VIII
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Kise dudó al escuchar mi propuesta, pude verlo en la forma en que desviaba la mirada hacia otro lugar, me sentí algo inquieto en ese junto momento, ¿me diría que no? Después de todo, yo no era más que un aburrido maestro… Y entonces, cuando estaba por abandonar mis esperanzas y soltar su mano, él respondió:
―Sí
Y volvió a sonreír, con esa angelical sonrisa que tanto me gustaba, observé el brillo en sus ojos color miel y acaricie el costado de su mano.
―Te amo, Kise ―confesé, observando como sus mejillas se teñían de un suave rojo
―Y yo a ti, Aominecchi ―sonrió él.
Entonces me incliné hacia él, besándolo, no era un beso acalorado sino algo más suave, era como si con ello selláramos una promesa silenciosa de permanecer juntos a pesar de las cosas.
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Las finas gotas de lluvia empapaban las calles de la ciudad, las personas cargaban un paraguas consigo e imagine que Kise se sentiría algo deprimido con aquel paisaje, él era de esas personas que se dejaban llevar por el clima y un día frío y con viento no era algo alentador, mucho menos en la fecha de su examen. Iba de camino a reunirme con él, calculaba que vendría saliendo de la universidad y estaría aun algo nervioso, imaginaba sus manos cubiertas por suaves guantes y sus mejillas sonrojadas. Llegué al café donde habíamos acordado reunirnos y minutos más tarde lo vi doblar la calle, nos sonreímos, sentí las miradas ajenas voltear hacia nosotros y cuando llego hasta mi lado tome su mano.
―Mi examen era horrible, Aominecchi, espero aprobar de verdad ―suspiró él
―Tranquilo, estudiaste mucho y tuviste mi ayuda, no puedes reprobar ―aseguré, intentando animarlo
Entonces entramos al café, Kise comenzó a hablarme de lo terrible que había sido el examen pero, como era costumbre, deje de prestarle atención y me ocupe en observar sus gestos. Entonces noté como un sujeto observaba a Kise del otro lado de la cafetería y fruncí las cejas.
―Eres demasiado adorable, Kise ―dije de repente, notando como algunas personas volteaban a vernos nuevamente, y sinceramente no me importó, tomé su mano de nuevo, y acerqué mi silla a la suya, rodeando su cintura con mi brazo, como mostrándole a ese sujeto que Kise era solo mío
―Aominecchi, no están mirando… ―murmuró él, sonrojándose nuevamente, sabía de antemano que no eran bien vistas las caricias en público, entonces la puerta de la cafetería se abrió, revelando a un sujeto de cabellos celestes que conocía muy bien.
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Hola! ¿Qué les pareció este capítulo? Ya estamos a nada del final... xD
En fin, no olviden dejar sus reviews UuU
