CAPÍTULO 7

Serena:

— Hermanita, no puedo creer que me tenga que ir de la casa, te voy a extrañar mucho — Me dice Mina mientras bajaba del segundo piso dramáticamente y se dirigía al gran salón.

— Mina no exageres, me puedes visitar seguido. Además, vivirás con Yaten — Le recuerdo mientras me siento en el sofá

— Gracias hermanita. Por cierto, ¿tú crees que deje sin habla a Yaten con el vestido que escogí? — Me pregunta, mientras que desfila con su vestido por todas partes

— Sin duda Mina, lo dejarás babeando enterito — Le respondo con una sonrisa

Mina realmente se había lucido. Se veía muy bella.

Su pelo rubio estaba sujeto en un moño y llevaba una corona de flores por debajo del velo, cual llegaba hasta su cintura. Su maquillaje era de tonos claros, lo que hacía ver su rostro más natural. Su vestido al final fue blanco, cuando ella encaprichada lo quería de rosado. El diseño eran rosas plateadas enmarcadas en todas partes, apenas notorias. La cola del vestido no fue tan larga como pensé que escogería; su medida en el suelo debía ser de apenas 1 metro. El vestido no llevaba tirantes; en su reemplazo estaba colocado un collar de plata, donde en el medio se podía apreciar un gran diamante –por supuesto, ese collar fue un regalo de Yaten–

— Hermanita tú también te ves muy bonita, pero aún sigo sin entender por qué no te aplicas más maquillaje. Solo te aplicas labial. Tú maquillas fenomenal, y deberías aprovecharlo.

— Gracias Mina, pero sabes que nunca me han gustado usar esas cosas, me hacen parecer otra persona, y eso es lo que menos quiero.

Yo iba vestida con un escote rosado pastel en forma de corazón sin tirantes, con diseños dorados en forma de ramos dispersos a lo largo del vestido. La falda era muy larga, formando una pequeña cola que se arrastraba por los suelos. En la parte detrás del vestido, llevaba un gran listón rosado a la altura de la cintura. Por otra parte, mi cabello, por lo que era rubio, decidí dejarlo suelto para que se resaltara con el color del vestido, que por los tonos combinaban a la perfección. Tenía un adorno en forma de conejo en mi cabello, para que sujetara algunos mechones y no me estorbara la visión. Y por último, en joyas llevaba un simple y fino collar de plata, donde en el medio se encontraba un pequeñísimo pero valioso cristal, en forma de gota.

— Lo que te pierdes — dice rodando los ojos

En fin… después de todo, había llegado el gran día de Mina, y por supuesto, el de Ikuko también. El día en que Mina Tsukino –dentro de poco Mina Kou– contraería matrimonio con Yaten Kou, lo que significaba un milagro para Ikuko Tsukino, quien uniría su "gran fortuna" con la de Sabio Kou, el padre de Yaten, que la salvaría de su desgracia.

Actualmente no estamos en un buen estado económico: Con la muerte de mi padre; Mina, Ikuko y yo quedamos en la bancarrota; antes ya lo estábamos, pero después de su fallecimiento, estuvimos mucho peor ya que nadie sabía cómo administrar la empresa más que mi padre. Para salvar un poco la situación y poder pagar parte de la boda de Mina, tuvimos que vender las acciones de la empresa y todas nuestras viviendas, incluyendo la casa de campo, en donde murió mi padre. La mansión en Estambul es lo único que nos queda ahora; sin embargo, pronto se pondría en venta para poder adquirir una vivienda más pequeña y permanecer con un poco de dinero. Para ese entonces, no viviría con ellas, ya que seré la nueva inquilina de la mansión Shields en cuanto contraiga matrimonio con Armando…

Los golpes de la vida, algo de lo que ya estoy acostumbrada

Mientras estoy absorta en mis pensamientos, un Yaten vestido de novio con el característico ramito de flores en su chaqueta aparece por la puerta y entra al salón. ¿Qué hace aquí? ¿No debería estar en el club de recepción?

— Buenas tardes Serena — le respondo el saludo con una sonrisa. De todas formas me quedo con la intriga de su llegada. — Buenas tardes Mi-Mina… — empieza a tartamudear. Apuesto que se ha quedado embobado con lo bella que ha quedado Mina— ¡T-Te ves preciosísima!

— ¡Ay, Yaten! Apenas vienes y ya haces que me sonroje — Responde Mina hecha todo un tomate

— Sabes que es la verdad. No puedo creer hoy te vayas a casar conmigo

— Yaten ¿Por qué has venido? ¿No se supone que tienes que estar ya en el club? Le pregunto. Hasta ahora se me hace raro el hecho de que haya venido, cuando se supone que debería estar al otro lado de la ciudad, donde se llevará a cabo la boda

— Serena… pues tu madre… —

Mientras intenta hablar, lo interrumpe la odiosa voz de Ikuko

— ¡Mina! ¡¿Ya llegó Yaten?! — Pregunta desde el segundo piso. Dios, como odio su voz, más aún cuando grita

— Sí… — Responde Mina, cambiando su expresión de felicidad a seriedad

No entiendo nada. ¿Acaso estaban esperando a que viniera Yaten? ¿Por qué?

Ikuko empieza a bajar por las largas escaleras. Desde aquí se podía apreciar todo su conjunto: Llevaba un vestido plateado sin tirantes por los hombros. La falda medía por lo menos 3 metros, llegándole hasta por los suelos, arrastrándose en él. Tenía un simple peinado francés que le quedaba –lamentablemente– bien para su color de cabello, el cual era negro con tonalidades azul marino. Su maquillaje oscuro y su excesiva base llegaba a cubrir por completo sus arrugas y defectos de su rostro.

Si pudiera describirla en pocas palabras… sería el mismo Lucifer en persona.

Una vez ya abajo, Ikuko seguía retocándose el maquillaje por enésima vez en el día

— Buenas tardes señora Ikuk… — Empieza a saludar Yaten

— Muchachos, a lo que vinimos — Lo interrumpe cortante mientras cierra su espejo

Ikuko hace una seña con la mano para que Mina y Yaten la siguieran. Se estaban dirigiendo al interior del gran comedor, el mismo lugar en donde ella y yo nos enfrentamos días atrás. Yo también decido seguirlos. Quiero saber qué es lo que sucede.

Después de que Mina y Yaten entraran y antes de que yo ingresara, Ikuko me agarra del hombro con fuerza, jalándome hacia ella

— ¿A dónde crees que vas?— Me espeta

— ¿Qué no es obvio? Voy a entrar — Le digo con el mismo tono, como si fuera lo más lógico del mundo

— ¿Entrar? De ninguna manera — Me dice mientras me suelta de su agarre

— Tengo derecho a saber qué es lo que está pasando. Y si es sobre Mina, aún todavía.

— No, querida. Tú espera afuera. No tardamos — Me responde, mientras ingresa al comedor y me cierra las puertas en la cara

¿Cómo se atreve? … ¡Ella no tiene ningún derecho de tratarme así! Sabe que de todas formas me voy a enterar de lo que se trae en manos. Tampoco sabe todo de lo que soy capaz de hacer.

Intento abrir las puertas, pero fallo al ver que están con seguro.

— Qué astuta…

Si no abre en los próximos 30 segundos, juro que voy a tumbar la puer…

— Señorita Serena — Me dice Saori, mientras aparece desde el recibidor

— ¡¿Qué quieres?! — Respondo gritando, sin darme cuenta

Saori se sobresalta por mi tono de voz, y me responde con los ojos mirando al suelo— E-Esto… Acaba de llamar la doctora Mizuno di-diciendo que vendrá con su hija ¿Le-Le confirmo la invitación?— Pregunta tartamudeando. La hice sentir mal…

— Sí, por favor. Dígale que venga, que la estamos esperando— Le respondo mientras veo que da media vuelta para retirarse — Ah… Saori… Perdóname por alzarte la voz. Acabo de discutir con "mi madre" y bueno… imagínate el resto— Me disculpo. Sé muy bien que a Saori tampoco le agrada Ikuko. Es más, creo que la odia por cómo la trata… pero ella soporta todo por el buen salario que recibe, y por la compañía de Mina y la mía.

— No-No se preocupe, sabe que puede contar conmigo para lo que sea…— Me responde con una sonrisa sincera y un poco nerviosa a la vez — Con permiso — dice mientras se dirige al teléfono

Genial, traté mal una persona que no tuvo nada que ver en este lío solo por desquitarme… Necesito distraerme, o me empezará a doler la cabeza.

– ¡Serena!

Me salgo de mi ensimismamiento para escuchar la voz de una emocionada Ami. La veo a lo lejos bajando de la limusina y esperando a su mamá en la entrada.

–Hola Ami – Me acerco a ella y la saludo – Adelante, pasa. ¿Dónde está tu…?

– ¡Hola Serena! – Me saluda la doctora Saeko apareciendo por detrás de Amí – ¿Cómo estás? ¿Dónde se encuentra Ikuko? – Me pregunta.

Me sorprende cómo han venido vestidas para la ocasión. Sin duda todos los invitados que he visto hasta ahora se han esmerado en lucir muy presentables.

La doctora Saeko era una mujer con un buen cuerpo para su edad. Tenía el cabello negro sujeto en un moño, y por alguna razón en la luz daba la impresión de que el color en realidad era un azul marino oscuro. Llevaba un simple vestido rojo oscuro que le tapaba mucho el cuerpo, con la falda llegándole a cubrir hasta por debajo de las rodillas.

Ami también tenía un buen cuerpo, pero más definido que el de su madre. Tenía el cabello corto, por lo tanto no llevaba ningún peinado en especial; también era negro, pero daba la impresión de que también era de un azul marino oscuro, igual que la doctora Saeko. Llevaba un escote en V de un color amarillo pastel, y con la falda llegándole a cubrir un poco hasta por arriba de sus rodillas, dándole un aire de santa, cuando en realidad no tiene nada de eso.

–Mi madre se encuentra en el comedor encerrada con Mina y Yaten dentro. La razón pues no la sé – Le digo con un tono angustiado.

Se están demorando demasiado, y no soy exactamente de esas personas que tienen una gran paciencia…

–Ni modo, tendré que esperarla aquí– Responde rendida.

Necesito contarle a Ami sobre lo que está pasando, así que me acerco a ella discretamente y le digo al oído – Ami, ¿puedes acompañarme un rato, por favor? Quiero hablarte de algo importante.

–Está bien, no te preocupes– Me responde –Mamá, voy a acompañar a Serena a maquillarse. No tardo– Le comunica a su madre.

–De acuerdo, yo seguiré aquí esperando a la señora Ikuko– Le responde con aprobación.

Subimos las inmensas escaleras hasta el segundo piso, en la dirección en donde se encuentra mi recámara.

– ¿No tenías una excusa mejor?– Le digo en tono de broma– Eres la segunda persona que indirectamente me dice que me veo fea sin maquillaje.

–No te he dicho "indirectamente" que te ves fea, solo que deberías aplicarte un poco para que luzcas mejor – Me responde en el mismo tono – Es la boda de tu hermana, por Dios. Una minúscula gota no te hará daño.

– No y punto – Respondo sacando la lengua y estirando hacia abajo mi ojo derecho en modo de burla. Ella se echa a carcajadas. Es una manía que tengo desde pequeña.

Ami es una de las pocas amigas que tengo desde que llegué a Turquía. La conocí en mi primer año de estudios aquí. En toda la secundaria y preparatoria se destacó por su inteligencia y habilidad en las ciencias y matemáticas, algo con lo que yo siempre lidié. A pesar de que demuestre ser tímida en muchas ocasiones, la realidad es otra. A veces siento que ella se da cuenta de detalles minúsculos de cosas que yo no me doy cuenta, siendo capaz de sacar grandes conclusiones y descifrar la problemática. Es hasta más astuta que su propia madre incluso… Pero ella nunca había sido así… En toda la etapa de estudios siempre ha sido muy tímida, hasta que descubrió que su novio le era infiel, cayendo en una gran depresión. Después de aquello, se volvió una persona muy fuerte y empezó a odiar a los hombres. Se muestra totalmente diferente ante ellos cuando pretenden insinuársele y luego termina jugando de ellos. Sé que eso está mal y quisiera decírselo… Pero en parte la apoyo… Todos los hombres son idiotas. Además, ella puede hacer lo que se le dé la gana.

–Pasa…– Hago un gesto con la mano para que entre. –Disculpa si está desordenado… Mina hizo todo este caos– Le informo con una risa fingida.

–Sé muy bien que Mina es así, desde que la conozco… – Hace una pausa y continúa con un rostro serio– Y noto algo en tu tono de voz y esa risa fingida que no me engaña… He de imaginar que me quieres decir algo importante – No me sorprende que se haya dado cuenta. En cuestión de segundos ya sabe que algo sucede.

Me lanzo a la cama y me echo sobre ella boca arriba, ordenando mis ideas mientras veo el techo, pensativa.

–Ni siquiera sé muy bien lo que está pasando… Apenas he bajado después de arreglarme e Ikuko ya se está encerrando en el comedor con Mina y Yaten dentro… Y por el tiempo en que llevan ahí, no debe ser algo bueno.

Ami solo permanece callada, mirando un punto fijo inexistente, como si estuviera analizando algo.

– ¿Tú crees que sea un acuerdo económico o algo? – Le pregunto

– No me sorprende de que se trate de una cosa como esa… Por cómo es Ikuko…. A menos… – Se detiene.

– ¿A menos qué? – Pregunto impaciente. Puedo imaginarme cualquier cosa, al fin y al cabo, no me sorprende proviniendo de Ikuko.

– A menos de que se trate de un acuerdo prenupcial, para asegurar la fortuna a los herederos y que Ikuko pase desapercibida como "caza fortunas".

Me lo suponía.

– Incluso si se lo reclamo, sé que nada va a cambiar. Ikuko es y siempre será así.

– Es verdad…– Ami asiente– Pero sé que eso no es lo que verdaderamente me querías decir. – Cambia repentinamente de tema.

– No te hagas. A estas alturas ya debes de saberlo. – Me hago la desentendida. ¿Cómo es que lo supo?

– Serena, soy tu mejor amiga. Puedes contarme lo que sea. – Me dice, acercándose y sujetándome por los hombros, mirándome con un rostro expectante.

– ¿Incluso si te digo que me voy a casar con Armando Shields?

– ¿Casarte con Armando Shields? ¿Ese viejo? ¡Como si fuera a pasar! – Se echa a reír durante un largo rato… Pero luego se da cuenta que yo mantengo mi mirada seria sin una pizca de gracia. – Hey… Vamos, ríete. Es gracioso…

– No lo es, porque es verdad.

Antes de que Ami pudiese pronunciar palabra alguna, se escucha un portazo desde abajo.

– ¡Mina vuelve! – La voz de… ¿Ikuko?

– ¡Mina, querida, regresa! – Grita la doctora Saeko.

– ¡Déjenme en paz!

Ami y yo salimos rápidamente de la habitación y corremos por las escaleras hacia el primer piso. Necesito saber qué es lo que pasó… ¿Qué cosa Ikuko pudo haberle hecho a Mina para que se causara un gran alboroto? Yo sabía que algo malo iba a suceder… Lo presentí.

Veo a Mina llorando y corriendo por el pasillo. La doctora Saeko se levanta del sofá y va tras ella. Yaten intenta seguirla pero por alguna razón se detiene.

– Iré con Mina, no te preocupes. – Me dice Ami en voz baja.

– Gracias. – Le digo con la mirada.

Mientras ella y la doctora Saeko desaparecen, se arma un gran silencio en el espacio.

– ¡Yaten! ¡¿Qué pasó?! – Exclamo, pero no responde.

Entonces decido preguntárselo a la otra persona que se encuentra aquí – ¡¿Qué es lo que le hiciste a Mina?! ¡Responde! – Le grito a Ikuko. Ella no tiene ningún derecho en lastimarla, menos si no es su madre ni nada relacionado a ella.

– Nada… Solo le hice firmar un papel y ya. Eso es todo. – Suelta como si nada, en un tono relajado. – Es por el bien de la familia, luego me lo agradecerás.

– Y-Yo… iré a buscar a Mina – Informa un nervioso Yaten, y posteriormente desaparece por el mismo camino en donde corrió Mina.

– ¡Dime la verdad! Le hiciste firmar el acuerdo prenupcial, ¡¿cierto?! – La presiono. Sé que es cierto, no me lo va a ocultar. – ¡¿Tan necesitada de dinero estás, que utilizas ese acuerdo como excusa?! ¡No me vas a engañar, por más que lo intentes!

– ¡Entiende que es por nuestro bien! ¡Tenemos que asegurar nuestro estatus ante esta situación en el que nos dejó tu padre!

– ¡No metas a mi padre en esto! – ¡¿Por qué lo tiene que mencionar de esa manera?! Habla como si su muerte solo fuera más que un problema económico. Y así dice que lo amaba… Por Dios.

– No tengo por qué enfadarme contigo… – Relaja su tono de voz, como si se hubiese acordado de algo bueno. – He de recordarte que tú también nos salvarás el pellejo… – ¿Salvarles el pellejo? ¿De qué habla?

– ¿A qué te refieres?

– Decidí aprobar tu matrimonio con Armando Shields. Te casarás con él, tal como lo quisiste. Te equivocaste si pensabas que me fastidiarías con eso. Al final, solo me estás haciendo un favor.

– No… ¡Entonces le diré que no! – Exclamo alterada. Aún puedo cancelarlo… No le voy a dar el gusto a Ikuko… ¡Jamás!

– Ya es muy tarde… Le informé sobre mi consentimiento a Armando y ya no lo puedes evitar. – No… ¡No! – Además… me olvidé mencionártelo, pero él está pagando los préstamos que hice para la boda de Mina a modo de agradecimiento, y es una muy grande inversión,… no es una cifra insignificante. Si se te ocurre decirle algo… Podrías hacer que nos demanden y terminaríamos en la calle. Incluso podrían demandar a Yaten y no habría nada con qué salvarnos, ni siquiera el acuerdo a su totalidad.

– Es su problema haber pagado la boda… Además, no hay una buena razón para ganar la supuesta demanda. Armando no sería capaz de hacernos algo así – Le digo a modo de defensa.

Se echa a reír cínicamente. – Son los Shields ¿Lo recuerdas? Son más poderosos que nosotros, incluso más que los Kou. Aunque no hubiera un argumento sostenible para la demanda, ellos tienen mucho más probabilidades de ganarla. Tal vez Armando tenga buen corazón para no hacerlo, pero su hermana sí es capaz, sin importar lo que él diga. Tienen lazos con el gobierno y el poder judicial. – Baja su tono de voz – Ya te lo advertí. Tu futuro, el de Mina y tu sobrino dependen de ti ahora mismo. No tengas la torpeza de echarlo a perder todo. – Termina, dándose media vuelta y sube por las escaleras.

Me quedo perpleja ante sus palabras… Me ha dado un ultimátum que nunca me lo habría esperado… Y sobre todo… Me acabo de enterar de que Mina está esperando un hijo… Un hijo que no tendría los recursos necesarios para vivir por culpa mía…

Ikuko sacó su as bajo la manga… Me acorraló por completo, y no tengo escapatoria.

Todo menos eso… No quiero que Mina y el bebé sufran por mi culpa. Nunca pensé que tomaría una decisión tan difícil como la de ahora, jamás… Todo por un estúpido capricho de hacerle la vida infeliz a Ikuko, solo estoy logrando lo contrario. Terminé comprometiéndome con una persona que no tiene nada que ver en este lío, y si hago un movimiento en falso..., no quiero ni imaginarlo.

¿Por qué accedí a casarme con una persona a la que no amo? ¿Por qué?... Gracias a mi inútil intento de dejar mi orgullo en alto. Todo… Todo… ¡Todo por mi maldito orgullo! ¡No pensé en el momento…! ¡No pensé en las consecuencias!

Ahora ya nada importa… La función debe continuar.

x.X.x.X.x.X.x.X.x.X

Darien:

— Diablos…, ya son más de las diez y treinta de la noche y esta mujer sigue sin aparecer… ¿A dónde demonios se habrá metido…?

No puedo creer que ya lleve 1 hora esperándola fuera de su apartamento- si se le puede llamar así a esa inmensa vivienda…

Se demora demasiado, en serio. Le acabo de marcar al celular como 15 veces y ni una llamada ha contestado. A este ritmo nunca llegaremos a tiempo a la ceremonia, es más, ni siquiera llegaremos cuando todos estén ebrios agonizando en el suelo. Seguro que solamente se le habrá caído la pestaña postiza y le estará aplicando más pegamento para que no se vuelva a despegar.

Miro mi conjunto por enésima vez para comprobar que siga viéndome apuesto como siempre. Llevo un simple terno de color negro con una corbata azul zafiro.

En eso veo una sombra en la puerta del edificio, de donde sale una pelirroja despampanante, deslumbrando todo a su paso.

Beryl…

—Lo siento cariño, ¿te hice esperar mucho?— Dice mientras acerca sus labios excesivamente pintados de rojo para besarme.

Estaba vestida con un escote rojo en V, con las zonas del estómago y espalda descubiertas, dejando ver sus tatuajes y su piercing en el ombligo; y una falda que le cubría a penas lo necesario… un poco más y se le veía todo. Iba con el cabello suelto y planchado, con sus raíces negras, dando a la vista de que llevaba tiempo sin teñirse. Estaba maquillada, como siempre, con tonos muy oscuros y fuertes.

— No tanto, solo esperé 1 hora. No es mucho, ¿no crees?— Le digo con sarcasmo

— Gracioso…

— Súbete al coche de una vez, que se nos hace tarde

Le abrí la puerta del acompañante, como todo caballero de soy, y posteriormente subí al asiento del piloto para dar marcha al carro.

En el transcurso del camino, Beryl solo me hablaba de ropa, viajes y revistas. Es el único tema de conversación que siempre ha tenido desde que la conozco. Yo solo fingí mostrar interés alguno y me concentraba únicamente en manejar.

— Oye Dari, ¿por qué tenemos que ir a esa boda? Yo solamente estoy yendo por los artistas y miembros de importantes familias que irán,… pero, ¿tú?— Dice mientras sostiene una revista.

— Ya te lo dije… mi tío insiste en que vaya. Por mí normal no iría, es más, ni siquiera sé cómo se llaman los novios… pero ya sabes, es mi tío. Si quieres solo estamos una hora y luego nos escapamos a tu apartamento. — Le respondo. Es lo que siempre hacemos cuando nos aburrimos.

— Ni loca. Me voy a quedar un buen rato tomándome unas cuantas fotos con algunos famosos. Por cierto, como que ya estás muy grandecito para seguir obedeciendo a tu tío Armando en todo…

Ella definitivamente no sabe nada.

— ¿Y con qué "gente importante" piensas encontrarte, aparte de mí?— Digo cambiando de tema

— Ja-ja-ja. Qué chistoso, Shields. No sé muy bien quienes irán, debo suponer que muchos de los que aparecen en la revista.

— Enséñame alguno

— Veamos… ¿qué tal ella?— Dice mientras me muestra una foto de la revista

— ¿A ver…?— Casi me atraganto al ver la foto…— ¿Se-Serena?

— Sí, dame la revista… "Hija del difunto empresario Kenji Tsukino, quien fue hallado muerto en su casa de campo, aparentemente por un paro cardíaco. Contraerá matrimonio con el empresario Armando Shields dentro de muy poco y…"— Sigue hablando mientras que yo continúo viendo embobado su foto… Se ve tan hermosa con ese vestido blanco, y su bello rostro, que a pesar de no llevar ni una gota de maquillaje, se ve tan perfecta…

¿Qué demonios estoy diciendo? Esa mujer solo es una interesada. No merece ni siquiera llamársele "persona" por todo el daño que me causó, y quién sabe a cuántos hombres más de su larga lista de corazones rotos. Ruego a los dioses que no asista a la boda, porque tengo un montón de cosas que encararle en su cara, y el lugar de la ceremonia no es el adecuado para montar el espectáculo que me estoy imaginando ahora mismo.

Mientras Beryl sigue leyendo la revista y hago mi discurso mental, un recuerdo viene a mi mente.

Te amo Darien. Eres el único hombre a quien he querido todo este tiempo…

Recuerdo que Serena me dijo eso mientras caía exhausta encima mío sobre la cama.

Yo también te amo, y no sabes cuánto…— Le respondí con la voz aún agitada

Entonces recuerdo que me quiso decir algo, pero no logro recordar muy bien qué era…

Darien, yo… tengo que decirte algo importante. No sé cómo lo tomarás…

Claro, dime

Darien… yo estoy…

De pronto escucho un grito proviniendo de Beryl, que me saca de mis recuerdos.

— ¡Cuidado!

— ¿Oye, qué te sucede?— Volteo a preguntarle y regreso mi mirada nuevamente a la carretera.

Me doy cuenta de que estaba en el carril contrario, pasando muy cerca de un carro que empezó el claxon varias veces.

— ¡Fíjate bien por dónde manejas, lunático! — Gritó el hombre del coche cuando pasó por mi costado

— ¡Casi chocas! ¡¿Se puede saber qué te pasa?!

— ¡Acabo de darme cuenta, gracias! ¡No chocamos, así que no pasó nada! — Le respondo, al mismo tono de su grito

— ¡¿Cómo que no pasó nada?! ¡Desde que has visto esa maldita revista, te has quedado viendo la carretera embobado como si fuera lo más hermoso que has visto en tu vida! Estoy convencida de que algo pasó, y no me lo quieres decir.

Esta chica me saca de mis casillas.

— Beryl, no es asunto tuyo, así que por favor, ¡cierra tu boca!

— Esto no se va a quedar así. Voy a averiguar qué es lo que pasa contigo. No me gusta para nada tu actitud, Darien — Dice mientras me fulmina con la mirada. Poco me importan sus amenazas

Es común en nuestra "relación" el hecho de que peleemos, por lo que discusiones como ésta, son de las más normales.

El resto del camino fue un recorrido silencioso. Beryl solo se quedó con los brazos cruzados en el asiento, como la niñita caprichosa que es.

Una vez dentro del lugar de encuentro, apenas logro estacionar el carro, por la multitud de coches que hay dentro. Se pueden ver desde autos deportivos, hasta limosinas y camionetas polarizadas.

— Darien, puedes irte a la mismísima mierda ahora mismo. A mí nadie me trata como tú lo hiciste hace un rato. Apenas una persona caiga borracha en el suelo, me largo en un taxi, con o sin ti —Dice mientras baja del coche y empieza a caminar lejos de mí.

— Pero Beryl… — Voltea a verme con los ojos brillando — Si me voy contigo, ¿quién llevará mi Ferrari devuelta a mi casa? — Le digo sonriendo

—…Jódete— Mientras dice eso, me saca el dedo medio y se dirige a nuestra mesa reservada nuevamente con su gesto de los brazos cruzados. Juro no volver estar en el mismo lugar que ella… nunca más. Me tiene harto.

-Fijé mi vista en el aspecto del lugar. La zona era como un pequeño club de campo muy decorado y tenía muchos lugares diferenciados entre sí que parecía un laberinto. Era al aire libre, por lo que se podía ver el cielo estrellado desde cualquier punto. La capilla estaba en un extremo muy alejado, mientras que la fiesta estaba ubicada en lo que restaba de todo el espacio, donde todos los invitados, incluyendo los novios, estaban allí. Alcancé a ver la pista de baile en el medio del lugar, donde mucha gente se encontraba bailando, incluyendo los novios, rodeada por las mesas de los invitados por los 3 lados, y al frente estaba la mesa de honor, que estaba más abandonada que la capilla. Al lado izquierdo, había un malecón con más mesas de invitados, incluyendo la mía, en donde se podía apreciar toda la vista de la ciudad, el gran "Puente del Bósforo" a lo lejos, y el mar, apenas alcanzándose a ver un yate en el horizonte, lo cual es algo raro.

Dejé el estacionamiento y me dirigí a la mesa reservada de mi familia. Allí estaban mi tío, Beryl con su cara larga, y unas cuántas personas que desconozco y las que no me interesa conocer.

— Hasta que por fin llegas, Darien— Me dice mi tío

— Sí… perdón por el retraso. Lo que pasa es que alguien — digo esto entonando la voz— se demoraba mucho en alistarse.

— Cosas de mujeres, Dari. Algo que nunca entenderás— Espeta Beryl con el mismo tono de voz que usé — Con su permiso, me voy a bailar.

Sí, vete de una vez, que ni yo te aguanto— Es lo único que pensé en ese instante.

Disfruto ver a una Beryl dirigiéndose a la pista de baile echando humo.

— Darien… no debes tratarla así, es tu novia— Me reprocha mi tío

— Ya lo sé, solo que no la soporto cuando se comporta así — entonces noto tres miradas sobre mí—… Por cierto tío, — digo bajando la voz— ¿quiénes son ellas? — señalo con la cabeza a las mujeres que están sentadas al otro lado de la mesa.

— Discúlpenme por no haberles presentado a mi sobrino — dice de la nada alzando la voz, lo que hace que me sobresalte por la impresión — Darien, ellas son Ami Mizuno, una aprendiz de Medicina; Saeko Mizuno, reconocida doctora y madre de Ami; y la madre de la novia, Ikuko… — no llego a escuchar su apellido por el intenso volumen de la música, que me romperá los tímpanos en cualquier momento — Ami, Saeko, Ikuko…; él es mi sobrino Darien Shields.

— Bu-Buenas noches… Darien…— Saluda Ami, con una voz casi inaudible.

— Un gusto Darien, he oído hablar muy bien de ti— Me saluda la doctora Saeko — Perdona a mi hija, es un poco tímida…

— ¡Mamá…! — Exclama Ami, claramente sonrojada

La última persona, Ikuko, solo se queda mirando un punto fijo en el horizonte, sin notar mi presencia. Decido fastidiarla un poco, como todo "caballero" que soy.

— Muy buenas noches, ¿señora Ikuko…?— Sigue ignorándome — Vaya… el césped está muy interesante, ¿no cree? ¿Es especialista o algo?

Mi tío Armando y Ami empiezan a reírse, hasta que Ikuko voltea.

— Perdóname querido. Muy buenas noches a ti también. Dime solamente Ikuko. Por cierto… ¿podrías repetirme tu nombre nuevamente? Me pareció no escucharlo

Esta señora y yo seremos grandes amigos. De eso no cabe duda.

— Me llamo Darien. Da – rien — Continúo molestándola

En eso, veo a mi tía Neherenia aparecer.

— ¡Soobriino! ¡Qué bueno que vinistee! — Se acerca tambaleándose para darme un abrazo. Se nota que ha bebido demasiado.

— Tía, pensé que no vendrías… ya que mencionaste que volverías a tu casa

— Esta señora también merrece divertirse ¿noo crees? — Dice, arrastrando las palabras

De la nada, Ikuko se levanta de su asiento

— Con permiso, iré a caminar un poco para tomar aire fresco. No me siento muy bien…

— Te acompaño, Ikuko — Se ofrece la doctora Saeko — Ami, vigila nuestras cosas

Ella e Ikuko se van, desapareciendo entre la gente bailando

— Herrmano… ¿ellaa es…? — Empieza a preguntar mi tía

— Sí, ella misma — Responde mi tío. ¿Qué tanto misterio con esa tal señora Ikuko? De todas formas, tarde o temprano me enteraré. — Hermana, siéntate. Un poco más y te vas a caer. Necesitas descansar un momento.

— ¡Yoo estoy perrfectamentee bieen! — Dice mientras pasa sus manos por su nada perfecto cuerpo. Cómo me encantaría tomar una foto de esto. Sin embargo, empieza a hacer sonidos extraños como si quisiera… vomitar.

Se levanta y sale disparada hacia una pequeña casita, lo que parece ser el baño. Mi tío también se levanta y la sigue para poder socorrerla.

Entonces recuerdo la existencia de Ami, sonrojada y riéndose en lo bajo por la bochornosa situación.

— Hasta acá llega el olor a vómito de tu tía — Me dice Ami. Hasta que por fin habla…

— Sin ofender, pero pensé que eras muda — Le bromeo

— Qué chistoso. Por cierto, muy guapa la maniquí que trajiste — ¿Maniquí?... Ah, ya veo

— ¿Te refieres a Beryl? – Pregunto mientras señalo a la pelirroja bailando descaradamente en medio de dos hombres. Estoy acostumbrado a verla rodeada de hombres, y la verdad, no me importa en absoluto.

– ¿Beryl? Qué nombre más raro…

– Sí… No es de por aquí…

– Y mira qué cuerpo… Su cirujano ha hecho un buen trabajo…– Prosigue mientras la mira como si estuviera analizándola – Me imagino cómo la disfrutarás en la cama…

– De hecho no. Finge ser una experta pero una vez que estás con ella, es un total desastre. Tan sólo mira mi rostro… Lo dice todo. – Le digo mientras hago una mueca.

– Entonces, ¿por qué sigues con ella? ¿Si dices que es un desastre…? – Pregunta.

– La verdad… – Ahora que me pongo a pensar…, en el fondo, ¿tengo una verdadera razón para estar con ella? ¿Qué cosa le vi que me hizo ser su novio? Nunca entenderé por qué hago las cosas por hacer y sin pensar en las consecuencias… – No lo sé… Supongo que… ¿por diversión?

– ¿Diversión?... – Me mira con cara expectante, como si estuviera esperando a que dijera algo más… Pero no lo hago – Hombres… Nunca los entenderé. ¿Y viven juntos? Apuesto que sí.

– Ehh… Yo no diría que vivimos juntos… Yo puedo pasar la noche en su apartamento si es que quiero pero en su caso no pasa lo mismo, puesto que…

Me interrumpe. – ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

– ¿Un año…? ¿Dos? Ya perdí la cuenta. No interesa cuánto tiempo llevo con ella, la cosa es que estamos juntos, ¿no? – Le respondo rodando los ojos. ¿Acaso el tiempo de relación entre una pareja realmente importa? Yo creo que no… Son excusas para sentirte con el derecho de poder decir si acabarás con esa pareja por el resto de tu vida o no, dependiendo del tiempo en que llevan. No me va eso.

– Sí, creo… – Responde cabizbaja. ¿Ahora qué le sucede? ¿Dije algo malo?

No entiendo para nada lo que le pasa. Pero llego a notar que dice algo casi susurrando; sin embargo, no llego a escucharla bien por el estresante ruido de la música. Qué extraña que es…

Llevamos así por un largo rato, y cuando se escucha por lo lejos un vaso rompiéndose, se da cuenta del breve silencio que se creó entre nosotros, a pesar del estruendo. – Ah… Lo siento. Creo que te estoy agobiando con muchas preguntas. Suelo ser así cuando no tengo un buen tema de conversación… Y eso que acabamos de conocernos… – Explica mientras se sonroja.

En serio, no entiendo a esta mujer. Primero está preguntando sobre mi vida íntima con Beryl sin vergüenza alguna, y ahora se muestra tímida y sonrojada.

– Entonces… ¿Quieres que te cuente algo de mí? No sé… O tal vez quieres que te de mi número… Quizás podamos ir a otro… lugar. – Me dice mientras levanta ligeramente los ojos y los baja de nuevo. No quiero saber qué parte estará mirándome.

Creo que esta pequeña conversación está empezando a salirse de contexto. Y para colmo, estoy teniendo este tipo de charla con una chica que apenas veo… Me inventaré una excusa para ir por un trago… o tal vez dos.

– Oye… Disculpa por interrumpirte, pero si no te molesta, creo que iré a bailar un rato…

– No, al contrario, yo también pensaba en ir a bailar… ¿Y si vamos juntos? – Se levanta de su asiento mientras se acomoda la falda del vestido, dispuesta a ir a la pista de baile. ¿Ahora finge que nada pasó? ¿Qué demonios…?

– ¡No! – Respondo casi gritando. Tengo que medirme… – Quiero decir, no… Es que iré con Beryl y pues… una vez ebria empezará a incomodarte. – Genial. No pudiste haber dicho una excusa mejor.

– Bueno… Ya nos veremos luego. No creo que siga aquí para cuando regreses. – Se relaja y se deja caer en la silla.

– Claro, nos vemos.

Me doy media vuelta y empiezo a caminar lejos de ella, pero me llama repentinamente. ¿Qué querrá?

– Jaja, perdona. Quería decirte que si llegas a ver a mi amiga, dile que su mejor amiga Ami necesita que venga urgentemente. – ¿Había necesario en hacer énfasis a "mejor amiga"? Las chicas de hoy…

– Claro… Pero no soy adivino. Al menos dime cómo es su físico o el color de su vestido. – ¿Querer un trago es mucho pedir? Esta mujer cree que soy su mensajero…

– Alta, rubia, pelo suelto, escote rosado hasta por los suelos, rostro angelical y cuerpo de infarto. ¿Necesitas más información? – Pregunta mientras me guiña un ojo. ¿Acaso cree que me fijaré en su "mejor amiga"? Aunque si lo pienso mejor…. si Beryl no me hace caso, podría ser una buena opción.

Sólo quiero irme de una buena vez. Ni siquiera sé si terminaré encontrándola… Deben de haber un millón de mujeres con esas características en esta inmensa fiesta. – No, gracias. Si la encuentro, le avisaré de tu parte… Nos vemos.

Al fin, soy libre. Me separo de ella y empiezo a caminar lejos de ese lugar sin regreso. ¿Qué aprendí de esto? Que nunca debo conversar con una extraña a solas sobre mi vida detrás de la puerta; si le sigo la cuerda, malinterpretará las cosas y pensará que quiero algo más con ella. Y sobre la excusa del tema de conversación… No me la creo. Apuesto que es una de sus facetas para victimizarse por sus preguntas inquietantes, y así engañar a los demás… Y la "mejor amiga"… de seguro ni existe. Me vio la cara por completo.

Me dirijo entre la multitud en busca de la fuente de comida. Toda esta rara experiencia me ha dejado sediento de champán.

Quiero distraerme, o me aburriré más de lo que ya estoy… Es verdad… ¿en dónde se habrá metido Beryl? No es que me importe mucho en el lugar en que esté, pero también tengo que hacerme respetar,… no puede ir de un lugar a otro con cualquier hombre, o terminará poniéndome los cuernos y seré la burla en la facultad.

Cojo dos copas de vino y deambulo entre la multitud, esperando encontrarme con Beryl o algún rostro familiar… Pero nada… Todos son completamente desconocidos para mí.

Empiezo a ver entre las personas, buscando con la mirada a la "mejor amiga". No veo absolutamente a nadie con esas características, solo unas cuántas rubias pero con vestidos de diversos colores excepto el rosado.

Me parece ver a alguien con la misma descripción que me dio Ami. Es más, tengo el presentimiento de que es alguien familiar… Camino hacia donde está para calmar mis dudas, pero siento la mano de alguien sobre mi hombro que me impide seguir, mientras veo a la muchacha alejarse. Bueno, no es que sea algo importante…

– ¡Darien! ¡Muchacho! – Me sobresalto por la aparición de esa repentina voz… Volteo y me encuentro con el rostro de felicidad de mi tío… ¿Qué milagro habrá pasado para que esté así de alegre? No han pasado creo que ni 15 minutos…

– Ah, tío, eras tú… Me asustaste… – Digo

– ¿Te asusté? ¿Desde cuándo Darien Shields se asusta? – Pregunta y se echa a reír a carcajadas… ¿Pero qué es lo que le sucede?

– ¿Has visto a Beryl? – Pregunto. Necesito saber si la ha visto por alguna parte… Ya quiero largarme.

– No, pero con ese humor que tienes de seguro ya se habrá marchado hace rato. – ¿Qué? ¿De qué habla?

– ¿Tío estás ebrio? – Le pregunto. Él no es de esos viejos que suelen beber, y en una fiesta mucho menos.

– Muchacho no es para tanto, era sólo una broma… – Claro…

– Una mala broma, tío. – Le respondo, rodando los ojos.

Entonces cambia de tema repentinamente… – A propósito… Quiero que me acompañes.

– ¿A dónde? – Pregunto expectante.

– Tú sólo ven… Quiero que veas a alguien. Seguro es otro socio de la empresa que quiere que conozca. Como yo heredaré el negocio mientras Rei se prepara para dirigirlo, tengo que ir acostumbrándome a ver los rostros amargos de los socios cada cierto tiempo.

– De acuerdo… – Respondo rendido. Pero recuerdo que sigo sosteniendo las dos copas de vino que cogí previamente. – Pero antes, tengo que devolver esto. – Digo mientras le menciono mis manos ocupadas.

– No hay que desperdiciar esa calidad de vino. Mejor dámelo para yo beberlo. – Me dice mientras va acercándose ya para reclamar lo que cree que le pertenece.

– Por supuesto que no, tío. Se puede ver de lejos que ya has bebido demasiado. Dile a ese tal socio que venga aquí mientras yo dejo esto. – Declaro mientras volteo y trato de orientarme.

– ¿Socio? ¿Qué socio, Darien? – Llego a escuchar la pregunta de mi tío, mientras me voy alejando de él. La gente empieza a moverse de un lado a otro y me irrito. No puedo escuchar lo que me dice por el parloteo de la gente.

– ¡Tío si siempre traes socios para que los conozca! ¡¿Hay alguna otra razón para que me llames?! – Grito para que me escuche, pero creo que es inútil. La música ha subido su volumen y el movimiento de la gente.

– ¡Darien! ¡Cuidado! – Logro escuchar. Volteo para tratar de oírlo mejor pero es imposible. ¿Cuidado de qué? No entiendo.

Entonces comprendo a lo que se refería: Mientras redirigía mi mirada hacia la fuente de comida, una muchacha de cabellos rubios corría sin razón alguna y se estaba chocando con la gente que bailaba, sin poder seguir su camino. Y es donde noto, que en un abrir y cerrar de ojos, aterrizo en el suelo junto a la chica, y veo que las copas del vino que llevaba en mis manos, estaban intactas en el pasto verde; sin embargo, gotas del líquido llegaron a manchar su vestido.

Al parecer, ninguna persona a nuestro alrededor se dio cuenta de nuestra desgracia; sin embargo, si seguimos en el suelo, nos aplastarán en cualquier momento. Así que, apenas me levanto, le ofrezco la mano a la chica que sigue echada en el césped. Ella me corresponde y, de un tirón la llevo lejos de la multitud, hacia un lugar apartado, sin preguntarle si se encontraba bien, o al menos haber visto su rostro.

No opone resistencia, ya que sabe que lo que hizo estaba mal. ¿Quién correría con tacones y una falda que parecía una serpiente por la longitud, en medio de una fiesta donde el suelo sólo era pasto?

Pero admito que yo también estuve mal. No veía por dónde caminaba y me tropecé con ella. Hubiese evitado ese accidente si sólo la evadía y la seguía, sujetándola de los hombros para que dejara de correr y prevenir otro mal momento.

Una vez me detengo con ella, le ofrezco un pañuelo para que se seque las gotas de vino que aún resbalan por su reluciente piel…

Espera un minuto...

Alta, rubia, pelo suelto, escote rosado hasta por los suelos, rostro angelical y cuerpo de infarto.

Alta, rubia, pelo suelto, escote rosado hasta por los suelos y cuerpo de infarto… Esta chica tiene todas las características. ¡Encontré a la "mejor amiga"! Y yo que pensaba que me habían tomado el pelo… Quién lo diría… Ami no estaba tan loca después de todo…

Sin embargo, no he visto su rostro aún. Sigue con la mirada abajo, mirando un punto inexistente. Me da curiosidad verla… ¿Será un rostro angelical como lo describió la peliazul?

– Disculpa, ¿eres la "mejor amiga" de una tal Ami Mizuno?

– ¿A-Ami? Sí, soy yo… – Pregunta tartamudeando, mientras levanta su cabeza.

No puedo creerlo…

– ¿Serena?