Narra K

Me quieres….. Esas palabras me torturaban como nunca, ella lo sabía, yo lo sabía. Pero no es fácil para un bloque de hielo recibir un calor sofocante tan de repente, en todo caso el bloque de hielo de derrite y no quiero ser uno. Ojalá fuera fácil amar así como se ilustra en las pelicular que tanto le gustan a Kula, ojalá. Sin embargo no me permito desear nada de una manera irracional, amar más allá de uno mismo es peligroso, peligroso y te hace débil. ¿Cómo si no tuviera ya otros problemas? No digo que ame a Kula si no que simplemente no quiero negar ni aceptar nada, no quiero someterme a la duda de si el "amor" es correspondido o si durará para "siempre". No quiero ser un romántico idiota.

Narra Kula

Me desperté sintiéndome como un muñeco de trapo, en la boca tenía el amargo sabor de… vómito. Asco. Era un asco, quise hacer un recuento de los daños, la habitación estaba completa, así que no me había traído a la fiesta conmigo…. ¿Había llegado caminando? ¿Alguien me trajo?

¿Tuve algo que ver con alguien?

La idea cruzó por mi cabeza y me sentí horrorizada, no tenía dolor en ninguna parte, claro más que en la cabeza. Me levanté rápidamente, me lavé los dientes y por primera vez me di cuenta de lo que llevaba puesto. Una camiseta negra de K. Casi quise saltar de alegría, así que muy contrario a mi pronóstico él se había encargado de mí. La sonrisa de mi cara casi me hizo doler los cachetes, miré el reloj 11:30 a.m. no era tan tarde así que él podría estar aún en la suite, quería darle las gracias así que casi corrí a la salita de la suite. Máxima estaba sentado o más bien algo como estar sentado y mal acostado, dormía como un oso perezoso y K no estaba por ninguna parte. Se me vino a la cabeza que quizá quería evitarme y mi corazón se sintió como aplastado, con los ánimos por el suelo tomé una taza y la llené de leche y mi cereal favorito. No quería usar el servicio al cuarto y menos bajar al restaurante siendo un asco. Me bañé y arreglé para ir a dar una vuelta por la playa. Al fin y al cabo estaba aquí para disfrutar y si algo sabía hacer de maravilla era perder el tiempo.

Me recosté sobre una camilla, con tanto bloqueador sobre mi piel que podrían confundirme con una helado con demasiada crema batida.

4:48 p.m. Me había quedado dormida. Desperté de golpe sintiendo mi piel arder, no arder en un buen sentido casi casi quería arrancarme la piel. Había estado dormida bajo el sol durante demasiado tiempo, quise darme de goles contra alguna seguro estaba más roja que un cangrejo y el dolor me duraría días. Me levanté como pude y caminé hasta llegar a la suite, Máxima y K estaban mirando un partido de yo que se deporte. Estaba tan malhumorada que pude haber lanzado llamas(o hielo). Ambos voltearon a la puerta cuando aparecí Máxima contenía la risa y K me miraba con algo parecido a la lastima sólo que mas divertido.

-¿Qué?-

Les dije sintiendo ganas de ahorcarlos o de ahorcarme a mi misma por haberme quedado dormida, en realidad me daba cuenta de que mi ira era irracional, pero ¿Qué podía hacer? Era un chica, una chica que casi llega a ser solo músculo sin piel por haberse quedado dormida bajo el sol durante las vacaciones decisivas en las que intentaba conquistar a su amor platónico y si ese no era el peor escenario, bueno, eso se podía arreglar agregándole que ayer había llegado cayéndose de borracha….No, no era tan malo. Era vergonzoso.

-Es solo que….. ¿Se te pasó el bronceado?-

Dijo Máxima.

Lo miré de manera que ya sabía que no estaba para bromas, se limitó a sonreír tímidamente y K seguía mirándome como contrariado.

-¿Necesitas algo?- Dijo.

Me sentí como si algo se apaciguara en mi.

-No….. ¿No?... Bueno creo que no-

-Leche, Leche quizá sea bueno pequeña, una vez Diana me dijo que de pequeña te solía pasar esto así que iré por ella-

Máxima se levantó y salió por la puerta. Yo apenas podía moverme por la rigidez de mi piel, así que K se levantó y buscó en una bolsa de tenía una cruz de color rojo. Sacó una pequeña píldora blanca, sirvió un vaso de agua. Yo había logrado avanzar un poco hasta llegar el sillón.

-Toma, es algo así como un calmante, es bueno no quiero matarte-

Dijo eso por la forma en que lo miraba, estaba escéptica.

-Gracias- Le dije – Y gracias por lo de ayer-

Sus ojos pusieron una barrera y lo noté en el instante en el que volvió a mirarme.

-Es mi deber-

Rodé los ojos.

-No es tu deber, lo hiciste por otra razón-

El se sentó en el sofá de al lado y se encogió de hombros.

-Es mi deber, somos un equipo-

No dije más y ambos nos pusimos a mirar el televisor, yo no prestaba atención alguna a ello, sólo era consciente de que algo había cambiado entre nosotros, no sabía si en mis delirios de borracha había dicho algo estúpido o yo que sé.

Máxima llegó cargando cajas de paquetes de leche, quise reírme muy fuerte por que tenía expresión de preocupación pero me dolía la cara, ya no tanto, la medicina había hecho su efecto.

Media hora más tarde estaba en una tina de leche fría, con un gorro de baño en la cabeza y un traje de baño viejo y Máxima sentando sobre el WC contándome lo aventurero que había sido su día en el hotel. Definitivamente la eche tenía un efecto calmante sobre mi piel, cerré los ojos y cuando volví a abrirlos K estaba en el baño. Me ruboricé. Así que estaba más roja si eso era posible.

-¿Te sientes mejor?-

Su expresión era incómoda.

-Sí, mucho mejor- Le dije sonriendo, me miro sonriendo, sin que la sonrisa llegara a sus ojos. Quise sonreír más porque estaba de mejor humor y porque él estaba conmigo.

Se acercó a la tina sonriendo de manera distinta, una sonrisa que no podía reconocer pero que era de las bonitas que le había visto.

-Estas que ardes mi chica de hielo, literalmente-

Sin decir más salió del baño, dándome algo a lo cual aferrarme. Su chica de hielo.