Y aquí está la parte que corté ayer por que iba a quedar muy largo, actualización rápida jajaja

Los descargos habituales, los personajes de OUAT no me perecen. Espero que os guste y gracias por leer :)!


Emma no tardó mucho en hacer uso de sus nuevos "privilegios" de visita, incluso descubrió que su coche estaba en el garaje, y le encantaba sentarse en el, no necesitaba conducirlo, era simplemente un lugar familiar, algo conocido. Le encantaba sentarse en su coche con Regina, tan solo sentarse y hablar, la morena le contó la teoría que tenía Gold sobre la naturaleza alterada del Oscuro, omitiendo ciertas partes, dejando claro solo que todo había cambiado por los motivos que ella había tenido para hacerlo, que fueron proteger y no conseguir poder, y que además no había habido asesinato. Por supuesto Emma ya sospechaba que lo que había cambiado se debía a que lo que había hecho, lo había hecho por Regina, para salvarla, seguramente eso es lo que les daba esa conexión mágica, con daga o sin ella. Estaba dándole vueltas al asunto sentada sola en el asiento delantero de su escarabajo, cuando Robin Hood entró en el garaje. A él no le hacían precisamente feliz las visitas de Emma, y mas que las dos se pasaran horas solas dentro del coche, mientras a él se le comían las dudas sobre lo que estaría pasando. Se miraron desafiantes a través del cristal del coche, y el ladrón aprovechó que no estaba Regina para decirle al Oscuro un par de cosas que llevaba tiempo queriendo decirle. Caminó directo al coche, pero al abrir la puerta del copiloto, volvió a cerrarse de un portazo.

- No recuerdo haberte dado permiso para subir a mi coche.

Dijo Emma desde dentro.

- Tengo que decirte un par de cosas y preferiría que fuese cara a cara.

Respondió él sin intentar entrar de nuevo, la rubia se quedó en silencio un minuto, como pensándose si tenía ganas de escuchar lo que fuese que ese hombre tenía que decirle, luego salió del coche, cruzando los brazos sobre el techo del escarabajo, mirándole con una ceja alzada, a la espera. El ladrón se inclinó sobre el capó, separados por el vehículo.

- Se lo que pretendes, no estoy ciego. Y no vas a conseguirlo.

Emma arqueó aun más la ceja, con una risita.

- Y por qué no me dices entonces que es lo que pretendo, sería bueno saberlo.

Robin habló entre dientes, con la mandíbula apretada.

- Quieres a Regina, y crees que ella puede quererte a ti. – Rió con sarcasmo, sin gracia. – Pero ella ya tiene un final feliz, me tiene a mi. Te sacrificaste por ello ¿recuerdas? Para que pudiese tener su final feliz. ¿Así que por qué ahora intentas romperlo?

La rubia notaba la rabia creciendo dentro de ella, fuese o no el final feliz de Regina, estaba segura de que a la morena no le haría ilusión que le desmembrase en su garaje.

- Claro que lo recuerdo, fui yo quien se sacrificó por ello, mientras tu te quedabas allí sin hacer nada viendo como moría la mujer que quieres.

- ¡Intenté sacarla de allí!

- Sabías que no funcionaría, ni siquiera intentaste usar tu la daga. Hook, mis padres…incluso Regina, todos intentaron detenerme. Pero para ti era mas cómodo que se sacrificase otro ¿verdad?

Robin frunció el ceño. Tenía muy presente que no había hecho nada, pero eso no era asunto de Emma, desde su punto de vista nada que tuviese que ver con él era asunto de Emma, y le gustaría que eso incluyese a Regina.

- Y si eres su final feliz, ¿por qué mierdas no la estás haciendo feliz? Solo tenías un trabajo, Hood. – Dijo cabreada, como ya le había dicho en otra ocasión. – Ella no es feliz contigo, lo sabes y te asusta que pueda serlo conmigo.

- Yo soy su amor verdadero, y no puedes hacer nada contra eso.

Ese era todo el argumento que tenía Robin, era todo el que necesitaba por que tenía la magia de su parte, tenía la prueba mágica de que Regina y él estaban destinados. Pero Emma no se tragaba eso, ella se había sacrificado por el final feliz de Regina, y claramente ese hombre no estaba siéndolo. Con un movimiento de la mano le lanzó a la otra punta del garaje, estampandole contra la pared.

- No eres mas que una farsa, una pobre opción a estar sola. Ella no te quiere.

- ¿Y a ti si?

Preguntó el ladrón molesto, intentando levantarse, pero Emma le mantuvo en el suelo con magia, apretándole contra la superficie de cemento.

- Puede que tampoco, pero ella y yo compartimos un hijo, una historia, unos lazos con los que tu no puedes ni soñar. Puedes desaparecer mañana y no pasaría nada, ya lo has hecho antes, pero ya has visto que si yo desaparezco, nada es igual.

Hood tanteaba a su alrededor con las manos, buscando algo que pudiese serle útil.

- Henry…

Gruñó el ladrón, luchando contra la magia, distrayendo al Oscuro para que no se diese cuenta de lo que estaba haciendo.

- Henry ya no es una excusa entre nosotras, ya no es el motivo. Asúmelo Locksley, le prometí un final feliz, y si tu no lo eres, ya no tienes ninguna utilidad.

La mano de Robin encontró por fin algo duro, y con un rápido movimiento lo tiró contra la cabeza de Emma, que consiguió esquivarlo, pero ese simple intento de ataque terminó de enfurecerla, cerró el puño y el aire dejó de llegar a los pulmones del ladrón, que se debatía en el suelo intentando respirar, arañándose el cuello, moviendo frenéticamente las piernas. Emma aumentó la presión y disfrutó viendo un espeso hilo de sangre caer por su nariz.

- ¿Papa?

En un acto reflejo Emma se giró hacía la voz, lanzando una honda de energía mágica que impactó contra una pared, creando un enorme boquete justo al lado de Roland. Su padre alargó una mano hacía él, intentando decirle que se fuera, pero ver al niño hizo efecto en Emma, que soltó la presión del ladrón, dando un paso atrás asustada, asustada de si misma, de lo que había estado a punto de hacer. Si Roland no hubiese sido tan pequeño, esa ola mágica le habría golpeado a él, y viendo como había dejado la pared prefería no pensar en como habría quedado el niño. Robin corrió medio a gatas medio de pie hasta su hijo y lo cogió en brazos, escudandolo con su cuerpo.

- Si le tocas un solo pelo…

Amenazó todavía sin aliento, pero Emma no se quedó a escuchar el fin de la amenaza, desapareció de allí, de vuelta a la cabaña, a lo mejor había sido un error que la dejasen salir de allí.

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Regina volvió a casa con Henry, los dos cargados de bolsas de la compra, y casi esperaba encontrar allí a Emma, ya se había acostumbrado a que la rubia estuviese por allí cuando no estaba en la cabaña. Ya había tenido contacto con Henry sin que pasara nada y aunque Regina nunca los dejaba solos, empezaba a ver una mejoría en el control de la rubia, eso era algo bueno.

Fueron a dejar las bolsas a la cocina y allí estaba Robin, con Roland sentado en la encimera con una tarrina enorme de helado, riendo de algo que su padre le decía.

- ¡Hola Regina! ¡Hola Henry!

Saludo el niño muy alegre, moviendo sus piernecitas para que le bajasen al suelo y poder ir a saludarlos en condiciones. Regina sonrió al niño, sintiese lo que sintiese por su padre, Roland se había ganado ya un trocito de su corazón, era un niño adorable. Pero Robin no tenía muy buena cara.

- ¿Estás bien?

Preguntó algo preocupada. Robin se lo pensó un momento, podía decirle lo que había pasado y ver su reacción, quizá Regina se diese cuenta por fin del verdadero peligro que era Emma Swan, quizá se pondría furiosa y no volviese a aceptar a la rubia en su casa, quizá se enfadase tanto que querría vengarse, devolver el golpe, a lo mejor se preocupaba lo suficiente para volver a mirarle con amor. Pero no iba a engañarse, lo que era mas probable que pasara era que Regina decidiese que era peligroso que estuviese allí con Roland, teniendo en cuenta que no se llevaba bien con Emma, y seguramente se volcaría aun mas en la rubia y en su empeño de salvarla, seguramente correría junto a Emma para ver como estaba después de ese ataque de oscuridad, y ni siquiera tenía el garaje para mostrarle los destrozos por que la rubia lo había dejado todo como estaba al desaparecer.

- Si, claro. Solo cansado.

Regina asintió, aceptando esa respuesta.

- ¿Está Emma aquí?

Preguntó, si estaba lo mas seguro es que fuese en el garaje. La expresión de Robin se endureció solo con mencionar a la rubia. Regina suspiró, había llegado el momento de hablar con él, no podía seguir posponiendolo.

- Henry, por que no subís Roland y tu a tú habitación y jugáis a la consola.

Su hijo la miró, luego a Robin y luego otra vez a ella, asintiendo y cogiendo al niño de la mano para subir.

- Tenemos que hablar.

- Si.

Fue la seca respuesta de Robin, pero ninguno dijo nada más. Por acto reflejo, Regina cogió el helado que Roland había dejado en la encimera y lo metió en el congelador antes de que siguiese derritiéndose. Suspiró otra vez, buscando las palabras para empezar, mirando a Robin.

- Estoy segura de que te has dado cuenta de que algo…no marcha bien. – Hood simplemente asintió. – Robin yo…no se como decir…

- Que vas a dejarme.

Robin no estaba para nada sorprendido, lo mas extraño es que hubiese tardado tanto. Aunque una parte todavía esperaba que Regina lo negase. No lo hizo.

- Esto no está funcionando.

- ¿Por Emma?

Preguntó claramente enfadado, la morena le miró y él creyó ver culpabilidad en sus ojos.

- No, Emma no tiene nada que ver con lo que pase entre tu y yo. – Le aseguró. – Simplemente las cosas han cambiado.

- ¿Por lo que hizo con la daga?

El ladrón estaba empeñado en que lo admitiese, si iba a dejarle, al menos que admitiese que era por Emma Swan.

- ¿Te refieres a cuando se sacrificó por mi? – Regina no iba a permitirle quitarle valor a lo que Emma había hecho por ella. – Ya te he dicho que Emma no tiene nada que ver. Pero si que es cierto que desde entonces nada es igual.

Algo de sinceridad al menos si le debía, a Robin le latían las aletas de la nariz, claramente enfadado.

- ¿Qué querías que hiciese? ¿Hubieses preferido que fuese yo quien sostuviese la daga? ¿Dónde habría estado el final feliz entonces?

Estalló por fin, si, se sentía culpable por aquello, pero al menos le había permitido estar con Regina ese tiempo.

- ¿Así que habrías preferido verme morir? Si Emma no hubiese estado allí…

- ¡Emma! Siempre Emma. ¿Es todo en lo que piensas?

Regina esperaba que no apareciese ahora, tenía que centrarse en Robin y su conversación, no en Emma.

- Eres tu quien no deja de mencionarla, Robin.

- Es nuestro final feliz, tuyo y mío. ¿Cómo habría sido posible sin uno de los dos? Emma es la Salvadora, fue creada para esto.

La morena estuvo tentada de cruzarle la cara de un bofetón, por suerte para él, estaba demasiado lejos.

- Emma no fue creada para nada, es un ser humano, Robin. ¿Crees que ella no tuvo miedo? ¿Crees que quería esto? Y aun así puso mi felicidad por delante de…de todo.

Nunca lo había dicho en voz alta, nunca lo había entendido, como Emma había podido dejarlo absolutamente todo, incluido Henry, para saltar a una oscuridad desconocida. Por ella.

- Para que pudieses tener tu final feliz, para que pudieses estar conmigo. – Las palabras de Emma resonaban en su cabeza "no la haces feliz" – Yo estoy luchando por esto, Regina, por nuestra felicidad, no me dejes solo en esto.

Pidió dando un paso hacia ella, casi suplicante, pero no conmovió a la morena.

- Esa es al diferencia Robin, me parece bien que luches por ser feliz, de verdad, debes hacerlo. Pero tu estás luchando por tu felicidad, Emma está luchando por la mía.

Parecía que no, pero eso ya hacía una gran diferencia, al menos para Regina, aunque Robin pensase que luchando por su felicidad lo estaba haciendo también por la de ella. No era así. La única persona que de verdad había luchado por ella era Emma Swan, la Salvadora, la hija de quien fue su mayor enemiga.

- Así que si me estás dejando por ella.

- No Robin. Esto no funciona, tu y yo – Se señaló a los dos. – No estamos funcionando, no nos veo un futuro juntos.

El ladrón parecía confundido, como si no entendiese las palabras de la reina.

- Pero estamos destinados, tu para mi y yo para ti, lo sabes. El hechizo de Tinkerbell. Eres mi amor verdadero.

Regina negó pacientemente con la cabeza.

- No es posible que estemos destinados si una de las partes no lo quiere. No quiero un futuro contigo Robin, lo siento. – Admitió por fin, viendo el dolor en los ojos del ladrón. – No puedes ser mi amor verdadero si es algo que no siento.

No sentía amor por Robin, le importaba, se preocupaba por el, pero como podría hacerlo una amiga, quizá después de esta conversación ni siquiera eso. Pero desde luego no era amor verdadero.

- Recogeré mis cosas y me iré con Roland.

Dijo el ladrón después de un largo silencio, sin querer mirar a la morena.

- Emma es peligrosa, Regina. Se que crees que puedes salvarla, pero ¿y si no?

Preguntó mirándola por fin, antes de salir de la cocina. Cuando estuvo sola, empujó un vaso con furiosa frustración, tirándolo dentro del fregadero.

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La puerta de la cabaña se abrió y Emma miró con ansiedad, llevaba todo el día esperando que Regina apareciese, seguramente echa una furia por casi matar a su amor verdadero y a su hijo. El que aun no lo hubiese hecho la preocupaba aun mas. Pero no era Regina, era Gold, que entró cojeando algo mas de lo habitual. La sorpresa fue evidente en la cara de Emma.

- No me mire así señorita Swan, está en mi cabaña, no esperaría de verdad que no me enterase ¿no?

En eso tenía razón. Cojeó hasta una de las butacas y se sentó con expresión de cansancio, aun no estaba recuperado del todo.

- Siento mucho no ser quien estaba esperado. – Dijo con una risita. – Y no, no vengo a echarla. – Añadió adivinando sus pensamientos. – Solo sentía curiosidad por ver al nuevo Oscuro.

La miraba casi con envidia.

- ¿Echas de menos los viejos tiempos, Gold?

- Bueno, no voy a negar que me gustaba el poder, si. Pero por lo menos no he muerto, como todos mis predecesores, así que…

Se encogió de hombros, dejando el bastón apoyado contra el brazo del sillón.

- Regina me ha contado lo que opinas sobre la nueva naturaleza del Oscuro, y porqué las cosas no son exactamente iguales conmigo.

- ¿Enserio? – Levantó una ceja. - ¿Lo ha hecho?

- Si, dijo que…como no tuve que matar a nadie, y no lo hice por poder si no para…salvarla…las cosas habían cambiado. O algo así.

Contestó la rubia con indiferencia. Gold rió, eso era un resumen muy resumido de lo que él le había dejado caer a Regina.

- Si, si, algo así. Tu ocupaste su lugar para salvarla. Todos los Oscuros han obtenido sus poderes matando al anterior, pero usted señorita Swan, eso fue…otra cosa. - Gold rió de nuevo. – Con tu sacrificio alteraste la naturaleza básica del Oscuro. Que interesante.

A Emma no le parecía para nada interesante, pero Gold podía pensar lo que le diera la gana.

- ¿Cómo lo soportaste?

Preguntó, necesitaba una respuesta a esa pregunta y nadie parecía capaz de dársela.

- Yo no luché contra ello, yo me rendí a ello, lo busqué, lo quería.

- ¿Y ya no lo quieres?

- No me tiente señorita Swan, Belle nunca me lo perdonaría. Y además dudo mucho que incluso con los poderes del Oscuro pudiese escapar de la ira de su majestad.

Respondió con un toque divertido en la voz. Eso tampoco le era de ayuda, ella quería controlarlo, no dejar que la controlase, aunque la idea de rendirse a ello era muy tentadora a veces.

En algún rincón de su cabeza, sentía que Regina estaba pensando en ella, pero no lo suficiente como para tener la necesidad de aparecer, algo que la habría venido muy bien, por que tampoco sabía que mas hablar con Gold, pero no quería volver a la mansión hasta que no fuese llamada. Si es que Regina volvía a querer verla.

- ¿Nunca te has preguntado por que la maldición no llego a romperse del todo bien?

Preguntó Rumplestiltskin de pronto, sin que Emma entendiese que tenía que ver eso con lo que estaban hablando.

- Por que tu lo planeaste así, no querías volver al Bosque Encantado cuando se rompiese.

- Claro, claro, pero no me refiero a eso. Si hace memoria recordará que todo el que salía de la ciudad perdía totalmente sus recuerdos, créame que eso no entraba en mis planes.

Emma nunca se había parado a pensar en ello.

- ¿Qué tiene todo eso que ver con lo que está pasando?

- Simplemente que lo encuentro tremendamente gracioso. – La rubia frunció el ceño. – Te sacrificaste por Regina, por su final feliz. Y lo que conseguiste fue desparecer y convertirte en el Oscuro.

- Sigo sin verle la gracia.

Y además no tenía tiempo para los juegos de Rumplestiltskin. Bueno, tiempo si, pero ganas no.

- Como bien sabe, hace tiempo adquirí la capacidad de ver el futuro. Un don muy útil, pero muy perjudicial a veces. – Emma giró los ojos. – Está bien. Cuando conseguí ese poder, pude ver la maldición, pude ver que iba a salir bien, pero en mi visión, pude ver que iba a salir bien, vi que una Salvadora iba a romperla, pero en mi visión no había fallos.

La Salvadora casi se ofende por la mención a esos "fallos", como Salvadora, si los había habido sería por que había hecho algo mal.

- En mi visión conseguía llegar aquí, traer la magia después, y salir de la ciudad sin problemas. Y además sin tener que preocuparme por la Reina Malvada.

Emma apretó los labios, si el fallo había sido que Regina había sobrevivido le parecía un fallo maravilloso.

- ¿Vas a terminar de contar tu historia o no?

Preguntó disimulando su curiosidad cuando Gold se quedó callado,

- La maldición debías de romperla tu, con un beso de amor verdadero. – "Que es justo lo que hice" pensó Emma. – Pero no a Henry.

El hombre dejó de hablar para observar la reacción de Emma, que pasó de la confusión a la sorpresa.

- ¿Cómo que no a Henry? ¿A quien entonces, mis padres?

Gold no pudo evitar reírse, ahora llegaba la mejor parte.

- No, se suponía que tenías que besar a la reina, a Regina. Y entonces la maldición se rompería y yo no tendría que preocuparme por la reina por que por fin habría encontrado su final feliz.

Emma tenía la boca abierta, no podía haber escuchado lo que creía haber escuchado, Gold no podía estar diciéndola lo que creía que estaba diciéndola.

- Pero cuando se lanzó la maldición, el joven Henry no estaba previsto y lo alteró todo, siendo él al final la clave para romper la maldición. Pero eso no es lo que se suponía que tenía que pasar.

Ella tenía que haber besado a Regina. Un beso de amor verdadero. No tenía sentido, y en cierto modo si lo tenía. Pero no podía ser, aquel primer año en Storybrooke Regina y ella no encajaban. O quizá no se dejaban encajar.

- Pero Regina ya tiene un final feliz, un amor verdadero.

- Daniel también era su amor verdadero, mi hijo fue el tuyo un tiempo, mi mujer fue el del pirata, Marian el de Robin Hood… Amor verdadero no significa final feliz, o alma gemela. Puedes querer a mucha gente a lo largo de tu vida, y a todas quererlas con el mas verdadero de los amores. Pero solo existe una persona que es…la persona. Maldiciones solo se rompen con una persona, señorita Swan. Y el alma solo se sacrifica por una persona.

Emma no tenía palabras, estaba procesando. No era algo que la impactase en el mal sentido, no era una idea que la horrorizase, simplemente no podía creerse que después de todo, después de lo mucho que Regina se había aferrado a ese hombre que decía ser su final feliz, después de todo el tiempo que habían pasado las dos buscado el final feliz de la reina, el de las dos hubiese estado sentado justo delante de ellas.

- ¿Por qué me cuentas esto?

No entendía que sacaba Gold de todo el asunto.

- Estoy seguro de que ya tenías sentimientos por Regina antes de saber esto ¿verdad? – Emma no respondió. – Se de lo que es capaz el Oscuro, sheriff, y solo me siento seguro con él cuando soy yo. No quiero un ser así cerca de mi, o de mi esposa si no puedo controlar el poder, así que haré lo que sea para quitarle ese poder.

- Sabes que un beso de amor verdadero no me quitará la maldición.

Con él no había funcionado, por muy enamorado que estuviese de Belle, eso por si solo nunca había conseguido salvarle de la maldición del Oscuro.

- No, pero sé que ayuda a tener la oscuridad a raya. Hasta que consigan quitártela.

Si es que lo conseguían, pero eso por supuesto, no iba a decírselo.

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Varias horas después por fin la invocaron, Regina estaba pensando en ella, y estaba segura que era justo para que apareciese, así que ni siquiera intentó resistirse y se materializó en el estudio de la morena, que la estaba esperando, pero efectivamente, sin la daga. Esa conexión suya podía ser muy útil.

- Ya se donde tenemos que ir, Emma.

Dijo emocionada sin saludarla siquiera. No parecía enfadada, disgustada, decepcionada, asustada…nada.

- ¿Dónde está Robin?

Preguntó, consiguiendo que el entusiasmo de Regina decayese un poco.

- Él…no está, se ha ido. Pero eso no es lo que importa ahora…

- ¿Ha dicho algo…antes de irse?

La morena la miró sin entender ese repentino interés por Robin.

- No, nada. – Emma no podía creerse que no hubiese mencionado el ataque del garaje, pero lo dejó estar. – Sé donde tenemos que ir.

Repitió Regina cogiendo un fino libro de la mesa y poniéndolo delante de la Salvadora, señalando una sola palabra: Camelot.

- Debí averiguarlo antes, con todos esos cuentos del rey Arturo y Merlin, pero no se me ocurrió… Pero lo importante es que tenemos un lugar. Lo que no se es como vamos a llegar.

Otra vez ese mundo sin magia se interponía en su camino, y una vez mas recordó todas esas judías mágicas que había destruido en el pasado.

- Podemos preguntarle a Gold.

Sugirió Emma.

- Si Gold tuviese una manera de salir de aquí ¿no crees que ya la habría usado?

- Es Gold, se lo guardaría hasta que pudiese sacar partido de ello.

En eso tenía que darle la razón a la Salvadora, podían estar muriendo y Gold no les daría la salvación si no sacaba algo de ello.

- ¿Pero por qué iba a ayudarnos?

Emma recordó la conversación que habían tenido, las ayudaría solo para librarse del peligro del Oscuro. Pero no era una conversación que quisiese compartir con Regina aún, si la morena tenía sentimientos por ella, quería que fuese de manera natural y no por ninguna visión, Regina ya había tenido bastante de eso con Robin y el polvo de duende.

- No lo sé, está débil, o quizá lo haga por Belle. No perdemos nada por intentarlo.

Respondió con un encogimiento de hombros. Regina abrió uno de los cajones de su escritorio y se puso blanca, abriéndolos todos frenéticamente.

- No está. – Decía, asustada. – La daga, no está.

Pasaba tantos días en el despacho que había guardado la daga allí para tenerla cerca, pero como no la necesitaba para invocar a Emma, llevaba días sin tocarla. Y ahora había desaparecido.