Los que fuimos nosotros
Capítulo 8
Una nueva semana de colegio comenzó y Lin se dirigía a éste por el camino habitual. Cuando pasó por la florería vio a Sesshomaru regando las plantas y lo saludó, pero él tan sólo la miró y volvió a adentrase. La adolescente no entendió la razón del comportamiento y entró también para ver si estaba todo bien.
- ¿Pasa algo? ¿Por qué no me saludaste? – Preguntó Lin.
- No pasa nada – Respondió sin mirarla al rostro.
- Pero tú siempre me…
- Dije que no me pasa nada – Habló Sesshomaru cortantemente haciendo que la muchacha tragará saliva.
Ella se lo quedó observando, no entendía el por qué de su forma de actuar esa mañana. Pero sabiendo más o menos como era el joven, decidió retirarse saludando a Totosai que se encontraba como siempre en el mostrador.
- ¿Qué te pasa Sesshomaru? – Preguntó el anciano con el mentón apoyando en la palma de su mano – Te empezaste a llevar bien con la nena esa y ahora… No quieres tratarla más.
El muchacho no contestó. Él seguía acomodando alguna planta o haciendo algo para tratar de ignorar a Totosai. Pero la mirada del veterano la sentía en su espalda. Entonces, se cansó y se dio vuelta para verle la cara.
- ¿Me puedes dejar de joder? – Cuestionó Sesshomaru alzando apenas la voz.
- No me digas que te enamoraste – Bromeó el viejo, pero cuando vio que el joven cambió su vista para un costado con una mirada fría, pero que en el fondo se veía afligida, entendió que sí lo estaba - ¿Te enamoraste?
- ¿Yo? Quieres dejar de hablar.
- ¡Te enamoraste! ¡Y tienes miedo! – Lo apuntó el anciano con su dedo índice - ¡Tienes miedo porque ella fue la primera que te rechazó tus avances dos o tres veces! ¡Cosa qué jamás te hicieron otras chicas!
- … - El plateado cambió su vista al suelo. Totosai estaba en lo correcto – Puedes dejar de apuntarme como si fuera un criminal – Dijo Sesshomaru acercándose al mostrador y bajando el dedo de su jefe con su mano – Tienes razón. Pero yo no quiero seguir enamorado, por eso la tengo que ignorar.
- Pero ella parece apreciarte. Por lo menos como amigo. Se va a poner mal si no la saludas más. Y eso va a ser peor para ti porque no vas a querer verla mal – Explicó el viejo.
- ¿Sabes lo estúpido que es amar? Cualquier tipo de amor es estúpido. Te hace creer, confiar en la otra persona y esa te puede defraudar – Se expresó el plateado con la voz áspera.
- ¿Cualquier tipo de amor? ¿Todavía la sigues odiando a ella? – Preguntó Totosai mirando a los ojos dorados del joven con los saltones de él.
- La voy a odiar siempre. Yo la amaba y ella me traicionó – Dijo con odio en su voz.
- Por eso tratas a las mujeres como juguetes. Por ella. Pero ¿No podrías hacer una excepción por Lin? – Cuestionó el viejo.
Sesshomaru no respondió. Decidió ir a su pequeño cuarto en el fondo del negocio.
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En un aula había muy pocos chicos y por lo tanto no había mucho barullo. Un grupo de tres se estaba pasando un cuaderno.
- ¡Gracias Lin por la tarea! – Agradecieron InuYasha y Kagome con una sonrisa en su rostro.
- No sabes de la que nos salvaste – Suspiró la negriazulina sentándose en su pupitre que quedaba al lado del de Lin?
- Keh, menos mal que entraste porque con Kagome no se llegaba a ningún lado – Dijo InuYasha sentado de inversa en su asiento para así poder ver a las muchachas.
- Te quieres callar – Habló Kagome con los ojos entrecerrados con enojo.
- Cambiando de tema… ¿Es verdad que el sábado saliste con el idiota de Sesshomaru? – Preguntó el plateado curiosamente.
- ¡Es verdad! ¡Cuéntanos! – Exclamó la otra joven.
- Lo que pasa es que un vecino mío tenía dos entradas demás para una muestra de ikebana y yo pensé en tu hermano – Explicó Lin sonriendo – Pero no pasó nada.
- Ahh… Qué aburrido – Opinó Kagome apoyando sus codos en la mesa y luego su mentón las palmas de sus manos.
- Ten cuidado con ese idiota. A él le gusta jugar con las mujeres – Comentó InuYasha seriamente.
- Sí, ya sé. Pero somos amigos – Sonrió la pelinegra. Ella estaba segura que por ahí le pasó algo que lo hizo de estar de mal humor a la mañana. Eso era. Por eso quizás no lo saludo.
- ¿Amigos? – Preguntó el chico sorprendido. Lin nada más río.
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En una cama de dos plazas había dos personas recostadas en ésta. Una mujer y un hombre. Los dos estaban desnudos, pero eran tapados por las mantas blancas. Ella estaba apoyada de frente en el pecho de él. De vez en cuando dibujaba círculos alrededor del pezón del muchacho. Él, que estaba abrazándola, del placer que sintió al entrar su pecho en contacto con las yemas de los dedos se acostó boca arriba en la cama. Entonces, Kagome se puso sobre él y comenzó a hacerle círculos, pero con la lengua. Luego levantó su cabeza y dirigió sus labios a los de él. InuYasha, mientras disfrutaba de aquel beso podía sentir los duros pezones de la muchacha rozar con su torso. Eso lo excitaba. Aburrida de besarlo en la boca, de a poco fue bajando por su cuello, su pecho, abdomen
Hasta llegar a su pelvis. Luego agarró la dureza entre sus manos y le dio un pequeño beso haciendo que InuYasha gimiera.
El teléfono sonó, pero Kagome no le dio importancia y lo volvió a besar. El plateado alcanzo el teléfono y cuando sintió el aire caliente de la boca de Kagome le costó no volver a gemir.
- Moshi-moshi – Dijo con dificultad - ¿Kikyo?
Kagome al escuchar ese nombre se estremeció, soltó la dureza y miró al joven que tenía en frente. Ella se sentía mal. Ahí estaba la negriazulina, desnuda con el novio de su hermana. Su corazón se partía.
- ¿Eh? ¿Qué cómo está Kagome? Ella está bien. ¿La extrañas mucho? Y sí, es comprensible es tu hermana – Hablaba el joven también con un rostro dolido.
- ¿Onee-san me extraña? ¡Me extraña! – Pensaba la muchacha totalmente destrozada. De sus ojos salían gotas de lágrimas y no paraban de caer Su hermana mayor preguntaba por ella, la extrañaba. Y ella en cambio acababa de hacer el amor con el novio de Kikyo. Y cuando lo estaban a punto de hacer una vez más, ella llamó - ¡Soy una hija de puta! – Gritaba en su interior Kagome con lágrimas.
InuYasha cortó el teléfono y se quedó mirando a la nada con ojos tristes. No era que él no la quería Kikyo. El plateado la quería demasiado, pero ya no la amaba más. La amó, pero nuevamente su corazón volvió a las manos de su primer amor: Kagome. Iba a ser difícil hablarlo con Kikyo.
- ¿Dejamos lo que empezamos para otro momento? – Murmuró el chico tapándose con la manta.
- Sí – Suspiró la negriazulina secándose el rostro con sus manos y volviendo al lado de su amante. Eso era lo que ellos dos eran. Amantes hasta que aclararan las cosas con su hermana mayor.
Los dos se durmieron abrazados para poder consolar la pena que sentían.
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El sol de la mañana iluminaba la vereda por la que caminaba Lin. A lo lejos vio estacionar el auto a InuYasha que no estaba solo. Se encontraba con Kagome. La joven decidió ir a saludarlos.
- ¡Chicos! ¿Cómo están? - Exclamó la pelinegra alegremente.
- Bien… - Suspiró InuYasha bajando del auto. En realidad él no estaba bien debido a la llamada de su novia el día anterior por la noche.
- ¿Te pasó a buscar a tu casa? – Preguntó Lin inocentemente a su amiga.
- Sí, obvio – Mintió la muchacha de cabello negro azulino con una sonrisa. Por supuesto que la otra chica no dudó en lo que ella le decía.
Los tres se dirigieron a la academia.
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Sesshomaru se encontraba cambiando la tierra de unas macetas cuando escuchó que había entrado alguien a la tienda. Se dirigió hacia el cliente y se sorprende al ver a una de sus tantas mujeres, aunque definitivamente una de las más hermosas.
- Pero que lindo te ves en ese delantal cito – Comentó Kagura con una sonrisa seductora.
- ¿Qué quieres? – Preguntó el muchacho secamente.
- A ti te quiero – Habló abrazándolo por el cuello.
- Ahora no. No ves que estoy trabajando, además tengo las manos sucias – Dijo el plateado con sus manos para los costados con algo de tierra.
- No me importa. Además justo tu jefe se fue. Estamos los dos solos – Le susurró la ojiescarlata al joven.
Ella fue acercando sus labios a los de él y los unió con los suyos. Sesshomaru terminó siguiendo el beso y luego pasó sus manos por la espalda de ella, abrazándola. Se sentía raro el muchacho, era como si ya no estuviese excitado. ¿Acaso era porque con la que quería estar era con Lin?
- ¿Qué te pasa? – Preguntó Kagura viendo que no había reacción en la entrepierna del plateado - ¿Quieres que te ayude? – Cuestionó ella dirigiendo su mano a su entrepierna para ver si podía hacer levantar cierto parte del cuerpo de Sesshomaru.
- ¡No! – Gritó él apartando la mano de la mujer – Yo ya no quiero seguir con esto.
- ¿Cómo que no? Si tú no tienes compromisos. Yo tampoco y no me molesta que estés con otras mujeres. Siempre y cuando también estés conmigo – Decía la ojiescarlata con una mano apoyada en su pecho y ojos demandantes de afecto.
- Kagura, por favor. ¿No te molesta que nada más te quiera para tener sexo? – Preguntó el muchacho seriamente.
- No. Yo sé que tú no me quieres. Pero yo sí. Y por eso estoy dispuesta a hacer todo lo que quieras. Aunque me trates como un juguete – Habló Kagura en un tono de voz bajo y dolido.
- Pero yo ya estoy demasiado grande como para tener juguetes – Respondió el plateado mirándola fríamente.
- Me estás queriendo decir que tienes planeado empezar una relación con alguien – cuestionó ella con los ojos cristalinos.
- Yo no sé si la persona por la que siento algo siente lo mismo por mí. Pero yo quiero demostrarle que ya no juego más con las mujeres. Porque estoy enamorado de ella – Explicó Sesshomaru mirando para el suelo.
- Pero yo estoy enamorada de ti. Yo me conformé con que tú me trataras como te gustaba, sólo para verte satisfecho… ¿Por qué? ¿Por qué? – Pensaba Kagura con gotas de lágrimas cayendo por su rostro. De repente, un dedo se desliza por su mejilla para secarle el agua salada.
- Yo fui una basura contigo. Perdón por nunca corresponderte tus sentimientos. Debería haberte dejado después de la primera noche que pasamos juntos – Dijo el plateado con la voz fría al igual que su mirada. Pero cada palabra que decía la sentía.
– Espero conocer a la chica que te hizo querer cambiar – Decía mientras tomaba la mano de su amor imposible entre sus manos. Él nada más se la quedó observando con su rostro inexpresivo.
- ¡Perdón! – Exclamó Lin tapándose la boca la ver al dúo parada frente a ella – Te quería venir a saludar. No sabía que estabas ocupado – Dijo toda apenada.
- No, está bien. Ella ya se iba igual – Respondió sacando su mano de entre las de la mujer.
- Nos vemos entonces – Se despidió sin volver a mirarlo a los ojos. Cuando pasó por al lado de la colegiala la miró de arriba abajo – Con permiso – Le dijo inclinando su cabeza apenas y Lin hizo lo mismo.
- ¡Perdón si arruine algo con ella! – Se disculpó la pelinegra.
- No arruinaste nada. No había nada entre ella y yo – Habló el joven secamente.
- Esta bien… Venía a visitarte - Sonrió la chica.
- Siempre feliz – Murmuró.
- Y sí. ¿Pero a ti te pasa algo? Porque hoy a la mañana no me saludaste – Preguntó preocupada.
- Cosas con Totosai – Mintió.
- Ahhh ya veo … Oye, ¿Me puedo quedar? Yo sé que ahora van a venir todas las chicas de los colegios a comprar, pero ¿Me puedo quedar leyendo tus libros atrás en tu cuarto? – Trató de indagar la adolescente haciendo un simpático pucherito. Sesshomaru asintió y recibió otra sonrisa de la adolescente.
Cuando Lin pasó junto al joven para ir al fondo de la florería, la mano de él tomó la suya haciéndola detener.
- Tu sonrisa es hermosa – Le dijo Sesshomaru sin siquiera mirarla y mirando para adelante con su rostro inexpresivo.
- Gracias – Murmuró Lin toda sonrojada. Cada vez que él la tocaba ella sentía un ardor por todo el cuerpo. Su voz la hacía estremecerse, hacía que por su pecho recorriera cosquilleo. Ella se dio cuenta que Sesshomaru era una persona muy buena y no era para leer los libros que ella iba a la florería, sino que para estar con él.
Ese día me di cuenta que estaba enamorada. Enamorada de alguien que tenía sueños completamente opuestos a los míos. Pero yo no podía dejar de sentir lo que sentía
Continuará…
