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¿Qué está pasando con las visitas de este fic? xD Se están disparando un poco para arriba de maneras muy extrañas jaja, aun si es solo 1 persona leyendo el fic una y otra vez o cambiando de capítulos rápidamente muchas gracias por mostrar interés asdwdsad :3 Si no, al menos dejen un review, díganme que pasa por sus mentes! D: ¿Les gusta? ¿Lo odian? ¡Aaaaa, díganme! No me dejen así.

Este capítulo fue escrito en tiempo record. En cuestión de unas pocas horas ya estaba completado, tal vez me tomo alrededor de 4 horas y es pequeño pero dulce :3 (como yo :b) A mí me encantó, espero que ustedes puedan decir lo mismo.

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CAPITULO 8 - RIDÍCULO

Apenas habían pasado unos cuantos minutos pero le había parecido una eternidad, el último sonido que había escuchado era el del cierre de su pantalón subiendo una vez que había terminado de aliñarse. El silencio resultaba extrañamente inquietante. Se metió la mano al bolsillo para sacar la cajetilla de cigarros y encender uno. Aun sabiendo que el olor a cigarrillo le metería en problemas, pensó que sólo de esa manera lograría camuflar el olor a sexo que ahora predominaba en la habitación. Eso sí que lo metería en problemas. No quería ofender a su hermana revelándole sus múltiples compañeras de cama por lo que siempre había recurrido a las habitaciones de hotel. Sin embargo esta vez se le había ido de las manos de muchas maneras. Pensándolo bien ella era demasiado educada como para entrar a su habitación sin su permiso y además ¿Sabría ella lo que es el olor a sexo? No supo si fue el sabor a tabaco o la pregunta lo que le causo un mal sabor en la boca. Trató de no pensar mucho en ello, de todas maneras el cigarrillo ya estaba encendido.

Un crujido muy leve le reveló que Vanessa había cambiado de posición en la cama. Y en cuanto el solo nombre de Vanessa pasó por su cabeza pudo sentir como el mal sabor en su boca se extendió hacia su estómago, donde una sensación de malestar le causo desasosiego. ¿Era acaso arrepentimiento? Más bien era remordimiento. Si bien sentía un poco de pesar por lo que había dicho, definitivamente no estaba del todo arrepentido. No pudo evitar decirlo, tenía que admitir que había herido su orgullo al desafiarlo y las crueles palabras que pronunció al final no eran sino un producto de su enajenación. Ella lo había provocado. A cada segundo que pasaba parecía sentir más malestar y sobre todo deshonra. A fin de cuentas ella estaba bebida y él lo sabía. Él se lo tomó como algo personal. Y el insulto de Iori excedía cualquier cosa que pudiese haber salido de la boca de Vanessa, después de todo ¿Que sabía ella de él? Probablemente nada que pudiera usar en su contra. En cambio él había tenido acceso a información bastante sensible sobre ella y la había usado deliberadamente para herir. Ella estaba borracha pero ¿Y él? ¿Qué excusa tenía? Se había sobrepasado. Pero era demasiado orgulloso para admitirlo en voz alta.

Para su sorpresa, ella se sentó de pronto a su lado y recogió la cajetilla de cigarros del suelo. Luchaba un poco con el encendedor que casi no tenía líquido flamable para encender. Iori extendió frente a ella su mano donde ya blandía una flama de mediano tamaño que se movía de forma rebelde. Ella acercó el cigarrillo hasta que encendió y sonrió, pero él no lo notó. El pelirrojo miraba hacia el frente, tratando de no entablar contacto visual quizá para no sentirse más mal de lo que ya se sentía. Tampoco quería verla pues estaba seguro de que se veía deslumbrante. Todas las mujeres le parecían más bellas después del sexo con ellas. Ese detalle no le ayudaba en nada. Tenía que pensar una manera de abordar el tema sin equivocarse.

— ¿Te gusta el tabaco? — Enseguida Iori se arrepintió de haber dicho eso ¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? Claramente le gustaba o no habría tomado un cigarro por su cuenta.

— Sólo a veces, en ocasiones especiales — ¿Que quería decir eso? ¿Tan mal le sentaron las palabras? ¿Tan mal que le provocaba retomar un vicio tan tonto como el fumar?.

— Sobre lo que pasó antes... — Iori no encontraba las palabras, odiaba mucho equivocarse y mucho más tenerlo que admitir — No estuvo bien. No va conmigo —

— No te preocupes, estoy seguro de que ninguno de la dos quiere que Sahori se entere — Respondió ella soltando una bocanada de humo.

— No me refería a eso, sino a lo que dije —

Ahora era Vanessa quien se encontraba confundida ¿Qué era lo que había dicho? Ni siquiera recordaba haberle oído pronunciar nada después de entrar en la habitación. Se avergonzó un poco pues era probable que no le llegara suficiente sangre al cerebro como para prestar atención a lo que sea que él hubiese dicho. Sea lo que sea, parecía tener importancia para el pelirrojo.

— Déjalo pasar, no creo que fuese para tanto — Dijo ella para tratar de pasar desapercibida.

— ¿No fue para tanto? — Bramó Iori sin pensar — ¿Es que acaso no tienes dignidad? —

— Mas bien no tengo idea de lo que estás hablando, tal vez quieras refrescarme la memoria — Lo desafió con tono irritado ante tal reacción ¿Qué era lo que le habría dicho?.

— Tienes razón — Ella no se acordaba. Iori se maldijo por no haber considerado esa posibilidad y por tener que admitir su error por segunda vez. De una mesita de noche cercana acercó un cenicero al suelo para que ambos pudiesen depositar las cenizas, esperando que eso cambiara de tema la conversación — Tal vez el asqueroso cigarro me hace decir cosas tan idiotas —

— Ah, es eso. Yo creí que ese era tu estado natural — Ahí estaba de nuevo esa actitud insolente que tanto le molestaba.

— ¿De verdad eres así siempre? No me sorprende que estés sola — Esta vez prestó más atención a sus palabras cuidando no decir algo inapropiado de nuevo.

Pero ella se rio con ganas aunque al mismo tiempo tratando de no hacer mucho escándalo. De nuevo su risa colmaba la paciencia de Iori quien se giró a verla para manifestarle su enfado con una mirada asesina. Pero lo que vio lo petrifico. Con los ojos cerrados por la curva de su boca, el cabello revuelto, unos restos de sudor en el cuello y su sonrisa oculta a medias por la mano que blandía el cigarrillo. Estaba radiante. Inclusive le recordaba un poco a su hermana, con el cabello rojizo, un aspecto jovial y esos despliegues de auténtico regocijo. Pero su manera de hablar delataba mucha más experiencia que una chica joven como Sahori. Voltear hacia ella había sido un error tal y como lo había pensado. Como pudo guardó la compostura para no revelar lo que pasaba por su mente y mantuvo un gesto neutral. Aunque fue incapaz de quitarle los ojos de encima.

— Eres muy enojón, ¿Sabes? Tienes que aprender a aguantar una broma — Dijo ella sin dejar de sonreírle.

— ¿Sabes cuál es la broma? Que hace apenas 15 minutos no decías ni una sola palabra. Bueno, sí que dijiste una. Fue algo así como "Dios" — Iori puso énfasis en esa última palabra con una ridícula voz femenina, chillona y casi orgásmica. Vanessa se sonrojó un poco pero a la vez soltó otra risa sonora, por culpa de la mala imitación de Iori, que acalló con una de sus manos. Sus ahogadas carcajadas resultaron ser como música para los oídos del pelirrojo quien se sintió deleitado de haber sido él quien la provocara y borrando la mayor parte de su enfado. Incluso se le pasó por la mente reír con ella. No estaba seguro de porque lo quería pero se lo atribuyó a la excitación que estaba volviendo a manifestarse en su mente y también en su entrepierna.

— ¡Bien, ya estás aprendiendo! Aunque obviamente cuando dije "dios" no me refería a ti —

— A mí me pareció que si —

— Parecer no es lo mismo que ser. Es por eso que pareces un tipo desinteresado pero en realidad te enfadas por todo —

— Ah. ¿Es por eso que pareces una chica decente pero luego dejas que te baje los pantalones? — Ella rio por tercera vez. Probablemente aún seguía un poco alcoholizada y por esa razón parecía más risueña de lo normal. Tal vez también por eso se veía tan deslumbrantemente bella y eso lo ponía muy cachondo. Por un momento pensó en volverla a besar como antes pero tenía que contenerse. Ella no podía enterarse que lo estaba volviendo loco, podría aprovecharse de esa debilidad y usarla en su contra. Además ya había hecho hoy demasiadas cosas que le daban en el ego.

— Me aseguraré de no quedar como una fulana la próxima vez y me los bajaré yo misma — Contestó Vanessa entre risas.

¿La próxima vez? Iori sintió un deja vu y se preguntó el propósito de esa sugerencia: Si simplemente había sido un comentario inocente para contestar a su bravata o si ya se había dado cuenta de la semi-erección en sus pantalones y tal vez quería hacerlo de nuevo. Aún si quisiera hacerlo de nuevo eso era imposible. El pelirrojo no solía "comer la misma comida dos veces" y menos en el mismo día, muy a pesar de que el cuerpo le pedía otra cosa. De antemano sabía que dormir demasiadas veces con una misma mujer era peligroso; Corría el peligro de que ella se enamorara de alguien como él, quien no tenía interés alguno en sentar cabeza. De nuevo hizo un gran esfuerzo para reprimir sus deseos.

— Es tarde y estoy seguro de que no quieres que Sahori se dé cuenta de que estuviste aquí fumando. Ah, ni de lo otro — Iori terminó la oración con un pequeño toque de humor casi sin darse cuenta pero esperando escucharla reír de nuevo. No se equivocaba y ella le devolvió una sonrisa traviesa que casi provoca que se le derritiera el cerebro. Quería detenerla por la fuerza pero era demasiado arriesgado, no quería darle un mensaje equivocado. Tampoco quería arriesgarse de nuevo a que su hermana pudiera encontrarlos ahí.

Ella aplastó lo que quedaba de la colilla de su cigarro en el cenicero del piso y se puso de pie. Él lo hizo también para asegurarse antes de que no hubiese nadie afuera de la habitación. Una vez que estuvieron seguros ambos salieron haciendo el menor ruido posible, con el mismo cuidado abrieron la puerta principal para salir. Afuera la noche era tranquila y el clima inclusive agradable pues el verano ya había comenzado. Ambos observaron sus alrededores por un momento, era extraño ver a una ciudad tan ocupada en una calma absoluta. Finalmente Vanessa habló.

— ¿Qué fue lo que dijiste antes y que no quisiste decirme? —

— ¿Que eran los detalles que le omitiste a mi hermana en tu historia? —

— Auch, touché. Y yo que pensé que eras un amargado — Contesto Vanessa — Es hora de que me vaya, tal vez aún pueda dormir un poco — Dijo dando la espalda a Iori y caminando fuera de la entrada.

— ¿Vas a pie? —

— Sí, es mejor que lo haga para ver si se me esfuma la embriaguez — Se detuvo para contestarle y giró la cabeza para verlo por última vez — Hasta luego — Agregó con la misma sonrisa pícara de antes.

— ¡Espera! — Dijo Iori en voz quizá demasiado alta y caminó hasta llegar con Vanessa. Sin preguntarle le tomó la mano para besarle el dorso como solía hacer con todas sus conquistas. No quería perder la tradición y menos cuando la chica le había gustado tanto. Pero antes de que sus labios pudieran tocar su mano ella la apartó repentinamente soltando una carcajada al aire. Iori no supo cómo reaccionar.

— ¡Pero que ridículo! De verdad que eres muy gracioso — Ella volvió a darle la espalda y agitó una mano en señal de despedida.

El pelirrojo parpadeo varias veces mientras la miraba alejarse. "¿Ridículo?" pensó Iori "¿Acaba de llamarme ridículo?". Sus ojos no daban crédito a lo que había pasado. De nuevo se había burlado de él. Eso no era ridículo, todas lo consideraban un detalle romántico. Iori pensaba que ya había dominado el arte de conquistar a las mujeres pero que equivocado estaba, había vivido engañado. A pesar de que había logrado su cometido con ella, nada de las cosas que intentó habían funcionado. De hecho la manera en la que habían terminado durmiendo juntos había sido un accidente. ¿Cómo es que ella era inmune a todas sus técnicas? ¿Cómo es que ella lograba siempre hacerlo sentir así de torpe? Tonto, estúpido... Ridículo. De nuevo no pudo evitar darle la razón. Pero estaba feliz de que ella ya se hubiera ido antes de que tuviese que admitir que era ella quien había acertado de nuevo.