7:

Persecución


Rose permaneció callada durante el trayecto a casa de Dimitri. Aunque ella se veía "tranquila", él sabía que estaba aparentando y lo estaba haciendo bien, pero a él no se le pasaba por alto varias cosas: mordía ligeramente su labio inferior, de vez en cuando tamborileaba sus dedos en el asiento y era claro para él que estaba afectada y, peor aún, se notaba un sentimiento de culpa reflejado en sus ojos. Sabía que se culpaba a sí misma por haberle puesto en peligro y eso le enojaba.

Así que cuando se movió incómoda en el asiento y se volvió para mirarlo, él supo con exactitud lo que iba a decir mucho antes de que lo dijera.

-No debí haberte involucrado en esto. –dijo con furia, no con él, sino con ella misma. –No sabía que era un asunto tan grave. No entiendo nada de lo que está pasando, pero sé que no podría perdonarme a mí misma sí alguien muriera por ayudarme. Lo único razonable que se me ocurre es darles lo que quieren: a mí y yo enfrentarme con lo que pueda a ellos… tal vez encuentre un medio para enviarte la información de dónde están y ustedes puedan llegar…

-Rose. –pronunció él, esta vez no guardó su perfecta máscara, en cambio se mostró claramente molesto con ella. –deja de comportarte como una mártir. –espetó en voz firme.

¡Dios acaso no se daba cuenta de lo valiosa que era! Y no por su poder, si no en general. No soportaba el hecho de que quisiera entregarse, entendía que era por sus padres, pero esa no era la solución, no cuando él estaba decidido a tomar el caso en sus manos, y no sólo de traer a Abe y a Janine, si no de protegerla a ella.

Sabía que era demasiado agresivo cuando lo que ella necesitaba era comprensión y empatía. Rose estaba a punto de perder los estribos, y estaba claro que lo último que necesitaba era que él se comportara de esa forma. Sin embargo, le daba mucha rabia pensar que alguien como aquella joven estuviera en el punto de mira de algún demente que solo Dios sabía lo que planeaba hacer con ella.

Rose volteó la mirada hacía la ventana y la culpa lo embargó al instante al ver lo que sus ojos reflejaban. Ella trató de ocultarlo rápidamente, pero no antes de que él reparara en el alcance que habían tenido sus palabras, como si fueran un dardo.

-No voy de mártir ni estoy siendo excesivamente dramática. –dijo de repente, en defensa propia. Sus rasgos no solo cambiaron, si no que sus ojos parecían diferentes con una furia que se venía abriendo desde el fondo de su ser.

-Es que no sé qué más hacer. Ellos son mi única familia, no tengo una relación con nadie más, mi poder afectó sus vidas más de lo que sacudió la mía porque siempre se aseguraron de que estuviera a salvo y de que fuera feliz y hasta que no fui mayor no comprendí todo lo que sacrificaron por mi.

»Janine dice que soy un milagro. Cuando mis padres se casaron, intentaron, sin éxito, tener un hijo. Ella era joven y no tenía prisa. Creo que ellos igual hubieran sido felices estando los dos juntos, pero mi padre en el fondo no borraba la idea de ver niños corriendo por la casa.

» Tras innumerables abortos y después de la decisión de mi madre de que dejaría de intentarlo porque no podría soportar perder otro hijo, se quedó embarazada de mí. Soy su única hija. Mi madre no pudo tener más hijos. Quise corresponder a ellos y sacrifiqué también muchas cosas para compensar de algún modo que mi padre no pudiera tener lo que más quería: una casa llena de niños, de risas y travesuras.

»Siempre me han protegido, siempre. Puede que no me hicieran ningún favor y que más bien se pasaron en ese sentido, pero al final estoy agradecida por lo que hicieron.

» Y ahora que son ellos los que me necesitan, no sé por donde empezar a buscar, desearía tener los conocimientos de Abe y poder rastrear a la gente hasta debajo de las piedras, pero no sé, y lo único que quiero es poder hacer algo, así que cuando digo que mí única opción es entregarme a esas personas, sean quienes sean, no voy por el mundo poniéndome de mártir ni me pongo exageradamente dramática. Soy una mujer que quiere salvar a sus padres más que nada y que está dispuesta a hacer y a dar lo que sea con tal de recuperarlos, para que estén… A salvo, aunque sea con mi propia vida.

Terminó de expresar todo lo que pensaba y sentía sin detenerse y sin dejar que él la interrumpiera, con voz firme y fuerte. Con respiración pesada por el enojo. La sinceridad empapaba todas y cada una de las palabras. Su convicción era palpable en sus gestos. Sus ojos volvían a brillar, pero está vez con un objetivo. Con determinación.

Ella no merecía su desaprobación. Estaba claro que no sé había enfrentado a la cruda realidad de la vida, tal como había dicho momentos antes, sencillamente en su lógica no entendía que estaban utilizando a sus padres para llegar a ella y era obvio que iba en serio cuando decía que haría cualquier cosa, incluso entregar su vida a cambio de las de Abe y Janine.

Esa clase de altruismo se veía pocas veces. Dimitri estaba acostumbrado a ver lo malo en las personas, su trabajo se lo mostraba todo el tiempo, el mal se extendía por todas partes y llegaba a todos los ámbitos de la vida, incluso a aquellos donde nadie lo sospecharía. El mal, o la capacidad para hacerlo, habita en casi cualquier persona. La verdadera bondad, esa que emana de lo más recóndito del alma, es la rareza. La mayoría de las personas no eran tan altruista como parecía Rose, y él no dudaba de su sinceridad ni por un segundo. Iba completamente en serio y eso haría que su trabajo fuera más difícil, pues tendría que mantenerla a salvo, mientras él y sus hombres localizaban a sus padres.

-Discúlpame. –contestó Dimitri en voz baja y tranquila, esperando que sus palabras fueran tan sinceras como las suyas. –Es que me enoja que valores de esa forma tu vida como para que te entregues sin más a ellos. No tiene porque ser así. Necesito que confíes en mí. Está claro que tu padre confiaba en nosotros o en nuestra organización. Así que, confía en mí, no solo para encontrar a tus padres, sino también para protegerte. Y prométeme que no harás nada a lo loco y sin pensarlo porque, Rose, tienes que entenderlo, aunque permitieras que te atrapen, puede que maten a tus padres una vez obtuvieran lo que quieren.

Rose le mantuvo la mirada sin apartarla, sus ojos querían ponerse rojizos del agua que se acumulaba en ellos, pero se mantuvo firme y tragó el nudo que se le formaba.

-Sé que es duro escuchar esto. –continuó él con un deje tranquilizador. –Pero tienes que enfrentarte a la realidad. Sean quienes sean esas personas, está claro que son profesionales y que no dudarán en matar a todo aquel que se interponga en su camino, como el francotirador que intentó pegarme un tiro hace solo unos minutos.

-Ya lo sé. Aunque parezca que no sé lo que esos tipejos están intentando hacer. Sé que en cualquier momento van a querer un intercambio.

-Entonces, ¿Por qué complicas las cosas queriendo entrar en la guarida de lobos?

-Porque me gusta contrastar las cosas antes de creérmelas. –se encogió de hombros. -¿Crees que sigan vivos?. –consultó ella, cambiando de tema como solía hacer y sobrecogida por la emoción.

A Dimitri no se le escapó la ironía de la situación. No era una persona con la tendencia natural de dar ánimos, abrazos o consuelo. Pero igual le tomó la mano envolviéndola en la suya, no pudo evitar detenerse a pensar, en lo cálida que se sentía y como encajaba tan bien en la suya, se frenó regañándose mentalmente por traer esos pensamientos cuando no era el momento, aunque en realidad lo estaba haciendo para ofrecerle valor en estos instantes donde ella necesitaba saber a qué se enfrentaba. Solo era eso. ¿Cierto?

-Creo que están vivos. –respondió Dimitri, mientras hacía una mueca para sus adentros ante su afirmación. Esperaba que no fuera una mentira. Normalmente era él quien siempre decía la verdad. Pero se dignó a darle a Rose un atisbo de esperanza.

Necesitaba que tuviera esperanza y se adhiriera al plan que Dimitri y su equipo elaborarían. Lo último que necesitaban ahora era una persona impredecible y que Rose fuera por su cuenta con poder o sin él.

-Siempre que te mantengas fuera de su alcance, creo que tus padres estarán a salvo. –de nuevo, esperaba no tener que prepararla para una decepción y conmoción horrible. Sin embargo, era la conclusión más lógica, ya que no la habían matado y estaban decididos a tenerla controlada. Control sobre ellos, fueran quienes fueran. –Usarán a tus padres para negociar, al menos por el momento. Esto nos dará tiempo para empezar a investigar, y con suerte, encontraremos a tus padres antes de que los secuestradores se impacienten y decidan tomar otras medidas para persuadirte.

A él le sabía mal, pero era información que debía saber y que debía entender. No podía suavizarlo ni pensaba hacerlo.

Ella se estremeció acercándose al cuerpo de Dimitri inconsciente de lo que hacía. Y él de nuevo volvió a confirmar ese calor que se extendía con el simple contacto entre ambos, fue lo mismo que sintió: en su despacho cuando tomó su mano, o cuando rozó su piel mientras huían del francotirador, mientras sujetaba de nuevo con delicadeza su mano hace tan solo unos segundos atrás, era lo mismo que percibía ahora que sus brazos y piernas estaban juntas.

Al acercarse el olor de su cabello inundó sus fosas nasales y entonces frunció el ceño y se alejó sutilmente de ella.

Cuando uno empieza a fijarse en cómo huele una mujer, cómo olía una clienta, era hora de tomar cartas en el asunto y distancia entre uno mismo y la clienta.

Suspiró profundo y negó con disimulo meneando la cabeza.

Ya había infringido seriamente las reglas de la profesionalidad al agarrarle la mano para darle consuelo, aunque fuera solo para calmarla de esa conversación que tenían. El problema era que se había sentido tan bien con ese pequeño gesto, y lo que había sido como un ofrecimiento impersonal de consuelo, se volvió algo que él quiso hacer.

Dimitri siempre había sido el tipo de hombre centrado en su trabajo, su prioridad era corresponder a la confianza de las personas que lo contrataban y si tenía que ponerse de último lugar, lo haría sin chistar.

Sus pensamientos eran un desastre y eso tampoco podía permitirlo, él se caracterizaba por mantener el control de su vida, de sus pensamientos y de su trabajo, así que se digno unos momentos aclarar la mente y ordenar su trabajo junto a las prioridades, mientras Rose iba con su cabeza reposando en el asiento y su mirada fija en la ventana, él la miró de reojo observándola detalladamente, muy detallada y más tiempo del permitido. "Dios esperó estar haciéndolo bien"

Si aún quedaba algo de sentido común, dejaría a Rose en las manos expertas de Eddie o Celeste y se retiraría. Les dejaría hacer su trabajo; un trabajo en el que eran muy buenos.

Pero, al mismo tiempo, se negaba en rotundo a la idea de dejar a Rose con otra persona. Su padre había confiado en él y en Adrián. En nadie más. Si se la entrega a otros en su equipo, era posible que metiera la pata y saliera corriendo.

Además en sus adentros él quería ser quien se encargara de su caso en especifico ¿Por qué exactamente? Aún no lo entendía pero desde que la vio en ese video había quedado totalmente intrigado. Lo aceptara o no.

-¿Te encuentras bien?. –le preguntó ella desde el otro lado del asiento. -¿En qué piensas? Llevas rato ensimismado.

En el rescate, no eso sería mentir. En ti. Esa debería ser la respuesta correcta, pero jamás la iba a aceptar.

Ella era su clienta y su trabajo se dividía en dos partes: encontrar y recuperar a sus padres, y mantenerla con vida, a salvo.

-Estoy bien

-¿En qué piensas Dimitri? –Insistió

Por más de un minuto se formó un silencio y Rose es quien vuelve a romperlo.

Primero encoje uno de sus hombros despreocupadamente –Apuesto a qué piensas en mí. –termina sin mirarlo a él si no al frente.

Dimitri agradece que no lo esté viendo directamente a los ojos, de seguro se daría cuenta que dio en el blanco, sacude la cabeza. –Sinceramente Rose…

-¡Sujétense!. –gritó el chofer. –Tenemos problemas.

Dimitri apenas tuvo tiempo de comprender lo que sucedía y de proteger a Rose con los brazos, pudo sentir el latido de su corazón unido al de ella en medio del momento, antes de que el vehículo entero recibiera una sacudida y sus cabezas se movieran hacia delante y atrás como si de un latigazo se tratase.

Por cuestiones exactamente como estás, sus reglas son fáciles: no te involucres, solo cumple con tu trabajo. Y eso era lo que debía repasar en su mente.

-Cielos ¿Qué ha sido eso?. –vociferó.

-¡Nos están siguiendo!. Aguanten. Vamos a salir de aquí de una vez. –contestó Mikahil, el conductor, en tono serio.

-¿Nos siguen?. –Chilló Rose. -¡No creo que alguien que intenta sacarnos de la carretera nos esté siguiendo solamente!

A Dimitri no le gustó oír a Mikahil maldecir. Tenían que pasar muchas cosas para alterarlo de ese modo, porque por lo general se desenvolvía perfectamente en cualquier situación y era muy tranquilo.

Dimitri levantó la vista justo a tiempo para ver a dos vehículos que venían disparados hacia ellos por el lado opuesto de la autopista. Estaban a punto de chocar, era inevitable, lo que resultaba bastante estúpido porque si lo que pretendían era mantener a Rose con vida. ¿cómo podían estar seguros de que saldría ilesa?

A no ser que hubieran cambiado de objetivo. Era difícil especular en aquel momento cuando no sabía cuál era el origen de la amenaza. Ya iba muy por detrás en el asunto, no tenía nada por donde empezar hasta que no hablase con Rose largo y tendido y empezara a investigar a sus padres, sobre todo a su padre.

-De esta salimos. –dijo Dimitri preparando el arma. Antes se cercioró de colocar su cuerpo musculoso por delante del de Rose, cubriéndola por completo.

A Rose se le escapó un gruñido. Él giró fugazmente su cabeza y sintió un frio que recorrió a lo largo de su espalda, al mismo tiempo que a ella se le pusieron los ojos vidriosos; fijos observando a través del parabrisas los vehículos que se aproximaban.

Contrajo el rostro como si estuviera adolorida. Apretó los puños y los nudillos se le volvieron blancos por la fuerza con la que los apretaba. Entonces se estremeció como si la electricidad de sus ojos le corriera por las venas.

Dimitri casi notaba cómo emanaba el poder de ella en forma de olas. No se parecía a nada que hubiera experimentado antes. A nada. Y no es que fuera nuevo o escéptico en cuanto a poderes psíquicos porque ya había experimentado de primera mano fenómenos psíquicos inusuales.

Pero cuando uno de los autos que había frente a ellos se elevó en el aire de repente, giró sobre sí mismo y se estrelló contra la valla de contención, Dimitri abrió la boca de par en par. Su mirada iba de los rasgos de Rose a los restos que quedaban del carro, y a los que se acercaban cada vez más.

La situación se estaba transformando en una carga insoportable dentro de su pecho, en algo que no podía controlar, ¿Cómo protegerla? Cuando es ella la que está tomando la situación en sus propias manos.

La única palabra que le pasaba por la mente para describirla es "genuinamente maravillosa". ¿Cómo alguien, no corrección como ella logra desestabilizarlo por completo en momentos como estos? Joder, desde que entró en esa oficina a sido como estar en una montaña rusa y aún así se niega rotundamente a permitir que se entregue, a que le hagan daño o a dejar el caso por completo.

Sintiéndose impotente ante la situación, la abrazó fuertemente y siguió protegiéndola en caso de que algo saliera peor de lo que ya estaba.

De repente a Rose le empezó a sangrar la nariz. Y su cuerpo se estremeció como si estuviera sufriendo algo terrible que la devoraba por dentro.

-¡Rose! ¡Rose! Me escuchas. – le suplicaba, alejándose lo suficiente para ver sus ojos electrificados que parecían estar en otro mundo lejos de él.

Entonces se inclinó hacia delante y chocó contra él; ambos se balancearon hacía adelante. Apenas pudo rodearla nuevamente con los brazos para protegerla y ponerse sobre ella cuando el mundo entero se les puso patas arriba.

El dolor se expandió por una pierna y le subió hasta el hombro. El estruendo del metal aplastándose contra ellos, el terrible ruido de un auto volcado que todavía se deslizaba por el asfalto de la autopista era lo único que se oía. Sin embargo, Dimitri solo era consciente de la pequeña morena que tenía entre sus brazos.

-Rose, abre los ojos por favor. –dijo con dificultad –Por favor respóndeme.

Lo único que le preocupaba era haber fracasado al protegerla, como le había prometido.


Nota de Autor

Bueno al parecer los problemas siguen, y la confusión de Dimitri aumenta en gran medida, su perfecto control, no va a poder manejarlo tan bien con esta clienta especial...

Por cierto ya tengo los siguientes dos capítulos listos, además vamos a tener en escena al amigo del ruso...

Gracias como siempre a todas, un enorme abrazo a la distancia y nos leemos pronto.