Hey! Vengo con actualización!
Ah, no tengo mucho que decir, vamos empezando bien el año, así que a actualizar.
Había intentado hacer mis capítulos de 5k, pero me di cuenta que termino más rápido con 4k (excepto en "Tallada en mármol", esa actualización viene con 5k y tantas), así que, es probable que vuelva a los 4k ahora que iré a la universidad, para no dejarlos tanto tiempo sin actualizar. Muchas gracias por seguir la historia! Ahora, respondo reviews!
*Fujisaki Naoko: Yo espero que mi historia te siga gustando, muchas gracias por comenzar a leer, me parece que es la primera vez que te veo, así que bienvenid a la sección de reviews! Hay jugo, galletas y tomates en caso de que no te guste el capítulo ( ? Espero te guste el capítulo, y muchas gracias por esperar!
*You-chan: Hahaha creo que podrás ver que Kanan es un poco, muy, despistada cuando se trata de los sentimientos, pero ya la veremos poner los pies en la tierra. Hey! Sí, creo que no te había visto por aquí, muchas gracias por darme la oportunidad de contarte otra historia y muchas gracias por tu apoyo en mis fics, realmemente me anima mucho saber que hay gente que disfruta de lo que hago, así como yo disfruto escribiéndolo (aunque sufro con ustedes igual xD). Y bueno, ya verás cómo se desenvuelve todo, de momento, tendremos un nuevo problema acercándose!
*N0MBRE: ¿DiaMaru? Déjame decirte que tienes mucha cultura xD, aunque realmente a mi me gustan muchos ships, por eso escribo de todo lo que se me ocurre xD. Bueno, Chika necesita anteponerse a lo que esta cruel autora y la vida le están haciendo, aunque quizá falte aun para ese entonces, de momento, sólo puedo adelantarte que viene una gran catarsis, pero no por lo que pensarás al final de este capítulo. Muchas gracias por tu apoyo en mis historias! Espero te guste el capítulo de esta semana!
*SmileFace: Lamento que tuvieras que esperar otro poco para ver este capítulo, pero muchas gracias de verdad por aun seguir aquí, espero te guste el capítulo de esta semana!
Y bueno, sin más, me despido, ¡feliz año nuevo a todos!
"Avanza un paso... y retrocede dos"
Capítulo 8:
Encuentros inesperados.
Kanan.
Los días continuaron su curso y los meses pasaron. Dos meses, para ser exactos.
No había cambios importantes, realmente parecía que todo seguía igual, salvo por una sola cosa: La presencia de You en la vida de mi amiga. Desde aquel día en que Chika había llegado con cortes en el brazo, la peligrisácea no se había separado de ella, y esto comenzaba a molestarla un poco, podía verlo en su mirada. Chika nunca había sido el tipo de persona que estuviera acostumbrada a recibir atención y cariño con regularidad, así que ahora tenerlos de inmediato le resultaba abrumador e incómodo hasta cierto punto, eso, en sus palabras.
— ¿Qué puedo hacer?
— Antes no te hubieras preocupado tanto por eso.
— Bueno, antes… Estoy intentando mejorar mi forma de ser, um— elevó la vista al cielo. Ese día me había pedido pasar a mi casa antes de clases, pues quería hablar conmigo de lo que estaba ocurriendo con You —, ser un poco más… ¿amable? Podría decirse, y no quiero que You piense que no me agrada.
— Podrías decirle las cosas tal y como son, pedirle tu espacio, y así.
— ¿Y cómo hacerlo sin que se enoje?
— Bueno… no lo sé— rasqué mi nuca —. Sólo puedo aconsejarte que tienes que ser sincera, pero fuera de eso, no sé la forma en que puedas hacerle llegar tus sentimientos.
— Supongo… ¿crees que sea bueno que le cuente a Mari?
— Maldición, sí— suspiré —. ¿Cómo no se te ocurrió antes?
— Bueno, siempre sabes cómo actuar ante las situaciones.
— Eso es cierto, pero, cuando se trata de esas dos es un poco difícil, la verdad, es extraño tener alguien cercano aparte de ti, tú y yo, nos entendemos, de alguna forma, no hay necesidad de quebrarnos la cabeza para hablar si es que peleamos, así como antes.
— Es porque somos parecidas— Chika sonrió —. Pero entonces, supongo que tendré que llamar a Mari.
— ¿Ahora?
— Quiero decirle antes de que sea hora de irnos.
— Oh, bueno, iré a comprar dulces entonces.
— ¿No te había dejado por aquí Mari?
— Ya se los terminó.
— ¿Eh? Quiero decir, sabía que venía seguido, pero, ¿tanto así?
— No has visto mi closet.
— ¿Eh?
— A veces se queda a dormir, pero ha dicho que se siente más cómoda con sus pijamas habituales que con una simple playera y un short.
— Parece que vive aquí.
— Incluso me ha hecho comprar jugo de uva, no permite que el refrigerador se vacíe, aunque la mayoría de la comida es de esas cosas extrañas que ella come y ni bien llega, me reprende por no ordenar antes de irme— sonreí, recordando los pucheros que hacía mientras intentaba regañarme.
— Kanan— mi amiga me miró fijamente, parecía pensativa —, ¿no crees que Mari…? Um…
— Mari… ¿qué cosa?
— ¿No crees que se ha pegado mucho a ti?
— ¿Qué quieres decir?
— Bueno, prácticamente vive aquí, las pocas veces que he venido la encuentro en tu departamento, excepto hoy, y creo que es la segunda de muchas que te encuentro sola.
— Supongo que le gusta estar aquí.
— No será que— los ojos de Chika brillaron con incertidumbre —… ¿tiene problemas en su casa?
— ¿Problemas?
— Ya sabes, incluso yo, a veces deseo quedarme con mis abuelos o contigo cuando mi madre se pone difícil.
— Mari no parece del tipo de persona que tenga problemas… Al menos no que me haya contado.
— Sería bueno que le preguntaras, si yo lo hago, tengo la ligera sospecha de que no me lo diría, yo haría eso si supiera que alguien tiene problemas, no me gusta poner más carga innecesaria.
— Bueno, sabes que conmigo no tienes que hacer eso, te conozco, y prefiero saber lo que te pasa a sólo suponer.
— Lo sé…
— Entonces, ¿vas a hablarle?
— Sí, pero te acompaño por los dulces.
— Si quieres algo, puedes pedírmelo.
— No, sólo quiero ayudarte… aunque sí, quisiera ver si hay gomitas o algo por ahí.
— Vale, entonces vamos.
— Oh honey— Mari tomó las mejillas de Chika y las estiró ligeramente —, coincido con Kanan, simplemente tienes que ser sincera, aunque debes tener tacto.
— ¿Y cómo es eso?
— Quizá es un mal ejemplo, pero, ¿recuerdas cuando me contaste acerca de cómo intentas medir tus palabras con tu madre? Es algo más o menos igual.
— Entonces podría ser algo como: "Quiero mi espacio, no es que te quiera lejos, simplemente deseo estar sola un rato"
— You can do it better, no seas tan propia, puede que hieras algo más que su preocupación si no usas las palabras correctas.
— Qué complicado— suspiró.
Yo me recosté en mi cama, esperando a que Mari y Chika terminaran sus clases. Aún era extraño mirar a Mari poniendo tanta atención en mi amiga, de alguna forma me sentía hecha a un lado y no me gustaba; pero tampoco me gustaba saberme tan infantil como para tener celos de que dos de mis amigas se acercaran, así que no decía nada, ninguna de las veces que llegué a sentirme de esa manera. Yo no soy del tipo de persona que ves y te provoca ternura a pesar de parecer dura, así como Chika cuando está tranquila. Soy de ese tipo de persona en la que sientes que puedes recargarte y cubrirte, y aunque yo también deseo ser protegida y mimada de vez en cuando, no puedo ser honesta con ese sentimiento, menos si es a raíz de algo tan egoísta como lo que estoy sintiendo en este momento al mirarlas reír, o al ver a Mari revolviendo el cabello de mi pequeña Chika, mientras ésta hace un mohín.
Sin embargo, seguía doliendo de alguna manera.
— Falta cerca de una hora para que tengamos que irnos, ¿no quieren algo de la tienda?
— No, yo no… ¿y tú? — preguntó Chika, mirando a Mari.
Yo también quería preguntarle a Mari…
Pero esperé su respuesta.
En serio que… soy una niña que parece celosa de que le quiten a su mejor amiga. Quiero decir, la rubia me ha ayudado tanto, de alguna manera me ha dado fuerza para soportar los ataques de mi madre, aunque después, ella misma pierda el control y termine peleando con mi progenitora de religión y biología. Mari se había convertido en una amiga muy importante para mí, así que era normal que no quisiera perderla; y, aun así, era algo que no me gustaba sentir.
— I'm ok, te esperamos— me sonrió.
— Sí, ahora vuelvo— salí de la casa. Esperaba que Mari dijera que quería acompañarme, pero claro que no iba a pasar, en ese momento se trataba de ayudar a Chika.
Salir a comprar algo era una excusa, realmente sólo quería despejar mi mente de todo lo que estaba ocurriendo en mi corazón.
— ¡Deténganlo! — escuché a la distancia — ¡Prelude, te ordeno… regresar aquí en este momento!
Levanté la vista para enfocar a la persona que gritaba, una chica de cabello azulado corría tras un gracioso pug. Abrí mis brazos y piernas para bloquearle el paso, y una vez que lo vi lo suficientemente cerca, me lancé a por él; no logré capturarlo, pero sujeté la correa con fuerza, deteniendo su carrera.
— Cielos, eres un pequeño ágil— dije mientras lo jalaba y esperaba a que su dueña recuperara el aliento.
— Gra…cias… por— inhaló con fuerza —… detenerlo… Little demon.
— ¿De nada? — ¿Demon qué?
— ¡Prelude! — se agachó y tomó al perro por los costados — Riri va a estar muy enojada cuando sepa que te escapaste así— podría jurar que escuché un gemido ahogado de parte del perro, pero decidí dejarlo pasar. La peliazulada finalmente me miró con una sonrisa, una sonrisa que desapareció y fue reemplazada por un semblante de incredulidad — ¿Kanan? ¿Matsuura Kanan?
— ¿Nos conocemos? — enarqué una ceja.
— Sí, bueno, yo te conozco, dudo que tú conozcas al gran ángel caído Yohane.
— ¿Yohane?
— Conoces a mi novia, Rir… Riko.
— Ah— "se llama Yoshiko, y es algo… peculiar" — ¡Ah! — el recuerdo abordó mi mente — Eres Yoshiko.
— ¡Yohane! — me miró con molestia.
— Estoy bastante segura de que Riko dijo que tu nombre era Yoshiko.
— ¡No! Bueno… lo es, sólo el nombre de esta representación— hizo una pose extraña con la mano mientras su voz se tornaba grave —. Estás ante el gran ángel caído Yohane.
Riko… creo que tu novia se pasa un poco, mucho, de la definición común de "peculiar".
— Un… gusto… soy Kanan.
— Lo sé— extendió su mano, y me di cuenta de que aún tenía la correa del perro. Se la devolví con premura —. ¿Ibas a algún lugar?
— Um, no realmente, sólo quería tiempo para pensar.
— Oh, bueno, Riko fue a comprar un par de botellas de agua, ¿quieres saludarla?
— Eh… pero… es tu novia.
— ¿Y eso es un impedimento para que la saludes o algo así?
— N-No pero… ella y yo…
— Sé lo que hubo entre ustedes dos— me dijo, su voz ahora sólo era seriedad —. ¿Y eso te niega de alguna forma el que puedas hablarle? Pensé que habían quedado bien aquel día.
— Bueno, sí…
— A menos que no quieras, si es así, entonces no pretendo llevarte a rastras.
— No, no es eso, sólo que yo… le hice mucho daño en su momento y, pienso que puedes estar molesta…
— Bueno, ella ya ha dejado eso en el pasado, ¿por qué debería yo traerlo al presente entonces?
— No lo sé…
— Eres extraña— me miró fijamente —, ¿tienes algo?
— ¿Eh?
— En este momento tienes cara de que te ha pasado una manada de cerberos por encima.
— Ah… yo… supongo que sí.
— Puedes hablar de ello conmigo si quieres, no revelo nada que mis little demons me confíen.
— Eh…. Prefiero que no— desvié la mirada —… pero gracias por preocuparte.
— Sí— dejó al perro que parecía llamarse "prelude" en el suelo, y comenzó a caminar —, ¿vienes?
Comencé a caminar a su lado, la miré con atención. Era una chica hermosa, aunque esa extraña personalidad le daba un toque de carisma y cierta paz al estar cerca de ella, también, pensando en sus palabras, parecía ser una chica madura y paciente, me alegré infinitamente de que una persona así estuviera a lado de Riko, no alguien como yo, alguien que era todo lo contrario de esa persona que ahora caminaba a mi lado, con una expresión serena y calmada. Esos sentimientos eran reales en ella, o al menos eso parecía, en cambio en mí, sólo eran una barrera para ocultar que realmente no tengo idea de lo que hago.
— ¿Kanan? ¡Qué sorpresa! ¿Cómo estás?
— Bien— sonreí—, ¿cómo estás tú?
— Muy bien, ya que estos días no has respondido mis mensajes, pensé que algo te había ocurrido.
— No— rasqué mi nuca —, he estado un poco ocupada, es todo.
— Lo entiendo— se acercó a Yoshiko y le dio una botella de agua —. Si venían juntas creo que ya han de saber sus nombres, pero, aun así, permítanme presentarlas— Riko tomó la mano de su novia y me miró con una sonrisa radiante —. Ella es Yoshiko Tsushima, mi novia, y ella, Yochan, es Kanan Matsuura, una vieja amiga.
¿Vieja amiga?
Bueno, sí, éramos amigas, y siempre lo fuimos, pues juramos que no importaba lo que ocurriera, siempre íbamos a mantener nuestra amistad, y Riko estaba honrando esa promesa; sonreí ante el recuerdo de aquel día lluvioso.
Yo me había confesado a Riko, temiendo que nuestra amistad terminara, e incluso se lo dije mientras me confesaba: le dije que sabía que después de decirle eso, ya no iba a querer ser mi amiga, pero que ya no podía guardar silencio mientras cada día mis ojos la seguían como si fuera la única luz en mi mundo. Y así era, ella era esa luz que necesitaba para seguir adelante, usaba la fortaleza que me daba para sacar a Chika del hoyo donde la había encontrado. A pesar de eso, no había sido lo suficientemente fuerte para cambiar completamente, y ahí estaba yo, tantos años después de nuestra relación, en el mismo camino de miedo e incertidumbre.
— Kanan… ¿Está todo bien? — me preguntó Riko, mientras me miraba con la preocupación dibujada en su rostro.
— Eh… Sí, lo está.
— ¿Estás segura?
— Yo… bueno…
— ¿Quieres hablar? — los ojos color miel de Riko buscaron tranquilizarme, lográndolo con cierta facilidad, ella siempre había podido ver a través de mí, después de todo.
— Eso creo— susurré.
— Iré a pasear a Prelude un rato más, llámame, Riri.
— Sí, ve con cuidado Yochan— besó su mejilla y la despidió.
— Un placer, Kanan— me dedicó una sonrisa.
— Igualmente, Yosh… Yohane— devolví el gesto. Ella infló el pecho con orgullo y se alejó.
— ¿Y bien? — Riko me invitó a sentarme en una de las jardineras de la plazuela, y yo accedí. Junté las manos sobre mis rodillas y suspiré con pesadez.
— Creo que… soy una idiota.
— ¿Por qué?
— Tengo una amiga… se llama Mari…
Chika.
— You… ¿podemos hablar?
— ¿Eh? ¿De qué?
— Es algo importante, tengo que decírtelo…
You me miró con un atisbo de miedo en su mirada, me extrañé, pero no dije nada, quizá ella ya sabía de qué era lo que quería platicar.
— No puedo ahora.
— Por favor, será rápido, no es nada malo.
— Lo sé...
— Por favor, necesito decírtelo lo más pronto posible.
Desvió su mirada al suelo, después miró a la puerta, parecía abochornada.
— Sí, salgamos al kiosko— me dijo mientras me tomaba del brazo y me llevaba al lugar.
Durante esos meses, You había sido un tanto encimosa conmigo, y no era que no me gustara, simplemente a veces era demasiado para mi amargado ser; mis hermanas eran empalagosas conmigo también cuando venían a casa; Mito me abrazaba por las noches como si su vida dependiera de ello, y Shima solía abrazarme de repente mientras hacía comida, sin embargo, que alguien que no tenía mucho tiempo de conocer, se me pegara en esa medida era… demasiado pronto.
Mi relación con You era buena, y yo había podido sacudirme un poco la pena y el recelo que tenía con ella y con Mari, me animaba a abrazarlas de repente o a comprarles algo en la cafetería si las veía con antojo de alguna cosa, aunque en lo último, Mari era quien lo hacía por mí, y siempre me compraba una paleta de chile y sandía, pero con You, me gustaba darle dulces, le gustaban mucho unos chocolates con relleno de avellana, así que casi siempre que podía le compraba un pequeño paquete. Incluso había intentado decirle que la quería, casi tanto como ella me lo decía a mí, pero esas eran palabras fuertes, aun si no era un "te quiero" romántico, era difícil, o más bien, yo lo hacía difícil, de nuevo, mi amargado ser no podía avanzar tan rápido en un par de meses, en cada intento fallido ella parecía decepcionada, eso era desalentador, pero no podía rendirme. Por mi bien, por el de mis personas importantes. En el poco tiempo que había podido conocerla, debía decir que era una chica asombrosa, era inteligente, paciente, divertida, talentosa, con una manía singular por los aparatos electrónicos y la medicina moderna, no paraba de hablar, pero eso no me molestaba, me gustaba escuchar sus historias, lo que investigaba acerca de los viajes astrales y las artes cósmicas, junto a todo lo que había vivido con sus padres en Rusia, el tiempo que habían vivido allá. Tenía una hermana, sus padres estaban separados, pero aún se llevaba bastante bien con ellos, los quería más que a ella misma, o al menos, eso me había dicho. Y por ese corazón amable y amoroso, incluso con alguien que acababa de conocer, era que tenía miedo de que mis palabras la hicieran sentir mal, pero haría mi mejor esfuerzo.
Una vez que llegamos, ella se sentó a mi lado y me sonrió de una manera extraña, parecía una madre preocupada por su hija.
— You… um… Quiero decirte algo, pero… ¿prometes entenderme? Sabes que me cuesta decir las cosas de forma que alguien me entienda, alguien que no sea Kanan, he intentado decírtelo de una buena manera, pero no hallaba palabras, aun no sé si lo hice, pero… por favor… no pienses que…
— ¿Me vas a confesar tus sentimientos?
— ¿Eh? Bueno, sí, es acerca de cómo me siento contigo.
— No lo hagas…
— …. ¿Eh?
— Está bien, Chika, yo lo sé, sé que te gusto, aunque… bueno, lo siento… tú también me atraes mucho, desde el primer día que te vi, y ha sido genial conocerte en este tiempo, aunque aún no me cuentes mucho de ti, pero yo… no puedo. No me mal entiendas, no es por mí… si fuera por mí…— me dijo mientas suspiraba pesadamente, pero yo no estaba entendiendo nada.
— ¿Te atraigo?
— Sí…
— Oh— me recargué en la barda de madera y miré al infinito. No era de eso de lo que quería hablar, ¿cuándo era que habíamos pasado de una conversación tranquila a una confesión?
— Lo siento…
— Eh… No te preocupes— pasé mi mano por mi mejilla —. Aunque… creo que esto va a ser un poco incómodo.
— Bueno, no tenemos por qué dejar de ser amigas, incluso si nos gustamos.
— No, no es eso— suspiré —. Yo… no venía a hablarte de eso, simplemente quería pedirte un poco de espacio, ya sabes… Um, yo soy… yo no suelo ser muy afectiva con las personas que apenas conozco, mucho menos me siento cómoda recibiendo tanto cariño… ¡Ah! Pero no es que estés mal, simplemente que todo esto es nuevo para mí, ni Kanan ni yo somos tan…. Efusivas, así que es la primera vez que alguien como tú se acerca a mí… Y quería explicarte esto para pedirte que… bueno, no te preocupes tanto, me voy a cuidar, y daré lo mejor que tengo y más para no volver a quebrarme, pero necesito mi tiempo a solas de vez en cuando, esté bien o mal, me siento cómoda pensando las cosas con detenimiento, pero agradezco que te preocupes por mí, en serio, eres genial— sonreí, pero al ver sus ojos llorosos, recordé cómo había comenzado todo eso —. Y… lo siento… nunca había pensado en ti de esa forma… yo… no tenía ni idea…
— Eres muy densa— rió mientras pasaba sus manos por sus mejillas, limpiando sus lágrimas —. Incluso Mari me había preguntado si era que me gustabas.
— ¿Mari?
— Sí… Aquél día que pasó todo eso— señaló mi brazo, lo tomó y levantó la manga de la chamarra que llevaba, pasó sus dedos por las marcas que comenzaban a sanar, parecía que me revisaba, sus dedos se sentían fríos, a pesar de lo roja que estaba su cara—. Mari me preguntó si tú me gustabas, me decía que el sonrojo en mi cara era evidente, me ha sorprendido muchas veces mirándote y entonces… me guiña un ojo… Yo no le he confirmado nada, pero creo que no hace falta… Pensé que si ella lo sabía… tú igual…
— Pues… la verdad no…— ¿sonrojos? ¿miradas? ¿cuándo había ocurrido todo eso? Lo que es más… ¿desde el comienzo? Es decir… ¿desde que nos sentamos juntas aquel día? Era demasiada información para mi cerebro, que apenas estaba buscando una respuesta a esas lágrimas que brotaban de sus ojos — Lo siento…
— ¿Por qué te disculpas?
— Yo… no lo sé…
— Serás— sonrió y me abrazó con fuerza —… Chika… no me hagas a un lado, me preocupo por ti… y no quiero estar lejos de ti…
— Yo… yo no te pido que nunca más me hables, sólo que, bueno, no puedo estar pegada al celular todo el día… y tampoco me siento tan cómoda con alguien que esté pendiente de mí, y creo que también eso a ti podría quitarte tiempo de tu día.
— Tonta— me dio un pequeño golpe con su palma abierta —…Tal vez he pasado un poco la línea— la escuché reír —. ¿Puedo pedirte algo más…?
— Dime.
— Olvida lo que te he dicho hoy, acerca de cómo me siento contigo…
"… por favor…".
Dijo eso y después pasamos los siguientes quince minutos abrazadas. No respondí, y ella tampoco me pidió una respuesta, simplemente la rodeé con mis brazos aún más fuerte, intentando encontrar algo que decir en la luz de un farol fuera del solitario kiosko.
Todo el camino de regreso a mi casa me sumí en una nube de pensamientos extraños. Yo… ¿Yo? ¿Cómo era posible que le gustara a You? Lo que es más… ¿por qué Mari no me había dicho nada de eso? Aunque… quizá debí haberlo pensado, pero… ¿en qué jodido momento? Soy un desastre para el amor, y las novias que llegué a tener nunca fueron algo realmente importante para mí. ¿Por qué una persona como yo podía gustarle a alguien tan bueno como You?
Yo… era una basura de persona…
Y el hecho de que You no me gustara de esa manera, aun con lo encantadora que era, dejaba ver claro que la luz no se mezcla con la oscuridad. Yo no tenía derecho a algo así.
El sonido de mi celular hizo eco en el autobús vacío, lo tomé y miré el número que me marcaba, era mi hermana.
— Hey, ¿qué haces pequ…?
— ¡Chika! — el sonido de su voz desgarrándose al decir mi nombre hizo que mis rodillas temblaran y mi corazón se acelerara.
— ¿Shima? ¿Qué ocurre?
— Ven… ven… por favor…
— ¿Qué es lo que ocurre?
— Ven conmigo— me pidió, de fondo, pude escuchar la voz de mi abuelo, gritando algo que no alcancé a escuchar del todo, cuando mi hermana colgó la llamada.
— ¡Shima! — mi voz se ahogó. Me puse de pie y pagué mi pasaje, bajé del microbús, sin esperarme a que se detuviera por completo en la parada, y regresé mis pasos al otro lado de la calle para esperar el microbús que me pusiera en camino a casa de mis abuelos.
Intenté llamar de nuevo a Shima, pero ella no me respondía, entonces mandé un mensaje a mi madre, recibiendo su llamada poco después.
— ¿Qué pasó hija? me preguntó, yo estaba subiendo en el microbús y tomando mi asiento.
— No lo sé, Shima ya no me responde.
— ¿Has probado con Mito? Intenté llamarles a tus abuelos a su número de casa, pero no tengo respuesta.
— No le he llamado, estaba por hacerlo ahora.
— Bueno, a mí me faltan algunas joyas que recoger aun, cuando termine el inventario voy para allá.
— Vale ma, nos vemos allá.
— Con cuidado, Chika.
— Tú igual.
La llamada terminó e intenté contactar a mi otra hermana, nada, sonaba y sonaba, pero al final terminaba enviándome al buzón de voz.
Las ansias me comían el alma mientras miraba las casas y edificios pasar por la ventana, iluminados de las luces que traía la noche a la ciudad. Las estrellas no eran visibles, pero la luna brillaba en cuarto menguante, yo siempre he amado la luna, pero en ese momento, no podía tranquilizarme mirándola, mis hermanas no me contestaban y una de ellas estaba realmente mal.
El estómago se me revolvió cuando pensé en que mis abuelos podrían haberle hecho algo.
Mis abuelos… Ellos son como mis padres, pues prácticamente fueron quienes nos criaron cuando éramos pequeñas, los quería más que a mí, eran las personas más bondadosas y tiernas que pudieras conocer, pero también eran mi verdad más dura, esa que me hizo quebrarme un poco más en aquel tiempo. Tan tiernos y bondadosos como eran, también la codicia y la cobardía formaban parte de ellos, y podían llegar a mentir a tal punto en que, si ellos quedaban bien, entonces podían hacer mierda a quien fuera, aunque fuera alguien de su familia. Hipocresía, le llaman también.
Mientras me acercaba al portón verde, en aquella calle donde corrí tantas veces, huyendo de mi padre, jugando con mis hermanos, platicando con alguna amiga, cuidando con la pandilla en la que alguna vez estuve metida, mi corazón se sentía cada vez más ansioso, así que lo hice, corrí hasta la entrada y toqué con insistencia.
— ¿Quién es? — preguntó la voz de mi abuelo.
— Chika.
— ¿Chika? — el hombre abrió, la sorpresa estaba presente en sus ojos — ¿Qué haces aquí tan tarde? ¿Pasó algo con tu madre?
— ¿Pasó algo con mis hermanas?
Su labio inferior tembló.
— No.
— Pasaré a verlas.
— Chika…
— Abuelo, tantas veces me has dicho que esta será siempre mi casa, ¿puedo entrar en mi casa, o no?
El hombre de cabello negro y ojos color rojizos suspiró y se hizo a un lado.
— Chika— me llamó antes de que cruzara la puerta de entrada. Sus ojos se mantuvieron en mí, podía sentir algo extraño, pero seguí mi camino para subir, sin embargo, la sombra de alguien, alguien que no creí ver pronto me hizo detenerme.
Me quedé en el portal de la entrada al comedor, y ahí, comiendo con una señora de rostro orondo y moreno claro, junto a dos niñas de edad similar a mis hermanas, estaba mi padre, quien parecía estar igual de sorprendido de verme ahí.
Bajó la mirada, restándome importancia, yo decidí imitarlo y subir a las habitaciones de mis hermanas. Toqué la puerta del cuarto de Shima, pues parecía cerrada con seguro.
— Shima, soy yo, ¿qué pasa?
Mi hermana abrió la puerta, podía ver las lágrimas caer aun por sus mejillas, Mito estaba con ella.
Me abrazaron ambas, Shima llorando, y Mito simplemente con la cabeza agachada, sus sollozos eran suficientes para romperme el alma, pero no podía llorar, no frente a ellas, debían verme fuerte para serlo igualmente. Les di un beso en la cabeza y las consolé un momento. Una vez que se calmaron, les pedí esperarme en su habitación hasta que mi madre llegara, yo tenía que hablar con mi abuelo, no estaba entendiendo nada.
Al doblar por el pasillo que me llevaría a las escaleras, me encontré a mi padre, recargado en la pared, parecía esperarme.
— Chika.
— Padre…
Se puso frente a mí y fijó sus ojos rojizos en los míos, como si estuviera analizándome y buscando a aquella niña miedosa que había visto irse, aterrorizada de su potestad. Sostuve ese contacto hostil con la cabeza en alto, yo no era más esa chica, al menos no en el exterior, así como él no era el hombre del que tantas personas abusaron, al menos no en el exterior. Su expresión, estoica e inexpresiva que buscaba no darte salida, su forma de pararse, imponiendo su autoridad y preparándose para cualquier cosa, su respiración acompasada, que señalaba la cautela que usaba para pensar el siguiente movimiento, incluso si no sabía lo que iba a hacer, su mirada… tan vacía y dura, esos ojos rojizos oscuros que te repelían si intentabas ver dentro de ellos.
Él… a quien me parecía tanto.
