Armin volvió a abrir los ojos.
Por un momento, todavía se sintió invadido por la dulce placidez, incluso cierta voluptuosidad, de quien acababa de despertarse suavemente de un sueño agradable y placentero.
Toda su visión estaba ocupada por un cielo limpio de nubes; un azul tan intenso, tan bello, que no le habría importado quedarse observándolo durante un buen rato.
Tumbado de espaldas, notaba la dura piedra del Muro debajo de él, aunque el frío no le afectaba; su cuerpo aún rebosaba calidez.
"Me pregunto dónde habré despertado." Armin tenía una leve sonrisa en el rostro, aun sin darse cuenta. "¿Sigo dentro de mi propia mente, con Marco… o he regresado ya al mundo real, con los demás?"
Sólo sintió un ligero fastidio, ante la idea de que todavía seguramente continuaba atrapado en aquella especie de limbo; también comenzaba a preocuparle un poco, el hecho de que al parecer unos sueños iban encadenándose con otros.
"¿Y si caigo en un sueño dentro de otro sueño, dentro de otro sueño… y me quedo atrapado para siempre, y no despierto jamás? ¿Seguiría vivo, entonces, como una especie de…?"
Casi se quedó helado de golpe, al darse cuenta de lo mucho que esa situación se parecía a la de Annie.
Annie, precisamente, con quien acababa de soñar ahora mismo.
"¿O es que era más que un sueño? Acaso… ¿Visiones del futuro? ¿Acontecimientos que aún están por venir?"
Su cabeza estaba llena de dudas; la placidez de antes iba desapareciendo, sustituida por una angustia cada vez más abrumadora. Había dejado de sonreír.
"¿Es algo que tiene que pasar de todas formas, o sólo he atisbado uno de los muchos futuros posibles?" Armin empezó a incorporarse sobre la fría piedra, todavía ligeramente desorientado. "O sencillamente he visto lo que quería ver, lo que me gustaría que pasara… aunque realmente no haya ninguna posibilidad."
El legionario terminó de ponerse en pie, tambaleándose un poco. El viento agitó levemente su cabello rubio, haciéndole sentir un escalofrío al deslizarse por debajo de la chaqueta del uniforme; su pecho, cubierto de sudor, se agitaba cada vez con más violencia.
"Pero si alguna vez llegase a ocurrir… ¿Cómo? ¿Cómo podría sentirme tan bien, usando este poder? Después del precio que hemos tenido que pagar, en sangre… Erwin está muerto. Casi toda la Legión ha caído. He devorado vivo a Bertolt."
Armin se pasó la mano por la cara; luego se tapó la boca, con los ojos azules desenfocados, mirando sin ver a lo lejos.
"De verdad… ¿De verdad llegará un punto en el que ya deje de importarme? Que vayan pasando los meses, los años, hasta que yo pueda ir por ahí convertido en titán, haciendo lo que me dé la gana, sin tan siquiera acordarme de quienes murieron por el camino…"
Otra idea cruzó como un relámpago su mente; contuvo por un instante el aliento. Después volvió a respirar con fuerza, mientras sentía crecer en su interior la desesperación; alimentada por sus dudas, su culpa, sus remordimientos.
"¿Y Annie? ¿De verdad llegará un punto en el que ella podrá ser tan feliz?"
–Esa traidora que… –Armin prácticamente escupió las palabras; empezó a caminar erráticamente de un lado para otro, sin rumbo, sin fijarse a dónde iba–. La misma que participó también en el asalto a los Muros, desde el principio. La misma que estuvo todos estos años con nosotros, fingiendo ser de los nuestros, comiéndose nuestra comida y durmiendo entre nosotros… La misma que supo lo que iba a pasar ese día en Trost y no hizo nada para evitarlo, mientras veía cómo iban muriendo sus compañeros de uno en uno, sin derramar ni una sola lágrima…
–En realidad sí las derramó.
La súbita interrupción de Marco, aun con voz suave y tono amable, fue como un latigazo para Armin; de pronto, se rasgó el velo de confusión que le nublaba la vista. El joven rubio se giró con brusquedad hacia su compañero.
El moreno pecoso, todavía desarmado, con su capa verde ondeando al viento, contemplaba apacible el paisaje que se extendía frente a él, más allá de los Muros. Casi resplandecía bajo los rayos del Sol; tan en paz consigo mismo, con una ligera sonrisa en los labios, como si nada le preocupase…
Armin, por un momento, sintió deseos de agarrarle del cuello y arrojarle al vacío.
Avanzó un par de pasos hacia él… y se detuvo, confundido por su propia explosión de ira; pestañeó varias veces, respirando con dificultad.
"¿Qué me está pasando?"
Apretó los puños con tanta fuerza que las uñas le atravesaron la piel y le hicieron sangre. Notó casi al instante una calidez abrasadora en las palmas de sus manos; y seguidamente, las discretas volutas de vapor que desprendían sus heridas al regenerarse.
Se sintió aún más irritado, mientras gruesas gotas de sudor caían por su frente, escociéndole los ojos.
"¿Qué me está pasando?"
–Supongo que esa idea tampoco estaba exenta de riesgos –dijo Marco, en el mismo tono de antes; dejó escapar un pequeño suspiro y torció los labios en una mueca amarga, como reprochándose algo a sí mismo–. Vamos, que me equivoqué. Cometí un error. Otra vez. Creo que sí era necesario que recordases tus logros del pasado… pero no que vieses un futuro que quizás nunca llegue a ocurrir.
El moreno se giró lentamente hacia él; en sus ojos marrones había un sereno estoicismo que en parte recordaba al de Mikasa.
Entre toda su confusión y su ira, aun con un leve temblor, Armin consiguió avanzar otro paso; todavía le separaban varios metros del pecoso.
–A veces no te das cuenta de lo mucho que deseas algo –prosiguió Marco con seriedad apacible–, hasta que lo tienes por un instante y luego lo pierdes… –el rubio dio otro paso más, amenazador; su compañero continuó hablando, impasible en apariencia–. Ese anhelo que sientes, al ser consciente de lo mucho que todavía te queda para llegar hasta ahí… Sabes que te va a costar, pero no si serás capaz de soportar todo ese dolor, provocado por un vacío que parece imposible de colmar, como una herida sangrante que nunca cerrará…
Armin no le dijo que se callara; ni siquiera lo pensó.
Fue extraño, lo que ocurrió a continuación, en apenas el tiempo de un parpadeo.
De repente, el cambiante de ojos azules estaba junto al pecoso, agarrándole del cuello de la camisa, casi zarandeándole; con furia y con fuerza, a pesar de la diferencia de altura.
Sin embargo, Marco no se inmutó; mantuvo la misma expresión neutra, en la que apenas podía leerse nada… salvo quizás algo de compasión; y eso hizo que el rubio se sintiese aún más enfadado.
Tal vez, si no le arrojó en ese mismo instante desde lo alto del Muro, fue porque una parte de él quería escuchar lo que su compañero tenía que decir; y como si supiese que su seguridad dependía de ello (si eso era algo que realmente le preocupaba), el moreno continuó hablando, con calma y voz serena, sin un solo temblor a pesar de las circunstancias.
–Annie lloró. Lloró mientras me veía morir. Ya lloraba antes, cuando Reiner y Bertolt le obligaron a quitarme el equipo de maniobras y dejarme allí abandonado a mi suerte, a morir… Amenazaron con hacerle daño a su familia, ¿sabes? Con amigos así, quién necesita enemigos…
Armin sí se dio cuenta ahora de que, bajo la máscara de sereno estoicismo de su compañero, latía con poderosa fuerza una emoción: el odio, cada vez que se refería a Reiner y Bertolt; algo que, sin embargo, parecía ausente cuando mencionaba a Annie.
El legionario rubio, momentáneamente sobrecogido, dejó de apretar con tanta fuerza, aunque sin liberar su agarre.
–Y después, bueno… Ya sabes lo que pasó, ¿no? La 57ª Expedición, el Bosque Gigante… Los legionarios que no murieron en la estampida provocada por la Titán Hembra, cayeron luego a manos de Annie, literalmente… Su cuerpo entero, convertido en un arma de destrucción.
En la voz de Marco, como en el brillo de sus ojos, había algo de admiración oscura que también resonaba dentro de Armin; sintió un estremecimiento, al oír aquellas palabras. Sus manos se deslizaron hacia el cuello del pecoso, todavía sin apretar; dispuesto a silenciar por la fuerza a su compañero, si era necesario.
–Pero a ti no te mató, Armin. Ni siquiera en Stohess, y mira que murió gente allí.
–No será porque no lo intentó veces –replicó el rubio débilmente, sin mucho convencimiento.
–Armin… –Marco le dedicó una pequeña sonrisa, un tanto escalofriante–. Ella no "intenta", si lo hubiese querido tú ya estarías muerto.
–Pues con Eren fracasó estrepitosamente, y ahí sigue escondidita en su cristal desde entonces, como una…
El soldado Arlert supo que estaba siendo tremendamente pueril; al menos dejó de hablar, antes de terminar insultando a su antigua compañera. Marco alzó levemente las cejas, como diciendo: "Venga, eso no te lo crees ni tú".
–Sabes tan bien como yo –respondió el pecoso con suavidad–, que Annie no pretendía matar a Eren. Al contrario, trataba de salvarle.
–¿Salvarle?
El cambiante de ojos azules contuvo el impulso de estrangular a Bott; de hecho, apartó las manos de su garganta, notar como vibraba con cada palabra le estaba poniendo más nervioso todavía. Se retiró un par de pasos, frotándose la cabeza con los dedos, sin perder en ningún momento de vista al moreno.
–Seguramente ahora me contarás una bonita historia –gruñó Armin–, sobre eso de "salvar a Eren", desde cierto punto de vista…
Marco le observó con calma durante unos largos segundos, sin inmutarse.
–Ponte por un momento en el lugar de Annie –dijo al fin; su compañero no le interrumpió más que con un resoplido–. Imagínate que has estado buscando a una persona durante cinco largos años, alguien especial a quien necesitas desesperadamente… Y cuando por fin le encuentras, descubres con horror que la primera reacción de los militares ha sido intentar matar a esa persona, con la que además ya tenías desde antes cierta relación. No sólo te preocupa que un poder capaz de destruir el mundo acabe en malas manos, sino también que le hagan daño a un buen amigo al que conoces y aprecias.
Esta vez fue Armin quien levantó las cejas, al oír aquello. "¿Capaz de destruir el mundo?" Vagos recuerdos se agitaban en el fondo de su mente. "Casi seguro que son los de Bertolt. ¿Eso también me lo explicará luego Marco?"
–Aquel día en Trost, al tapar la brecha –continuó el pecoso, con una tensión que iba traicionando cada vez más su aparente calma–, Eren consiguió algo que el Reino de los Muros jamás había logrado en toda su historia: contraatacar. Y después de esa proeza, ¿cómo le recompensó su propia gente? ¡Encerrándole como a un animal! –Marco, poseído por una súbita furia, apretó los dientes hasta hacerlos rechinar–. ¡Torturándole en mitad de un juicio en el que se decidía cuándo matarle exactamente!
–¡E-eso no fue así! –contestó Armin apuradamente, con auténtico nerviosismo por primera vez en un tiempo–. ¡Tú no estuviste ahí, yo sí…!
Pensó entonces en lo que acababa de decir. "Claro, como que tú estabas muerto." Pero antes de poder fustigarse a sí mismo por su desconsiderado desliz, Marco intervino rápidamente sin darle lugar a ello.
–¡Precisamente, Armin! Annie tampoco estuvo allí. Sólo podía saber lo mismo que los demás, por los rumores que se propagaron. ¡Las barbaridades que pretendían casi todos, menos la Legión! La Policía Militar, el Culto de los Muros…
–Las Tropas Estacionarias no se pronunciaron al respecto –matizó el rubio en voz baja.
"Salvo la Capitán Rico," añadió luego para sí, frunciendo el ceño. "Ella también declaró en contra." En realidad, cada vez veía más claro a qué se estaba refiriendo su compañero.
–Tienes que reconocerlo, Armin. Casi todo el mundo quería matar y diseccionar a Eren, ¡y no necesariamente en ese orden! –Marco gesticulaba con los brazos, cada vez más agitado; sus labios se torcieron en una mueca despectiva, en la que también había algo de ferocidad–. ¡Menos mal que al final el Juez decidió dejar la tortura y los experimentos en manos de la Legión!
El chico de ojos azules no hizo esta vez ninguna aclaración, ya sabía que no era eso lo que había pasado en la sala de vistas; pero para alguien que no hubiese estado allí dentro, habría sido muy sencillo sacar ese tipo de conclusiones, no del todo desencaminadas.
"La paliza que Levi le metió a Eren debió ser de lo más comentado. ¿Quién no habría oído hablar de ello, casi por encima de todo lo demás? En comparación, las amenazas de la Policía Militar, menos tangibles y concretas, se quedan en poca cosa. Y a la Capitán Zoe ya le precedía su reputación de chiflada de los titanes…"
Marco pareció tranquilizarse, conforme iba viendo que Armin entendía; volvía a haber un brillo expectante en aquellos ojos marrones, más cálidos y luminosos ahora.
–Y supongo –dijo ya en voz alta el soldado rubio–, que para alguien como Annie, con esa mentalidad de estar infiltrada en territorio enemigo durante tanto tiempo, sería muy difícil no ver la situación de una manera todavía más dramática, a la luz de lo que sí sabía…
Armin tragó saliva; intuía en qué dirección le llevaban sus pensamientos… y no le hacía ninguna gracia. "Pero alguien tiene que decirlo, ¿verdad? Y si la conclusión acertada está en esa parte de mi mente que aún me cuesta reconocer como propia, entonces… qué más apropiado, que sea él precisamente quien lo diga."
Y como si hubiese estado esperando esa señal para intervenir, el pecoso continuó por donde lo había dejado.
–Sé que para ti, las patadas de Levi a Eren durante el juicio sólo fueron de cara a la galería, una demostración de fuerza puntual y necesaria, para acallar a quienes habrían elegido un destino mucho peor a la larga. –Marco sonrió con tristeza–. Pero para Annie, esos golpes sólo fueron los primeros de todos los que vendrían después, que podrían terminar matando a esa persona a la que con tanto anhelo llevaba buscando cinco años. Y en lo que respecta al Escuadrón de Operaciones Especiales…
Armin sintió que se le encogía el corazón, al pensar angustiado en aquel pequeño grupo de valientes soldados: legionarios de élite, a los que apenas había conocido en persona, pero de los que Eren le había hablado en alguna ocasión, contándole historias de sus vivencias, con una melancolía y una nostalgia que no solía ver en su amigo de la infancia.
–Para ti, el "Escuadrón Levi" era un equipo de profesionales duros pero amables, que prácticamente consideraban a Eren uno de los suyos, a pesar de su extraordinario poder. Buenas personas, gente que estaba dispuesta a defenderle aun a costa de su propia vida.
Marco dejó de sonreír; y Armin se dio cuenta de lo mucho que le brillaban los ojos. "Casi como si… ¿Acaso está al borde de las lágrimas? ¿O soy yo el que…?"
–Para Annie –prosiguió el pecoso, con un tono artificialmente neutro–, esos mismos soldados formaban un escuadrón de la muerte… con órdenes de vigilar a Eren y ejecutarle en cuanto diese demasiados problemas para controlarle, algo que sólo sería cuestión de tiempo, aunque naturalmente antes intentarían sacarle todo el provecho posible en la Legión.
Armin sintió de repente una ira gélida quemándole las entrañas, al oír aquella valoración tan injusta. "¡No es verdad!" Habría querido gritar; y al mismo tiempo era consciente de que, si hubiese estado en la misma situación que Annie, seguramente él también habría visto las cosas de otra manera.
Y no le costaba seguir imaginándose a sí mismo en el lugar de su compañera, lo que habría pensado, lo que habría sentido; ayudado, en buena parte, por sus visiones de un futuro incierto y un pasado culpable.
"¿Acaso no me pasó a mí también algo parecido antes, cuando devoré a Bertolt? Tenía a mi merced al enemigo que había estado atormentándome todo este tiempo… y no dudé en destruirle, incluso me sentí bien haciendo lo que debía hacerse.
"¿Fue eso lo que sintió Annie, al atacar a la Legión en el Bosque Gigante? Parece que Reiner estuvo presionándola todos estos años, para cumplir una misión en la que ella no creía tanto como los demás… Je, seguro que si la hubiesen dejado en paz, se habría quedado tranquilamente en casa, practicando sus golpes o leyendo un libro.
"Pero no la dejaron tranquila. La obligaron a formar parte de esa misión en la que no creía. La sensación de carecer de control sobre tu propia vida, verte casi siempre forzado por las circunstancias, como si alguien fuese tomando por ti las decisiones más importantes… como si el río te arrastrara, sin poder nadar a contracorriente.
"Tal vez sea mucho beneficio de la duda, el que le estoy concediendo… Aunque en cierto sentido, quizás no seamos tan distintos, ella y quienes vivimos dentro de los Muros asediados por los titanes.
"Si yo hubiese estado tan desesperado como ella, creyendo que la persona a la que buscaba y por fin había encontrado corría un grave peligro… tampoco me habría detenido ante nada, ni ante nadie. Y sabiendo que los soldados de la Legión son los más competentes de todo el Ejército, habría tenido que ser aún más implacable y letal que ellos, hacer lo que fuera necesario para rescatar a esa persona antes de que el enemigo pudiese matarla.
"Además, también hay que tener en cuenta la diferencia de tamaño cuando te transformas en titán, porque entonces la gente que se interpone en tu camino sigue siendo peligrosa a su manera… pero tú lo eres más todavía. Y cuando tus enemigos son tan pequeños, la verdad es que cuesta mucho menos aplastarlos, incluso puedes dejarte llevar y una parte de ti disfrutaría con ello.
"Eso fue lo que nos pasó a ambos, ¿no? A mí con Bertolt, y a Annie en el Bosque Gigante… Toda la vida nos han estado presionando a los dos, empujándonos en una dirección con la que no siempre estábamos conformes. Así que, cuando por fin se nos presenta la oportunidad de someter a otros, en vez de ser nosotros los sometidos…
"En cierto modo sería una manera de tomarse la revancha, nuestra venganza contra un mundo que nos ha puesto en esa situación, y es tan fácil hacerlo cuando llevas años demonizando al enemigo…un enemigo que en realidad, todo este tiempo, era otra persona como tú.
"¿Es esto lo máximo a lo que podemos aspirar? ¿Liberarnos de quienes nos oprimen, simplemente para terminar ocupando nosotros su lugar? Debe haber algo mejor…
"Es curioso, ahora que lo pienso llevo un rato usando el plural. Annie y yo, nosotros. No somos tan distintos, ¿verdad? Al menos, soy capaz de captar las similitudes… ¿O acaso me estoy limitando a racionalizar la conclusión a la que quiero llegar de todas formas, inventándome esas semejanzas? Ver las cosas como preferiría que fuesen, y no como realmente son… Marco se estaba echando antes en cara ese error, no creo que sea buena señal.
"Por otro lado, sólo intento empatizar con una persona que ni siquiera es mi auténtica enemiga, comprender por qué hizo lo que hizo. ¿Tan malo sería? Aunque no pueda perdonarla, aunque sea demasiado pronto todavía. Pero si por lo menos puedo evitar odiarla, entonces quizás… Quizás sea capaz de dejar de odiarme a mí mismo, por lo que le hice a Bertolt.
"Annie no es precisamente una víctima indefensa, pero el verdadero enemigo sería más bien quien le puso a ella en esa situación… Tendría más sentido unir nuestras fuerzas, hacer causa común contra quienes la obligaron a seguir el camino que le llevó hasta los Muros, atacándolos.
"Otro problema es que no sé si sería capaz de convencerla a ella de todo esto, cuando apenas puedo convencerme a mí mismo… Tengo la sensación de que se nos acaba el tiempo, y es mucho lo que hay en juego. ¿Lograría persuadirla, antes de que fuese demasiado tarde?"
De repente, tuvo la extraña sensación de que la temperatura bajaba varios grados de golpe.
Y fue justo en ese momento cuando volvió a oír la voz de Marco.
–Sabes, Armin… Hay otra manera.
