Disclaimer: Ninguno de estos personajes que se presentan a continuación me pertenecen. Todos son propiedad de la hermosa J.K. Rowling, creadora del maravilloso mundo de Harry Potter.

Bueno, este es el primer fan fic que escribo en mi vida, espero que les guste y si no les gusta por favor coméntenlo ! Me encantaría recibir sus consejos y saber qué piensan de mi historia.

:)

Cuando Draco llegó a la mansión todo estaba en silencio y aunque las estancias tenían las chimeneas encendidas la enorme construcción parecía fría y distante. ¿Cómo será su casa? Seguro está llena de libros En cuanto ese pensamiento invadió su mente él se detuvo en seco. ¿Es que acaso acaba de pasar varios minutos de su tiempo imaginando a la hija de muggles? Se dirigió a su estudio se sirvió otro whisky y se sentó.

Su interior estaba arremolinado, era cierto que él nunca había creído en muchas de las cosas que escuchó de su padre y menos de los mortífagos pero sí consideraba que ciertas familias no tenían la clase y la sofisticación que él deseaba que le rodearan. Bastaba con recordar que en el desayuno, aunque la muchacha sabía las normas de educación básicas, tuvo problemas al distinguir los cubiertos o seguir el orden apropiado para los platos y eso que era un auténtico desayuno casero e informal. Pensó ingenuo.

Mientras su cabeza trataba de coordinar aquellas ideas su otra mitad sonreía al recordar lo ¿linda? Que se veía cuando se mordía los labios intentando refrenar lo que su boca decía. Draco bebió un largo sorbo, rellenó su vaso y de inmediato otro recuerdo llegó a su mente, aquel día había descubierto tres formas distintas de morderse los labios en la bruja.

Hermione se los mordía dura y horizontalmente cuando callaba, mordía solo su labio superior cuando estaba triste y mordía la parte derecha de su labio inferior cuando algo le gustaba. Hermione era… un momento. ¿Hermione? ¿Desde cuándo la llamas por su nombre?

Ese último pensamiento aterró a Draco que de inmediato rememoró a alguien más gritando desesperadamente aquella palabra… miró sombrío hacia donde sabía que estaba la estancia principal de la casa y los sonidos lo inundaron; la comadreja gritaba el nombre de la chica; ella gritaba soportando la tortura de su tía y él gritaba golpeando sus puños contra el muro exterior de la mansión.

Furia, esa fue la palabra que vino a su mente, furia. Odiaba esa casa, odiaba los recuerdos que guardaba, odiaba su apellido, odiaba a su padre que nunca se arrepintió, odiaba a su madre por rendirse, odiaba su reflejo porque era como mirar a su padre y odiaba aquella cosa que aún aparecía bajo la manga derecha de su túnica.

Odio. Furia. Eso aclaró su interior, esas emociones las conocía y las manejaba muy bien. El vaso que tenía en la mano salió disparado y se estrelló en el piso de mármol su varita, echó chispas verdes y desde el salón que mantenía cerrado desde hace años el cuadro de su padre profirió una risotada tan grande que hizo que varios de los candelabros temblaran.

-¿Amo? ¿Está usted bien? Una vocecita preguntó atemorizada desde el rincón, uno de los elfos se había cercado y lo miraba con aprensión.

-Estoy bien. Vete a dormir.

Elfos. También odiaba a los elfos, le recordaban a Dobby. Su mente volvió a arremolinarse, observó sus zapatos y en un acto de tortura propia levantó su pantalón, llevaba un calcetín de seda negra en el pie derecho pero en el izquierdo llevaba un calcetín celeste de lana.

Las lágrimas rodaron por sus mejillas y aunque trató de contenerlas siguieron brotando como si durante los dos últimos años hubieran estado esperando el momento oportuno para salir. Dobby, pensó, aquel estúpido elfo que había muerto por salvar al estúpido de Potter. Dobby, la única criatura en el mundo que sabía que en realidad le temía a la oscuridad y que de niño le gustaba dormir con las cortinas cerradas porque temía que un dementor apareciera en la ventana. Dobby, era, aunque "una criatura inmunda e inferior" como lo llamaba su padre, su único amigo y cuando Potter lo liberó lo alejó de él, aunque, en sexto año, cuando en uno de sus ataques de pánico había descargado su furia contra el espejo del lavabo de Myrtle había sido él quien había acudido, lo había limpiado, curado y consolado. Niño Draco le dijo, como lo hacía cuando él efectivamente era niño y en su estúpido lógica le regaló el calcetín que llevaba puesto diciéndole que, quizá así, él también podría liberarse de su padre. Esa fue la última vez que lo vio hasta la noche en que su tía lo había asesinado.

Aquel sábado por la noche Fleur escuchó los sollozos que venían de la esquina del jardín y como había hecho en tantas ocasiones lanzó un muffliato disimulado, con el que evitó que Bill notara que su enemigo estaba desarmado a pocos pasos de su sala.

Hermione, por su parte, decidió que definitivamente necesitaba un pensadero, lo que había en su cabeza, más que un remolino parecía un huracán y estaba segura de que, de tener uno a la mano, podría llenar cientos de envases tratando de extraer todos y cada uno de los pensamientos que la atormentaban.

El hurón oxigenado le había ¿cambiado el mundo? No, eso no. Sin embargo analizándolo sistemáticamente, era cierto. Su dieta había pasado de café, pan y chocolate a frutas y jugos, su cabello de nido de pájaro a rizos de ensueño y su idea de caballerosidad, de la burda y tosca educación de sus amigos, a una más elegante y delicada sofisticación.

Aún más, su idea de un Malfoy frio y distante parecía extraña y ahora lo veía cómodo y concentrado, leyendo un pergamino y acariciando su pierna. Esperen, ¿acriciando…me? ¿a mí? ¿Pero qué demonios hice? Aunque su mente no era la que llevaba la batuta en aquel momento porque de su pecho salían latidos que le mostraban que, en realidad, aquellos gestos le habían emocionado y aún más le hacían sentir ¿simpatía? Por el rubio que, probablemente en aquel instante estaría disfrutando de la compañía de algunas de las tantas "señoritas" que lo perseguían. Hermione se paró del sillón frustrada, ¿en verdad acababa de pensar en aquello? Basta, debía irse a dormir y lo hizo aunque antes decidió que su viaje al mar muerto debía adelantarse.

El domingo por la noche después de una agradable tarde en la madriguera Hermione se despedía de sus amigos señalando que saldría en traslador a las cinco de la mañana hacia Aman y desde ahí haría una excursión al mar muerto.

-¿Pero qué le ves a ese sitio Hermione? Es un lugar espantoso. La magia que realizaron ahí es…

-Detestable pero muy impresionante Ron. Sé que aquel ritual fue repugnante pero lo que quedó de él es algo muy bello.

-¿Un mar tan salado y maligno que nada puede vivir en él y que cuando se agita vomita dementores te parece bello Hermione? Preguntó Harry

-No, pero que un mar o mejor dicho sus aguas puedan absorber los sentimientos oscuros de las personas otorgándoles paz me parece fascinante.

-Yo también lo creo, aunque es bastante extraño que algo bueno salga de la magia oscura. Sentenció Ginny y con un puchero se despidió de Harry que aquella noche no podría compartir la cama con ella.

-Adiós mamá, adiós papá. Dijeron Harry y Ron al unísono.

Aunque Harry siempre lo hacía un poco más fuerte, para él, poder pronunciar aquellas palabras era un acto de verdadera felicidad y el que hace varios años lo hubiera hecho inconscientemente y sus receptores lo hubieran llamado hijo sin ninguna incomodidad era, en definitiva, el cielo.

Hermione también se despidió y cuando llegó a casa decidió repasar una vez más la información que tenía sobre el mar muerto.

"El lago Khadijah conocido en la actualidad por magos y muggles como el mar muerto es una de las muestras más grandes de lo que una maldición puede generar en el ambiente que le rodea. En este sitio, hace varios siglos, aun no se ha determinado la fecha exacta, se realizó una embrujo tan poderoso que sus rezagos son claros hasta el día de hoy. Se dice que en aquel sitio un mago y una bruja, cada uno perteneciente a familias rivales, se juraron amor eterno pero ante la negativa de sus ancestros para unir sus vidas decidieron ingresar a la laguna y atacarse mutuamente, resquebrajando su alma y depositándola en el cuerpo del otro. Aquella ceremonia, que en la actualidad se traduciría como la creación de un horrocrux, fue, aunque poderosa insignificante hasta que, debido a la inestabilidad que esto generó en ellos, el ataque y la partición continuó con tal ímpetu que poco a poco lo único que quedó de la pareja fue odio líquido. La madre del chico, que había presenciado la escena y era una bruja poderosa aunque ingenua ante aquel tipo de magia, decidió que, como ofrenda purificadora, ella bebería el agua de ese lago diariamente. Al inicio, el amor que sentía por su hijo calmó las aguas que se habían vuelto oscuras y turbias pero con el paso del tiempo la oscuridad que ingresaba a su cuerpo volvía al lago como desesperación y sus lágrimas creaban olas que, al deshacerse, se solidificaban, arrojando tristeza condensada. Se dice que aquella mujer, consumida por el odio y la tristeza fue, en su último día, sepultada por aquella sustancia blanca y que su espíritu se convirtió en el primer dementor. Aquella transformación cerró el ciclo y aseguró que, en adelante, cada mago o bruja que entregara sus sentimientos más oscuros de manera genuina recibiera a cambio de ellos un poco de calma"

Junto a aquel párrafo Hermione había anotado, "el lago absorbe la oscuridad pero repele la luz. Los dementores nacen cuando las aguas se agitan y son fruto de la oscuridad concentrada por lo que buscan alimentarse de aquello que no conocen, la alegría y la luz".

"En la actualidad, el lago, que debido a los cientos de magos y brujas que lo visitan para obtener paz ha crecido hasta convertirse en una gran extensión de agua, conserva sus poderes. Los muggles atribuyen la falta de vida en el agua a su cantidad concentrada de sal pero no han logrado identificar aquella sustancia como lo que en realidad es, tristeza. Aunque este efecto calmante es poderoso en los seres mágicos, con el paso del tiempo los muggles han podido sentirlo, llegando incluso a nadar e ingresar en el agua buscando algo que ellos llaman, claridad espiritual. Por ello, en conjunto con las autoridades muggles se ha destinado una pequeña bahía para aquellos visitantes dejando el otro lado del agua libre para los seres mágicos que lo visitan, aunque la última parición oficial de un dementor de entre sus aguas se registró en el año de 1943, aún hay magos y brujas que afirman haber presenciado aquel suceso."

Hermione terminó de leer y se cubrió los brazos, debía estar realmente loca para ir allá pero su ansía de aprender la obligaba, además, gracias a la ayuda de sus amigos había logrado mejorar su patronus lo suficiente como para que, en caso de que algún dementor se le acercara pudiera repelerlo con la fuerza necesaria para huir, aunque, aún estaba decidida a visitarlo de día, un por si acaso.