Capítulo 8.- Los Caminos de la Vida.

Los caminos de la vida,
No son lo que yo esperaba
No son lo que yo creía,
No son lo que imaginaba...

El radio sonaba mientras el automóvil transitaba por las atestadas calles de Toluca. Genzo tamborileaban sobre el volante. Lily contemplaba el smoguiento horizonte, por donde se debería de encontrar la atestada Ciudad de México. Made canturreaba por lo bajo la canción que se 4escuchaba en el radio. Taro tenía la mirada perdida en el tráfico. Ninguno hablaba, era como si la canción los hubiera hipnotizado a los cuatro.

Wakabayashi recordó que la aerolínea no había llamado aun para darle información sobre su salida a la Ciudad de México. Tan entretenido estaba el portero en esa ciudad que no se había acordado ni de llamarle a su padre para preguntarle cuándo querría que fuera a visitarlo.

"Debo llamarlo antes de que mande al ejército tras de mí", pensó Genzo. "Aunque va a querer saber el motivo por el cual me estoy retrasando tanto aquí...".

Genzo volteó a ver a Lily, de reojo. La chica hablaba por su celular con alguien, quizás con el amigo que les iba a echar la mano. Wakabayashi sonrió por lo bajo, para qué negar que ella le gustaba y que no le agradaba la idea de tener que irse y nunca más volver a verla...

Tienes que dar vuelta en la siguiente esquina.- dijo Maderique.- El Seguro Social queda cerca de aquí.

Listo.- Lily colgó el teléfono.- Hablé con mi amigo y nos echará la mano. Solo es cuestión de llegar antes que Jorge.

Llegaremos antes que él.- respondió Made, con mucha seguridad.- No va a encontrar pronto mi tarjeta de citas, creo que la última vez que la vi la traía el trapeador con patas que tiene mi sobrino por mascota.

¿Trapeador con patas?.- Taro soltó una risilla.

Un perro que alguna vez fue blanco.- suspiró Maderique.- En fin...

Los caminos de la vida
Son muy difícil de andarlos,
Difícil de caminarlos
Y no encuentro la salida...

Una vez en el hospital, Lily llegó a urgencias y buscó a su amigo, un hombre algo robusto de lentes y sonrisa amable. Los dos intercambiaron impresiones y hasta un abrazo bastante fuerte y emotivo.

Uhm, me pregunto si será nada más un viejo amigo o algún antiguo amor.- comentó Taro.

Por algo la persiguen tanto los chiles.- musitó Maderique.

Genzo frunció el entrecejo. Bueno, ni derecho tenía de decir algo... Lily regresó con su amigo e hizo las presentaciones correspondientes.

Les presento a mi amigo, el doctor Manzano.- dijo Lily.- Es residente de pediatría, pero tiene un amigo traumatólogo que nos ayudará.

Mucho gusto, soy Maderique.- dijo la chica.

Me llamo Taro Misaki, un placer.- dijo el Artista del Campo.

Genzo Wakabayashi.- Genzo hizo una mueca.- ¿Manzano? ¿Ése es su nombre?

Mi apellido.- contestó el médico.- Un placer conocerlos.

¡Ja! ¿Y suele dar frutas en vez de diagnósticos?.- se burló Wakabayashi.

Todo depende de quien me los pida.- rió Manzano, de buen talante.

Gracias por ayudarnos, Charlie.- Lily le lanzó una mirada ceñuda a Genzo.- Te lo agradecemos en verdad.

No tienes por qué, chiquita, nada más me deberás una cena.- Charlie guiñó un ojo.

Cuando quieras.- Lily rió.

Wakabayashi miraba al doctor con ojos de pistola. Charlie, sin hacerle caso, condujo a Maderique a un cubículo privado en urgencias. Taro, Lily y Genzo se quedaron en la sala d espera.

No sabía que tuvieras novio.- comentó Genzo, como quien no quiere la cosa.

No tengo.- Lily contestó sin hacerle mucho caso.

¿Entonces aceptas cualquier invitación a cenar?

Charlie es mi amigo.- dijo Lily, tranquila.- Salimos de vez en cuando.

Vaya. Pues que buen amigo ha de ser.- gruñó Genzo.

Taro soltó una tosesilla que sonó a algo así como "¡Celoso!". Lily sonrió por lo bajo.

Si me invitas a cenar, aceptaré.- dijo ella.- Ya te había dicho que sí saldría contigo. Podrías intentar eso en vez de tener celos.

Lily se levantó y fue hacia urgencias, al cubículo en donde estaban Maderique y Charlie. Misaki soltó una risotada.

Te topaste con la horma de tu zapato.- comentó Taro.

Cállate.- gruñó Genzo, pero sonreía.

¿Y ahora qué?.- suspiró Taro.

A esperar, supongo.- Genzo enfocó su mirada y su atención en el televisor que pasaba en esos momentos algún partido de sóccer de alguna parte del mundo.

Supongo...

Así pues, mientras los dos jóvenes se entretenían con el partido de sóccer, adentro de urgencias Lily miraba la placa real que se le había tomado a Maderique y la placa falsa que se le mostraría a Jorge. En la de Maderique, el tobillo se veía sano, y en la otra, los ligamentos de la articulación se mostraban visiblemente destruidos.

Es la radiografía de una mujer que se destrozó el tendón de Aquiles.- explicó el traumatólogo amigo de Charlie.- Más o menos de la edad y complexión de Maderique.- Tu amigo pensará que su hermana no va a volver a caminar.

¿No podría ser menos drástico?.- preguntó Made.- Jorge no me dejará volver a jugar sóccer jamás.

Así que es sóccer.- sonrió Charlie.- Me imaginaba que deporte extremo podría practicar una chica tan linda.

Maderique soltó una risilla nerviosa. Charlie sonrió, pero Lily frunció el entrecejo. Los dos médicos intercambiaron miradas y Maderique lo notó. El mensaje era obvio: "Con ella, no".

Bueno, podríamos explicarle que afortunadamente tu placa salió bien y que te trajeron a tiempo al hospital.- sugirió el traumatólogo.

Eso me parece mucho mejor.- sonrió Made.

Pues eso será.- sonrió Charlie.- ¿Cuándo llegará tu hermano?

En cualquier momento.- contestó Maderique.

Yo pensaba que la vida
Era distinta cuando era chiquitito
Yo creía que las cosas
Eran fácil como ayer...

De pronto, comenzaron a escucharse gritos y reclamos en la sala de espera, como si un hermano furioso estuviera gritándole a dos pobres extranjeros.

Ya llegó.- suspiró Maderique.

¡Maderique Cristina!.- gritó Jorge.

A la reja con todo y chivas.- musitó Maderique.- Acá estoy.

¿Estás bien?.- Jorge corrió la cortina del cubículo y echó un vistazo rápido a todos los doctores que se encontraban ahí.- ¿No te cortaron la pierna?

Afortunadamente, no.- respondió el traumatólogo, poniéndose muy serio.- La trajeron justo a tiempo, tuvo mucha suerte. Un poco más que se hubieran tardado y habríamos que tenido tomar una medida drástica.

Maderique pensó que a todos los médicos les debían de enseñar a mentir con elegancia en la escuela de Medicina. Los gestos, las expresiones, hasta el tono de voz eran diferentes, y todo en conjunto hacían que cualquier persona se sintiera hipnotizada y se creyera hasta la estupidez más grande. Bien podían decirle a Jorge que su hermana tenía quesitis aguda, la enfermedad que llena los músculos de queso tipo Oaxaca, y el muchacho se la hubiera creído... Si hasta Maderique por poco se traga el cuento de que, si llega más tarde, se muere.

Por lo pronto, solo necesita reposo.- concluyó el traumatólogo.- Aunque nada más el día de hoy, ya que si su tobillo queda sin movimiento, ella podría tener dolores después.

Está bien.- suspiró Jorge.- Me encargaré de que esta cosa descanse hoy y ya veremos después.

No me llames "cosa".- gruñó Maderique.

Le daré algo para el dolor.- el traumatólogo esbozó una sonrisa.- Vengan conmigo, por favor.

Maderique, Jorge y el doctor salieron del cubículo; Charlie y Lily se quedaron platicando.

¿En qué líos andas metida, Del Valle?.- suspiró Charlie.

Pues ninguno, simplemente vine a visitar a una amiga.- suspiró Lily.

¿Y ese par de chinos que vienen contigo?.- cuestionó el hombre.

Son japoneses.- corrigió Lily.- Y extranjeros.

Eso es obvio.- gruñó Charlie.- ¿Qué hacen contigo?

Larga historia, no preguntes.- replicó Lily.

Está bien.- aceptó Charlie.- Solo dime una cosa: ¿tu amiga Maderique tiene novio?

Ni se te ocurra.- Lily puso cara de "hello con tu hello".- Tiene un hermano celoso, muy celoso.

¿Y eso qué? No pienso salir con él.- replicó Charlie.

Ni se te ocurra, Charlie Manzano.- replicó Lily.- Deja a Maderique en paz, ella no es otra de tus conquistas. Además, creo que le interesa alguien más...

¿Uno de los coreanos?.- aventuró Charlie.

Japoneses.- suspiró Lily.- Sí, quizás...

Los caminos de la vida...
No son lo que yo esperaba
No son lo que yo creía...
No son lo que imaginaba...

Cuando Lily y Maderique salieron, acompañadas por Charlie y Jorge, Misaki y Wakabayashi tenían cara de perritos regañados. Lily no pudo evitar sonreír, los dos se veían muy tiernos.

Vámonos a casa.- pidió Maderique.- Gracias por todo, doctor Manzano.

Llámame Charlie.- sonrió el médico.- Y si algún día quieres ir a comer alitas picantes, llámame.

Gracias.- se sonrojó Made.

Uhm.- gruñó Taro, molesto.

Antes di que no la invitó a comer chiles.- replicó Lily.

Los jóvenes se dirigieron hacia el automóvil de Genzo, mientras Jorge iba refunfuñando que esos futbolistas eran unos locos peligrosos y que por culpa de ese deporte su hermanita casi sufre una tragedia.

Lo mejor será que nos vayamos con él.- murmuró Maderique a Lily.- O va a estar insoportable...

Eso que ni qué.- suspiró Lily.

No me agrada la idea de separarnos tan pronto, pero supongo que es lo mejor.- suspiró Misaki.- Nos veremos mañana.

¿Cuándo regresas a tu ciudad de origen?.- preguntó Genzo a Lily.

No lo decido aun.- contestó Lily.- Mi plan original era el irme mañana, pero ahora ya no estoy tan segura de querer irme...

Ya veo.- sonrió Genzo.- Entonces te veré mañana.

Por supuesto.- sonrió Lily.

Maderique le sonrió a Taro a madera de despedida, pero él apenas y le respondió. La chica, extrañada, prefirió irse con su hermano para evitarse un nuevo regaño, aunque con la duda de haber dicho algo que pudiera haber molestado a Misaki. Una vez que las dos chicas se alejaron con Jorge, Genzo volteó a ver a Misaki.

¿Vas a decirle?.- preguntó Genzo.

No.- negó Misaki.

¿Vas a dejarlo así entonces?

No sé. Es solo que no creo que pueda... .- murmuró Taro.

Wakabayashi comprendió y guardó silencio. Él se pondría igual en el momento en que tuviera que pasar por lo mismo por lo que pasaba su amigo en esos momentos...

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El resto del día, sin Genzo ni Taro, transcurrió lento y tranquilo, aunque algo tedioso, para Maderique y Lily. A la mañana siguiente, las dos chicas se presentaron al entrenamiento. Por la mañana, solo Genzo estaba en la cancha, así que mientras Maderique se ponía a correr para calentar, Lily aprovechó par coquetear por un momento con el portero. Más tarde, cuando Maderique terminó de correr y se dispuso a saltar la cuerda (ya aguantaba al menos el dar más de cincuenta saltos seguidos XD), ella vio que Taro estaba mirándola a las orillas de la cancha.

Hola.- saludó Maderique.- Llegaste tarde.

Lo sé, tenía cosas qué hacer.- respondió Taro, simplemente.

Bueno, me da gusto verte.- sonrió la chica.

A mi también.- murmuró Misaki.

El chico estaba raro, eso era más que obvio. El entrenamiento transcurrió sin muchos tropiezos, ya que Maderique había mejorado bastante. Durante una pausa, Genzo fue a comprar unos refrescos en compañía de Lily, de manera que Taro y Maderique se quedaron solos.

¿Te pasa algo, Misaki?.- preguntó Made.- Te he notado extraño todo el día.

Supongo que simplemente estoy cansado.- Misaki sonrió de manera triste.- No te preocupes, no es nada serio.

Como digas.- Maderique prefirió no insistir.

Ella se agachó y se amarró las agujetas, de manera que no se dio cuenta de que Taro se había acercado mucho a ella sino hasta que se levantó y lo miró de frente. Él tenía una expresión extraña en los ojos, ella estaba a punto de decir algo cuando de repente Taro la abrazó con suavidad y la besó muy tiernamente en los labios. Maderique se quedó de una pieza.

Nunca dejes de creer en tus sueños, Maderique.- murmuró Taro, sin soltarla.- Tienes dentro de ti el brillo de una gran estrella, no dejes que se apague nunca...

Maderique no atinó a decir nada, y entonces Taro la soltó. Ella estaba confundida, las palabras de Misaki habían sonado a una despedida...

Los caminos de la vida...
No son lo que yo esperaba...
No son lo que yo creía...
No son lo que imaginaba...

Notas:

Los caminos de la vida, interpretada por Vicentico o algo así, la verdad, no sé XD.