Capitulo VIII

La comida había resultado más agradable de lo imaginado. Ambos habían permanecido muy tranquilos y compartieron una charla relajada mientras comían en un restaurante que tenía un cierto toque romántico que ambos pasaron por desapercibido.

Cuando salieron, caminaron hasta el lugar donde permanecía estacionado el automóvil del joven, en un agradable silencio. La paz reposaba suavemente en el ambiente entre ambos, haciendo todo un poco más fácil.

Se dirigieron al departamento nuevamente, mientras una estimulante melodía de blues salía de los parlantes del vehiculo de manera envolvente.

- No sabia que te gustaba el blues- rompió el silencio con un tono muy suave.

- Ciertamente, hay muchas cosas de mi que no sabes- aclaro sin quitar la vista del camino.

Kagome sonrió. Inuyasha era una pequeña cajita de secretos y ella se sentía como la misma Pandora. Y aunque tenía miedo de descubrir cosas que no le gustaran, su curiosidad no mermaba. Quebrantaba alquiler sentido común. Corrió la mirada hacia el paisaje en la ventanilla, en tanto peinaba su cabello suavemente.

Una vez que guardaron el vehiculo en el garaje del edificio, caminaron hacia el ascensor y marcaron el numero de su piso mientras las puertas se cerraban a sus espaldas.

El silencio continuo hasta que llegaron al departamento. Por la apariencia de este, se notaba que Miroku no había llegado aun. Bostezando, Kagome se dirigió hacia las escaleras. Deseaba dormir entre sus suaves edredones y así relajarse.

Una vez en su habitación, se quito la ropa que llevaba puesta y se coloco el camisón que había comprado hacia unos días. Cepillo su cabello un par de veces para evitar los nudos y suspiro mirando el espejo. Llamaron a la puerta apaciblemente, para luego entrar Inuyasha en silencio. Ambos se miraron durante unos segundos sin moverse, para ser Kagome quien se acerco hasta él quedando a solo unos centímetros.

- ¿Necesitas algo?- interrogó casi en susurro, perdida en sus ojos.

No dijo nada, ya que no había que decir. Había ido siguiendo sus instintos, no por una razón determinada. Deseaba acariciar su hombro izquierdo para sentir el tacto de su piel desnuda, pero sabia que debía mantenerse a raya.

Advirtiendo que no se movería o hablaría, Kagome encerró entre sus manos su rostro y lo acerco al suyo, dejándolo a escasos milímetros. Aspiro su aroma lentamente y tomando impulso lo beso con dulzura. Permaneció quieto por un considerable lapso de tiempo, indeciso. Cuando estaba cerca de ella, las estrategias y artimañas casanovas desaparecían dejando su mente casi en blanco. A veces se sentía como un adolescente inexperto, aun siendo todo lo contrario.

El sentimiento que había crecido en su corazón cuando le hizo el amor por primera y única vez, nublado toda intencionalidad canalla haciendo que solo le importara estar cerca de ella. Sin embargo, Kagome no había deseado lo mismo apartándolo de su vida por un largo periodo. ¿El que hizo? Odiarla. Odiarla por no creer que él también podía tener un corazón. Odiarla por no querer estar junto a él. Odiarla por irse a los brazos de otro.

Pero en su interior sabia que ese odio era demasiado vulnerable y débil para mantenerlo alejado de su lado. Sabia que las probabilidades de que saliera herido otra vez eran muy altas mientras Kagome creyera que él solo quería jugar con ella.

Cuando fue la fiesta, se sorprendió porque los celos que desplegó ante Kikyo habían aumentado y luego su comportamiento cuando llegaron al departamento. Había tambaleado su seguridad sin siquiera percibirlo.

Abrazó su cintura, atrayéndola a él para así aumentar la intensidad del beso. Ella pareció de acuerdo ya que se adhirió a él encerrando su cuello entre sus brazos.

- Te extraño- susurró Kagome sobre sus labios- De verdad.

Nuevamente, lo había desarmado sin permitirle pelear demasiado. ¿Cómo podía una niña de dieciocho años convertirlo en una marioneta de su voluntad? Sin pensarlo más, comenzó a besarla con aun más frenesí mientras sus manos la recorrieron deseosas. Kagome bajo sus manos y desprendió su camisa con urgencia, demostrándole que lo necesitaba tan urgentemente como él.

Una vez que ambos estuvieron desnudos Inuyasha la guió, aun besándola, hasta la cama que reinaba en la habitación. Se recostó encima de su suave y curvilíneo cuerpo, reviviendo esa maravillosa sensación. Descendió por su cuello dejando el rastro de un agradable cosquilleo en tanto Kagome jadeaba y abría más sus piernas permitiéndole que se acomodara a su atojo.

Con suavidad, tallo su miembro en su intimidad para así humedecerla pero no necesito hacerlo por mucho tiempo ya que se encontraba lista para darle la bienvenida. Sin pensarlo dos veces, se deslizo en su interior llenándola por completo con su rígida masculinidad.

Kagome se abrazo aun más a su espalda y gimió cerca de su oreja casi melódicamente. Era como una canción incitante y demandante de todo su esfuerzo para que continuara sonando. Sus arremetidas eran firmes y profundas pero lentas haciendo que le rogara que aumentara la velocidad. Sin protestar, se movió con más contundencia provocando que sus gemidos se aceleraran el doble y susurrara órdenes que el cumplía encantadamente.

Luego de un buen rato, Kagome estallo en una sensación que la recorrió entera haciendo que perdiera la energía súbitamente. Sonriente, comenzó a besar su cuello en tanto el continuaba moviéndose en su sensible interior. Inuyasha se alejo un poco para verla y su cara le rebelo en el momento exacto en que culminaba vertiendo su cremosa esencia.

Sin salir, beso su frente mientras sentía que ella se aferraba aun más a su cuerpo, como si lo necesitara siempre a su lado. Tranquilo por esto, respiro el aroma de sus cabellos. Si bien Kagome era su heroína, siempre supo ocultárselo a ella y eso fue lo único que pudo hacer. Pero ya estaba más que confirmado que era un adicto sin cura.

* * * * *

Kikyo le ofreció un café a Bankotsu quien permanecía sentado en el sillón de la sala. Su madre ya se había retirado hacia una hora debido a su cansancio pero le había hecho prometer a Bankotsu que volvería otro día para tomar el té. Sin objeción alguna, había aceptado gustoso y eso causo que su madre se fuera con una sonrisa picara.

Se sentó en el gran sofá y tomo su taza para revolverla en silencio. Bankotsu no le había quitado el ojo ni un solo segundo a su cuerpo y eso le molestaba y cohibía al mismo tiempo. Le halagaba su interés, pero nunca saldría con un joven que no podía mantener una mujer a su lado más de dos meses sin aburrirse.

Luego de una breve charla Kikyo le comento que ya tenía sueño y mucho que estudiar al día siguiente, una manera muy sutil de decirle que era hora de partir. Lo acompaño a la puerta de entrada, abrió la puerta dándole espacio para que saliera. Bankotsu le recordó que uno de estos días volvería por la invitación de su madre, a lo que ella solo afirmo con un movimiento de cabeza. Sin aviso previo, se acerco cortando cualquier distancia rápidamente y beso castamente su mejilla. Una vez que se alejo, la vio por unos instantes sorprendida y sonrojada pero luego cambio a una mirada de indiferencia. Sonriendo, el joven se fue.

* * * * *

Miroku entro a la casa sonriendo aquella noche. Las cosas con Sango iban de maravilla y por alguna extraña razón no deseaba perder el tiempo en compañía de otras mujeres.

Sintió unas risas proviniendo de la cocina, lo que despertó su curiosidad. Al asomarse por el marco de la puerta encontró a Inuyasha quien sostenía en lo más alto una cuchara de madera en tanto Kagome saltaba sin cesar tratando vanamente de alcanzarla.

- Ya deja de torturarla- se atrevió a decir el recién llegado.

Ambos lo miraron con una expresión de sorpresa y susto. No habían escuchado el sonido de la puerta al llegar. Inmediatamente dejaron el juego de lado.

- ¿Qué les pasa?- se rió Miroku- Parece que vieron un fantasma.

- No te escuchamos entrar- le explico Kagome quitándole de una vez la cuchara a Inuyasha para seguir cocinando.

Inuyasha volvió a una postura despreocupada y miro a su amigo. Aquella noche había regresado un poco más temprano de lo común. Ambos caminaron hacia el comedor.

- ¿Cómo te fue en el trabajo?- consulto de manera despreocupada.

- Nada excepcional- se encogió de hombros- ¿Y tú?

- ¿Yo que?

- Hace mucho que no te veo acompañado de una mujer- señalo de manera juguetona.

Aquello dejo en silencio al albino. Pensaba que su amigo estaba demasiado ocupado en Sango que no hubiese notado su deserción casanova. Sintió que Kagome entraba a la sala y dejaba la fuente donde se encontraba la paella.

- Eso es porque anda detrás de Kikyo- respondió Kagome en un tono de normalidad.

- ¿Kikyo? ¿La amiga de Kagome?- consulto extrañado- Creí que solo eran amigos.

- ¿Desde cuando existe la amistad entre el hombre y la mujer?- cuestiono nuevamente Kagome- Además, estamos hablando de Inuyasha.

El mencionado la miro. Sabía que aquello era pura actuación, pero de cierta manera sentía se estaba extralimitando. Desvío la mirada a Miroku, quien parecía totalmente de acuerdo con lo que decía su hermana menor.

- Buen punto- admitió- Voy a cambiarme y en cinco minutos estoy con ustedes.

Sin más que decir, Miroku se dirigió a las escaleras. Kagome regreso a la cocina en busca de algo e Inuyasha la siguió por detrás. La muchacha se percato de su presencia y sin pensarlo dos veces abrazo su cintura con sus delgados brazos. Levanto la mirada y descubrió su molestia.

- No pienso eso- se apresuro a decirle- Se que antes, también podías tener amigas sin necesidad de llevártelas a la cama.

Sin esperar, se coloco en puntas de pie y lo beso de manera dulce y pausada, disfrutando de cada rose de sus lenguas.

- Solo era actuación- le susurro en los labios.

- Demasiado convincente para mi gusto- protesto- Bésame de nuevo.

Sonriendo por la posesiva orden, Kagome le beso nuevamente. Ya no había impedimentos para ambos, ya que Kagome había terminado su relación con Kouga de manera amistosa. Escucharon como Miroku bajaba las escaleras y se separaron.

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Kagome recogía los platos ya vacíos, cuando su teléfono celular comenzó a sonar. Inuyasha le ayudo llevándose él los platos para así permitirle atender.

- ¿Kikyo?

- Kagome, me encuentro en el hospital- le informo Kikyo con voz quebrada.

- ¿Tú mamá?

- Se esta muriendo- susurro mientras lloraba.

* * * * *

Inuyasha y Kagome llegaron al hospital lo más rápido posible. Kikyo se encontraba sentada fuera de la sala de cuidados intensivos, tapando su rostro con sus manos. Kagome se arrodillo y abrazo a su amiga quien temblaba a causa del llanto.

Ya no había nada que hacer. La señora Ikeda había muerto hacia unos minutos, ya que su corazón no resistió más. Inuyasha se agacho a la altura de ambas y le informo a Kikyo que el le ayudaría con los papeleos correspondientes.

Fue una larga noche. Luego de terminar los papeleos, fueron al departamento donde Kikyo se baño y recostó a descansar en cama de Kagome. En la sala, Kagome e Inuyasha hablaban en susurros.

- Esto es horrible- sentencio abrazándose mas a su pecho- ¿Qué ocurrirá con Kikyo ahora? Ella no tiene más familia que su madre, no podrá estudiar y mantenerse al mismo tiempo.

- No te preocupes- le acaricio la cabellera- Hana me dijo que había resulto todo.

- ¿Cómo pudo hacer eso?- cuestiono incrédula.

- Con mi ayuda- le confeso.

Kagome se acerco a sus labios y los beso lentamente en forma de agradecimiento. Ahora estaba segura que Inuyasha no permitiría que a Kikyo le faltara algo.

* * * * *

El entierro fue más pesado de lo que imagino. Pensó que se caería de rodillas cuando comenzaron a introducir en el agujero el cajón, pero Inuyasha le había abrazado justo a tiempo.

Sabia que aquello molestaría a Mikage, pero en esos momentos necesitaba el reconforte que solo Inuyasha le sabía proporcionar. Por ello, le consideraba su mejor amigo.

Kagome permaneció junto a Rin y Mikage a un costado, mirando perdida como los empleados comenzaban a tapar el pozo con la tierra a un costado.

- Es hora de partir- susurro Rin, tan afectada como ella.

Kagome asintió y observo como Inuyasha asentía a lo que le decía Kikyo, dejándola sola. Mikage se quiso acercar pero él se lo impidió.

- Déjame pasar- ordenó molesto.

- Ella desea estar sola- respondió de una manera sumamente amenazante pero manteniendo la compostura- Respeta sus deseos.

Kagome se apresuro y tiro del brazo de Mikage solicitándole que no armara un alboroto, ya que ello empeoraría el estado de Kikyo. Obedeciendo de mala gana, se fue con zancadas rápidas y molestas.

Todo el mundo se fue, dejándola sola unos momentos. Un rayo surco el aire vaticinando que la lluvia estaba a punto de desatarse, y aun así no le importo. Su corazón le pedía unos segundos mas, solo un poco mas de tiempo.

El sonido del trueno resonó y sintió como las primeras gotas caían. Todo había acabado, estaba sola. Sonrió ante su egoísmo y reflexiono que su madre ahora estaría mejor donde quiera que estuviese, y aun así deseo que jamás se fuera.

La lluvia ya era algo que no podía ignorar. En solo unos segundos estaba completamente empapada y tiritaba levemente por el frió. Pero, era una buena forma de camuflar los ríos de lágrimas que surcaban su triste rostro. Su cabello se pegaba contra el vestido negro, que ahora se encontraba entallando aun más su figura.

Cerro los ojos y se abrazo a si misma tratando de contener una nueva oleada de pena, pero de repente sintió que la lluvia ya no la mojaba. Miro a su costado y descubrió que Bankotsu sostenía un paraguas negro que cubría a ambos.

- Fui a tu casa para tomar el té que me prometió y me entere de lo ocurrido- le explico.

No dijo nada. Aunque se hubiese enterado, le sorprendió que fuese al entierro.

- El mundo perdió hoy a una gran mujer- continuó hablando, con la mirada perdida en el frente.

Permaneció en silencio. Opinaba exactamente igual, pero no servia de nada exteriorizarlo. Para el mundo entero, aquella dolorosa partida pasaba por desapercibida y con el tiempo solo ella la recordaría.

Los minutos pasaron en silencio, la lluvia continuaba cayendo y él perduro a su lado en una compañía silenciosa, sin contacto alguno, casi como un fantasma que de alguna increíble y extraña forma respetaba su dolor.

Su cuerpo comenzó a tiritar cuando el viento inicio tu tarea de estremecer las hojas cercanas. Sin embargo aquella sensación desapareció cuando sintió como un peso extra se apoyaba en sus hombros. Miro a su acompañante y lo descubrió sin el saco del traje. Le sonrió en agradecimiento y continuo con su silencioso duelo.

* * * * *

Kagome tomaba su café lentamente mientras miraba distraída como la lluvia caía en la ciudad. Inuyasha, sentado a su lado, mezclaba rítmicamente su taza, en tanto Rin la miraba perdida su liquido negro. Mikage se había ido a su casa molesto, mientras que ellos tres fueron a una cafetería.

- Me preocupa Kikyo- suspiro por fin Kagome- Esta allá sola y con este clima.

- Ella deseaba esto- respondió Inuyasha- Y aunque no me guste, es lo que ella necesita. Kikyo es una mujer que generalmente resuelve sola sus problemas. Es su voluntad esto.

Rin asintió a lo dicho, ya que la conocía de más tiempo y esta era una reacción común en su comportamiento. Observo cuando Inuyasha tomaba la mano de Kagome y le regalaba un ligero apretón de contención. Estudio la mirada que se dedicaron a continuación y rió un poco. Ambos por un momento se habían olvidado de ella y pudo percibir perfectamente sus sentimientos.

- Ya me voy muchachos- les informo poniéndose de pie.

- ¿Quieres que te lleve?- consulto caballerosamente Inuyasha devolviéndole la atención y soltando la mano de Kagome.

- En absoluto- sonrió- Eso si, quiero ser la madrina del primero.

Ambos la siguieron con la vista mientras la pequeña mujer salía del local riendo picadamente.

* * * * *

Aunque solo llevaba caminando unas pocas cuadras bajo la lluvia, ya se encontraba íntegramente mojada debido a que no conseguía un solo taxi libre.

- Debí aceptar la oferta de Inuyasha- protesto mientras continuaba.

Levanto la vista y vio que de una casa, a treinta metros de distancia suya en la misma vereda, se abría una puerta de la cual provenían luces y música infantiles. Un hombre salio primero abriendo un paraguas negro y un niño se unió a él a los pocos segundos. Ambos caminaron a un automóvil que estaba aun encendido. El hombre abrió la puerta de atrás y ayudo al niño a entrar. En ese momento ella se encontraba a pocos pasos y cuando el sujeto levanto la mirada, se estremeció al ver sus hermosos ojos ámbares mirándola. Automáticamente una oleada de vergüenza la invadió y bajo la mirada acelerando el paso.

* * * * *

Una vez en casa, observo detenidamente la sala de estar. Sabia que seria un golpe duro volver a su hogar pero jamás pensó que seria de esa magnitud.

Bankotsu la miro por unos segundos. Sin importarle nada, tiro de ella y la abrazo fuertemente contra él. Sintió su ropa húmeda contra él, pero no le importó. Solo quería que ella dejara de pensar un poco. Kikyo por su parte no se resistió al abrazo, empapándose de la cercanía de otro ser humano, que la consolara.

- ¿Por qué no te vas a bañar?- consulto apoyando su mejilla en su cabello mojado- Te colocas ropa seca y yo cocino algo. Creo que hoy lo que menos necesitas es pasar la primera noche sola.

Quiso protestar, ya que ella siempre se las arreglaba sola pero esta vez se sentía muy débil para resistir la batalla sola. Decidió permitirle que la acompañara, siempre y cuando no propasara ningún límite. Sin embargo, debía darle el crédito de que no lo había hecho nada en todo el día.