NdA: Otra vez han sido dos semanas! Aunque un capítulo cada dos semanas no es un mal ritmo, ¿no? Éste, con 8684 palabras de texto, es el más largo que he escrito hasta ahora. No sé como lo he hecho pero cuando me he querido dar cuenta ahí estaba. Creo que me he alargado mucho en un par de conversaciones, pero espero que os guste! :D
Gracias como siempre a TsukihimePrincess, susan-black7, YUKINICKY1, Duhkha, Lity y Damae por sus reviews! Por cierto, el número de follows y favoritos ha aumentado! Eso me alegra mucho, aunque el de reviews haya disminuido (Why? ;-; Con lo que me gusta a mi leer las opiniones de la gente...)
- susan-black7: Completamente de acuerdo. A mi también me hubiese gustado un libro sobre Tom (o sobre los Merodeadores o los Fundadores), creo que el personaje tiene el suficiente potencial para ello, incluso me habría confirmado con que le diera un poco más de profundidad.
- YUKINICKY1: También de acuerdo contigo (hoy estoy de acuerdo con todo el mundo). Ginny me parece un personaje demasiado plano para terminar siendo la pareja del protagonista. Y si, es bastante difícil manejar la opinión y relación de cada personaje con respecto a Tom. Lo que más me cuesta es hacer que avancen progresivamente y no de golpe ;-;
- Duhkha: Para mi Ron siempre fue el más valiente del Trío Dorado, aunque te doy la razón en que es un poco paranoico. Me encanta el personaje de Ron, me río mucho con él XD
- Damae: Me alegro de que te gustase la charla con Ron. Quería que, por una vez, Tom tuviese una conversación profunda con alguien que no fuese Hermione.
En general creo que os gustó el PoV de Ginny (menos mal!). Y también la conversación de Tom y Hermione, así que no me enrollo más y os dejo leer, que en este capítulo hay más.
Hermione
Siempre había aprovechado los domingos para ir a estudiar a la biblioteca, éste no iba a ser la excepción. Harry y Ron se habían quedado aquella tarde en la Sala Común haciendo los deberes y sabía que si se quedaba con ellos terminarían pidiéndole ayuda. Y para Harry y Ron pedirle ayuda significaba pedirle directamente que les hiciera los deberes. El interior de la biblioteca estaba casi vacío, a través de los grandes ventanales se podía ver el cielo azul por lo que dedujo que muchos estudiantes habían decidido pasar el domingo al aire libre. Pasó junto a un grupo de chicos de séptimo curso que parecían bastante agobiados y se preguntó si ella estaría igual o incluso peor cuando llegase a su séptimo año.
Mientras pasaba entre las estanterías vio una figura que le resultaba familiar en una de las mesas. Sinceramente no le extrañó encontrarse con Tom Ryddle allí, lo que sí la sorprendía era el no habérselo encontrado antes. Se acercó a su mesa y se sentó ante él, dejando caer su mochila en la silla contigua. Al oír el ruido de la silla siendo arrastrada el joven levantó la vista y posó su gélida mirada en ella.
—¿Otra vez tú? —preguntó de mala gana.
—¿Disculpa? —respondió confusa. ¿Otra vez? Bueno sí, ella se le había acercado varias veces. ¡Pero la última vez había sido él quien se había sentado a su lado! Esperaba una respuesta de Riddle pero al parecer él había decidido ignorarla, así que ella hizo lo mismo. Sacó su ejemplar del "Libro Reglamentario de Hechizos, 5º curso" y siguió con la redacción para Flitwick que había empezado por la mañana. En unos meses tendrían los TIMOs y quería sacar las mejores notas posibles, después de todo su futuro laboral dependía de ello. Y para sacar las mejores notas en el examen tenía que esforzarse desde el principio.
Pasaron unos veinte minutos aproximadamente hasta que Ryddle se levantó y desapareció tras una de las estanterías. Al poco rato volvió con un pesado volumen de Aritmancia y lo abrió junto al pergamino en el que había estado escribiendo. Sin embargo no volvió a coger la pluma, sino que la miró fijamente, como si estuviera pensando algo.
—No hace falta que me vigiles, ¿sabes?
—¿Vigilarte? —preguntó Hermione sin entender exactamente a qué se refería.
—A estar ahí sentada para asegurarte de que me comporto. ¿Te crees que no me he dado cuenta de que lo estáis haciendo? El viernes fue Weasley con su invitación a ese rollo del Quidditch, ayer la otra Weasley estuvo toda la tarde sentada en la mesa que había a mi espalda y hoy eres tú. Aunque al menos tú has tenido el valor de sentarte frente a mí.
—Ginny también tiene deberes que hacer, ¿sabes? No eres el centro de su mundo.
—Y supongo que no había más sitios libres en toda la biblioteca —comentó sarcástico mientras volvía a coger su pluma y garabateaba algo en la esquina del pergamino.
—En serio Ryddle, no te estamos vigilando. Al menos yo no lo hago. Opino que si quisieras hacer algo lo harías de todas formas, con nuestra supuesta "vigilancia" o sin ella. —Hizo unas comillas imaginarias con los dedos. Esperaba que Riddle la creyera porque, lo cierto es que no mentía. Aunque sospechaba que tenía razón sobre Ron y Ginny, no es que ellos tendiesen a ser muy sutiles, la verdad.
—Puedo preguntar entonces, ¿qué haces aquí?
—¿Tú que crees? —preguntó señalando el pergamino que tenía ante ella.
—Sabes que no me refiero a eso, no hagas como si no te hubieses dado cuenta.
—¿Por qué no? Tú lo haces.
—Se me ocurren un centenar de comentarios que hacer al respecto, pero me has pillado de buen humor. Así que simplemente volveré a preguntar ¿Por qué te has sentado conmigo? —dijo mientras la señalaba con el extremo de la pluma.
—No sé, ¿Por qué no?
—Tú nunca sabes nada.
—¡¿Qué quieres decir con eso?! ¿Es que nunca me has visto levantar la mano en clase? —preguntó indignada. ¿Acaso la estaba llamando ignorante? Soportaba que la llamasen muchas cosas, pero ignorante no era una de ellas.
—Demasiadas veces para mi gusto —contestó mientras apoyaba la barbilla en el dorso de la mano y la miraba con malicia.
—Aghhh, a veces eres insoportable —dijo mientras se llevaba una mano a la sien.
—Ya sabes dónde está la puerta. —Añadió una sonrisa ladeada a su maliciosa mirada.
—Pues lo siento mucho, pero no pienso irme —concluyó la castaña de manera tajante mientras volvía a centrarse en su redacción.
—¿Ya se te ha olvidado lo que te dije? —Su tono de voz, que hasta hace un momento había sido casi juguetón, se volvió increíblemente frío—. No somos amigos.
Hermione detuvo el movimiento de la pluma que recientemente había reanudado y se quedó pensativa. ¿Lo consideraba su amigo? En absoluto. ¿Podía siquiera confiar en él? Menos todavía. ¿Por qué seguía acercándose a él entonces? Ni ella misma lo sabía. ¡Maldito Ryddle, al final iba a tener razón! Aunque desconocer una cosa no es "no saber nada"... Pero aquello era algo que sí tendría que saber, ¿no? ¿Era lástima? Ciertamente, la situación en la que se había visto metido el joven haría que muchos se compadecieran. Sí, compasión era aun término mucho más adecuado que lástima. Un momento ¿se compadecía de Tom Ryddle? ¿de Voldemort? No, eso sí que no.
—Granger, te estoy hablando.
—¿Eh? —Aquello la sacó de su trance y se percató de que, efectivamente, Ryddle le había estado diciendo algo. Centró sus ojos en él e inmediatamente se puso a la defensiva—. ¡Pues claro que no! ¿Quién estaría tan loco como para querer ser amigo tuyo? ¡Seguro que nunca has tenido un amigo!
—Si con ese comentario pretendías hacerme daño... —No, no era así. Pero en ese instante se dio cuenta de que quizás había dado esa impresión. Incluso pensó que se había pasado un poco y apartó la vista. Tal vez debería disculparse o retirar lo que había dicho—. ... lamento comunicarte que has fracasado estrepitosamente.
O no. Ni se había pasado ni pensaba disculparse, sin siquiera volver a mirarlo resumió su tarea. Sentía como Ryddle la observaba mientras apuntaba las consecuencias de encantar un objeto defectuoso. ...Él sí que estaba defectuoso, si tuviera ticket de garantía seguro que lo habrían devuelto hace tiempo. Al cabo de un rato levantó la vista del pergamino y se percató de que el joven había dejado de mirarla y estaba concentrado en su trabajo. No volvieron a hablarse durante el resto de la tarde.
Cuando vio que la gente comenzaba a irse se percató de que era casi la hora de cenar. Al pensar en la cena notó como le rugían las tripas, aunque no tan fuerte como para que fuese perceptible. Menos mal, a saber que clase de comentarios habría hecho Ryddle. Comenzó a guardar sus cosas en la mochila y marcó la página del libro con la que había estado trabajando. No fue hasta levantarse que se dio cuenta de que su acompañante no se había movido ni un ápice. Y tampoco parecía tener intención de hacerlo.
—¿No vienes a cenar?
—Iré después —contestó el joven sin dejar de escribir.
—Puedes terminar eso más tarde, en la Sala Común. —Sabía que, al igual que a ella le había pasado en múltiples ocasiones, Ryddle no pretendía moverse de allí hasta haber acabado lo que estaba haciendo. Pero, como era de esperar, el moreno la ignoró. —En serio Ryddle, vamos a cenar. La biblioteca va a cerrar dentro de poco, así que no te dará tiempo a terminar de todas formas. ¿No sería mejor dejarlo ahora, despejar la mente y seguir luego con mayor tranquilidad?
Con un resoplido el joven se levantó y fue hasta el mostrador para formalizar el préstamo del libro que había estado consultando. Mientras tanto Hermione echó un vistazo por encima a lo que había estado escribiendo, su redacción se veía detallada y completa. Aunque no pudo distinguir mucho al estar viéndola del revés. En menos de dos minutos Ryddle volvió y comenzó a guardar sus cosas con toda la tranquilidad del mundo. Antes de que abriese la boca Hermione le dijo:
—Sí, te estoy esperando. No, no es para vigilarte, es una cuestión de educación. Ya sabes, ese rollo filosófico que me soltaste antes de ayer en el campo de Quidditch.
—¿Me estás pidiendo una nueva dosis de filosofía?
—No gracias, no me interesa la filosofía Ryddleiana.
—¿La qué? —preguntó con tono divertido. Aunque tras meditarlo unos instantes añadió—. No suena tan mal. Quizás plantee la filosofía como posible carrera cuando tengamos esa estúpida charla de orientación laboral.
—No creo que tengas mucho éxito como filósofo —murmuró Hermione mientras salían de la biblioteca, lo suficientemente alto como para que él lo oyera.
—Si Nietzsche pudo, ¿por qué yo no? —A Hermione le sorprendió que Ryddle conociese a Nietzsche, o a cualquier filósofo muggle, en realidad. Pero prefirió no hacer ningún comentario al respecto. En su lugar preguntó por algo que había dicho el joven y que había llamado su atención.
—¿Charla de orientación?
—Sí, de orientación laboral. Cada alumno se reúne con el jefe de su casa en privado para discutir que carrera laboral le interesa y que asignaturas escoger para los EXTASIS basándose en ello. —Ryddle caminaba con la vista al frente, en ningún momento se giró para comprobar que ella seguía a su lado. Hermione por el contrario, no apartaba los ojos de él mientras hablaban. Hasta que llegaron a la escalera y tuvo que mirar al frente para no caerse.
—¿Qué carrera ibas a hacer tú? —preguntó la castaña con sincera curiosidad. ¿Qué le interesaría estudiar al Señor Tenebroso? Dudaba que existiese la carrera de "Mago Tenebroso" o "Señor del Mal". En ese momento Ryddle se giró bruscamente para mirarla, en su rostro se podía entrever la sorpresa. Hermione se excusó como si hubiese preguntado algo malo—. Es por pura curiosidad.
—¿Qué más da? A juzgar por el resultado no terminé estudiando precisamente eso —respondió mientras se encogía de hombros.
¿Qué es "eso"? Estuvo tentada de preguntar Hermione. Pero a estas alturas estaba empezando a entender que si Tom Ryddle esquivaba una pregunta no tenía sentido seguir insistiendo. Ya casi habían llegado al Gran Comedor, así que supuso que la conversación había terminado. Ryddle insistía en sentarse él solo, igual que solía hacer en Gimmauld Place, y a Harry y Ron no parecía molestarles en absoluto ese hecho. Sin embargo, cuando llegaron a la mesa de Gryffindor se dio cuenta de que ninguno de los dos estaba allí. Ryddle se adelantó y se tomó asiento a 5 sillas de distancia del comensal más cercano. Tras recorrer la mesa con la mirada Hermione se dio cuenta de que, efectivamente, no había rastro ni de Harry ni de Ron. De modo que se sentó en la silla contigua a la del moreno y echó un vistazo a las distintas bandejas de comida antes de decidir que servirse.
—¿Me pasas eso? —preguntó Ryddle señalando una sopera llena de crema de calabaza que Hermione tenía a su derecha. Si su acompañante se había sorprendido de que se sentase a su lado, no lo expresó. Tras pasarle el recipiente Hermione se le quedó mirando hasta que él le volvió a hablar. —¿Qué vas a preguntarme ahora?
—¿Qué te hace pensar que te voy a preguntar algo? —se defendió Hermione mientras empezaba a servirse de la primera bandeja que vio, que estaba llena de salmón al horno. Había vuelto a quedarse mirándolo como una tonta. ¿Por qué siempre le pasaba lo mismo?
—Granger, siempre me estás preguntando cosas. Es evidente que sientes curiosidad por mi.
—¡Yo no...!
—Sí, tú sí —la interrumpió el moreno.— Es totalmente comprensible, no hace falta que te pongas a la defensiva. Te resulto fascinante desde distintas perspectivas. Es una lástima que a mí no me guste responder preguntas tanto como a ti hacerlas.
—Más que fascinante me resultas engreído —dijo mientras le quitaba las espinas al trozo de salmón y fruncía el ceño.
—¿A sí? ¿No te interesa lo más mínimo saber como llegué hasta aquí? Sabiendo que estás ante un futuro mago tenebroso ¿No sientes curiosidad por saber cómo son las cosas desde su perspectiva? Y eso sólo por poner un par de ejemplos... Dime Granger ¿Realmente no quieres desentrañar ninguno de los misterios que me rodean? No me mires así, sabes que es eso lo que soy para ti: Un misterio. Y eso es lo que te encanta.
—Visto desde ese punto... —Quizás el propio Ryddle le había dado la clave de su interés en él. A veces maldecía su propia curiosidad. —Aunque supongo que no me vas a responder a nada de lo que te pregunte.
—¿Quién sabe? —La respuesta en forma de pregunta del joven sonó como un leve murmullo.
Hermione decidió dejar el tema por el momento. Y se centró en cenar mientras pensaba en lo que acababan de hablar. Ryddle podría ser una amenaza tanto como podría no serlo, de eso estaba segura. Pero más valía estar preparados por si acaso. Por otra parte, ahora entendía a qué se había referido el moreno. Nunca antes se había encontrado con nada ni nadie tan difícil de descifrar. Terminó su cena con un único pensamiento en mente: Costase lo que costase, iba a saber todo lo que había que saber sobre Tom Ryddle.
El susodicho acababa de terminar el pudding que había tomado de postre y miraba a la mesa de Slytherin fijamente. Hermione siguió la dirección de sus ojos y decidió volver a probar suerte y preguntarle algo.
—¿Lo echas de menos?
Sin dejar de apoyar la barbilla en el dorso de la mano y sin apenas mover la cabeza, Ryddle la observó fijamente por el rabillo del ojo.
—Estar en Slytherin, quiero decir. Tiene que ser muy diferente. —Se apresuró a añadir Hermione al darse cuenta de que su pregunta había sido muy ambigua.
—Lo es. Aunque no sabría decir si es la casa o la época.
—¿Pero lo hechas e menos?
—Tampoco sabría decirlo. No siento lo mismo que sentía por... otro sitio, pero tampoco lo añoro tanto como a Hogwarts en sí. —Parecía distraído, quizás por eso contestaba.
—Si pregunto a qué otro sitio te refieres esquivarás mi pregunta, ¿verdad? —Mejor exponerlo así que directamente, pensó Hermione.
—Sí —contestó el joven todavía distraído, ¿o era pensativo?
—Vaya, no te andas con rodeos.
—¿Has terminado ya? —dijo de repente mirando el plato vacío de su acompañante.
—Un momento ¿me estabas esperando? —Aquello era una novedad. Estaba acostumbrada a que Ryddle fuese y viniese a su antojo, sin preocuparse por esperar a nadie.
—¿Por qué no iba a hacerlo?
—Vale, ¿quién eres tú y qué has hecho con Tom Ryddle?
—Adiós —contestó secamente mientras se levantaba de golpe.
—¡Era broma! ¡No te pongas así! —dijo Hermione mientras lo seguía apresuradamente hacia la salida.
Cuando le dio alcance disminuyó el paso para caminar a su lado. Al salir al vestíbulo se percató de lo tarde que se había hecho, casi no quedaban alumnos por los pasillos. Hace meses le habría aterrado la idea de estar a solas con él por aquellos corredores vacíos, y así se lo dijo. A Ryddle no pareció hacerle mucha gracia porque de forma fría le contestó.
—Debería seguir dándote miedo.
—Siento comunicarte que, aunque no seamos amigos, confío en ti lo suficiente. No me harás daño. —Se puso un rebelde mechón de pelo tras la oreja mientras doblaban una esquina.
—Entonces es que eres una ingenua.
—O quizás tú no eres tan malvado como nos quieres hacer creer. —Apenas hubo terminado la frase notó su espalda chocar contra la pared y algo apretándose contra su cuello. Mantuvo la mirada fija en los furiosos ojos de Ryddle mientras éste la apuntaba con su varita. —Eres bueno ¿sabes? Nunca había visto a nadie desenfundar la varita tan rápido. Aunque, si me lo permites, te falta algo de autocontrol.
Los ojos de Ryddle se entrecerraron mientras apretaba la varita un poco más contra su cuello. Hermione empezó a pensar que quizás se había equivocado. Había dicho que la toleraba, pero eso no incluía dejarla impune si lo molestaba. No obstante, al cabo de unos interminables segundos el moreno bajó la varita lentamente. Hermione dejó escapar el aliento que inconscientemente estaba reteniendo y se separó de la pared.
—En serio, Ryddle, tienes mucho talento. Me di cuenta aquel día en el tren, cuando hechizaste a Malfoy, y veo que no me equivocaba. ¿Has practicado mucho o es talento natural? —Sin darse cuenta comenzó a balbucear a causa de los nervios.
—No intentes arreglarlo con halagos. —Fue interrumpida inmediatamente por Ryddle, quien seguía fulminándola con la mirada.
—Sólo estoy diciendo la verdad. Llevo haciéndolo desde que salimos del Gran Comedor —respondió Hermione con el tono de voz más sincero que pudo poner. Lo último que quería era hacerlo enfadar más. —Enfrentarse a ti en un duelo tiene que ser terrible.
—¿Quieres intentarlo? —preguntó alzando una ceja.
—Acabo de decir "terrible". No sé de dónde has sacado que quiero hacerlo. —Le avergonzaba admitir que, por primera vez, se alegraba de que las clases de DCAO fuesen sólo teóricas. No quería ni imaginarse como sería una clase práctica contra Ryddle—. Aunque, confieso que me gustaría ver como te bates en duelo. Con alguien que no sea yo.
Ryddle guardó su varita en el bolsillo de la túnica y reanudó la marcha hacia la torre de Gryffindor. Hermione volvió a seguirlo hasta quedar a su altura.
—¿Estás segura de que no estás loca? —preguntó su acompañante. Hermione lo miró con confusión evidente en los ojos, de modo que Ryddle desarrolló su pregunta—. Acabo de amenazarte, he puesto mi varita en tu cuello. Tú misma has admitido que no querrías enfrentarte a mí. Y aún así, ¿sigues a mi lado como si nada?
—Si contesto que ya te dije que no me harías daño... ¿te volverás a enfadar? —Pero no tuvo tiempo de saber si Ryddle se habría vuelto a enfadar porque justo en ese instante llegaron a la entrada a la Sala Común. Y, en cuanto pasaron a través del hueco tras el retrato, el joven se dirigió con paso rápido a las escaleras que llevaban a su dormitorio, sin siquiera despedirse de ella. Justo antes de que el borde de su túnica se perdiera por las escaleras Hermione alcanzó a gritarle —¡Buenas noches a ti también!
Los rostros de Harry y Ron, que estaban sentados en una de las mesas de trabajo se volvieron hacia ella. Hermione se les acercó y, tras comprobar lo atrasados que iban con sus deberes, se ofreció a ayudarles. Y fue una suerte porque a las pocas horas, ya de madrugada, Sirius decidió hacerles una pequeña visita a través de la chimenea.
Tom
Suma Inquisidora de Hogwarts ¿Qué se supone que era eso? Había pasado una semana desde su última... charla con la Sangre Sucia. Pero aquella mañana había aparecido el decreto que nombraba a Dolores Umbridge... eso. De modo que tras pasar una semana ignorando a Granger le preguntó a qué se refería ese título, que resultó ser tan nuevo para ella como para él. Después de leer bien el decreto y hacer un par de averiguaciones comenzó a comprender mejor la situación. Parece ser que la balanza empezaba a inclinarse en favor de Umbridge. Y eso significaba que podría inclinarse también a favor de Tom, si sabía jugar bien sus cartas. Por ese motivo estaba esperando a varios metros del despacho de la susodicha, oculto tras una armadura.
En cuanto la profesora salió de su despacho giró a la izquierda, tal y como él había predicho. Tom salió de su escondite y le dio alcance en unas pocas zancadas.
—Profesora Umbridge, que agradable sorpresa. —Saludó a su espalda, haciendo que la mujer se girase hacia él y lo mirase de arriba a abajo.
—¿Desea usted algo, Black? —preguntó con desconfianza. Ya había esperado que no se fiara de él. Aunque en sus clases siempre se hubiera comportado de manera excelente, compartía dormitorio con Potter, a quien la profesora parecía odiar. Era lógico que pensase que eran cercanos.
—Oh, no, en absoluto. Acabo de salir de la biblioteca y me dirigía al comedor. Aunque me alegro de haberme encontrado con usted por el camino. Me gustaría poder felicitarla por su reciente nombramiento —le dijo con la encantadora sonrisa que en más de una ocasión lo había ayudado a conseguir cualquier cosa que quisiera—. Me tranquiliza saber que hay alguien competente al mando del colegio.
—Vaya, ¿de modo que no está usted contento con el personal docente? —preguntó con su vocecilla melosa, intentando llevárselo a su terreno. La muy idiota no se daba cuenta de que era al revés. Y ni siquiera le había agradecido su felicitación, pero Tom tuvo que pasarlo por alto.
—Yo no diría tanto... Reconozco que hay profesores, como McGonagall y Snape, que son muy diestros en sus respectiva materias. Otros sin embargo... —Dejó la frase a medias y miró a un lado fingiendo meditar sus próximas palabras. Umbridge tenía toda su atención centrada en él—. Lo que me preocupaba realmente era la directiva, en mi opinión... Oh, me estoy excediendo en mis comentarios. Le ruego que me disculpe, profesora.
—En absoluto muchacho, continúe. —Lo apremió su interlocutora con una sonrisa empalagosa.
—No... no quisiera meterme en problemas, señora —respondió agachando la cabeza y fingiendo preocupación.
—Oh, no tema por eso, joven Black. Cualquier cosa que diga no saldrá de aquí, considérelo una entrevista con la Suma Inquisidora—. Le dio una palmadita en el brazo, un gesto que ella debió considerar tranquilizador. Tom respondió alzando la mirada y dedicándole una sonrisa de agradecimiento. Mostrarse sumiso siempre hacía creer al otro que tenía la situación bajo control.
—Bueno, mi difunta madre nunca quiso que yo estudiara aquí. Al principio pensé que era por mi padre —Escupió la ultima palabra con desprecio—. Pero luego recordé que ella tampoco asistió nunca al colegio, mi abuelo la educó en casa. Y Dumbledore llegó a director poco antes de que ella tuviese que haber ido a primer año. No conocí a mi abuelo, pero sé que era un hombre inteligente y que él mismo tuvo a Dumbledore como profesor. Desconozco sus motivos, pero confío en su criterio. Y creo aún más en mi madre. Si ella se negaba a enviarme a Hogwarts, al igual que mi abuelo se negó a enviarla a ella, debía de ser por una razón de peso.
—¿De modo que su familia desconfía de Dumbledore? —Tom se limitó a asentir levente—. ¿Y cómo es que ha acabado estudiando aquí?
—Por mi padrino—. Dijo el nombre con desprecio. Si su información era correcta, su padrino era una buena carta con la que jugar—. Él insistió en que aquí estaría bien. No me agradaba la idea, aunque la perspectiva de tener que vivir con él era casi peor. —Miró a ambos lados para asegurarse de que el pasillo seguía desierto—. Es un licántropo, ¿sabe?
—¡No me diga! Pobre muchacho, debió de ser terrible tener que perder a su madre e ir a vivir con él. —Umbridge reaccionó tal y como él esperaba.
—No se lo puede usted imaginar. Con él y Dumbledore me sentía entre la espada y la pared. Ha sido un alivio enterarme de su nombramiento, con usted las cosas sólo pueden ir a mejor. Tengo plena fe en el ministerio, sé que nunca se equivocaría al ofrecer un puesto tan importante. —Le volvió a dirigir una sonrisa encantadora antes de añadir—. Vaya, lamento haberle robado tanto tiempo. Me temo que a veces no soy capaz de parar cuando empiezo a hablar.
—Oh, descuide, Black. Ha sido un placer escuchar sus opiniones.
—¿Se dirigía usted al Comedor, señora? —preguntó Tom tímidamente. Cuando la profesora así lo confirmó añadió con una leve inclinación de cabeza añadió—. ¿Me permite acompañarla? —La regordeta mujer sonrió muy pagada de sí misma. De seguro creía haber encontrado un nuevo seguidor entre los estudiantes. Y encima en el dormitorio de Potter, aquello debía de haberle parecido su jugada maestra. Y hablando de Potter, tenía que sacar ese tema como fuese. Necesitaba ganarse aún más la confianza de esa mujer y hacerle creer al mismo tiempo que era él quien confiaba ciegamente en ella.
—Adelante, Black —dijo mientras emprendía la marcha por el pasillo. Nuevamente intentó engatusarlo con su melosa vocecilla—. Dígame, ¿cómo es que no había expresado su preocupación hasta ahora?
—No quería meterme en problemas. Entenderá que la perspectiva de ser expulsado no es muy agradable para mí, teniendo en cuenta quién me espera fuera. —Si Umbridge quería información, la tendría—. Por otro lado, mis compañeros de habitación...
—¿Sí, querido? —Allí estaba; la oportunidad perfecta de mostrar su oposición a Potter. Miró al final de las escaleras para asegurarse de que nadie les seguía, como si tuviese miedo de que alguien los escuchase.
—No es agradable convivir con Potter, con sus constantes mentiras y aires de grandeza. Por desgracia, hay muchos que creen en sus ridículas invenciones. Ponerme en su contra abiertamente me generaría un gran número de enemigos y eso me aterra. Hace poco más de un mes que llegué aquí, no tengo amigos que me respalden. Si hubiese dicho algo en contra de Potter me habría visto solo ante una enorme masa de alumnos.
—Tengo entendido que se lleva usted bien con la señorita Granger. —Mierda. La estúpida Sangre Sucia podría echar a perder sus planes con su costumbre de seguirlo por ahí.
—Así es, pero me temo que la pobre tiene la cabeza totalmente comida por Potter. Cree a pies juntillas en sus mentiras y es una de sus mejores amigas. Aunque, si me lo permite, creo que él sólo la está utilizando. Es una jovencita brillante a la par que encantadora, pero me temo que es demasiado ingenua. He intentado hacerla entrar en razón muchas veces, pero la influencia de Potter sobre ella es demasiado grande. Aunque espero tener éxito en algún momento, sería una lástima que se desperdiciase su talento.
—¿A qué se refiere con que la utiliza? —preguntó Umbridge intentando sacar más faltas a su odiado Potter. Mientras llegaban la gran escalinata, Tom se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo y decidió ser conciso.
—Como ya le he dicho, es una alumna brillante. Temo que Potter sólo es su amigo para aprovecharse de ese talento. Haciendo que lo ayude con sus deberes, o pidiéndole que se los haga ella directamente. —No había sonado tan mal. Poner a Granger como una víctima a la que él estaba intentado ayudar lo hacía quedar aún mejor. Iba a darle un último toque a su discurso cuando una voz a sus espaldas lo interrumpió.
—¡Black! —Era Lavender. Genial. La joven bajó la escaleras corriendo hasta llegar donde se encontraban ellos—. Oh, disculpe, profesora. No me había dado cuenta de que estaban hablando.
—Tranquila jovencita, no interrumpe usted nada. —Claramente si, lo había hecho. Y Umbridge parecía molesta por ello, aunque lo disimulase. Antes de adelantarse hacia el Gran Comedor miró a Tom—. Black, cualquier cosa que necesite, puede acudir a mí con total tranquilidad. Nos vemos en clase, muchachos.
—Se lo agradezco profesora, así lo haré —respondió Tom con una inclinación de cabeza y una tímida sonrisa.
—¿Qué hacías con Umbridge? —preguntó Lavender extrañada en cuanto la profesora desapareció tras la puerta.
—Me la encontré por el pasillo y, ya que íbamos en la misma dirección, me pareció grosero ignorarla.
—Siempre eres tan cortés —dijo la joven con una sonrisa.
—Gracias, ¿me acompañas al comedor? —comentó señalando en aquella dirección con el dorso de la mano.
—¡Claro! —Lavender parecía emocionada antes de apresurarse a seguirlo. Una vez en la mesa se sentó frente a Tom y comenzó a servirse de la fuente más cercana. Embelesada como estaba mirando al joven no se dio cuenta de que la fuente estaba llena de guisantes, los cuales, por lo que había notado Tom, odiaba.
—Por cierto, ¿y Parvati? —preguntó Tom con fingido interés mientras observaba a Lavender dirigir el tenedor lentamente hacia su boca.
—Sigue arriba terminando el ensayo de pociones —respondió la joven mientras se esforzaba por que no se le notaran los gestos de disgusto que estaba haciendo, a Tom le resultaba bastante divertido. Había estado tan embobada que no se había dado cuenta de qué se había servido hasta que había sido demasiado tarde y ahora tenía que disimular para que no se notara su error. Seguro que si le decía algo se moriría de vergüenza—. Verás, Black... Quería preguntarte algo...
—¿De qué se trata? —Tom fingió inocencia mientras añadía salsa a su solomillo.
—El próximo fin de semana hay una visita a Hogsmeade... Hermione está preparando una reunión entre varios estudiantes y me preguntaba si querrías... ir conmigo —concluyó en un susurro. ¿Le estaba pidiendo una cita? Esa era la impresión que había dado, aunque había dicho que se trataba de una reunión. A ver como la rechazaba sin que se notara mucho...
—Mmmmmm, verás Lavender... —comenzó tras fingir pensárselo durante unos instantes—. No es que no quiera ir contigo, de verdad que me encantaría. Pero nunca he estado en Hogsmeade. La idea de una reunión, probablemente en un local cerrado, no me resulta adecuada para una primera visita. Me gustaría poder explorar las calles y las tiendas con calma. Pero no te preocupes, ya habrá más ocasiones para ir juntos—. Concluyó con una sonrisa.
—Cla... claro, lo comprendo —respondió ella algo cortada.
—Si no es mucho preguntar... ¿para qué es esa reunión? —Ante esa pregunta Lavender pareció recobrar la compostura.
—Es para debatir sobre la asignatura de DCAO. Como es tu primer año no lo sabrás, pero antes no eran así de...
—¿Aburridas? —concluyó Tom antes de llevarse el tenedor a la boca.
—Sí, algo así. Aunque no sé muchos más detalles, tendrás que preguntárselo a... bueno, ya te lo diré yo cuando termine la reunión.
—No te molestes, era sólo curiosidad —le aseguró Tom con un gesto de la mano. Estaba seguro de que había estado a punto de sugerirle que hablara con Granger. Debía de haberse dado cuenta en el último segundo de que lo estaba enviando a hablar con otra chica y había tratado de evitarlo. Ilusa, como si fuese a suponer alguna diferencia.
Tom
Hogsmeade, al contrario que Londres, no había cambiado nada desde su época. Tras un copioso desayuno se había dirigido hacia el pueblecito y ahora recorría sus calles con un interés no precisamente fingido. La gente debía pensar que ese interés se debía que todo era nuevo para él y, en parte no se equivocaban. Aunque los edificios en sí seguían siendo los mismos muchos establecimientos habían cambiado. Decidió entrar en varios de ellos, decantándose en primer lugar por Honeydukes. Cuyo escaparate había captado su atención desde que posó sus ojos en él.
Cuando entró se alegró de que la tienda no hubiese existido en su época. Habría sido un fastidio quedarse siempre con los dientes largos mirando el escaparate, sabiendo que nunca tendría dinero para comprar nada, al menos mientras fuera estudiante. Pero ahora sí que tenía dinero, pensó mientras cogía una caja de calderos de chocolate, podía permitirse un capricho. Tras dar varias vueltas a la tienda salió con una bolsa en cuyo interior había tres ranas de chocolate, una bolsita de bombones explosivos y media docena de plumas de azúcar.
Siguió bajando calle abajo mientras distraidamente se llevaba a la boca una de las plumas a la boca, el sabor dulce lo embriagó enseguida. Al pasar por la papelería decidió entrar a por más pergamino y tinta, quien sabe cuando necesitaría más. En el interior había únicamente otros dos estudiantes de Hogwarts, al contrario que en Honeydukes, que estaba lleno. Pasó por su lado y se dirigió al mostrador para realizar su pedido aún con la pluma en la mano. Mientras el dependiente iba a la trastienda a por los pergaminos se fijó en un tarro de tinta que se hacía invisible al escribir. Al principio le pareció absurdo, ¿para que iba a escribir alguien algo que no se podía leer? A los pocos segundos se le ocurrió que podría servir para enviar mensajes secretos o algo por el estilo. Pero aún así no lo compró, aparte de que no le sería de utilidad, el pequeño tarritole pareció demasiado caro. Cuando pagó por su pedido volvió a salir a la calle con la intención de ir a Las Tres Escobas a tomar algo.
A medio camino pensó que quizás debería ir a ver que hacían Granger y compañía en su famosa "reunión super secreta sobre la que no habían tenido reparos en hablar". Sin embargo no tenía ni idea de donde estaban, así que descartó la idea y tomó el callejón que había a su derecha, un atajo hacia la taberna. Apenas había andado tres metros cuando una voz dijo a su espalda.
—¿Con que aquí estás, bastardo? Seguro que no eres tan valiente ahora que estás tú solo. —Se giró casi sin ganas para encontrarse a Draco Malfoy a su espalda, flanqueado por sus fieles gorilas Crabbe y Goyle. Se sacó la pluma de la boca para poder contestarle.
—Y por lo que veo tú sólo eres valiente cuando llevas guardaespaldas. —El aburrimiento era palpable en su voz. Apenas hubo terminado volvió a centrarse en su golosina, como si fuese lo más interesante que había en aquel callejón. Ignorando que Malfoy lo hubiese llamado bastardo, después de todo era cierto, ¿no? Y la verdad es que ni le importaba.
—No habíamos hablado directamente desde nuestra conversación en el tren.
—En aquella ocasión sólo hablaste tú. Así que dudo que cuente como conversación. Ahora, si me disculpas... —Intentó girarse, pero al hacerlo el rubio lo adelantó y se puso delante de él, dejando a los otros dos a su espalda.
—No tan rápido. Todavía tenemos un asunto pendiente tú y yo, bastardo. —Si pensaba que diciendo eso y rodeándolo iba a intimidarlo se equivocaba.
—¿Te refieres al maleficio? ¿Quieres que te lance otro? —preguntó de forma tentadora, como si el joven rubio frente a él fuese un niño pequeño al que Tom estuviera ofreciendo su bolsa de caramelos.
—¿Cómo de atreves? Se lo diré a mi padre —amenazó Malfoy con el ceño fruncido.
—Tiemblo de miedo ante semejante perspectiva. —Volvió a mirar la pluma para demostrarle a Malfoy lo mucho que le preocupaba su amenaza. Rayos, si que duraban, aparte de estar deliciosas. Si se organizaba bien podría hacer que durasen hasta su próxima visita a Hogsmeade.
—Deberías. —Oyó decir a Malfoy, casi se había olvidado de que estaba ahí. Decidió terminar el encuentro rápido, no le apetecía que ese idiota estropeara su buen humor.
—No hace falta que te recuerde quien es mi padre. Dudo que el tuyo de más miedo. ¡Anda! Otra cosa en la que te supero. Voy a tener que hacer una lista. —Se llevó la pluma a la barbilla en un gesto pensativo. Antes de que el rubio volviese a contestar oyeron la voz de alguien que se acercaba a ellos.
—Draco, al fin te encuentro. ¿Sucede algo? —preguntó una chica de Slytherin con la que compartían clase, Parkinson si no se equivocaba, al verlos allí parados.
—Oh, en absoluto —contestó Tom en lugar del rubio—. Es sólo que nuestro querido amigo no tiene ni idea acerca de como cortejarte y ha venido a pedirme consejo. Al parecer carece del coraje necesario para llevar a cabo lo que su escaso ingenio llega a idear. Me temo que yo tampoco soy muy diestro en esos temas, pero tú pareces una joven decidida a la par que encantadora. ¿Por qué no lo llevas a dar un romántico paseo por el pueblo? Ya que él no se atreve a pedírtelol.
Malfoy se había quedado con la boca abierta a medida que Tom había ido hablando. Parkinson, por el contrario, rebosaba felicidad. Sus ojos brillaron mientras se enganchaba al brazo del rubio y comenzaba a arrastrarlo callejón abajo, hacia la calle principal.
—¿Por qué no me lo habías dicho, Draco? Me encantará tener una cita contigo. ¡Oh, se me ocurren tantos sitios a los que ir! —Se escuchó decir a la joven mientras se alejaban. En el último momento Malfoy giró el rostro y fulminó a Ryddle con la mirada. Tom se limitó a sonreír con malicia y a despedirlo con un gesto de la mano mientras murmuraba las palabras —Que te diviertas— claro y despacio para que el rubio pudiera leerle los labios. Cuando se perdieron por la esquina se giró para ver si Crabbe y Goyle seguían allí y, en efecto, así era.
—Y vosotros dos... ¿por qué no hacéis por una vez lo que os apetezca en vez de seguirlo como si fuese vuestra mamá pato? —les sugirió. Ambos se miraron antes de darse la vuelta y marcharse.
—Sí... mejor... Oye, ¿vamos a Zonko? . —Oyó decir a uno de ellos mientras se alejaban.
Tom emprendió nuevamente su camino a Las Tres Escobas más animado incluso que antes; la cara que había puesto Malfoy no había tenido precio.
Hermione
Era martes, lo que significaba que Harry y Ron tenían entrenamiento de Quidditch. Parecía que se iban a retrasar más de lo normal de modo que Hermione, tras una solitaria cena, decidió aprovechar la ocasión para hablar con Ryddle. Se extrañó de no verlo en la Sala Común, ¿estaría en la biblioteca? Tardaría mucho en ir a comprobarlo y seguramente perdería su oportunidad de hablar con él de no encontrarlo allí. Entonces tuvo una idea; el mapa. Con un poco de suerte Harry lo habría dejado en su habitación y podría usarlo para saber dónde se había metido exactamente Ryddle. Antes de que nadie notase lo que estaba haciendo logró escabullirse escaleras arriba. Neville, Seamus y Dean estaban abajo, enfrascados en todos los deberes que tenían que entregar al día siguiente y que habían dejado para última hora. No esperando encontrar a nadie dentro irrumpió en la habitación sin siquiera llamar. Cual fue su sorpresa al encontrarse a Ryddle allí.
—¿Ya ni te molestas en llamar a la puerta? —preguntó desde donde se encontraba, tendido en su cama.
—¡Creí que no había nadie!
—¿Y entonces para qué has subido?
—Venía a buscar una cosa. —Una cosa que ya no necesitaba, dado que su objetivo final había sido encontrarlo a él y ya lo había hecho—. Pero me alegro de ver que estás aquí. Quería hablar contigo. —Esperó a que el joven dijese algo, pero al ver que no era así se acercó y se sentó en el borde de su cama. Se le hacía raro mirarlo desde arriba.
—Granger, estoy ocupado. Vete —dijo al fin entrelazando las manos sobre su abdomen.
—No mientas, no estás haciendo nada —rebatió Hermione mirándolo de la cabeza a los pies. Llevaba puestos unos pantalones oscuros, una camiseta de manga larga y estaba descalzo. No parecía que fuese a ir a ningún sitio así vestido.
—Para tu información, estoy fingiendo ser un cadáver.
—No tiene gracia, Ryddle —contestó con el ceño fruncido mientras miraba hacia otro lado. Entonces se percató de la foto en la mesilla—. ¿Y eso?
—Coartada. Fue idea del pecoso.
—Claro, coartada—. Dijo ella con ironía para picarlo más que otra cosa.
—¿Vas a decir de una vez a qué has venido? —preguntó exasperado.
—Ya te he dicho que a buscar una co...
—Deja de dar rodeos y di qué quieres —la interrumpió mirando fijamente al techo.
—Vale, vale. Lo confieso, te estaba buscando a ti. Quería hablarte del ED.
—Tendrás que empezar por explicarme qué demonios es eso —volvió a interrumpirla Ryddle. Y ella así lo hizo; le contó todo lo sucedido en el Cabeza de Puerco. Como habían creado el grupo y con qué objetivo. Para luego sacar el pergamino en el que todos habían firmado.
—¿Quieres unirte? —le ofreció tendiéndole el pergamino. Ryddle lo tomó entre sus manos y comenzó a leerlo.
—La lista de miembros no invita a ello —concluyó mientras doblaba la lista y se la devolvía—. ¿Qué le has hecho?
—¿Qué le he hecho a qué?
—Al pergamino. Seguro que le has hecho algo. ¿Por qué si no ibas a hacer que cada uno firmase personalmente, en lugar de apuntar tu misma todos los nombres? Tiene toda la pinta de ser un hechizo vinculante. Lo siento, pero no pienso firmar—. A veces Ryddle era demasiado perspicaz. A veces, por no decir siempre. O quizás era simplemente un desconfiado paranoico.
—No te pasaría nada porque no firmarías con tu verdadero nombre —le aseguró ella.
—De modo que admites que le has hecho algo.
—Tal vez... ¡Pero no es lo que te imaginas! Yo no soy tan retorcida como tú.
—¿Sabes que hay una forma de hacer que la carne se derrita de los huesos como si de cera se tratase? Y es aplicable a contratos de ese tipo —comentó el joven como quien comenta que al día siguiente lloverá.
—¡¿Lo ves?! A mi jamás se me habría ocurrido hacer nada parecido a eso —exclamó asqueada ante la imagen mental que le acababa de venir.
—Así que, básicamente, os vais a reunir para practicar todo lo que Umbridge no os está enseñando en clase.
—Exactamente.
—¿Quién va a enseñaros? —preguntó interesado.
—Harry.
—¿No has podido encontrar a nadie mejor? —se quejó Ryddle. Bueno, era normal, Harry no debía parecerle una opción adecuada.
—¿Te ofreces a enseñarnos tú? —lo tentó con una sonrisa maliciosa.
—No —se limitó a decir. Hermione ya se esperaba esa respuesta así que concluyó con:
—Entonces no, no he podido encontrar a nadie mejor.
—¿Y por qué no lo haces tú? —preguntó el joven con tono exasperado.
—¿Estás de broma? Yo no podría hacer eso. Además, no se me da bien DCAO. —¿Se lo había dicho en serio? ¿De verdad pensaba que ella sería capaz de enseñar defensa a los demás?
—Sería la primera asignatura que no se te da bien.
—No es broma Ryddle, por mucho que me esfuerce mi media no pasa del notable. —Aquel hecho le fastidiaba. Así como le fastidiaba tener que admitirlo.
—Pues no creo que tu media mejore mucho si quien te enseña tiene peores notas que tú —decreto el moreno mirándose las uñas con tranquilidad.
—A Harry se le da bien la defensa —se apresuró a defenderlo ella. Después de todo era verdad, Harry había sobrevivido a varios encuentros y situaciones peliagudas. Estaba segura de que ella no habría sido capaz de hacerlo.
—¿No me digas? Que sorpresa viniendo del héroe. —La fingida sorpresa de Ryddle dejaba entrever una evidente ironía.
—Oye, sólo te he invitado a venir si quieres. No hace falta que te pongas así.
—Sólo digo que Potter no puede enseñarte nada que no sepas ya. No tiene el nivel suficiente, no tardé ni cinco segundos en derrotarlo la otra vez.
—Enséñame tú, entonces. —No se le había ocurrido hasta entonces realmente, pero Ryddle podría ser un buen profesor. Tenía talento y seguro que era un gran duelista. Aunque tenía la impresión de que sus métodos serían muy exigentes.
—Me temo que no va a a ser posible, no tienes nada que ofrecerme a cambio.
—Si pudiese ofrecerte algo que te interesara a cambio, ¿accederías a enseñarnos? —Aquello despertó realmente su curiosidad, ¿había alguna posibilidad de que aceptara?
—Accedería a enseñarte a sólo a ti, que eres la que tendría algo que ofrecerme, Pequeña Biblioteca. Por desgracia no tienes nada, así que la respuesta es no.
Hermione frunció el ceño mientras pensaba. Le parecía recordar que ya le había hablado así una vez. Ese esquema... esa forma de poner una condición antes de realizar una acción... ¿Dónde lo había oído? Entonces lo recordó.
- ¿Cómo es que pones apodos tan pocos originales a los demás si con el tuyo te esmeraste tanto?
- Fácil, los demás no me importáis.
- Es decir, que si te importáramos nos pondrías apodos mejores.
- No.
- ¿Por qué no?
- Porque a mi no me importa nadie.
Pequeña Biblioteca... Cuando habían tenido esa conversación la llamaba "Sangre Sucia". Aunque, ahora que lo pensaba, hacía varias semanas que no la llamaba así. Sin embargo, la había llamado "Pequeña Biblioteca" varias veces. ¿A qué se debía ese cambio? ¿Significaba eso qué...?
—Oye Ryddle, ¿recuerdas lo que me dijiste este verano?
—Te dije muchas cosas, tendrás que ser más específica.
—Sobre los apodos que pones a la gente.
—Gafas va a seguir siendo "Gafas" mientras siga usando esas gafas tan feas. No insistas en que lo cambie —afirmó con rotundidad.
—Me refería a cuando dijiste que no te esforzabas con los apodos de los demás porque no te importaban —aclaró ella ignorando el comentario anterior. Ryddle parpadeó levemente confuso—. En aquel entonces me llamabas "Sangre Sucia", pero ahora lo has cambiado por "Pequeña Biblioteca". ¿Por qué lo has hecho? ¿Significa que te importo?
—No te emociones, Granger. Simplemente has subido de categoría, concretamente de "molestia" a "tolerable" —explicó el joven haciendo un elegante gesto con la mano.
—¿Puedo tocarla? —preguntó Hermione antes de darse cuenta de lo que estaba diciendo.
—¿Disculpa? —preguntó Ryddle esta vez completamente confuso.
—Tu mano, que si puedo tocarla —especificó Hermione. Él dudó unos segundos pero finalmente le tendió su mano derecha. La castaña la tomó entre las suyas y la observó con atención. Ryddle tenía las manos suaves, mucho más de lo que parecía a simple vista. Sus dedos eran largos y finos, delicados. A Hermione le parecieron unas manos hechas para sujetar un pincel o una pluma, puede que incluso un instrumento musical, como el violín. Sin embargo no le parecían unas manos hechas para sujetar una varita, mucho menos para ser las de un asesino. Lentamente le dio la vuelta y comenzó a trazar las lineas de la palma con sus propios dedos mientras le preguntaba—. ¿Por qué "Pequeña Biblioteca"?
—¿Has visto el interior de tu baúl? —respondió él con un tono mucho más calmado del que la tenía acostumbrada a oír. Entonces se dio cuenta de que había cerrado los ojos, parecía relajado. Hermione entendió a qué se refería con "biblioteca", pero no la otra parte.
—¿Y lo de "pequeña?
—Porque eres bajita —sentenció él.
—¡No soy bajita! —Tampoco es que se la pudiese considerar una persona alta, pero no era en absoluto bajita.
—Cuando llegues a la altura de mi barbilla, avísame —contestó igual de tranquilo.
—¡No es mi culpa que tú seas alto! —se defendió ella dejando de acariciarle la mano, haciendo que Ryddle volviera a abrir los ojos. Justo para darse cuenta de que, efectivamente, le había estado acariciando la mano. Y Ryddle parecía bastante tranquilo a pesar de ello—. ¿Te gusta?
—¿Ser alto? No está mal.
—No, ésto. —Levantó las manos de ambos para que el joven viese a qué se refería. Ryddle estuvo callado unos instantes ante de responder.
—No lo sé, es algo nuevo.
—Nunca te había tocado tan directamente —comentó ella al darse cuenta de ese hecho.
—Ni tú ni nadie —concretó él casi sin interés—. Y no, no eres especial. Antes de que lo digas.
—No iba a decir eso. Ya me he enterado de que estoy la categoría "tolerable". ¿Hay mucha gente más en esa categoría?
—Sólo tú. Y que te quede claro que eso no te da derecho a tocarme cuando te de la gana.
—Tranquilo, te pediré permiso. Aunque, te pongas como te pongas, has de admitir que soy especial—. En su tono de voz se podía notar la sonrisa.
—No lo eres.
—Sí lo soy. Confías en mí.
—¿Qué te ha hecho pensar que confió en ti? —dijo elevando un poco el volumen de su voz.
—Tú mismo. —Volvió a levantar la mano de él, que aun tenía entre las suyas y especificó—. Tú mismo me has dado tu mano derecha, con la que usas la varita. Podría haberte atacado y habrías tardado más en defenderte. O podría habértela lastimado de alguna manera, dejándote igualmente indefenso. Pero sabías que no lo haría y me has tendido la mano por voluntad propia. Eso se llama confianza.
—Te dejas guiar demasiado por tus impulsos. Primero me llamas por mi nombre, ahora me pides que te de la mano. Deberías pensar un poco más las cosas antes de hablar. Lo digo por tu bien.
—¿Me estás escuchando?
—Cualquier día dirás alguna tontería y no habrá vuelta atrás. No lo digo por mi, sino por el resto de imbéciles que habitan este castillo.
—¿Quieres dejar de ignorarme?
—Granger, te estaba hablando. Es de mala educación interrumpir, ¿sabes?
—¡Pero si has sido tú el que me ha interrumpido a mí mientras hablaba!
—No deberías morderte las uñas —comentó Ryddle mientras pasaba a ser él quien sujetaba la mano de ella y la acercaba a su rostro para observarla. Hermione se soltó inmediatamente—. ¿Así que tu puedes inspeccionar mi mano pero yo la tuya no? Eso es injusto.
—Yo te lo he pedido.
—¿Puedo ver tu mano?
—No —dijo rotundamente. Ryddle se incorporó de golpe.
—Granger me lo debes.
—Lo siento, no recuerdo haber aceptado tu política del trueque. Debería irme ya, antes de que alguien me vea aquí —declaró mientras se levantaba y se dirigía a la puerta. Antes de salir se giró para mirar por última vez a Ryddle—. Si cambias de opinión con respecto al ED, avísame. Buenas noches.
Tom
En cuanto la castaña cerró la puerta tras ella volvió a tenderse en la cama. ¿Qué le había pasado para actuar así? Pensó mientras levantaba el brazo y se observaba la mano que la castaña acababa de soltar. Todavía podía notar la calidad sensación que había dejado tras ella. ¿Siempre se sentía esa calidez al tocar a otra persona o sería distinto si esa otra persona tenía las manos frías? De ser la primera opción no debía de ser muy agradable en verano. No recordaba la última vez que alguien lo había tocado tan directamente, ni durante tanto tiempo. Se giró para observar la fotografía que descansaba en su mesilla. En ella Tonks lo agarraba del brazo, pero no era lo mismo; ambos llevaban manga larga para aparentar que la imagen se tomó durante el invierno.
Por otra parte, ¿cómo es que se había dejado tocar así como así? Él nunca había soportado el contacto físico. ¿Cómo es que en esa ocasión no le había molestado? Podría incluso decir que le había agradado. Volvió a observarse la palma de la mano y a trazar sus líneas con los dedos de la otra, tal y como había hecho ella. No era lo mismo, no era la misma sensación. Se incorporó nuevamente hasta quedar sentado en la cama. ¿Por qué había bajado la guardia de tal manera? ¿Tenía razón Granger? Realmente... ¿confiaba en ella? Aquello le creó un nudo en el estómago. Nunca había confiado en nadie y no tenía intención de empezar a hacerlo ahora. Pero una cosa era cierta, la sangre sucia era la única persona a la que soportaba sin esfuerzo, a veces incluso le gustaba hablar con ella. Y también era la única en la que había... vale, sí, confiado. Era la única persona en la que había confiado lo suficiente como para dejarse tocar.
Abrió los ojos de forma desorbitaba cuando un nuevo concepto cruzó su mente: amistad. ¿Era eso lo que la gente llamaba amistad? ¿Se sentía así tener un amigo? Él no podía saberlo, nunca había tenido uno. Pensó en como actuaba la gente a su alrededor con aquellos a los que consideraban sus amigos. No parecía lo mismo. Quizás era porque la sangre sucia y él estaban a otro nivel, intelectualmente hablando. Un momento, tal vez por eso la sangre sucia se acercaba a él en primer lugar; porque lo consideraba su igual en el campo intelectual. Después todo, no habían hablado hasta que ella lo pilló ojeando su libro. Aunque ella ya tuviese amigos, quizás buscase a alguien con quien poder hablar a ese nivel, porque claramente el pecoso y gafas no podían ocupar ese rol.
Maldita Granger, sólo le daba quebraderos de cabeza. La muy... había conseguido que se cuestionara conceptos que jamás se había planteado. Amistad, ¡ja! Como si él fuese a sentir eso por alguien. Seguro que a la mañana siguiente ya no pensaba más en esas tonterías ¿verdad? Más confuso de lo que estaba antes, corrió las cortinas y se acostó.
NdA2: Me acabo de dar cuenta de que no ha salido ninguno de los Weasley. Un capítulo sin los Weasley! Pero esto qué eeeeeees? Voy a tener que compensarlo...
No os imagináis lo mal que me cae Umbridge! Que ganas tengo de que le den la patada! Aunque por el momento vamos a tener que aguantarla. Si, lo sé, es culpa mía.
Hemos visto el primer momento de contacto físico. ¿Ha quedado muy metido con calzador? Me gusta como Hermione se deja llevar tanto por su instinto. Es una persona muy racional, pero al mismo tiempo es obstinada y tiene esos prontos... me resulta mucho más humanas que las versiones de ella que la hacen ver como la perfecta sabelotodo. Por otro lado Tom... es Tom. No está habituado a tener a nadie cercano, pero después de tres meses conociendo a los ya es hora de que empiece a acostumbrarse.
A veces me da la sensación de que escribo cosas demasiado absurdas, o demasiado sentimentaloides y eso me hace no estar contenta nunca con el resultado final. Debería dejar de exigirme tanto y disfrutar más de lo que hago, que después de todo esto es un hobby. (La cosa es que con el cosplay me pasa igual. Intento ser demasiado perfeccionista). A partir de ahora a escribir sin miedo! ò-ó
En fin, espero que os haya gustado. Hasta la próxima! :D
