Conjunto de viñetas y one-shot basados en palabras propuestas del proyecto Escribe a partir de una palabra del foro Proyecto 1-8

Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Summary: ¿Crees en vidas pasadas? Pues ellos sentían conocerse desde antes.

Palabra: Yuanfen – El amor que nació predestinado en cada reencarnación. Propuesta por HikariCaelum


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Antes de conocerte

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Él la conocía. De algún lugar o en algún momento ya la había visto. Sus hebras castañas y su mirada otoñal le recordaban a algo que él ya había visto. Que ya había sentido. Y era por eso que no podía dejar de mirarla.

Ella tampoco.

─Se llama Mimi Tachikawa. ─Yamato se giró hacia su hermano menor tras escucharlo y no pudo ocultar su sonrojo cuando vio su sonrisa divertida─. Ve a hablar con ella si tanto te gusta.

─No me gusta ─Mintió pero su hermano lo conocía más que suficiente.

Yamato volvió a mirar a Mimi, volvió a contemplarla sentada junto a otras chicas en el jardín de su instituto, todas hablando y riendo de algo que él ignoraba. Pero ella lo miraba de soslayo, lo contemplaba con tanta fascinación como él lo hacía.


Ambos corrían a todo lo que sus piernas podían. Ella intentaba no perder el ritmo pero sus pomposos vestidos le hacían la tarea difícil. Él escuchó su voz en un grito ahogado y miró a sus espaldas para verla retrasarse a causa de sus zapatos y vestimenta incómoda que su pertenencia a la realeza, la obligaban a llevar. Se volvió a ella y echándose de rodillas, le quitó sus zapatos.

─¡¿Qué hace?! ─Preguntó molesta pero él no se molestó en contradecirle, sólo tomó la falda de su vestido gigantesco y lo rompió, haciéndola chillar de sorpresa y rabia─. ¡¿Tiene usted idea de lo costoso de éste vestido?!

─Si aprecia su vida sabrá que ni mil vestidos valen la pena en éstos momentos ─Respondió el centinela─. Cuando estemos fuera del castillo, estos harapos no servirán de nada.

─¡Insolente! ─Chilló ella pero él hizo oídos sordos para tomar su mano y echar a correr nuevamente. Ya no se oían el repique de sus tacones contra el suelo, la urgencia de su huida no admitía lujos pues su cabeza estaba en riesgo.


─¿Puedo? ─Yamato levantó la mirada de sus pentagramas al oírla. Vio a Mimi de pie frente a él, mirándolo con curiosidad. Él solía abstraerse cuando tenía su guitarra entre sus manos así que no se percató de su presencia hasta que ella habló.

Él asintió y ella se robó sus papeles para sentarse junto a él, sin interesarle la cercanía que llevaban a pesar de no conocerse mucho salvo algunas materias que llevaban juntos.

─¿Y si me cantas algo? ─Preguntó Mimi con su confianza característica.

─¿Qué quieres oír? ─Mimi sonrió a su pregunta y él comenzó a perder interés en el mundo que les rodeaba.


El fuego les permitía el calor que las altas horas de la noche les arrebataba. El bosque, la noche, la falta de abrigo parecía hacer de su estadía, la peor de todas. Yamato Ishida arrojó más leña a la fogata que tenían, escuchando a Mimi maldecir mientras libraba una batalla campal contra insectos nocturnos.

Se volvió para mirarla y suspiró.

─Si se sigue moviendo así, ellos no la dejarán en paz ─Indicó con toda la paciencia que no tenía. Estaba cansado, sucio y tenía todo un ejército detrás de él por haber secuestrado a la princesa del reino.

─Pues a ver, señor sabelotodo, ¿por qué no hace que los mosquitos se alejen de mí? ─Ella también estaba cansada, muerta de miedo y hambre. Quedó a la cabeza de un reino cuyos hombres murieron en la guerra y las demás naciones quisieron aprovechar tal desventaja.

Sabía que era difícil asumir tal realidad cuando todo se le fue servido en bandeja de plata durante su vida. Él no era más que un simple soldado que sobrevivió y que pudo ayudar a escapar de la prisión en la que la resguardaban. Demasiado por asimilar, pensó.

─Es por tu olor ─Respondió Yamato a la antigua soberana de un reino sin nombre.

─¿Y qué sugieres que haga? ¿Qué me bañe? Perdona si no me he preparado para huir por mi vida… ─Entonces las lágrimas comenzaron a brotar por sus ojos y él se maldijo, porque si había algo que no toleraba por no saber cómo tratar era a una mujer llorando.

Se encogió de hombros. Sus padres habían jurado lealtad a los difuntos reyes, él debía continuar con lo mismo con la única heredera de aquel nombre. Paciencia, se dijo. Cuando lleguen al reino del Este, donde sabía que aún había una relación amistosa con su reino, él sería libre de aquella niña.

─No llores…

─¡Pues mil perdones, mi lord! ¡Estoy desesperada y no tengo de otra! ─Gritó ella y él perdía la paciencia.

Recordó a su hermano menor, Takeru, llorando por las noches cuando las tormentas azotaban. Él solía abrazarlo para tranquilizarlo pero no podía hacer lo mismo con esa mujer. Estaba seguro que ella lo abofetearía.

─Cállate y te llevaré a un lago ─Dijo Yamato elevando al voz un poco. Mimi detuvo su llanto y lo miró con incredibilidad.

─¿Un lago? ¿En una noche así? ¿Quieres que me congele acaso?

─¿Quiere librarse de los insectos? ─Preguntó y Mimi no pareció querer refutar aquella pregunta.


Después de clases solían salir juntos. El tiempo los hizo acercarse y la música parecía ser su propio idioma. Tardes destinadas a oír sus canciones favoritas en su vieja estéreo mientras sus ojos se buscaban con una insistencia camuflada. Habían veces en que perdían horas en la cocina, preparando platillos extraños que ella buscaba en internet; incluso su tiempo juntos se extendían al sofá y películas antiguas, películas que les hiciese sentir algo.

Más de lo que la compañía del otro despertaba.

─A veces creo que te conozco de toda la vida ─Dijo Mimi de un momento a otro, cuando se encontraban sentados en su sofá, viendo la televisión.

Él la miró y trató de no sonreír cuando ella lo dijo. La castaña le señaló con su índice.

─¡No te rías! ─Acusó─. ¿No te pasa lo mismo? ¿No crees que ya no habremos visto antes?

─¿A ti? Por favor ─Dijo él fingiendo desagrado, recibiendo un almohadazo en respuesta. Las risas continuaron y Mimi comenzó a arrojarle más almohadas hasta que su peso encima del de la joven la ancló a su sofá.

Las risas terminaron y sus miradas se encendieron con la otra. Ella tenía razón, él sentía que ya la conocía de antes, mucho antes de incluso conocerla. Su atracción era innegable y sus labios unidos en un beso casi ansioso, se lo demostró.


─¡No pienso desnudarme frente tuyo! ─Yamato le pidió, por enésima vez, que bajase la voz, pero ella era escandalosa.

─Pues yo no pienso dejarte sola un momento ─Respondió de mala gana─. ¿Acaso no dimensionas que ahora eres blanco de muchas naciones? Cualquier descuido mío podría costarte la vida.

Mimi no dijo nada, sus palabras calaron profundo en ella y él temió haberla roto más de lo que ya estaba. Ella bajó la mirada y se dio la vuelta, dándole la espalda. Sus ojos se colaron por encima de su hombro en una petición silenciosa porque la ayudase. Entonces las manos sucias y vendadas del soldado fueron hasta el seguro de lo que quedaba de su vestido y se lo desabrochó con cuidado.

Él apartó la mirada cuando la tela cayó al suelo y ella cubrió sus senos con sus brazos, abrazándose a sí misma. Lo miró, él mantenía la cabeza gacha, fijándose en otro punto para darle privacidad. Entonces a ella le apeteció. Porque él era lo único seguro que tenía en su vida y su cercanía velaba sus espaldas.

─Dijiste que cuidarías de mí ─Dijo Mimi y él cerró los ojos. Ella no pudo evitar sonreír porque él sentía lo mismo.

─Lo haré ─Respondió.

─Entonces no apartes tus ojos de mí ─Susurró antes de introducir su pie en el agua.

Él abrió los ojos de a poco y su mirada buscó a Mimi. Su desnudez lo recibió y él podía jurar que no había visto nada más hermoso en su vida. O quizá sí, porque el recuerdo de esa mujer se encontraba metido en su piel mucho antes de verla, de conocerla. Mucho antes de haber jurado dar su vida por protegerla.

Yuanfen, un amor que supera las vidas y se repite con sus reencarnaciones. Era un término que recordó y no sabía muy bien de dónde. Sólo sabía que conocía esa palabra.

Que la conocía a ella.


Cerró el libro con sus manos y lo apoyó sobre su regazo. Encontró su mirada y una sonrisa se escapó de sus labios. A ella le gustaba mirarlo sentado entre libros mientras lo oía leer en voz alta, mientras la vela iluminaba su rostro.

─Yanfen… ─Susurró ella, recordando lo que él había leído─. Suena extraño.

─Lo es ─Respondió Yamato enfadado en su bata oscura, la que le gustaba usar cuando sólo se mantenía en su morada, relajado y relegado a su biblioteca en donde a ella le gustaba oírlo─. Es un término chino.

─Y, ¿crees en él? ─Preguntó Mimi quitándole el libro de su regazo para colocarlo sobre la mesa de lectura y sentarse ella sobre él. Yamato sonrió al recibirla encima, paseando sus dedos sobre la fina seda de sus ropas para dormir.

Él no respondió, sólo la acercó para besar sus labios. Había algo que lo vinculaba a ella. Vidas pasadas, tiempo pasado. No sabía sobre reencarnaciones pero cuando besaba sus labios o sentía su cuerpo, había una conexión casi cósmica que lo hacía creer.


¡Feliz cumpleaños, Nagu! :D

Gracias a todos por leer :3