Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Anne Mather y se titula "Fruto del amor".
3-La narración esta de parte de Sakura tanto como de Sasuke, al igual que los pensamientos.
Advertencias:
CATEGORÍA: "T".
AU- LENGUAJE UN POQUITO BULGAR.
*O*sasu*O*saku*O*sasu*O*saku*O*
"Capítulo 8"
Antes su sorpresa, Sakura durmió asombrosamente bien. Después todo lo que había ocurrido, había pensado que se quedaría despierta durante horas dándole vueltas a los acontecimientos del día y la noche. Sin embargo, perdió la conciencia en cuanto apoyó la cabeza en la almohada. No era una conciencia tranquila. Lo que había hecho, lo que había permitido que hiciera Sasuke, era imperdonable. Se merecía pasarse la noche reprendiéndose por su necedad. Aunque también cayó en la cuenta de que, si se había dormido tan fácilmente, habría sido en parte por el embarazo. Se puso de espaldas y observó el sol que entraba por las ranuras que había entre las cortinas. En Londres, inquieta por todo lo que se le avecinaba, los sueños estaban repletos de imágenes angustiosas, pero la noche anterior había estado tan agotada, que no pudo mantener los ojos abiertos.
Se encontraba descansada, como no se había sentido desde hacía mucho tiempo. En realidad, desde que Sasuke reapareció en su vida.
Sin embargo, tenía que levantarse para afrontar todo lo que le esperaba, y no se refería a las náuseas de todos los días. ¿Qué habría pensado Fugaku cuando su hijo abrió la puerta y salió de la habitación sin dar ninguna explicación? Fue hacia la escalera como si no estuviera dispuesto a contestar ninguna pregunta sobre su presencia allí. Era fácil de imaginarse lo que habría pensado al encontrar a su hijo con la mujer de la que estaba divorciándose. Al fin y al cabo, había recibido los primeros documentos el día anterior a salir hacia Kalithi. Que él no los hubiera firmado no les restaba ninguna veracidad.
Apartó las sábanas y comprobó que había dormido sin la enorme camiseta que se ponía siempre. Sin embargo, se había sentido humillada al haberse quedado sola para afrontar la evidente perplejidad de Fugaku y no era de extrañar que estuviera desorientada cuando él se fue. El padre de Sasuke miró a su hijo como si no entendiera la situación. Luego, miró a Sakura, observó que sólo llevaba la bata y su rostro arrugado adoptó una expresión de entenderlo todo.
Sakura estuvo a punto de explotar. Sabía muy bien que tenía los labios inflamados y las mejillas congestionadas. Fugaku no era tonto. Tuvo que adivinar exactamente lo que había interrumpido. Por eso rehusó la invitación de ella para que entrara.
—No te preocupes, Sakura —se había excusado mientras miraba al descansillo como si esperara que su hijo reapareciera—. Si no necesitas nada, te deseo buenas noches. Que duermas bien, cariño.
Evidentemente, había decidido que no era el momento de tener una conversación trivial. Antes de despedirse, Sakura tuvo ganas de decirle que eso que había presenciado no era lo que él pensaba, pero, realmente, tampoco tenía muchas ganas de saber lo que pensaba sobre su comportamiento, por no decir nada del de su hijo.
Una doncella le llevó el desayuno mientras se duchaba. Cuando salió del cuarto de baño, se encontró una bandeja con zumo, bollos y café en la mesilla. Esperó que la chica no hubiera oído más de la cuenta, pero si lo había oído, tampoco pasaba nada. La gente vomitaba por los motivos más diversos. El olor a café era repelente, pero se comió un trozo de un bollo. Estaba muy bueno y recordó haber leído que la comida podía aliviar las náuseas matutinas. Se comió dos bollos y se bebió el zumo. Incluso acabó tomándose media taza de café y se encontró bastante bien.
Se puso una camiseta rosa sin mangas y unos pantalones cortos a juego. El color le favorecía y se sujetó el pelo con una pinza. Entonces, con cierto recelo, salió de la habitación. Eran las nueve pasadas y podría encontrarse con alguien. No estaba pensando en Sasuke, se dijo mientras bajaba las escaleras, pero tampoco podía evitar preguntarse si se habría ido. Se encontró con Sai, que estaba tocando el piano en la sala de música.
Cruzó el vestíbulo y se paró en la puerta. Aunque era imposible que él hubiera oído sus pasos, levantó la cabeza.
—¡Sakura! —exclamó mientras se levantaba del taburete.
Se dirigió hacia ella y Sakura comprobó que también llevaba pantalones cortos y camiseta.
—¿Has dormido bien? —siguió Sai—. ¿No estás cansada después de... del viaje?
La vacilación fue muy elocuente, pero Sakura prefirió pasarla por alto.
—Muy bien —contestó ella mientras se preguntaba si la madre de Sai habría aprobado los besos que se dieron en las mejillas—. Observo que hoy no trabajas...
Cuando ella se marchó de la isla, Sai ejercía de secretario de su padre, pero conociendo a Fugaku, como ella lo conocía, sabía que no habría permitido ese atuendo si estuviera trabajando con él.
—Hoy no —confirmó él sin dar más explicaciones—. ¿Has desayunado? Puedo pedirle a Angelena...
—Ya he desayunado, gracias —Sakura hecho una ojeada a la sala iluminada por el sol—. Es una habitación preciosa y muy silenciosa. Se me había olvidado lo apacible que puede ser Kalithi.
—Querrás decir lo aburrida —replicó Sai con un tono que a Sakura le pareció un poco adusto.
La noche anterior, él pareció contento, pero en ese momento, sus facciones redondeadas transmitían un aire de melancolía bastante claro.
—Eso depende de lo que busques —susurró ella, que no quería entrar en una conversación sobre su vida.
—¿Qué buscas tú, Sakura? —Sai arqueó las cejas—. ¿Sólo quieres el triunfo en el trabajo?
—No sé lo que quiero —contestó ella lacónicamente aunque no podía ser más cierto—. Mmm... ¿dónde está todo el mundo? ¿Están desayunando?
—Mi padre no suele bajar antes del almuerzo y mi madre normalmente pasa la mañana con él. Aunque si está Karin, a lo mejor cambia esa costumbre. Itachi ha vuelto al monasterio y... mi otro hermano se marchó hace una hora.
—¿Sasuke?
Sakura lo preguntó con asombro porque no había oído el helicóptero, aunque también sintió cierto alivio.
—Sí, Sasuke —confirmó Sai—. Espera volver mañana por la tarde.
—¿Mañana por la tarde?
—Sí, mañana por la tarde —contestó Sai con un tono algo burlón—. ¿Cómo piensas entretenerte hasta entonces?
Sakura se sonrojó.
—No sé qué quieres decir. No he venido a ver a Sasuke.
—¿No...?
Él no parecía muy convencido y Sakura se preguntó si sus padres pensarían lo mismo, por no decir nada del propio Sasuke.
—Tu padre quería verme —Sakura se entrelazó los dedos de las manos—. Yo no podía... no quise negarme.
—Ya... —Sai se encogió de hombros. Era más bajo que Sasuke y su sonrisa burlona tenía algo femenino—. Si tú lo dices, yo no voy a discutirlo. A lo mejor la influencia de mi madre altera mi criterio.
Sakura sacudió la cabeza y quiso marcharse en busca de una compañía más amigable, pero él extendió los brazos.
—Lo siento —se disculpó Sai—. Soy un bicho, lo sé. No me hagas caso, Sakura. Vamos a dar un paseo. Cruzaremos el jardín e iremos a la playa.
—No sé si... —Sakura vaciló.
—Por favor —Sai podía ser encantador cuando quería—. Si quieres, podemos quedarnos en la piscina. Ya sé que te encanta nadar.
Ella habría podido tomárselo como otro comentario malicioso, pero en ese momento no le pareció juicioso ponerse un traje de baño y aceptó la primera oferta.
—Prefiero el paseo.
Era preferible a quedarse ahí esperando la llegada de su suegra y de Karin. Salieron por la sala que utilizaban durante el día. Era una habitación preciosa sólo empañada por el recuerdo de la discusión que tuvo con Sasuke la mañana anterior a su marcha de la isla, para bien. Al menos, ella creyó que era para bien, se dijo mientras seguía a Sai a través de las puertas correderas. En esos momentos, estaba tan confusa, que no sabía qué pensar.
Afortunadamente, el porche no albergaba malos recuerdos y bajaron los escalones que llevaban a la enorme piscina redonda. Rodearon las casetas de madera que servían de vestuarios y sauna y siguieron el sendero entre césped recién cortado. Todo era maravilloso, pero hacía un calor increíble. Sakura, que no metió crema protectora cuando hizo el equipaje, esperó no quemarse. Sin embargo, nada en ese viaje estaba saliendo como ella había previsto y tenía que revisar sus perspectivas.
Una brisa los recibió cuando llegaron a la arena. Sakura se quitó las sandalias, las agarró de las tiras y fue hacia el mar.
—¡Tranquila! —exclamó Sai mientras intentaba seguirla—. Tenemos toda la mañana.
Sakura se preguntó por qué Sai se conformaba con pasar el tiempo en la isla cuando su padre trabajaba tan poco en ese momento.
Sintió el frescor del agua en los pies y se acordó de que ése era el mejor momento para bañarse antes de que el sol pudiera quemarte incluso dentro del agua.
—Tienes que aprender a relajarte, Sakura —le comentó Sai con la respiración un poco entrecortada—. Ahora no estás en Inglaterra.
—¿Crees que no me he dado cuenta? —preguntó ella con la mirada clavada en el agua que bañaba sus pies—. ¿Qué haces aquí? —le preguntó repentinamente mirándolo a los ojos—. ¿Te han mandado para que me vigiles?
—¿Crees que me prestaría a hacerlo? —le preguntó Sai con tono ofendido.
Sakura arqueó una ceja burlonamente.
—¿Debo considerarlo como un sí?
—¡No! —estaba indignado— Pensé que te gustaría estar acompañada, nada más.
Sakura lo miró fijamente un instante y se dio la vuelta.
—De acuerdo —empezó a caminar por la arena—. ¿Qué haces? ¿Ya no trabajas para tu padre?
—Estoy seguro de que mis problemas no te interesan, Sakura —Sai apretó los labios—. Pero yo sí tengo curiosidad por tu relación con Sasuke. ¿Sabes que va a casarse con Karin en cuanto esté divorciado?
—Sí, él me lo contó.
—¿Te contó por qué?
—Eso es lo de menos, Sai. Quiere el divorcio y punto final.
—No, no es el punto final. No hacía ninguna falta que Sasuke se divorciara, a no ser que quisiera hacerlo, claro.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Sakura con el ceño fruncido.
—Quiero decir que yo estaba deseando darle a mi padre el nieto que tanto anhela. Pero yo no le servía, mi relación con Kaiya no le sirve, aunque llevemos más de seis años juntos.
Sakura se paró y lo miró con incredulidad.
—¿Quieres decir que Kaiya Maeda y tú sois...?
—¿Pareja? Sí —Sai arqueó las cejas—. Lo conoces, ¿verdad? ¿No te contó Sasuke que vivíamos juntos?
—Me dijo que erais... amigos.
Sakura se sintió estúpida. Sasuke le había dicho que a Sai no le interesaban las mujeres, pero ella no supo atar cabos.
—Naturalmente, no tendría que sorprenderme —Sai daba patadas al agua—, Sasuke es el heredero de nuestro padre. El hijo mayor. A mi padre no le sirve el hijo de nadie más.
Sakura sacudió la cabeza. ¿Sabía Sasuke todo eso?
¿Sabía cómo se sentía Sai? Tendría que saberlo. Era una situación tan descarnada, que Sasuke y su padre tendrían que haberla comentado en algún momento.
—Lo siento.
Sakura sabía que eso era insuficiente, pero no se le ocurrió otra cosa que decir. Sai le sonrió de mala gana.
—No importa —replicó él con resignación—. ¿Vamos más lejos?
Caminaron casi un kilómetro por la playa y volvieron. Para alivio de Sakura, la conversación tomo un cariz menos personal y estuvo tan pendiente de no tocar temas conflictivos, que se olvidó completamente del calor que hacía.
Sin embargo, cuando tomaron el camino de vuelta al porche, notó que los hombros le escocían. Se miró los brazos y comprobó que los tenía rojos, por lo que era fácil suponer que tendría la cara como un tomate. Algo que la fastidió mucho cuando se encontró con su suegra y Karin en el porche y protegidas por un toldo de rayas.
Necesitó mucho valor para avanzar hacia ellas. Además, se encontraba bastante aturdida. Una situación que no mejoró cuando Sai se disculpó y entró en la villa.
—Hola, Sakura —la saludó Mikoto mientras observaba con placer cómo se sentía su nuera—. ¿Por qué no nos acompañas? Estamos tomando café.
Sakura sabía que Mikoto no tenía ningún interés en que la acompañara, sólo quería complicarle más esa situación tan incómoda. Evidentemente, sabía que Sakura habría preferido irse a su cuarto para untarse una crema en los brazos y los hombros, pero no podía desperdiciar la oportunidad de torturarla.
Sakura, que estaba dispuesta a no hacer nada que empeorara la situación, esbozó una sonrisa forzada.
—Gracias —dijo antes de sentarse en una butaca junto a Karin.
El olor a café le daba náuseas y, cuando Mikoto pidió a la doncella que llevara otra taza, Sakura se humedeció los labios resecos.
—¿Te importaría que tomara agua?
—¿Agua? —Mikoto la miró con impaciencia—. ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal?
—Tengo calor y mucha sed. Si no te importa...
—No está acostumbrada a nuestro clima —comentó Karin con desdén—. Parece un cangrejo. A lo mejor prefiere irse a su habitación...
A Sakura le fastidió que hablara de ella como si no estuviera allí, pero se alegró de que hubiera dicho lo que había dicho.
—Efectivamente, Mikoto, si no te importa... —susurró Sakura mientras se levantaba—. ¿Te importaría decirle a la doncella que me lleve el agua a mi habitación?
—¿No puedes quedarte un par de minutos? —le preguntó Mikoto con los dientes apretados—. Hoy no hemos tenido la ocasión de hablar. ¿No quieres saber qué tal está mi marido?
—Claro que quiero saber cómo está Fugaku —Sakura volvió a sentarse—. Sólo he pensado...
—Me imagino lo que has pensado. Estoy segura de que preferirías no tener esta conversación —Mikoto la interrumpió tajantemente—. Sin embargo, dejemos clara una cosa, Sakura. Yo no aprobé que Fugaku te invitara. Independientemente de lo que él diga, no eres bienvenida en mi casa. Una vez que lo has visto, espero que te marches en cuanto sea correcto.
—¿Por qué permitiste que Sasuke se pusiera en contacto conmigo? —Sakura resopló—. ¿Por qué no fingiste haber hablado conmigo y que yo lo había rechazado?
—Porque Fugaku no lo habría aceptado nunca. Además, quiero demasiado a Sasuke como para mentirle.
Sakura sacudió la cabeza y se arrepintió enseguida. Volvió a sentirse mareada y se agarró a los brazos de la butaca para sosegarse. Desgraciadamente, Mikoto y Karin se dieron cuenta y su suegra dejó escapar un sonido de impaciencia.
—Muy bien, vete a tu habitación. Si no puedes dominarte ni cinco minutos, será mejor que hagas lo que dice Karin. Pero no olvides lo que te he dicho. La próxima vez podría no ser tan comprensiva.
Sakura no supo a qué se refería.
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"…SaKu-14…"
