LA ENTRADA A LA CASA DE LOBOS
Tomé un taxi a la Casona de los Greenleaf, las manos me sudaban terrible, era como si fuera a marcar mi vida por siempre. En efecto lo iba a hacer. ¿Cómo me verían los demás? Sería como si llegara el circo y marquesina anunciara: "pase a ver a un verdadero muerto de hambre, no es ficción" y las mujeres y hombres envueltos en lujosos vestidos me miraran con curiosidad y aprehensión… una mujer apartaba de mi reja a un niño que quiso darme un pan... esa era una perfecta parodia de la fiesta que me aguardaba.
*Preparaba la joven mujer en su habitación sus vestidos para la celebración, veía en el espejo su rostro y no podía creer que finalmente llegó el día. Los Nervios y Dudas se cernieron sobre el ambiente. Tío Gregorio, no era un tutor comprehensivo, sino alguien posesivo, al cual Helena disfrutaba desafiar. Pensó en cómo sería la vida al lado de Gerard, él era inteligente, mas lo aprovechaba para mal; ella muy competitiva en la carrera que estudió en una prestigiada universidad europea, mas nunca la habían dejado ejercer. Cambiarían ambos rumbos de vida, según la visión de ella, para bien, en tanto que su invitado no vislumbraba más allá de aquella noche, en la que sólo planeaba sobrevivir*
Finalmente llegué, el taxi entró por las altas rejas y se detuvo a la mitad, un guarda me pidió la invitación, se la mostré y de mala gana me dejó pasar. Pagué el taxi y bajé frente a las puertas del hogar de mi querida Helena y su tío (…he calls the mansion not a house but a tomb…). Había cinco escalones y a los lado arbustos verdes y tupidos, adornados con luces... Las luces y la música del salón salían hasta la calle a través de las puertas con vitrales. Entré al gran salón, con pilares de mármol y candelabros con focos blancos y brillantes, una lámpara colgaba del centro, era bastante grande, había una alfombra desde los escalones hasta la entrada principal. Frente había unas grandes escaleras que conducían a otras habitaciones, a la izquierda una puerta cerrada y a la derecha alcance a ver un despacho y la librería. De pronto volví en mí, no quería mostrar mi cara de incrédulo ante la demás gente. Un sujeto con camisa blanca y moño negro se acercó con una bandeja a ofrecerme algo para beber, tomé una copa, supongo que era champagne, aunque por la emoción todo me supo asquerosamente amargo. Caminé lo más normal que pude entre los invitados, pasé cercas del despacho y sentí un brusco jalón por el brazo para que entrara. Como la puerta estaba sólo entreabierta recibí un duro golpe en la cara. Y vi quién me había jalado hacia adentro…
