Capítulo 7.- Un plan desesperado
Madrid. 15, de enero de 1983. 14 días para la medianoche.
"There is no future. There is no past. Do you see?
Time is simultaneous, an intricately structured jewel that humans insist
on viewing one edge at a time, when the whole design is visible
in every facet."
Watchmen
Alan Moore
La primera parte del plan incluía comprobar la puerta de 2017 que les había traído hasta allí. Sin embargo, al llegar al bajo abandonado, la encontraron clausurada.
El Ministerio de 2017, había sentenciado el ingeniero al verlo, estaba completamente aislado.
De vuelta en el piso franco, el domingo completo se les escapó entre tabaco, discusiones, café y extraña comida que se podía encontrar, como decía Julián Martínez, con bajar al bar de la esquina. Excepto los bocatas de calamares al parecer, pues había que ir cerca de la Plaza Mayor donde los hacían "de vicio".
Mientras las dos Amelias, Irene y el resto seguían ideando una estrategia, Victoria encontró a Alonso de Entrerríos en una habitación, la noche echada. Observó allí al Alonso que no era Padre con la cabeza fuera de la ventana, joven y a la vez cansado.
Aquel no era Padre, se tuvo que repetir.
Era otro hombre.
- No soy vuestro padre -dijo él nada más verla llegar.
Ella sonrió.
- Lo sé -respondió-. Lo sois y no lo sois al mismo tiempo; lo fuisteis y nunca lo seréis ya. Mas a la vez, seguís siendo el mismo. De todas las cosas que esperaba encontrar en este Tiempo, creo que Vuestra Merced era la única para la que no me había preparado lo suficiente.
- De vos -corrigió Alonso-. O de tú. Como mejor os plazca.
- Vos está bien.
Él asintió conforme, y le hizo un hueco en su observatorio de la ventana. Una callejuela tranquila les miraba húmeda, solitaria y fría desde abajo.
- No os unís a las discusiones -observó Victoria.
- Los planes son para capitanes -contestó él-. Yo soy soldado. No encontraréis en muchos Tiempos persona más brillante que Amelia Folch. Lo que decidan Irene Larra y ella, estará bien.
Victoria asintió.
No estaba segura de querer quedar al margen del plan, mas algo le decía en su interior que aquel Alonso de Entrerríos tenía razón; con ellas además había dejado a su Amelia: sus datos y memorias ayudarían a encontrar una manera de hacer frente a amenazas y traidores.
Se quedaron en silencio unos segundos juntos, ajenos a todo.
Fue Victoria la que lo rompió, viendo en el rostro de aquel desconocido una conocida inquietud.
- Algo os preocupa, sin embargo -señaló-. ¿De qué se trata?
- No puedo llegar siquiera a imaginar las penurias y horrores que habréis contemplado en vuestro viaje -pensó Alonso de Entrerríos en voz alta-. En vuestra vida. Lo que vuestra máquina ha relatado... Lo que vos misma contáis...
- Nada de eso importará si conseguimos pararlo.
- Os equivocáis -repuso él-. Importará, sí. ¡Mucho! ¡Importará por vos! No creáis que no entiendo qué significa lo que decís de que la paradoja se cerrará sobre si misma. Significa que vos desapareceréis. Tamaños tenacidad y arrojo, me abruman -se calmó-. Admirado me deja, tal sacrificio.
Victoria encontró de nuevo traicioneras lágrimas en sus ojos.
No era Padre, se recordó.
Mas aun así no pudo contenerse y se echó a sus brazos, una última vez, porque le echaba de menos, porque muchas noches, como aquella, se había imaginado con él llegando al final del viaje y de repente, esperanzas vanas, él ya no estaba.
Y lloró.
Aquel Alonso de Entrerríos, sorprendido, le devolvió el abrazo y dijo:
- No sé cómo era ese hombre que llamáis Padre; mas si algo de mí tenía, sabed que sin duda de vos se hubiera sentido orgulloso.
Julián se llevó las manos a la cabeza por no echárselas al ingeniero al cuello.
Llevaban horas con aquella mierda en la salita sin llegar a ninguna parte.
- Te lo repito, guapa -le dijo el friki a la imagen de Amelia en la pared-: hay dos cosas que no encajan en esta historia. La primera es nuestra presencia aquí. La segunda es ese mensaje que Pacino se enviará a sí mismo. ¡La causalidad no puede romperse así como así! ¡No tiene sentido! Eso por no mencionar que en ninguno de los futuros que puedo imaginar, las máquinas sean las buenas de la historia.
- No tengo respuesta para ninguna de esas cuestiones, creador -contestó la Amelia de luz.
- ¡No me llames "creador", Skynet! ¡Deja de hacerme la pelota! ¡Lo que digo es que no me fío de ti!
Irene trató de mediar entre robotina y el espíritu en posesión de Sheldon Cooper.
- Mira macho. Nos estás rayando -suspiró-. O aportas soluciones al problema, o dejas hablar a los mayores, ¿vale? ¡Estamos intentando salvar el Ministerio aquí!
- ¡La que faltaba! -respondió de mala manera Joaquín-. ¡Si estamos aquí es por culpa tuya!
- ¡Qué dices! ¡Vinimos aquí por tu cumpleaños!
- Vinimos aquí porque tú diste la fecha. Tú, Irene Larra, querías que vinieramos aquí ayer -repuso Joaquín-. Si aquí hay gato encerrado, tú estas en el ajo.
- A ver... Este... Joaquín -parpadeó Pacino-... ¿Qué dices? ¿Me estás diciendo que Irene es una rata?
Amelia trató de apaciguar los ánimos.
- No tomemos conclusiones precipitadas -ordenó poniendo silencio-. Todos estamos cansados.
Julián tuvo que admitir que el argumento de Joaquín tenía su puntito: aunque Irene había propuesto la fecha porque aseguraba que en la agenda de su móvil era la única en muchos meses en las que podía visitar a 81 con el picadero libre (¡ay, señor, la lujuria!), el ingeniero contraatacó con el hecho de que en la app del Ministerio del resto de móviles, la puerta 3424, que era la que habían cogido para llegar, estaba catalogada a un tiempo diferente.
La propia existencia de la puerta con todas las demás del Ministerio de 2017 clausuradas, olía a chamusquina extrema.
O Irene mentía o como poco su móvil era diferente al del resto.
Y si lo era, que lo era... ¿Cómo? ¿Por qué?
El mensaje de Pacino era otra rayada: para el Joaquín con falta de sueño rompía la sincronicidad del Ministerio, algo totalmente imposible. La sincronicidad era al parecer el tema de que la Historia no cambiaba del todo hasta que alguien que hubiese venido de un tiempo posterior hiciese el cambio: no tenía sentido que a Pacino le llegara un mensaje ANTES de que él mismo se lo hubiera enviado en su línea de tiempo personal. Por otro lado, aunque el periodista podía habérsela colado doblada con quién le dio el mensaje, la letra del mismo, reconocida por Alonso, era tan indiscutible como que la página encajaba al pelo en el Libro de las Puertas de Victoria.
Independientemente de quién tuviera razón o no, Julián trató de zanjar el tema señalando que era un domingo por la noche, que llevaban de rayadura todo el día y que había que descansar.
- Amelia tiene razón. Oye, mañana lo miramos macho -suspiró Julián-. Quiero dormir. A todo esto, ¿por qué Chispitas te llama "creador"?
- El ingeniero Joaquín Sevilla me creó -explicó la Amelia virtual-. En mis rutinas básicas no estoy programada para hacer distinciones entre sus versiones temporales.
- Por eso y porque eres una manipuladora -murmuró Joaquín.
Tras dormir y a la mañana siguiente, la discusión acerca de las incongruencias no llevó mucho más lejos. Al final, como puso de manifiesto Pacino, todo se resumía en si confiaban en Victoria o no. Con el único voto en contra del ingeniero, no confiaba en nadie afirmó como protesta, prosiguieron con los preparativos sobre qué hacer y cómo.
Irene y Amelia tardaron una mañana más en concretar el plan: lo que les llevó hacerse con unos libros de Historia y un par de registros que confirmasen lo que les decía la Chispi.
Nada era mentira o escondía inexactitud.
La única manera de hacer frente a todos los ataques a la vez, acabaron por concluir, era distribuirse en parejas, que cada una fuese a un tiempo y tratar de comunicarse y ponerse al día de lo que fueran descubriendo. Los causantes de los ataques podrían ser ingleses o traidores: lo único probable era que, puesto que Victoria y Chispitas aseguraban que el ataque a 2017 fue un atentado con bombas, era de esperar algo similar.
- Pero sólo en Madrid habrá un Ministerio que atacar -razonó Julián-. En el resto de sitios, no.
- Creemos probable que puedan haber accesos a otros Ministerios en las demás ciudades -explicó Amelia-. En Barcelona hay catalogadas dos entradas a dos tiempos diferentes. En Tenerife, otra. Para Coruña no, pero podría haber una entrada sin catalogar.
- Joder... Qué puto lío.
- Pues eso no es todo -siguió Irene-. Necesitamos una ficha amarilla. Nos falta uno. Bastante que tendremos que ir en parejas en vez de en tríos: no podemos correr el riesgo de enviar a nadie a solas.
- Ehhh... Dos -protestó Joaquín-. No soy agente de campo.
- Acabas de ser ascendido -respondió Irene de malas-. No me jodas. Nos podemos pedir ayuda y nos faltan manos.
- Ajeno a cualquier complot y de confianza, sólo se nos ocurrió Spínola -explicó Amelia-. Habrá que ir a buscarle a Flandes. Y no funcionan los móviles.
Julián rió con un punto de desesperación mientras removía el café con leche.
- Venga, y qué más -se desesperó-. ¿Tenemos que ir a las misiones con una venda en los ojos y atarnos un brazo a la espalda?
Amelia e Irene asintieron, ante la atenta mirada de Victoria y Alonso.
- Para que el plan arranque -acabó Amelia-, tenemos que poder entrar al Ministerio del 83 sin llamar la atención. Habíamos pensado en colarnos de noche, cuando la vigilancia es menor.
- Eso no funcionará -murmuró Pacino-. Fijo que los hombres de Galindo vigilan la entrada: no saben qué es el Ministerio, pero saben que a veces voy por allí.
- Los hombres de Galindo no podrían entrar al Ministerio aunque quisieran -explicó Irene-. La dirección está vetada a órdenes de registro judiciales. Por otro lado, es verdad que necesitamos asaltar los vestuarios y la caja. Discretamente.
- Y la armería -añadió Alonso-. Necesitamos armas. Y munición.
- Y la armería -completó Irene-. Y si descubren que faltan cosas, alguien acabará atando cabos...
- … Y descubriendo que alguien ha viajado a los lugares de los ataques -comprendió Victoria-. Eso podría delatarnos ante personal del Ministerio y con ellos a los traidores. Toda ventaja perderíamos.
- Genial -gruñó Julián-. ¿Qué hacemos entonces? ¿Robamos primero una tienda de disfraces y luego la sección de caza del Corte Inglés?
- Creo que no hará falta -se le ocurrió a Pacino-. Sólo necesitamos liarla. Liarla muy gorda.
Y creo, añadió después de media sonrisa, que sé cómo.
Edit: No me da tiempo a llegar a Barcelona antes de que se líe en la vida real. Me hubiera gustado, porque con la que se va a montar va a parecer que me he basado en las noticias para meter moralinas políticas en esto. No es mi intención, aunque me lo pedía el cuerpo :)
Sólo diré que en 1714 los que lo dieron todo por su ciudad y su libertad fue su gente. Que murió a miles. Y cada año, a quien ponen flores como a un héroe es a un personaje tan cuestionable como Casanova. Creo que eso define perfectamente lo que va a ocurrir los próximos días: gente a quienes los interesados y los cobardes les han robado su Historia, la de todos, y se la han sustituido por mitologías.
Estéis en el bando que estéis, estad seguros. Vivimos tiempos locos. Y lo que nos queda :)
