Buenas, aquí Zir Agron en un nuevo pedazito de este cuentito.
Bienvenidos al esperado y deseado octavo capítulo de "Filo Negro".
Capítulo 8: La bella mortífera, Pt.3
Blu estaba exhausto. Había perdido todas sus fuerzas, la realidad era cierta, estaba en un serio problema, pues la Bella Mortífera no era una rival cualquiera, se trataba de una bruja manipuladora de mentes.
"Filo Negro…" – susurró ella – "Tienes una mente tan excitante…" – le lamió el pico y lo abrazó aún estando encadenado a la pared.
"Bella Mortífera, en el nombre de mis ancestros juro que serás derrotada, sea yo o sea otro, serás vencida" – le dijo Blu, resistiéndose a recibir el placer que Bella Mortífera quería darle – "Tu poder no puede compararse con el poder de la justicia"
"Oh, Filo Negro, que palabras tan sabias" – dijo ella, y se tocó el tesoro – "¿Ya podemos irnos a tu mente?"
"Acepto tu desafío, cuando quieras" – dijo él, y entonces Bella Mortífera volvió a hacer rosados sus ojos e hipnotizó a Blu.
"Cumplirás mis fantasías en el lugar más horroroso del mundo, tu mente"
Blu se quedó dormido.
La reina Perla se encontraba sentada en su escritorio cerca de la puerta que llevaba al balcón que permitía ver todo el reino.
Se encontraba ocupada realizando papeleos. Se trataban de asuntos del reino: quejas, solicitudes y otras cosas.
Estaba cansada, sentía la necesidad de acostarse en su cama a dormir pensando en que al día siguiente tendría audiencias con muchos reyes del mundo de Utalur. Estaba nerviosa, y, por otra parte, emocionada.
Perla seguía pensando en el rey de Míresis, pues su reino era muy poderoso y respetado por todos. Ella quería lo mismo para el suyo, quería poder y respeto.
Sin embargo, también pensó en el rey del tecnológico reino de Erasus, que también buscaba casarse con ella.
La reina presentía que ambos reyes deseaban contraer matrimonio con ella no solo para tener bellos descendientes, si no que también querían hacerlo para unir fuerzas y destruir a sus contrincantes.
Alguien tocó la puerta.
"Adelante" – dijo ella, la puerta se abrió y apareció el señor Febe – "Señor Febe, ¿qué hace despierto a estas horas?"
"Debería preguntarle lo mismo, mi reina" – dijo Febe en respuesta – "Necesita descansar, bella reina, le espera un largo día de audiencias"
"Agradezco tu preocupación, Febe" – dijo ella con cariño – "Pero debes dejar de preocuparte por mí, son mis obligaciones como reina"
"¿Segura?" – dijo él, inseguro.
"Palabra de reina" – contestó Perla, llevándose el ala al corazón.
Febe asintió con la cabeza y sonrió. Posteriormente cerró lentamente la puerta.
Perla se acarició las sienes y lloró un poco antes de guardar sus papeleos en los cajones del escritorio y dirigirse a su habitación real, que se encontraba casi al lado de su oficina.
Cogió sus llaves y caminó lentamente fuera de su oficina mientras se secaba las lágrimas. Cerró la puerta de su oficina con llave y caminó hacia su habitación rogando en que en un futuro muy lejano todo pueda estar en paz y en orden.
Abrió la puerta de su habitación y un agradable fresco la invadió, su ventana estaba abierta para refrescar la habitación.
Bostezó, se dirigió hacia la cómoda y se miró al espejo. No estaba tan linda como lo era antes de convertirse en la reina, sus ocupaciones la tenían tan ocupado que incluso se olvidaba de cuidarse a sí misma.
Se quitó toda la ropa y se miró de nuevo, definitivamente no, no estaba como antes. Estaba muy desprolija.
Se apresuró en entrar a la ducha para darse un baño, y, más tarde, por fin pudo conciliar el sueño, rezando para que algún día su reino pudiera dormir sin temer por el Filo Negro o cualquier otro enemigo.
Blu despertó en el fondo de un largo túnel iluminado de unas blancas luces que colgaban del techo.
Sus cadenas ya no estaban, las alas no le dolían y el ardor en sus ojos se había ido.
"Por mis letales cuchillas, ¿dónde estoy?" – preguntó en voz alta.
"En el lugar más terrorífico del mundo" – contestó la voz de la Bella Mortífera – "La mente del asesino más cruel que haya existido, ¿crees que exista otro lugar aún más horroroso?"
Blu no respondió nada, pues era cierto, su mente era la más horrorosa del mundo. Llena de muertes, sangre, cabezas cortadas y mutilaciones.
"¿Y qué pretendes, Bella Mortífera?" – preguntó Blu – "¿Limpiar mi mente de las atrocidades que he cometido a lo largo de mi vida? ¿Devolverme el afecto de mi ex mejor amiga, que por casualidad ahora quiere matarme?"
"La vida está llena de misterios, al igual que tu mente, Filo Negro" – dijo Bella Mortífera – "Percibo odio en tu interior, tienes casi un incontrolable deseo de matarme, me odias, pero también te odias a ti mismo"
"¡No juegues conmigo, bruja, sal de mi mente!" – gritó Blu – "¡Déjame en paz!"
"¡Sientes amor por tus amigos! ¡Estás preocupado por Galen, quieres que sobreviva para que viva junto a su novia!" – exclamó ella – "¡Un asesino que siente amor, eres débil!"
Blu se puso de pie y caminó por el interminable túnel mientras escuchaba la voz de la Bella Mortífera cada vez era más fuerte. Su risa, su cruel risa lo asustaba.
"¿Tienes miedo, Filo Negro?" – preguntó, y dejó escapar una risita – "¿Tienes miedo por lo que puedes llegar a ver?"
"Mis recuerdos son dolorosos, bruja, y tu jamás podrás volverlos aún más dolorosos"
"¿Estás seguro de eso, Filo Negro?" – preguntó la bruja – "¿Quieres que te haga recordar cómo perdiste a tu mejor amiga?"
"Atrévete a husmear en los recuerdos que tengo sobre ella y provocarás mi infinita ira" – le advirtió, y, en ese entonces, una imagen se creó en la mitad del túnel. Era una especie de ilusión.
En esa ilusión estaba Blu hablando con Blight muchos años atrás.
"La justicia te necesita" – le dijo Blight a Blu – "Los criminales deben ser ejecutados como se merecen, con la muerte"
"¿Qué debo hacer para traer la justicia al reino, gran líder?" – le preguntó Blu a Blight mientras se arrodillaba y le hacía una reverencia.
"Para demostrarme que eres digno de llevar tal responsabilidad, debes realizar tu primera tarea aplicando la justicia a quien se la merezca"
"Estoy a tus órdenes" – dijo Blu.
La ilusión se volvió borrosa, y, luego de unos segundos, volvió a tomar forma.
Era un día horrible, había una fuerte tormenta y el cielo parecía venirse debajo de tantos truenos y relámpagos.
Se escucharon unos fuertes gritos femeninos que expresaban dolor y agonía.
Era Blu, quien acababa de apuñalar a una chica en el pecho.
"Perdóname, debía hacerlo" – le dijo a la chica, quien pocos segundos después falleció.
Blu sostuvo el cuchillo y lo sacó lentamente del pecho de la ya ahora muerta chica.
"¿Blu?" – lo llamó alguien por atrás y él se dio vuelta, descubriendo a su mejor amiga.
"¿Perla? ¿Qué haces aquí?" – le preguntó.
"Venía siguiéndote desde hace rato, te llamé muchas veces, pero por la lluvia no me escuchaste" – respondió la chica, y entonces vio el cuchillo ensangrentado que sostenía su amigo – "Blu, ¿estás herido? ¿Qué te pasó?"
Blu no respondió, simplemente dejó caer el ensangrentado cuchillo al suelo. Se arrodilló en el suelo y comenzó a llorar desesperadamente mientras las fuertes gotas de lluvia comenzaban a helarlo.
"¿Qué tienes, Blu?" – Perla se acercó a él, y entonces vio el cadáver de la chica – "¡Blu! ¿Pero qué hiciste?"
"¡Perdóname, por favor, no quise hacerlo!" – sollozó él, abrazándola – "¡No le digas a tu madre, me cortará la cabeza!"
"¡Blu, era mi hermanita!" – gritó ella, apartándolo y abrazando el cadáver de su fallecida hermanita – "¡La mataste, asesino!"
Antes de que Blu pudiera decir algo al respecto, dos guardia armados estaban pasando por ahí.
"¡Guardias!" – gritó Perla – "¡Ayuda!"
"¡Princesa!" – gritó uno de los guardias, que se llamaba Astor.
"¡Ahí vamos!" – gritó el otro, que se llamaba Aitor.
"¡Es un asesino, mátenlo!" – Perla señaló a Blu, y los dos guardias comenzaron a perseguirlo.
Blu corría por su vida por las calles de Alferus. No había nadie en las calles por la fuerte tormenta. Se resbaló más de una vez y los guardias estaban cada vez más cerca.
"¡Asesino, enfrenta tu juicio!" – gritó Astor – "¡No escaparás!"
"¡No!" – exclamó Blu, y entonces se resbaló y cayó de bruces al suelo. Aitor se arrojó sobre él y comenzó a golpearle el rostro.
"¡Mataste a la princesa Ailyn, tu pena será una lenta y dolorosa muerte!" – bramó Aitor, quien estaba sujetándolo mientras Astor comenzaba a introducir su espada en el pecho de Blu, quien gritaba de dolor.
"¡Grita, asesino, grita por tu vida!" – la espada de Astor estaba a punto de hacer contacto con el corazón de Blu, pero entonces, una nube de humo se esparció por todos lados.
"¡Mis ojos, me queman!" – exclamó Aitor, a la vez que Astor daba sablazos por todos lados.
Blu sintió que alguien lo sujetaba y se lo llevaba.
Pasó un minuto hasta que el terror terminó. Blu abrió sus ojos y vio a Blight.
"Tranquilo, muchacho, esos dos matones no te harán nada" – le dijo Blight, dándole palmadas en el hombro – "Esa herida se infectará, muchacho, hemos de ser rápidos si queremos salvarte"
Blu se puso de pie, y vio que atrás de Blight estaban otras tres jóvenes aves.
"¿Quiénes son ellos?" – preguntó.
"Son nuevos reclutas, al igual que tú, acaban de realizar su primer acto de justicia" – contestó el líder.
"Soy Galen" – saludó uno de los jóvenes.
"Amir" – dijo el otro.
"¿Y tú?" – le preguntó Blu a la chica.
Ella no respondió, tenía una expresión de horror y tenía sangre en sus alas. Era evidente, su primer acto de justicia le afectó bastante.
"Di tu nombre, querida, no tengas miedo, no te pasará nada" – le dijo Galen.
"Maia" – murmuró ella.
Antes de que pudieran decir algo más, se escucharon unos gritos masculinos a lo lejos.
"¿Cómo que escapó?" – preguntó el rey Haakon – "¡El maldito se llevó la vida de mi hija menor, quiero a todas nuestras tropas buscándolo, quiero su cabeza colgando de mi pared, quiero descuartizarlo en la plaza de ejecuciones!"
"Lo encontraremos, alteza, en nombre de Ailyn, juro que encontraremos al asesino, o moriremos en el intento"
La imagen se volvió borrosa y, luego de unos segundos, volvió a tomar claridad.
Era el atardecer, todavía estaba lloviendo. La noticia del asesinato de Ailyn ya se había difundido por todo el reino en tan solo unas horas.
Blu estaba sentado cerca de una plaza con juegos infantiles. Ahí era donde él y Perla se encontraban de niños para jugar y de adolescentes para hablar.
Estaba encapuchado con su nueva túnica de justiciero. Tenía la mirada permanentemente hacia abajo, no se podía permitir mostrar su rostro en la ciudad.
Escuchó pasos que se acercaban a él. Tenía las alas en sus cuchillos, y entonces, alguien le tocó el hombro.
Se dio vuelta y vio a otra ave que también estaba encapuchada. Era ella, su mejor amiga, venía vestida con una túnica negra que mostraba su estado de ánimo.
"Perla…" – murmuró él, levantándose del empapado asiento de piedra en el cual estaba sentado.
Ella no dijo nada, simplemente dejó escapar unas lágrimas de sus ojos.
"Lo siento mucho… nunca supe que tenías una hermanita, si hubiera sabido que ella era…"
"¿Y si no hubiera sido mi hermanita la hubieras matado igual?" – lo interrumpió ella, y Blu agachó la mirada – "Eso creí" – agregó, y lloró de nuevo.
Blu estaba por hablar, pero no tuvo tiempo, ya que ella se abalanzó sobre él y lo besó. Blu la abrazó y apretó el beso.
"Tenía que hacerlo al menos una vez" – le dijo ella, y entonces lo apartó – "Ahora somos enemigos, Blu"
"Pero creí que…"
"¡Guardias!" – gritó ella, y entonces unos arqueros comenzaron a dispararle desde el otro lado de la plaza.
Blu salió corriendo, y por el fuerte viento, las flechas desviaron su camino y terminaron clavadas en las paredes.
"¡Enfrenta tu juicio, asesino!" – gritó Perla, sacando su arco y dejando volar una flecha que casi le atraviesa el cráneo a Blu – "¡Voy a matarte, asesino!"
Blu dobló una esquina, y antes de seguir corriendo miró hacia atrás para ver que otra flecha se aproximaba a toda velocidad.
"Adiós, amiga mía" – murmuró él, luego se fue corriendo y la flecha se clavó justo donde estaba su cabeza.
La ilusión terminó. Blu estaba llorando, no por la tristeza, si no por la furia que sentía. Había cometido el peor error de su vida al unirse a Blight. Deseaba no haberlo hecho, ya que de no haberlo hecho ahora probablemente estaría en el trono junto a su reina.
Blu había caído en una depresión un tiempo después de haber asesinado a Ailyn, no solo por acabar con una vida que tal vez haya sido inocente, si no que también se sentía así por descubrir que su amiga sentía amor por él, y por un cuchillo ensangrentado lo había arruinado todo. El rey Haakon y la reina Delia querían su cabeza, y ahora ellos fallecidos ese deseo de matarlo había pasado a la reina Perla y a su marido, a quien ella elegiría en poco tiempo.
"¿Por qué lloras, Filo Negro?" – le preguntó la voz de la Bella Mortífera – "¿Te molesta que husmee en tus recuerdos más íntimos?"
Blu se arrodilló y siguió llorando. Ella era lo único por lo que podía vivir, y ahora la había perdido, perdido para siempre. Se sentía furioso consigo mismo, también se sentía furioso con Blight, ya que él nunca se había imaginado que su líder le había ordenado matar a la princesa Ailyn, hermana menor de la ahora reina Perla. De haberlo sabido, él jamás había hecho caso de llevar a cabo aquél asesinato.
Blu se frotó los ojos. Los tenía rojos e irritados. Le dolía el corazón, le habían hecho una herida muy profunda, y ahora la volvieron a abrir justo cuando por fin se había cicatrizado.
"Levántate, Filo Negro, enfréntame" – dijo la voz de la bruja – "Estás tan débil que ni siquiera podrás resistirte a mi infinito poder"
"No puedo…" – dijo él – "Me siento tan… tocado… tan débil y herido…" – nunca nadie lo había lastimado tanto desde que su mejor amiga comenzó a sentir deseos de matarlo.
"¡Enfréntame, o morirás!" – gritó ella, y entonces el suelo del túnel comenzó a desaparecer, revelando que debajo había un mortal pozo de fuego – "¡Si mueres en tu mente, también morirás fuera de ella!"
Blu deseaba morir en ese momento, no podía negarlo, pero la idea de morir derrotado por la Bella Mortífera no le agradaba. Si deseaba una muerte, desearía una con el poco honor que le quedaba.
Se puso de pie con las pocas fuerzas que le quedaban.
"¡Buen muchacho, ahora ven a mí!"
Blu caminó lentamente por el túnel mientras que el suelo desaparecía lentamente.
Tardó varios minutos en llegar al final del túnel, en donde había una bella puerta blanca.
Blu supuso que detrás de esa puerta estaría el campo de batalla.
"Hora de pelear, o morir en el intento" – pensó Blu, y entonces abrió la puerta.
Era una hermosa habitación iluminado por unos altos candelabros. Estaba pintada de un suave naranja. Había ventanas, pero por alguna razón no se podía ver nada a través de ellas. Pues claro, su mente era negra, ¿qué otra cosa podría ver?
Había una gran alfombra roja en el medio de la habitación, y, alrededor de ella, tres elegantes sofás blancos.
Blu miró hacia atrás, y vio que en el túnel ya casi no quedaba suelo, tan solo el pozo de fuego un poco más abajo. Lo único que quedaba en pie en el túnel eran sus tenebrosas paredes.
"El pozo de fuego representa mi actual furia" – pensó Blu – "Con razón el fuego es tan intenso"
Blu cerró la puerta y vio que al final de la bella habitación había una puerta.
Caminó hacia allá, y antes de que pudiera abrirla, otra ave la había abierto. Era la Bella Mortífera.
Los contrincantes se miraron. Blu la miraba con odio, y ella, al contrario, lo miraba con un ardiente deseo.
Blu miró la habitación que se encontraba detrás de su enemiga y notó algo: ambas habitaciones eran casi idénticas, con la única diferencia de que la segunda habitación tenía una cama.
"Siéntete como en casa, Filo Negro" – dijo ella, cerrando la puerta de la segunda habitación y llevándolo hacia los sofás, en donde tomaron asiento – "Espero que estés preparado, pídele a tus ancestros que te den la fuerza para evitar entrar a la segunda habitación" – agregó, y Blu recordó que en la segunda habitación estaba la cama, en donde si era derrotado moriría.
¿Cómo la ven? Está mortalmente bueno, ¿qué piensan ustedes?
Con cada review le darás al Filo Negro la fuerza que necesitará si desea sobrevivir a esta batalla.
Si quieres que el Filo Negro siga contándonos su historia, ayúdalo con un review.
Hasta la próxima.
