Octava Melodía: Decisión

Era ridículo siquiera el pensarlo, Sesshoumaru jamás le cedería a Inuyasha el poder de su padre, nunca, jamás, él sería capaz de todo…

De todo pero…

–¿Y bien? –Amplía su sonrisa al ver la expresión de consternación en su hijo–. ¿Renunciarás al poder y el territorio de tu padre?

Kagome miraba expectante tanto a Sesshoumaru como a Irasue, no podía imaginarse que saldría de esa conversación, si la negativa de Sesshoumaru dejándole de esa manera todo a Inuyasha o el ceder ante las imposiciones de su madre aceptando el comprometerse con alguien, sea cual sea su decisión el resultado sería algo absurdo.

–Si mal no recuerdo… –pronuncia de pronto Kazuya atrayendo las miradas sobre él–. Existe una forma en que el matrimonio puede ser anulado.

El silencio nuevamente se apoderó de la habitación, Irasue frunció el ceño molesta por las palabras del joven mientras que Sesshoumaru lo miró por primera vez interesado por escuchar lo que iba a decir.

–Recuerdo… –continúa–, haber oído que si llegaba a existir la posibilidad de que tanto el príncipe como la doncella se negarán a unirse en matrimonio, este podría ser anulado sin obligar al heredero a renunciar a sus derechos.

Una pequeña risita de burla (pero sin perder la elegancia), se pudo oír de los labios de Irasue, desconcentrando a Sesshoumaru que después de haber oído las palabras de Kazuya estaba cuestionándose porqué no había sido informado de aquel importante detalle.

–Eso es absurdo… –sonríe–. ¿Quién se negaría a estar al lado de mi hijo?

Esa era una pregunta válida que hizo tanto a Sesshoumaru como a Kazuya fruncir su ceño porque la verdad no podía existir alguien que…

–Yo lo haría.

Kagome no esperaba llamar la atención con su respuesta, ni siquiera creyó que sería tomada en cuenta ya que desde hace minutos los demonios hablaban como si ella no existiera, pero ahora estaba ahí siendo casi examinada por tres pares de ojos.

–Querida… –suspira–. ¿De verdad te crees capaz de ganar alguna de las pruebas que impondré?

–No, pero tampoco estoy interesada en intentarlo, lo único que quiero es salir de aquí y regresar con mis amigos –estaba siendo honesta y por ello no notó el enfado que causaron sus palabras.

–Pues nadie te lo impide, márchate, eres libre de hacerlo –ordena mirando con sincero odio a la humana que se había atrevido a despreciar el honor de participar en el ritual, porque si bien aún seguía en desacuerdo con su presencia, eso no justificaba tal acto de insolencia.

–De acuerdo, si me disculpan.

Escapando de la desagradable mirada de Irasue y sin querer seguir tentando a su suerte la sacerdotisa sale de la habitación.

–Pero que descaro… –se queja cerrando sus ojos mientras escucha la puerta de la habitación cerrarse, para luego abrirlos y fruncir su ceño con curiosidad–. ¿Dónde está Sesshoumaru?

–Salió.

–¿A dónde?

–Quien sabe… –sonríe entretenido pensando en la pareja.

Kagome caminaba sin rumbo fijo, en realidad había dicho que se marchaba pero no sabía cómo regresar, ni siquiera sabía en donde se encontraba la salida del castillo.

–¿Qué voy a hacer…? –Suspira siguiendo el camino alfombrado, el castillo era enorme… esperen un segundo, ¿no había pasado antes junto a esa estatua?–. No puede ser…

–¿Qué haces?

Esa voz la obligó a voltearse por instinto, frunciendo su ceño cuando se encontró con la expresión de molestia de quien menos quería ver en ese momento.

–¿Qué crees que hago? –Cuestiona sintiéndose cansada, molesta, completamente hastiada de cualquier asunto que involucre al youkay porque en primer lugar todo eso era su culpa–. Busco una salida, quiero salir de aquí.

–No irás a ningún lado.

–¿De qué estás hablando?

–Te quedarás aquí y harás lo que yo te ordene.

–Pero… ¿qué es lo que te propones? ¿Para qué quieres que me quede? –Sesshoumaru estaba loco si creía que se quedaría en ese lugar.

–A que tienes que quedarte aquí, participar en la competencia y ganar.

–¡¿Qué?! –Era un hecho, Sesshoumaru había perdido la razón, ella JAMÁS iba a participar en esa locura, mucho menos por el tipo de "premio" que se le ofrece a la ganadora.

–Lo que escuchas, vas a participar y vas a ganar para luego rechazar el compromiso.

–Así que es eso… –nada más ni nada menos que del príncipe de hielo tenía que salir tan insensible idea, ¡pensaba utilizarla para su beneficio personal! ¿Qué se creía? ¿Su dueño? Por favor…

–Exactamente eso es –asiente manteniendo su mirada fija en la sacerdotisa, odiaba eso, odiaba estar abalando la participación de una humana en el ritual, odiaba el estar deseando su victoria pero no tenía ninguna otra opción, no tenía salida, en otras palabras estaba… desesperado y LO ODIABA.

–Eres… –ríe sin diversión–, no puedo creerlo, quieres que pierda mi tiempo en una estupidez como esta sólo para quedarte con las tierras y el poder de tu padre, deseas que arriesgue mi vida mientras tú observas tranquilamente… –cada palabra era más fuerte, a cada palabra podía sentir que la molestia aumentaba, era irracional, era completamente absurdo lo que el demonio le estaba pidiendo hacer… ¿pidiendo? No, era mucho peor, se lo estaba ordenando como si tuviera algún poder sobre ella–. Tienes que estar bromeando… –resopla aunque sabía que era imposible, él jamás se detendría a bromear.

–Es en serio –recalca aunque sea innecesario.

–Pues yo no pienso participar en esto, este es tu problema y tú verás cómo lo solucionas –le da la espalda–, lo siento mucho pero yo no estoy para estos juegos.

–No irás a ningún lado –rápidamente se pone frente a ella, dejando que escasos centímetros los separasen.

–Déjame pasar Sesshoumaru, no puedes obligarme a hacer algo que no quiero.

–Claro que puedo.

–¿Ah sí? ¿Y cómo piensas hacerlo? –Una mirada desafiante acompañó a esas palabras, sin importarle como el demonio volvía fruncir su ceño con obvia molesta, oh no, ahora ella estaba mucho más molesta que él y no se dejaría intimidar.

–Si no lo haces, tu vida acabará en un segundo.

No estaba bromeando, así de desesperado estaba, así de decidido cuando alzó nuevamente su mano para descansarla en la garganta de la mujer, pero contrario a la vez anterior ahora sí continuó apresando el delgado cuello en sus manos, sin hacer presión, sólo envolviéndolo para que la humana entendiera a lo que se arriesgaba si seguía negándose.

Kagome sintió la fría mano en su cuello y se paralizó, sabía lo frágil que era su cuerpo, sabía lo fuerte que era el youkay, sólo bastaba un simple apretón, sólo bastaba que cerrara su mano y entonces su vida terminaría.

–¿Qué dices ahora?

La retó sonriendo levemente por el obvio temor frente a él, había notado la irregularidad de la respiración contraria, podía ver el temor en los ojos marrones que seguían fijos en los propios y es que era cierto, Kagome estaba asustada, estaba aterrada pero más que eso se sentía molesta, decepcionada y también algo herida, estaba tan herida por que el demonio usara ese sucio truco para manipularla, que la haga escoger entre su propia vida como si fuera dueño de ella.

–Adelante, hazlo.

Sesshoumaru alzo sus cejas sin poder esconder su sorpresa por aquellas palabras.

–Presiona, mátame… –continúa–, hazlo si estás dispuesto a despedirte de la única oportunidad que tienes de quedarte con el poder de tu padre sin tener que comprometerte –una sonrisa se dibujó en sus labios al mismo tiempo que terminó de hablar, sentía como su corazón latía a mil por hora, estaba consciente del miedo que sentía por dentro pero por ningún motivo se lo iba dejar notar al youkay, no… ya estaba cansada de que él hiciera lo que se le viniera en gana sin pensar en los demás, sin pensar en ella.

El demonio no podía esconder el desconcierto que le causaron esas palabras y es que… era absurda su actitud, tenía miedo, él lo sabía, esa humana temblaba bajo su tacto completamente aterrada pero aun así… su voz no lo demostraba, sus palabras eran fuertes y desafiantes, ¿acaso quería engañarlo? Frunciendo aún más su ceño hizo una ligera presión en su agarre, no suficiente para lastimarla pero sí para que extrañara el aire y aun así… seguía sonriéndole, desafiándolo, retándolo, sus ojos brillaban con miedo pero también podía notar valor y decisión, parecía que estaba dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias y Sesshoumaru no pudo evitar sentirse nuevamente fascinado por ello, la odiaba tanto, le intrigaba tanto, ese coraje era casi atrayente, era como si una fuerza electrizante cosquilleara en sus dedos haciéndolos temblar, ¿qué era ese temblor? ¿Quería asfixiarla? No, no era eso, entonces… su mano ¿por qué seguía temblando? ¿Qué era lo que quería hacer?

–¿Qué harás?

No era su intención volver a desafiarlo, pero Sesshoumaru se había quedado estático frente a ella y aunque seguía con su mano en su cuello ya no sabía qué esperar, porque los ojos del youkay habían perdido fuerza, ya no podía sentir esa presencia maligna que le advertía que temiera por su vida, no, había algo más… algo más que suavizó su propia mirada haciéndole olvidar el temor.

Esa voz lo hizo salir de su ensueño aunque no de la forma que él esperaba, porque su mano fue la que reaccionó deshaciendo el agarre y deslizando con lentitud su tacto por la tersa piel, subiendo sin prisa mientras los ojos dorados seguían en los marrones, cada uno desafiando al otro aunque ya no era una lucha de poder, ya no era por quien se rendía ante las exigencias del contrario, ahora era… por quien se atrevería dar el siguiente paso aunque ninguno de los dos supiera a ciencia cierta de qué paso estaban hablando. La mano del demonio continuó su camino mientras que la mente de su dueño seguía divagando, deteniéndose sólo cuando llegó hasta su destino, amoldarse en una de las mejillas que ahora se calentaba bajo su tacto reteniendo un suspiro de satisfacción ante lo cálida que podía ser la otra piel y cuestionándose desde hace cuánto que no sentía una calidez como esa.

Kagome vio confundida como el youkay se había quedado estático frente a ella, es verdad, su actitud era como para desconcertar a cualquiera pero aun así le sorprendió el ver la confusión de Sesshoumaru, nunca lo había visto así y que fuera por causa suya… era inquietantemente agradable. De pronto, sin previo aviso lo vio soltar su cuello para luego pasear sus elegantes dedos por sus mejillas, no sabía si él tenía fríos sus dedos o sus mejillas estaban ardiendo… pero ese contacto había sido tan suave que tuvo la tentación de cerrar los ojos, pero algo se lo impidió, el rehusarse a perder cualquier detalle de las acciones del joven la obligó a no dejarse llevar por su impulso.

–¿Sesshoumaru?

Escuchar su propio nombre en su susurro fue suficiente para regresarlo a la realidad, encontrándose con la expresión confundida y avergonzada de la mujer mientras que él… ¿acaso la estaba acariciando? Separó casi de un salto su mano de la mejilla contraria, girando para darle la espalda a la humana mientras que intentaba recuperar la compostura, la cordura que en ese momento se le había escapado…

–¿Estás bien? –Pregunta en voz baja sin querer alterar al youkay ni a ella misma que aun podía sentir sus mejillas ardiendo con vergüenza.

–Te… te quedarás…

¿Aún seguía con eso? La chica frunció su ceño volviendo a sentirse molesta por… de pronto reparó en algo que detuvo su nueva queja, la voz de Sesshoumaru había sonado baja, sin fuerza, casi… casi titubeante y eso fue suficiente para tranquilizar su propia molestia.

–Te… te vas a quedar… –insiste odiándose profundamente por no poder encontrar el tono de voz adecuado, porque a pesar de sus palabras no podía hacer que estas sonaran a una orden, no si seguía hablando tan bajo o si seguía dudando… ¿por qué demonios estaba dudando? Esa mujer tenía que quedarse, era su única oportunidad para mantener el poder sin tener que casarse, debía hacerlo aunque fuera en contra de su voluntad, no, no la dejaría negarse aunque tenga que…

–Sólo unos días.

Esas palabras volvieron a sorprenderlo, haciéndolo voltear para encontrarse con una sonrisa y un leve rubor en quien lo miraba ahora en silencio, ¿había aceptado? La mujer por decisión propia… ¿había aceptado?

–Pero… –agrega desviando la mirada intentando no verse tan avergonzada como se sentía–. Tendrás que mostrarme mi habitación porque no conozco el castillo –cedería por el momento, después de todo aun no sabía cómo regresar así que era una buena idea ser cautelosa y protegerse mientras tanto, además… además el demonio estaba actuando extraño y quería saber la razón.

–Es por aquí… –indica comenzando a caminar viendo de reojo como la mujer lo seguía en silencio, aun no consideraba eso como una victoria, sabía… temía que la humana estaba planeando algo pero por el momento lo dejaría así, ahora lo importante era asegurar una manera de poder librarse del compromiso.

El youkay y la sacerdotisa caminaron a paso lento por el pasillo ambos tan absortos en sus propios pensamientos que ninguno fue consiente de la presencia que deslizó a través de las sombras, mientras que Kazuya sólo miró en silencio a la pareja que se alejaba.

–Esto se está poniendo interesante… –suspira–, pero… aún quedan unos pequeños problemas por reparar… –agrega tocándose el pecho sobre su corazón mientras su mirada se fija en la morena, para luego desaparecer del lugar.

Continuará…


Esta vez fue un poco más largo de lo acostumbrado así que espero que lo hayan disfrutado, ¡nos leeremos pronto! ¡Cuídense! ^^

~ Cindy Elric ~