HOLA!! Aquí tenéis el nuevo capitulo.
Disclaimer: todos los personajes (o casi todos), hechizos, etc... Pertenecen a J.K. Rowling, con alguna que otra aportación de mi parte.
CAPITULO 8º - Al Aceho en la fiesta
Como había hecho caso a Nott, no sabia como se las apañaba para que siempre se saliera con la suya. No tenia ganas de ir a esa fiesta, pero ahí estaba, en ese preciso momento entrando por la puerta. Según su amigo, era el lugar perfecto para divertirse después de tanto tiempo, algo que se merecían, aunque el dudaba si se podría divertir allí.
Pasó al salón y vio a Doge como se fijaba en el, por lo que se acercó a saludar por educación, tal cual le había enseñado su madre en su infancia.
-Señor Doge – le hizo una reverencia al anciano con la cabeza.
-Señor Malfoy – contestó cortes.
-Una bonita fiesta, gracias por la invitación.
-No hay de que querido – ese chico le caía bien, al principio creyó que sería como su padre, de igual aspecto y porte, pero se notaba la mano de su querida Narcissa. Aunque intentará esconderse debajo de esa apariencia fría, el tenia buen ojo para ciertas cosas y casi nunca se equivocaba – Aunque si te digo la verdad, no esperaba encontrarte esta noche aquí, ¿Te quedaras a dormir?
No sabía como se las había apañado pero ese hombre, sin contar a Nott y a su madre, parecía que lo conociera a la perfección. Desde el primer momento que lo vio, no lo juzgo por el apellido, sino que confió en el sin importarle su pasado, su familia, ni su situación. Solo con verlo ya sabia lo que le pasaba, por muy frío y distante que intentara parecer, cosa que lo desconcertaba de sobremanera. Había sido de gran ayuda para que el ministerio confiara en el y vieran que era leal. Y era un gran apoyo en algunas ocasiones, aunque el nunca admitiría eso.
-Creo que no – dijo tajante.
-Bueno, si cambias de opinión, avísame. Ya sabes que siempre eres bienvenido.
-Si señor, lo se.
El anciano sonrió y se giró para seguir atendiendo a sus invitados.
-Perdone – se apresuró a decir, antes de que se fuera más lejos ¿por casualidad no ha visto a Nott?
-Creo que Theodore esta fuera en el jardín.
-Muchas gracias.
-De anda querido - y siguió su camino.
"¿Llamara querido hasta a sus propios enemigos?", se rió y caminó hacía fuera.
El jardín estaba abarrotado de gente, entre la pista de baile, ciertas mesas que había a un lado, la barra del catering, iba a ser complicado encontrar a Nott por lo que guió por su instinto.
Caminaba con paso firme y elegante entre la gente, con un aire engreído, algo le decía que debía dirigirse al jardín de abajo. Se paro en lo alto de la escalera, ojeó la gente y por fin lo encontró en un rincón mirando a un grupo de chicas que tenía en frente.
-Ya era hora tío.
-Si no te hubieras metido en el rincón más alejado de la casa te hubiera encontrado antes – contestó malhumorado.
-Estaba buscando buenas vistas – bromeó el castaño – Te cuento… esa rubia de la derecha se llama…
Dejó de escuchar, notaba como alguien le examinaba. No una de esas miradas tontas que levantaba al pasar, si no una más penetrante. Giró su cara hacía un lado, era ella. ¿Era ella? Si, sabía que lo era, porque la había visto días antes a escondidas. Debía de reconocer que el rojo, o en particular ese vestido rojo le sentaban muy bien. Le devolvió la mirada igual de aguda que la suya, tanteando el terreno, sin dar señal ninguna de impresionarse. Enarcó una ceja… "¿Sorprendida?... ¿Acaso no pensaba encontrarme aquí?... es que todavía no sabe que…" Nott lo sacó de sus cavilaciones, el cual por fin se había dado cuenta hacía donde miraba.
-¿Esa es… - se sorprendió no la recordaba de esa manera.
-Si – contestó sin apartar sus ojos de ella.
-No recordaba que tuviera esas piernas, entre otras cosas – decía echándole un vistazo de arriba abajo y Luego hacia su amigo. Los dos estaban fijos en el otro, serios, desafiantes.
-Vamos – y empezó a caminar, sin apartar su mirada de la castaña hasta que ella se volvió hacía su amiga.
-¿Así es como saludas a un viejo amigo? – siseó como antaño una vez que se quedaron solos.
-¿Amigos? ¿Desde cuando? – dijo con desdén.
-¡Vaya Granger! Sigues igual de simpática que siempre – rió.
-Hay cosas que nunca cambian ni con el paso del tiempo.
-Y otras que si – contestó con picardía a la vez que le volvía a hacer un descarado repaso para intentar avergonzarla.
"¿Me está insinuando lo que yo pienso?"
"Yo tampoco las recordaba esas piernas Theo… las faldas de Howgart las ocultaban de nuestra vista"
-Puedo saber que haces aquí.
"No sabe nada todavía"… se dijo Draco triunfante… "que bien me lo voy a pasar viendo la cara que pones, después de todo".
-¿Ahora te preocupas por mi vida, Granger?
-¡Merlín me libre! Solo quería saber porque tengo tan mala suerte, y hasta en otro país tengo que toparme contigo.
Estaba nerviosa, a él no se lo podía ocultar. Cuando tienes enemigos aprendes a fijarte en cada detalle para encontrar sus puntos débiles. Y el gesto que acababa de hacer la delataba. Primero se cruzó de brazos, después se mordió el labio inferior. Esos labios rojos que hacían destacar sus perfectos dientes blancos. Esos labios gruesos que incitaban a más de una cosa… "En que estas pensando Draco… ¡Es Granger! La neurótica de Granger… será mejor que contestes, sino quieres que crea que con el tiempo te has vuelto tonto".
-Pero tus modales si se han quedado en Londres ¿No?
Por que no aparecía alguien conocido cuando se le necesitaba. Sentía que el mundo se había puesto en su contra. Y lo peor, porque ahora Draco Malfoy le perturbaba tanto. Debía ser ese raro destello de esos ojos grises que antes no tenía. Esos ojos grises que no se los quitaba de encima aunque ella intentara distraerse.
-Desde cuando me hacen falta modales para hablar contigo, como si tú los usaras alguna vez. Pero no te hagas el encantador. A que debo el placer de tu compañía – soltó irónica.
No le dio tiempo a contestar cuando fueron interrumpidos.
-Señorita Granger.
-¡Señor Fouad! – Se alegró enormemente de su vuelta - puede llamarme Hermione - le sonrió.
-En ese caso, Hermione, llámame Sharif o Shar, como prefiera. Aquí tiene su copa. – se la entregó encantado devolviéndole la sonrisa, de oreja a oreja.
-Gracias Shar – la tomó y le dio un pequeño sorbo mirándole fijamente, ignorando por completo la presencia del rubio, que sabía que la observaba con fastidio… "te aguantas Malfoy… a ver si así pillas las indirectas… sobras".
"¿Y por que narices está este aquí?... no tiene nada que hacer en ese maldito ministerio". La llegada del intruso no le hizo mucha gracia. Sus planes de fastidiar a la castaña habían sido interrumpidos. Aunque a decir verdad, lo que más le importunaba eran las tontas miradas que se traían, y que había sido ignorado por completo… "Gracias Shar"… la imitó… "¡Por Merlín! Que asco". Siguió mirando como coqueteaba con ese tipo.
-Tú debes de ser Draco Malfoy, ¿no es así? – "Así es ¡estúpido!, pero para ti Señor Malfoy". Lo ignoró por completo, solo estaba pendiente de fastidiarla a ella.
-Si, pero ya se iba – contestó por el Hermione.
"Ni en tus sueños Granger".
-Entonces permítame invitarla a bailar – le ofreció su brazo, el cual ella aceptó gustosa, todo fuera por alejarse de ahí.
-Por supuesto - … "Gracias, gracias, gracias… ¡Jodete Malfoy!". Ensanchó su sonrisa, dejando ver todos sus dientes, dispuesta a marcharse sin mirarlo siquiera.
Pero el no se quedaría así, viendo como Granger se iba con ese tonto, dejándole con la palabra en la boca. Y antes de que se fuera más lejos la cogió por el otro brazo disimuladamente y le susurró.
-Creo que encontraras fascinante saber el porque estoy aquí. Deberías saberlo "compañera". Quizás más tarde te lo cuente – y la dejó seguir su camino.
Bailar con Shar hubiera sido estupendo si por su mente no pasaran una y otra vez las palabras de aquel rubio petulante. Menos mal que lo único que debía hacer era seguir los pasos de su acompañante, el cual la guiaba inconsciente de su turbación.
A que venía aquella "confesión" de última hora, si así podría llamar a aquello. Y porque le ofuscaba encontrárselo más tarde.
De una manera u otra decidió apartarlo de su cabeza... "eso es lo que quiere". Intentaría disfrutar de su baile y pasarlo bien.
Después de unas cuantas de piezas decidieron tomarse un descanso, charlar de trivialidades un rato y beber algo. Shar era un hombre muy inteligente, extremadamente cortes y educado. Le hacía sentirse halagada a cada instante.
Los invitados fueron marchándose poco a poco, la fiesta había sido todo un éxito. Y ella había sido presentada oficialmente en aquel lugar sin sospechas.
Se dirigió hacía la puerta de la casa junto a Doge y despidieron a Sharif, para después dar las buenas noches y volver a su cómoda habitación a descansar.
Llevaba un rato en la cama, dando vueltas hacia los lados, extrañando el lugar, echando de menos su mullida almohada, cuando un ruido la alertó.
Salió despacio de entre las sabanas con su camisón corto de seda, regalo de Ron por su último San Valentín, sus labios aun pintados de rojo y su pelo algo revuelto. Tomó su bata y se dirigió hacía la puerta, a intentar escuchar tras ella.
Pegó la oreja a la madera y le llegó la débil risilla del fondo del pasillo, pasos, luego un golpe contra la pared, más pasos, una maceta caer, una maldición y de nuevo la risilla.
Abrió la puerta de sopetón y encontró Penélope sentada en el suelo, intentándose quitar los tacones.
-Tuuuuu… - llegó hasta ella con los brazos en jarra sujetados en su cintura.
-Shhhhht… vas a despertar a todo el mundo – dijo la morena entre hipidos.
-¡¿Yo voy a despertar a todo el mundo?! ¿Quién anda por los pasillos tirando todo lo que encuentra a su paso? – No parecía escucharla, estaba concentrada, absorta en soltar la pequeña hebilla de la tira del tacón – Se puede saber donde estabas… traidora.
-Eh, eh, eh, que yo no soy ninguna traidora – se le escapó otra risilla – solo velaba por mi integridad física. Además no se supone que deben intentar llevarse bien, por el bien de todos.
-Si, ya… no cambies de tema ¿Dónde estabas?
-Por ahí.
-Por ahí… con… - no hacía ni 24 horas de su llegada y ya estaba ejerciendo de madre mandona.
-Por ahí con Theo.
-¡¿Penélope?!
-Shhht.
Por fin se había quitado los zapatos e intentaba ponerse de pie. Cosa que en su estado le estaba costando. Por lo que su amiga le tendió una mano para ayudarla.
-A quien se le ocurre irse por ahí con el enemigo, sola y en este estado.
Penny la miró seria, con un dedo apuntó hacia ella y dijo…
-Theo… no es… el enemigo. - Y tan rápido como llego la seriedad se marcho, dejándola con el rostro alegre por el recuerdo de esa noche. – Deberías conocerlo. Además estaba en excelentes condiciones cuando me fui y el es un perfecto caballero.
-Si tu lo dices… anda entra ahí antes de que te escalabres de nuevo. – y tiro de ella para dejarla en su cuarto sana y a salvo de posibles destrozos.
Cerró la puerta del cuarto, directa a volver a su cama, tras haber desvestido, aguantado las dosis de exaltación de la amistad por parte de la morena, volver a vestirla con el pijama y meterla en la cama.
Dio unos cuantos de pasos hacía su puerta, cuando se dio cuenta de que el sueño lo había perdido por completo, así que decidió ir a dar un paseo.
No podía dormir, la frustración y la rabia no se lo permitían. Todos sus planes de fastidiarla habían fracasado, gracias al pesado del egipcio. Entre el baile y la charla no hubo un momento que la dejara sola, y con el ahí no podía actuar.
Para colmo su queridísimo amigo Nott parecía que se lo había tragado la tierra. Así que se tiró toda la noche solo y espiándola al acecho.
No sabía porque al final le había a Doge que se quedaría, en vez de a la primera de cambio marcharse. El no quería estar ahí, no tenía ganas de encontrarse con ella, es realidad no tenía ganas de encontrarse con nadie de su pasado, pero no le quedaba más remedio.
Y en esas estaba, sin chaqueta, con la camisa remangada hasta el codo, sus pantalones negros, el pelo revuelto y paseando por las afueras de la mansión entre las palmeras del jardín.
Esa noche no hacía mucho calor, sino una temperatura perfecta, pero corría una pequeña brisa caliente de vez en cuando, el cielo estaba radiante con numerosas estrellas y lo única que se escuchaba eran los sonidos típicos del oasis, lo que parecía relajarle y liberarle de tensiones.
Caminaba entre naranjos cuando la vio salir. Sabia que estaba en la casa pero no esperaba encontrársela esa noche, suponía que debía de estar cansada por el viaje y la fiesta.
Iba en camisón y bata, los pies descalzos y caminaba distraída por el césped, seguramente pensando en sus cosas.
Nunca la había visto de esa forma, siempre iba tan estirada, tan orgullosa, tan segura de si misma, que ahora le parecía frágil, pequeña, como si tuviera que cuidar de ella, y pocas cosas le hacían sentir eso.
La siguió. Vio como se alejaba por un lado del jardín, fuera de los límites de la casa y la siguió. Parecía que se dirigía al lago.
La veía caminar tranquila, rozando con sus manos algún arbusto al pasar. El estaba a unos cuantos de metros contemplando cada uno de sus movimientos.
La castaña llego a su destino, se fijo que había un embarcadero de madera que se adentraba en el agua y se dirigió hacía allí. Mientras el rubio se ocultaba entre los arbustos sin descubrir su posición.
Estaba al borde del embarcadero, con las puntas de sus pies hacía afuera, mirando el bello paisaje, el agua, las estrellas que se reflejaban, cuando decidió acercarse, no con el hecho de molestar, sino simplemente de acompañarla en silencio.
Andaba despacio, sin hacer ruido, ella ni siquiera se dio cuenta que estaba allí hasta que le toco un hombro.
Entre el susto inesperado, el giro brusco y que estaba al filo, cayó al agua sin saber quien o que era lo que le rozó.
El sin pensárselo dos veces se quitó los zapatos y se tiró tras ella. La cogió de una mano a medio camino del fondo, la subió a la superficie y nadó con ella hasta la orilla. Cuando notó que hizo pie la tomo por debajo de los brazos y las rodillas, y la sacó en brazos, con cuidado, mientras ella no paraba de toser.
Tenía los ojos cerrados y apoyada la cabeza en el pecho de quien la rescató, inspiró aire profundamente para despejar sus vías respiratorias de agua y de sopetón le llegó ese olor que días antes olfateaba por el ministerio. Se extrañó y abrió rápidamente los ojos, ala vez que el rubio la dejaba en el suelo, de pie, con cuidado.
-¡¿Malfoy?!
No sabía si le sorprendía más que estuviera todavía allí a esas horas, si que la hubiera salvado o que por fin descubriera de quien era esa colonia, entre unas cosas y otras, antes por los nervios no se había dado cuenta. Y lo que aun era peor, como podía recordarla después d tantos años, si ellos se llevaban como el perro y el gato.
No contestó, estaba todavía respirando agitadamente por el esfuerzo.
-¿Se puede saber que haces? – volvía a preguntar.
-¿Salvarte de acabar en el fondo del lago? Aunque por mi…
-No me hubiera caído si no me hubieras asustado.
-Yo no tengo la culpa de que seas tan susceptible. Además, a quien se le ocurre ponerse en el mismo borde – le soltó acalorado.
-A quien se le ocurre aparecer de sopetón de la nada – le dio con el dedo índice en un hombro.
-Menuda manera tienes de agradecer las cosas, por que te podía haber dejado ahí – le devolvió el golpe de la misma forma, al decir la última palabra.
-Gra… cias – esta vez fueron dos golpecitos al pronunciar cada sílaba.
-De na… da – se los devolvió otra vez.
En ese momento se echaron un vistazo de arriba abajo, ella con los ojos entre cerrados y los puños en tensión por el mosqueo, el con un gesto de autosuficiencia y una mueca de desagrado.
Se fijaron que estaban chorreando. La castaña tenía el camisón y la bata pegados como una segunda piel contorneando su figura. Al rubio se le notaban sus abdominales y el torso, y los pantalones se le habían pegado a los muslos y pantorrillas.
Se dieron cuenta de ello. Retiraron la vista. Hermione intentó cerrarse la bata, mientras que Draco despejaba la camisa de su cuerpo y se sacudía los pantalones.
-Bueno, y que se supone que haces aquí a estas horas – preguntó sonrojada en un tomo medio normal, con el nunca se sabía.
-Lo mismo que tú, pasear.
-¿Y no tienes casa propia por cuyos alrededores pasear y donde acechar a otra persona que no sea yo?
Puso su falsa sonrisa antes de responder.
-Luego dices que si el egocéntrico soy yo. Paseaba por la casa de cuyo "amigo" tenemos en común, y en la cual tengo habitación "propia" para quedarme cuando se me apetezca. Pero si es de tu interés saber si tengo casa propia aquí o no, te diré que si.
-Me quitas un gran peso de encima. Ya pensaba que tendría que ver tu cara pálida todo los días por aquí rondando.
-Creo, que todos los días no, pero muy a menudo quizás.
-No sabía yo que tuvieras tanto interés en verme. – dijo mordaz.
-No me queda más remedio. Es lo que tiene el trabajo. – había llegado la hora de soltárselo.
-¿Acaso los Malfoy conocen esa palabra? Pobre Doge, a saber cuanto dinero le estas sacando para sabe que cosa.
-No es precisamente con el con quien trabajo, ni dinero lo que manejo. – le encantaba hacerse el interesante.
-Déjate de misterios Malfoy, que las clases de adivinación acabaron hace mucho – estaba cansada de sus jueguecitos.
No había que ser muy listo para adivinar que había algo que tenía que saber y que el ya conocía. Algo que no le haría mucha gracia debido al interés que el ponía.
-Y yo que pensaba que lo sabrías antes de llegar hasta aquí – dijo regodeándose – pero veo que nuestro "queridísimo jefe" a dejado la sorpresa para el final – "… no puede ser, Harry me diría cualquier cosa importante" - A lo mejor es que el ministro decidió no contarte nada para que así aceptaras. Eso si que sería una gran putada – se rió dejando ver sus dientes, mientras la castaña no paraba de darle vueltas a las cosas – Pos nada, me han dejado a mi el placer de comunicarte que…
-Por eso estabas en el ministerio – cavilaba ente susurros sin hacer mucho caso a lo que decía.
-¿Qué has dicho? – de repente recordó el encontronazo a la salida del despacho de Kingsley y de que ella aun recordaba su colonia.
-Nada… que es contigo con quien tengo que trabajar "codo con codo". - "¡Al final la sabelotodo surgió!" - … que eres el espía… que estas jugando a dos bandos – "De toda las personas del mundo tenía que ser el… precisamente el".
-Yo solo juego en un bando – se mosqueo, siempre le soltaban lo mismo.
-Tendrás que demostrármelo - no pensaba ponérselo fácil.
-Si tu queridísimo Potter confía en mi - "relativamente" – no tengo nada que desmotarte a ti. Que yo sepa tu no eres mi jefe. Además ¿Cómo sabes que yo estaba en el ministerio? - no le iba a contestar a esa pregunta pero le encantaba desconcertarla y hacer trabajar a esa cabecita. El día que dejara a Hermione Granger sin palabras sería un gran acontecimiento.
-Técnicamente se puede decir que si, que soy tu jefa – lo miró con furia, odiaba esa sonrisa de medio lado que el estaba poniendo. Mientras más sonreía el, más se enfadaba ella. Había perdido la práctica con el paso de los años, no debía dejarse llevar, ni hacer notar lo que sentía – Yo no he dicho nada del ministerio, será tu cabecita, que todavía tiene agua – "¿y eso a que viene ahora?... ¿estaba allí?... no, no creo, me habría dado cuenta… simplemente apesta a colonia y va dejando un nauseabundo olor a su paso".
-Ya – dijo escéptico.
-En fin, será mejor que vuelva a mi cama.
Intentó dar un paso, pero al apoyar su pie derecho un leve dolor se le deslizó desde el tobillo hacía toda la pierna, dando un pequeño quejido.
-¿Estas bien? – preguntó serio.
-Perfectamente – lo pasó dando pequeños pasitos apoyando solo la punta del pie.
Vio como se marchaba intentando disimular su cojera. Rodó los ojos… "orgullosa"… y después bufó.
En tres zancadas la alcanzó y sin pedirle permiso la cogió en brazos.
Ni siquiera se miraban, el caminaba en silencio hacía la casa con la vista perdida en la nada, y ella con los brazos cruzados intentando disimular los vistazos de reojo que le echaba furiosa.
La subió por las escaleras, la llevó hasta su puerta, la dejó muy despacio, con mucho cuidado y se marcho.
Ni una sola palabra más.
Ella era muy orgullosa para pedirle ayuda a el, y el era muy orgulloso para dejar ver que le importaba algún ser humano que no fuera el mismo.
Continuará…
La semana de feria que he pasado, ha hecho que mi mente no de para más. Ya me contareis.
Review pliiiiiiiisssssss!!!! O mejor utilizar el GO!!! Gracias!!!!!
Muchos besos Jess.
