P.V Hermione Granger

Vencer al miedo

Aquella visita a la enfermería me había hecho evadirme de todos y cada uno de los problemas que teníamos. Sin embargo, al llegar a la sala común y ver una vez más el rostro nervioso y preocupado de Harry todo el peso de la realidad cayó sobre mis hombros.

-Harry, ¿estás seguro de esto?

- No tenemos otra opción, Hermione.

-¿Y si sale mal?

- Tenemos la capa de invisibilidad

-Aún así…

-Ya no hay marcha atrás, y tranquila, relájate todo saldrá bien

-Eso espero

-¿Dónde has estado?

-Viendo a Ron, está mucho mejor, aunque no parecía muy contento de ver a Percy

- Mañana a primera hora iremos a verlo, seguro que se alegra de vernos, además vamos a tener mucho que contarle.

Hagrid estaba devastado. Verdaderamente parecía una madre diciendo adiós a uno de sus hijos. Deberíamos haber sentido pena y compasión, pero los nervios y la preocupación no dejaban lugar a ningún otro sentimiento.

Hubiera querido quedarme a consolar a Hagrid pero no había tiempo, debíamos llevar a Norberto hasta la torre de astronomía, y no era algo fácil.

Subir las escaleras de mármol y andar por los pasillos oscuros era algo sencillo a pesar de la oscuridad, pero la cosa se complicaba considerablemente si teníamos que soportar el peso de un dragón y la inmovilidad que nos proporcionaba la capa de invisibilidad.

Pero sin duda lo que hizo que se parara mi corazón súbitamente fue un repentino brillo proveniente de una lámpara. Una lámpara pequeña y luminosa. Una lámpara sostenida por una mujer estirada, elegante, con una bata de tejido escocés y una redecilla en el pelo, la profesora McGonagall. Pero no iba sola. Malfoy llevado de la oreja refunfuñaba a cada paso.

Pero después de aquello, todo parecía simple. Y tras los 73 escalones de la escalera de caracol, llegamos a nuestro destino.

No podía creérmelo, habíamos llegado y sin ningún inconveniente. La profesora McGonagall no nos había descubierto, Malfoy estaba castigado, Norberto se iba, Hagrid no tendría problemas y nosotros tampoco. ¡Quería saltar!¡Gritar! ¡Bailar! ¡Cantar!

-¡Malfoy está castigado! ¡Podría ponerme a cantar!

-No lo hagas —me previno Harry.

-¿Qué castigo crees que le impondrán a Malfoy?

-No tengo ni idea, ¿limpiar los baños sin magia?

-Jajaja ¿te lo imaginas? ¡Sería estupendo!

-Mira, allí, a tu derecha, ¡son cuatro escobas!

Cuando finalmente aterrizaron pudimos distinguir con claridad a cuatro hombres, altos, desgarbados y con innumerables cicatrices.

Eran realmente agradables pero no teníamos demasiado tiempo como para conocernos en profundidad.

-Bueno, chicos y ¿dónde está nuestro acompañante?

Ambos señalamos a la jaula donde Norberto se encontraba.

-¡Vaya! ¡Pensaba que sería más grande! ¿Y esto? – dijo mientras recogía del suelo la cabeza del osito de peluche que Hagrid había puesto en la jaula

- Bueno, es para que no se encuentre solo y eso…

-No lo estará, seguro que no tarda en relacionarse- dijo sonriéndonos

No pude contenerme, a pesar de intentarlo. Las escobas parecían un medio demasiado endeble para llevar a un dragón como Norberto.

-Y… ¿Cómo vais a llevar a Norberto? Las escobas no parecen muy resistentes

-¿Norberto? ¿Así se llama? Bueno ¿ves estos arneses? Con ellos podemos llevar a Norberto sin problemas entre los cuatro, si queréis podéis ayudarnos a colocarlos.

-¡Claro!

Cuando finalmente todo estuvo en orden dimos las gracias y nos despedimos de los muchachos, y de Norberto lo cual parecía un sueño.

Un sueño del cual no despertamos hasta llegar al fin de las escaleras, hasta que vimos como el rostro de Filch apareció poco a poco en la oscuridad, con una sonrisa macabra, mostrándonos en su mirada que efectivamente, teníamos problemas.

La felicidad abandonó mi cuerpo y brotaron del mismo: el miedo, los nervios, la tensión, la culpabilidad… Pero ya no había marcha atrás. Como solía decir mi padre '' Lo hecho, hecho está y nada puede cambiarlo'' Simplemente teníamos que hacerle frente a aquello que viniera, pero no iba a ser fácil, y sobre todo: no estaba preparada. Tenía ganas de llorar, así que mordiéndome el labio inferior y conteniendo innumerables lágrimas avancé por el pasillo. Nerviosa. Sin poder pensar. Temblando. Siendo consciente de que mis propios pasos me llevaban hacia algo horrible...

No podía imaginar cómo podíamos librarnos de aquel problema, no podía pensar y mucho menos podía inventar ninguna excusa o disculpa. No podía mentirle a McGonagall, no otra vez.

Aunque tal vez no había otra opción, sin embargo cuando me disponía a realizar un plan, Neville apareció haciéndome olvidar todos mis propósitos.

¡Neville! El inocente de Neville, estaba allí también, por ayudarnos, por nuestra culpa…

-¡Harry! —estalló Neville en cuanto nos vio- Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte, dijo que tenías un drag...

Harry negó violentamente con la cabeza, para que Neville no hablara más, pero la profesora McGonagall lo vio. ¡Estábamos perdidos!¡Acabados!

Pero lo peor de todo era la mirada de McGonagall que mostraba que aparte de estar enfadada estaba decepcionado. Sus cavilaciones no eran las correctas , no obstante Harry y yo sabíamos de sobras que era preferible que pensara que todo había sido cosa de una broma. Si algún día llegaba a enterarse de lo de Norberto… No quería ni imaginármelo.

—¿Cincuenta? —bufó Harry. Todos aquellos puntos que tanto esfuerzo y trabajo me habían costado conseguir se iban ante nuestros ojos, como Norberto había hecho minutos antes. ¡Era horrible!

—Cincuenta puntos cada uno —dijo la profesora McGonagall, resoplando a través de su nariz puntiaguda.

No era horrible, ¡era peor que eso! ¡Ciento cincuenta puntos! No solía ser pesimista, sin embargo estaba claro que ya podíamos despedirnos de la copa de las casas.

—Profesora... por favor...

—Usted, usted no...

—No me digas lo que puedo o no puedo hacer; Harry Potter. Ahora, volved a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de alumnos de Gryffindor.

Con el corazón en un puño, más arrepentidos que nunca los tres gryffindors llegamos en silencio a la sala común.

Sin ni si quiera darnos las buenas noches cada uno nos dirigimos a nuestra habitación. Todavía con la mano temblorosa abrí la puerta. La lenta y prolongada respiración de mis compañeras de cuarto era lo único que irrumpía el silencio. O al menos hasta que me puse el pijama me metí en la cama, corrí las cortinas y comencé a sollozar.

Siempre había sido una chica tranquila, fiel a todas las reglas escritas o verbales. ¡Nunca hasta este ese año me había saltado una norma! Y para una vez, una sola vez que lo hacía ¿tenían que pillarme? ¿Se podía tener peor suerte?

Pero ¿qué podía hacer yo para remediarlo? Podía seguir participando en las clases, esforzando en los trabajos, pero aún así… ¡Nunca conseguiría de nuevo ciento cincuenta puntos!

Y lo peor ¿Qué iban a decir el resto de gryffindor? ¡Me odiarían! ¡Más aún!

Y no me equivocaba.

Ni si quiera los hufflepuffs y los ravenclaws se mantenían al margen. ¿Y qué decir de los slytherins?

Normalmente cuando quería evadirme de todo recurría a la biblioteca, pero ni si quiera allí podía evitar ciertas miradas asesinas. Así que una vez más fui a visitar a Ron aprovechando que iba a ser el último día que podía esconderme allí, en la enfermería, ya que al día siguiente el pelirrojo recibiría por fin el alta.

Ron parecía estar durmiendo no obstante tras llegar a su cama y sentarme en una de las sillas abrió los ojos, mirándome con algo de pena, como si sintiera lástima por mí.

-Supongo que ya te has enterado de todo ¿no?- pregunté a pesar de la evidencia de la respuesta.

Se limitó a asentir con la cabeza mientras yo incapaz de quedarme quieta comencé a juguetear con mis manos.

-No fue a propósito ¿tú lo sabes verdad?

-¡Claro que lo sé! Y si todos se pararan a pensar un poco también se darían cuenta, solo hay que verte

-¿A qué te refieres?-murmuré ciertamente contrariada

- Eres perfecta-susurró dejándome con la boca abierta- Quiero decir…que nunca haces nada mal, siempre sigues las reglas al pie de la letra y además ¡consigues más puntos que nadie!- exclamo algo abochornado por el comienzo del pequeño discurso.

Una solitaria lágrima recorrió mi mejilla de principio a fin

-Pero nadie pierde ciento cincuenta puntos de la noche a la mañana

-Un error lo comete cualquiera

-¡Pero no tan grande! ¡Estamos hablando de ciento cincuenta puntos Ronald! ¡Vamos a perder la copa de las casa! ¿Es qué no te das cuenta? –exploté, sacando a la luz todo lo que la noche anterior había rondado mi cabeza.

-Para empezar ¡No me llames Ronald! Y para seguir quiero que entiendas algo, no todo en esta vida es perfecto, lo creas o no las personas cometen errores y no por ello viven martirizándose toda la vida ¿de qué te vale amargarte? ¡De nada! ¡Además! Solo tienes que esperar que aparezca un nuevo rumor, en nada se les habrá olvidado todo esto, ya lo verás-concluyó sonriéndome

Fue como ver a un adulto en el cuerpo de un niño ¿Desde cuándo Ron era tan maduro? ¿Qué clase de poción le había dado la señora Pomfrey?

Silenciosamente limpié las lágrimas que habían bañado mis mejillas y sonriéndole como nunca musité: -Gracias Ron.

-Bueno creo que lo mejor será que cambiemos de tema ¿no crees?

Asentí con la cabeza efusivamente mostrándole que estaba completamente de acuerdo con aquello

-¿Dónde está Harry?

-Ha ido a ver a Wood, ha mencionado algo de renunciar, pero no estoy muy segura- Inmediatamente los ojos azul eléctrico de Ron pasaron a adoptar un tamaño tres veces más grande.

-¡¿QUÉ?! ¡No puede ser posible! ¡No puede hacerlo! ¿Cómo le has dejado hacerlo?- aquello era mucho más típico, aquel adulto maduro que había poseído el cuerpo de Ron durante unos minutos atrás parecía haberlo abandonado.

-¡No es culpa mía! ¡No puedo retenerlo!

-Pero perderemos todos los partidos si renuncia

-¿Alguna vez piensas en algo que no sea el quidditch?

-¡Claro que sí! Tengo muchas cosas en la cabeza-murmuró ruborizándose ligeramente

Intrigada por dicha actitud pregunté: -¿Qué clase de cosas?

-Bueno ya sabes, trabajos, deberes, todo lo de Snape… muchas cosas- exclamó dejando ver que el tema no le hacía ninguna gracia

-¿Y Snape hace que te ruborices?- bromeé riendo a carcajada limpia

-¡Por supuesto que no! Es solo que… bueno… hace mucho calor aquí

-Si tú lo dices…

Un silencio incómodo y duradero inundó la habitación prolongadamente.

-Pues parece que va a llover ¿no crees?- dijo Ron observando el exterior desde la ventana mientras se removía ligeramente el cabello.

-Sí, eso parece…- De nuevo el silencio regresó, pero no estaba dispuesta a sucumbir a él.

-¿Has terminado ya todos los deberes?

-La mayoría sí, pero no creo que estén muy bien ¿Tú podrías…? ¿Podrías? ¿Revisarlos?

-Ronald Weasley tienes que empezar a dejar de depender de los demás…

Pero a pesar de la charla de media hora que tuvo que escuchar el joven mago, bastó una simple mirada para que sus deberes ocuparan un espacio indebido en mi mochila.

-Parece que es un poco tarde, lo mejor será que me vaya antes de que llegue la señora Pomfrey

-Ya… Será lo mejor. Mañana me dan el alta, si quieres quedamos en la biblioteca así podría terminar los deberes- Sonrió de medio lado- y tal vez podrías ayudarme

Levanté una ceja algo harta de esas situaciones. Sin embargo a pesar de querer enfadarme su mirada, una vez más, hizo que acabara rindiéndome- No tienes remedio Ron. Mañana a las seis y media. ¡Puntual!

Una vez en la sala común comencé a revisar la tarea de Ron. No estaba a favor de ello, pero por lo menos podía distraerme con algo. Normalmente Ron tenía más fallos que Harry ¡Sobre todo ortográficos! Pero estaba segura que eso era porque no se esforzaba lo suficiente… Tenía mucha capacidad, pero parecía no ser consciente de ello.

Entre hechizos, libros y unos cuantos apuntes apareció un pergamino. Parecía ser una carta. Sabía que no debía leerlo, pero la tentación era demasiado atrayente como para ignorarla. La letra era bastante grande y algo irregular. Cierto olor a jazmín inundó mis fosas nasales tras desdoblar el papel. Entonces la carta era de una chica. Tal vez Ron tenía una novia o algo así. Rápidamente leí el final de la carta, la última palabra, el último nombre: Ginny, la hermana de Ron. Entonces recordé -¿Quién es Ginny? ¿Tu novia?- Jajajajajaja ¿Mi novia? No, es un amor imposible.-¿Por qué? -Porque es mi hermana. Mucho más tranquila y relajada comencé a leer la carta.

Lo primero de todo ¿Por qué demonios no me has escrito? Me prometiste que me escribirías todas las semanas, y estas incumpliendo tu promesa, tendrás que cumplir una penitencia, y será dolorosa…

Aún así ¡Feliz Navidad! ¿Qué tal todo por ahí? Por aquí todo sigue igual, aunque esto está muy vacío sin vosotros. ¡Hasta mamá lo dice! Creo que echa de menos incluso las bromas de Fred y George, y ya sabes que eso es decir mucho.

Te echo mucho de menos Ron… Mamá me ha dicho que no debo ser entrometida, pero no puedo evitarlo, además se supone que tenemos la suficiente confianza. ¿Me estás sustituyendo por esa tal Hermione? Espero que no, no me gusta demasiado, es decir tú mismo decías que era insoportable y que era una entrometida. Tal vez solo se esté acercando a vosotros para poder juntarse con Harry Potter. Después de todo tienes que ser genial ¿no? ¿Es tan increíble como dicen? No se lo digas a él, pero cuando lo vi me pareció un chico muy guapo.

Nunca me hablas de él, y la verdad es que me interesa más que la chica esa… ¿Cómo es Hogwarts? ¿Es muy grande?

Mamá dice que quiere saber qué tal te van los estudios, aunque dice que como eres tan listo seguro que apruebas todo sin problemas, aunque si repitieras año sería fantástico, e ¡iríamos juntos! Aunque no quiero que suspendas…

Espero que me contestes pronto

Te echo mucho de menos

Ginnny

Una sensación de vértigo recorrió mi cuerpo. ¿Cómo podía detestarme tanto si ni si quiera me conocía? ¿Qué le había podido decir Ron para que me tuviera tanto odio? Tal vez solo eran celos, pero no podía sentirse sustituida. Ron y yo éramos solo amigos, además ¡nos pasábamos la vida discutiendo! Nadie podía envidiar eso…

Era algo raro que sin conocerla me doliera tanto que pensara todo aquello sobre mí. Pero lo peor de todo era que no podía hablar de ello con Ron, pues eso significaría admitir que había leído su correspondencia sin permiso, y no podía permitirlo…

Sin saber muy bien por qué, me prometí a mi misma que algún día, no importaba dentro de cuanto tiempo, conseguiría que Ginny Weasley cambiara todos aquellos pensamientos… ¡Incluso podríamos llegar a ser amigas!

Y yo nunca rompía una promesa…

-¡No puedo creerlo! ¡Hermione Granger llegando tarde! Tal vez deba volver a la enfermería, parece que sufro alucinaciones

-Oh, cállate Ronald. Algún gracioso escondió mi mochila en la sala común. No sabes lo que me ha costado encontrarla. Seguro que han sido los gemelos…- susurré aún con el ceño fruncido.

Mientras tanto Ron se reía escandalosamente, sin poder parar.

-Shh ¡Ron baja la voz antes de que venga la señora Pince!

-Vale, vale está bien- dijo limpiándose algunas lágrimas producto de su inesperada risa.

-Cuando quieras y dejes de reírte empezamos- murmuré algo enfurecida todavía.

Todo fue bien. Ron parecía estar más concentrado que nunca. Entendía casi todo sin necesidad de explicárselo demasiado. Pero cuando parecía que nada podía distraernos, un pergamino ya reconocido por su característico olor calló de uno de los libros.

Ambos nos miramos confundidos.

-¿Tú…?¿Tú has leído esto?

Negué con la cabeza efusivamente, algo nerviosa con las mejillas ya sonrojadas.

Bufó y rodó los ojos-Mientes fatal Hermione

-Yo no… yo no he leído eso- pero por mucho que lo negara, no iba a poder engañar a Ron.-Lo siento- dije arrepentida

-No importa, pero no lo vuelvas a hacer…

-Parece que no le caigo muy bien a tu hermana…-musité sin atreverme a mirarlo a los ojos.

-Solo está celosa, no te conoce… Es un poco temperamental no se lo tengas en cuenta

Pero yo me mantuve en silencio, notando como mis ojos se humedecían ligeramente.

-Eh- dijo levantándome el mentón- No llores ¿Vale? En cuanto pueda te la voy a presentar, y estoy seguro de que seréis grandes amigas.

Adoraba cuando Ron adoptaba aquella actitud. Bueno no es que lo adorara a él. ¡Claro que no! Pero era agradable sentir como alguien se preocupaba por mí, como buenos amigos…

-¡Chicos!- De la nada apareció Harry gritando, sudando y con la respiración agitada, seguramente por el esfuerzo, haciendo que las cejas de la señora Pince pasaran a parecer una sola- No os vais a creer lo que acabo de escuchar…

En el fondo estaba más que claro que Quirrell acabaría sucumbiendo al profesor de pociones. Todos conocíamos a Snape enfadado y no era precisamente algo agradable.

—Pero todavía queda Fluffy—Fluffy era la última esperanza, lo único capaz de frenar a Snape.

—Tal vez Snape descubrió cómo pasar ante él sin preguntarle a Hagrid —dijo Ron, mirando a los miles de libros que los rodeaban—. Seguro que por aquí hay un libro que dice cómo burlar a un perro gigante de tres cabezas. ¿Qué vamos a hacer, Harry?

¿Y por qué dejarlo todo en manos de Fluffy? ¡Teníamos a Dumbledore! Incluso el-que-no-debe-ser-nombrado temía a Dumbledore.

—Ir a ver a Dumbledore. Eso es lo que debimos hacer hace tiempo. Si se nos ocurre algo a nosotros solos, con seguridad vamos a perder.

—¡Pero no tenemos pruebas! —exclamó Harry—. Quirrell está demasiado atemorizado para respaldarnos. Snape sólo tiene que decir que no sabía cómo entró el trol en Halloween y que él no estaba cerca del tercer piso en ese momento. ¿A quién pensáis que van a creer, a él o a nosotros? No es exactamente un secreto que lo detestamos. Dumbledore creerá que nos lo hemos inventado para hacer que lo echen.

Filch no nos ayudaría aunque su vida dependiera de ello, es demasiado amigo de Snape

y, mientras más alumnos pueda echar, mejor para él. Y no olvidéis que se supone que

no sabemos nada sobre la Piedra o Fluffy. Serían muchas explicaciones.

No había tenido en cuenta todo aquello, Harry tenía razón.

—Si investigamos sólo un poco...

—No —dijo Harry en tono terminante—: ya hemos investigado demasiado.-

Al fin y al cabo no era algo que nos inmiscuyera.

El día siguiente comenzó con una nota que dictaba nuestras pequeñas sentencias.

Vuestro castigo tendrá lugar a las once de la noche.

El señor Filch os espera en el vestíbulo de entrada.

Prof M. McGonagall

¿Un castigo a las once? Si de por si temía cualquier castigo, siendo tan sumamente tarde más aún. Pero no podía quejarme, en el fondo, nosotros mismos nos lo habíamos buscado.

Temblando llegué al vestíbulo con Harry y Neville, dónde Filch con una mirada terrorífica junto a Malfoy nos esperaba.

—Seguidme —dijo Filch, encendiendo un farol y conduciéndolos hacia fuera—.

Seguro que os lo pensaréis dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad?

—dijo, mirándonos con aire burlón—. Oh, sí... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si queréis mi opinión... es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... colgaros de las muñecas, del techo, unos pocos días…

-No te preocupes, todo saldrá bien. Nada de lo que dice es verdad solo quiere asustarnos.

-¿Estás seguro Harry?- pregunté sin estar todavía demasiado convencida.

-¡Claro que sí! ¿De verdad crees que McGonagall pondría nuestras vidas en peligro?

Tal vez la de Malfoy, pero no sería gran pérdida ¿no?- susurró Harry haciéndome sonreir.

—¿Eres tú, Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez.

-¡Es Hagrid!-exclamó Harry un poco más animado- ¿Ves? Si Hagrid viene con nosotros no puede ser tan malo.- Y a pesar de los intentos por asustarnos de Filch, tener a Hagrid al lado consiguió tranquilizarme, aunque nos dirigiéramos al bosque prohibido.

Incluso era divertido ver como Malfoy cambiaba su semblante arrogante por otro más frágil y temeroso

Hagrid nos condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros.

—Mirad allí —dijo Hagrid—. ¿Veis eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.-¿Cómo alguien era capaz de asesinar a algo tan puro como un unicornio? Había leído sobre ellos, había visto fotos… Y era difícil asimilar que alguien fuera capaz de hacerle algo a una criatura como aquella

—¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero? —dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.

—No hay ningún ser en el bosque que os pueda herir si estáis conmigo o con Fang

—dijo Hagrid—. Y seguid el sendero. Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.

—Yo quiero ir con Fang —dijo rápidamente Malfoy, mirando los largos colmillos

del perro.

—Muy bien, pero te informo de que es un cobarde —dijo Hagrid mientras la cara de Malfoy cambiaba repentinamente—. Entonces yo, Harry y Hermione iremos por un lado y Draco, Neville y Fang, por el otro. Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo? Sacad vuestras varitas y practicad ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos todos... así que tened cuidado... en marcha.

Cada arbusto, cada planta, cada árbol, cada roca en la oscuridad de la noche adoptaban formas macabras haciendo que ,por lo menos yo, no fuera capaz de apartar la mirada del suelo. Y el hecho de que Hagrid pareciera preocupado no ayudaba demasiado.

—¿Podría ser un hombre lobo el que mata los unicornios? —preguntó Harry

—No son bastante rápidos —dijo Hagrid—. No es tan fácil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mágicas. Nunca había oído que hubieran hecho daño a ninguno.

El silbido del viento y el sonido del agua que corría indicando que había un arroyo cerca hacían que se erizara todo el bello de mi cuerpo y que un escalofrío me recorriera de pies a cabeza.

—¿Estás bien, Hermione? —susurró Hagrid—. No te preocupes, no puede estar muy lejos si está tan malherido, y entonces podremos... ¡PONEOS DETRÁS DE ESE

ÁRBOL!

Si aquello era algún tipo de método para tranquilizarme definitivamente ¡No funcionaba!

Haciéndome temblar más todavía Hagrid nos arrastro fuera del sendero, detrás de un grueso roble y cargó su ballesta.

—Lo sabía —murmuró—. Aquí hay alguien que no debería estar.

—¿Un hombre lobo? —sugirió Harry.¿Qué obsesión tenía Harry con los hombres lobo?

—Eso no era un hombre lobo, ni tampoco un unicornio —dijo Hagrid con gesto sombrío—. Bien, seguidme, pero tened cuidado.

Mucho más atentos, lentamente, continuamos con nuestro camino al menos hasta que algo, un poco más adelante se movió.

—¿Quién está ahí? —gritó Hagrid—. ¡Déjese ver... estoy armado!

Y apareció en el claro... ¡Un centauro! Mucho más grande de lo que nunca me había podido imaginar, con el pelo y la barba rojizos, al igual que su larga cola.

—Oh, eres tú, Ronan —dijo aliviado Hagrid—. ¿Cómo estás? -Se acercó y estrechó la mano del centauro. También aliviada suspiré, aquella criatura inspiraba confianza, aunque tal vez pensara aquello solo por que el cabello pelirrojo me recordaba demasiado a los Weasley.

—Que tengas buenas noches, Hagrid —dijo Ronan. Tenía una voz profunda y acongojada—. ¿Ibas a dispararme?

—Nunca se es demasiado cuidadoso —dijo Hagrid, tocando su ballesta—. Hay alguien muy malvado, perdido en este bosque. Ah, éste es Harry Potter y ella es

Hermione Granger. Ambos son alumnos del colegio. Y él es Ronan. Es un centauro.

—Nos hemos dado cuenta —murmuré débilmente, después de todo no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que era un centauro

—Buenas noches —nos saludó Ronan—. ¿Estudiantes, no? ¿Y aprendéis mucho en

el colegio?

—Eh...

—Un poquito —musité sin saber muy bien que decir.

—Un poquito. Bueno, eso es algo. —Ronan suspiró. Torció la cabeza y miró hacia el cielo—Esta noche, Marte está brillante.

—Ajá —dijo Hagrid, lanzándole una mirada—. Escucha, me alegro de haberte encontrado, Ronan, porque hay un unicornio herido. ¿Has visto algo?

Ronan no respondió de inmediato. Se quedó con la mirada clavada en el cielo, sin pestañear, y suspiró otra vez.

—Siempre los inocentes son las primeras víctimas —dijo—. Ha sido así durante los siglos pasados y lo es ahora.

—Sí —dijo Hagrid—. Pero ¿has visto algo, Ronan? ¿Algo desacostumbrado?

—Marte brilla mucho esta noche —repitió Ronan, mientras Hagrid lo miraba con impaciencia—. Está inusualmente brillante.

—Sí, claro, pero yo me refería a algo inusual que esté un poco más cerca de nosotros —dijo Hagrid—. Entonces ¿no has visto nada extraño?

Otra vez, Ronan se tomó su tiempo para contestar. Hasta que, finalmente, dijo:

—El bosque esconde muchos secretos.

Un movimiento en los árboles detrás de Ronan hizo que Hagrid levantara de nuevo su ballesta, pero era sólo un segundo centauro, de cabello y cuerpo negro y con aspecto más salvaje que Ronan.

—Hola, Bane —saludó Hagrid—. ¿Qué tal?

—Buenas noches, Hagrid, espero que estés bien.

—Sí, gracias. Mira, le estaba preguntando a Ronan si había visto algo extraño últimamente. Han herido a un unicornio. ¿Sabes algo sobre eso?

Bane se acercó a Ronan. Miró hacia el cielo.

—Esta noche Marte brilla mucho —dijo simplemente.

¿Por qué todos decían lo mismo? ¿Qué querían decir con que Marte brillaba? Mi cabeza comenzó a funcionar a cien por hora, pero las respuestas tardaban mucho en llegar a mi cabeza.

—Eso dicen —dijo Hagrid de malhumor—. Bueno, si alguno ve algo, me avisáis,

¿de acuerdo? Bueno, nosotros nos vamos.

Tal vez… Marte es un planeta, si de eso estaba más que segura, pero también era un dios, concretamente el dios de la guerra ¿Podría tener eso algo que ver? ¿Pero que tenía que ver una guerra con un unicornio muerto? La verdad es que no tenía mucho sentido, así que dándome por vencida, saliendo del claro seguimos a Hagrid por el sendero

—Nunca —dijo irritado Hagrid— tratéis de obtener una respuesta directa de un centauro. Son unos malditos astrólogos. No se interesan por nada más cercano que la luna.

—¿Y hay muchos de ellos aquí? —pregunté intentando así olvidar todo aquello que había ocupado mi cabeza minutos antes.

—Oh, unos pocos más... Se mantienen apartados la mayor parte del tiempo, pero siempre aparecen si quiero hablar con ellos. Los centauros tienen una mente profunda... saben cosas... pero no dicen mucho.

—¿Crees que era un centauro el que oímos antes? —dijo Harry.

—¿Te pareció que era ruido de cascos? No, en mi opinión, eso era lo que está matando a los unicornios... Nunca he oído algo así.

¿Pero que podía ser entonces? Una persona horrible desde luego, tenía que serlo para ser capaz de asesinar a un unicornio.

—¡Hagrid! ¡Mira! ¡Chispas rojas, los otros tienen problemas!-grité aferrándome al brazo de Hagrid con fuerza.

—¡Vosotros esperad aquí! —gritó Hagrid—. ¡Quedaos en el sendero, volveré a buscaros!

Solos, desamparados y sobre todo aterrorizados Harry y yo nos miramos con preocupación

—¿Crees que les habrá pasado algo? —susurré asustada.

—No me importará si le ha pasado algo a Malfoy, pero si le sucede algo a Neville... está aquí por nuestra culpa.

Y tenía razón, si le pasaba algo a Neville, jamás podría perdonármelo… Los remordimientos me harían volverme loca, estaba segura…

Minutos después, aunque más bien parecieron horas, Hagrid regresó, furioso.

¿Ni si quiera en una situación como aquella era capaz de mantenerse al margen? ¿Malfoy tenía que dar siempre la nota?

—Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, después del alboroto que habéis hecho. Bueno, ahora voy a cambiar los grupos... Neville, tú te quedas conmigo y

Hermione. Harry, tú vas con Fang y este idiota

La verdad es que Harry no parecía demasiado contento con el cambio, pero a pesar de todo no dijo nada, ignorando exageradamente a Malfoy, con Fang a su derecha se internó en el corazón del bosque.

Neville parecía estar al borde del infarto, de vez en cuando soltaba pequeños gritos, miraba en todas las direcciones aterrado buscando una escapatoria que nunca encontraría.

-Tranquilizate Neville, estamos con Hagrid, nunca dejaría que nada nos ocurriera- dije intentando sonar más segura de lo que verdaderamente estaba. Y aunque al principio aquellas palabras parecían haber convencido a Neville, en cuanto pisó una rama, tropezando para variar, volvió a temblar como si no hubiera mañana.

—¡AAAAAAAAAAAAAH!

La voz de Malfoy resonó por todo el bosque.

-¡Hagrid es Malfoy! ¡Algo les pasa! ¡Tenemos que encontrarlos!

Con el paso acelerado, prácticamente corriendo hacia ningún lugar en concreto buscamos a Malfoy, Harry y Fang

Una vez más el miedo me invadió, pero esta vez no por las criaturas que se encontraban escondidas por el bosque, si no por Harry, por todo lo que podría ocurrirle. Aún así tenía que parecer tranquila, no perder los nervios y sobre todo: tenía que encontrarlo.

Con la respiración agitada corrí como nunca en mi vida, con Hagrid y Neville detrás, siguiéndome, gritando mi nombre, esperando así inútilmente que parara, pero no iba a hacerlo, no podía hacerlo.

Y no lo hubiera hecho de no ser porque algo chocando contra mí, me hizo caer al suelo. Tras frotarme con insistencia mi hombro pude observar que había sido Malfoy el culpable de mi caída.

Creo que fue la primera vez en mi vida que me alegre de ver a Malfoy, aunque esa felicidad no duró mucho, lo suficiente para darme cuenta de que Harry no estaba con él.

-¡Malfoy! ¿Qué haces aquí? ¿Y por qué no estás con Harry?- chillé lo más alto que pude.

Sus ojos grises, no me miraban como siempre, su mirada no era fría, estaba asustado y respiraba con dificultad.

-Yo… yo…-dudó- Encontramos al unicornio y de repente…- cerró los ojos e hizo una mueca espantosa como si reviviera algo verdaderamente horrible- Alguien con una capucha… yo solo… corrí

Quería golpear a Mafoy, seguir gritándole hasta que no hubiera mañana, pero solo iba a servir para perder el tiempo, y tiempo era precisamente lo que no tenía.

Un sonido de cascos, me hizo volver a la realidad. Sin ni si quiera pararme a pensar me levanté y corrí tras aquel sonido, sin asegurarme si los demás iban detrás, sin ningún plan.

Mi cabeza latía con fuerza, mis piernas prácticamente ni respondían, y el jadeo hacía que respirar se convirtiera en una tarea complicada. Apoyando mis manos sobre mis rodillas, paré unos instantes, intentando así recuperar el aliento, aunque solo fuera ligeramente. Efectivamente, los demás estaban detrás y parecían agradecer el descanso, pero no iba a durar mucho, no podía durar mucho.

Entonces como si una luz iluminara el más oscuro de los caminos oí la voz de mi mejor amigo.

—¡La Piedra Filosofal! ¡Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo quién...

Estaba seguro de que era él, no solo por su inconfundible voz si no por sus palabras. ¿Pero que hacía hablando de La Piedra Filosofal! Ron, él y yo, habíamos quedado en dejar todo el tema de Flamel, Snape y la piedra pasar ¿Se había arrepentido? O quizás había ocurrido algo que lo hubiera hecho arrepentirse. Lo único seguro es que solo una persona podía responder todas aquellas preguntas. De nuevo, sin avisar a nadie, salí de aquel lugar a toda velocidad, pero esta vez con un destino que no tardé en encontrar.

—¡Harry! Harry, ¿estás bien?

—Estoy bien —dijo Harry, con una mirada algo ausente. Estaba con uno de los centauros, o más bien sobre uno de ellos, pero aquello no me preocupaba, Harry estaba bien y eso era lo único importante. -El unicornio está muerto, Hagrid, está en ese claro de atrás.

Había olvidado que estábamos aquí por el unicornio herido, no era de extrañarse después de todo, momentos antes no había nada en mi cabeza que no fuera Harry.

—Aquí es donde te dejo —murmuró Firenze, mientras Hagrid corría a examinar al unicornio—. Ya estás a salvo.

Harry se deslizó de su lomo.

—Buena suerte, Harry Potter —dijo Firenze—. Los planetas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por centauros. Espero que ésta sea una de esas veces.

El shock de haber estado a punto de perder a mi mejor amigo, hizo que llegará al castillo temblando, sin poder decir ni una sola palabra, arrastrando mis pies, guiada por Neville que parecía haber recuperado la compostura.

Sin apenas darme cuenta, los tres gryffindors llegamos a la sala común. Neville, no se lo pensó dos veces, nada más llegar subió precipitadamente a su habitación, tropezando por las escaleras como de costumbre.

Ron se había quedado dormido en la oscuridad de la sala común, esperándonos, pero no fui consciente de su presencia hasta que no se acercó a nosotros.

Las palabras sonaban como algo lejano, tenía la ligera sensación de que no estaba allí, y en parte era así, mi mente seguía en el bosque.

-¿Cuándo habéis llegado?-preguntó Ron algo adormilado todavía.

-Ahora mismo-contestó Harry secamente

-¿Ha pasado algo?-no lo veo, pero sé que me está mirando, que acaba de darse cuenta de que sigo temblando, de que mi mirada está perdida.

-Algo es poco- musita Harry dirigiéndose al sofá. Pero Ron sigue ahí, mirándome intentando encontrar algo, tal vez a mí o simplemente una explicación.

-¿Estás bien Hermione?-susurra lentamente como si las palabras pudieran hacerme algo malo. Me limito a asentir con la cabeza débilmente.-¿Tienes frío?-pregunta intentando hacerme hablar. Ni si quiera sé si tengo frío, así que opto por encogerme de hombros. Aun así él, me pasa algo por los hombros. No sé bien si es una manta, una chaqueta o una túnica, verdaderamente no me importa, pero me reconforta.

En cualquier situación normal sé que no lo haría ni aunque le pagaran, pero supongo que esta no es una situación normal: Ron me coge de la mano y me lleva hasta uno de los sillones, el más cercano a la chimenea. Después me suelta y se sienta con Harry, o más bien escucha a Harry.

Me gustaría haberle dado las gracias, pero todavía no soy capaz de emitir ningún sonido.

No consigo salir de mi ensimismamiento hasta que no oigo gritar a Harry. Entonces es cuando me doy cuenta de que no puedo seguir así ¿qué clase de gryffindor soy? Es propio del ser humano tener miedo, eso es obvio, pero en nuestras manos está el decidir si sucumbir a él o afrontarlo de cara. Una vez leí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él, pero nunca lo había visto tan claro.

—Snape quiere la piedra para Voldemort... y Voldemort está esperando en el bosque... ¡Y todo el tiempo pensábamos que Snape sólo quería ser rico!- gritó Harry fuera de sí.

—¡Deja de decir el nombre! —dijo Ron, en un aterrorizado susurro, como sipensara que Voldemort pudiera oírnos.

Pero a pesar de ello, Harry lo ignoró.

—Firenze me salvó, pero no debía haberlo hecho... Bane estaba furioso... Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que sucederá... Deben decir que Voldemort ha vuelto... Bane piensa que Firenze debió dejar que Voldemort me matara. Supongo que eso también está escrito en las estrellas.

—¿Quieres dejar de repetir el nombre? —dijo Ron.

En parte era ridículo, temer un nombre solo incrementa el temor de lo nombrado. Sin embargo yo tampoco era capaz de pronunciarlo. Cada vez que Harry lo nombraba me estremecía inevitablemente, a pesar de esforzarme por no hacerlo.

—Así que lo único que tengo que hacer es esperar que Snape robe la Piedra —continuó febrilmente Harry—.. Entonces Voldemort podrá venir y terminar conmigo... Bueno, supongo que Bane estará contento.

Era el momento de intervenir. Tenía que tranquilizar a Harry cuya mirada había adoptado cierto tono de locura.

—Harry, todos dicen que Dumbledore es al único al que Quien-tú-sabes siempre ha temido. Con Dumbledore por aquí, Quien-tú-sabes no te tocará. De todos modos, ¿quién puede decir que los centauros tienen razón? A mí me parecen adivinos y la profesora McGonagall dice que ésa es una rama de la magia muy inexacta.

Conforme la noche avanzaba Harry seguía con sus cavilaciones, eso sí, sin volver a nombrar al que no-debe-ser-nombrado al menos no por su nombre, interrumpido únicamente por Ron y sus intentos por tranquilizar a Harry. Y yo…yo sin poder evitarlo me fui quedando, poco a poco, dormida en el hombro de Ron, que no se movía en absoluto, tal vez para intentar aparentar más serenidad con Harry, sin embargo yo creo que lo hacía para no molestarme… y eso sin duda me reconfortó, casi más que el calor de la túnica sobre los hombros, que holía a Ron… ¡No es que lo fuera oliendo por ahí! Es solo que cada vez que se acerca su característico olor inunda mis fosas nasales… Pero bueno eso pasa con todas las personas, con Harry también, pero es diferente… ¡Lógicamente!

Cuando el sol golpeó nuestros rostros, decidimos que era hora de descansar, lo cual sin duda nos iba a venir muy bien a los tres. Contagiándonos los bostezos subimos las escaleras y entramos en nuestras respectivas habitaciones sin ni si quiera despedirnos, debido a que la fuerte atracción de nuestra cama no nos permitía si quiera hablar . Los tres conseguimos conciliar el sueño sin demasiado esfuerzo, sin ser conscientes de todo lo que nos esperaba al día siguiente.

Es realmente curioso que al final sean los pequeños detalles los que verdaderamente marcan la diferencia. Realmente curioso, que aunque en su momento no se aprecien lo suficiente, al final resulten ser fundamentales para que todo fluya por su camino, un camino ya marcado del que aunque se intente no se puede salir.

N/A ¡Hola hola pottericos/as! ¡Por fin vuelvo con Otro punto de vista! La verdad es que me siento un poco mal por haber dejado tanto de lado la historia, pero también tengo que dedicar tiempo a mi otra historia Inevitable, que como tiene menos capítulos creo que lo necesita.

Pero bueno volviendo a la historia, aquí os traigo un capitulo largo y completito en compensación por todo el tiempo ausente.

El siguiente capítulo creo que también será contado desde el punto de vista de Hermione, ese momento lo tengo planeado desde hace tiempo. Mi idea era meter toda esa parte en este capítulo también pero era demasiado (ya de por si es bastante largo)

Al final creo que la cosa se alargará que aún faltan unos tres capítulos (o tal vez dos) para terminar el primer año (¡Por fin!) y supongo que no tengo mucho más que decir, lo de decir cosas os lo dejo a vosotros, sabeis que cualquier crítica opinión o cualquier review siempre será apreciado y tenido en cuenta porque la verdad es que para mi por lo menos son muy importantes.

Y creo que eso es todo Un beso enorme para ti por estar leyendo esto y gracias por leer.

Travesura Realizada.

.