8.- Karupin.

Últimamente lo veía muy feliz.

Su amo siempre había sido bueno con él. Dándole pescado constantemente o a pesar del poco tiempo que pasaba en casa no dudaba en jugar con él. Incluso aun le permitía dormir en su cama a pesar de haber crecido. Y aunque últimamente pasaba menos tiempo con él se comportaba incluso mejor.

Se le veía muy feliz.

A veces llegaba en la tarde, cansado y luego de jugar con él y alimentarlo se arreglaba y salía nuevamente. Llegaba agotado, pero se le veía feliz.

Cuando la vio por primera vez no supo muy bien que pensar, solo sabía que olía muy bien. Era alta, pero no tanto como su dueño. Ella se encontró insegura de acercarse, pero eso se fue cuando el minino se acercó. Su dueño no solía traer visitas por eso a veces se aburría. Jugar con estambre puede ser aburrido sino tienes con quien jugar. Por eso quería acercarse y aprovechar su estancia para conocer a alguien nuevo.

Ella no solo olía bien, también era muy dulce. En cuanto se acercó lo tomo en brazos y lo acaricio. Le gustaba que le acariciaran tras las orejas y ella pareció notarlo. El joven se veía feliz, pero luego de un tanto lo alejo de sus brazos y lo dejo en el suelo. No entendió muy bien el por qué.

Mientras ella estuvo él no jugo con él. Lo acaricio de vez en cuando, pero toda su atención estaba en ella. Eso lo extraño y comenzó a maullar cerca de él para recibir atención. Él lo ignoro, pero la chica lo tomo en brazos y lo acerco a ambos.

Cuando la chica se fue el volvió a tratarlo como antes. La cama aún tenía un espacio que le correspondía.

La chica siguió frecuentando la casa, no sabía muy bien si eso le gustaba. Cuando ella venia podía jugar con ella, pero su amo no le prestaba tanta atención. No le gustaba eso. Pero por otra parte podía disfrutar de verlo sonreír. Su amo no suele sonreír a menudo. De hecho solo con él había visto que sonriera, más bien, con él y con ella.

Definitivamente le gustaba que ella viniera, porque si ella venia su amo estaba feliz y por ende, el también.

La primera vez que ella se quedó a dormir, fue casi un mes después. Estaba lloviendo por lo que en todo el día no pudo salir al patio sino quería terminar con el pelaje mojado y que su amo lo atacara con la temible secadora. Era divertido sentir el viento salir de esa máquina, pero terminaba con el cuerpo todo esponjoso.

Ese día ambos estuvieron muy cariñosos. No sabía que a su amo le gustara tanto el contacto físico, aunque no lo culpaba, lo seguía repitiendo, esa señorita olía muy bien. En más de una vez los vio con los rostros juntos, no sabía muy bien que hacían, pero creía entender que era lo mismo que en una ocasión vio en esa extraña caja negra frente al sofá.

Esa noche la habitación de su amo fue ocupada por la joven, mientras que el chico durmió en el sofá. El gato no queriendo incomodar a ninguno de los dos durmió en su propia cama que desde hace mucho no usaba.

Esa fue la primera vez que ella se quedó a dormir con ellos. De vez en cuando se quedaba dormir incluso cuando no había mal tiempo. Además, luego de tanto ya no fue necesario que el joven durmiera en el sofá. Al parecer lograron llegar a un acuerdo porque a ambos no parecía molestarles dormir en la misma cama. Le alegraba que ambos se estuviesen llevando mejor y si por eso debía dormir en su pequeña cama, lo haría feliz.

Tenía la esperanza de que en un futuro ella se decidiera a vivir con ellos. Con un poco de suerte en el futuro tendría una nueva dueña.

-o-

Próximo: Ponta.