Espero que este capítulo obtenga bastante rw..es largo y jugoso… Nos leemos
RENDICIÓN
Cuando el moreno regresó a su casa, tras un paseo desde la chimenea del Caldero Chorreante, ya no se molestó en luchar consigo mismo. Se abandonó al placer, pensando en el rubio, imaginándole bajo sus manos. Era inútil, la pelea contra sus instintos era totalmente inútil y Harry se sometió a ellos, gimiendo y arqueándose bajo el agua, recordando los labios de Draco…
Dedicó la mañana del sábado a las compras y a poner en orden tanto su casa como su propia mente, aceptando que Draco podía ser era realmente todo lo que él decía, su verdadero compañero. Aunque no era la primera vez que una pareja como la suya se producía, desgraciadamente, la sociedad de los mestizos mantenía fuertes prejuicios contra las parejas homosexuales. Y ni siquiera como verdaderos compañeros eran aceptados entre los de su raza. Las relaciones esporádicas entre mujeres eran marginalmente consentidas como una forma de masturbación, un sustitutivo del sexo con los varones. Pero el sexo entre dos varones, simplemente era una forma de dominación, la última expresión de la más dura y estricta disciplina, destinada a poner en su lugar a los machos más rebeldes dentro de la manada, aquellos que se oponían o desafiaban al Alpha. Un cruel castigo, dentro de la jerarquía de la manada, al que desgraciadamente, muchos cachorros eran sometidos ritualmente por sus Sires, haciéndoles aborrecer semejantes actos, una humillación pública, donde los otros machos les llamaban "perras", el peor insulto entre los suyos.
Para la hora del almuerzo, estaba listo para su baño Weasley y se apareció en las proximidades de la Madriguera. Adoptar su antigua apariencia era algo fácil, inconsciente a esas alturas, pero mentalmente agotador. Pese a todo, la comida familiar transcurrió sin muchos incidentes, al menos hasta que los inquisitivos ojos de Hermione notaron la diferencia. Verle juguetear con aire distraído con su tarta de ruibarbo, su postre favorito, levantó sus sospechas y la castaña preguntó:
-¿Qué te ocurre Harry?
Sus ojos le miraron intensamente, una vez que el joven levantó la vista del plato de postre arruinado, sin encontrar nada raro en apariencia. Ciertamente, Harry era el mismo de siempre, pero estaba extrañamente distraído.
-Hey, colega… -intervino Ron- es verdad, estas raro hoy. ¿Te encuentras bien?
La misma sonrisa que flotó en sus labios fue toda la respuesta del moreno, y Hermione ató cabos con rapidez, ante la mirada curiosa del resto de la familia, Ron, George y sus padres. El resto del clan estaba fuera y a Fred le tocaba quedarse en la tienda.
-¿Has…encontrado a alguien? ¿Es eso Harry?
El moreno asintió, incapaz de denegarlo, y dejó que la sonrisa se expandiera por su cara, iluminándola. Molly dejó escapar un gritito emocionado y se llevó a la cara un pañuelo.
-No estoy plenamente seguro, pero podría ser Mione. Solo he tenido mmh… dos citas de momento…aún es pronto…
Su amigos comenzaron a atosigarle a preguntas, hasta que Arthur impuso un poco de silencio.
-Chicos, chicos…dejadle en paz! Ya nos dirá lo crea conveniente, verdad?
Su voz afable le dio un respiro al moreno y este sonrió agradecido y asintió.
-Es pronto y no quiero precipitarme. Y no voy a decir nada, porque no quiero que todo esto se convierta en la próxima portada de Corazón de Bruja, así que no preguntéis.
Molly le dio un abrazo y murmuró con afecto:
-Me alegro tanto por ti, Harry…
En medio de las bromas de Ron y George, pasó el resto de la tarde, amigablemente, antes de regresar a su casa. Sin apenas más que una breve parada para una ducha y cambiarse de ropa, el moreno chequeó su aspecto en el espejo, verificando su físico, el que habitualmente usaba como instructor y entrenador en el mundo muggle, algo a medio camino entre su aspecto real y la imagen de Harry Potter entre los magos y se dispuso a salir de caza.
Apenas entró en el club, cuidadosamente elegido, su apariencia llamó la atención de numerosos clientes, por lo que tan solo tuvo que esperar un rato a que alguno se le insinuase, invitándole a una copa. Cuando se marcharon a los reservados, usó su poder para provocar un gran placer en el chico, que jadeó a su contacto, y tras prepararle cuidadosamente, hundió los afilados colmillos en su muñeca, llenándose la boca de su sangre.
Cuando estuvo lleno y satisfecho, relamiéndose los labios ensangrentados, aunque muy frustrado, el moreno, tras implantar un falso recuerdo en su víctima y dejarle medio aturdido en el sofá de la sala trasera del local, se deslizó por la salida de emergencia, sin desear volver a pasar por la pista de baile, abarrotada de cuerpos en ebullición. Regresar a casa fue sencillo y el moreno dejó que su imaginación se desbordase, buscando las sensaciones de Draco a través del colgante, notando su respuesta, incluso con km de distancia entre ellos. Como la vez anterior, apenas necesitó estímulo y pronto pudo meterse en la cama, momentáneamente calmado.
Sin embargo, al despertar de madrugada, tan vez espoleado por los sueños de Draco, Harry decidió que ya había sido suficientemente bueno. Quería a Draco, en ese mismo momento, y se vistió chasqueando los dedos, impaciente, para ir a hacerle una visita inesperada. Su glamour era el mismo que el de su salida nocturna, suficientemente sexi y atractivo y sin más demora, se apareció en la chimenea pública más próxima para ir a Malfoy Manor.
Todavía no eran ni las seis de la mañana del domingo y la mansión estaba silenciosa y en penumbras. Harry usó su agudo sentido del olfato para orientarse y se encaminó hacia un corredor prometedor, lleno de rastros recientes de Draco. Tamy apareció cuando Harry alcanzaba la primera esquina y saludó con una profunda reverencia:
-Buenos días Amo James. El joven Lord Draco no está despierto aun. ¿Quiere que le avise de su llegada?
Con rostro travieso, el joven de cabello castaño oscuro denegó y susurró:
-No Tamy. Quiero darle… una sorpresa a Draco.
Asintiendo con una sonrisa, la elfina abrió la marcha, y pronto alcanzaron el dormitorio del joven, en el segundo piso. Con una reverencia, la elfina desapareció, prometiendo preparar bizcochos y panecillos para el desayuno, y Harry abrió en silencio la puerta. Entró en un saloncito, coqueto y acogedor, similar al que ya conocía. Una puerta daba paso al dormitorio propiamente dicho, que estaba en penumbras. Una gran cama presidia la estancia, con sábanas de seda negra, que arropaban la figura casi desnuda de Draco. Se adivinaban las siluetas de varios sillones de aspecto mullido, un escritorio, y una chimenea que adornaba el lateral a la derecha. Al fondo, un rayo de luz entraba por las cortinas entreabiertas de un gran ventanal, arrancando destellos a los adornos de plata de la habitación y en la otra pared, dos puertas daban paso a otras estancias.
En dos rápidas y silenciosas zancadas, el Griffindor alcanzó la cama, sus botas de piel de dragón silenciosas sobre las alfombras de pelo. El largo pelo platino de Draco destacaba aun mas sobre la negrura de las sábanas, capturando los débiles rayos de luz, lo mismo que su piel de alabastro. Se sentó junto a él, devorándole con los ojos y esperó pacientemente. Incluso dormido, Draco reconoció su olor y gimió en sueños, llamándole suavemente. Harry deslizó una mano fantasmalmente por su cabello, y disfrutó del espectáculo cuando el rubio se agitó, y dejó que sus manos acariciaran su cuerpo desnudo, en busca de su creciente erección. Draco le llamaba en sueños, y se acarició por encima de sus bóxers negros, gimiendo una vez más.
Entonces, Harry se inclinó sobre él y murmuró en su oído con voz ronca y sensual, alcanzándole con su húmedo aliento:
-Buenos días, bella durmiente…
Los ojos de Draco se abrieron instantáneamente, y el joven se sonrojó intensamente, sorprendido. Sus manos buscaron las sábanas para cubrirse, repentinamente tímido, pero Harry le sujetó y murmuró con los ojos brillantes de deseo:
-Mmh…no, mejor no. Me gusta…el espectáculo, Draco.
Se inclinó sobre él y besó suavemente sus labios sonrosados, y el rubio le echó los brazos al cuello, correspondiéndole. Draco no preguntó. Olía en su piel el rastro de otros, sobre todo uno reciente, mezclado al aroma del sexo, pero su Cachorro estaba con él, y evidentemente, insatisfecho.
Casi avergonzado, Draco se escurrió entre disculpas para ir al baño, y Harry se sentó en la cama a esperar su regreso, con los ojos cerrados, aspirando el aroma del muchacho. Minutos más tarde, los pies descalzos del rubio se dejaron oír y el Griffindor abrió los ojos. El sonrojo daba un aire más saludable al joven, aunque aun estaba demasiado delgado. Su cuerpo, atlético, se mecía al suave vaivén de sus caderas, y a Harry se le hizo la boca, literalmente, agua. Pese a que estaba saciado, el deseo por la sangre, dulce y aromática de Draco, se unió a su deseo por su cuerpo. Repentinamente más incómodo, sin embargo, Harry sonrió.
Sin duda alguna, era muy buena señal que su sed de él no fuese meramente una pura necesidad de alimentarse. El deseo de beber de él, aunque la dosis de la noche debiera haberle mantenido saciado por al menos 10, tal vez 12 días, era indicio de que entre ellos había algo más profundo.
Harry siempre había opinado que Draco era atractivo, pero dada su eterna rivalidad, nunca le dio un segundo pensamiento a la idea. Ni siquiera cuando Draco se reveló como una víctima más de la guerra, forzado como él a adoptar un rol, siguiendo los pasos de su padre, bajo la amenaza de torturas y muerte para él y su madre. Harry había dejado atrás su rivalidad, su enemistad, pero para entonces, su propia herencia había supuesto un revulsivo en su vida, y sobre todas las cosas, el moreno deseaba estar seguro de lo que hacía, antes de tomar decisiones de las que no podría arrepentirse luego. El ostracismo en que ambos habían decidido vivir, por uno u otro motivo, no les había hecho coincidir más que ocasionalmente, después de que ambos finalizaran sus estudios, aunque era cierto que Draco mantenía una extraña relación por correspondencia con él y no era raro que el rubio solicitase su consejo.
"¿Hay suficiente atracción para pensar que realmente somos pareja? ¿O esta…necesidad, está motivada por el hecho de que le conozco y me siento cómodo y relajado con él? No puedo estar seguro todavía, pero, sin duda, sería un relación…interesante"
Draco, por otra parte, no sabía muy bien que hacer ahora que tenía al objeto de su deseo sentado y expectante en su cama. Su indecisión, mezclada a su evidente excitación, hicieron de su olor un fragancia aun más tentadora para Harry, que sonrió con velada malicia, mostrando los blancos dientes y lamiéndose tentadoramente los labios. Draco tragó saliva, y aproximándose un poco más, aferró una de sus botas, arrodillándose para comenzar a descalzarle.
"Parece que tiene fijación por hacer eso" pensó Harry, sonriendo ligeramente, mientras las manos blancas le quitaban el calzado y los calcetines. Titubeando, el rubio trepó por la cama, gateando entre sus piernas, acelerando el corazón del moreno. Su natural submisividad, sin perder su propia personalidad, tenerle entregado a él de esa manera, estaba haciendo estragos en Harry y este tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para no dejarse ir. Draco se acercó a su rostro, y lamió suavemente su cuello, instintivamente. El moreno le dejó hacer, relajándose cuanto pudo, notando su confusión, el deseo que se mezclaba a las demás emociones.
Los instintos urgían a Draco a aplacar su sed, a tomar la sangre de su compañero, pero al mismo tiempo, eso le confundía. Sentía la llamada, la tensión, el deseo, pero había algo que no comprendía, porque no entendía la verdadera naturaleza de su ser ni de sus impulsos. Sin embargo, la preparación, las caricias, eran algo familiar, comprensible y seguro para el rubio, que aplacó sus ansias volcándose a ellas con fervor.
Sus manos temblaron cuando desabrocharon las ropas de James, y este le ayudó, despojándose finalmente de la camisa. Las manos de los dos exploraron las pieles desnudas, y Draco volvió a lamer y besar su cuello y sus hombros. Harry le imitó, más controlado y calmado que el rubio principiante, sabiendo lo que estaba haciendo, pero disfrutando igualmente de las caricias.
Sin previo aviso, cuando Draco le dio un beso especialmente intenso en el cuello, el poder de este se liberó bruscamente, y Harry sintió el tentativo hechizo del rubio intentando ofuscar su voluntad. Por supuesto, entre ellos no funcionaba así, aunque usualmente un joven mestizo como Draco si que era sensible al trance, especialmente si su Sire lo usaba en él. Y por supuesto, podía ser usado mientras una pareja estaba…intimando, como una caricia más, haciendo del sexo algo mucho más… prolongado y placentero. Harry rompió el beso, deteniéndole y haciéndole parar.
Los ojos de plata estaban dilatados, llenos de pasión y deseo, con un leve halo rojizo comenzando a insinuarse, la sed alimentando su calor, pero aun bajo control. Sus propios ojos reflejaban igual fogosidad, y libres de glamour, Harry supo que estarían plenamente delineadnos por una fina línea de color rubí. Sonrió, notando el poder del rubio crecer y enredarse al suyo propio, tirando de él, buscando instintivamente igual respuesta. Era…muy tentador…pero inapropiado. El vínculo entre un cachorro y su creador usualmente implica una gran docilidad y sumisión del primero hacia el segundo, un nexo que garantizaba que él recién converso obedeciese a su Sire, para que este le mantuviera controlado hasta que alcanzara el control de la madurez, y Draco aun no era más que un cachorro a sus ojos, y aunque la mayoría de los recién conversos se convertían de inmediato en compañeros de cama de su Sire y otros miembros del Clan, Harry consideraba que no era ético.
-Draco, cálmate… cálmate…
El rubio jadeó, titubeando. "Es tan placentero… no quiero parar…¡Quiero más!" gritaron sus instintos, y la intensidad del poder detrás de su trance aumentó, excitando al Griffindor, que se encontró teniendo dificultades para no ceder a sus propias urgencias. "¡Merlín y Morgana! Esto es increíble …mmhg!...¡Joder Draco! …¡No! Ahg…¡Paraaa!"
-¡Basta ya Draco!
El joven respondió al tono tenso y duro de su voz, su poder replegándose, burbujeando por salir, bullendo bajo su piel, pero controlado ahora. Todos los instintos de Draco le decían que tenía no solo que conquistarle, sino que obedecerle, y era evidente que el rubio no quería molestarle o dañarle, y le miró, con aire contrito, como un niño inseguro de su falta, temeroso y compungido ante el adulto que impone la disciplina. Ante la ausencia de su verdadero Sire, y en presencia del único miembro de su raza con el que se había cruzado, Harry ocupaba simultáneamente el papel de pareja y mentor para Draco. Harry suspiró levemente, en parte para calmarse un poco, y en parte para aflojar la tensión, aspirando el aroma del otro.
-Escúchame Draco…
La voz del moreno era suave y cariñosa, desterrado el tono de reconvención de antes, para nada enojada y el joven Slytherin se relajó un poco.
-Estabas usando inadvertidamente una habilidad hipnótica conmigo…algo similar a un confundus, pero mucho más fuerte, casi como un imperius…
Los ojos de plata de Draco se desorbitaron de pavor y trató de retroceder, de alejarse, aunque el Griffindor se lo impidió, sujetándole entre sus brazos.
-Estoy bien…no me afecta como a los demás, pero no quiero que lo uses conmigo…de momento, vale?
Draco estaba muy confuso, y frunció el ceño levemente. "¿Poder mental? ¿es eso posible?" Harry le atrajo y le besó, demostrándole que no estaba enojado y pronto el rubio se había sentado sobre sus caderas, olvidando cualquier cosa que no fuera su apremiante deseo.
Semirecostado sobre el cabecero y las almohadas, Harry le aferró las caderas y le incitó a deslizarse sobre él, demostrándole con sus gemidos y caricias que eso era lo que deseaba. El rubio le complació, encantado, y los gemidos de ambos llenaron la habitación.
Draco gritó, lanzando el cuello hacia un lado, ofreciéndose y temblando de placer cuando el orgasmo le acometió. Harry alzó las caderas y rugió, sus colmillos destellando por un segundo entre sus labios rojos e hinchados, antes de sellar sus labios contra el vulnerable cuello, ocasionando una gran marca rojiza con su fuerte succión, en un remedo del mordisco que realmente deseaba infligirle. Pese a la laxitud del orgasmo, el rubio se agitó sobre él, la sed comenzando afectarle y dominarle, y Harry le atrajo contra su pecho, acariciándole. En sus ropas tenía el remedio para su ansiedad, para calmarlo, y convocó el frasco desde sus bolsillos, junto con su varita.
Draco jadeaba levemente, sofocado y confuso, cuando su pareja le murmuró con dulzura:
-Hey, rubito…toma, bébete esto…te sentirás mejor, lo prometo.
Con ojos velados, el Slytherin vio la copa de vino tinto que su cachorro le ofrecía, y bebió. No era meramente vino, tenía alguna clase de poción diluida en él. El sabor era…dulce y picante a la vez, ligero pero saciante…Apuró casi toda la copa sin vacilar, sin ser consciente de que más de la mitad del contenido era sangre concentrada y refinada, y se lamió los labios, satisfecho y calmado de nuevo. Harry le besó, notando el familiar sabor de la sangre en su boca, y al finalizar se bebió el resto de vino y poción que aun quedaba en la copa.
-¿Te encuentras bien?
Preguntó con ternura el Griffindor. Draco asintió, los ojos chispeantes ahora, y le besó una vez más.
-Esta poción te ayudara…ahora ya estás listo para algo más, es más fuerte que la otra, pero también más rápida…Quiero que la bebas al menos una vez al día, o más si lo necesitas…
El moreno dejó en la mesilla una caja con varios frascos sellados y susurró con gesto preocupado:
-¿lo prometes?
-Lo prometo James.
El joven se entretuvo en apartarle el pelo de los ojos y le acarició la mejilla con las yemas de los dedos. La otra poción había supuesto un desafío intelectual para Draco y había dedicado largas horas a desentrañar su composición, sin llegar a nada en conclusión. El sabor de la esencia de ditanny era más evidente en esta nueva versión, algo destinado a reemplazar sangre perdida, detener hemorragias o favorecer la cicatrización. La sangre de centauro le había sorprendido. Que el supiera, solo se usaba en pociones afrodisiacas, como catalizador, pero era evidente que era uno de los ingredientes principales de la poción de James…y funcionaba.
Harry pudo ver la curiosidad asomando en los ojos de Draco, y no tuvo dudas de que la mente inquieta de su compañero había despedazado la poción anterior y de que esta correría la misma suerte. Sonrió, sabiendo que iba a sorprenderle y se removió un poco. Su ropa interior y pantalones estaban pegajosos y comenzaban a molestarle, así que relajándose en las almohadas, susurró:
-¿Te importaría que usase tu ducha Draco? Podría usar un hechizo de limpieza, pero realmente me apetece…
Draco asintió, levantándose y abandonando su cómodo refugio entre sus brazos, le tendió una mano. En el baño, el rubio titubeo inseguro sobre qué hacer, lamiéndose los labios, y mirándole con nerviosismo, el Slytherin preguntó:
-¿Quieres…quieres que te acompañe?
Harry meditó por un segundo y sonrió ampliamente.
-Me encantaría Draco…
El rubio comenzó a llenar la bañera con una sonrisa radiante, abriendo los grifos y se volvió hacia su acompañante. El moreno desabrochó sus pantalones y los dejó caer al suelo, empujándoles a un lado con los pies. El rubio le miró con ojos ávidos, y le observó en silencio. Harry no era pudoroso, y además, el estar bajo un Glamour le daba la ventaja de conservar parte de su apariencia real oculta. De todas maneras, aquel había sido su físico humano por años, y era familiar y cercano. Pese a todo, resuelta su mente hasta cierto punto, dejó que su cuerpo cambiase lentamente, hasta su verdadera forma, manteniendo tan solo oculto su rostro, creciendo ante los asombrados ojos de Draco hasta su impresionante estatura y dimensiones reales. Se despojó de sus slips, y los ojos atónitos y dilatados de Draco exploraron sus genitales con curiosidad, tal vez, algo más. Una cierta ansiedad afloró en su expresión cuando murmuró con vacilación, la voz llena de súplica contenida:
-Por favor, James…dime que "esto" es real…James? por favor, por favor …
Harry avanzó un paso hacia él, haciendo oscilar su virilidad sobre los rizos negros de su pubis, con una sonrisa casi depredadora, olfateando el evidente entusiasmo de Draco ante su cuerpo. El rubio jadeaba superficialmente, alterado y Harry se sintió orgulloso de ser el causante de semejante trepidación. Después de todo, era la primera vez que permitía a alguien ver su verdadero ser…
-Mmh…no sé qué decir Draco…tal vez sí, tal vez no…
Su musculoso y atlético cuerpo desnudo rozó el del rubio y su voz adquirió un ligero matiz burlón, semioculto bajo el deseo.
-Tal vez…solo estoy intentando impresionarte Draco…
Su boca se aproximó a la del rubio y su aliento caldeó su rostro, arrancándole un estremecimiento involuntario.
-No sería… el primer mago que mhh…mejora esa parte…de su anatomía, verdad?
El susurro lento y denso de Harry se enredó como la espira de una serpiente en torno a la garganta de Draco, casi impidiéndole respirar, y forzándole a luchar cada vez más por obtener el preciado oxigeno, apretando cada vez más su abrazo mortal… El rubio tembló cuando las manos del otro le desprendieron de su ropa interior, exponiendo ante sus ojos el resto de su cuerpo. Harry admiró cuidadosamente la virilidad de Draco, que comenzaba a hincharse lentamente. El vello, dorado y de aspecto suave, era mucho más oscuro que su cabello casi plateado, y envolvía la base de un miembro de respetable tamaño, que ahora estaba casi plenamente erecto, reclamando visiblemente atenciones ante sus ojos. El glande húmedo y rosado emergía entre los pliegues del prepucio, al final de un miembro suave y orgullosamente erguido.
Harry sonrió con malicia. Estaba seguro de que con su transformación, el sexo de Draco había sufrido algún cambio, aunque no hubiera sido muy significativo. Era usualmente un efecto inesperado para los nuevos conversos, y el sonrojo del rubio ante sus comentarios y sus ojos confusos, confirmaron su suposición.
Draco solo era algo más bajo que él, media cabeza más o menos, y físicamente ambos se complementaban muy adecuadamente. A Harry no le interesaban los chicos frágiles o de aspecto aniñado… ¡Merlín! Si le gustaran esas cosas, le hubieran gustado también las chicas! A Harry le gustaban los cuerpos duros, curtidos y angulosos, y Draco en ese aspecto, era perfecto. Hombros anchos, largas piernas de velocista, brazos definidos, pectorales y espalda fuertes….La única parte de su cuerpo que era suave y redondeada era su trasero, dos sonrosados globos prietos que conformaban un delicioso culito respingón…un culo que estaba pidiendo a gritos guerra…
Con un suave beso, Harry puso fin al tormento de Draco y le acercó a la bañera, conduciéndole por la cintura, aun subyugado por la docilidad con que Draco respondía ante él. Tal vez no era su Sire, pero Draco reaccionaba ante él con igual mansedumbre, y extrañamente, manteniendo una total lucidez que muy rara vez demostraban los jóvenes cachorros hasta pasados unos meses. Era inusual que Draco pudiera controlarse tanto, y un verdadero milagro que no hubiese dejado seco a algún mago inadvertido, tal vez incluso algún muggle.
Entraron en el agua caliente y Draco vertió esencias perfumadas y limpiadoras que burbujearon alegremente. Se relajaron el uno en brazos del otro, dejando que el agua limpiase su piel, mientras se acariciaban y besaban el uno al otro. Las manos del actualmente castaño Griffindor descendieron por debajo de la cintura del rubio y este jadeó mientras le besaba el cuello, arqueándose en sus manos. El Griffindor acarició el vello púbico, y el rubio se estremeció, aferrándose a él. Susurrando en su oído mientras depositaba leves besos en su mejilla el Griffindor quiso asegurarse de que le rubio deseaba que continuara mas allá su exploración.
-¿T gusta esto, Draco? ¿Quieres que siga?
El rubio asintió en silencio, los ojos entrecerrados, y Harry acarició con la yema de los dedos la suave piel del sexo del otro, arrancándole un agudo siseó. La caricia se volvió más intensa y su mano se cerró en torno a los globulosos testículos del joven, que le arañó los hombros y la espalda. Su mano se deslizó con ritmo bajo el agua, comenzando lentamente a masturbarle. Una de las manos del rubio se aventuró cerca de su propio sexo, y se abrió paso con cada vez mas audacia ante sus gemidos de aliento hacia su ingle, ascendiendo cautelosa por el interior de su muslo. Harry recibió las caricias, saboreándolas y finalmente, ambos gritaron y gimieron de placer, besándose con pasión, mientras se liberaban de nuevo, tras una larga y placentera masturbación mutua.
Jadeantes y saciados, al menos de momento, se reclinaron en el baño, y al cabo de un rato, Draco cogió mas esencia y empezó a lavarle cuidadosamente el pelo, tras renovar el agua con un gesto de su mano, inconsciente del despliegue de magia sin varita. Harry sonrió suavemente, relajándose bajo la caricia, los ojos entrecerrados. La magia del otro estaba ya muy desarrollada en su nueva naturaleza, e indudablemente, la pizca de sangre veela que Draco poseía de nacimiento se había visto exponencialmente potenciada. Los dedos de Draco y la poción mágica creaban una sensación que distaba mucho de lo habitual y cerrando los ojos por completo, Harry se dejó hacer disfrutándolo al máximo. El suave cosquilleo del producto limpiando su pelo y cuero cabelludo era agradable, y el masaje de Draco aun lo hacía mejor y más placentero. Era totalmente novedoso para el este tipo de interacciones, sensuales, si, pero no centradas en el sexo. El rubio susurró suavemente para que se sumergiera y poder aclararle el cabello. Emergiendo, sonriente y relajado como nunca en años, Harry retornó gustoso el favor, masajeando a conciencia el fino cabello del Slytherin, que húmedo, relucía como el oro blanco bajo sus manos.
Harry no había usado nunca este tipo de productos mágicos de higiene, y reconoció que hacían de la experiencia de asearse algo mucho más agradable que el jabón o los geles muggles. Se prometió comprar para sí mismo ese tipo de limpiador tan pronto como le fuera posible. El olor era mucho más agradable que el de los productos muggles hipoalergénicos que había probado, y no irritaba en absoluto sus delicadas fosas nasales, mucho más sensitivas que las de los simples humanos.
Pero incluso el lánguido y placentero baño llegó a su fin, y salieron del agua. Draco le ofreció un grueso albornoz que el Griffindor aceptó con agrado. El rubio sonrió suavemente y le besó de nuevo, un beso cariñoso y lento, sensual, pero no apremiante, rebosante de radiante felicidad por tenerle allí, con él, tan entregado e implicado. El joven le guió hasta la baqueta ante su espejo y le hizo sentarse ante esta. Secándole someramente el cabello con la capucha del albornoz, Draco comenzó a peinar las sedosas hebras con sus manos,. Tras un rato, Draco tomó un peine de carey y comenzó a pasarlo suavemente por las negras hebras. Nunca nadie, a excepción de Molly Weasley una vez, le había peinado el cabello. La sensación era electrizante, excitante y relajante al mismo tiempo, sensual y calmante. Y Harry, fue incapaz de resistirse. Dejó cambiar su cabello, hasta convertirse en la densa y larga melena, brillante, ondulada y negra como la noche, disfrutando aun mas de las caricias.
Draco le ofreció ropa interior, pantalones y una camisa, que gracias a los encantamientos adaptadores, le quedaban razonablemente bien. Ya vestidos, bajaron a las cocinas, y el rubio preparó café y tostadas, además de zumo de naranja y calabaza fresco, mientras el Griffindor se ocupaba del bacón los huevos y las salchichas. Se sentaron a desayunar, con Harry insistiendo para que Draco comiese razonablemente. A regañadientes, el joven aceptó probar el bacón y los huevos, y para su sorpresa, no solo le agradaron, sino que tras los primeros bocados, le apeteció repentinamente comer más. Por su parte, Harry desayunó abundantemente, como correspondía al elevado metabolismo de su especie.
Después, pasaron el día paseando por la mansión y sus jardines, besándose suavemente y cogidos de la mano, charlando interminablemente de mil y una cosas. Era toda una experiencia compartir sus ideas con alguien que no le juzgaba de antemano. Por extraño que pareciera, poco a poco, fueron viendo que tenían ideas comunes. Harry se sorprendió descubriendo que Draco no tenía muchos perjuicios de sangre o clase, y resultó ser mucho más abierto de mente de lo que su origen y educación tradicional sugerían. El lastre del nombre su familia, de las creencias impuestas desde niño, se habían convertido en una rémora para el joven Slytherin, que desechó años atrás las viejas ideas preconcebidas, adoptando en su fuero interno la firme decisión de juzgar a la gente por su verdadera valía, no sus orígenes o su dinero.
Finalmente, el joven Griffindor tuvo que marcharse, aunque la tentación de quedarse con Draco era muy grande. Se despidieron afectuosamente, tras una larga y calurosa sesión de besos y caricias, y Harry emergió en el Caldero Chorreante, para aparecerse después en su propia casa.
