Capítulo 6. Un cálido presente, un nublado pasado

Un sol casi veraniego y especialmente caluroso cayó sobre la cabeza del profesor Knowling cuando éste finalmente salió del bloque residencial del Celestium. Aquel día de mayo se había vuelto extraño, agobiante y muy tórrido y la ligera brisa que corriera poco antes había cesado totalmente. Además, apenas acababa de cumplirse el mediodía, por lo que las horas más duras y asfixiantes de la jornada parecían estar aún por llegar. Los pocos ponies que Brown vio a lo largo del camino que le conducía de vuelta a su despacho se veían sudorosos y poco contentos con aquel cambio de tiempo.

En cuanto a él, en esos momentos, era totalmente ajeno e indiferente al clima. De hecho, lo hubiera sido a prácticamente cualquier problema que se le pudiera presentar en esos instantes. A pesar de lo poco que había podido dormir en la noche anterior, se encontraba exultante y se sentía animado, pleno de vitalidad como en sus mejores tiempos de juventud. Casi hubiese tenido ganas de brincar y saltar cual potrillo. Y es que por fin parecían encauzarse las cosas tal y como él deseaba…

Era curioso, casi irónico, que aquello lo hubiese hecho posible la intervención de, nada más y nada menos, la mismísima princesa Celestia. "Realmente", pensaba Brown, "esa alicornio no tiene ni idea de la oportunidad que me ha brindado con su petición y del puente de plata que me ha dejado tendido hasta mi codiciado objetivo… El quinto fragmento del Adenror pronto será mío. El sexto, le seguirá poco después. Y, entonces… Un nuevo poder resurgirá, un poder cuya victoria está más cerca de lo que podría imaginar esa pretenciosa deidad coronada". A Brown casi le daba ganas de reír el que, la que en principio debiera estar más interesada en detenerlo, fuera la que, sin saberlo, le ayudara en su propósito.

Sus planes habían avanzado mucho esa mañana. Había encontrado un posible indicio que debía servir para localizar la posible cripta aydara situada en las afueras de Ponyville y, con un oportuno movimiento, había aprovechado una perfecta ocasión para mandar a aquel pueblo a Dremtly con la excusa de la instrucción de aquella unicornio predilecta de Celestia. Si su antiguo alumno encontraba la cripta, sería un gran logro que le acercaría mucho a la meta; y, si no lo conseguía, si es que acaso era una pista y un rastro falsos, él no tendría, manteniendo las distancias, que ver perjudicados ni su nombre ni su reputación.

Por suerte, no había sido muy difícil convencer a la joven Sparkle. Puesto que Brown se esperaba más reticencias de una unicornio a la que había imaginado más ambiciosa y, por tanto, deseosa de estar en Canterlot, en el centro del poder, se sorprendió encontrarse con que ésta parecía no solamente conforme, si no que estaba más que perfectamente dispuesta e incluso complacida con la idea de poder realizar sus estudios desde su hogar, en Ponyville. Knowling no entendía que encantos podía encontrar alguien en un lugar tan insignificante pero, resultándole la predisposición de la unicornio tan favorable, no se interesó demasiado por ello. De hecho, Sparkle no sólo no había puesto ningún inconveniente ni serio ni nimio a su propuesta si no que, incluso, había ofrecido acondicionar un cuarto de su propia casa, al que en esos momentos no le daba uso, para que pudiera instalarse Dremtly y su asistente, Ear, mientras tuvieran que residir en el pueblo.

En cuanto a su antiguo alumno, sabía de antemano que su reacción no estaría precisamente marcada por el entusiasmo, pero también que no se atrevería a poner demasiadas objeciones ni pegas. Simplemente había tenido que mantenerse firme en su determinación y así había logrado volver a doblar, como en otras ocasiones, la débil y aparentemente inexistente voluntad de Dremtly. El joven investigador le tenía tan poco aprecio a los pequeños pueblos como Brown, pero para el profesor eso no era excusa alguna. "Además", pensaba, "al fin y al cabo, él nació y se crió en Ponytown, que no debe ser muy distinto, así que no se enfrenta a nada que no haya vivido antes".

Tampoco tenía precisamente Brown más opciones entre las que escoger: Fogsun era el único activo en esos momentos en su departamento que había tenido alguna experiencia práctica en el campo de la arqueología aydara y, aunque lo vivido por Dremtly en la excavación de la cripta de Cherady no era precisamente alentador, al menos le capacitaba para poder rastrear, encontrar y saber identificar la posible cripta de Ponyville sin demasiado margen de error. A partir de ahí, ya se las ingeniaría Knowling para hacerse con la dirección del proyecto de excavación de ésta.

"Sí", se dijo a sí mismo, sonriente, mientras entraba en su despacho, "por fin todo ha empezado a funcionar como debe".

• • •

Irremediablemente, la mirada de Twilight acabó por desviarse, sin remedio, hacia el amplio reloj que colgaba de una de las paredes de la cocina. Lo cierto es que, en una estancia donde el blanco y el beige reinaban por completo, la colorida esfera del mecanismo, cuyas agujas surcaban el aire sobre una vivida imagen de los Wonderbolts resaltaba a la vista como un relámpago en mitad de una noche de tormenta. Era el único objeto en aquella habitación que parecía tener algo de personalidad y la unicornio no dudó en atribuírselo al extraño pegaso que acababa de conocer.

Y empezaba a estar preocupada. Ya había pasado más de una hora desde que Spike se fuera con aquel tal Earion y aún no habían regresado. Ella era plenamente consciente de lo irracional que era temer que hubiera podido haberles pasado algo allí, en la mismísima Canterlot, pero no podía evitar sentirse algo angustiada y, en parte, culpable, por haber permitido a su "hermanito" irse de esa manera con un pony al que, al fin y al cabo, apenas si bien acababan de conocer. Un pony, además, cuya conducta, al reflexionar sobre lo poco que le había visto, no le parecía que pudiera calificarse de ninguna manera de normal.

Tampoco era del todo corriente, o al menos a ella no se lo parecía, la aparentemente ambigua actitud que mostraba el compañero de piso de aquel, Dremtly. Al principio, desde que entró dubitativamente en la cocina, se había mostrado bastante reservado y parco en palabras. Durante la larga conversación en que el profesor y ella habían tratado los detalles de su "plan de estudios" e intentado dar salida a algunos problemas que se planteaban, él había permanecido en silencio, como totalmente ajeno al asunto que ellos trataban.

La marcha de Brown, sin embargo, pareció hacerle repentinamente consciente de la realidad y de la presencia de la unicornio en su casa. Aunque ésta había pensado que se mostraría entonces incluso aún más retraído, hallándose sólo con una total desconocida y sin el apoyo de una presencia de confianza, se encontró con que entonces sí parecía, por el contrario, dispuesto a cruzar más de dos palabras con ella. En su voz se percibían aún algunos nervios, pero poco a poco su tono y su actitud se fueron normalizando hasta ser casi los de un "pony normal". Aunque era algo frío en sus formas y su tono suave y refinado delimitaba y mantenía claramente las distancias entre los interlocutores, también resultaba educado y agradable. No estaba segura de entender qué pasaba por la cabeza de ese unicornio.

Intentó no pensar en ello y volvió a recorrer con interés los títulos de los libros que, desde la otra habitación, Dremtly le estaba trayendo. A raíz de una sugerencia del profesor, aquel había accedido a prestarle algunos volúmenes de su pequeña biblioteca particular. De hecho, Knowling había insistido mucho en ello. Twilight no había sido capaz de imaginar el porqué hasta que los vio. Los ejemplares de Dremtly, aunque desgastados y con los lomos especialmente cuarteados por el uso, tenían tantos apuntes y anotaciones en los márgenes y entre los párrafos, que era como si prácticamente contuvieran otro libro dentro del propio libro. La letra del unicornio era pequeña pero bastante legible, y la unicornio entendió que, sin duda, los añadidos manuscritos del joven investigadores le serían de utilidad.

-…"Introducción avanzada a la escritura aydara" de Henfigth Carroter, "Estudios alquímicos esenciales: la magia en la materia" de Ruthgray Benedtree y "Comentarios a los textos del Valle de los Reyes" de Eiibow Oda-terminó de leer los títulos y nombres de los autores de los últimos volúmenes en voz alta. Sonrió, conteniendo apenas sus ganas de saltar y gritar. Se sentía embriagada por la emoción de tener nuevas lecturas a su alcance. La misión de estudiar la magia aydara que le había encomendado la princesa Celestia, tras la angustia de aquella mañana, volvía nuevamente a entusiasmarla otra vez con más fuerza incluso que antes.

Meditando al ver el considerable volumen ocupado por los siete ejemplares, se decidió finalmente por ir a decirle a Dremtly que tenía suficiente material para comenzar y que no se llevaría ningún libro más por aquel día. El unicornio estaba en el salón, apoyado sobre un estante para alcanzar a ver algunas de sus lejas más altas, mientras media docena de tomos diversos, sostenidos por su magia, flotaban a su alrededor. Parecía estar buscando algún ejemplar en concreto y, por lo visto, le costaba encontrarlo. Twilight comprendía muy bien su situación, y más viendo el caos de libros por doquier que llenaban por completo el cuarto.

-Estoy seguro de que tiene que estar por aquí…-le dijo, sin mirarla y sin dejar lo que tenía entre cascos-…Éste que te voy a mostrar ahora es especialmente importante, es el mejor análisis que se ha escribo sobre el uso práctico que se daba en el reino de Hiponia a las prácticas alquímicas aydara…-le explicaba-Aplicaron sus conocimientos para lograr grandes avances en los campos de la agricultura, de la metalurgia y de la medicina entre otros muchos… Es muy interesante… Ya lo verás… En cuanto lo encuentre.

-Oh, no hace falta que te molestes-le dijo Twilight, viendo como, ya nervioso, el unicornio empezaba a agitar la cola como le había visto a hacer antes-Creo que de momento, con los que hay en la cocina, es bastante para que empiece con ellos.

-…-pareció él, indeciso, mientras sus ojos seguían recorriendo los estantes de la librería sobre la que estaba apoyado. Hasta que suspiró, derrotado, y volvió a poner los cascos sobre el suelo-Bueno… En cualquier caso te aconsejo que empieces cuánto antes con la escritura, memorizando y aprendiéndote bien los silabarios. Todos los hechizos aydara, hasta los más sencillos, están en runas. Alguna vez se ha sugerido que deberían trascribirse al alfabeto normal pero… Nunca nadie ha querido afrontar ese proyecto. A los legos no les interesa tampoco tanto y los expertos… Bueno, no vamos a haber aprendido a leer la escritura aydara para nada, ¿no?-concluyó con una ligera y tímida sonrisa, mientras le miraba un tanto nervioso, no sabía ella si más buscando ver si reía también o por temer que no lo hiciera.

-Sí, entiendo-asintió ella, compartiendo su gesto de buen humor.

-Aunque lo realmente importante-siguió hablando, ahora casi con el tono de un docente impartiendo su lección-, y eso lo veremos mañana cuando vayamos al centro alquímico, es la importancia de la conexión que puede establecer el hechicero entre su magia y la de las propiedades de algunos determinados elementos, que los aydara descubrieron que eran capaces de transmitir, contener y reaccionar a las corrientes mágicas e, incluso, de canalizar otras fuerzas naturales, como la electricidad, de forma similar. Fue un caso único en la historia de la magia, dado que, sobre todo después de la caída de Hiponia, la mayoría de los hechiceros han pensado que eso hacía depender demasiado las potenciales habilidades del mago de la posibilidad de contar con esos elementos… En cualquier caso, igual que los estudiosos de los aydara hoy, también en su tiempo fueron éstos una minoría entre los magos.

Twilight le prestaba con atención, en parte muy interesada en lo que le decía, y por otro lado aún un poco extrañada por el gran cambio de registro que había parecido experimentar su interlocutor. Mientras le escuchaba repasó mentalmente lo que sabía de él, lo que no era demasiado: sólo que tenía más o menos la misma edad que ella y que pese a ello ya había destacado y hecho valorar entre los estudiosos como un experto de la escritura aydara… Nada más. Y, por otro lado, lo que había visto de su casa tampoco le daba ninguna pista… El salón estaba atestado de libros y la cocina no podía ser más aséptica. No había fotos ni ningún tipo de objetos personales…. Al menos en aquellas zonas del apartamento a las que, como aquellas, podían "acceder las visitas". Todo lo que le rodeaba parecía aséptico, no expresaba personalidad alguna. La única excepción serie, de lo que ella había visto, era el piano del pegaso… Y, si acaso, aquel reloj de la cocina, que suponía también de Ear.

-…El profesor nos ha comentado, a Spike y a mí, que vivís aquí todo el tiempo, en el centro-le comentó Twilight, queriendo averiguar algo más sobre aquel que debía instruirla en la magia aydara.

-…Bueno, sí. Es así-respondió, entrecortadamente. Por lo que pudo intuir, no se iba a mostrar demasiado entusiasmado al responder preguntas que fueran sobre él-De esa manera puedo dedicarme plenamente a mi ocupaciones y estudios.

-¿Cómo la columna de Thunderain?-apuntó ella, intentando mejorar el clima de confianza entre los dos antes de pasar a preguntarle por él.

-Ahora mismo, sí, estaba trabajando en su traducción… Fue levantada en tiempos de Cloudfog, quinto rey de Hiponia, y por lo que he podido leer hasta ahora en ella, será muy útil para entender las aplicaciones alquímicas que se obtenían del fuego. Ésta es una rama de la magia aydara que aún hoy ha sido poco estudiada.

Twilight asintió. Ciertamente Dremtly se veía comprometido con su trabajo, lo que era algo que la unicornio lavanda encontraba normal y, al mismo tiempo, admirable precisamente por lo poco frecuente que era. Pero no quería que se desviase la conversación antes de haber obtenido algunas respuestas más. Realmente le había picado la curiosidad por conocer algo más de él. Pensó que hablarle de ella sería un buen paso para lograr lo que quería, estableciendo cierto clima de confianza entre ellos y "obligándole" de cierta forma, a corresponderle en sus confidencias.

-¿Sabes? Aunque he pasado estos últimos años en Ponyville, yo nací aquí, en Canterlot-le contó-Vivía con mis padres y con mi hermano mayor, Shining Armor. Mis padres siguen residiendo en la capital, aunque ahora mi hermano está en el imperio de Cristal-añadió, sin querer entrar en ciertos detalles sobre los recientes acontecimientos que habían transcurrido en el restaurado imperio.

-Bueno…-Fogsun no pareció tener curiosidad por aquello-Pues, en cierta forma mi caso ha seguido la dirección contraria al tuyo…-empezó diciendo, algo incómodo al hablar, Dremtly-Yo nací en un pequeño pueblo llamado Ponytown… La verdad es que mi madre, que se dedicaba como yo al estudio de los aydara y que fue, además, una de las pioneras en el desarrollo de la arqueología hipónica, se había instalado allí a raíz del descubrimiento en buen estado de las ruinas de lo que fuera una antigua ciudad aydara, algo que era tan poco frecuente hace unas décadas como lo sigue siendo hoy… Y ya se quedó en aquel lugar… Yo viví allí hasta los catorce, cuando finalmente pase a vivir con mis abuelos en Canterlot-añadió, y por cierto deje en su voz Twilight pareció entender que lo decía casi como si fuera el final feliz de un cuento.

-¿Así que tu madre también se dedicaba a lo mismo que tú?

-Sí…Lo hacía… Ahora… Bueno, se pasó hace ya un tiempo al campo de la docencia.

-¡Ah!...Vaya. Veo, pues, que le sigues en todo, ¿eh? Primero investigando y ahora enseñando-río animada, intentando aliviar tensiones y crear algo de complicidad entre los dos, pero Fogsun apenas reaccionó con una breve sombra de sonrisa.

-Bueno… Sí. Quizá.

-¿Y tu padre, qué hace? Mi padre es abogado y trabaja en un famoso bufete de Canterlot y mi madre es directora de una fundación que se dedica al patrocinio de las artes y de la literatura-volvió a usar la baza de hablar de sí misma para animarle a él a hacer lo mismo.

-Mi padre tiene,…, un pequeño negocio-le contestó con sequedad mientras, como podía ver perfectamente Twilight, su cola amarilla, en la que igual que en su crin destacaba una colorida banda rosa rodeada por dos grises, tendía a doblarse hacia delante para frotarse repetidamente contra el lomo del joven estudioso. Otra vez aquel tic que la unicornio lavanda ya había podido ver dos veces antes. Tenia claro que aquello no era una buena señal.

A ella le habría gustado seguir haciéndole un par de preguntas más, pero se abstuvo al ver que, por lo que fuera, a Dremtly parecía desagradarle profundamente hablar de sí mismo. Se quedó un momento en silencio mientras, por un momento, se imaginaba la infancia que habría tenido el unicornio, creciendo entre ruinas y conferencias de arqueología. No era difícil entender, visto así, que hubiera acabado donde estaba.

-… ¿Sabes?-interrumpió él el silencio que había quedado, espeso, entre ambos-Creo que voy a ir a coger una mochila que tengo en mi cuarto para que puedas llevarte en ella los libros que te he dejado-le dijo, mientras salía, sin prisa pero sin detenerse, como si le preocupara que ella pudiera hacerle alguna otra pregunta.

Twilight se quedó, pues, sola, en el salón. El silencio caía pesado, denso, y de alguna manera la hacía sentir incómoda, como si de repente se hubiera dado cuenta de que era una especie de intrusa en aquel lugar. La forma en que el unicornio parecía molesto por aquellas preguntas, que no le parecían nada del otro mundo, le causaba cierta intriga. Estaba claro que se encontraba mucho más cómodo hablando sobre los aydara que sobre sí mismo… En ese punto a ella no le costaba entenderlo. En cierta forma, veía en él cierto reflejo de cómo había sido antes de que la princesa Celestia la enviase a Ponyville... Pero parecía más estar poco dispuesto a hablar de sí por querer ocultar algo que por considerarlo intrascendente o aburrido. ¿Por qué? No podía imaginarlo.

Y, mientras esperaba que volviera el unicornio, algo llamó su atención. En aquella atestada habitación destacaba, casi como el trono en el salón de audiencias de la princesa Celestia, el piano de aquel extraño pegaso. Apoyado contra el muro contrario a la puerta, presidía de algún modo la estancia. Por alguna razón, Twilight sintió el impulso de acercarse para examinarlo más de cerca. Sobre el atril, su mirada violeta se posó sobre una serie de partituras que, entremezcladas, unas encima de otras, estaban colocadas sin orden ni concierto alguno. Muchas de ellas estaban a medio escribir y la unicornio dedujo que debían ser composiciones propias de Earion. Le había oído tocar y sabía por ello que tenía talento, pero le sorprendió en parte imaginarle componiendo, ya que le parecía demasiado joven para ello.

Se fijo en que, aparte de las notas dispuestas en un orden que no era capaz de entender a lo largo de las líneas del pentagrama, la mayoría de las composiciones incluían también una letra para ser cantada. ¿Sería también obra de Earion? Twilight observó con curiosidad los títulos que encabezaban aquellas melodías, como "Balada nocturna en Canterlot", "Fiestas de Ponytown" o "Sonata a las dos hermanas". Algunas letras, que leyó por encima, parecían alegres y la unicornio lamentó no tener conocimientos de música que le sirviesen siquiera para intentar imaginar como sonarían. Una de las letras, escrita bajo un texto con el rotulo de "Para cumpleaños y homenaje", decía así:

"Si a la abuela Strawy quieres ver sonreír

Que haga su tarta de fresas le has de pedir

El sabor del mismo cielo habrás de sentir

Cuando de pastel un trozo pases a engullir".

Pero la que más le llamó la atención era claramente muy diferente en su carácter. No tenía escrito ningún título, pero ya los primeros versos dejaban claro que el tema de la canción no era precisamente alegre o feliz.

"Lo que el puñal dejó intacto en el corazón

Las tinieblas de Cherady lo quisieron arrancar

Cuando las entrañas de la arcaica mansión

Quisieron…"

-¿Qué me dices?-de repente una voz detrás de su lomo sobresaltó a Twilight-¿Te gustan mis canciones?-le preguntó, con un deje de orgullo.

La unicornio se volvió para encontrarse con Ear aleteando, como la primera vez que le había visto, a media altura en el centro del salón. Llevaba sobre su lomo a Spike y le miraba con una chispa divertida en sus ojos que combinaba con una traviesa sonrisa. Ella se preguntaba cómo podría haber llegado hasta ahí sin que se escuchase el sonido de la puerta, pero apenas giró un poco la cabeza, vio la respuesta en un la ventana abierta en la pared contraria.

-Esto…-no estaba segura de qué decir ni si debía disculparse con el pegaso, aunque éste no parecía precisamente disgustado o enfadado.

-¡Oh, no te preocupes, no me importa!-la tranquilizó Ear, intuyendo lo que la unicornio estaba pensando, mientras descendía durante unos breves segundos para que el pequeño dragón pudiera bajarse al suelo-Yo siempre estoy dispuesto a enseñar mis obras, aunque estén todavía incompletas, como la mayoría de las que tengo ahora mismo en el atril. La verdad es que a veces tengo tantos proyectos empezados a la vez que me es difícil poder llevar alguno a término… Soy poco metódico en el trabajo, he de admitirlo-concluyó, encogiéndose de hombros con indiferencia.

-Bueno… No sé mucho de música, pero… Sin duda parecen buenas-comentó Twilight, en parte sincera y en parte por ser amable. Entonces recaló en que su propio asistente asistía demasiado callado a aquel cruce de palabras. Al mirarlo vio que Spike parecía un tanto adormilado, como si…-¡Oh, Spike!-se dirigió a él, sacudiéndole por el hombre ligeramente-¡Te dije que no te pasarás con el pastel!

-Lo siento, Twilight-se excusó el dragoncito-Es que… Los rubíes… Estaban… Uf…-se frotó con cuidado el abultado estómago con sus garras.

-¡Cielos, Spike! ¿Se te ocurre qué va a pensar mamá ahora?-a la unicornio, imaginando lo que diría su madre, que le saldría con que ella era la responsable del pequeño dragón y que no tendría que haberle dejado comer nada entre horas…-Bueno...-quiso dejar el tema, que no tenía ya solución ninguna-En cualquier caso, en cuánto coja los libros que Fogsun va a prestarme, podremos irnos a casa.

-Un momento…-saltó el pegaso-¿Qué Fog va a prestarte alguno de sus adorados tesoros?-pareció incrédulo.

-Sí-respondió ella, que no quiso meterse a juzgar si era raro o no que Ear mostrase esa sorpresa.

-¡Oh! ¡Vaya, vaya!-exclamó aquel rodeando por encima a la unicornio sin dejar de observarla. Ésta no quiso ni pensar sobre a qué vendría aquello.

En cualquier caso, antes de que hubiera podido tener tiempo de pensar en preguntar, el mismo unicornio hizo su entrada en el salón por el pasillo, llevando en uno de sus costados una amplia mochila a cuadros negros y grises. Al ver a los presentes se detuvo, quedándose en el umbral, de una forma parecida a como se había detenido la primera vez que Twilight le vio, en la puerta de la cocina.

-…Aquí tienes la mochila-soltó rápidamente, cabizbajo, sin mirar a nadie en concreto.

-Gracias-asintió aquella, acercándose a él para que se la pasara mientras, un tanto incómoda, sentía la mirada del pegaso y del dragón fijas en ambos-Voy a… A guardar los libros… Y nos vamos, ¿eh, Spike?-le anunció a éste antes de entrar rápidamente en la cocina.

Dremtly, por su parte, ignorando la insinuante pregunta que le dirigía Earion con su mirada, se quedó simplemente esperando a que ella volviera. Spike, mientras tanto, aunque el empacho le hacía estar algo adormilado, se dio cuenta de la forma en que el pegaso se había quedado observando a Dremtly y de cómo éste fingía no haberlo notado, pero no imaginaba qué había detrás de ello. Aquella situación estaba ya incomodando bastante al unicornio, que se limitó a esperar que el mal trago pasase cuanto antes.

-Esto…-la unicornio lavanda no tardó en salir de la cocina. En uno de sus costados, la mochila, ahora cargada con los libros que se iba a llevar, se veía pesada, cayendo sobre su flanco-Pues, gracias otra vez por tu ayuda-se despidió de Dremtly con toda la formalidad que pudo en ese momento-…Y, eso, ya nos veremos mañana, como hemos quedado.

-Sí. Hasta mañana-desembuchó su interlocutor rápidamente, como queriendo poner fin cuanto antes a aquella despedida, mientras, prácticamente, la empujaba a ella y a su joven asistente fuera de su apartamento-¡Adiós!-se despidió nuevamente tras cerrar la puerta tras ellos, mientras éstos emprendían el mismo camino de salida que Knowling poco antes.

Apoyándose contra la pared, Fogsun cerró los ojos y suspiró lentamente mientras se secaba un sudor invisible de la frente. Por su respiración, pausada pero algo agitada, parecía acabar de realizar algún esfuerzo considerable. Y es que, realmente para él, interactuar con los demás, podía ser un ejercicio auténticamente agotador. Ear se acercó lentamente y esperó con paciencia a que su compañero tuviera fuerzas para hablar. Aunque tenía bastante curiosidad por saber a qué habría venido la visita del profesor y el papel de aquella unicornio en ello, era consciente, tras años de experiencia, de que debía dejar que su amigo enfocará el tema como y cuando estuviera listo, aunque pudiera tardar bastante.

-…-finalmente, tomó aire, más o menos decidido a hablar-Resulta que la princesa Celestia ha pedido al centro que su aprendiz sea instruida en los principios de la magia aydara… Y el profesor Knowling me ha encargado que yo me ocupe de ello… Y, además, quiere que lo haga en Ponyville…-le informó con el mismo tono con el que hablaría un preso de los años de condena que el juez le había asignado y de la cárcel en la que estaba destinado a cumplirlos.

-…Vaya…-no supo en principio como reaccionar el pegaso, aunque desde luego no le costaba imaginar que suponía tal petición en el ánimo de su compañero. "Cómo se le puede haber ocurrido a Knowling hacer algo tan insensato como encargarle a Fog una tarea como esa… Y, peor, pretender sacarlo fuera de Canterlot y llevarlo a un lugar desconocido…" ¿Ponyville? El nombre no le sonaba, pero no necesitaba conocer más para imaginarse que se trataría de un pequeño y rústico pueblo, uno de esos lugares donde todos se conocen entre sí y donde la intimidad es un lujo que ni todo el dinero del universo daría para comprar…No era precisamente un el sitio que su amigo tildaría de "ideal". Si lo hubiera sabido no se habría marchado y habría podido hacer algo para ponerle freno a tal despropósito. "Sí", se dijo para sí, pesaroso, "porque está claro que falta que no esté yo en guardia, ayudándole para que no sepa defenderse en lo más mínimo... Seguro que estaban ahí esos dos, decidiéndolo todo, y él sin atreverse siquiera a decir este hocico es mío"-¿Cuándo hay que salir?-le preguntó finalmente, yendo a lo práctico. Sabía que cualquier otra cosa, reproche o consejo, sólo serviría para tensar aún más sus nervios o sencillamente para nada, ignoradas sus palabras por la indiferencia que tan bien adoptaba Dremtly cuando se le hablaba de cualquier asunto que no le interesaba o no quería afrontar.

-Dentro de unos días. No es seguro. Jueves o viernes, quizá. No lo sé.

-¿Durante cuánto tiempo?

-El que haga falta-se limitó a responder el unicornio, poniéndose perezosamente a andar, en dirección a su cuarto.

-Esto va a ser complicado-dijo Ear, sin obtener respuesta. El unicornio aún tardó unos segundos en abandonar el salón, pero mentalmente ya estaba a cientos de kilómetros. O, sencillamente, no le apetecía decir nada ante lo que, sin duda, tomaba como un mero comentario totalmente gratuito. Seguramente estaría así unas cuantas horas, por lo menos.

El pegaso, un tanto cansado tras la vuelta y, necesitando pensar, se sentó con calma en su taburete, frente al piano. Miró hacía la puerta, por la que apenas hace unos instantes se habían marchado la unicornio y su bebé dragón, y luego giró la cabeza para recorrer visualmente el pasillo hasta donde se encontraba la habitación de Fog.

En cierta forma, en tanto "asistente", esa era su principal, casi la única auténtica función que tenía asignada: "Controlar". Él era, sobre todo, quien vigilaba el estrecho y escaso hilo que mantenía unido a Dremtly con el resto del mundo, asegurándose de que nadie, salvo en muy concretas y controladas circunstancias, invadía el pequeño espacio que el erudito había trazado alrededor de sí en calidad de fortaleza, santuario y prisión.

Allí, con una vida de eremita en Canterlot, no le había resultado difícil, pero, en Ponyville, si tenía alguna semejanza con Ponytown en algo más que en el inicio del nombre, la situación podía llegar a ser bastante más que meramente "complicada".