HEY MIS QUERIDOS LECTORES, AQUI LES TRAIGO OTRO CAPITULO DE ES ESTE FIC, PERDONEN POR LA TARDANZA, LA VIDA DE UNIVERSITARIA ES MUY ABSORBENTE.

les comunico que los cinco primeros reviews estarán en el siguiente cap, junto con las respuestas de las preguntas que quieran hacerme, y recuerden que dentro de poco seguiré con CORA Y EVA, DOS REINAS DEL AMOR VERDADERO.

POV EMMA:

Ese modo de salir huyendo de Ruby no era normal, algo debía estar pasando entre ese tipejo con complejos de personajes de cuento de hadas y mi hija, aun me preguntaba tantas cosas sobre él, algo me decía que ya lo conocía de antes, pero no recordaba de que, trataba de hacer memoria, pero si era completamente sincera, a veces tenia memoria de pez en algunos aspectos.

-¿hace cuánto que ellos dos salen?-al darme la vuelta me encontré con una molesta Gina de brazos cruzados , a mi parecer se veía muy sexy en esa pose de mujer dominante, vestida con una camisa blanca de mangas largas y de puños desabotonados y doblados, los primeros botones de su cuello mostrando una mínima parte de su sostén blanco de encaje, un pantalón de pana negro de cintura alta y estrecha, de tobillos holgados y al vuelo, rodeado por un cinturón de medio fino de cuero, para terminar con su exquisita vestimenta de ese día, unos zapatos negros de tacón aguja de quince centímetros que la hacía media cabeza más alta que yo, su ceño estaba fruncido y sus labios, pintados de rojo intenso resaltando esa preciosa cicatriz de su labio, estaban en rictus de disgusto, conocía muy bien esa cara, era exactamente la misma cuando metíamos la pata en la secundaria y me recriminaba que vivía metiéndonos en problemas-te hice una pregunta, Emma Swan, quiero una respuesta-oh uh, ahí estaba ese tono, si hubiese sido su hija seguramente no habría esperado para dejarme la retaguardia tan caliente como un carbón al rojo vivo.

-creo que si llevo bien la cuenta…medio año-seguía sin abandonar esas sexy pero peligrosa postura de madre cabreada.

-¿no crees que es un "poquito" mayor para nuestra hija?-si hubiese sido posible, el corazón se me hubiese salido del pecho literalmente de entre las costillas, mi mujer no podía ser más perfecta para mí-¿en qué cabeza cabe dejar salir a una jovencita de tan solo diecisiete años con un hombre que le dobla la edad?-realmente, si éramos del todo sinceras, había hecho de todo para evitar que esos dos se juntarán, desde castigarla sin salir, hasta incluso casi tapiar su ventana para que dejara sus escapadas nocturnas, pero tenía el carácter rebelde de los Swan, y eso ya no se podía cambiar.

-es su vida, Regina, no podemos decirle con quien salir y con quien no, solo podemos apoyarla y si cae, estar ahí para frenar el golpe-de repente pude ver como caminaba de un lado a otro en la sala de estar como un león enjaulado, farfullando palabras inentendibles, gesticulaba furiosamente como si quisiera espantar insectos que volaban a su alrededor-mi amor, cálmate-si las mirada matasen yo no estaría contando esta historia.

-¿te has puesto a pensar si ese hombre es el adecuado? Es solo una niña…y el…le dobla la edad, por dios Emma, ¿acaso lo conoces bien? ¿Y si es un violador? ¿O un drogadicto?-si existiera el premio de mamá gallina, seguramente, se lo hubiesen otorgado a Regina. Esa mujer tenía el instinto sobreprotector bien encendido y sin botón de apagado-juro que si le toca un solo cabello de su cabecita, lo descuartizo-ojala el pobre nunca la hubiese conocido, créanme, no querrían ver a una Regina Mills cabreada y con el instinto maternal a tope.

-antes de pronosticar la futura muerte de ese capullo, ¿Por qué en lo que Ruby arregla sus cosas personales, salimos al parque con los niños?-los pequeños estaba más que entusiasmados al ver que preparábamos una cesta de picnic, Henry parecía una criajo de seis años mientras que su hermana Mary Margaret no podía borrarse su sonrisa radiante al verlo tan feliz.

-míralos, nunca antes los había visto tan excitados-el parque estaba repleto de familias y niños corriendo de aquí para allá. Pero por más que viera a los pequeños jugar, no se me quitaba la sensación de que algo andaba realmente mal, no podía concentrarme en la conversación con Regina ni en los sándwiches que estaba comiendo, a tal punto que me llegué a comer, inconscientemente, uno de crema de maíz y huevo, la combinación más horrible que puede existir en el universo.

-Emma-su voz se escuchaba lejana-Emma ¡Emma!-al volver en mi misma, pude ver que chasqueaba los dedos delante de mi cara-¿me estas escuchando?-su rostro se veía contrariado y signos de preocupación y dudas aparecieron en sus ojos castaños y profundos.

-sí, sí, lo siento…estoy algo perdida en mi mente-ella asintió, algo insegura, y es que desde que éramos niñas, nunca fui muy buena mintiendo, en especial a ella.

-Mary Margaret y Henry quieren ir por un helado, ¿sabes si la heladería de Ingrid sigue abierta?-los mejores helados del pueblo eran de la heladería "Frozen", y más porque los nombres de los sabores no eran cotidianos u obvios, sino completamente exóticos, como por ejemplo, "pétalos de rosa" el sabor favorito de mi hija, era una extraña combinación de fresa, arándanos, moras, cerezas negras y crema de leche, y el sabor y la textura al comerlo, le daba mucha justicia al nombre.

-vamos niños, a la mejor heladería que hay en el mundo-a pesar de querer demostrar calma y serenidad, la ansiedad me estaba ganando la partida.

Había pasado media hora, seis llamadas hechas al celular de Ruby, y no me lo cogía, esto era muy extraño, mi hija era de las personas que siempre llevaba el teléfono pegado a ella y encendido, además de saber que no tenía muchos contactos a quienes llamar, salvo a la comisaría, a Graham y a mí, por cuestiones de desconfianza.

Al llegar a nuestro destino, como era provisto Ingrid se lanzó a los brazos de Regina, haciéndole infinidad de preguntas "¿Cómo era posible que hubiese vuelto?" "que estaba tan hermosa como siempre" "¿Qué si esta vez se quedaba?" Ingrid siempre tuvo predilección por su pequeña "Gina" desde que éramos niñas, incluso se sorprendió al ver a los hijos de esta y comprobar que "tenían el mismo encanto y dulzura que su madre"

-Ingrid, antes de seguir atosigando a mi novia a nuestros pequeños, ¿podrías tomar nuestros pedidos?-la rubia mujer presentaba un rubor que rivalizaba con las manzanas de nuestro árbol.

-muy bien, asumo que tú Emma, vas a querer una supernova-otro nombre exótico y difícil de entender, pero era una combinación también, de chocolate, trocitos de almendra y más chocolate, con mermelada de leche -y nubes de azúcar-el titulo lo decía todo, no era necesario explicación alguna-y ustedes niños ¿Qué van a querer? No se preocupen, corre por cuenta de la casa.

-no lo puedo creer, todavía tienes la explosión de manzana-los ojos re Regina brillaban, como la primera vez que probó su sabor favorito, y el único que comía al comprar un helado de Ingrid.

-desde luego, desde que te fuiste, jamás lo quité, ¿quieres las dos bolas con el barquillo de crema batida?

Sin prestarle mucha atención, le envié un mensaje a Graham, pidiéndole que hiciera una búsqueda de mi hija con su supuesto novio. Como todo adjunto, se dispuso a realizar la pesquisa con rapidez.

Las llamadas ya me parecían inútiles, pero aun no dejaba de marcar al celular de mi desaparecida lobita, como me gustaba llamarla, pero seguía enviándome a buzón.

Luego de estar media hora decidiendo que iban a tomar, yo llamando como loca al teléfono de Ruby y ser enviada al buzón. Recibí la llamada que ninguna madre debería escuchar.

El nombre de Graham Humbert se leía en el led de mi teléfono, me disculpé con Regina y los pequeños, atendí la llamada afuera esperando que fueran buenas noticias.

-Sheriff Swan-la voz de mi compañero no se oía nada bien, se podía distinguir el crepitar de algo incendiándose del otro lado de fondo-tiene que venir al muelle, es urgente-sin avisarle a Regina o a los pequeños, salí corriendo al punto de encuentro que me había dicho mi adjunto.

El lugar estaba repleto de personas, las patrullas de la comisaría estaban bloqueando el paso a los curiosos, los bomberos estaban apagando un gran incendio de algo que parecía una pequeña embarcación, lo que me sorprendió fue reconocerla, era el pequeño navío del disque novio de mi hija.

Mi peor pesadilla se confirmó, cuando de entre las llamas, un oficial de bomberos, uniformado, salió con alguien en sus brazos, inconsciente, herida, cubierta de hollín y cenizas, sus ropas estaban carbonizadas y casi no tenía nada encima, podía verse que tenía múltiples heridas lacerantes y que había perdido la conciencia por pérdida de sangre.

Un oficial intentaba quitarme de la escena, tal vez porque ya sabía que esa joven era mi hija, lo que me extrañaba, era no ver en ningún sitio a ese patán, admirador de los piratas del caribe.

-Emma, vete, no es seguro-Graham intentaba que entrara al coche patrulla, pero mis pies no me obedecían, se habían quedado clavados al piso, incapaz de querer creer que esa joven a la que intentaban estabilizar, echada en una camilla, con una máscara de oxígeno que le cubría desde la nariz hasta el mentón, era mi nena.

No recuerdo como llegué al hospital, solo veía todo a mí alrededor como una mera observadora, vi como bajaban a Ruby de la ambulancia, los enfermeros gritaban algo que me era imposible entender, traté de seguirlos, pero una mujer me retuvo antes de que entraran al quirófano. La luz que indicaba que era una cirugía de emergencia estaba encendida y seguramente no se apagaría en mucho tiempo.

No sé exactamente cuánto tiempo estuve ahí sentada, en la sala de espera, solo me di cuenta de mi entorno cuando sentí la voz de Regina llamándome, y efectivamente en la puerta estaba ella, junto a los pequeños, sus miradas estaban cargadas de dudas y preocupación.

Por primera vez, sentí que realmente me podía derrumbar con tan solo un soplo de aire, y esa vez, ya no tenía a mi pequeña para sostenerme de los hombros como siempre.

-Emma-sus ojos se clavaron en los míos, y sin decirle nada, mi cuerpo se lanzó a sus brazos como si tuviera vida propia, por primera vez, me permitía ser débil ante otros.

Desde que mi pequeña tenía uso de razón, me había convertido en su ángel de la guarda, su confidente, su pilar y viceversa. La impotencia me carcomía desde mi pecho, hubiera podido evitar que algo le sucediera, pero la sobreestimé y las consecuencias de mis estúpidas e irresponsables decisiones, me golpeaban como el gran martillo de la justicia

-ella va a estar bien, vamos a encontrar a quien le hizo esto.

COMENTEN QUE LES PARECIÓ Y QUE SUGERENCIAS ME DARÍAN PARA EL SIGUIENTE CAPITULO