Sé que lo estabais esperando así que... aquí tenéis el capítulo 8. ¡Un par de capítulos más y estamos en la Arena!
Capítulo 8: Los Vigilantes
A la hora de comer del tercer día de entrenamiento Lucy, Cooper, Evan y Angelique hablábamos sobre lo que les enseñaríamos a los Vigilantes, aconsejándonos los unos a los otros, sabiendo ya nuestros puntos fuertes al haber estado entrenando juntos los días anteriores.
— Yo creo que tú, Evan, deberías ir a por la carrera de obstáculos, lo de hacer fuego y lo de Plantas e Insectos Comestibles —dije removiendo mi plato de macarrones.
— Sí —Lucy acordó conmigo—. Angelique, tú les has de enseñar tu habilidad haciendo refugios, hamacas, nudos y trampas.
— Lu, tú demuéstrales cómo te manejas con el Gaunlet, la escalada, el camuflaje y las hondas —dijo Angelique.
— Pero el camuflaje no se me da tan bien, y cuesta tiempo —protestó Lucy.
— Pues no les enseñes el camuflaje —suspiró Angelique.
— Cooper —intervino Evan—, enséñales a los Vigilantes cómo te mueves en la sección de fuegos, lanzas y escalada.
— Y tu Izzy —finalizó Lucy—, enséñales tus habilidades en combate cuerpo a cuerpo y pescando.
— Y con la espada —aportó Evan.
— ¿La espada? —todos nos giramos a mirarle, confusos.
— Te vi el otro día practicando con una espada tu sola, lo hacías bien —se encogió de hombros.
— Lo intentaré si me da tiempo —respondí no muy convencida.
Apareció un agente de la paz y se llevó a Axel Wright, el chico del Distrito 8.
— Va él, luego Bianca Davis, Theo y yo —dije tragando saliva, estaba muy nerviosa.
— ¿Qué símbolos lleváis? —preguntó Evan cambiando la conversación para intentar calmarnos a todos.
— Yo la pulsera —Lucy nos enseñó su muñeca donde una pulsera hecha de ramas la envolvía.
—Yo también llevo una pulsera —admitió Cooper mostrándonos una pulsera muy parecida a la de su compañera—. Es una tradición en nuestro distrito; cuando entras en la Cosecha tu familia hace una pulsera, dicen que trae suerte pero… —se encogió de hombros—. Yo ahora mucha suerte no veo que me haya traído.
— ¿Pero qué dices? —pregunté con tono escandalizado—. Nos has conocido a nosotros.
— Lo que decía, mucha suerte no veo que me haya traído —rió Cooper.
— El mío es un trozo de carbón atado a una cuerda —dijo Evan—, me lo dio mi hermano mayor, dice que fue el primer trozo de carbón que sacó.
— El mío es… —pensé en el significado del símbolo, algo que me recordara a casa—… es este anillo. Me lo dio… mi padre —mentí al final mientras les enseñaba mi anillo de prometida—, era de su madre.
— Es un anillo muy bonito —admiró Lucy—. Parece… antiguo —añadió.
"Oh, lo es, mucho más de lo que te imaginas" pensé.
— Pues yo tengo un simple cuerno —dijo Angelique—, estuvieron a punto de confiscármelo porque decían que era peligroso. Mi mentora se limitó a pedirles que lo hicieran más seguro —sacó un cuerno blanco de una fina cuerda que llevaba adjuntado en el cinturón.
— ¿Me dejas? —pregunté alargando la mano y Angelique asintió.
— Bianca Davis —llamó un agente de la paz llevándose a la chica del 8.
Cogí aire y me llevé el borde del cuerno, forrado con cuero para hacerlo seguro, a los labios. Todos los de la mesa me miraron sin comprender nada, pero yo sabía lo que hacía, ese cuerno estaba vacío y pulido, y por lo tanto…
Un grave sonido resonó en la cada vez más vacía sala. Era un poco más agudo de lo que me esperaba y que salía en las películas, pero era lo que yo quería.
— No está nada mal —le devolví el cuerno a una sorprendida Angelique.
— ¿Co-co-como has…?
— Simplemente sopla, pruébalo —Angelique así lo hizo y el sonido del cuerno causó que los tributos restantes (es decir, Theo, Dylan y la chica del doce llamada Holly Moore) se giraran a mirarnos.
— Esto nos puede servir en la Arena —dije entusiasmada—, ya de entrada en la Cornucopia. Lo más probable es que todos no sepamos hacia donde correr, pero esto nos puede servir, Angie.
— Izzy tiene razón —asintió Lucy—, puedes soplar una vez y todos sabremos que tendremos que ir al norte, dos al oeste, tres al sur y cuatro al este.
— ¿Y cómo sabremos dónde está el norte? Mi sentido de orientación es bastante nulo —intervino Cooper.
— Hacia donde señala la punta de la Cornucopia siempre ha sido el norte—señaló Evan.
Los cinco nos miramos y asentimos.
— Controla bien a dónde nos envías, ¿eh Angie? —rió Cooper nerviosamente.
— Theodore Green —llamó un agente de la paz.
— ¡Oh Jesús! Ya me toca, ya me toca —me revolví incómoda en el asiento.
— Tranquilízate Izzy —Cooper me posó una mano en el hombro.
Cogí aire y lo dejé ir lentamente, así un par de veces. Luego me puse a pensar mientras miraba fijamente la mesa:
Había cambiado bastante en estos meses que había pasado aquí, faltaban unos poco más de un mes para que se cumpliera un año justo, antes nunca habría dejado que un chico que acababa de conocer tres días antes me tocara el hombro, ¡cuernos! En realidad no estaría hablando tan cómodamente con chicos con los que apenas acababa de conocer. Tampoco sabría defenderme tan solo con mis puños, piernas o demás partes del cuerpo, ya de paso. ¿Habría tenido este carácter si hubiese crecido con hermanos y sobreprotegida? ¿Habría sido de esta manera si no hubiese tenido que madurar antes de tiempo? Echaba de menos mi antigua manera de ser, pero esta me daba más libertad, me permitía divertirme más, ver más cosas buenas en la vida y dejar de dudar siempre de mi misma. Era más liberador. ¿Sí-Cuando volviera a casa con Edward seguiría teniendo este carácter? Esperaba que sí, y que a Edward le gustara mi nuevo yo, aunque si no le gustara se tendría que aguantar de todas formas.
— Isabella Swan —llamaron y sentí mis ojos abrirse como naranjas por si solos ¿Había estado toda la sesión de Theo mirando la mesa?
— Suerte —llamó Lucy.
— ¡Sí, golpea bien! —añadió Angelique.
— Déjales con la boca abierta —dijo Cooper.
— ¡Eso! ¡Enséñales la Izzy que nosotros conocemos! —finalizó Evan.
Sonreí, ellos se habían convertido en grandes amigos después de tan poco tiempo— Suerte para vosotros también —cuando estaba a punto de abandonar el comedor me giré y les grité— ¡Y no la caguéis!
Cuando entré en la sala de entrenamientos vi a Livia mirándose las uñas con gente ausente. Nadie parecía prestarme atención, de forma que me aclaré la garganta.
— Izzy Swan, Distrito 9 —sonreí con falsa dulzura a los Vigilantes, que pararon de hablar (bueno, algunos) para mirarme.
Livia se mordió el labio para ocultar una sonrisa. Me acerqué a ella y empezamos a luchar, moviéndonos esta vez por todo el recinto. Al cabo de varios minutos Livia consiguió inmovilizarme y, después de revolverme el pelo, se marchó de la sala. Yo corrí entonces, tropezándome yo sola, hasta llegar a la sección de pesca y preparar un anzuelo y pescar uno de los tres peces dispuestos en el pequeño estanque de la sala de entrenamiento, en cinco minutos.
— Gracias papá por tus pesados viajes a la Push —dije en un susurro.
Luego, viendo que aún tenía unos minutos corrí, tal y como me había dicho Evan, donde estaban las armas. Con un poco de torpeza cogí una espada corta y desmembré a un par de maniquís, para luego atravesar a uno en el estómago.
— Gracias —les dije a los Vigilantes y empecé a salir de la sala de entrenamiento para, cuando ya había dado varios pasos, acordarme de que aún llevaba la espada en la mano— ¡Upps! —dije y, en busca de una posible salida dramática lancé la espada en la dirección a los muñecos de combate, apuntando la cabeza de uno de ellos; atravesó el estómago de el de al lado.
Riéndome ante las sorprendidas caras de los Vigilantes me marché rápidamente de la sala y corrí hacia las cocinas (que había descubierto durante un paseo nocturno), cogí una bolsa de manzanas, alimenté a los caballos y luego volé hasta el apartamento del Distrito 9 para una revancha contra Theo, que se había vuelto sorprendentemente bueno en las carreras de coches.
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Eran casi las tres cuando terminé la última partida con Theo y me escondí en mi habitación. Estaba nerviosa porque esa noche darían las puntuaciones de los tributos en la televisión, cada puntuación del 1 al 12, siendo 12 la mejor. Sabía que mala nota no me iban a poner, sobre todo teniendo en cuenta la parte final con la espada, más bien tenía miedo de que me pusieran una buena nota, porque eso significaría que los profesionales intentarían ir a por mí, y si iban a por mí estaría poniendo en peligro a Evan, Lucy, Cooper y Angelique.
Suspiré, necesitaba a Edward conmigo. Lo echaba muchísimo de menos.
Giré la cabeza y mi mirada se posó en el teléfono que había en mi mesilla de noche, que tan solo servía para llamar a algo parecido al servicio de habitaciones. Una idea cruzó por mi mente ¿podría ser? Pulsé el botón 1 y luego el 0.
— Está llamando al piso nº 10 —dijo una voz mecánica—. Indique la habitación con la que desee hablar o se desconectará la llamada, gracias.
Cogí el pesado libro que había al lado del teléfono y miré el índice hasta que lo encontré: Apartamentos – 122. Rápidamente fui a la página 122 y encontré lo que buscaba. Pulsé en el teléfono el número 5.
— Su petición ha sido tomada, se llamará en unos instantes a donde usted desea.
Esperé mientras oía el familiar sonido que hacían los teléfonos en casa mientras esperabas a que la otra persona lo cogiera.
— ¿… se callará esto? —iba diciendo la voz de Angelique—. Uy, mira, se ha parado.
— ¡Angie! —grité al auricular con todas mis fuerzas.
— ¿Izzy? —gritó Angelique de vuelta, casi dejándome sorda en el proceso.
— Sip, soy yo —dije en un tono de voz normal— ¿Qué estás haciendo? Estoy aburrida.
— Debo de estar flipando —contestó Angelique—, esto es tan raro.
— Es un teléfono, Angie, ¿no habías visto nunca uno?
— En el edificio de la justicia de casa tenemos uno, pero no he ido allí en muchas ocasiones, ¿sabes?
— Natural, ¿qué tal te ha ido con los vigilantes?
Angelique me relató su sesión, que había ido bastante bien, y luego yo le relaté la mía, incluyendo el incidente con la espada.
— ¿Apuntaste a la cabeza? —preguntó incrédula— ¿Y le diste a la barriga?
— De otro muñeco —añadí.
Angelique se echó a reír a carcajadas— Esto es casi tan bueno como lo de la trampa.
— Bueno, pero me ha hecho quedar bien —me encogí de hombros.
— Sí, supongo que te pondrán buena nota y tendrás más patrocinadores —dijo Angelique con un tono amargo en la voz.
— Tendremos —le corregí.
— ¿Qué? —preguntó confusa.
— Tendremos más patrocinadores, los cinco. Somos una alianza Angie y, además, sois mis amigos. En la arena mis cosas son las vuestras, menos si me envían un cepillo de dientes, si me envían un cepillo de dientes será para mí solo.
Angie rió, pero su risa estaba entrecortada— Yo también te considero mi amiga.
— Si necesitas ayuda tu simplemente sopla ese bonito cuerno tuyo, que yo intentaré acudir lo más deprisa que pueda.
— ¿Y si eso te pone en peligro?
— Para eso están los amigos, Angie —le dije rodando los ojos—. Para salvarse los traseros los unos a los otros.
Después de un minuto de silencio Angelique habló— Nunca antes había tenido amigos, en casa siempre he sido muy cerrada y los chicos de mi curso no querían ser sus amigos.
— Pues eran unos idiotas —respondí—. Espera, ¿quieres decir que he sido tu primera amiga? Buff… estás más loca de lo que creía, mira que escogerme a mí como primera amiga…
— ¡Cállate! —dijo Angelique entre risas— Eres la mejor amiga que podría haber pedido. Es una mierda tener que estar en la Arena contigo, porque sé que no vamos a salir juntas de esto, pero también me alegro de haberte conocido.
Me sorbí la nariz— Si este es tu plan maligno para hacerme llorar… lo has conseguido con medalla de honor.
Se volvió a formar un silencio.
— Mejor acabamos ya, ¿no? —sugirió ella.
— Sí, mejor —ambas colgamos a la vez.
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Me removí nerviosa en el sofá, en cualquier momento empezarían a dar las puntuaciones de los tributos en la tele. Por el momento Claudius y Caesar, los dos presentadores, solo charlaban entre ellos.
— Bueno, ya son las ocho y aquí tenemos lo que todos estabais esperando —la cámara se centró tan solo en Caesar—. ¡Las puntuaciones!
— Que nervios —murmuró Cardea a mi lado en el sofá.
— Del Distrito 1 tenemos a Marcus Reed, con una puntuación de … once. Del Distrito 1 también está Nicole Collins, con una puntuación de… ¡Diez! Del Distrito 2 tenemos a Travis Bell…
Caesar fue diciendo nombres, todos los Profesionales (los del 1, 2 i 4) tenían puntuaciones de nueve a once, luego sobresalía Gabriel Jackson, del Distrito 7, con un diez. Los demás tenían puntuaciones que no llegaban al cinco.
— ¡Y del Distrito 9 nuestros risueños tributos! —anunció Caesar causando que me sonrojara— Theodore Green, con un siete.
— Felicidades —le sonreí al grandullón.
— Es una gran puntuación —le felicitó Hersilia y Cardea y Naenia sonrieron de acuerdo con nuestra escolta.
— Y luego Isabella Swan, con una puntuación de… Vaya, ¿Quién se lo imaginaba? ¡Una puntuación de nueve!
Sentí mi boca abrirse haciendo "pop".
— ¡Eso es genial, Izzy! —la sonrisa de Naenia no podría ser más grande.
— ¿Ves? —Theo me mandó una sonrisa sincera— Te dije que podrías ir a casa.
— Pe-pe-pero yo… yo… un nueve… yo… —balbuceé incapaz de palabras.
— …trito 10, ¡Dylan! Con una puntuación de cuatro y ¡Angelique! Con una puntuación de seis —sonreí, contenta por la nota de Angelique—. Del Distrito 11, ¡Cooper! Con un siete y Lucy, con otro siete —mi sonrisa se ensanchó—. ¡Y por último el Distrito 12! ¡Evan! ¡Seis! ¡Holly! ¡Cinco!
— Bueno, eso es todo —Cardea apagó la televisión—. ¡Estoy tan orgullosa de vosotros, chicos! ¡Hasta es probable que alguno de los dos pueda ganar!
— Seguro que es Izzy —Theo me revolvió el pelo—. No hay nadie que pueda con esta enana.
— ¡Hey! Mi altura es perfectamente normal, muchas gracias.
Theo me sacó la lengua.
— Mejor nos vamos a la cama —Cardea se levantó bostezando.
Yo me quedé en el sofá mientras todos los demás desaparecían a sus habitaciones. De alguna manera las puntuaciones solo lo habían hecho todo más real, y que tuviera un número tan alto no incrementaba mis posibilidades de sobrevivir, más bien al contrario, incrementaba mis posibilidades de ser matada.
— Que empiecen los septuagésimo segundos Juegos del Hambre —le susurré a la noche.
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Gracias por seguir leyendo mi historia.
Mary Mellark: estás cogiendo la manía de comentar justo cuando estoy a punto de colgar el próximo capítulo y por lo tanto no te puedo contestar. Sé que esto sonará muy cruel pero... me encanta que te hayas enganchado tanto. Son tan solo los Cullen los que pueden ver los Juegos (eso no significa que nadie se le vaya a unir u.u). Sé que me odias ahora mismo por hacer que Bella tenga aliados a los que, probablemente, les tomes cariño y a los que voy a matar, pero Bella viene del siglo XXI, es como tu y yo ¿qué harías tú si de repente vieras que tienes que alimentarte de ardillas? Yo no sabría que hacer con la ardilla una vez muerta, me quedaría pensando, ¿y cómo me como yo eso ahora? Así que... Bella necesita aliados para sobrevivir. Soy mujer (¡y orgullosa de ello!). Besos, CF98
