Capítulo 1: Introducción

¡Buenos días para todos! Perdonen por el pequeño retrazo —de un frío y agotador día de los siete que siempre prometo jaja—. Les habla a ustedes una autora feliz. Puedo decir que hasta ahora aprobé todas las evaluaciones que tuve y solo me quedan tres —matemática, filosofía y tecnología de la información y la comunicación—, así que se puede decir que ya puedo respirar un poco en paz, sobre todo cuando falta tan poco para el anhelado fin de semana jaja.

Saben que ante todo espero sus consejos y críticas, porque hubo una baja en la cantidad de reviews y me hace creer que quizás la historia ya no es tan buena. Por eso mismo, les pido que se tomen unos segunditos para comentarme que les parece o que cosas quizás sería conveniente agregar. Me interesan mucho las opiniones, porque son aquellas que me ayudaron siempre a mejorar, desde que empecé aca en . Desde ya gracias, en serio; en especial a todos aquellos que se toman unos minutitos para comentarme lo que opinan. Saben que lo valoro muchísimo y ya mismo me pongo a contestarlos.

Ahora los dejo con el capítulo ocho. ¡Espero que les guste!

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Una medida excesivamente drástica.

By LadyCornamenta

Capítulo 8: Problemas y recompensas.

No sabía en que preciso momento se había soltado del agarre de sus fuertes brazos. No sabía como exactitud cuándo había empezado a correr con todas sus fuerzas, como si realmente aquello fuera algo de vital importancia. Tampoco sabía cuando su ropa se había empapado por completo. Solo veía los pequeños edificios como manchas borrosas y sentía los pasos detrás de ella.

Aquellos pasos.

Luego de varias cuadras, un inoportuno charco de agua y barro, provocado por la constante lluvia, apareció en su camino. Trastabillando, luego de haber metido su bota dentro del mismo, intentó seguir corriendo, pero sintió el agarre en su muñeca de aquella fuerte mano. Otra vez.

Se volvió para encontrarse con el rostro de Shaoran.

—Espera Kinomoto.

—No —sentenció Sakura, haciendo grandes esfuerzos por retener las lágrimas.

Inevitablemente, sus ojos del color de las esmeraldas se desviaron del rostro de Shaoran hacia el piso. Con la vista fija en el charco de barro, sintió como las pequeñas lágrimas salían involuntariamente de sus ojos. Los cerró con fuerza, haciendo lo posible por detener el llanto y que el muchacho frente a ella no la viera llorar.

—Vamos, volvamos a casa —pidió Shaoran debajo del paraguas que había estado cargando toda la noche. Ver el pronóstico del tiempo, en algunas situaciones, tenía sus beneficios—. Pescarás una gripe.

La muchacha solo permaneció en silencio.

Un, para Shaoran, desesperante silencio.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó ella en un susurro— ¿Por qué no me dijiste nada?.

Los ojos de ambos se encontraron cuando ella alzó el rostro.

—¿Me hubieses creído si te lo hubiese contado? —preguntó el muchacho, observándola intensamente.

—Si me lo hubieses explicado…

—Todo esto no tiene sentido —replicó él, alzando un poco la voz.

—¿Y engañarme si? —retrucó la muchacha con un hilo de voz, con una extraña opresión en el pecho.

El muchacho alzó la cabeza y desvió la vista.

Nunca se había planteado el por qué de ocultarle la verdad a Sakura. Lo cierto es que, más allá de que la historia resultara extraña y excesivamente disparatada, la joven siempre se había mostrado comprensiva e, incluso, algo crédula como para entender una extraña historia como aquella. Sin embargo, supuso que alguna parte de su orgullo, ya herido innumerables veces desde su llegada a Tomoeda, le había impedido hablar. Si, podía ser considerado un maldito orgulloso; pero el título de mujercita no le agradaba.

Para nada.

—Dudo que lo sepas, pero no me gusta la mentira —murmuró ella, con el rostro empapado con una mezcla de lluvia y lágrimas. En sus ojos podía verse algo que parecía decepción.

Shaoran suspiró, recordando las palabras de Eriol. Claro que lo sabía.

—Yo…

—Déjalo —pidió ella, con nuevas lágrimas bajo sus ojos—. Lo que me molesta es que yo realmente confié en ti…

Luego de sus palabras, la joven Kinomoto emprendió nuevamente su marcha a gran velocidad y Shaoran, algo aturdido por sus palabras, se vio obligado a seguirla, incapaz de alcanzarla. Ante el reproche de Sakura, el recordó su pequeña conversación sobre el misterioso chico, que resultaba ser el mismo en su cuerpo original.

Entonces entendió que realmente se había equivocado con ella.

Sin demasiado tiempo para pensar y corriendo tan rápido como sus piernas se lo permitían, llegó a la casa de los Kinomoto. Apresurado y con las manos algo temblorosas, cerró el paraguas y tomó la llave de su bolsillo. Luego de abrir, se dirigió corriendo a la sala, sin molestarse siquiera en sacarse los zapatos para no mojar y embarrar todo. Inspeccionó el lugar, para encontrarse solo con el saco empapado de Sakura colgado de una silla. Instantáneamente subió apresuradamente las escaleras y se detuvo frente a una de las puertas del pasillo. Abrió la habitación de Sakura para encontrarse, tal y como pensaba, con que la muchacha estaba allí.

Desde su posición en la cama, la chica lo miró con algo que parecía una fingida indiferencia.

Mas no era una muy buena actriz, de hecho.

—Me gustaría estar sola —pidió ella, en un tono que, de no se por su voz suave, hubiese resultado cortante y frío; tono que rara vez solía usar.

Usualmente en el rostro de la muchacha solía verse aquella sonrisa contagiosa que ahora ocultaba.

—Pues lamento no poder cumplir con tus deseos —replicó Shaoran cuando notó que tenía aún la ropa empapada—. Por lo menos, hasta que te cambies.

La muchacha no se movió de su lugar.

La terquedad ocupaba un espacio considerable dentro de su personalidad.

El joven, que no se caracterizaba especialmente por su paciencia, dio un sonoro suspiro de cansancio; se acercó a ella y, cargándola al hombro cual saco de patatas, comenzó a caminar rumbo al cuarto de baño. Trasladarla no fue algo demasiado difícil, ya que Sakura se hallaba demasiado sorprendida como para tener alguna reacción. Cuando llegaron al baño, Shaoran cerró la puerta tras él y apoyó a la muchacha en el suelo.

—Vas a darte una ducha de agua caliente y te cambiarás esa ropa.

—¿Piensas quedarte aquí? Si-si fueras…una mujer, quizás lo aceptaría… — retrucó Sakura, sonrojada, mirando las baldosas del baño fijamente.

Shaoran se sonrojó levemente. Eriol, sin dudas, no estaba equivocado.

—Yo me voy —pronunció el muchacho, dejándola allí.

Sakura, una vez que el castaño hubo cerrado la puerta, abrió la ducha. Después de todo, aunque se estuviese negando, moría de ganas de darse un baño y dejar de temblar de frío de una vez por todas. En el momento en que las gruesas gotas de agua caliente comenzaron a recorrer su cuerpo entumecido por el frío, los pensamientos comenzaron a atravesar su mente. Entonces recordó todos esos hábitos extraños del inquilino: su rechazo a uno de los muchachos más guapos del instituto, su negación al uso de faldas y ropa demasiado femenina, sus gestos, entre otro gran número de etcéteras. Luego de pasarse el shampoo por sus cabellos, se golpeó la frente, enojada consigo misma. Después de todo, nunca se había detenido a pensar la innumerable cantidad de coincidencias que existían entre la supuesta nueva inquilina de su casa y aquél joven que se había convertido en una especie de amor casi platónico.

Se sonrojó violentamente bajo la ducha, cuando recordó su charla del día anterior con la que, se suponía, era su compañera. Pero también otro pequeño detalle saltó a su mente. ¿Estaba de novio con Eriol? Aquella irónica pregunta quedó en su mente, incluso cuando acabó de bañarse.

Luego de salir de la ducha, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza. Tuvo que hacer un gran esfuerzo por mantenerse de pie, cuando sintió que se mareaba por unos instantes. Se aseguró de que la toalla que había tomado estuviese bien aferrada a su cuerpo, entonces abrió la puerta. El frío del exterior golpeo su piel húmeda, haciéndola estremecerse de pies a cabeza. A duras penas se dirigió a su habitación y se secó rápidamente el cuerpo. Apresuradamente se dirigió a su placard y se calzó unos abrigados pantalones de frisa, una camiseta y un buzo bastante grueso. Luego de enfundarse los pies dentro de un par de medias, sentada en su cama, descubrió que aún así seguía teniendo frío.

Por su parte, Shaoran, en los minutos en los que Sakura había permanecido dentro del baño, se había visto obligado a responder los constantes interrogatorios de Eriol, que se encontraba al teléfono. De fondo, en la conversación, podían escucharse las persistentes preguntas de Tomoyo, cuya voz sonaba preocupada. Luego de tranquilizarlos e insistir en que todo estaba bien, cortó la comunicación. Con paso lento y algo cansado luego de semejante maratón, se dirigió escaleras arriba; sintiendo que su ropa aún estaba algo húmeda —en especial los pantalones, que habían sido víctimas de las salpicaduras de amplios charcos—. Cuando llegó a la habitación de Sakura, la encontró sentada sobre su cama, temblando ligeramente. Sin que ella lo notara, ingresó en el cuarto y, con rapidez, posó su mano sobre su frente.

—Tienes fiebre —aseguró, rompiendo el silencio y asustando a la muchacha.

Sakura se puso rápidamente de pie.

—Estoy bien —afirmó.

Sin embargo, su frase perdió toda credibilidad cuando, luego de pararse tan súbitamente, se tambaleó. Su vista comenzó a nublarse y todo a su alrededor perdió sentido. Una oscuridad la rodeó y unos brazos sobre su espalda fue lo último que sintió antes de perder la conciencia.

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Sakura se despertó, pero enseguida se vio obligada a cerrar los ojos, ya que la luz de la araña que pendía del techo la había enceguecido momentáneamente. Casi de forma inconciente, llevó una mano a su frente, sintiéndola algo tibia. Volvió a abrir los ojos, esta vez logrando enfocarlos en las cosas que lo rodeaban. Estaba en su habitación; más precisamente, en su cama.

—Veo que ya te despertaste —comentó Shaoran, sobresaltándola.

El muchacho ingresó a la habitación y, luego de inclinarse sobre el escritorio a apoyar a bandeja que traía entre sus manos; al igual que segundos antes lo había hecho ella, posó su mano en su frente, comprobando sus sospechas.

Ya prácticamente no tenía fiebre.

—Deberías comer algo —habló el chico, señalando la bandeja con la cabeza, de forma distraída.

—¿Qué hora es? —preguntó la muchacha, evadiendo el comentario.

—Las siete y media de la mañana —replicó él, secamente.

Sakura abrió los ojos sorprendida. ¿En qué momento se había hecho de mañana?

Distraídamente y evitando los ojos verdes de Sakura, Shaoran tomó la bandeja que minutos antes había apoyado en el escritorio, y se la pasó a la muchacha, sin mirarla. Sakura, sorprendida, tomó el elaborado desayuno que se encontraba frente a ella. Shaoran, sin volverse, se dirigió hasta la puerta.

—¡Espera! —lo detuvo Sakura, antes de que se perdiera por el pasillo.

El muchacho se volvió. Sakura vaciló un poco y dirigió su mirada a sus ojos. ¿Cómo no había notado antes que esos dos trozos de ámbar eran iguales a los de la supuesta inquilina que hacía ya unas cuantas semanas había llegado a su casa?

—¿Ahora…te quedarás…así? —preguntó lentamente, intentando sonar desinteresada. Se suponía que estaba enfadada pero, como dice el dicho…

la curiosidad mató al gato.

—Lo dudo —replicó Shaoran, apartando la mirada. De repente la pintura de la puerta parecía una vista muy interesante—. Es solo por las veinticuatro horas del domingo.

Sakura, sorprendida, asintió con un movimiento de su cabeza y un extraño silencio se creó entre ambos.

—Deberías comer antes de que se enfrié.

Con aquél comentario, el muchacho salió de la habitación; dejando a Sakura, confundida, pensativa pero, sobre todo, llena de incertidumbre.

¿Es qué acaso era tan normal que un chico se convirtiera en chica y ella no estaba enterada?

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Se sentía preocupado por ella. Mierda, de hecho, aún en el piso inferior, no podía dejar de pensar en si se encontraba bien. Quizás la culpa tuviese algo que ver ya que, técnicamente, el tenía la culpa de su repentina fiebre alta.

Era extraño, pero la personalidad de Sakura, habitualmente, lo exasperaba. Odiaba que siempre tuviese una sonrisa en el rostro, tratando de arreglarlo todo. Detestaba su usual buen humor, su constante charlatanería, sus intromisiones; así como también su constante interés por su vida. Sin embargo, a pesar de no soportar todo aquello, odiaba aún más a aquella Sakura que era —o, por lo menos, intentaba ser— fría, indiferente e, incluso, algo perdida. No le gustaba la manera en que sus ojos lo miraban con reproche.

Pero sobre todo, odiaba estar pensando en todo aquello.

Sacudió su cabeza, focalizando otra vez su mente en aquél pesado tomo de filosofía, del que debía estudiar el primer capítulo que, por cierto, comenzaba a parecerle eterno. La clase oral que debía dar era al día siguiente, pero él seguía leyendo sin prestar mucha atención y sin retener prácticamente nada. Inevitablemente, su mente comenzó a divagar otra vez. Hastiado, cerró el libro dejando escapar un bufido de exasperación. No tenía sentido intentar estudiar. De hecho, últimamente parecía estar estudiando cada vez menos. Sintiendo la cabeza pesada, quizás por la falta de sueño, Shaoran comenzó a masajearse la cien, intercalando algunos suspiros de cansancio en el proceso. Cerró los ojos intentando relajarse. Permaneció unos cuantos minutos así y luego abrió los ojos lentamente.

Entonces se topó con dos esmeraldas mirándolo fijamente.

Detuvo su movimiento, quedando con sus brazos duros en donde estaban.

—Deberías estar en la cama —habló Shaoran, haciéndose el desentendido, mientras su manos se dirigían nuevamente al libro frente a él.

La muchacha lo estudió silenciosamente con la mirada, sin mover un ápice de su lugar.

—¿Por qué ha ocurrido todo esto? —inquirió la muchacha luego de varios minutos.

Shaoran, que pasaba rápidamente las páginas, se detuvo y alzó la vista con atención. Se quedaron unos segundos en silencio, hasta que la suave tos de Sakura lo sacó de sus cavilaciones.

—Vuelve a la cama — habló él, casi a modo de orden—. Voy a hacer un té y ahora subo.

—Pero…

La muchacha quiso replicar, pero Shaoran ya estaba prácticamente en la cocina. Suspiró, con una leve picazón en la nariz. Soltando un sonoro estornudo, subió rápidamente las escaleras y volvió a meterse bajo las frazadas de su cama, como Shaoran le había dicho.

¿Por qué repentinamente había surgido esa preocupación por ella?

Sintió pasos en la escalera y dirigió su vista al frente para encontrarse con el muchacho. Se dio cuenta que, mientras lo veía ingresar a ala habitación, ya vestía un sweater marrón oscuro como su cabello y unos jeans que —a diferencia de los que traía puestos antes— estaban secos. Atravesó la habitación de la muchacha y dejó la taza sobre la pequeña mesa de noche.

—¿Por qué te preocupas tanto por mí?

Shaoran miró a la muchacha con sorpresa, luego de la repentina pregunta. Se encogió de hombros, mientras desviaba sus ojos castaños hacia la ventana.

—Técnicamente yo tengo la culpa de que te hayas enfermado…

—Pero por eso no tienes que cuidarme —replicó Sakura, con una diminuta sonrisa mal disimulada.

No podía estar enojada con aquél muchacho, por más repelente que fuera.

Él se volvió, con el ceño ligeramente fruncido.

—Me voy, entonces —anunció él volviendo a encogerse de hombros.

Cuando comenzó a caminar, Sakura se incorporó levemente y lo retuvo por la muñeca. El muchacho se volvió y tropezó contra la cama, cayendo sobre ella y, en consecuencia, sobre las piernas de Sakura, quedando sentado y bastante cerca de la muchacha. Sakura se sorprendió un poco en un principio, pero luego recuperó la compostura, antes de hablar con una pequeña sonrisa.

—¿Te dijeron alguna vez que eres muy susceptible?

Shaoran gruñó algo, levantándose de la cama, mientras ella soltaba una suave risita.

El joven castaño sonrió para sus adentros ya que, después de todo, no parecía tan molesta.

Luego de un tiempo, Sakura terminó con el té que Shaoran le había traído. Sin muchas palabras de por medio, el muchacho estaba dispuesto a devolver la taza a su lugar, mientras Sakura volvía a acostarse cómodamente en su lecho.

—Oye ¿Puedo preguntarte algo? —inquirió la muchacha, comiendo una de las galletas que Shaoran le había alcanzado.

—No —respondió Shaoran secamente.

—Lo haré de todos modos —aseguró Sakura, conteniendo una risita—. ¿estabas de novio con Eriol? —preguntó, con una sonrisa.

—No lo digas así, que me provoca ganas de vomitar —replicó el muchacho, poniendo los ojos en blanco. Hizo un silencio—; pero sí, técnicamente, si.

La muchacha soltó una carcajada.

—¡No puedo creerlo!

—Ideas del chiflado de tu amigo —aseguró el castaño—. Ahora si me permites…

Shaoran tenía la intención de bajar a dejar la taza en la cocina y Sakura de retenerlo para seguir preguntándole cosas sobre aquella particular situación. Sin embargo, el ruido de llaves en el piso inferior los alerto a ambos.

—¡Ya llegué chicas!

La voz de Fujitaka Kinomoto llegó a oídos de ambos, que cambiaron una rápida mirada de sorpresa. Sakura, veloz como un rayo, se levantó de su cama y tomó la mano de Shaoran, arrastrándolo detrás de ella. La muchacha se detuvo frente al placard; abrió la puerta y, tironeando del castaño, lo obligó a meterse dentro, con la taza aún en una de sus manos. Shaoran repentinamente se vio atrapado dentro de un reducido espacio oscuro. Las ropas rozaban su cuerpo y un olor dulzón le inundó todos los sentidos. Aquél reconocido perfume solía estar por cada rincón de la casa por donde pasaba Sakura, solo que en menor intensidad que con la que se encontraba allí adentro.

Sakura, por su parte, volvió a meterse dentro de la cama y encendió el televisor. Cambiando los canales con velocidad sintonizó un canal de música. Haciéndose la desentendida soltó el control remoto, mientras su padre llegaba frente a la habitación.

—¡Sakura! ¿Qué estás haciendo en la cama a esta hora? —preguntó divertido Fujitaka, ya que recién eran solo siete de la tarde y Sakura solía acostarse bastante más tarde los domingos.

—Estoy un poco engripada —replicó la chica con una sonrisita—. Ayer cuando volvimos del cine olvidé mi paraguas y me agarró la lluvia.

—¿Y Shiori? —preguntó curioso el hombre, mirando para todos lados.

—En casa de su hermana —mintió Sakura rápidamente.

Fue cuando cayó en la cuenta de la cantidad de veces que el mismo Shaoran había utilizado aquella mentira sin que ella se diera cuenta.

—De acuerdo —replicó Fujitaka con una leve sonrisa—. ¿Qué te gustaría cenar?

La muchacha sonrió ampliamente.

—Algo de pasta estaría bien —aseguró Sakura.

El hombre, luego de soltar una suave risa, salió de la habitación. Sakura, rápidamente, cuando calculó que su padre estaría ya en el piso inferior, se dirigió al placard y abrió ambas puertas. Allí se encontraba Shaoran con los ojos cerrados, apretujado entre toda la ropa, en un rincón.

La muchacha sonrió.

—Ya puedes salir.

El joven abrió los ojos lentamente y salió dando tumbos del reducido espacio.

—Pareces drogado —comentó la muchacha divertida.

—Ni que lo digas —mascullo él, mirándola por el rabillo del ojo, sintiendo aquél fuerte perfume aún impregnado en su nariz.

—¡Sakura, prepárate para comer! —advirtió su padre desde el piso de abajo, unos minutos después.

—¡Ya voy! —chilló Sakura. Luego se volvió hacia el muchacho: —Enseguida subo y te traigo algo para comer.

Corriendo, salió de la habitación.

Shaoran se quedó mirando la puerta fijamente.

¿Podía aquella muchacha ser tan condenadamente buena?

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—¡La cena estuvo deliciosa! —alegó Sakura—. ¿Puedo terminarme esto en mi habitación? —inquirió risueña, con un plato lleno de pasta entre sus manos.

El padre parpadeó confundido.

—Claro, veo que realmente te ha gustado… —replicó bromista.

La muchacha le sonrió y comenzó a subir las escaleras con el plato de pasta entre sus manos. Llegó a la puerta de su habitación, más se detuvo cuando oyó voces en el interior. En realidad, solo era la voz de Shaoran, que parecía estar manteniendo una conversación telefónica con alguien —a menos que estuviese loco y hablara sola, opción que había descartado por decreto—. Pegó un poco el odio a la puerta, para poder escuchar con mayor claridad.

—…no sigas intentándolo, porque no conseguirás nada —aquella era la voz de Shaoran, evidentemente discutiendo con alguien. Se quedó en silencio—. No —pronunció de forma cortante—, Sakura no tiene por qué saberlo…

La muchacha, desde su posición fuera del cuarto, se alertó y parpadeó repetidas veces en su confusión. ¿Qué era lo que no debía saber?

No, no tiene que ver con ella —aseguró el muchacho, alzando levemente su tono de voz en evidente señal de fastidio—. Mi madre me transformó en esto porque no soporto a las mujeres, si —la sorpresa de Sakura fue tan grande como la de Eriol, que se encontraba del otro lado de la línea—. Rechacé a cuatro prometidas porque no soporto estar rodeado de mujeres y nunca me he enamorado de ninguna —hizo una pausa—, y dudo que lo haga.

Sakura no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Entonces era esa la causa de todo el problema? ¿Shaoran no soportaba a las mujeres y por eso su madre lo había transformado en una? Las medidas de esa familiar para arreglar a sus hijos evidentemente eran demasiado drásticas. Sacudió su cabeza intentando aclarar su mente, aún con la voz de Shaoran retumbando en su cabeza.

"nunca me he enamorado de ninguna"

Miró con determinación hacia el frente. Estaba indignada, pero segura.

Ella cambiaría aquello.

Sino, dejaba de llamarse Sakura Kinomoto.

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—¿Listo? —preguntó Sakura suavemente, rezagada detrás de la puerta de su habitación, en el pasillo, unas horas después de aquella crucial conversación telefónica.

—Si, si, ya puedes pasar—respondió Shaoran, acomodándose un poco la camisa.

La muchacha ingresó lentamente en la habitación y no pudo evitar ahogar un leve gritito de sorpresa cuando miró al frente. Allí se encontraba nuevamente la muchacha con la que había estado congeniando por casi un mes; volvía a tener aquél cabello largo y desordenado, aquélla cara más pequeña, el cuerpo más angosto.

Pero ahora podía ver lo que antes no había visto.

Shiori era Shaoran.

—¿Te vas a quedar mirándome toda la madrugada?

Sakura se sonrojó.

—Perdón, es que es algo…extraño. —se defendió Sakura.

—Dímelo a mí.

—Shiori, ¿Cuándo llegaste? —preguntó Fujitaka, quien pasaba por el pasillo rumbo a su habitación, con sorpresa.

—Recién— respondió Shaoran rápidamente—. Em, se me hizo algo tarde.

Fujitaka lo miró con una condescendiente sonrisa.

—Será mejor que vallan a dormir —aseguró.

Los jóvenes asintieron, justo cuando el teléfono sonaba en el piso inferior. Fujitaka alzó las cejas por la sorpresa, ya que era bastante extraño que alguien llamara a las doce y diez de la noche. Los muchachos, por su parte, comenzaron a prepararse a ir a dormir, cada uno en su cuarto, hasta que la voz de Fujitaka los llamó desde el piso inferior.

—¿Qué sucede papá? —inquirió Sakura, una vez que los tres se encontraban en la sala.

—Les tengo una buena noticia —aseguró el hombre, con aquella sonrisa afable tan característica de él—. ¿Recuerdas, Sakura, que dije que iba a recompensarte por tu gran progreso en matemáticas? —la muchacha asintió y miró por el rabillo de ojo a Shaoran, quien tenía el mayor merito de que ella lo hubiese logrado—. Pues recién llamó un amigo mío que hace poco se ha ido a vivir a Kyushu y gustoso ha aceptado que el fin de semana que viene vayamos a su casa en la playa para alojarnos allí, aprovechando que ustedes el lunes tienen el día libre.

—¿De verdad? —preguntó incrédula Sakura, con una sonrisa asomando en su rostro.

Sakura recordó que ciertamente, el lunes siguiente no tenían que ir al instituto ya que era el día de fumigación. Siempre lo hacían cada tres meses, pero la muchacha creía que el hecho de que se estuvieran acercando las competencias y que ellos fueran la escuela organizadora tenía algo que ver con la repentina medida.

Shaoran, por su parte, se sorprendió al escuchar el nombre de aquél lugar que conocía a la perfección y su vista se perdió en algún lugar de la sala.

Fujitaka asintió.

—Salimos el sábado por la mañana —explicó—. Pero bueno ¡Vamos, vamos! ¡A la cama! —recordó el señor Kinomoto, poniéndose de pie, con una sonrisa.

Los jóvenes obedecieron y comenzaron a subir las escaleras.

Shaoran se veía muy cansado, ya que prácticamente no había dormido nada, y algo pensativo luego de aquella noticia que había logrado que los recuerdos volvieran a arremolinarse en su mente; mas Sakura no podía borrar aquella sonrisa de su rostro, pensando en que el fin de semana siguiente prometía ser interesante.

Muy interesante.

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Brrr, el frío se vino con todo en Buenos Aires —un comentario al margen, si, pero tengo los dedos congelados jaja—. Bueno, con respecto al capítulo digamos que es una pequeña transición para lo que se viene en el próximo. Claro que hay alguna que otra charlita importante ¿No? Jaja; además del pequeño detalle de nuestro castaño preocupado. Pero bueno, ya veremos que sucede en estas locas mini-vacaciones que les esperan a nuestras chicas jaja. De hecho, solo para que lo sepan, el nueve es un capítulo que particularmente me encantó como quedó. Pero bueno, ya veremos. Tiempo al tiempo jaja. Espero con ansias sus comentarios. Seguramente nos vemos en una semanita como mucho (si puedo subo antes).

Por cierto, les comento que estoy empezando a maquinar una nueva historia —de hecho dos, pero una son solo anotaciones de unas ideas locas que se me ocurrieron en una clase de psicología jaja—. Estoy comenzando a escribir algunas guías de la trama, como para no olvidarme, pero no tengo más que eso y una posible introducción. Igualmente ya con el tiempo les iré tirando un poco más de data y, apenas termine esta historia, seguramente la verán por fanfiction jaja.

En fin, ¡Besos para todos! ¡Que tengan una buena semana!

¡Nos leemos!

LadyCornamenta.