Ayyy! Por Dios, al fin pude terminar el capítulo, dejando de lado mis deberes de madre (tengo que cocinar, xd, son las 21:37 minutos en mi país) y además tengo que hacer miles de cosas para el trabajo en la escuela donde doy clases (planificar, completar el registro, ordenar las fichas personales, etc) Pero como lo prometí no quería fallar y por eso acá estoy, lamento la espera y sé que me van a odiar (buahhh, odiar es una palabra fea) por como termina pero tengan en cuenta que son siete hojas de Word y que tenía que terminar si o si. No sé cuando vuelvo, no lo puedo asegurar, please, paciencia es lo que les pido y desde ya muchísimas gracias por el apoyo en mi primer teenchester.
De verdad sus comentarios son el aliciente para que mi afición a la escritura más mi incondicional amor por los Winchester aumenten mis deseos de seguir escribiendo así que se agradecen de corazón los reviews de todas desde que comencé hasta ahora.
Como ya no tengo tiempo no me extenderé en los mismos (o sea pasan para el próximo los agradecimientos detallados) y acá les dejo el capi.
¡Besos a todas!
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…El sonido de su voz que se perdió en la distancia fue apenas audible sobre el fuerte arrullo de la turbulenta correntada, recibiendo como sola respuesta, el aleteo repentino de varios pájaros escapando entre las ramas en medio de gorjeos y trinares que dejaron un vacío angustiante en cuanto desaparecieron en lo profundo del bosque que parecía sombrío y desolado como la mirada del mayor de los Winchester que estrechó a Sam entre sus brazos sin detener ya la caída de sus lágrimas…
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-¡Sammy! ¡Respóndeme!-exclamó con voz ronca, un nudo de pánico oprimiendo su pecho le dificultaba el uso de su voz, sintiendo el cuerpo laxo de su hermano entre sus brazos el mayor de los Winchester no pudo menos que sentirse paralizado y aterrado. Los segundos pasaban con opresiva lentitud y todo a su alrededor parecía diluirse en un espiral caótico de borrosas imágenes.
Pero cuando Dean se dio cuenta que eran sus lágrimas la que no le dejaban ver y que era el golpeteo frenético de su corazón el que aturdía sus sentidos apartó en un rincón de su mente el dolor que estaba sintiendo y se concentró en lo único que en ese momento realmente le importaba. No iba a perder a Sam, aunque tuviera que arrancárselo a la misma muerte de sus garras, él no lo perdería por un estúpido río helado de un maldito bosque. Eso no iba a pasar y el hermano mayor retomó su lugar desde el pánico y con todos sus sentidos protectores disparando la adrenalina de su sangre a límites insospechados se dispuso a salvar a su hermano y traerlo a su lado.
-¡Mierda Sammy! ¡No te atrevas a morirte, es una orden!-le dijo recostándolo a su lado mientras presionaba con unos dedos temblorosos y húmedos el cuello del chico en busca de ese latido que a él también le devolvería la vida-¡Joder!-gritó presionando sus dedos con más fuerza en su cuello en un desesperado intento de encontrar un latido-¡No estás muerto! ¿Me oyes? ¡No vas a morir!-el rubio trasladó su mano hacia el pecho de Sam para luego acercarse a él y presionar su oído en busca del rítmico golpetear de su corazón-¡MIERDA! No…no…no…-Dean sacudió su cabeza desesperado, y arrodillándose inmediatamente a su lado, apoyó las manos en el pecho del menor y comenzó a empujar hacia abajo rítmicamente haciendo lo que su padre les había enseñado en caso de que tuvieran que hacer las maniobras de resucitación para salvar a alguna de las potenciales víctimas en sus tantos casos sobrenaturales.
Nunca pensó que iba a tener que practicar esos ejercicios sobre su propio hermano, y la responsabilidad de que ese salvamento sea un éxito sumado a sus sentimientos por él, hacían que el joven cazador sintiera un pánico tan desesperante como nunca había sentido en su corta vida, las lágrimas caían sobre su rostro ligeramente más calientes de lo fría que sentía su piel, sus brazos temblaban y su respiración era dura y agitada por el esfuerzo que estaba haciendo sobre el cuerpo de su hermano aunque poco de eso le importaba concentrado como estaba en contar el ritmo de sus pulsaciones.
Llegó hasta treinta y paró inclinándose para cubrir la boca de Sam con su propia boca para insuflarle el aire que sus pulmones necesitaban.
-¡Qué nadie vaya a enterarse de esto, chico, porque si dices algo voy a patearte el trasero!-murmuró en un intento de calmar la tensión que agarrotaba sus músculos al iniciar nuevamente una ronda de compresiones mientras los minutos parecían estirarse indefinidamente trasladando el fuerte arrullo de la correntada a un segundo plano-¡Por favor… Sammy! ¡Vamos…no me dejes… solo!-rogó en un susurro entrecortado por su respiración cada vez más pesada por esa opresión en el pecho que se hundía cada vez más con cada segundo que pasaba.
Aunque sólo habían pasado un par de minutos desde que comenzara con el masaje cardíaco para Dean pareció una eternidad pero, al observar como el pecho de Sam subía con su segunda respiración, algo de calor fluyó por su sangre acelerada y con más fuerza que antes renovó sus intentos de reanimación.
-¡VAMOS SAMMY! ¡VUELVE!-le gritó mirando el rostro del menor, su piel pálida y cerosa en contraste con su cabello oscuro agarrotaron la garganta de Dean incapaz ya de decir una palabra más sin darse cuenta siquiera de las lágrimas que continuaba derramando y que caían como testigos silenciosos del dolor de su alma.
De repente, cuando menos lo esperaba, sintió un estremecimiento debajo de sus manos y Sam dejó escapar una tos ronca mezclada con el sonido de agua escapando de su boca.
-¡SAM!-exclamó Dean sin poder creerlo soltando el aire que sin darse cuenta había retenido al percibir el leve movimiento de su hermano bajo sus manos.
A pesar de la conmoción que sintió al saber que tenía a su Sammy de regreso, sus instintos protectores retomaron el control de la situación, y de inmediato, levantó al jovencito del suelo barroso inclinándolo hacia un lado para que pudiera expulsar el agua que había quedado atrapada en sus pulmones. Nunca pensó que escuchar a su hermanito toser le iba a traer ese sentimiento de alivio tan profundo a su alma por lo que abrazándolo con fuerza contra su pecho murmuraba sin saber a quién o a qué-¡Gracias, gracias!-mientras trazaba círculos calmantes en la espalda agitada del chico que aún continuaba tosiendo.
Cuando sintió que su respiración se calmaba un poco recostó a Sam en el pliegue de su brazo, y por primera vez en mucho tiempo, miró hacia abajo al rostro joven de su hermano con una sonrisa de alivio surcando sus labios.
-¡Hola Sammy!-susurró mientras tocaba su mejilla suavemente, su tono de voz aún quebrado por la angustia que había atenazado su garganta-¡Vamos chiquillo, vamos, abre los ojos para mi! ¡Vas a estar bien, te tengo, estoy aquí!-le dijo tratando de sonar seguro y reconfortante, su mente alejando a un rincón oscuro los dos minutos más terribles de su vida en cuanto vio el suave parpadeo de los ojos de Sam intentando centrarse en él.
-¿D´n-murmuró, y aunque Dean se preguntó como era posible abreviar un nombre de sólo cuatro letras, nunca estuvo más contento de escucharlo en su vida-Ten…go…frí…o-agregó el chico tiritando constantemente.
-Si, Sammy, lo sé-respondió el rubio pasando una mano por el largo cabello de su hermano en un intento de alejar esas gotas de agua helada que caían sobre su frente-Voy a sacarte de aquí, estarás bien, lo prometo-agregó mientras que, con la mirada, recorría la costa en busca de la bolsa en donde traía la manta y que no recordaba en que momento ni donde la había arrojado. Suspiró aliviado al verla a pocos metros de distancia, cerca del lugar donde él emergiera desde el bosque para encontrarse con su hermano atrapado en las aguas turbulentas.
Al ver la bolsa sobre el terreno lodoso el rubio sonrió satisfecho volteando la cabeza para mirar nuevamente al chico que sostenía en su regazo. Su corazón dio un vuelco cuando lo encontró nuevamente con sus ojos cerrados sintiendo un frío helado recorrerle la espalda independiente su causa de la brisa helada que acariciaba la espesura del bosque haciendo susurrar las hojas.
-¡Hey…hey…no vayas a dormir Sammy!-dijo agitándolo un poco más brusco de lo que hubiera deseado pero, vio recompensado ese movimiento, cuando el menor abrió sus ojos verdosos tratando de enfocarse en él-Eso es chico, tienes que permanecer despierto-lo alentó el rubio-Sé que tienes frío pero si te duermes no podremos salir de aquí ¿Me oyes?-preguntó preocupado mientras apartaba, otra vez, el flequillo mojado de su frente para mirar mejor en sus ojos.
Años de poder leer en su mirada lo que el niño necesitaba le dio la respuesta que buscaba, y cuando Sam le sonrió levemente, una ola de calor lo envolvió ante lo que en silencio le expresaba con su expresiva mirada.
La gratitud, el amor que leyó en el fondo de sus ojos verdes le imprimió más determinación a su voluntad de la que nunca había tenido. Sam confiaba en él, sabía que no iba a dejarlo solo, que lo iba a proteger y él sólo iba a defraudarlo el día en que estuviera muerto. Y ni así estaba seguro de que iba a dejar de protegerlo, quizás volviera desde donde fuera que iban los espíritus para patear el trasero de quien se atreviera a meterse con su hermano.
Dean era el hermano mayor de Sam, era su trabajo. Él siempre lo decía ocultando en esas palabras los sentimientos que reemplazaban la responsabilidad con el amor. Ser su hermano mayor era lo que siempre iba a ser. Y él no hacía nada mejor que eso.
Lo sacó de sus pensamientos la suave voz del castaño, apenas audible sobre el sonido del agua correntosa
-Dean... ¿Dónde… está…el…osito?-preguntó con dificultad mientras intentaba sentarse para mirar más allá de su hermano mayor que abrió los ojos desmesuradamente al escuchar esas palabras.
Lo único que le faltaba era que el chico estuviera delirando pidiendo por ese osito que llevara a dormir durante sus primeros cinco años cuando lo acompañaba hasta su cama en esas noches solitarias en las que se hacía cargo de su pequeño hermano.
-¿Osito? ¿Qué dices Sammy?-aún sintiéndose confuso y preocupado se concentró en ayudar al chico en ponerse de pie sosteniendo su tambaleante peso con la firmeza de sus fuertes brazos. Sabía que algunos de los síntomas de la hipotermia podían ser la confusión y la pérdida de memoria y que ellos podían avanzar a un estado más grave por lo que, de inmediato, al recordar esos síntomas volvió a sentarlo a pesar de la leve protesta del menor. Arrodillándose frente a él, lo tomó de la cabeza apartándole el flequillo, que se negaba a permanecer lejos de su frente, para observar mejor sus pupilas mientras que apoyó su mano libre en su pecho para cerciorarse que los latidos de su corazón aún fueran detectables.
Suspiró aliviado al sentir que estos eran rápidos y bastante fuertes teniendo en cuenta la aparente debilidad del chico quien intentaba apartarse de su hermano mientras repetía algo sobre un osito, lo que Dean no tuvo en cuenta concentrado como estaba en resolver la primera preocupación que tenía en mente y que era conseguir que Sam recuperara un poco de calor por lo que, haciendo caso omiso a sus palabras, se quitó las botas, y mientras se paraba reteniendo en el suelo a su hermano que quería seguirlo con la firmeza de una mano en su hombro, le dijo
-Voy por la bolsa y te traeré una manta Sammy, allá la veo-levantó la cabeza señalándole el lugar con su mirada. Sam no prestó atención a las indicaciones de Dean mirándolo con el ceño fruncido con esa expresión que él tan bien conocía y que indicaba que quería protestar por algo pero que no le alcanzaban las fuerzas para hacerlo dado los temblores que podía ver acuciaban a su pequeño hermano por lo que, sin demora, corrió hacia la bolsa de lona mientras agregaba-¡Y te pones ya mismo mis botas sin decir ni una palabra!
Sam lo miró alejarse con una sonrisa en sus labios haciendo el esfuerzo de levantar sus brazos para tomar las botas y obedecer a su hermano mayor. Sabía que detrás de ese tono de voz duro y cortante los instintos de mamá gallina del rubio estaban en alerta máxima y él no podía dejar de sentir un alivio inmenso que le envió una corriente cálida a su cuerpo que era mucho mejor que cualquier manta. Más que nunca, la sobreprotección que su hermano destinaba sólo para él, era lo único que le daba estabilidad y seguridad, aunque a veces se quejara de ella ya que, desde que tenía memoria, quien siempre acudió a su lado cuando lo necesitaba era él.
Lo distrajo de sus pensamientos y de la ardua tarea de ponerse las botas, a pesar de que en cualquier otro momento eso hubiera sido tarea sencilla, el peso de algo sobre sus hombros y el rostro de Dean que lo miraba con preocupada expresión en sus ojos verdes al ver que sus movimientos al intentar calzarse eran torpes y lentos
-¿Tienes mucho frío todavía Sammy?-le preguntó mientras rodeaba al joven con la manta que había sacado del bolso friccionando sus brazos y su espalda en un intento de darle más calor. Cuando el chico levantó con pesadez la cabeza para mirarlo agradecido la preocupación del mayor creció junto a los latidos de su corazón. Se veía confuso, aturdido, sus ojos poseían un brillo extraño, no el habitual del muchachito lleno de energía que sabía reconocer desde que era un niño, ese brillo era como el de la fiebre que lo había estado persiguiendo desde hacía días y que con los últimos acontecimientos casi había olvidado. Inmediatamente, llevó una mano a su frente frunciendo el ceño al sentir a su contacto que la piel de su hermanito era lo más cercano a un témpano de lo que nunca antes había tocado. Asustado, pero decidido a solucionar lo que le estuviera pasando, lo tomó debajo de los hombros para ayudarlo a pararse-¡Vamos a la cabaña, salgamos de una vez de este maldito bosque!-exclamó con firmeza.
-Pero…Dean…el…osito…espera…un…poco-intentó protestar el menor en un esfuerzo inútil de apartarse del brazo firme de su hermano que lo sostenía de la cintura y del brazo que había pasado sobre su cuello para dar los primeros dos pasos antes de que al fin pudiera articular esas palabras en medio de los temblores que recorrían su cuerpo y de una agobiante y extraña sensación que pesaba sobre su pecho dificultando su respiración.
El mayor de los hermanos, para el cual nada de esto había pasado desapercibido, afianzó su agarre sobre su hermano más que dispuesto a no dejarlo ir a ningún lado fuera de su vista por un largo tiempo frunció el ceño con disgusto ante lo que pensaba eran delirios del chico que empeoraba a cada paso-"En realidad apenas dimos tres pasos y ya tenemos más problemas"-pensó tratando de no entrar en pánico-Vamos Sammy, en la cabaña está el osito-le dijo suavemente pensando que así lo alentaría a caminar más pero, para su sorpresa, recibió un codazo leve en las costillas-¡Auch!-se quejó deteniéndose a mirar al chico quien, con expresión enojada, se plantó en el lugar con la típica postura rebelde y testaruda que caracterizaba a los Winchester.
-No…estoy…deli...rando…Dean-dijo finalmente, al parecer después de un breve intento por mantener a raya lo mal que se estaba sintiendo-Allá…vamos…pa…ra…allá-agregó señalando de nuevo hacia la costa de la que Dean estaba tratando de alejarse por lo que, suspirando con fastidio, intentó responderle con paciencia.
-Sammy, tenemos que volver a la cabaña, tienes que cambiarte de ropa, acostarte, te daré una chocolatada caliente y te pondrás bien, te lo prometo-le dijo intentando nuevamente dar un paso hacia el camino encontrándose de nuevo con la resistencia del castaño quien hizo un sonido gutural de fastidio.
-No…me…trates…como…a…un…niño…Dean-respondió con voz algo ronca lo que hizo que el rubio lo mirara con las cejas arqueadas, no sólo porque se dio cuenta de que el chico ya parecía congestionado, sino que el hecho de pensar que era cierto que Sam estaba creciendo, y para su orgullo al que camuflaba bajo una aparente molestia, crecía varios centímetros por año casi igualando a su padre y a su ,a pesar de eso, el mayor no podía dejar de sentir que no estaba muy contento con ese hecho, y no por perder en la estatura, sino porque no sabía si en algún momento iba a dejar de verlo como a su hermanito pequeño, sea cual sea la edad que tuviera.
Lo abstrajo de sus pensamientos la fría mano de Sam que se apoyó en la piel de su cuello provocándole un involuntario escalofrío-Por…fa…vor…vamos…para…allá-agregó cuando la mirada del rubio se encontró con la suya.
En ese momento Dean apretó las mandíbulas luchando con las emociones encontradas que en su interior provocaron las palabras y la mirada de su joven hermano.
-"Esta vez si que me está mirando como un cachorro mojado"-pensó el cazador con un suspiro frustrado intentando ponerle algo de humor al momento para encontrar la calma que se le estaba escapando al escuchar como Sam continuaba con sus frases entrecortadas, lo que lo estaba poniendo frenético, además de que seguía insistiendo con un osito del que ya no quedaba ni el recuerdo.
En ese momento un sonido gutural se escuchó a corta distancia detrás de unos arbustos, justo en la dirección a la que Sam quería que él lo llevara. Sobresaltado, pero inmediatamente alerta, adoptó una postura defensiva trasladando su cuerpo delante de su hermano que le apretó el brazo en el momento que sacó el arma que llevaba en la cintura para apuntar hacia el lugar desde donde el sonido parecía aumentar junto con el movimiento de la maleza.
-No…dispares…Dean-le susurró el chico con la voz temblorosa.
-No tengas miedo Sammy y quédate muy quieto-le susurró el mayor por sobre su hombro.
-No…es…miedo...
-Shhh, silencio-lo interrumpió el joven apuntando decidido hacia el cada vez más cercano sonido, que intercalaba bufidos con pequeños chillidos parecidos a un llanto, los que hicieron que los vellos de la nuca del mayor se elevaran con un escalofrío. Alejando en un rincón de su mente los nervios que le causaba saber que de él dependía la vida de su hermano se dispuso a disparar a lo que sea que apareciera detrás de ese arbusto desde donde provenían los extraños gritos. Grande fue su sorpresa cuando lo que surgió desde el verde follaje fue la campera de Sam que se movía junto a un bulto ruidoso que tropezaba cada pocos pasos-¿Pero qué demonios?-exclamó el rubio sin dar crédito a lo que veían sus ojos,y aunque estaba acostumbrado desde su más tierna edad a ver cosas raras, nunca imaginó que vería la campera de su hermano moverse por sí sola como si estuviera poseída.
Sentir como su hermano se trasladaba desde atrás, bajando su brazo armado cuando pasó por su lado, lo sacó de su asombro inicial y, de inmediato, el protector retomó su lugar en él para acercarse al chico que en ese momento se agachaba junto a la campera movediza.
-¡Sam! ¡No la toques!-le advirtió aunque se daba cuenta que para eso era tarde. Cuando su hermano levantó en sus brazos la campera, y acomodó sus pliegues para hacer un espacio en la embarrada tela, una cabecita negra con orejas redondas y grandes ojos marrones se asomó al aire libre mientras lamía la mano del chico quien, por primera vez en bastante tiempo, rió con ganas ante la mirada estupefacta del mayor.
-¿Qué diablos hace ese bicho con tu chaqueta?-preguntó el joven bastante molesto. Podía imaginar que el emocional de su hermanito había encontrado al animal y que por eso había terminado en medio de ese río helado priorizándolo sobre su propia seguridad.
-No es…un…bicho…Dean…es un osezno-aclaró el menor aún sonriendo ante las cosquillas que le causaba la lengua áspera del pequeño animal en los dedos de su mano-Lo…rescaté…del río-aclaró luego aunque, por la expresión enojada con la que el mayor lo miraba, podía darse cuenta que su hermano ya se imaginaba lo que había pasado-Por suerte…tú me…rescataste…a…mi. Gracias, hermano-agregó con una sonrisa que reflejó en el brillo de su mirada la gratitud y el amor que sentir que tenía la protección del rubio le daban.
El joven cazador lo miró y la sensación de ternura que le causó más con su expresión que con sus palabras hizo que el enojo se diluyera como la nieve se derrite en los deshielos de la cálida primavera por lo que, relajó el ceño y se acercó a su hermano extendiendo la mano para tocar brevemente la cabeza del pequeño animalito que, al ver su mano cerca de su cabeza, retrajo sus orejas hacia atrás acurrucándose más en el pecho de Sam emitiendo un gutural grito cercano a un gruñido.
-Tranquilo…pequeño…parece malo…pero no…muerde-le dijo el chico acariciando bajo el hocico al osezno que se tranquilizó de inmediato causando que el mayor arqueara las cejas asombrado.
-Muy gracioso Sammy-respondió algo molesto aunque darse cuenta del riesgo que su hermano había pasado sólo por preocuparse en salvar un pequeño animal, más la imagen tierna que veía ante sus ojos, hizo que fuertes sentimientos recorrieran como una brisa cálida su interior llenándole el pecho de una plácida sensación-"Éste es mi muchacho"-pensó con orgullo. Siempre podría decir que ese chico noble y valiente que tenía enfrente era el que él prácticamente había criado por lo que, sintiendo que su amor por él crecía junto con su orgullo, carraspeó intentando evitar el momento sentimental que estaba al borde de causar si hacía efectivos sus pensamientos y le daba al chico el abrazo que en su mente le estaba dando. Él era un Winchester, un cazador peligroso y bajo su coraza iba a mantener su hombría a salvo, con todo lo que había pasado desde que lo sacara del agua y casi lo perdiera había flaqueado bastante -"Suficiente por hoy"-pensó el rubio antes de hablar nuevamente-Tú y tu bola de pelos pueden quedarse aquí si quieren, yo vuelvo a la cabaña.
Comentario que fue recibido por Sam con una sonrisa más que seguro que no hablaba en serio y que no iba a dejarlo solo en el bosque por más que supiera como regresar y que la cabaña no estaba lejos. El chico tomó entonces con más fuerza a la pequeña criatura y caminó unos pocos pasos bajo la mirada atenta de su hermano que vigiló constantemente que no tuviera que atraparlo, si es que la debilidad le ganaba a la obstinada determinación de Sam quien, en ese momento se volvió a mirarlo y le dijo.
-¿No…vienes…con…nosotros?
Dean arqueó las cejas sorprendido ante la palabra nosotros. Al parecer su hermanito pensaba llevar a ese peludo a la cabaña pero, ya cansado de perder tiempo en ese lugar del que tendrían que haber salido hacía ya largos minutos para finalmente llegar a la calidez y seguridad de la cabaña, sólo caminó para unirse al llegar a su lado nuevamente lo sostuvo de la cintura con una reconfortante protección que contradijo sus palabras.
-Perra-dijo mirándolo con una luminosa sonrisa que provocó igual respuesta en el pálido rostro del menor.
-Idiota-respondió a su acostumbrado juego de palabras sintiendo como su fuerza, a la que sentía debilitarse a cada paso, tomaba un lugar más firme en su pecho, recuperándose, al absorber la seguridad que emanaba desde la actitud protectora de su hermano.
Al mismo tiempo, desde la espesura del verde follaje que susurraba al compás del viento, un par de ojos inyectados en sangre observaban a su presa con la cautela y el sigilo de un peligroso depredador. Como tal, había observado en silencio con un sordo gruñido apenas audible ronroneando en su pecho, a los humanos que caminaban por su bosque. Sus dedos largos, de uñas afiladas se clavaron en el tronco del árbol desde donde acechaba dejando la huella de sus garras cuando el Wendigo contenía sus ansias de sangre a la espera de la oportunidad que todo cazador espera antes de lanzar su mortífero ataque.
Siempre la presa más débil o más joven era la más fácil de atrapar, y esta vez, su objetivo no estaba solo, lo acompañaba otra carne sabrosa que no iba a dejar escapar. Sus finos labios se fruncieron elevándose para dejar ver unos afilados dientes en una mueca espantosa, como si el espantoso ser estuviera sonriendo satisfecho con su próxima cacería. Luengo, se movió con increíble velocidad y sigilo hacia los humanos quienes, ajenos al peligro que se cernía sobre ellos, caminaban por el bosque.
Desde las sombras de un gran árbol en donde se ocultó nuevamente los miró con ferocidad, estaba a sólo pocos pasos de la presa elegida y ese hombre que parecía protegerlo era el único obstáculo que le quedaba para obtener la recompensa a su inteligente y superior capacidad de depredador.
Finalmente, el Wendigo se agazapó satisfecho preparándose para su feroz asalto, ya seguro de que nada ni nadie iba a quitarle su presa, dejó escapar un grave gruñido que retumbó en su pecho, y con los músculos fibrosos de su cuerpo deforme anudándose bajo la pálida piel surcada de cicatrices, la horrible criatura se preparó para ese feroz ataque del que ninguna sus víctimas había escapado.
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En fin, sé que quizás no lo merezca dada la demora, pero
¿Unos comentarios para este capítulo intenso? ¿Les gustó el comienzo tan angustiante? ¿Las hizo sonreír la presencia del osito en la vida de los Winchester? ¿Las asustó la presencia del Wendigo?
¿Algo más que les haya gustado? (o quizás que no les haya gustado, aunque esos comentarios me deprimen, sépanlo, jejejej)
¡Hasta la próxima!
