Capítulo 7
"Respuestas".
Sentada en el salón, Bulma continuaba confusa y preocupada debido a la última "palabra" de Launch. Después de darle vueltas una y otra vez, decidió que necesitaba respuestas. Se puso en pie y fue hasta la biblioteca donde se encontraba Vegeta trabajando. Llamó y esperó a que le otorgara el paso.
—¿Vegeta...?—Él alzó la cabeza de los papeles que revisaba, al verla sonrió haciéndole una seña para que se acercara—. Necesito hablar contigo.—Dijo titubeante. El joven frunció el cejo y se levantó.
—Bien.—Aceptó indicándole tomar asiento en un sillón, después se sentó él frente a ella—.¿Y...?—Bulma se mordió el labio inferior temerosa de abordar el tema, decidió hacerla de otro modo.
—Me gustaría que me hablaras sobre tu vida, cómo nos conocimos.—Notó cómo se tensaba en el asiento pero no cedió—. Necesito respuestas Vegeta. No sé nada de mí... además, tú dijiste que querías que te conociera, por favor, háblame de ti.—Vegeta apretó la mandíbula dispuesto a negarse pero al ver a su esposa, tan vulnerable, frágil, temerosa, no pudo hacerlo.
—¿Por dónde quieres que empiece?
—Cuando estamos en el café no terminaste de hablarme de tu padre.—Indicó en un susurro. Él soltó un sonoro suspiro deseando no haber aceptado habrarle sobre él.
—Era un hombre con unos ideales de hierro— Empezó y parecía haber regresado a ese tiempo—, no quería a nadie, excepto a sí mismo, y a mi madre, en la medida que pudo quererla. Una vez ella hubo muerto, quiso tomar las riendas de mi vida a su antojo. Exigió que al termino de mis estudios universitarios, debía hacerme cargo del negocio familiar. Cosa que no me molestó en lo absoluto. Lo que ello conllevaba fue lo que me irritó, hizo un compromiso matrimonial con mi prima Seripa, dijo que era lo mejor para mí, que si bien estaban arruinados, su familia era aristocrática por parte de madre y eso me suponía un heredero de sangre azul. Quise negarme pero amenazó con desheredarme y aunque eso no me importó, lo que vino después sí. Organizó una fiesta para dar a conocer mi compromiso con la Viscondesa italiana-un título perdido hacia ya mucho-por lo que debido a una cuestión de honor; que él sabía era primordial para mí, tuve que aceptar, aunque con la condición de que el enlace se llevaría a cabo cuando cumpliera 30. A mi padre no le quedó otra que aceptar.
—Pero igual te acostabas con ella.—Expuso sus pensamientos en alto, mas de inmediato deseó retractarse. Él la miró imperturbable y se encogió de hombros.
—Sí.—Aceptó—. Era una mujer sexy, ¿por qué no aceptar lo que se me ofrecía libremente?
—¿La querías?—Preguntó ella.
—¿Debo responder?
—Launch dijo que esperaba que estando casado te olvidaras de ella, ¿se refería a Seripa?—Vegeta pestañó varias veces y su rostro se tornó sombrío, su expresión de dolor—. ¿Vegeta...?
—Dejemos esto para después, todavía tengo mucho trabajo.—La peliazul asintió y salió de la habitación dolida por no obtener más respuestas y por su rechazo.
El pecho de Vegeta subía y bajaba rápidamente mas el dolor no disminuía, era el recuerdo, la impotencia de no haber podido evitarlo lo que lo atormentaba. ¿Cómo pudo permitir que pasara algo así? Si tan solo esa noche no se hubiera acostado otra vez con Seripa, hubiera llegado a tiempo. Pero a sus 24 años era un joven inmaduro que no se resistía a un cuerpo de mujer ofreciéndosele. Se dirigió hasta el minibar de su despacho y tras servirse un whisky se sentó en sillón que daba a los ventales. Apuró el contenido del vaso y removeró sus días de juventud, cuando la conoció y comprendió que no merecía recibir amor; ya que no sabía amar.
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Esa noche Vegeta no se acostó sino hasta muy entrada la madrugada. Después de debartirse entre la idea de ir a buscarlo o seguir esperándolo, la joven se había dormido hace un par de horas.
Él se acomodó al lado de su esposa y tomándola de las caderas la acercó a él y la besó. Bulma se sobresalto, pero al notar que era su esposo correspondió al beso, se percató entonces de que había bebido y quiso apartararse, mas Vegeta no se lo permitió. Siguió besando, acariciando, marcando. Subió de a poco su camisón, arrancó su ropa interior y la penetró de un solo embiste.
—Vegeta.—Gimió ella por la molestia causada.
—Shh.—Indicó él—. Necesito perderme en la dulce promesa de tu bello cuerpo.—Explicó casi suplicando y empezó a moverse más rápidamente, la embestía con una fuerza y posesividad tal que, la joven se asustó. En un arranqué de pasión la colocó boca abajo, penetrándola, mordiendo su cuello, las acometidas se hicieron bruscas mientras jadeaba en su oido. Después pareció darse cuenta de su impetuo y retomó la calma, rodó hasta quedar de espaldas sobre el colchón, poniéndola encima de él, incitándola a moverse, ella seguida acompanzó sus caderas a las acometidas de Vegeta.
El pelinegro acomodó la cabeza de la peliazul en el hueco de su cuello y la apretó contra el pecho.
—Mía... —Susurró creando fricción entre su sexos—...eres mía.—Afirmó bajando una mano a sus cuerpos unidos y la acarició con ternura, incrementando el placer en ambos. Bulma gritó su nombre, cayendo laxa en sus brazos. Vegeta no aflojó el agarre, reteniéndola consigo, preparandose para el sueño.
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Estaba cansada, habían visitado ciento de almacenes para encontrar "el vestido ideal", Bulma resopló, no imaginaba que Lauch tuviera tanta energía a pesar de estar embarazada.
—¿Aún no te decides?—Preguntó por enésima vez. Launch volteó a verla y sonrió.
—Creo que este es el indicado.—Eso no le causó ninguna paz a la joven, hace 20 vestidos y 10 almacenes que dejó de entusiasmarse por esa frase—. Iré a probarmelo.—Anunció la pelirubia.
Bulma optó por recorrer el almacén en busca de alguna distracción. Se fijó en que una chica de cabello castaño la miraba, se notaba nerviosa.
—¿Bulma...?—Preguntó la joven temerosa. La peliazul asintió—, ¿no me recuerdas?
—¿Usted es...? La chica pareció sentirse aliviada por la respuesta de la Bulma.
—Eh, nos conocimos hace unos meses atrás, pero creo que se te ha olvidado.—Dijo ahora más feliz—. Soy Cristinne Brendon, uh, una antigua amiga.—
—Lo siento yo... no recuerdo nada... em... tengo amnesia global.—Esa noticia no fue del agrado de Cristinne, que frunció el ceño.
—Bulma ya estoy lista.—Se escuchó la voz de Launch, ambas miraron en esa dirección, de pronto la pelicastaña se petrificó y murmurando una disculpa se fue. La peliazul pestañó confusa, ¿a qué se debió su abrupta retirada?
—¿Nos vamos?—Preguntó Launch al llegar a la altura de la joven, quien asintió aliviada. ¡Por fin podría descansar!
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Bulma bajaba las ecaleras para encontrarse con su esposo y amigos cuando escuchó que Launch decía:
—¡No puedo creer que hayas hecho eso! ¿En serio crees que a ella le hubiera gustado algo así? ¡Habría querido que fueras feliz!
—Lo sé... —dijo Vegeta cansado.
—¿También sabes que tu esposa te ama y que si se ent...?
—¡Sí!—La interrumpió el pelinegro.
—Eres un...
—¡Cariño!—Cortó Ten en cariñosa reprimenda—, no es asunto nuestro.— Bulma hizo un ruido sin percartarse y tres pares de ojos volteraron a verla, su esposo sonrió y se acercó a ella.
—Magnífica—Susurró y besos sus manos—, ¿vamos?—Quiso saber, todos asintieron. La peliazul se dijo que después averiguaría sobre la conversación que escuchó.
Contra todo pronóstico la fiesta estaba resultando ser muy amena. Los asistentes eran personas un poco seria pero muy amables. Sonrió a lo que Launch decía en ese momento y una vez, más alagó el gusto de ésta, el vestido que eligió para sí era de estilo egipcio en tonos dorados, el de la joven de cabellos azules en un tono más sutil y-según sus palabras-el azul marino realzaba la belleza de sus ojos y la suavidad de su piel.
—¿Quieres bailar?—Ofreció Vegeta a su lado, ella sonriendo asintió y aceptó su mano.
Se deslizaron en la pista al son de la música, segundos después Launch y Ten se unieron a ellos. El traje oscuro le sentaba muy bien al joven, pero no tanto como a su esposo, se dijo, él siempre era el más apuesto.
—Pareces una diosa.—Murmuró Vegeta en su oido, la joven sonrió y apretó el agarre en el cuello del pelinegro.
—Tú tampoco estás mal.—Siguieron bailando hasta que algo los interrumpió.
—Vaya Vegeta, no esperaba verte aquí—Se giraron hasta dar con la mirada de una mujer de unos 30 años, pelo azul y mirada burlona.
—¿Marón?
—¿La conoces?—Preguntó Bulma.
—Por supuesto que me conoce querida,—dirigió su atención al azabache y preguntó—:¿Nos presentas?
—Claro.—Aceptó él—Marón, ella es mi hermosa esposa Bulma Ouji, Bulma, ella es Maron Aristides, médico y antigua amiga.
—Mucho gusto. —Dijeron al unísono ambas mujeres.
—Pero, ¿por qué te casaste?—Prosiguió Marón— ¿No se suponía, que decidiste hacer la inseminación debido a que no deseabas lazos con ninguna mujer? Por otra parte, ¿esta era la misma joven que inseminaste? ¿O vas a mantener a tu mujer al mismo tiempo que mantienes al hijo de otra?—Bulma sintió que el mundo se abría bajo sus pies, ¿su bebé era producto de una inseminación artificial? Se soltó del agarre de su esposo y lo miró con odio. Salió corriendo hacia la puerta sin prestar atención a Launch y Ten que gritaban su nombre cuando pasó por su lado.
Vegeta maldijo por lo bajo y sin decir una palabra fue en busca de su esposa.
Bulma corría sin mirar atrás, no podía ser cierto, esa mujer se equivocaba. Su bebé no fue producto de un acto tan frío, él fue concebido con amor. Lágrimas de ira, frustración y dolor se acumulaban en sus ojos. No podía ni quería aceptar que el hombre al que amaba la hubiera traicionado de esa manera arrastrándola a un matrimonio que él no quería, y todo por una equivocación en un tubo de ensayo. El aire se escapaba de sus pulmones dificultándole la huida. Corrió todo lo que sus fuerzas le permitían, corrió para no afrontar la verdad, corrió para no verlo a él. Pero el destino de no estaba de su parte, su esposo le pisaba los talones.
—Bulma, para.—Gritó Vegeta— Bulma.—Volvió a decir al darle alcance, la sujeto por los hombres y la giró, obligándola a encararlo.
—¿Es verdad?—Preguntó Bulma en un sollozo atormentado, el agachó la cabeza, mas no aflojó el agarre—¡Responde!—Exclamó fuera de sí.
—Sí.—Susurró, levantó la cabeza y se estremeció al ver su dolor.
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Oh, pobre Bulma, se enteró de la mentira de Vegeta. Pero todavía quedan más secretos por descubir.
