Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida, sin ningún interés de lucro de por medio ni nada por el estilo.
Desde ya disculpen la falta ortográfica :)
Chapter: 7
Sin Salidas.
—InuYasha, debes volver a la universidad. —aconsejo Izayoi mientras acariciaba de manera comprensiva el plateado cabello de su hijo.
—Lo siento, pero no tengo ánimos de ir —dijo desanimado mientras se incorporaba, pues había estado prácticamente "echado" sobre el sofá.
—Pero hijo, no puedes seguir faltando a clases.
—Mamá en una semana se cumplirá un mes desde la desaparición de Kagome... —miro a su madre con el ceño fruncido—... no me pidas que siga mi vida como si nada pasara.
—No es lo que te estoy pidiendo InuYasha… es solo que, ¿Qué crees que pensaría Kagome si te ve mandando todo al diablo?
InuYasha apretó la carta que había encontrado en la habitación de la azabache hace unos días, estaba frustrado con todos; con la policía por no tener avances. Con Kagome por no haberle tenido la confianza de contarle todo, y con él... más aun con él por no haberle preguntado.
—Quizás… se decepcionaría. —sonrió de manera triste al recordar como la azabache le daba ánimos cuando él no los tenía.
—No hijo, Kagome no se decepcionaría jamás de ti… pero estoy segura que no le gustaría verte así, en este estado.
Después de todo podría ser que su madre tuviese razón y él debería de retomar su vida… o al menos sus estudios, pues llevaba semanas tirando licencia y según avanzaban las clases, los exámenes se le podrían venir en contra, y lo más probable era que todo su esfuerzo se fuera a la basura si no asistía de una vez.
Entro a la gran mansión cerca de las nueve de la mañana, ya que después de su "visita" al hospital se quedo en un hotel a pasar la noche, ya que no tenía ánimos de hablar con nadie. Negó en silencio al ver que aun nadie estaba en pie. Observo todo el lugar con sus serios ojos azules; se dirigió a la barra para servirse un trago, después de haberlo bebido se dirigió a ver como seguía la problemática chica.
Salio de la mansión y camino hábilmente por los distintos arbustos que complicaban el camino hacia dicho lugar. Abrió la pequeña puerta oculta en el césped y bajo cuidadosamente la escalera. Todo estaba prácticamente en penumbras.
—Maldito seas Renkotsu, cuantas veces le he ordenado que coloque una estúpida ampolleta. —murmuro molesto al casi tropezar.
Metió la llave a la añeja puerta de madera y abrió silenciosamente. Sonrió de medio lado al verla abrazándose así misma en un rincón de la pequeña habitación pero más aun le pareció extraño verla tan quieta.
— ¿Cómo te han tratado? —le pregunto con sorna por la intención de ir precisamente a molestarla pero la muchacha no le respondió y eso le pareció extraño, ya que la corta conversación que tuvieron la vez pasada ella nunca cerraba su enorme bocota.
Se acercó lentamente y se hinco, una vez frente a la chiquilla, la tomo del mentón y una extraña y molesta sensación lo invadió. Puso ambas manos sobre sus delgados hombros y la zamarreo.
— ¡Oye! —alzo la voz. La cabeza de la joven cayó hacia un lado— Mierda —la pesco rápidamente entre sus brazos y la saco del cuarto rumbo a la mansión.
Entro sin dificultad al sitio pues la delgadez de la muchacha era demasiada y no había necesidad de hacer mayor esfuerzo. Subió las escaleras y se dirigió hasta su habitación privada; la recostó sobre su amplia cama y la observo por unos segundos. Se dirigió a la puerta.
— ¡Renkotsu! —grito molesto desde la puerta de su cuarto.
El calvo pego un salto de su enorme cama al oír perfectamente esa voz... solo podía ser él. Se levantó rápidamente y cogió una bata para correr a las escaleras ya que el cuarto de Bankotsu estaba en el tercer piso.
—B-Bankotsu, ¿C-cuándo fue que llegaste? —pregunto un poco impresionado de verlo tan rápido de regreso.
—Llama a Koga —ordeno seriamente.
— ¿Por qué… te sientes mal?
— ¡Solo hazlo! —ordeno molesto dándole un portazo en la cara. El calvo corrió a su habitación donde había dejado su móvil.
El tono marcaba sin dar respuesta y eso ponía nervioso a Renkotsu pues algo mal le debía de suceder a Bankotsu como para que llamara a su doctor con tanta urgencia. Luego de unos eternos, para él, largos segundos, por fin atendieron el teléfono.
—Bueno… Koga —dijo un poco alterado.
— ¿Qué sucede Renkotsu? —pregunto rápidamente al reconocerle la voz.
—Él… él quiere verte ahora.
— ¿Le paso algo malo? —cuestiono con voz preocupada.
—Yo creo que sí, Koga… por favor date prisa —pidió por su ayuda.
—Voy en camino —dijo finalizando la llamada.
Subió corriendo a la habitación del moreno. Golpeo pero no recibió respuesta desde el interior.
—Bankotsu, ¿estás bien? —cuestiono desde afuera.
—Sí. —respondió cortante.
—Bueno… —dijo dudoso—… Koga ya viene en camino.
—Bien. —Fue lo único que le respondió.Oyó los pasos de Renkotsu alejarse.
Estiro su mano de manera indecisa al tener la intención de acariciar su rostro, pero la quito rápidamente. Negó en silencio al recordarla vestida de esa manera tan provocativa y empuño su mano molesto.
Acerco una cómoda silla cerca de la cama donde había recostado a la azabache y la observo. Observo su demacrado rostro y las huellas de sus lágrimas marcadas en el. Desapareció solo dos semanas, conteniéndose las ganas de no volver a verla y se la encontró en esas condiciones, casi muerta. Frunció el ceño al sentirse un completo idiota al preocuparse tanto por esa mocosa. Ella tenía "algo", un "algo" que amenazaba en su interior... y en su mente.
— ¿Cosa mía u oí la voz de Bankotsu? —pregunto la pálida y delgada mujer.
—Sí Kikyo, acaba de llegar y al parecer viene enfermo —le respondió Renkotsu mientras esperaba impaciente al doctor.
— ¿Enfermo? ¿Bankotsu enfermo? —cuestiono ahora Jakotsu.
— ¿Por qué se les hace tan difícil de creer? —se cruzó de brazos Renkotsu—, después de todo solo es nuestro jefe… no un ser inmune a las enfermedades.
—Mmm… tal vez tengas razón pero no deja de ser raro la forma tan alterada en la que te llamo —respondió ahora Suikotsu mientras servía los café en el elegante comedor—, debe de sentirse muy mal.
En ese momento entro el doctor acompañado por uno de los guardias de seguridad que custodiaban la entrada.
—Por fin llegas koga —dijo con algo de regodeo al ponerse de pie Renkotsu.
— ¿Dónde está él? —pregunto de manera seria el joven doctor. Tenía alrededor de unos veinticuatro años de edad, moreno y de ojos azules claros.
—Está arriba… en su habitación, ¿quieres que te acompañe? —cuestiono dirigiéndose al aun serio doctor.
—No es necesario Renkotsu... conozco muy bien el camino. —le respondió encaminándose a las escaleras.
Subió las largas escaleras que lo llevaban al tercer piso, camino unos cuantos metros hasta llegar a la habitación del moreno, ya que era el único cuarto en ese nivel. Golpeo y se anunció a sí mismo.
—Bankotsu, soy Koga —espero unos segundos hasta que la perilla de la puerta se giró dejando ver al moreno.
— ¿Por qué tardaste tanto? —cuestiono molesto dejándolo pasar.
—Escaparme del hospital cuando tengo a tantos pacientes en agenda… no es tarea fácil —entro y vio al moreno cerrar la puerta con seguro—. Ahora dime qué es lo que sucede.
Bankotsu señalo con sus ojos hacia la cama.
— ¿Puedo? —pregunto para acercarse y el moreno asintió—, es… muy hermosa, ¿Quién es?
—Solo es una inversión más. —menciono desinteresado.
—No creo que sea una inversión más… —lo miro de reojo—… ya que nunca me habías llamado precisamente a mí por examinar a una de tus joyas… de verdad creo que ves algo más que una inversión en esta jovencita. —sonrió con suspicacia.
—Basta Koga y revísala de una vez, tiene su pulso demasiado débil. —ordeno un poco molesto ante su insistencia.
—Bien… solo deja que me ponga los guantes —le dijo mientras habría su maletín.
—Creo que deberías sedarla antes de revisarla —Koga lo miro fijamente.
— ¿Por qué habría de sedarla?, esta inconsciente, ¿no? —Bankotsu sonrió de medio lado.
—Bueno si te quieres arriesgar a que te quite un dedo de un mordisco —Koga frunció el ceño—. No te imaginas lo salvaje que es esta chiquilla.
—Bueno… no sé qué es lo que le habrán hecho… —miro a Bankotsu—…o qué le habrás hecho... aunque no es muy difícil de imaginar —respiro hondo—. Pero evitaremos que pase algo mas —dijo mientras sacaba una jeringa de su maletín y una pequeña dosis de sedante.
La examino por largos minutos, mientras el moreno observaba atento y de brazos cruzados parado a los pies de la cama.
—Listo. —dijo sacando algunos medicamentos de su maletín.
— ¿Y?
—Bueno Bankotsu…—respiro hondo— …la chiquilla tiene evidentes rasgos de desnutrición, eso se nota a la vista —se encogió de hombros—, pero lo que más me preocupa es su deshidratación, pues al juzgar por su boca: seca y pegajosa, y su piel: seca y fría, y además al estirarla esta demora en volver a su posición normal ya que por lo general la piel vuelve de inmediato; estoy más que seguro que solo es una deshidratación leve… o moderada por así decirlo —el moreno oía atentamente cada explicación hecha por el joven doctor—. Cuando despierte necesito que beba mucha agua o que comience chupando cubitos de hielo. Sabes lo que también es bueno…
— ¿Qué? —interrumpió Bankotsu acompañándolo hacia la puerta de la habitación.
—El agua que toman los deportistas, esas que traen electrolitos —Bankotsu asintió—. Eso sería todo.
— ¿Traes contigo algunas dosis para sedarla en caso que reaccione de mala manera? —pregunto el moreno.
— ¿De verdad es tan salvaje? —cuestiono abriendo su maletín.
—Mph... no tienes idea cuanto.
—Solo recuerda administrarle la dosis indicada —aconsejo al entregárselas.
—Sé perfectamente cómo administrar estas dosis o, ¿quieres que te lo recuerde?
—No Bank, créeme que no es necesario —dijo desviando su mirada—, me dirás que pretendes a hacer con esa muchacha.
—No, eso no es de tu incumbencia.
—Bien como digas. Cuídate Bankotsu… —se volteó a verlo—… de verdad.
—Tú ve tranquilo que yo sé cómo cuidarme hace mucho tiempo. Creí que lo tenías claro.
—Claro que lo tengo Bank, es solo que, nunca esta demás decirlo. —le guiño el ojo y se marchó.
Bankotsu rodó los ojos fastidiado, odiaba que se preocuparan por él, más aun cuando él siempre ha sido el que se ha preocupado por las personas que trabajan a su alrededor. Resoplo frustrado y volvió a asegurar la puerta de su amplia habitación. Se giró y vio a la sucia azabache; Koga la había inyectado antes de examinarla así que despertaría alrededor de unos treinta minutos, y esta vez se atrevió a acariciar su sucio cabello y no le gusto verla así, pues la primera y última vez que la tuvo frente a él se veía muy diferente. Se dirigió al baño de la habitación y lleno la bañera con agua tibia.
— ¿Cómo esta Bankotsu? —pregunto Renkotsu al ver bajar a Koga.
—Él está bien… —le respondió sin dar mayor información—… solo deben dejarlo descansar durante el día de hoy.
—Bien, muchas gracias por venir Koga —agradeció Renkotsu mientras caminaban hacia la puerta de salida.
—Sabes que siempre debes de llamarme si algo le sucede a mi hermano… —sonrió—… aunque yo sea el menor no puedo evitar vivir preocupo por él… más aún cuando no se decide a dejar de lado esta vida—decía mientras miraba los alrededores de la hermosa mansión—, pero bueno… él siempre ha sabido cuidarse.
—Sabes muy bien que Bankotsu nunca dejara este trabajo. —dijo haciendo una sonrisa de seguridad.
—Si —Respondió cabizbajo—, pero nunca esta demás seguir insistiendo.
Se despidieron chocando ambas manos. Koga se marchó acompañado de unos de los guardias hasta su automóvil. Renkotsu cerró la puerta, y vio las amplias escaleras y se dirigió al comedor con sus demás compañeros.
De manera atrevida comenzó a cortar su ropa, paso la tijera por la blusa y su brasier, dejando completamente expuestos a esos enormes y redondos par de senos que era dueña la azabache; trago duro al ver como estos revotaron al quedar completamente desnudos... hizo lo posible por ignorar su sensación propia. Comenzó a cortar el delgado pantalón que traía puesto junto con la prenda interior que cubría su intimidad. Sintió su piel erizarse al tenerla desnuda y completamente vulnerable frente a sus ojos, pero ¿sería capaz de tomarla en esas condiciones?, no. Definitivamente no, pues sabía que había hecho cosas peores con distintas mujeres que se cruzaban por su camino, pero en este caso… ella estaba sedada... y ademas... era diferente.
La cargo entre sus brazos y de manera cuidadosa la metió a la tibia bañera comenzando a lavarla, pesco una esponja de baño entre sus manos y la paso sobre su cuerpo, sobre sus brazos, piernas y, senos. Se estaba tentando demasiado y estaba haciendo lo mejor que podía por controlarse, esa chica despertaba una lujuria demasiado grande en su interior, movió su cabeza dejando de lado los perversos pensamientos que lo estaban invadiendo mientras refregaba su cuerpo. Se puso de pie y de manera torpe la cubrió con una gruesa y esponjosa toalla. Volvió con ella a la cama. Al recostarla la observo nuevamente de manera detallada, se acerco lentamente a su rostro y pudo sentir la cálida respiración de la joven golpear el suyo y no pudo aguantar las ganas de rosar sus labios. Paso delicadamente su lengua por los carnosos y bien formados labios de la muchacha. Se deleito al delinearlos una y otra vez y sin darse cuenta su mano ya estaba sobre uno de sus redondos senos que era cubierto por la toalla que impedía el tacto. Frunció el ceño al dejar escapar un gemido ahogado sobre sus labios al presionar esté... la observo y se alejo rápidamente. Frunció el ceño al observar el anillo en su dedo anular.
—Es una maldita tontería —escupió molesto y se metió al baño. Definitivamente necesitaba una fría ducha.
— ¿Cuándo será que vamos a despertar de esta pesadilla Sohin? —pregunto Naomi con unas enormes ojeras.
—Pronto Naomi… pronto. —respondió su marido mientras acariciaba su cabello de manera comprensiva.
—Pero ya ha pasado mucho tiempo… Souta llora mucho por su hermana —dijo mirándolo al rostro.
—Naomi… juro que no sé qué mas hacer. He ido varias veces a la comisaria. He dejado los pies en la calle pegando carteles con su foto. He tirado licencia en el trabajo para que estemos juntos en esto… por favor no me pidas más… porque yo también me estoy desmoronando por dentro —le respondió a su esposa apretando los dientes para que no se le quebrara la voz.
Para ellos era muy doloroso no poder ver a Kagome en la casa. Entrar a su habitación y no verla sentada en su escritorio estudiando o haciendo una tarea, toda su ausencia estaba causando una gran tristeza en su familia. Donde muchas veces para enfrentar los problemas como estos deberían de juntarse más… a veces suelen hacer lo contrario. Pero ellos trataban de seguir manteniéndose unidos pese a la difícil situación.
Los oficiales de la brigada llegaron cerca de las diez de la mañana al hospital, pues esperaban ver e interrogar a la testigo y, les sorprendió demasiado ver a agentes del servicio médico legal en las instalaciones del establecimiento… definitivamente eso no decía nada bueno.
—Buenos días, soy el comisario Naraku Taeda—se presentó al llegar al cuarto de la testigo—, ¿Qué paso aquí?
—Buenos días, soy Shiro Sanami sub-comisario del instituto médico legal. Esta mañana recibimos la llamada del oficial que custodiaba la puerta... diciéndonos que habían matado a la testigo. —Miroku quien oía atento no pudo evitar interferir en la conversación.
— ¿Cómo dice? ¿Mataron a la testigo?—pregunto un poco alterado de la inesperada noticia.
—Sí, esta mañana recibimos la noticia… —fijo sus ojos en Naraku ahora—… la verdad es que todos estábamos muy interesados en esta testigo.
—Bueno no se puede hacer más—menciono Naraku—, aunque es una lástima que la hayamos perdido, ya que así hubiésemos logrado que todos esos malditos bastardos pagaran de una vez por todas los daños que han ocasionado.
—Pero quédese tranquilo comisario Taeda. Ya estamos investigando la escena del crimen y apenas tengamos los resultados le informaremos.
—Bien, ya que no se puede hacer nada… —respondió fingiendo molestia—… le pido que me mantenga informado de cada paso.
—Pierda cuidado. —dijo el sub-comisario antes de verlo marcharse.
Naraku se encamino seguido por una silenciosa Kagura y un frustrado Miroku.
— ¿Qué haremos ahora sin esa testigo? —pregunto molesto Miroku— Esa chica era un punto clave para la investigación. —golpeo una de las paredes del elevador.
—Tranquilo Miroku —le dijo Kagura sobando su hombro para que se tranquilizara.
—Ella tiene razón Miroku. Ya nada podemos hacer —dijo Naraku frunciendo el ceño.
—Usted no parece estar muy afectado de haber perdido a la única testigo dispuesta a declarar —acuso molesto el chico de pequeña coleta.
— ¿Cómo dices? —pregunto Naraku más molesto—, ¿acaso crees que no me interesa el caso? —Miroku guardo silencio— Llevo muchos años en este trabajo… así que es mejor que no me vengas a joder Moushin… —lo llamo ahora por su apellido—… o me obligaras a que te saque del caso.
Miroku bajo la mirada, pues lo que menos quería era que lo mantuvieran alejado ya que si lo hacían ya no podría ayudar a su amigo ni a ninguna de las jovencitas que pretendía rescatar de las manos de esos malditos bastardos. Kagura no dijo nada solo se limitó a observar al cabizbajo muchacho.
Abrió con dificultad los ojos y se extrañó al estar en una habitación realmente lujosa, tenía amplios ventanales con grandes cortinas de color beige, una pequeña sala, amplios estantes llenos de libros y cuadros colgados en las altas murallas. Tenía los ojos entrecerrados al entrar tanta claridad pues estuvo dos semanas encerrada en una oscuridad profunda. Se sentó y su sorpresa fue mayor al sentir como la toalla se desprendió lentamente de su cuerpo.
—P-pero q-que —se dijo completamente ruborizada al verse desnuda. "¿acaso me acosté con alguien y no lo recuerdo?, por Dios, ¿Por qué estoy desnuda?, y más aun ¿Por qué traigo el cabello húmedo?" se preguntó alterada y confundida para ella misma.
—Quita ya esa cara.
Oyó esa varonil voz, levanto su mirada y se encontró con el moreno; quien solo lucía una toalla atada a su cintura enseñando su perfecto y marcado torso, llevaba el cabello completamente húmedo, pues la azabache pudo ver como pequeñas gotas de agua caían a la alfombra del dormitorio. Estaba tan sumergida en sus pensamientos que ni siquiera lo oyó salir del baño.
—Pareces idiota. —dijo caminando al closet para sacar otra toalla y comenzar a secar su largo y húmedo cabello.
Lo vio caminar hacia el enorme espejo colgado en la pared cerca de la puerta, y comenzar a pasar la toalla por su cabello. Kagome desvió rápidamente la mirada al verlo comenzar a secar su desnudo torso. El moreno sonrió, pues la había visto a través del espejo.
—Para ser una tipo de… —trato de buscar la palabra, aunque ya sabía con cual denominarla—… "caníbal" —hizo gestos de comillas—, eres bastante manipulable en la cama. —sonrió victorioso al ver el rostro de la azabache palidecer por completo.
Kagome sintió como de golpe se le oprimió el pecho al oír las seguras palabras del moreno. "¿Acaso él y yo… nos acostamos?, pues al parecer eso es obvio sino porque estaría desnuda, y él… él luce en las mismas condiciones que yo. No, no, no… me acosté con otro hombre. Pero no es infidelidad si no estaba consiente. ¡Por Dios! ¿Qué hice?" se cuestionaba una y otra vez mentalmente a sus adentros y sin siquiera darse cuenta el ojiazul ya estaba frente a ella.
—Eres sencillamente una fiera en la cama —dijo al pescarla del mentón—, tal cual me gustan —le susurro sobre sus labios robándole un fugaz beso. Abrió sus ojos desmesuradamente al sentir la calidez de sus labios sobre los suyos; la azabache quito rápidamente su rostro entre sus manos.
"¿Cómo se atreve?, definitivamente este sujeto es un descarado" pensó frunciendo el ceño.
— ¿Tu… y yo? —pregunto con cierto miedo a la respuesta.
— ¿Qué no es obvio? —le respondió con otra pregunta alzando ambas cejas.
—Y entonces, ¿Cómo es que no recuerdo nada?
— ¿Es que acaso no te da vergüenza preguntar? —cuestiono fingiendo indignación. Kagome bajo la mirada—, llegue esta mañana y fui a ver cómo es que seguías. Te traje a mi habitación para que te dieras un baño, y luego de varios tragos de licores te me lanzaste encima… —sonrió de medio lado—…y yo como todo hombre... —se encogió de hombros—... tuve que hacerme cargo y tuve que hacértelo. Aunque vaya que eres borracha, digo por no acordarte todo lo que hiciste… y me rogaste que te hiciera —le contó mientras sonreía de manera arrogante.
Los ojos de Kagome comenzaron a cristalizarse al oír cada palabra del serio muchacho frente a ella, al parecer no mentía pues la situación hacia juego con sus palabras. Luego pensó que ella jamás había bebido hasta no acordarse de lo que había hecho el día anterior, ¿por qué lo haría ahora? Y más aun… ¿por qué lo haría precisamente con él? Eso era algo que definitivamente no encajaba.
—Miente. —susurro y se convenció de ello.
Bankotsu se volteó a verla pues había estado en su amplio closet de atuendos escogiendo una tenida que ponerse.
— ¿Qué tanto murmuras? —le cuestiono desinteresado.
— ¡Que mientes! —lo acuso con los ojos cristalinos.
—Yo no miento... —dijo sin prestarle mayor atención, mucho menos importancia—... si no quieres creer eso es problema tuyo.
Kagome se quedó en silencio, abrazo sus piernas y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos; Bankotsu la observo por un momento, respiro hondo y se acercó... sentándose a su lado.
—Oye… —la azabache solo apretó los ojos sin voltear a verlo—… te advirtieron muy bien cuáles eran las reglas en este lugar, solo de ti depende que hagas las cosas bien.
—Pero yo no quiero hacer nada bien… y-yo… y-yo prefiero morirme antes que desperdiciar mi vida en este asqueroso lugar—dijo hipando sin mirarlo a los ojos.
—No digas eso… —esta vez su tono de voz era ¿tranquilo? ¿calmado? no sabia bien como definirlo—… no todo es tan malo acá.
Kagome levanto su mirada y observo sus ojos azules y su perfecto perfil ya que miraba hacia el amplio ventanal de la habitación, observo su perfecta tez morena. Había algo en sus ojos, como si no fuese cien por ciento feliz con esa vida que llevaba… o eso fue lo que ella dedujo.
—Empezaras a trabajar esta noche. Espero que esta vez te comportes. —hablo nuevamente con ese tono autoritario y se puso de pie nuevamente en dirección al closet. Kagome se quedó inmóvil, no sabía qué hacer, pues esa noche comenzaría a trabajar como una prostituta de lujo y de verdad temía lo que fuese a pasar.
…
Bueno ya saben, si hay algún error en la historia como: punto, coma en algún lugar que no correspondía o alguna palabra mal tildada doy mis más sinceras y respectivas disculpas, pues estoy aprendiendo recién. :/
¡CIRCULO MERCENARIO!
Saludos y bendiciones a todas :3 en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.
