Disclaimers en el capítulo 1
Mis queridas lectoras, estoy consciente de que siempre les agradezco a cada una por sus nombres, pero el éxito que tuvo el anterior capítulo dejó tantos reviews que se me hace imposible nombrarlas a todas. Pero créanme, he leído cada uno de ellos y estoy muy feliz, me dejan sin poder creer lo que les causa esta historia. Estoy siempre agradecida y siempre desde mi rincón humilde, me falta mucho por aprender y ustedes hacen que el esfuerzo valga la pena para seguir adelante.
Espero que disfruten este capítulo, no fue nada fácil, sobretodo porque para mí esta es una pareja nueva de la cual nunca había escrito, y me pareció que debía tenerle un especial cuidado con estas escenas, espero haber hecho lo correcto, incluso ahora mismo no sé si está bien y estoy dudando, ya saben, lo que está en la cabeza a veces es muy difícil plasmarlo en palabras, por lo menos espero que no haya quedado ninguna posición tan rara que corran a ver el libro del Kama Sutra por si existe realmente.
Solo quiero que sepan que si demoré fue eso mismo.
Capítulo 8: El amanecer de la primera vez
Aquella sensación de haberle hecho el amor a Mercedes mientras tocaba el piano había dejado a Bárbara con la pasión al límite, al menos eso creía hasta que la escuchó suplicarle que quería que le hiciera el amor, le parecía demasiado sensual esa combinación de inocencia y deseo que tenía su amada.
—Pídemelo otra vez –le dijo con la misma súplica, admirando sus ojos que aún estaban vidriosos de la emoción.
Mercedes acercó sus labios al oído de Bárbara, rozó la piel levemente y respiró para volver a incitarla, entendiendo muy bien lo que había provocado.
—Hazme el amor Bárbara, ya no tengo miedo ni dudas, por favor, enséñame.
A Bárbara se le escapó un pequeño gemido al terminar de escucharla, se separó levemente para volver a contemplarla. La besó profundo, un beso pausado pero intenso. Mientras lo hacía bajó sus manos por el cuello, luego sus hombros, y no fue hasta que llegó al borde del camisón en sus pechos cuando se percató que ella nunca había visto a Mercedes totalmente desnuda, así que decidió ir un poco más despacio, quería disfrutar cada momento de su desnudez.
Bajó sus manos por encima del camisón para subirlo, pero antes de querer sacarlo del todo se quedó ahí con sus manos en las caderas, acariciando la piel, a veces presionando levemente, indicándole con ello que sería ella quien llevaría el ritmo. Mercedes parecía más ansiosa que ella, lo notaba por el movimiento cadencioso de sus caderas, así que tiró de ellas gentilmente para que ese movimiento se acoplara el ritmo de las suyas, más pausado, más consciente de hacia dónde tarde o temprano llevaría ese baile. Sonrió en los labios de Mercedes, sonrisa que fue correspondida al percatarse de que aquel gesto fue una pequeña muestra de pertenencia, de un "tranquila, te tengo". Aprovechó que el beso había sido interrumpido por aquella complicidad para seguir subiendo el camisón y sacarlo del todo por encima de ella y al fin poder admirar su torso descubierto. Se irguió para tener una vista más precisa de sus caricias, fue dibujando surcos suavemente por su piel con sus dedos índices, primero por sus hombros, siguió bajando hasta sus pechos, los cuales reaccionaron al instante de su paso. Bárbara no pudo evitar sorprenderse, sonrió sintiéndose complacida con lo que tan solo un delicado toque le provocaba. Siguió por su vientre, suave y terso, esta vez aplicó movimientos descendentes con la yema de todos sus dedos, acariciando un momento el ombligo, para luego seguir con su cintura, a la cual le dio un especial cuidado debido a la belleza que le provocaba aquella armonía entre la suavidad y perfección de sus formas. Perfecta, para ella cada centímetro de Mercedes era lo más hermoso que jamás alguna vez pudo haber tocado. Fue en ese momento en que Mercedes la sacaba de su trance al escucharle una leve risa seguida de un gemido casi inaudible, aunque no para ella, la había escuchado claramente. Una curiosa zona erógena, pensó mientras se sonreía. Bárbara prosiguió segura, acarició el borde de la ropa interior de Mercedes, y siguió dibujando surcos por encima de la tela, esta vez aplicando un poco más de presión, incluso usando levemente sus uñas. Aquello había hecho que Mercedes dejara de respirar por un segundo, podía ser cruel hacerla esperar tanto, pero ella sabía lo que hacía. Siguió bajando por la parte interior de los muslos y volvió a subir, Mercedes dejaba escapar el aire aunque con dificultad, sentía las manos de Bárbara jugar cerca de su centro, y eso la hacía respirar a destiempo.
Decidió que aún no era el momento de desnudarla por completo, todavía quería seguir con su juego, así que se acercó a su vientre para besarlo, e ir por la piel de sus caderas, provocándole pequeños gemidos al contacto de sus húmedos besos. Siguió besando hasta abajo, Mercedes se movía discreta, no quería arruinar lo que hacían, pero tuvo que contenerse al sentirla que gentilmente la mordía, sí, mordía la carnosa piel por sobre la tela, mientras la miraba para ver sus reacciones, eso la estaba volviendo loca. Bárbara sonrió con sus labios aún pegados en la húmeda tela de su ropa interior, subió sus manos para tomar sus pechos que ahora estaban erectos por aquellos estímulos, masajeó suave, al ritmo de las caderas de Mercedes, que pedían a gritos ser liberadas de lo único que la separaba de la completa desnudez.
Mercedes por su parte disfrutaba de aquel placer tranquilo, agradable, pero tenía esa sensación de que en cualquier momento explotaría por la excitación ¿Acaso esto se sentía al hacer el amor? Se preguntaba a ratos. Estaba extasiada con las ocurrencias de Bárbara, no podía imaginar hasta dónde la estaba llevando, si es que había un más allá, porque sí, ella estaba deseando más, aún más de lo que estaba experimentando en su cuerpo, que cada vez se intensificaba, y aunque fuera lento le provocaba pequeños espasmos que hacían que salieran pequeños gemidos sin tener control de ellos.
—No tan rápido mi pequeña Mercedes –le dijo mientras se levantaba.
Bárbara tomó su calzón por el borde para sacarlo de una vez por todas, Mercedes levantó la cadera y elevó sus piernas para permitírselo. Cuando aquella prenda salió del todo, quiso volver a su posición pero Bárbara no se lo permitió, le tenía ambas piernas tomadas por los muslos, pronto entendió que en aquella posición era más fácil permitirle besarle sus piernas. Mercedes se sonreía, cada toque de sus manos, cada beso depositado tenía un tinte de descubrimiento de sensaciones, de entender que entre ambas todo podía estar permitido. Bárbara volvió a ponerle ambas piernas al costado del diván, mientras seguía acariciando sus muslos, mirando su sexo húmedo debido al juego que ya habían dejado atrás. Puso su palma en él y apretó con delicadeza pero posesiva, estudiando el rostro de su amada, sintiendo como con cada presión Mercedes iba respirando más profundo al ver su pecho expandirse tan ansiosamente.
—No es justo –dijo Mercedes entre jadeos- tú estás completamente vestida.
En efecto, Bárbara sabía que su ropa estaba molestando hace bastante tiempo, pero Mercedes lo hacía gracioso para ella, tierno, así que decidió que ella misma la desnudara. Se volteó y le hizo una seña para que le bajara el cierre de su vestido, sonriendo coqueta mientras la miraba hacia atrás.
Mercedes se levantó entusiasmada, tomó el cierre y lo bajó lentamente mientras le acomodaba el cabello para besarla en la nuca, luego detrás del lóbulo de la oreja, sus hombros para luego terminar en su espalda al tenerla al fin descubierta. Tiró del vestido por encima de la cabeza sacándolo por completo, lo dejó en el suelo y luego la abrazó un momento, respirando en su cabello, embriagándose de su perfume. Bárbara le había enseñado a jugar con la ropa puesta, y ya que ahora la tenía tan solo con su ropa interior no dudó en aplicar lo aprendido. Mercedes se quedó pegada a su oído, respirándole levemente, mientras sus manos buscaban sus pechos que aún estaban prisioneros por el sostén, metió sus manos debajo y acarició primero con gentileza, sonriendo ante la sensación de la piel tersa en sus palmas, se le antojó apretarlos para ver la reacción de Bárbara, la cual tiró su cabeza hacia atrás para dejarle ver lo que estaba haciendo, lo que provocaba en su rostro ante tales caricias. Quiso aventurarse aún más, así que fue bajando una de sus manos por el vientre de Bárbara pero antes de que llegara siquiera a su ombligo la detuvo tomándole la muñeca.
—No, aún no –le dijo volteándose mientras ella misma desabrochaba su sostén con total agilidad- no seas impaciente, déjame primero enseñarte.
Mercedes asintió y bajó ambas tiras del sostén, sacándolo del todo mientras Bárbara se recostaba mirándola atenta a lo que estaba por venir. Esos ojos la miraron con deseo, casi como si tuviera el mejor banquete de su vida en la mesa y no saber por dónde partir, aquello a Bárbara le parecía hermoso, halagador, nunca nadie la había admirado así antes. Una ola de ternura la recorrió por el cuerpo al notar que el único gesto que delataba el nerviosismo de Mercedes era que estaba jugando con sus dedos.
—Tengo miedo de defraudarte –dijo Mercedes aun admirándola.
—Eso jamás –le dijo mientras le tomaba las manos y la animaba a sacar su calzón- Además ya te dije, yo te voy a enseñar, y estoy segura que eres una alumna muy aplicada que le da en el gusto en todo a su profesora.
Mercedes se sonrió y siguió quitando por las piernas aquella ropa interior, eso había logrado calmarla pero también encenderla aún más de lo que estaba, quería seguir más allá, quizás tenía dudas, pero no miedo. Al encontrarse con ambas piernas de Bárbara enfrente suyo para sacar por completo la prenda se percató del vendaje en su pierna, pensó en que no quería ver más eso ahí puesto, al menos no para esta ocasión, así que antes de que Bárbara bajara sus piernas la tomó con cuidado y comenzó a sacar el vendaje, su rostro demostraba una devoción inmensurable, por todo el cuidado que había puesto en ella, por todo lo que había ocurrido. Bárbara se sorprendió, no había esperado aquel gesto, menos verla acariciar su pie mientras lo besaba con ternura. Aquello le parecía protector pero también tremendamente sensual, su corazón comenzó a latir desbocado al verla subir por su pierna con besos suaves repartidos por su piel, aquellas caricias se iban acercando peligrosamente hacia su sexo, y la boca de Mercedes pronto llegaría allí también. Habría querido dejarla, pero pensó que en otra ocasión, con más lecciones aprendidas sería lo correcto. Bárbara la tomó por el mentón y la obligó a mirarla, haciéndole entender que aún no era el momento, pero que estaba bien, su rostro demostraba total aceptación, pero que aun así, ella mandaba ahora. Quizás Mercedes podía ser muy aplicada, pero para nada paciente, le daría algo de poder para así calmarla y seguir con su enseñanza.
—Ven aquí –le dijo invitándola a recostarse sobre su cuerpo. La tomó por las caderas y presionó ligeramente su sexo contra el de ella- ¿Lo sientes? Cuando te dije que a mí me pasaba lo mismo –Mercedes asintió, y ante la pregunta no pudo evitar mover suavemente sus caderas contra ella, casi de forma instintiva- Dime Mercedes, qué es lo que sientes.
—Húmedo, tibio –cerró los ojos dejando salir un suspiro- suave. Ay Bárbara –dijo finamente abriendo los ojos- tengo esa sensación en el bajo vientre, como cuando me besas, pero de una manera impensable.
—Me hubiera gustado estar en tu posición, pero ya ves, con el pie así no podría moverme con naturalidad.
—No me quejo –dijo jugando, alzando una ceja con aires de superioridad.
Bárbara se rio de aquel juego pero pronto su rostro cambio al sentir una embestida un poco más profunda de Mercedes, aquel movimiento se sintió suave y lento pero lo suficiente como para hacerla estremecer.
—Mercedes –le dijo emitiendo un suspiro al final.
Bárbara la dejó ser por un momento, la abrazó y acarició su espalda mientras le permitía acceso a su cuello para ser besado. Siguió acariciando su espalda baja y recordó aquella zona que le gustaba tanto Mercedes que le tocaran. Puso sus manos en las caderas y presionó ligeramente, atenta a las reacciones de su amada.
Mercedes gimió, ni siquiera ella sabía que una simple caricia pudiera provocarle tanto.
—Apriétame más –le suplicó entre jadeos- quiero que me dirijas.
Así lo hizo Bárbara, con sus manos en las caderas dirigía las embestidas de Mercedes al ritmo que ella considerara correcto poniéndole atención a su rostro, a su cuerpo y sus gemidos. Bárbara quería ir a un ritmo lento, quería concentrarse en el placer de Mercedes más que en el de ella ¿Concentrarse? Se preguntó. Si bien era la primera vez de Mercedes, también lo era para ella, era primera vez que el goce de su cuerpo fluía de forma natural, cosa que jamás había podido lograr con nadie más.
Los embistes de Mercedes se hacían cada vez más profundos y temía no poder aguantar mucho tiempo más, sobre todo cuando ambas escucharon un leve sonido del movimiento de sus caderas debido a la humedad de sus sexos. Ambas se sorprendieron, sus rostros las delató. Bárbara le arrebataría el control aunque estuviera debajo de ella, la tomó por el trasero firmemente, obligándola a presionarse aún más contras su sexo. Ahora ella llevaba el mando.
—Sigue así Mercedes –le ordenó con la respiración entrecortada- no te detengas.
Las embestidas se hicieron más rápidas, provocando un festín de gemidos y jadeos que pronto darían paso para el ansiado clímax. Bárbara enterraba levemente sus uñas en la piel del trasero de Mercedes, incitándola a ir por más, sacándole pequeños jadeos de aire contenido, la aprisionaba más y la movía para llevarla al límite.
—Bárbara….
Mercedes encorvó su espalda con la boca entreabierta, conteniendo el aliento al sentir que el orgasmo era inminente, pero Bárbara se apresuró para tomarla por la nuca y acercarla, quería tenerla enfrente, quería mirarla mientras acababa.
—No dejes de mirarme Mercedes, mírame –le suplicó.
Bárbara dejó de tomar el control porque ya no aguantaba más, sus manos se elevaron por encima de su cabeza, tomando el cojín del diván, apretando la tela con desesperación, Mercedes la acompañó tomándola por las muñecas, y así mirándose mutuamente, dejaron salir un desesperado gemido que retumbó por toda la sala, parecía ser la culminación de aquella melodía que Bárbara había tocado al amanecer, una dulce y tierna melodía.
Ambos cuerpos se quedaron ahí abrazados, sintiendo pequeños espasmos mientras eran acariciados por los primeros rayos del sol, con la respiración agitada debido al esfuerzo, con besos tenues respirados en el cuello.
—Fue hermoso Bárbara –dijo mientras reposaba en su hombro- Te amo.
Bárbara la separó y le acarició el rostro, separando pequeños mechones de cabello pegados a sus mejillas debido al sudor.
—Yo también te amo –le sonrió- pero decir "fue" es un tiempo pasado, y creo que esto aún no ha terminado.
—¿No? – Preguntó Mercedes fingiendo asombro- ¿Puedo decir que me encanta tu clase y que no puedo esperar a aprender más?
—Ya lo dijiste y es lo que haré –le dijo sonriendo coqueta mientras la tomaba por la cintura y la invitaba a sentarse.
Frente a frente, ambas sentadas a ahorcajadas en el diván se besaron sonriendo, entretenidas por aquel juego de alumna y profesora. Pero era verdad, Mercedes estaba curiosa, sentía que Bárbara tenía un mundo por enseñarle.
—No puedo imaginar cuál es la siguiente lección.
Antes de que pudiera seguir hablando Bárbara metía su mano en el espacio entre ellas y acunaba el sexo de Mercedes con toda su palma, provocándole un pequeño saltito, aún estaba sensible por el anterior orgasmo.
—Tranquila –sonrió Bárbara extasiada por lo que provocaba- Recuerdo haberte visto besando mi pierna en dirección hacia un punto en el cual no sabes nada, y no he dejado de pensar en eso.
—¿Pensar en qué?
Bárbara introdujo sus dedos entre la carne húmeda de su sexo, masajeando levemente el clítoris de Mercedes, con su otra mano tomó la de ella, para dirigirla hacia el suyo y copiara sus movimientos.
—¿Sientes aquel botón hinchado? –Mercedes asintió- Bueno, ese es el responsable de lo que acaba de suceder.
—Ya… me doy cuenta –dijo con dificultad.
—Hay muchas formas de acariciarlo, pero hay que ser gentil y no maltratarlo, sobre todo si quieres hacer uso de él todos los días, como yo pretendo hacerlo –se sonrió con picardía.
—¿Muchas formas? –preguntó ahora moviendo sus caderas al ritmo de las caricias de Bárbara.
—Muchas formas, como… -se le acercó al oído y le susurró- besarlo, por ejemplo –Mercedes bajó el rostro que pronto se le encendió, no tenía claro si era por el tono de voz incitante de Bárbara o porque ya estaba sintiendo los efecto de sus caricias- No Mercedes –le tomó el rostro y la hizo mirarla- ya te dije que no quiero que tengas vergüenza.
—No es vergüenza, es solo que me dejas tan al descubierto, y… sí, tienes razón, lo había imaginado mientras te iba besando la pierna… es solo que… lo sentí… no sé, que era una ocurrencia algo extraña.
—No tiene nada de extraño –dijo intensificando los movimientos de sus dedos- solo nosotras podemos poner los límites, no te obligaré a hacer nada que no quieras.
—Sí quiero –le contestó acercando levemente su cadera hacia ella, provocada por las caricias que Bárbara le proporcionaba, a estas alturas, no sabía si podría poner más atención a la lección.
Bárbara también hacia un esfuerzo por no descontrolarse, Mercedes hacía exactamente lo mismo que ella, y por lo visto, ya había aprendido con honores la función de aquel hinchado botón en su centro.
—Préstame tu otra mano –Así lo hizo Mercedes. Bárbara la tomó por la muñeca y respiró profundo, las caricias, aquel discreto masaje en su clítoris estaba haciendo lo suyo, y por el rostro de Mercedes, ambas estaban en la misma situación- Esto va más o menos así –acercó la mano a sus labios, y se llevó a la boca aquel pliegue que está entre el pulgar y el dedo índice, jugando son su lengua, tensándola a veces o succionando para luego soltarla- Puedes jugar como te plazca, pero siempre atenta a como reaccione mi cuerpo, no siempre es igual.
Mercedes la escuchaba atenta, pero no pudo evitar dejar de respirar al sentir su húmeda boca jugando con la piel de su mano, su mente la había llevado a aquel acto debido a los movimientos rápidos que ahora sentía en su clítoris, pronto se encontró con la boca entreabierta, tratando de no descontrolarse. Pero fue en vano, Mercedes no pudo seguir imitando las caricias de Bárbara, perdió la cabeza y el control de su cuerpo también, dejó salir un gemido que le indicó a Bárbara que debía soltar su mano y contener el resto de su cuerpo para dejarla terminar. Así, con su cuerpo pegado al de ella, siguió acariciándola en su centro, esta vez con movimientos circulares con sus dedos índice y medio, sin presionar demasiado pero con agilidad y rapidez, sentía como cada gemido de Mercedes inundaba sus oídos, conteniendo en su abrazo cada espasmo, sintiendo cada contracción de su musculatura como un propio trofeo, cada gemido eran para ella, pero por sobre todo, con esto le dejaría en claro a Mercedes que ya no tendría que compartir ni su tiempo ni sus caricias con nadie más. Ya no sentiría culpa por Nicanor, porque si esto hubiese ocurrido en otra circunstancia habría sido nefasto, y ya estaba harta de sentir culpa, quería todo para Mercedes, solo por y para ella.
Mercedes atrapó la mano que seguía acariciándola, haciéndola entender que ya era suficiente.
—Ya basta, me vas a matar –dijo casi entre lloriqueos.
Bárbara la apretó fuerte contra su cuerpo, subió sus piernas con cuidado y atrapó sus caderas, acercándola aún más.
—No era mi intensión ¿Estuvo tan mal? –preguntó a sabiendas de la respuesta.
—Claro que no –le dijo dejando caer su peso muerto entre sus brazos- es solo que siento que cada vez va a ser más intenso.
—Creo cada orgasmo es distinto uno del otro, a veces son suaves y duran más tiempo, a veces más intensos y cortos…
—Y otras veces piensas que vas a morir en los brazos de quien amas –La interrumpió Mercedes mientras se alejó de su hombro para mirarla- Bárbara… alguna vez sentiste con… con…
Bárbara entendió perfectamente para donde iba Mercedes con esa pregunta así que no la dejó terminar poniendo sus dedos su boca para callarla.
—No, no Mercedes, no te compares, es distinto, ni siquiera había hecho esto con otra mujer, y sentir lo que sentí contigo nunca antes lo había sentido, no de esta manera.
—Pero entonces ¿Cómo es que sabes tanto? –le preguntó mientras le besaba la mandíbula.
—Cada mujer sabe y conoce su cuerpo, si no fuera así, no hubieras tenido el instinto de tocarme todos estos días, no son ocurrencias extrañas, simplemente plasmabas en mi lo que yo quería que te hiciera, solo necesitabas que te dirigiera por el camino correcto.
—Aun así –dijo mientras la empujaba para que se recostara en el diván- quiero asegurarme de haber aprendido la lección.
Bárbara no tuvo tiempo de decir nada, la pasión de Mercedes se había desatado de tal manera que sintió que incluso ahora tenía más fuerza y peso en su cuerpo. El jadeo de su respiración le hizo entender que no habría ninguna manera de hacerla desistir, y la verdad es que ya no quería hacerlo, quería dejarla ser ella misma sin ninguna de sus intervenciones, quería ser suya de una vez por todas, ya era suficiente de lecciones.
Mercedes fue besando el cuerpo de Bárbara como mejor le complacía, se detuvo un momento en sus pechos, los cuales hace ya bastante rato la tenían con ganas de besarlos, succionó uno de sus pezones mientras con su mano jugaba con el otro, a momentos Bárbara siseaba por presiones desmedidas, lo que hacía que Mercedes se preocupara, aunque luego entendió que no era nada doloroso, al menos eso le decía el rostro placentero de Bárbara. Siguió bajando por su vientre, repartiendo besos y caricias, siguió por su ombligo el cuál de pronto le pareció excesivamente hermoso, o detalles como las curvas de su cintura, o la suavidad de sus muslos al tocarlos. Siguió bajando y se encontró con lo que tanto buscaba y ansiaba por probar, miró a Bárbara tan solo por saber si ella también lo ansiaba, la mirada lo decía todo, ella estaba completamente entregada.
Bárbara gimió al sentir el contacto de la boca de Mercedes, que no era para nada tímida, se sentía como terciopelo, suave y tibia, sentía que la inundaba con tal dedicación que no pudo evitar dejar salir una importante declaración.
—Eres tan suave, tan tibia Mercedes –suspiró- incluso mejor de lo que pensé.
Aquello le hizo entender a Mercedes que Bárbara había fantaseado con ella en alguna ocasión, eso la hizo sentirse con más propiedad de lo que estaba haciendo, no podía defraudarla. Volvió a levantar la mirada solo para cerciorarse de estar haciéndolo bien, y notó que Bárbara no le quitaba la vista de encima, así que si le gustaba mirar le daría algo de lo que pedía. Pasó su lengua lentamente de abajo hacia arriba, y contenta con la expresión en el rostro de su amada volvió a repetirlo, subiendo y bajando con su lengua con mirada sensual.
Bárbara no podía creer lo que había creado, porque sí, esta Mercedes quería adjudicársela, y le encantaba, la sacaba de sus casillas, la volvía loca, pero por sobre todo la hacía enternecerse. Mercedes no había perdido su pureza, simplemente ahora conocía aristas del amor jamás exploradas, y ahora que las sabía se empeñaba en complacerla, porque la amaba, quería amarla en todas sus formas. Nunca nadie había tenido tal dedicación con ella, ni siquiera en el plano sexual.
Estaba disfrutando de la improvisación de su amada, pero no fue hasta que sintió su boca por completo inundar su sexo que sintió su cuerpo estremecerse como nunca antes lo había hecho. Mercedes aplicaba lo aprendido de manera avezada, succionaba su clítoris con devoción, a ratos lo castigaba con movimientos circulares de su lengua y luego volvía a succionarlo. Bárbara trató de decir algo pero ni siquiera pudo pronunciar una sola palabra, la cabeza le daba vueltas, era una locura. Sus piernas comenzaron a temblar y sus músculos se tensaron, y dado de lo receptiva que estaba siendo Mercedes no tuvo que decir mucho más de lo que su cuerpo ya estaba diciendo. La boca de Mercedes la tenía atrapada en una danza de placer indescriptible, su espalda se encorvó casi con voluntad propia, así que tuvo que sujetar la cabeza de Mercedes para no perder el contacto. Con la boca entre abierta y con la respiración apagada, abrió los ojos y dejó escapar al fin aquel orgasmo tan bien trabajado, su cuerpo perdió total control, su cadera se movía contra los labios de Mercedes, sus gemidos no tenían pudor alguno saliendo de su boca y su pecho se movía de tal manera que sentía que en cualquier momento explotaría. Mercedes no se detuvo del todo hasta que sintió que su cuerpo se relajaba y su respiración se hizo más acompasada, tan solo dejó de hacerlo cuando Bárbara la soltó de sus cabellos como una señal de que era suficiente.
—Eres deliciosa Bárbara –dijo mirando la humedad de su sexo.
Mercedes parecía no estar satisfecha, miraba su centro queriendo aún más de sus sabores, no lo pensó dos veces para volver a besarlo, esta vez más lento, pausado, como quien besa una boca, suave y sin aviso.
Bárbara la dejó, incluso con el cuerpo aun temblando disfrutaba de aquellos toques finales, al menos eso creía ella, porque aquella obsesión de su amada se traducía en pequeños gruñidos mientras la devoraba, eso la hizo sonreír, incluso soltar una leve risa, no porque le pareciera gracioso, sino porque sorpresivamente aquellos besos la estaban llevando a un segundo orgasmo.
Apoyó sus antebrazos y levantó su cabeza bruscamente, incrédula, sorprendida.
—Ay Mercedes –dijo al tiempo que dejaba escapar el aire- Eres maravillosa.
Otra ola de sensaciones se arremolinó en su bajo vientre y pronto no pudo mantener esta posición, esta vez parecía venir más intenso y sin ningún aviso, se tiró hacia atrás y se tomó la cara ahogando sus gemidos, cosa que fue inútil, porque pronto se desesperó, se tomaba de la tela del diván, arañándolo, tratando de buscar algo de qué sostenerse, una salvación a lo que sería esa pequeña muerte. Hubiera querido detenerla, pero no se sintió capaz, ni tampoco con las fuerzas para hacerlo, su cuerpo estaba tan sensible que apenas unas caricias en el vientre la hacían volver a temblar, a contraerse sin tener control de ello. Cuando vio que Mercedes al fin la dejaba y se alejaba de ella juntó sus piernas y se quedó ahí de costado mirándola, incrédula de lo que acababa de suceder.
Mercedes se sentó en el otro extremo del diván y apoyó su cabeza en su mano, mientras con la otra se limpiaba excesos de la humedad de Bárbara en la comisura de sus labios, sonriendo complacida con lo que había hecho, incluso con aires altivos, de alguien que sabía había provocado estragos.
—¿Quién te crees que eres Mercedes Möller? –preguntó Bárbara medio divertida aún agitada.
—¿Yo? ¿Creerme? Mi amor, yo no me creo nada, yo soy –dijo pavoneándose mientras levantaba una ceja- y lo que soy es tu culpa, eres una profesora de excelencia.
Ambas se rieron por aquel intercambio de palabras, pero Bárbara no quería ser menos, ni tampoco quedarse atrás, al menos le dejaría una pequeña amenaza.
—Espera a que te pille desprevenida y verás cuanto más te falta por aprender.
—Me das miedo Bárbara –dijo levantándose tentada de la risa.
—¿Para dónde vas?
—A hacer el desayuno –tomó su bata y se la puso- descansa un rato, debes estar muerta de sueño –caminó hasta donde estaba la radio y la encendió para colocar algo de música en alguna emisora.
—No podría dormir teniéndote en frente vestida así.
Mercedes se sonrió
—¿Lo dices por esta bata?
—Acabo de descubrir que me encanta verte desnuda tras esa tela transparente.
—Tú tampoco te quedas atrás con esa pose de pintura renacentista recostada en el diván.
—No me queda otra, si tuviera mi pie sano ya habría corrido hacia a ti para comerte a besos.
—Qué mala suerte…. –dijo lamentándose.
Ambas se rieron para finalmente admirarse en silencio por unos segundos, segundos que parecieron eternos, la belleza de ambas era abrazada por los rayos del sol, al fin y al cabo, el amanecer no había sentido celos, todo lo contrario, les había sonreído al verlas amarse con tal pasión y entrega. El primer de muchos amaneceres juntas, pero este sin duda sería especial, este sería el amanecer de la primera vez.
CONTINUARÁ…
La historia estaba pensada hasta este punto, pero bueno, hubo situaciones y personajes que se escribieron solos y que tienen que ser tratados (sí, a veces mis dedos cobran vida propia y les encanta alargarme la historia) como por ejemplo la obsesión de Sofía o el asunto pendiente en Santiago de Bárbara, incluso como adelanto, les cuento que se viene un nuevo comisario que investigará la muerte de Nicanor y además un nuevo incendio. No sé por qué asumo que haré una historia corta cuando sé que no va a ser así jajajaja.
Desde siempre agradecida con sus reviews, y créanme, hay más de lo que leyeron en este capítulo más adelante, así que no crean que ahora me convertiré en una bruja que solo les dará drama.
Un beso y un abrazo!
