Corre la sangre sin control… Los renegados han desencadenado un ataque a escala contra las familias y seres queridos de los santos de Athena, aprovechándose de la sorpresa. Los que puedan, tendrán que defenderse en lo que llega la ayuda. MINI OMAKE. Al menos Shion recibe una buena noticia para aliviar las malas, y que aplaca su mal humor por completo.


Al igual que el capítulo anterior, somaticé éste mientras lo escribía. Terminé con dolor de huesos, en serio. Por lejos, han sido los dos más violentos que he escrito en mi vida. Si al final del anterior capítulo me odiaron, creo que al final de este ya no me odiarán tanto, pero sí que les voy a dejar con un gusto amargo. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 4 años a las edades del canon. Por favor, quienes dejan reviews anónimas, atentos que les responderé al final del capítulo. Tengan en consideración que Ekléctica, La que Conoce el Tiempo, revisó TODA esta saga para que temporalmente (valga la redundancia) todo calce como corresponde y el tiempo que transcurre entre un fic y otro no genere conflictos. Llevo semanas tratando de que ésta aparezca en mi profile, pero como se resiste, visiten el de Ekléctica, que a ella sí le resultó.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y la adorable miniserie "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, aunque no menos importante, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D


ADVERTENCIA.

El consumo de alcohol puede llevarlo a pensar que es Superman.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


SOUNDTRACK SUGERIDO: You Give Love a Bad Name. Bon Jovi; Dai Hangeki, Inuyasha OST


Capítulo 7: … Y Cosecha Tempestades

Hospital de Atenas.

10 de enero.

"¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

La escena provocó una chilladera en aquella sala de urgencias, pues Selene no pudo gritar. Intentó llevarse las manos al cuello, pero no solo las tenía bien sujetas, sino que perdió fuerza más rápido de lo que esperaba. El cuchillo había cercenado la yugular y, más temprano que tarde, Selene perdió toda su fuerza. Cuando Rango la soltó y dejó caer sin mayor dignidad, no solo el suelo estaba encharcado con su sangre, sino que ella misma ya no respiraba.

Una enfermera gritaba como histérica detrás de él y desde el box 4, la madre del niño con bronquitis también chillaba aterrada, mientras trataba de proteger a su hijito. Rango giró sobre su eje y abofeteó a la enfermera, lanzándola al piso, antes de volverse a otro renegado, de nombre Edward, a quien le lanzó el teléfono de Selene.

"Ya sabes qué hacer con eso. Nos largamos."

"¿QUÉ LES HIZO?" Vociferó Manolis, el mismo médico de hace unos momentos, tratando de llegar a su colega. "¡La mataron!"

Una certera estocada en el pecho lo detuvo. Un tercer renegado le clavó un cuchillo a la altura del corazón y Manolis ni siquiera alcanzó a darse cuenta de lo que pasó. El terror permeaba el aire y mientras Edward sacaba fotos al cuerpo de Selene, Maya, la enfermera, seguía bajo el mostrador, con los dedos clavados en el botón de la alarma silenciosa, sudando frío y rezando cuánta oración se sabía para que no la encontraran.

Pronto la sala de emergencia se sumió en silencio, pero más temprano que tarde (aunque a ella le pareció una eternidad) se oyó una estampida hacia afuera del recinto. Las sirenas de la policía comenzaban a oírse con más y más intensidad. Maya, temblando, se asomó a ver qué pasaba… para ver que ya no quedaba gente dentro y que otro de los médicos que estaba de turno la tomaba gentilmente del brazo. Gianni también la miraba con esa perturbadora mirada neutral, aunque de alguna manera, su presencia templó los ánimos.

"Hay que salir… Vamos Maya, hay que salir." El médico se veía compuesto, pero se le notaba en la mirada que estaba tan impactado como ella.

"Maya… vamos…" Le dijo Gianni ayudándola a caminar.

La sacaron de detrás del mostrador con más docilidad de la que hubiera esperado, pero al pasar junto al cuerpo de Selene, le flaquearon las piernas. Como pudo siguió caminando, mientras se tapaba la cara… Manolis también estaba tirado muerto, al igual que dos guardias de seguridad.

Cuando cruzaron el umbral de la puerta, entró la policía.

A una buena distancia del hospital, Edward tomó el teléfono de Selene y abrió el whatsapp: hora de mandar una foto antes de deshacerse del aparato.


Despacho de Shion. Templo Principal.

En esos momentos.

"Shura… ¿Dónde está Selene?"

"En el hospital, cumple turno. ¿Por?"

Selene estaba en su lugar de trabajo. Uno bastante concurrido y seguro, de eso Shion no tenía dudas, pero un terrible presentimiento hizo que se le helara la espalda, y aquél recuerdo no había hecho nada por aliviarlo. Notó que Athena lo miraba fijo, quizás con la misma sensación maldita que le estaba quitando el aire de los pulmones. Nada de esto pasó desapercibido para el santo de Capricornio, quien al verlos asumir esa actitud, se preocupó.

¡BZZZZT, BZZZZT!

Shura dio un respingo cuando su celular dio aviso de una nueva notificación. Lo había puesto en silencio no hacía unos treinta segundos atrás y si bien no parecía haber nada malo con el aparato, la vibración pareció como un portento de malas noticias. Con las manos heladas, Shura lo tomó y lo miró.

"Mensaje de Selene." Dijo extrañado y tenso.

"Shura." Balbuceó Athena, intuyendo de qué se trataba. Shion alcanzó a dar dos zancadas antes que el dorado abriese el mensaje.

La cara se le desfiguró de espanto.

"¡NO!"

Fue un solo suspiro, una sola sorda exclamación de terror y dolor la que brotó de su garganta. Shura soltó el teléfono como si fuera una blasfemia y sin siquiera esperar una venia, salió corriendo a todo lo que le daban las piernas, olvidando por momentos que podía respirar o correr a la velocidad de la luz. Fue como si hubiera entrado en automático.

Con manos agitadas, Shion tomó el celular y revisó qué era lo que Shura había visto. Apartó la cara y ojos y atinó a abrazar a Saori, quien también se había asomado a mirar y ahora se tapaba la boca con ambas manos para evitar gritar.

"¡Malparidos Hijos de Tifón!"

Shion inflamó su cosmo y no perdió tiempo en ir tras Shura, con toda la intención de seguirlo hasta el fin del mundo. Saori por su parte también encendió el suyo: por lo visto la advertencia que les habían hecho llegar por medio de los bronceados era más real que nunca. Iba a comenzar a pedirles que fueran por sus seres queridos, cuando de distintos puntos de su Santuario y de la misma Atenas, comenzaron a elevarse súplicas de ayuda.

"SHION." Athena salió del despacho azorada. Su Patriarca estaba al fondo del pasillo, sin saber a dónde ir. En un segundo estuvo con ella. "Están atacando a las familias de mis santos. ¡Las que no están en el Santuario!"

El Patriarca se pasó las manos por la cara.

"Quienes tengan familia en la ciudad, vayan por ellos. ¡Están bajo ataque! ¡Y que alguien vaya tras Shura!" Anunció el Patriarca por la cosmonet.

"Shion, ¿Dónde está Idril?" Preguntó la diosa.

"Está en Atenas." Dijo en apenas un susurro, muy pálido. Aún no tenía idea de la buena noticia que le tenían, pero de todos modos se angustió.

"No, estoy aquí. Llegué hace unos minutos." Dijo de pronto la elfa, irguiendo la espalda en alerta total. No había que ser un genio para notar la urgencia. "¿Qué está pasando?"

Shion solo atinó a envolverla en un abrazo.


Hospital de Atenas.

Minutos más tarde.

Honestamente todos en el Santuario levantaron la cabeza cuando Shion hizo su anuncio, produciéndose casi de inmediato una actividad muy intensa. No solo los dorados tenían a sus seres queridos bajo ataque, sino que también había bronceados y plateados en la misma situación. Máscara estaba enseñando algunas posturas básicas de defensa a Thanos cuando Shura pasó corriendo a toda velocidad. Ya la expresión que traía el dorado hablaba de una horrible tragedia, pero ni bien escuchó el mensaje del Patriarca, se volvió hacia Thanos.

"Vete a Aries y espérame allí."

"Claro. ¿Maestro?"

"¡Que Te Vayas a Aries!"

Máscara echó a correr, sin dar mayores explicaciones. El cosmo de Shura rayaba en la desesperación por no llegar más rápido y por momentos dejaba incluso de respirar. Cuando llegó al hospital ni siquiera se detuvo a ver el enjambre de policías, curiosos y periodistas (que ya estaban cubriendo la noticia), sino que derechamente entró a la sala de emergencias, preso de una urgencia y desesperación tales que el policía que custodiaba la entrada ni siquiera intentó detenerlo.

La armadura pudo haber influido en esa decisión en todo caso.

No avanzó mucho más. De pronto se vio al medio de una escena horrible. Se le paralizaron todos los nervios…

… tres policías y un par de forenses (apenas habían llegado) lo miraron entre sorprendidos e intuyendo quien era… a sus pies, junto con otro médico tirado no lejos de allí… en un charco de su propia sangre…

… Selene no se movía.


Estación de Bomberos.

En esos momentos.

Alisa, asegurando mejor el mango del hacha y ocultando la herramienta contra su cuerpo, comenzó a girar la cabeza poco a poco, hacia donde estaban sus compañeros. Perdió dos suspiros y medio con lo que vio: sus colegas estaban de pie, algunos levantando las manos en señal de paz o de inminente lucha. Un renegado sujetaba a Alsacia y la amenazaba con un cuchillo y al menos otros cinco merodeaban con poses amenazantes. Alisa pudo ver como su amiga temblaba aterrada y ella misma se pegó contra el casillero de la sorpresa.

"¡¿Qué pasa aquí?!"

"¿Acaso no lo ves?" Dijo de pronto un renegado que estaba más cerca de ella de lo que se había percatado, y que tenía un puñal en su mano. "¡MÁTENLAS A LAS DOS!" Exclamó alzando el cuchillo en alto.

KYAAAAAAAAAAAA!"

Escuchó a Alsacia pegar un grito, pero también una baja súbita de temperatura. No tuvo mucho tiempo de procesar nada de esto, pues apenas atinó a reaccionar. Por instinto, Alisa bloqueó el ataque del puñal con el hacha y, aprovechando la sorpresa (el renegado no se esperaba tal cosa) blandió el mango por encima de su cabeza y lo bajó con toda su fuerza, golpeando con el filo el hombro del renegado. La armadura maldita evitó que Alisa le cercenara el brazo, pero esto solo hizo enojar al miserable.

De todas formas Alisa no tenía que preocuparse más. Milo apareció de la nada y, tras sujetar al renegado en una dolorosa llave, lo hizo girar sobre sí mismo para que lo mirara a la cara.

"¡A mi Alisa NO!"

Segundos de terror pasaron por el rostro del renegado cuando Milo de un solo puñetazo le rompió toda la cara. La fuerza del golpe fue tal que incluso le quebró el cuello, matándolo en el acto. Pero no se quedó quieto. Lanzó el cuerpo hacia otro renegado, mas no esperó a que terminara de aterrizar. Como un rayo, y con una fiera expresión en el rostro le lanzó dos agujas, y sin despeinarse siquiera dio fácil cuenta de los dos que se le venían encima con claras e ingenuas intenciones de atacarlo, atrapándolos de los brazos y estrellándolos entre ellos con suficiente fuerza como para dejarlos fuera de servicio durante horas. El último renegado tuvo de nuevo la mala idea de cargar contra Milo: solo encontró en su camino tres agujas que lo derribaron al suelo chillando de dolor.

El santo de escorpión tenía a estas alturas el rostro descompuesto en enojo. Por lo general, Milo nunca dejaba que sus pasiones dominaran por completo sus combates. Era astuto y solía picanear a sus enemigos para que fueran ellos los que cometieran la imprudencia y no él. Entonces atacaba, con dureza, precisión y decisión. Pero esta vez… habían tocado un nervio muy sensible: golpeó directo y sin dudar ni un instante.

"¿Milo?"

Alisa seguía aferrando el hacha, que dejó caer para arrojarse hacia su marido, a quien abrazó con toda su fuerza, siendo correspondida. Milo la revisó de pies a cabeza, como asegurándose que estuviera bien y a salvo, sin heridas aparte del susto. La pobre temblaba como una hoja, pero no más que Alsacia. El renegado que la había sujetado había sido el primero en morir: ni bien intentó apuñalarla, se le congeló la sangre en las venas, pero no el corazón, para que así sufriera más. Entonces Camus le sujetó con violencia de los brazos, desencajándoselos de sus junturas para darle su vil merecido. De una patada lo había sacado de la estación. Ahora el santo de Acuario, al igual que el escorpión, trataba de consolar a Alsacia, que por culpa de las hormonas y el miedo, no se calmaba.

Los demás bomberos estaban pálidos del susto y sorpresa. Ulises soltó el aire que aguantaba y levantó las manos en son de paz.

"¿Qué es lo que acaba de pasar?"

"Discúlpanos Ulises, tuvimos que actuar rápido." Dijo Camus con voz lúgubre, sin dejar de consolar a su mujer, quien al menos ya no lloraba sonoramente. "Limpiaremos este desastre, no te preocupes."

"Milo, ¿Qué pasa?" Preguntó Alisa mirándolo a los ojos.

Ambos dorados intercambiaron miradas. Camus no quería que Alsacia supiera tan pronto la noticia sobre los ataques, no cómo estaba, quizás más tarde. Milo supo respetar eso.

"No sabemos bien. Algo le pasó a Selene y…"

"¿Maestro?"

Isaac de Kraken estudiaba cerca de allí. Hacía unos días había recibido un mensaje de Camus, advirtiéndole que se cuidara la espalda. Ese día, aprovechando que iba a pasar cerca de la estación de bomberos, había decidido entrar a saludar a Alsacia, cosa que hacía a menudo. Estaba como a dos cuadras cuando sintió la inflamación de los cosmos y el pequeño combate. Decidido, iba a empezar a correr para ayudar en algo, pero vio algo que lo retuvo.

"¿Isaac?" Preguntó Camus.

"¿Y tú que haces aquí?" Preguntó Milo levantando las dos cejas. "¿Qué traes ahí?"

Isaac levantó a un renegado, algo golpeado pero consciente (apenas) de un brazo. El general marino se encogió de hombros, como si arrastrar malnacidos fuera la cosa más normal del mundo.

"Huía de aquí, así que supuse podría saber algo y lo traje. ¿Dónde lo dejo?"


Oficinas de Interpol, Atenas, Grecia.

Por toda Atenas se estaban produciendo ataques de renegados, y no pocos habían tenido éxito. Varios santos, no solo Shura, lamentaban la pérdida de un ser querido, y aunque también morían renegados, muchos lograban salvar la vida y huir. Antes que salir persiguiéndoles, los santos habían preferido atender a los heridos, o… llorar sus muertes.

Isabella apretaba los dientes. Había tenido un acierto en entrar por la escalera de emergencia al piso que alojaba las oficinas de Interpol en donde trabajaba. No había sido difícil encontrar a los cuatro renegados y a sus colegas en un tenso silencio en el que nadie había sacado las armas, ni las blancas ni las de fuego, mientras esperaban la reacción del otro.

Con la agilidad de un gato Isa se deslizó a hurtadillas por la oficina, arma en mano, hasta una mejor ubicación, que le asegurara un tiro limpio.

"¿Isabella Nauplias no debería estar aquí?" Dijo un renegado burlón y maloliente.

La jefa de aquella oficina de interpol, la experimentada Dafne Kasalakis enfrentó la mirada del renegado con un garbo poco usual. Si había visto a Isabella, no lo hizo notar, pero sí atrajo la atención hacia ella.

"Se encuentra fuera, en un trámite personal. Vuelve en seguida. Hablemos: ¿qué es lo que sucede?"

"¡Hemos venido por la cabeza de esa perra!" Exclamó con fuerza el renegado dando un paso hacia adelante. Algunos de los otros policías que allí tentaron a defender el honor de su compañera y no pocos le mostraron el dedo medio. El brazo de Dafne los detuvo. "¿Dónde está?"

"Pensemos bien antes de actuar." Dafne entrecerró los ojos cuando vio a Isa levantarse de su escondite, apuntando su arma a la cabeza del renegado. "Pregúntale tú mismo a ver si tienes agallas."

"¡¿DÓNDE ESTÁ O COMIENZO A MATAR GENTE?!"

"Justo detrás de ti."

Isabella pasó la bala en su arma sin dejar de apuntar. Sus ojos rosa hervían de decisión. Al verla los demás renegados se dispusieron a sacar sus puñales y dejar todas las paredes decoradas con sangre salpicada, pero los policías reaccionaron sacando sus armas e incluso la misma Dafne echó mano de su pistola.

"Jejeje, ¿saben que las balas no afectan a los santos?" Dijo el que había estado hablando hasta ese momento. Entonces se abalanzó sobre Isabella con los ojos de un desquiciado. "¡MUERE!"

PUM.

Un solo balazo le hizo falta a Isa para detener a su atacante y tres disparos más, provenientes de los policías más cercanos, le dieron en la espalda. Cayó muerto antes de darse cuenta de lo que había pasado, pero eso no arredró a los demás y, aunque eran tres contra muchos, seguían teniendo una ventaja considerable… y todos se abalanzaron sobre Isabella. Uno de ellos fue abatido por otro disparo de su arma.

"¡LARGO DE AQUÍ!" Exclamó Kanon sorpresivamente, sujetando a los dos restantes de los cabello y arrojándolos contra una pared. "¡TRIÁNGULO DORADO!"

Un triángulo se abrió en aquella pared antes que los renegados se estrellasen, que se cerró ni bien lo atravesaron. Casi con desgano hizo desaparecer los otros dos cuerpos. Kanon ni siquiera pestañeó al hacer esto. Los demás policías presentes rápidamente comenzaron a revolotear por el lugar, ya fuese para buscar (en vano) a sus atacantes o para curiosear la pared. Unos pocos comenzaron a recolectar evidencia.

"¿Estás bien, Isa?" Le preguntó el dorado mientras estiraba la mano para acariciarle la mejilla.

"Ya me conoces, Kanon. Claro que lo estoy." Le sonrió Isabella con seriedad, mientras enfundaba su arma… aunque no pudo evitar ese sutil temblor en los dedos. Kanon le tomó una mano en cuanto la tuvo libre.

"Kanon de Géminis." Resonó la voz de Dafne, llena de severidad. "Exijo una explicación. ¿Qué fue todo esto?"

El gemelo bajó los hombros, observó a Isa y luego se detuvo en Dafne. Tomó aire.

"Hay renegados atacando familiares de santos por toda Atenas. Hemos perdido a varios…" Kanon se puso serio. "Mataron a Selene."


Hospital de Atenas.

Máscara entró a la siga de su compañero. Tenía la vaga idea de que Afro y Aioros los habían seguido, pero su atención no estaba concentrada en ellos, sino en Shura. El santo de Capricornio estaba de pie, paralizado en su sitio y con el cosmo inestable. No tardó en notar el motivo… Un policía titubeaba en acercarse a Shura, cuya mirada parecía perdida y por momentos enajenada. Fuera de eso, no mostraba emoción alguna, de ninguna manera.

Pero él sabía. ¡Oh sí, Sabía! Aún tenía la llaga en su corazón, ese dolor en su pecho que nunca se iba. Jamás iba a olvidar a su primera chica y la horrible forma en que Ares la había matado, cuando se posesionó de Saga. Incluso a veces todavía sentía su sangre en sus manos.

¡Claro que Máscara sabía! Mejor que nadie. El dolor era horrendo, como una puñalada en la misma alma. Ver a Shura de pie allí, sufriendo sin poder entender por qué, le trajo demasiados recuerdos que prefería no procesar de momento.

Lo sujetó por la espalda y lo obligó a salir de ahí, haciéndole una señal al policía que titubeaba para que les diera unos minutos. Curiosamente no le costó sacarlo: esperaba una pelea, que Shura plantara las piernas y se negara a moverse, pero no. Apenas coordinaba y no ofreció resistencia alguna.

Entonces perdió contacto visual con Selene.

"¡NO! NO, DÉJAME, necesito estar allí. ¡SELENE!"

"No, te vienes conmigo, no es un buen recuerdo. ¡Shura!"

Otro par de brazos ayudaron a Máscara. Aioros ayudó a sujetar a Shura y juntos lo arrastraron fuera de allí. Lo último que vieron de Selene, fue como Afro y uno de los forenses tapaban su cuerpo con una sábana para darle algo de dignidad final.

Entonces se rompió la presa.

Shura lloró con fuerza, aunque no derramó lágrimas. Su pecho le comprimía con una fuerza desgarradora y su corazón daba latidos extraños. Todo le dolía, al punto que el dorado tuvo la loca idea de arrancarse los pulmones de pecho para aliviar su respiración. Un intenso sabor metálico le abrumaba desde la boca hasta el estómago. ¡Su Selenita!

No podía respirar, no podía. ¡Necesitaba respirar!

¡SELENE! ¿Qué le habían hecho? ¡¿Por qué?! ¡Y de manera tan espantosa! Ella nunca… nunca había lastimado a nadie… ¿por qué?… ¿Por qué?

Necesitaba verla. ¡Una vez más!

"¡SELENE!"

Aprovechando un descuido de sus camaradas, Shura dio un salto e intentó regresar al sitio en donde la policía de homicidios aún procesaba la escena. Máscara le bloqueó el paso y tras darle un empujón, le puso las manos sobre los hombros.

"No es un recuerdo que quieres. No quieres recordar a Selene de esa manera. ¡Ya tuviste suficiente!"

"Deja que la policía trabaje, Shura." Le pidió Aioros. "Máscara tiene razón. ¡Por una vez que la tenga! No quieres ese recuerdo."

"¡Pero Mataron a *MI* Selene!"

"Lo sé." Dijo Máscara.

El santo de Cáncer no era bueno con las palabras, por eso siempre las evitaba. No obstante en esta ocasión le hubiera gustado más saber usarlas para decir algo apropiado. Pero… ¿qué se puede decir en una situación así?

"Vamos Shura, tenemos renegados que cazar y atrapar." Ofreció Aioros.

"¡No Puedo! NO puedo dejarla sola. ¡La van a meter en una bolsa! ¡Era huérfana! No puedo…" Shura se tragó el nudo en su garganta. "… no quiero dejarla sola."

Máscara de la Muerte le golpeó un brazo para hacerlo reaccionar. Shura reconoció el gesto de su infancia y suavizó el rostro. Se sentía como el ser más miserable del mundo, pero… de alguna manera supo que no estaba solo. La forma en que Máscara lo miraba le dijo mucho: sabía que había pasado por una situación muy similar hacía años y estaba consciente que el tipo lo comprendía incluso mejor que Aioros. No, no había pena ni lástima en esa mirada, había un desafío… un desafío que le instaba a vivir su pena, pero a superarla, pues era perfectamente posible. ¡Dolía como siete espadas en el corazón! Pero se podía superar.

"Shura. No hagas eso ahora. No te lo hagas a ti mismo. Selene no estará solita."

"Máscara tiene razón… otra vez."

En ese momento, alguien puso un vaso de agua en sus manos y le pasó unas pastillas. Por inercia, Shura se las tomó con un gran sorbo de agua mientras miraba a Afro (que nunca supo de donde había salido), y una enfermera bajita.

"¿Qué le dieron?" Preguntó Aioros.

"Lo manda la doctora Laurens. Es un calmante fuerte, lo ayudará a calmarse y a dormir: sugiero que lo lleven a casa." Dijo la enfermera. "Si me disculpan me retiro."

"No necesito calmantes…"

"Yo tengo la receta." Dijo Afro encogiéndose de hombros. "¡Gracias Maya!" Alcanzó a decirle a la enfermera que ya se alejaba.

"¿Cuándo llegaste, Afro?" Preguntó Aioros. Shura se quiso sentar.

"Detrás de ti. Ayudé un poco a los forenses: avisé a los demás en el Santuario de…" Afro dudó unos instantes. "… de lo que ocurrió con Selene."

"Ya veo…"

"Dorados… tengo noticias." Dijo Afro con voz muy seria. "Este ataque no es único: Hubo otros."

Toda la atención de los demás de pronto se centró en él.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo capítulo: La Salvaje.

"… Se sonrojó hasta las orejas, pero no dejó de dar patadas tratando de soltarse. ¡La había lastimado! Pero no la mataba… el corazón le dio un vuelco.

¿Por qué le pasaban estas cosas justo cuando ninguna de las cazadoras de su grupo estaba mirando? ¡Un cazador alfa extranjero le estaba ganando!…"


Nota Mental: ¿Ahora entienden por qué casi maté al Concilio de un soponcio? Las chicas aún exigen sangre por ese susto: por fortuna no la mía, sino la del asesino de Selene. ¡Calma todos! Esa venganza se va a dejar caer. Al menos las chicas fueron lo bastante astutas como para evitar que siguiera en modo GeorgeRMartin… iba derecho a algo parecido a la Boda Roja, pero lo evitaron. Cualquier error tipográfico o dudas que se les presenten, háganmelas saber. ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO! ^O^


Querida Seika, hace rato que Anteros viene necesitando una licencia médica por estrés, el pobrecito. Tú lo sabes. XD ¡GRACIAS POR EL REVIEW!

Shura tendrá mucho con lo que lidiar, Yamid, pero al menos tiene amigos que lo apoyan. Sobre las mopas que andas reuniendo, espero que no las hayas dejado muy lejos: como ves, en este capítulo hubo bastante más. ¡GRACIAS POR EL REVIEW!

Créeme Ozzyblack, Cristián es un buen profesional y sabe calmar los nervios: un examen ginecológico nunca es trago fácil. Yo los detesto. Al menos Idril no le pegó una patada (aunque ganas no le faltaron). Como viste, algunos dorados se quitaron las ganas de encima de machacar renegados, pero aún quedan Shura y un montón de santos más, entre los de bronce como los de plata. En serio, los tipos agitaron un avispero. ¡GRACIAS POR EL REVIEW!

Si te consuela, Megami, Shura ya me dio una repasada al cabello. Pero no te preocupes, conservo la cabeza y la Cabra Montesa tendrá su venganza. ¡GRACIAS POR EL REVIEW!


Brújula Cultural

Recuerden, siempre por cortesía de Wikipedia, a menos que diga lo contrario. n.n

Tifón: (en griego antiguo Τυφών Typhôn, Τυφάων Typhaôn, Τυφωεύς Typhôeus o Τυφώς Typhôs, de τῦφος typhos, 'humo'; en latín Typhon) es una divinidad primitiva relacionada con los huracanes. Fue el último hijo de Gea, esta vez con Tártaro, el cavernoso vacío inferior. En otras versiones, sería hijo únicamente de Hera (concebido sin la ayuda de nadie). Tifón intentó destruir a Zeus por haber derrotado a los Titanes. Inicialmente, Tifón dominó a Zeus y arrancó sus tendones, pero éstos fueron recuperados por Hermes y devueltos al cuerpo de su dueño; tras ello, Zeus procedió a luchar con Tifón una vez más hasta derrotarle. Vencido, Tifón fue confinado bajo el monte Etna.

Según las descripciones, Tifón era un colosal y espeluznante monstruo alado cuya estatura era tal que podía alcanzar las estrellas. Poseía cabezas de dragón por dedos y un gran número de serpientes se hallaba repartido entre sus muslos, con incluso más serpientes formando sus piernas a partir de éstos. Tifón podía abrasar todo lo que se le opusiese con su ígnea mirada, así como vomitar fuego y lava de su boca, y crear huracanes y terremotos moviendo sus alas.

Sobra decir que no era muy popular entre los dioses olímpicos.


Mini Omake:

Buenas Noticias en Medio de Malas

Estancias del Patriarca.

Esa noche. 00:31 hora local.

"¡WAAAAAAARGH!"

Shion había pasado buena parte de las últimas dos horas paseándose de un lado a otro por la habitación, no como león enjaulado, sino como carnero impaciente. Poco faltaba para que le diera un ocasional cabezazo a la pared. Los ataques del día a las familias había sido lo peor en los últimos cincuenta años después de la muerte de Axl y de su aprendiza Lümi, y en serio tenía ganas de retorcer más de un cuello.

¡Resoplaba de enojo!

El día había terminado tarde, y ellos se habían ido a la cama tarde, pero el lemuriano no se calmaba. Ubicar a tanta gente, consolar a tantos otros, autorizar desquites y asegurarse que las diosas dormían a salvo había sido tarea pesada, más con los ánimos tan revueltos como estaban. Por lo menos Shion había contado con la ayuda de Idril, quien gracias a Athena había llegado sin problemas al Santuario.

De un tiempo a esta parte se sentía algo más aprensivo respecto de ella. Era curioso, como si algo en sus instintos no quisiera dejarla sola.

"¿Ya terminaste de darte vueltas, Aries? Me mareas. Por hoy no puedes hacer más."

"Deja que me saque de encima un poco más de coraje."

"¡Llevas mucho rato en eso!" Exclamó la elfa algo impaciente.

"¡Un Par de Vueltas Más!"

"¿Ya ven aquí conmigo, sí?" Le pidió Idril, palmeando la cama, justo a su lado, batiéndole las pestañas con toda la dulzura que pudo, pero el Carnero siguió dando enojadas vueltas por la habitación.

La elfa estaba nerviosa y asustada, pero lo escondía bien. Había estado planeando esto en cada momento libre que había tenido. Ya tenía su pijama puesto, pero aún no se metía entre las cobijas, sino que se mantenía apoyada contra las almohadas y el respaldo, y las piernas estiradas sobre la cama, no flexionadas como solía tenerlas cuando asumía esa pose. Se quitó la máscara y la dejó en su mesita de noche, con algo de sonrojo observó cómo Shion seguía dándose vueltas. ¡Se iba a sorprender tanto! ¿Se lo tomaría a bien? Suspiró. ¿Sería un buen momento? Se lo veía tan enojado…

Por cierto, tenía que admitir que su lemuriano se veía bien en el pijama que le había regalado el otro día. Al menos lo estaba usando.

WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!"

"Carneritooooo…"

Esto detuvo a Shion, que la miró curioso, por encima del hombro. Solo le decía carnerito en contadas (y especiales) ocasiones. Se sonrojó un poco y optó por prestarle más atención. La elfa le sonrió coqueta y escondió la mirada detrás de ese papel que tanto observaba desde que se había sentado sobre la cama.

Por cierto, hacía rato que la veía jugando con eso. ¿Qué sería?

Idril se concentró en el papel. Simplemente no le podía quitar los ojos de encima a la pequeña imagen que tenía entre sus manos. Al mismo tiempo que resoplaba de miedo, también lo hacía de amor. Allí, clarito y bien definido, la imagen del bebé que crecía en su vientre. ¡Era un niño, estaba segura! Imposible saberlo tan pronto, pero ella estaba segura. Y de acuerdo a Cristián, crecía a buen ritmo. ¡Qué maravillosa era la tecnología! En sus tiempos, esto habría sido más que imposible, pero aquí estaba, con la primera imagen de su hijito. Luchó contra el instinto de acariciarse el vientre: quería dar una sorpresa en serio a su carnero.

"¿Ocurre algo?" Preguntó de pronto Shion. Idril le miró con travesura… aunque pronto su mirada se tornó como conmovida. Le hizo una seña para que se acercara.

El Patriarca enarcó ambos puntos y se subió a la cama. Sin mucho cuidado y casi saltando, se sentó a su derecha, rodeándole con un brazo y cobijándola a su lado con su presencia. Idril escondió la ecografía y se dejó apapachar contra el costado de su marido.

"¿Qué escondes, cangrejita?"

Sin mediar palabra, Idril le miró a los ojos y pasó la eco. No se sentía capaz de hablar… y como las imágenes dicen mucho, prefirió que el lemuriano sacara sus propias conclusiones. Se enrojeció un poco, y apoyó su oído contra su pecho, aprovechó para escucharle los latidos. Shion dio un sincero respingo de alegría.

"¡Qué linda eco! Esto es una buena noticia. ¡La Mejor del Día!" Shion exclamó lleno de alegría. "¿De quién es esto? Adoro dar estas felicitaciones."

"Errr… es nuestra."

"¡…!"

Shion registró la palabra tres segundos después. Su rostro se tornó sorpresa y la quedó viendo enmudecido. Tomó aire… y soltando a su esposa, se le subió a horcajadas encima, la tomó por las mejillas y buscó su mirada.

"¿Es nuestra?" Apenas fue capaz de balbucear mientras le soltaba con delicadeza las mejillas. Shion hizo un puchero. "¿Vamos a…?"

"Sí." Idril intentó mantener la expresión adusta, pero sonrió sin mayor esfuerzo. "Tienen que calcular un montón de cosas, me tienen que hacer unos estudios, pero… sí. Tenemos un hijo."

Los ojos de Shion se llenaron de lágrimas. En seguida se le quitó de encima, y se sentó cruzado de piernas junto a ella, en solemne y emocionado silencio, sin saber que hacer durante mucho rato. Puso ambas manos sobre el vientre de Idril, fijando como concentrándose en el pequeño que crecía allí. ¡Claro! Esta panza no era normal. ¡Con razón estaba inflándose! Y él que pensaba que era el exceso de facturas dulces. ¿Cómo no se le ocurrió antes? Cerró los ojos. Ni cuenta se dio cuando se besó las manos y volvió a ponerlas sobre panza de la que era culpable, antes de abalanzarse cuán largo era sobre Idril y envolverla en un abrazo. Su felicidad era evidente.

"Me arrancaste toda la rabia que sentía… No… estoy…" Shion había olvidado el don de la palabra. Lo único que quería era abrazar y no soltar nunca más a su familia. ¡Con razón no quería que la elfa se alejara! Sus instintos paternales habían reaccionado antes. "¿Amor mío?"

"¿Qué Pasa Shion?"

"… ¿te reirías de mí si te dijera que no doy más de felicidad, pero estoy aterrado?" Le dijo con toda honestidad. "Nunca he sido papá de verdad… ¡es lo más hermoso que me ha pasado!"

Idril hizo un puchero.

"¡También tengo mucho miedo!" Exclamó Idril, abrazándolo asustada.

Sobra decir que esto hizo ronronear de contento a Shion. Adoraba cuando la elfa lo abrazaba con esa necesidad de protección. Ambos se quedaron un ratito así, disfrutando esta noticia. Pronto volvieron a ver la ecografía, observándola largo rato, ambos con la misma cara de idiotas.

"¡Me hubiera encantado compartir esta noticia con Parminder!" Se lamentó Idril. "¿Qué crees que diga Dohko?"

"No hará bromas, pero sí dará sermones. Se va a poner contento, no lo dudes… pero fijo que nos alecciona. ¡Por Athena! Tenemos que conseguirle una pareja que lo distraiga."

"Hmm… ahora que lo dices… nunca le he conocido novia alguna, ni recuerdo que haya mencionado algún interés romántico."

"Siempre fue muy reservado y recatado. Bromista y coqueto sí, pero a al momento de la verdad era muy formal y educado. Tuvo por ahí un amorcito, pero sus familiares la casaron con otro a la fuerza: Quedó muy mal." Shion acarició la imagen. "Juró siempre cuidar de los descendientes de esa mujer, y eso ha hecho toda su vida, de un modo u otro. Shunrei es la última de esos descendientes que queda viva."

"Eso no lo sabía. Ya le sacaré el cuento cuando vuelva de Nepal."

Al oír la mención a Nepal, Shion recordó la misión y las razones del porqué se estaban llevando a cabo. Tragó saliva y abrió los ojos asustado. ¡Los renegados! ¿Qué se supone que debía hacer?

"Err… Amorcito… ¿Alguna posibilidad que no salgas del Templo Princi…?"

"Ni una sola. Haré lo que me venga en gana."

Shion hizo un puchero.

Bueno, al menos lo intentó.

Fin del Omake.

Por
Misao-CG