Y a grito de guerra comienzo:¡Yo soy español español!, ¡Yo soy español, español, español…! (( no lo he podido evitar ¡SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO ! ))


Disclaimer: Los personajes le pertenecen a S. Meyer; la trama es mía.


¿Qué es belleza?

Capítulo 8: Tiempo juntos I

Después de llevar casi cinco horas estudiando pasadas las doce decidí dejarlo para darme una rápida ducha y arreglarme para encontrarme con Edward.

Aunque había odiado madrugar ahora estaba feliz por ello, de esta forma mi sábado estaba despejado y podía vaguear sin remordimientos por lo que restaba de día, el domingo… el domingo ya sería otro cantar.

Cinco minutos antes de la una sonó el timbre y sin lugar a dudas sabía de quién se trataba. No me molesté en esperar a que Rose abriese la puerta, en lo que llevaba de día no la había escuchado moverse así que suponía que estaba durmiendo.

Con ciertas dosis de nerviosismo abría la puerta para encontrarme con un muy contento Edward.

-Hola, ¿qué te digo: buenos días o buenas tardes?- vaya el chico tenía hoy el día gracioso.

-Creo que mejor buenas tardes, son muchas las horas ya que llevo activa- y me imaginaba que él también dado lo que me había contado la noche anterior, era extraño hablar de esa forma con una persona que tenías al alcance de la mano. Por el ordenador todo fluía más fácilmente entre nosotros.

-¿estás lista para irnos?- por raro que pareciese no había entrado aún en casa, me suponía que era debido a sus prisas, ¿habría quedado con alguien? Se suponía que íbamos a comer juntos en un italiano pero no me extrañaría si ahora me dijese que no, bien porque no le apeteciese o porque tuviese un plan mejor.

-Cojo el bolso y nos vamos- dije mientras me volvía hacia el salón para recoger del suelo mi sencillo bolso.

-¿sabes que esa es una de las frases más típicas de una mujer?- dijo mientras se asomaba por la puerta pero sin entrar todavía.

-¿a sí? ¿ te sabes más?

-Ahí vamos: "en cinco minutos estoy lista" y luego tardan media hora o "tranquilo, no te preocupes, déjalo así", esto es malo, significa que las has liado y que está enfadada así que te tienes que ingeniar algo para arreglarlo pero tiene que ser bueno porque a esas alturas la cosa ya está mal- dijo con tono jocoso.

-¿sabes que no me esperaba eso de ti? has recurrido a los tópicos más machitas- cerré la puerta y me voltee a verle la cara. Parecía divertido y la verdad es que el tema lo era, digo, no es lo típico que le dices a alguien que viene a tu casa.

-Es lo que hay y me dejo más en el tintero: el típico "da igual " o el recurrido " ahhh…".

-¿sabes que los hombres tenéis también vuestra dosis de estupideces de tal tipo?-estaba intentando reunir las más claras y a poder ser las que le dejasen peor parado como representante del género masculino en ese momento.

-Ilumíname-se le notaba ansioso mientras esperaba mi respuesta.

-Lo típico que utilizan para ligar: "'yo te conozco de algún lado", no puede estar más pasado de moda, a mí me dicen eso y de un salto me aparto de él.

-¡Por Dios! Eso ya no lo dice nadie …- parecía exasperado.

-¿estás seguro?

Como él no contestó yo interpreté su silencio como un punto a mi favor.

-Prosigamos. Otro de los topicazos: " Yo no quería pero los chicos me obligaron", aquí la lías doblemente porque no reconoces tu error y dejas ver que tus amigos te comen el coco, no asumes tu responsabilidad.

Por sus gestos veía que tenía ganas de rechistar pero no le di la oportunidad.

-Y como réplica a una de las tuyas, los hombres siempre preguntan: "¿ Cuánto tiempo vas a tardar en arreglarte? Ya van por mal camino porque están exigiendo y no preguntando.

-¿me parece que tú has visto demasiadas películas, no?- y la verdad era que sí porque si era por mi propia experiencia tenía poco que contar, pero bueno la televisión era hoy en día y pese a quien le pese una fuente de información, información a veces correcta y otras falsa.

-Pues tú no te quedas atrás- dije mientras compartíamos risas.

Sin darme cuenta habíamos atravesado el vacío campus hasta llegar a reprografía, el tiempo había pasado volando y había sido del todo placentero poder mantener una conversación así con él, sobre algo tan trivial, fuera de todo lo relacionado conmigo misma, estaba un poco cansada de ese tipo de charlas, no así Rose que parecía motivarse con ellas y no paraba de molestarme con ello.

Edward y yo pasamos a uno de los ordenadores del local para terminar la portada que era perfecta para mí, sencilla y sin muchos artificios pero sin resultar pobre ni demasiado austera.

Estuvimos allí cerca de un cuarto de hora, en parte por culpa de la lentitud de las dependientas de parecían ir a cámara lenta.

Cuando todo estuvo terminado y yo pensé que nos dirigíamos a casa Edward me sorprendió llevándome hacia su coche.

-¿Por qué no vamos a una de nuestras habitaciones a dejar esto?-al final habíamos imprimido el trabajo tres veces, en color para el profesor y en blanco y negro para casa uno de nosotros.

-Como nos encontremos a alguno de mis hermanos o a sus parejas se nos van a acoplar-me dijo como si fuese algo evidente. Pero yo no lograba ver su punto.

-¿y qué tendría de malo?- no es como si yo me fuese a poner a tocar las palmas porque ellos viniesen, me ponían nerviosa, pero tampoco era mi intención crear una brecha entre ellos. Y quizás, sólo quizás, si ellos estuviesen aquí no tendría que estar preocupada por llenar cada uno de los minutos con algún tema de conversación y Edward tampoco centraría toda su atención en mí.

-Nada en especial… sólo que no me apetece que nos acompañen hoy, ya vamos a estar con ellos por la noche- tardó en darme la respuesta y de alguna manera no quedé del todo a gusto con ella pero lo dejé pasar, él tendría sus razones y si no las quería compartir conmigo no pasaba nada, siempre y cuando, por supuesto, no me afectasen.

El camino al restaurante transcurrió en su mayor parte en silencio, no sabía que decir y me sentía presionada así que opté por bajar mi ventanilla y disfrutar de la cálida brisa que me acariciaba el rostro y me alborotaba el pelo. uno de mis vicios, por así llamarlo, era pasear en coche e ir admirando las calles, el paisaje, la gente… era algo que normalmente no podía hacer ya que no podía conducir y admirar mi alrededor a la vez y además no tenía con quién ir, hasta ahora.

Me fijé en las calles, atestadas de gente a estas horas. Veía de todo, niños, adultos, viejos… y cada uno de ellos distinto al otro, no había ninguno igual y cada uno parecía ir a lo suyo.

Me gustó que Edward no rompiese el silencio, que si bien al principio era incómodo, luego se fue destensando a medida que yo estaba relajada lo que me llevó a darme cuenta de que yo era la fuente de origen de tal incomodidad, al estar nerviosa estaba imbuyendo al ambiente de esa atmósfera de incomodidad que no tendría porqué existir.

Como iba distraída no me di cuenta de que habíamos llegado al restaurante hasta que noté que Edward se bajaba del coche y se apresuraba a abrir mi puerta, cosa que me sorprendió, la gente de este siglo no abre la puerta a las mujeres; desgraciadamente y a pesar de todas las buenas cosas que los últimos tiempos habían traído, con ellos se habían perdido parte de esos gestos cariñosos y educados.

Edward me tendió la mano para ayudarme a salir y durante unos breves instantes me debatí entre si cogerla o no. Finalmente decidí aceptar su ayuda. Con un apretón fuerte me ayudó a salir y el rubor cubrió mis mejillas, ¿cuándo nuestro toque había sido tan íntimo? Podía sentir como sus dedos, cálidos y suaves, abrazaban los míos y como me transmitían sentimientos contrarios, por un lado, quería separarme de él antes de que debido al nerviosismo mis manos comenzasen a sudar y por otro lado, quería permanecer unida a él aunque fuese de esa forma.

Nunca había sido una persona de contacto físico, era algo que detestaba en algunos momentos, tal era el caso que hasta encontraba dificultades para besar a mis padres. Era algo que no me salía de forma natural, lo hacía de forma forzada y se me veía torpe en ello.

Era una persona rara.

El contacto corporal es una de las necesidades básicas del ser humano, indispensable para nuestra supervivencia. El bebe requiere "sentirse tocado", esa protección se la brindan los padres quienes serán sus figuras de apego y en base a las que se establecerán relaciones futuras.

Yo me había criado como la mayoría de los niños, había tenido una infancia feliz, mis padres me habían querido y me habían dado lo que necesitaba, entonces ¿ qué estaba mal conmigo?, ¿por qué ahora no me relacionaba con la gente si había contado con figuras de apego a lo largo de mi vida?

Fue en la adolescencia donde algo se truncó, fueron los kilos de más los que me llevaron a esta situación de aislamiento. Antes no lo había reconocido pero en las múltiples charlas que había tenido con Rose, quien se había erigido como mi psicoanalista personal, me había dado cuenta de ello.

-¿te has dado cuenta alguna ve de lo sensible que eres ante cualquier toque?.- me comentó Rose después de que ella me agarrase por la cintura.

-Puede ser…- últimamente repetíamos la tónica de siempre, ella sacaba el tema, yo me hacía la despistada, cosa que no funcionaba, y al final acabábamos hablando del asunto.

-Casi podría decir que saltas cuando te tocan. ¿Alguna vez has estado con un chico?- parecía medir muy bien sus palabras quizás esperaba uno de mis arranques de mal genio.

-¿cómo que estar con un chico?.- que hubiésemos roto muchas barreras entre nosotras no significaba que fuese a hablar de sexo con ella., ni mucho menos.

-Besarte, tener novio… ya sabes

-Nunca he tenido novio- contesté incómoda, ¿ qué la importaba eso a ella?

-Pero eso no significa que nunca te hayan besado…- dijo dejando el tema en el aire y pasándome a mí la bola para que hablase, porque otra de las manías que había adoptado mi rubia amiga era la de hacerme hablar, sobre todo de mí misma, según ella era bueno que me expresase y que aprendiese a expresar lo que sentía con las palabras y no aislándome del mundo. Sospechaba que se estaba leyendo alguno de esos libros que hay en las cajas de supermercado de autoayuda.

-Sí, me han besado si es lo que tanto te interesa.- no pensaba contarle más sobre aquel tema.

-¿Cuándo?- la daba igual ver que no me apetecía contarle nada.

-¿acaso importa?- murmuré molesta.

-¿fue hace mucho?- sólo la iba a contestar a esa pregunta.

-Cuando tenía quince años, ¿ te sirve?

No guardaba buenos recuerdos de aquella cosa, es más odiaba aquel momento. Le había dado un beso a un chico que ni siquiera me gustaba y sólo lo había hecho presionada por mi amiga Emily.

Qué inocente y estúpida había sido entonces, en la desesperada por encajar había regalado mi primer beso a un estúpido chico… aún recuerdo el asco que sentí cuento su repugnante lengua intentó penetrar en mi boca… salí huyendo de allí…

Lo que más me dolía era saber que me había dejado manipular y que había seguido al rebaño.

Intentaba no pensar nunca en este hecho con la vana ilusión de que mi memoria lo diese por perdido y que llegase el día en que no lo recordase, pero parecía algo imposible.

-Claro que me sirve Bella. Ese beso significa que en algún momento de tu vida has permitido a alguien que se acercase y por lo tanto puedes volver a hacerlo.

¿Quién se iba a acercar a mí? Y menos con tales intenciones… es más, yo no deseaba que nadie se me acercase con esas intenciones, no lo necesitaba, no lo quería y no lo echaba de menos, y dudaba de que alguna vez lo hiciera.

-Gracias- le dije a Edward mientras soltaba su mano. Los primeros rastros de sudor nervioso estaban apareciendo en escena y no quería que él se diese cuenta de este hecho.

Nos sentamos en una de las mesas de las ventanas, con una bonita vista a uno de los parques infantiles que rodeaban el lugar.

Un simpático camarero, ya entrado en años, nos atendió y dado que yo no conocía el lugar le pedí que me recomendase las especialidades de la casa. Edward, por su parte, no pareció prestarle mucha atención ya que se conocía el menú de arriba abajo.

-¿me vas a decir ahora que era eso de Rocky?- ya me extrañaba a mí que no sacase el tema.

-Una tontería- al final temía que iba a acabar por contárselo pero me apetecía que tuviese que dar algunos rodeos.

-Bueno me lo puedo imaginar, ahora dime de qué se trata y no te hagas la interesante.

Como ya sabía se lo terminé por contar después de un poco más de insistencia por su parte. Pese a la vergüenza inicial que sentí, Edward en un intento de hacerme sentir mejor me soltó algunas de las mejores frases o momentos del personaje lo que causó que explotase en risas ante sus patéticas imitaciones.

En los momentos en los que no estaba preocupada por qué decir o hacer las cosas transcurrían con una normalidad inaudita para mí. Siempre estaba pensando que se escondía tras cada gesto de los demás, especialmente de aquellos que interaccionaba conmigo y eso no me permitía disfrutar de una charla normal. Rose me estaba dando eso, por muy estúpidas o profundas que resultasen nuestras conversaciones no me cuestionada si ella se estaba riendo de mí o no. O por lo menos últimamente no lo hacía y cada vez que me pillaba a mí misma pensando en ello intentaba distraerme en otra cosa. Quizás con el tiempo las cosas mejorasen, es normal preocuparse por lo que dicen o hacen los otros y por cómo toman lo tus acciones o palabras, pero no puedes estar la veinticuatro horas del día pensándolo porque te vuelves loca o sino en alguien como yo, incapaz de confiar en los demás.

-¿sabes que tenías razón?- habíamos acabado de comer y salíamos a dar un paseo.

-¿en qué esta vez?- ahora se hacia el gracioso.

-Pues no se si decírtelo, no quiero subir tu ego hasta más allá de las nubes; además para eso ya tienes a Melanie- nada más terminar la frase me di cuenta de mi error, sólo hacía falta echar un vistazo para ver su serio semblante.

-siento haber sacado el tema- me disculpé antes de que él me replicase.

-Ha sido bastante desafortunado pero tampoco hay necesidad de armar un drama por ello.- me dejó con más dudas y para mi propia sorpresa no pude reprimir mi curiosidad.

-¿qué es exactamente lo que pasa con ella? Se lo básico: que ella te persigue y quiere algo contigo- era la poca información que había conseguido averiguar, no había conseguido saber que había debajo de todo eso.

-Ya te he contado que somos vecinos y ella siempre ha estado interesada en mí- decidí interrumpirle.

-Todo eso lo sé. Lo que no entiendo es por qué ella sigue insistiendo y no se da por vencida, tú la has rechazado- esperaba que no hubiese cambiado de opinión respecto a esto último, Edward se merecía alguien mejor que ella.

-Mis padres siempre me han educado para ser un caballero- arqueé las cejas-¿no me crees?- me preguntó chistoso, cambiando drásticamente de humor.

-En ocasiones no eres para nada un caballero- no quería recordar el día después de su accidente ya que eso había supuesto una brecha en nuestra relación.

-Tu presencia me altera.- me soltó a bocajarro, provocando que toda yo me tensase más que la cuerda de una guitarra.

Y de pronto la furia hirvió en mí y con ella las ganas de huir, de salir de allí y de perderlo de vista, porque por más que quisiera engañarme no estaba preparada ni para su presencia ni para sus palabras.

¿Qué había querido decir? ¿Por qué había notado esa cadencia melodiosa en su aterciopelada voz?

Para él debió de ser más que obvia mi incomodidad, no sólo porque detuve mi paseo sino porque desde niña las emociones se podían leer fácilmente en mi rostro. Esta era una característica que me atormentaba y una de las razones por las que evitaba mirar a los ojos a la gente, ellos podían saber con un solo vistazo como me estaba sintiendo.

Pasó un tiempo, no sé decir si segundos o minutos, y no sabía que hacer y al parecer Edward tampoco.

Me tenía que mover, sacar fuerza de mí misma y hacer como si ese último comentario no hubiese sido pronunciado. Pero desgraciadamente no lo podía hacer, quizás si mi reacción inicial no hubiese sido tan brusca…

Vi como Edward reanudó la marcha, más lenta que antes eso sí, y se detuvo unos pasos adelante, observando uno de los árboles del parque donde nos encontrábamos.

Agradecí que me dejase ese espacio, ahora él estaba de espaldas a mí y yo tenía la posibilidad de recomponerme alejada de su escrutinio.

-Como te iba diciendo, mis padres me han educado para que sea respetuoso, sobre todo con las mujeres. Melanie y su familia han sido nuestros vecinos por años y el hecho de que yo no me sienta atraído por ella no significa que no quiera mantener una relación cordial con sus padres. Sería muy incómoda la situación, sobre todo para mis padres.

Me atrevía a dar unos tímidos pasos a lo que él contestó caminando de nuevo.

-Ella es muy insistente, quizás porque aún es una niña caprichosa que no se ha dado cuenta de que no siempre puedes tener aquello que quieres o que algunas veces tienes que esperar por ello. Las circunstancias son muy complejas y las personas son muy distintas.

¿Él estaba diciendo que ahora no era el momento de estar con ella pero quién sabría en el futuro? Algo en mí dolió, no se que parte, pero algo que n había notado nunca vibró ante tales pensamientos.

-Ella en realidad no está interesada en mí, soy como un trofeo y quiere ganarme. Pero no sólo a mí, sino que también quiere acercarse a mis hermanos, cosa que veo casi imposible. De alguna forma y sin perseguirlo mis hermanos y yo siempre hemos generado cierta atracción a los demás, al igual que los Hale. Nos une una profunda amistad que siempre había sido de cinco hasta ahora…

Edward estaba equivocado, Melanie le quería a él, sino no se hubiese puesto conmigo de aquella manera hacia tan poco. Pero también quería estar alrededor de los demás ¿ sólo estaba movida por el interés?

-Ella siempre ha querido formar parte de nosotros pero sencillamente no encaja. No es que seamos un club exclusivo, ya nos conoces, pero por alguna razón, o quizás por muchas, ella no es alguien con quien queramos compartir nuestro tiempo. Y nuevamente te digo que eso no significa que por ello la vaya a tratar de forma descortés, los demás piensan distinto que yo, sobre todo Rose que es puro carácter.

Hasta ahora no me había percatado de que ellos eran un grupo cerrado, posiblemente porque nunca me había interesado en tratarles como un colectivo, sino que les había enfrentado individualmente. "Divide y vencerás". Todos en grupo tenían más posibilidades de hacerme sentir incómoda pero al tratarle uno a uno la probabilidad de esto era menor.

¿Estaba enferma? Me estaba refiriendo a ellos como enemigos y eran todo lo contrario. Nunca se habían portado mal conmigo, salvo algunos roces con Alice. Incluso Emmet, con sus tonterías, nunca me había querido ofender, y que decir del respetuoso y reservado Jasper, quien sólo había sido amable y educado conmigo, no me había hecho ninguna broma y se lo agradecía. Y Rose… para ella me faltaban las palabras.

En muchas ocasiones me habían invitado a compartir tiempo con ellos y no me había parado a pensar en que siempre eran ellos, nunca traían a alguien nuevo. Ellos eran un todo, se conocían desde hacia muchos años y al igual que para mí, encontraban algunas dificultades para dejar entrar a alguien más. Si era así ¿por qué pedían su compañía? Estaba claro que eran educados y corteses, sobre todo Edward, pero eso no explicaba el asedio al que la tenían acostumbrada para salir o simplemente estar en casa con ellos.

Quizás yo no pudiese ver las cosas en perspectiva, mucho menos en este momento. Quizás la vida, mucho más sabia que yo me estaba enseñando algo, quizás existía un destino para mí y era el momento de tomar ese camino en vez de estar siempre en el mismo sitio, llevaba mucho tiempo sin avanzar, estancada en lo que me era más fácil.

Pero quizás todo era un error y quería creer que podía haber algo bueno porque era una manera de consolarme.

Lo mejor sería tomarlo todo con precaución, no dejándome llevar por impulsos pero tampoco ser una paranoica, pero cuan fácil suenan las palabras y qué difícil es transformarlas en acciones…

Envueltos en una extraña atmósfera de silencio y reflexión volvimos al coche y emprendimos el camino de regreso a casa.

oOooOOoooOOO

El sonido de mi móvil me trajo de nuevo a la realidad. Se trataba de un mensaje, un mensaje de un número que no conocía.

Algo intrigada le abrí, esperando que se tratase de alguna equivocación o algo por el estilo.

¿Te apetece acercarte al videoclub para alquilar alguna película para esta tarde?

Besos. Edward.

¿Cómo rayos había conseguido él mi número de teléfono? Era muy recelosa con ese tipo de información, tenía muy pocos números en mi agenda, sólo los necesarios, por lo que sólo muy pocas personas me tenían a mí en su agenda y estaba cien por cien segura de no haber facilitado esa información a Edward, es más, de todos ellos sólo Rosalie tenía mi número lo que la colocaba como principal sospechosa de esa fuga de información.

¿No sabes lo que es Internet? ¿o una grabadora?

¿Cómo has conseguido mi número? Eso se llama invasión de la intimidad, sea cual sea la forma mediante la cual lo has conseguido.

En un par de minutos tuve su contestación.

Es ilegal y ante todo yo soy un chico legal. Acompáñame y así tendrás más posibilidades de ver algo que te guste esta noche.

Besos

¿Perdía algo por ir? ¿ganaba algo con ir?

Podía hacer el ridículo y avergonzarme, decir algo estúpido, quedar mal frente a él, hacerle pasar vergüenza, crear una situación incómoda… pero también me podía demostrar a mí misma que soy fuerte, que puedo enfrentarme ante los retos de la vida y que aunque no sea fácil soy capaz superar algunos obstáculos.

Sólo se trataba de una salida al videoclub, aunque eso supondría nuestro encuentro después de la incomodidad del mediodía…

Quizás hubiera una situación intermedia.

-Rose ¿ vamos al videoclub?- estaba en su cuarto, en su escritorio con una buena cantidad de papeles por todos lados. Podía anticipar la respuesta.

-Siento decirte que no, mira como ando. Quiero terminar todo esta tarde porque mañana salgo todo el día con Emmet, ¿quieres que llame a alguno de los demás para que vaya contigo?

-En realidad la propuesta es de Edward-reconocí algo molesta porque mi patético plan había fallado.

-Entonces no hay problema. Compra algo de helado de chocolate, nos lo acabamos la otra noche- y sin más acabó de sacarme a empujones de su cuarto, como si desease perderme de vista, ¿quién la entendía?

De acuerdo. En media hora en la puerta de mi edificio.

No esperaba su respuesta pero como no el me sorprendió de nuevo.

Gracias. Allí estaré ¿tenemos que hacer algo más? Porque por el tiempo que has tardado en contestar me imagino que has ido a hablar con Rosalie.

Besos. Edward.

No me molesté en contestarle, no tenía nada nuevo que decir y no iba a enviar un mensaje a lo tonto.

Casi sin darme cuenta llegó la media hora y me vi en mi puerta de entrada esperando a Edward que no tardo en aparecer, nadie le podía reprochar su puntualidad y le admiraba por ello.

Edward llevó la batuta de la conversación, algo simple: el cine. Hablamos de las películas que más nos gustaban, de los últimos bodrios que habían salido…

Todo transcurrió con una normalidad que no me pareció natural, no cuando dos horas antes no nos habíamos sabido que decir. Decidí dejarlo estar porque este tipo de situaciones eran algo típico entre nosotros, lo mismo manteníamos una entretenida y distendida charla sobre algo como al rato parecíamos mudos. Y la causante era yo que no sabía comportarme como alguien normal y provocaba situaciones violentas casi sin darme cuenta.

-Así que Troya… creo que la opción les va a agradar a ambos bandos. A Jasper le encanta lo bélico así que te le has ganado. Las chicas van a disfrutar de la historia de amor entre Aquiles y Briseida. Y en cuanto a Emmet, seguro que prefiere la tuya antes que la comedia romántica hollywoodense que Alice escoja.

-¿y tú?-poco a poco iba sintiéndome más cómoda de nuevo. Debía de dejar de analizar a cada momento mi estado de ánimo y sus acciones para poder comportarme con naturalidad otra vez.

-Voto a favor, siempre a tu favor- hizo un inciso que me cortó el aire para luego seguir- creo que la versión de Brad Pitt está demasiado llena de rostros hermosos y momentos felices, así como de escenas típicas pero aún así me gusta la película y su mensaje.

-¿cuál es el mensaje?-quizás tuviésemos la misma opinión sobre la película.

-En realidad son varios. El principal es el amor, un amor que se muestra de distintas formas. El amor de hermanos entre Paris y Héctor, incondicional siempre. Pero también el amor de pareja, de muy diversas clases por supuesto. Paris y Helena representan el amor joven, pasional, descontrolado. Héctor y su esposa, ahora no recuerdo su nombre, sostienen un amor maduro, centrado en el futuro y con unas bases muy sólidas, son marido y mujer y se aman pero son conscientes de las dificultades que existen, al contrario que su hermano y Helena que no piensan en las consecuencias de sus acciones y se dejan llevar. Y por último están Briseida y Aquiles, tan distintos como el agua y el aceite. Él un hombre duro, frío en cuanto a sentimientos, curtido en mil batallas. Ella una joven hermosa, inocente pero no por ello débil. Parecen la antitesis el uno del otro. Ellos no quieren enamorarse pero no lo pueden evitar, el amor surge entre ellos como una llama imparable ante la que se acaban rindiendo porque de nada les sirve negarse a ello, sería como intentar poner puertas al sol.

Me había quedado fascinada con sus palabras, hipnotizada por el movimiento de sus labios mientras describía con precisión el amor en la película y como lo interpretaba él.

No me esperaba que un hombre hablase del amor en una película como Troya, no habiendo luchas y sangre de por medio.

Menos esperaba que hablase con tal pasión sobre el amor. Eso no era lo que se esperaba de un hombre, no me esperaba esa lectura por su parte, había sido una gran sorpresa.

Estaba encantada, feliz por tal descubrimiento. Él era sensible y no le importaba mostrarlo, los hombres no querían mostrar ese rasgo de su carácter porque según ellos reduciría su hombría. Tremenda estupidez. Ser sensible no era malo de por sí, sólo era malo cuando los demás se aprovechaban de ello.

-¿cuál es el amor que tú escogerías?- me estaba metiendo en un terreno pantanoso pero él tenía la culpa por haber captado toda mi atención.

Una de las cosas que más me gustaban era intercambiar opiniones sobre un libro, una película o una simple noticia con alguien; lo que en sí era un despropósito por dos motivos: no tenía con quien hacerlo o mejor dicho, no había tenido con quién hacerlo; y no me gustaba estar rodeada de mucha gente.

-Yo quiero los tres- aseguró con voz firme mientras me miraba fijamente. Su respuesta me sorprendió así que le pregunte el motivo.

-Para mí los tres representan el amor que quiero dar y recibir, el amor que quiero sentir. Quiero un amor joven, ansioso, pasional, algo que se llevé toda mi atención y que por momentos me haga sentir en otra dimensión, que me haga volar. Pero también quiero que ese amor madure y se convierta en una promesa de futuro, en la guía y el soporte de mi vida, ese amor debe estar en los cimientos de mi futuro y por supuesto culmina en matrimonio, hijo y una larga vida junto a la persona amada. Sé que el amor es algo difícil ¿ cuántas veces se enamora uno en la vida? me creo hombre de una sola mujer, esa mujer a la que ame tendrá mi corazón por el resto de mi vida. El amor no es algo que se entregue fácilmente y una vez que das tu corazón ¿ lo quieres de vuelta? Creo que no, si te lo devuelven es algo malo, tu amor ha sido rechazado…- hizo otro inciso- pero déjame, no me hagas caso, estoy divagando y te estoy aburriendo…

-Sigue… por favor.- ansiaba seguir escuchándolo, ver la vehemencia con la que hablaba, el brillo de sus ojos cuando hablaba de ese amor… era como mínimo reconfortante y muy intrigante. Los jóvenes no deseaban esas cosas, no pensaban en ello, no se expresaban así.

Él creía en lo que decía, hasta una persona como yo podía ver eso.

Quería seguir soñando con ese amor que él pintaba, era hermoso. Era un sueño…pero la vida no son sueños… la vida ¿ se construye a base de sueños? ¿O estos quedan encerrados en el mundo de la inconsciencia?

"Estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra pequeña vida termina durmiendo"*.

La frase vino a mí como por arte de magia, planteándome algo nuevo, algo en lo que pensar, como si no tuviese ya bastante con todo lo que Edward me había dicho…

-¿ y dónde quedan Briseida y Aquiles en tu amor?

-Uno no se prepara para enamorarse, nadie sabe cómo se hace o cómo pasa. Hay gente que no se quiere enamorar, que no se cree merecedor de esa clase de entrega, hay gente que por las causas que sea no se ve a sí mismo como es y no se permite sentir, pero que no se lo permita no significa que no lo haga. Cuando amas a alguien sin esperarlo, aunque bien pensado: ¿ acaso se puede esperar el amor?, tu mundo gira en torno a esa persona y tus decisiones siempre van a tener a tu otra mitad en cuenta. Puede que no quieras, pero no es algo que tú controles.


*W. Shakespeare


Buenas noches chicas! ¿Cómo andáis?

Hoy hemos tenido una buena dosis de Edward, ya era hora de que le conociéramos más… y mirar lo tierno que es… y todo lo que le ha dicho a Bella…. Ainss…

Pido calma, la historia lleva su ritmo y Bella no va a cambiar de la noche a la mañana, aunque ya se ven cambios.

¿Qué os parece el nuevo rumbo que ha tomado su relación?

¿Qué pensáis de mi Edward?

Besines

SiL