aquí subo otro capitulo más, ya casi lo termino de escribir y subo otra historia que estoy empezando :3, a partir de aquí los capítulos son un poco más largos, espero que este sea de su agrado, :3 y como ya casi lo acabo voy a subir capítulos cada viernes o sábados; sin más que decir los dejo para que lean.
Devuelta en el Juego
Pasaban las semanas e Integra estaba cada vez más desesperada porque no veía ingresos. —¿Es que acaso han desaparecido todos los malditos vampiros del planeta?—. Se preguntaba. Los negocios en los que había invertido apenas si se recuperaban de la crisis, es decir que todavía no podía ver ganancias de ellos. Le preocupaba que se llegue a acabar todo el dinero que hay en el banco y que no pueda salir nunca de su crisis. No quería que ese fuera el final de Integra Hellsing.
Por si eso no fuera suficiente, no tenía trabajo que hacer, así que no tenía nada en que ocupar su mente para dejar de angustiarse por si situación financiera; Seras estaba dormida, ella misma le había dicho que ahora que tenían nuevo mayordomo no podía seguir desvelándose de esa manera o nunca sería fuerte. No le tenía suficiente confianza a su nuevo mayordomo como para ponerse a charlar con él como lo hacía con Walter. —¿Qué otra cosa podría hacer?
Practicar esgrima, hacía mucho que no lo hacía; decidida bajó a la sala de practica y empezó ensayar ella sola contra un maniquí que tenia de prueba. Naturalmente era más divertido cuando peleaba contra Walter o contra Alucard, especialmente con el último porque él siempre le hacía trampa: le trababa el pie, se desaparecía y aparecía detrás de ella, se valía de la telequinesia para obtener otra espada, en fin, siempre era algo nuevo e impredecible y eso le daba mayor dificultad al entrenamiento.
Pelear contra un maniquí inmóvil no tenía gracia, así que aburrida y molesta guardó la espada en su lugar y se fue. Fue a la sala de tiro, pero se aburrió fácilmente; lo ideal era practicar cuando estuviera hecha una furia, ahí si disparaba con inspiración, y no tenía a cierto vampiro que le hiciera enfurecer. —Estúpido Alucard.
Bajó al sótano, al cuarto de Alucard y cerró la puerta detrás de sí. Todo estaba en orden, lo cual era extraño porque el vampiro siempre tenía un regadero de bolsas de sangre por todas partes. Se sentó sobre el ataúd y tomó la baldosa que tenía el sello de Alucard impreso. —No hay manera de hacerte volver ¿verdad?
Aún quedaban de él sus lentes y su sombrero que estaban dentro del féretro, Integra abrió la tapa y sacó los lentes, se quitó los suyos y se probó los otros. —¿Cómo podías ver con estas cosas? Se ve todo rojo y oscuro—. Se los quitó y volvió a colocarse los propios. Volvió a dejar todo en su lugar y se encaminó a la puerta, no tenía caso seguir allí. Al llegar a la puerta se le ocurrió una cosa y caminó hacia la puerta secreta, presionó el ladrillo ligeramente más salido y entró.
Había tenido la fabulosa idea de ordenar todos los papeles que se encontraban ahí, eran muchos los que estaban regados en el escritorio y había libros abiertos que no estaban en sus estantes así que tenía mucho trabajo que hacer, eso le entretendría por un momento. Revisaba los documentos y luego los metía en los archiveros, los libros los acomodó en el estante.
Leía los archivos por si encontraba algo que pueda hacer volver al vampiro, pero no encontró nada, a decir verdad no creía que encontrara algo que dijera: "como hacer volver a un vampiro de una dimensión desconocida". Era absurdo, Alucard estaba perdido quien sabe dónde, y no podría volver nunca. De todos modos siguió revisando, nadie diría que no lo intentó.
Quien sabe cuánto tiempo llevaba ahí dentro, hasta que Seras abrió la puerta secreta y entró. —Ama la he estado buscando por toda la mansión, estaba muy preocupada hasta que Pip me dijo que tal vez podría estar aquí.
—Ah Seras, ¿qué se te ofrece?
—¿Qué se me ofrece? Pasan de las diez de la noche, el mayordomo la está buscando para que cene y se le está enfriando. ¿Qué está haciendo?
—Ordeno este desastre, dile al mayordomo que no quiero cenar.
—Pero ama…
—Seras, ¿te gustaría aprender esgrima?
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—Este se llama florete, este es un sable y esta es una espada—. Le explicaba a Seras en la sala de práctica de esgrima, quería que ella aprendiera para no tener que pelear únicamente con un maniquí.
—Vaya, yo creía que todos eran espadas.
—Pues no y cada uno tiene una técnica y una respectiva zona para atacar, por ejemplo: con el florete puedes tocar únicamente el torso, con el sable tocas el torso, brazos y careta, con la espada puedes tocar el cuerpo entero.
—Ahora ven, te voy a enseñar las poses, desplazamiento y ataques, ¿qué arma quieres?
—Mmm… creo que prefiero el florete, se ve más inofensivo que los demás.
—No te preocupes por mí, no creo que me lastimes.
—No lo digo por usted, lo digo por mí, he visto como decapita a los vampiros y no quisiera que mi cabeza saliera volando por los aires.
Integra se rió. —Ay Seras, sólo es un toque, no te voy a atravesar ni nada; bien, esta es la pose de guardia, separa un poco las piernas, gira el pie así de manera que quede en perpendicular con el otro formando un ángulo de 90°.
—¿Así?—. Hizo lo que le pidió su ama.
—Sí, así estás bien.
Integra le siguió mostrando otras poses y técnicas, Seras era una buena alumna aunque nunca le había enseñado esgrima a nadie, después tuvieron un pequeño combate en el cual Integra ganó.
—Ama usted es una muy buena maestra, es mejor que mi maestro Alucard enseñándome a disparar y eso que yo ya sabía al ser oficial de policía… ama, se me ocurre una cosa, ¿por qué no les enseña a los hijos de sus amigos los nobles esgrima y cobra por ello? Eso sería un buen negocio ¿no cree?
—No lo creo, ellos deben tener maestros profesionales que instruyan a sus hijos, además yo soy muy ruda no me gustaría que uno de esos niñitos delicaditos saliera llorando de aquí.
—Dígamelo a mí, si no fuera un vampiro ese ataque me hubiera dolido mucho, pero podría poner algo como: se admiten chicos de 18 años en adelante que no sean bebés llorones; y además ninguno de esos maestros tiene el prestigio de usted tiene: la noble que peleó valientemente en la guerra.
—No lo sé Seras, tengo que pensarlo, no quiero parecer desesperada por conseguir dinero.
Seras bufó. —Tenía que salir a relucir su orgullo.
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En la noche siguiente, Integra estaba nuevamente practicando con Seras cuando el mayordomo irrumpió en el lugar. —Sir Integra, tiene una llamada urgente, al parecer se trata de una misión para la organización.
Integra miró a Seras sorprendida. —Capitán Victoria, reúna a los soldados.
—Sí mi ama—. Se desapareció del lugar.
Integra corrió a su oficina. Efectivamente, un vampiro estaba causando destrozos en la ciudad, les dio a los soldados y a Seras las órdenes precisas y la ubicación del vampiro, ella se subió a su "nuevo" auto y manejó hacia allá, tenía que hablar con el comandante a cargo de la situación. Lo cierto es que tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para no mostrar una sonrisa de satisfacción, casi gritaba de júbilo, aunque se permitió una sonrisa de medio lado mientras manejaba.
Estaba de vuelta en el juego, volvía a hacer lo que más le encantaba hacer, vivía para ello, nada le era más satisfactorio que volarle la cabeza a un vampiro. La vedad es que, más que el dinero, lo que realmente le angustiaba era que los vampiros se hayan acabado por completo y que su misión ya no tuviera sentido, si eso pasaban podrían declarar a su organización como obsoleta, no le quitarían el titulo pero sí su derecho de ir a las reuniones o tomar decisiones en asuntos relativos al país.
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—Buenas noches yo soy Integra Hellsing…—. Se estaba presentando con el comandante pero este la interrumpió.
—¿Es de la organización Hellsing? ¿Es la Integra de la que todos hablan?
—Sí soy yo—. Dijo extrañada, le sorprendía no encontrarse con un patán que quisiera desprestigiar su trabajo.
—Pero pase por favor, ¿díganos que debemos hacer? tengo una orden de su majestad de hacer todo lo que usted diga.
La cosa cada vez más se ponía extraña, definitivamente no estaba acostumbrada a que la recibieran tan bien; les explicó la situación y lo que estarían haciendo sus hombres en estos momentos, mientras ellos la veían con total atención.
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Mientras tanto, los soldados disparaban contra los ghouls que se acercaban a ellos, estaban bien formados al parecer siguiendo indicaciones de algún vampiro líder. Seras se había apartado de los soldados para buscar a aquel vampiro. Cerró los ojos concentrándose en su tercer ojo, para dar con su objetivo.
—Está en aquella casa—. Abrió los ojos y corrió hasta la casa de color azul cielo con persianas blancas, era una linda casa, sintió lastima por sus ocupantes. El vampiro se encontraba en el segundo piso.
—Vaya me han enviado a los Hellsing—. Dijo el vampiro en cuanto Seras irrumpió en la habitación en la que se encontraba.
—Quién eres y quién te envía—. Preguntó determinante.
—¿A mí? no me envía nadie, yo me mando solo, soy un ser de la noche, ¡soy un completo Nosferatu!
Seras levantó la ceja con incredulidad. —Ahora entiendo por qué mi maestro se aburría con estas cosas. Tú sólo eres un don nadie bastante patético en mi opinión, no pareces ser nadie importante que tenga una misión o algo así, te eliminaré de una vez.
Le apuntó con un rifle, no había llevado su bazuca puesto que no lo creía necesario, ya sabía de antemano que sería un vampiro simplón. El vampiro saltó hacia ella velozmente y empujó el cañón al techo. Ella, con mayor velocidad, giró el rifle para golpearlo en la cara con la culata, debido a la fuerza del golpe calló al suelo y ahí ella le disparó a quemarropa.
El vampiro no se volvió cenizas como los vampiros normales si no que ardió en llamas. Cuando terminó de consumirse, Seras buscó entre las cenizas y encontró un chip. Afuera los soldados ya habían acabado con todos los ghouls y estaban limpiando la zona, así que llamó a su ama.
Integra se reunió con ella después de informarle al comandante que el peligro había sido eliminado.
—Ama mire, el vampiro tenía un chip, pero no era un soldado ni miembro del partido nazi.
—Debe ser uno de los que le hicieron un favor a los de Millennium y a cambio lo transformaron en vampiro, pues solía ser un funcionario público hasta que renunció. Me pregunto cuántos de estos hay por ahí afuera. Buen trabajo Seras, ahora volvamos a casa.
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—Wow ama, ya extrañaba tener una misión.
—Yo también, fue bueno volver al trabajo, mañana habrá una reunión, eso es seguro, así que iré a hacer mi informe.
—En seguida le llevo mi reporte.
—Bien, estaré en mi oficina.
Suspiró, amaba su trabajo, era su razón de ser, realmente esperaba con impaciencia la siguiente misión; sabía que era un pensamiento egoísta porque muchas personas salían dañadas pero no podía evitarlo, siempre había pensado de ese modo. La verdad es que casi se podría decir que compartía el mismo gusto que Alucard por la guerra, casi.
Recordó aquella pregunta indiscreta que el vampiro le había hecho al día siguiente de la masacre en Brasil. —¿Te excitó?—. Ese infeliz le había hecho sonrojar. Pero se lo había preguntado porque conocía de sobra que ella estaba tan emocionada como él. —Estúpido vampiro—. No podía creer que aun después de tanto tiempo se ruborizara con sólo recordarlo.
Pero sobre todo, no podía creer que estuviera pensando en ese maldito vampiro, era una tontería, ni que fuera alguien importante en su vida como Walter, que valía la pena recordarlo; pero él sólo era un sirviente, sólo el arma de Hellsing, un monstruo del infierno, no podía recordarlo como un amigo u otra cosa. Pensó que tal vez se debería a que pasó toda la tarde en su habitación, por eso los recuerdos de tiempos mejores llegaron a su mente, sí, eso debía de ser.
