueron escritas en fechas especiales, como su cumpleaños, navidad y San Valentín, la que más le llamó la atención fue una escrita en ninguna época especial y empezó a leerla. No llegó hasta la mitad cuando ya las lagrimas hicieron presencia en sus mejillas, sollozó abiertamente, no por tristeza, sino porque el hombre que dormía a su lado la amaba sin límites, y lo demostraba en cada palabra de aquella carta. Apretó el papel contra su pecho y lloró, lloró hasta que le dolieran los ojos. Se recostó en la cama aún con la carta en manos, y permaneció allí por varias horas.
Eran casi las cinco de la tarde cuando se paró de la cama y se dirigió al baño. Se despojó del pijama y entró en la tina cerrando la cortina tras sí. Prefirió sentir como el agua corría por su cuerpo, por tal razón abrió la ducha y mojó su rostro y luego todo, pensando en aquella carta.
3/8/2000
Amor mío:
Se que hoy no es ningún día en especial para cualquier otra persona, pero para mí si lo es, porque esta mañana desperté pensando en ti, queriendo estar junto a ti en estos momentos. Me conoces bien, más que nadie, y sabes que no soy un hombre de tantas palabras, y aún así por alguna razón mi corazón latió más fuerte y como son las cinco de la madrugada no pude llamarte para decirte que te amo con toda mi alma, que la razón por la cual respiro y me siento vivo es por ti, solo por ti.
La primera vez que te vi, no puedo decir que me enamoré de ti, sabes que mentiría, porque no te soportaba, siempre vivías con una sonrisa como si todo en el mundo tuviera una solución, pero no contaba con que poco a poco esa sonrisa me apresara y que te fueras clavando en mí, y hoy en día estas en lo más profundo de mi ser. Mientras pasaba los días supe apreciarte, me fui enamorando, como un tonto. Y le doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de amarte, de tenerte, de tocarte, porque cada día que estoy a tu lado me haces desear ser un mejor hombre…y yo deseo darte todo para que seas feliz, tanto o más como lo soy yo.
Anhelo el día cuando te tenga todas las mañanas, no hay cosa más dichosa que despertar viendo tu mirada, y respirar tu dulce aroma que purifica mi alma, te amo tanto que no sabría que hacer sin ti…deseo que estemos juntos para siempre. ¿Cómo fue que te fijaste en este chino frío, de carácter duro y de mirada ambarina? Ansío que salga el sol para verte y besarte, besar esos suaves labios que añoro cada noche. Deseo que seas mi esposa…
Te amo…
Siempre tuyo:
Li Shaoran
Shaoran llegó a la casa con más ánimos, pues la reunión con su futuro socio había sido un éxito, aunque no especificaba que cantidad aportaría a la compañía lo importante era que se había comprometido a hacerlo, a ayudarlo.
Se extrañó no encontrar a Sakura en el primer piso, quizás estaba cansada y decidió dormir, subió los escalones de dos en dos, y entró a la habitación, ella no estaba ahí, la cama estaba un poco desordenada y sobre ella estaba el cajón de la mesita de noche más otros papeles, entonces escuchó el agua de la ducha, de seguro estaba tomando un baño. Sin pensarlo se desvistió, dejando la ropa en el camino que lo dirigía al baño dejando al aire libre su fornido cuerpo, sus hombros anchos…se encontraba en bóxer cuando ya abría la puerta del baño. El calor se hacía presente. Se acercó con lentitud. La cortina se abrió delante de él de improviso dándole una imagen desnuda y húmeda de su esposa. Tragó saliva al verla así, su cintura y sus caderas libres de cualquier prenda, sus firmes muslos. Siguió con los ojos una gota de agua que recorrió su cuello, el espacio que separa sus pechos, su vientre, hasta perderse en aquellos rizos de cabello.
-¿Me pasas la toalla por favor?-pidió Sakura sin saber que decía exactamente, pues la mirada penetrante de Shaoran la turbaba. El se acercó a ella sin la toalla y entró en la tina sobresaltando a su esposa.
La tomó por la cintura y depositó en sus labios toda la pasión que corría por su sangre, jugó varias veces con los labios de ella mordisqueándola, acariciándolos con su lengua, hasta que la introdujo en su boca provocando que gimiera en silencio, le acariciaba la espalda con la mano izquierda mientras que la otro se posó sobre su pecho y mimaba ya el pezón endurecido de Sakura, pudo apreciar como sus piernas se abrían y cerraba como ala de mariposa con cada beso. Detuvo sus labios, para besar su mejilla, su cuello, y cuando su boca estuvo a la altura de su oído izquierdo sopló con suavidad haciendo que esta temblara hasta la punta de los pies, y mordió el lóbulo de la oreja para luego decir con voz ronca y exaltada.
-Mujer…tu cuerpo me hace falta…
Para luego poseer nueva vez su boca, y transmitirle aquel deseo incesante de poseerla de hacerla suya allí mismo.
Continuará….
Nota de Autora:
¡Hola! Aquí nos leemos otra vez, hey, que capítulo, que final, estoy ansiosa de escribir el próximo capitulo, en el cual, por fin, pasará, y esta vez no habrá ninguna interrupción de ningún tipo, miren que hasta envié de pasa día a nuestro querido niño Kiba. Jajá jajá ¿no les encantó su actitud cuando entró a la habitación de su papá? A mi si, los niños de hoy día….
Y ese portazo que le dieron a mi Song-ju…solo porque fuiste tu Shaoran te perdono, es broma, como a muchas no le gusto la presencia de este hombre, pues quise escribir algo que las animara, pero no sé si las cosas se quedan ahí….(risa malvada)
¿Y qué será eso que le oculta Tomoyo a nuestro inglés? Ni yo misma se….
Espero que les haya agradado este capítulo, y les quiero dar un agradecimiento muy especial a las lectoras que han estado siempre atenta a mi historia, y aunque es prohibido (eso leí por ahí, quiero que alguien me explique eso por favor) les agradeceré directamente:
Muchísimas gracias a:
Sonylee, EvisakuraLokurashiphopLinktlozAle Snape LiArevir6Sweetchibi-SakuraMirokyKaori-chan-nJuchizYohko BenningtonAgataBlackNolee SySIreli456Eily Rojas-BlackSailor Alluminem SirenHermione IANA KOUCelina Sosa….
En fin a todas…gracias por el apoyo de siempre, y por aguantar mis ocurrencias.
Nos leeremos luego.
Recuerden
dejarme sus R……..E……………V………….I……..E………W………S
