Sé que ese poder de actualizar semanalmente no lo tengo. Lo siento.
Aunque ya tenía claro qué iba a pasar, me costó terminar de darle forma.
Advertencias:
Umm ¿R-18? tal vez no tanto ¿R-16? Bueno, va a haber un poco de esto aquí.
Ichimatsu estaba con Karamatsu sabiendo que él también quería permanecer a su lado.
Le daba una sensación de dependencia. Y él, absolutamente lo era. Ya lo había dejado en claro varias veces para él mismo. Aunque nunca le terminaba de agradar aceptarlo. Karamatsu era todo lo que le daba un motivo para despertarse cada mañana. Para luchar contra todo lo que le abrumaba, superar cada día. Era la razón por la que estaba dentro de esa iglesia de pueblo y no como una desagradable escena en algún asqueroso callejón olvidado. Estaba seguro. No quería ni necesitaba ningún lugar donde Karamatsu no estuviera, Karamatsu era su ancla a la vida porque le tenía fe. Si por Ichimatsu fuera, nada de eso pasaría. Él no se merecía nada de eso. Era Karamatsu quien insistía en dárselo.
Encerrado en su habitación alcanzaba a diferenciar la voz de Karamatsu. Cuando daba esas misas suyas utilizaba un tono de voz que lo alcanzaba a pesar de la distancia. Era reconfortante de alguna manera. Su voz atravesaba todos los obstáculos y llegaba hasta él. También era una mierda cursi, pero no importaba. Le agradaba escucharlo y recordar y saber que era aceptado. Que Karamatsu lo quería también. Estiró el brazo para alcanzar el pequeño gato de peluche que actualmente era su única pertenencia. Un regalo del padre para tratar de hacer que confiara en él.
Luego de que la misa terminara y las personas hablaran con él individualmente contándole todos los pesares que tuvieron que soportar durante las dos semanas de su ausencia, Karamatsu se vio libre de retirarse. Fue a la cocina para comenzar a preparar lo que comerían. Algo sencillo, no podía excederse, en primer lugar, porque no tenían demasiada comida, solo lo que sería necesario para no pasar por hambre, y después porque no podía arriesgarse a cometer gula.
Estaba tan enfrascado en su labor que no se percató de su acompañante que llegó allí movido por el olor de la comida, no hasta que se giró y lo descubrió de pie en la puerta. Cuando vio a Ichimatsu tuvo muchas ganas de abrazarlo, desde que habían regresado tenía demasiadas y constantes ganas de abrazarlo. Porque Ichimatsu había mencionado la posibilidad de suicidarse y ya había pasado una buena temporada desde la última vez y temió que se tratara de una recaída en la que Ichimatsu se sumergiría y él no quería. Simplemente no soportaría ver a Ichimatsu en ese estado otra vez. Era diferente. Ya no se trataba de un semejante en apuros, era Ichimatsu, una persona importante en su vida. La más importante sin temor a exagerar. También era más consciente de lo incorrecto de su pensar. Ya desde antes había tenido ese tipo de impulsos en otras ocasiones. Abrazarlo, acariciarlo, y a veces algo más, algo que era lo más pecaminoso que alguna vez le había pasado. Había tenido deseos de besarlo. Volvió a concentrarse en lo que hacía sin querer analizar demasiado la actitud de Ichimatsu que había cambiado. Algo había pasado y sentía que no se debía solo a lo que había pasado durante aquel viaje. Quizá fuera el por qué Ichimatsu había ido a alcanzarlo a media noche, algo que vivió durante ese par de días que estuvo solo. Pero Karamatsu sabía que la oportunidad de preguntarle ya había pasado.
Sirvió la comida de ambos y se sentaron. Después de los rezos y agradecimientos a Dios por los alimentos no volvieron a abrir la boca. Pero sus ojos se encontraban constantemente.
Karamatsu extrañaba el calor y la sensación de compartir cama con Ichimatsu. Se preguntaba qué era eso que sentía en lo bajo de su vientre al pensar en volver a tocarlo.
Ichimatsu lo tenía más claro y sabía que su relación iba más allá de lo que cualquiera de los dos hubiera admitido. Al poner atención identificó el tipo de mirada que ahora le dirigía el padre. Había enfrentado esa mirada muchas veces, de muchas personas diferentes en tantas habitaciones de hotel que no podría recordarlas todas ni aunque lo intentara. También notaba como Karamatsu parecía percatarse de lo mismo, sacudir la cabeza y fruncir el ceño como si se regañara a sí mismo, luego hacía más de esas aburridas oraciones. Ichimatsu lo entendía, él había vivido en celibato o algo así, porque hacerlo era lujuria y todo un verdadero drama. No estaba de acuerdo con eso, claro, cómo alguien podría privarse de algo que se sentía tan bien. Pero era malo, debía entenderlo y aceptarlo. Todo lo que había hecho hasta ese momento estaba mal. Aceptar a todas esas personas. El que fueran hombres lo hacía peor. Y al parecer estaba llegando a la cúspide de lo malo al tener pensamientos de ese tipo con un sacerdote, un mensajero de dios. Y creer que lo correspondía. Porque eso que veía en los ojos de Karamatsu podía ser un mero reflejo de sus deseos. Porque claro que lo deseaba. Lo había hecho tanto, pero hace ya tanto. Y es que se sentía tan bien.
Quería saber si experimentar aquellos actos carnales con alguien como Karamatsu tendrían un significado diferente. Recordaba sus noches con Osomatsu, recordaba que la sensación de placer siempre iba firmemente acompañada de dolor, de llegar al límite de la sensibilidad, de tocar su cuerpo hasta que se irritara y en muchos casos sangrara, que no fuera capaz ni del más mínimo movimiento sin resentir el acto anterior, de permanecer con las marcas de cada suceso que se dio. Eso era lo que siempre había sido Osomatsu, una marca profunda y permanente. Una herida nueva cuando la anterior apenas se estaba sanando. Un grito porque ese toque dolía, dolía y excitaba. Porque el ardor de sus dedos recorriendo su espalda era equiparable al placer que dejaba el rastro de sangre que provocaba. Sus sentidos llegaban al límite cuando no sabía si darle prioridad a lo que sentía el penetrar o ser penetrado o las mordidas que parecían querer devorarlo, o a las manos que nunca dejaban de recorrerlo o a la mirada de aquellos encantadores ojos rojos que le dejaban ver las puertas del infierno al que se estaba internando. Una mano presionando su cabeza contra la cama con tanta fuerza que le cortaba el aire y él sentía que se ahogaba, pero no quería ser liberado del agarre. Para Ichimatsu eso era el sexo.
Y dudaba bastante que Karamastu fuera igual. Karamatsu no le despertaba un deseo desesperado de arrastrarlo a la cama y desnudarlo sin delicadeza como tantas otras veces hizo. Ni siquiera porque ese estilo de vida que llevaba había sido cortado de golpe. Por aquel tiempo donde la necesidad era demasiada se había masturbado con la viva imagen de Osomatsu, pero al igual que con el resto de sus problemas, fue capaz de controlarlo poco a poco.
De Karamatsu no quería nada más que su presencia en la misma habitación, o su comida mañanera, o esas palabras de aliento que no necesitaba, pero en realidad sí necesitaba. Con su sonrisa desagradable y su voz insoportable. Con eso era suficiente, con eso Ichimatsu se sentía satisfecho. De solo saber que Karamatsu lo aceptaba.
Pero ¿Y un poco más allá?
"No hay nada de malo con ir más allá" retumbó en su cabeza en el vacío de su habitación estando Karamatsu en el pueblo.
¿Pero no está mal?
"¿A quién le importa?" esa voz era familiar ¿Era la suya? "Karamatsu lo desea también"
Entonces si era deseo de Karamatsu y no una especie de reflejo del suyo. O tal vez era un poco de ambos. Estaba mal. Aquel padre mayor había intentado separarlos porque sabía que estaba mal, ellos juntos estaban mal, él mismo como persona estaba mal y estaba arrastrando a Karamatsu con él. Debería detenerse.
"Cuando Karamatsu te observa, sus ojos siempre pasan por tus labios" Ichimatsu llevó una mano a su boca y pasó los dedos lentamente pensando en cómo sería besarlo "sus manos se cierran en puños porque quiere tocarte desesperadamente"
-¿Quiere tocarme? – preguntó en voz alta al aire, aunque la voz estaba en su cabeza. Porque era suya ¿no?
"Quiere tocarte. El cuello – Ichimatsu puso una mano en su cuello con delicadeza, como Karamatsu quizás lo tocaría –, deslizar sus manos por tu pecho, con suavidad porque él es amable y tú eres importante – realizó los movimientos imaginando con demasiada nitidez a Karamatsu allí con él – Pasaría las manos por detrás de tu cintura para abrazarte. Pegaría su cuerpo a ti porque el contacto es necesario. Con sus labios buscar los tuyos, algo de roce antes de besarte. Acariciar tu espalda y regresar al frente para introducir sus manos en tu pantalón y bajarlo un poco. – Ichimatsu tuvo un ligero sobresalto al tocarse a sí mismo, ya había pasado mucho tiempo desde la última vez, demasiado – y él te susurraría cosas al oído con cariño mientras su mano se desliza. Sí, así. De arriba abajo. Apretando un poco, y cada vez más rápido – Ichimatsu comenzó a jadear con el movimiento – y ya todo está bien. ¿Con quién vas a hacerlo?"
-Kara…matsu…
"Quién es a quien deseas"
-Karamatsu…
"¿A quién?"
-Karamatsu
"¡A quién!"
-Karamatsu, Karamatsu ¡Karamatsu! Hah… – Ichimatsu se corrió con unos espasmos que lo dejaron agotado. De verdad había pasado mucho tiempo desde que había hecho eso, intentaba, como con todas sus adicciones, evitarlo por miedo a recaer en un deseo incontrolable de querer más. Observó el semen que había quedado en sus manos. Había cometido un error, quizás, pero se sentía demasiado bien. Diferenció una sombra de soslayo y se fijó rápido en la entrada de su habitación. Allí estaba el sacerdote de pie mirándolo con estupefacción. La vergüenza lo recorrió como si lo electrocutara y quiso cubrirse, pues aún tenía los pantalones abajo, y limpiar o gritar o huir, pero antes de que su cuerpo se moviera para hacer cualquiera de las opciones observó a Karamatsu. Con las manos fuertemente apretadas, los labios entreabiertos y los ojos más obscuros de lo normal por su pupila dilatada. Seguía allí, mirando, sin moverse ni hablar ¿Cuánto tiempo llevaba allí?
"¿Ves? Él te desea"
Una corriente de satisfacción lo inundó debido a ese pensamiento. Karamatsu por fin reaccionó y se fue de allí.
No se volvieron a ver hasta la cena. Karamatsu pensaba con mucha seriedad. Sabía que no podía fingir que nada había pasado, si al menos Ichimatsu no lo hubiera descubierto hubiera sido una posibilidad, pero su cuerpo no lo había obedecido y se quedó congelado allí en el instante en que lo vio. Sentía la mirada de Ichimatsu sobre él, no sabía qué era lo que el otro esperaba, no se atrevía a levantar la mirada hasta tener una respuesta para él mismo. ¿Masturbarse ya era considerado pecado? Debería saberlo ¿A dónde se iban todos sus conocimientos básicos cuando se tratada de Ichimatsu? Era un poquito desesperante. Si se ponía estricto, sí, era incorrecto, aún más el hacerlo dentro de una iglesia que es el hogar de Dios. Pero Ichimatsu no era adepto a su ideología y también sufría de un caso de adicción al sexo. Se encontraba en el camino de la redención así que tal vez un pequeño tropiezo se le debería perdonar. O tal vez consentirlo era una mala idea. Le había consentido el que vistiera ropas de mujer y el padre Kamimatsu lo había ayudado a ver ese error. Kamimatsu había mencionado algo sobre que, si vivía a expensas de lo que la iglesia producía con su deber de salvar almas, debería trabajar para retribuir. Con eso se refería también a inculcarle la religión. Eso ayudaría a guiar a Ichimatsu para que dejara de cometer esos errores y así él mismo sabría cómo reaccionar ante sus injurias.
Estaba decidido.
Le dio una mirada a Ichimatsu dispuesto a anunciarle en ese mismo momento que las cosas debían cambiar si no querían que se les fuera de las manos. Ichimatsu lo estaba mirando con tal intensidad que se vio incapaz de articular palabra alguna. Tenía la sensación de que Ichimatsu se subiría a la mesa y se le lanzaría encima en cualquier momento. ¿Y entonces qué le haría? Lo que fuera, estaría relacionado con la escena de la tarde en donde Ichimatsu se había entregado a placeres carnales. En los cuales, por cierto, había gritado su nombre. Aquel estremecimiento, qué últimamente era más común, se sintió con fuerza. Un cosquilleo viajo hasta asentarse en lo más bajo de su vientre y Karamatsu decidió levantarse y retirarse a su habitación por esa noche. La noticia podía esperar a mañana, en ese momento solo requería de una buena distancia con el otro.
Llegó hasta su cama con un calor que no iba acorde a la temperatura del anochecer. Y estaba eso que sucedía entre sus piernas. No era un problema en el que él en particular cayera mucho, sabía que lo manejaba mejor que la mayoría. Se puso de rodillas y comenzó a rezar. Esa siempre era la mejor manera de calmar los deseos de cometer cualquier pecado. Al principio es difícil, lo único que su mente puede pensar es en que debería tocarse. Pero debe enfocarse, rezar hasta que Dios lo guie lejos de la tentación. Cuando su mente por fin podía centrarse en las oraciones, una mano se posó sobre su hombro y él se giró y levantó algo alterado.
Ichimatsu estaba allí. Al padre no le dio tiempo ni siquiera a pensar una palabra cuando el otro desechó toda la distancia y le dio un beso directo en los labios. Su mente se quedó en blanco unos instantes debido a que, al parecer, todos sus sentidos se habían concentrado en ese contacto. Se separaron y cuando Karamatsu abrió los ojos cayó en cuenta de que los había cerrado. La mirada de Ichimatsu se veía algo obscura a comparación de lo normal. Lo volvió a besar. Karamatsu lo tomó de los brazos con intención de detenerlo y alejarlo, pero al final solo lo sostuvo de esa manera. Ichimatsu dio unos pasos al frente, obligándolo a su vez a retroceder, hasta que se topó con el borde de la cama y se sentó. Todos sus movimientos fueron seguidos hábilmente sin deshacer el contacto de sus bocas. El beso empezó a ser más profundo. Karamatsu no estaba haciendo nada, era más como si dejara su boca allí.
No era difícil para Ichimatsu hacer nada de eso. Recargando más su peso hizo que Karamatsu se hiciera hacia atrás quedando casi recostado. Subió las rodillas a la cama, una de cada lado del padre. Y pasó de besar su boca a su mandíbula y su cuello. Sintió a Karamatsu estremecerse bajo él y eso solo terminó de confirmar sus sospechas. Pasó una mano por su cuello y la subió hasta enredar los dedos en su cabello mientras con la otra acariciaba su torso. El padre puso las manos en su pecho para tratar de empujarlo hacia atrás y con una voz entrecortada pronunció:
-Ichimatsu…. No.
Ignorando sus intentos de protesta, Ichimatsu siguió besando y chupando su cuello al mismo tiempo que empezaba a desvestirlo. Metió las manos por debajo de su ropa en cuanto pudo y lo tocó con algo de frenesí, con ansias de sentirlo todo de él. El contacto de sus manos frías hizo que Karamatsu se estremeciera otra vez e instintivamente pasara un brazo por su cuello para sostenerse de algo. Ichimatsu hizo un movimiento de balanceo contra su cintura que hizo que, por primera vez, las necesidades que sus partes íntimas le exigían fueran atendidas. Y la mente de Karamatsu se perdió en eso, demasiado, por lo que sentía. Nunca había sentido algo así, era nuevo, era agradable.
Y estaba mal.
Era pecado.
Ichimatsu seguía besando su cuello cuando un par de manos sostuvieron su rostro y lo obligaron a subir, sin siquiera reaccionar a ello, unos labios se encontraron con los suyos y se perdió en la sensación de ser correspondido. Sin despegarse, rodaron para intercambiar posiciones. Estando debajo, Ichimatsu sintió como el beso incrementaba la intensidad al introducirse una lengua exigente en su boca. Unas manos ir directo y sin pudor a su entrepierna robándole un gemido. El beso se detuvo un segundo. Ichimatsu abrió los ojos con deseo de conocer la expresión de Karamtasu. Los abrió con sorpresa y miedo cuando vio que eran unos penetrantes ojos rojos los que lo miraban con lujuria.
Osomatsu lamió sus labios con complacencia al notar su expresión.
-Gracias por dejarme entrar – le susurró mientras se agachaba otra vez para continuar con lo que estaban haciendo.
Ichimatsu lo empujó con fuerza para quitárselo de encima. Al poner correcta atención, pudo ver que en el suelo estaba Karamatsu con la ropa y el cabello desarreglado. Lo estaba mirando con una expresión algo sorprendida, probablemente por su repentino cambio. Ichimatsu salió corriendo. Decidió salir por la parte trasera de la iglesia.
Osomatsu estaba justo afuera de pie, con su elegante traje y balanceando su cola como acostumbraba.
-¿Te vas? – le dijo con algo de burla – seguro al sacerdote ese no le gusta que lo dejen con ganas. Podíamos estar bien los tres. Tú conmigo, para siempre.
-¿Quieres estar conmigo? – preguntó Ichimatsu mirándolo directo a los ojos – Bien. Vamos.
Y se internó al bosque.
Karamatsu se levantó del suelo arreglándose la ropa y se sentó en la cama otra vez. Hundió la cabeza en las palmas de sus manos. Realmente lo había arruinado. No podía creer que hubiera dejado las cosas avanzar hasta ese punto. Ichimatsu, como una persona que estuvo expuesta tanto al pecado de la lujuria era una persona delicada con ese tema, él en cambio debió poder controlarse y evitar que algo tan anormal como la atracción entre dos hombres continuara. Incluso Ichimatsu había tenido más fuerza que él para detenerlo. Sacudió la cabeza pensando que el padre Kamimatsu tenía razón.
-Debes ayudarle – se escuchó una voz en la habitación y Karamatsu levantó la mirada asustado – no puedes dejar que regrese con nii-san.
Y aunque no había nadie más en el lugar y eso era absolutamente extraño, la sola pronunciación de esas últimas palabras fue lo único que captó su atención. Porque había algo peor para Ichimatsu allí afuera.
Nii-san … Osomatsu-niisan
De inmediato salió corriendo. Descendió y se dirigía a la entrada. Hasta que la voz se hizo presente otra vez:
-Por atrás – dijo y él simplemente obedeció y creyó en eso, porque había algo en esa voz que le daba confianza. No dudo en entrar al oscuro bosque y sin saber a dónde más ir, tomó la dirección del lago, sin embargo, vio entre los árboles a una persona, en un primer momento creyó que se trataba de Ichimatsu, pero había algo diferente, esta persona parecía emanar una luz. Levantó un brazo cubierto por una larga manga de sus ropajes blancos para indicar otro camino. Karamatsu no dudo en seguirlo.
Ichimatsu cayó cuando unas ramas se enredaron en sus piernas y lo hicieron perder el equilibrio. El dolor en sus rodillas y manos no le permitió levantarse de inmediato.
-¿Cuánto vas a seguir corriendo, Ichimachuu? – Osomatsu lo observaba levitando y balanceando su cola como una víbora al acecho – en cualquier lugar estaría bien para que volvamos a ser uno.
Ichatsu lo miró.
-En cuanto estemos lo suficientemente lejos de esa iglesia.
-¿Te preocupa? – sonrió – ya no hay nada que puedas hacer ¿Sabes? Lo has contaminado lo suficiente.
-Ichimatsu – lo llamó desde atrás. Ambos voltearon a ver al sacerdote que tenía una mirada atónita dirigida al hombre de ojos rojos.
-¿Ves? – Osomatsu se lamió los labios – ahora puede verme.
-¡No! – Ichimatsu se levantó y volvió a correr. No avanzó demasiado cuando Karamatsu lo alcanzó y lo tomó del brazo para que dejara de alejarse.
-Ichimatsu
-¡Suéltame!
Forcejearon un poco, pero sin importar cuánto lo intentara, Ichimatsu no podía ganarle en nada físico al padre. Osomatsu se burló del espectáculo y Karamatsu lo miró fijamente. Levantó un crucifijo que llevaba siempre con él en su dirección, el demonio lo miró con burla. Empezó a recitar algunas oraciones, al principio parecía no afectarlo en nada, pero poco a poco su expresión empezó a mostrar incomodidad y desagrado. Le dirigió una mirada torva.
-Voy a venir por ambos – miró a los ojos de Ichimatsu que le había puesto atención porque habló –. Voy a venir por ti, Ichimatsu, tú vas a estar conmigo y nada va a evitar que lo consiga.
Desapareció tan de golpe que les costó un poco procesarlo. Karamatsu tiró de la mano de Ichimatsu para llevarlo de vuelta a la iglesia y este volvió a jalarse para evitarlo.
-Ichimatsu, debemos regresar.
-No – Ichimatsu sacudió la cabeza – lo escuchaste, lo viste. Todo es mi culpa. No puedo seguir allí, no puedo seguir fingiendo que puedo intentar una segunda oportunidad. Todo lo que estoy haciendo es condenarte también. Solo debo irme con él, y tú alejarte antes de que sea demasiado tarde.
-No. Solo es momento de que hagamos algo más por salvarte. Ichimatsu, no te voy a dejar aquí. Y si no quieres regresar, planeo quedarme aquí también.
-No digas estupideces.
-Tú no las hagas. – Ichimatsu lo miró, el padre tenía una mirada de enojo que no le había visto antes. Sintió la mano que lo sujetaba temblar. – Vamos a regresar a esa iglesia juntos.
Ichimatsu asintió. No porque estuviera de acuerdo, sino porque sabía que el padre era muy capaz de quedarse allí con él y no quería que eso pasara.
Entraron a la iglesia y apenas estaban dirigiéndose a las escaleras cuando la puerta del frente comenzó a ser golpeada con algo de fuerza. Ambos se sobresaltaron por eso y se quedaron un momento paralizados. La puerta fue golpeada otra vez. Karamatsu tomó su crucifijo entre las manos y se dirigió a la puerta. Ichimatsu lo siguió de cerca. Iban a paso lento. El padre abrió la puerta con cuidado e Ichimatsu trató de ver hacia afuera. Allí estaba de pie un hombre con el mismo gorro que le habían visto la última vez, una ropa ligera que no era apta para la temperatura baja que había afuera. Un ojo morado y algo de sangre seca que había salido de su cabeza.
-¿Me dejarías pasar? – preguntó Todomatsu.
No sé ustedes, yo siento que pasaron muchas cosas en este cap.
¡Gracias por leer!
