Lo prometido es deuda, aqui el famoso capitulo VII, tratare y si mi internet me ayuda para terminar esta historia rapido y pasar al segundo libro, publicarles un capitulo al dia o hasta dos, todo depende de mi puto internet. Antes de comenzar, créditos a Isela Reyes por tan maravillosa historia, ahora es que hay capitulos para disfrutar de la locura embriaguez y desenfrenado amor de estos dos locos. Amamos el SessKag ¿No? & Créditos a Rumiko Takahashi. ni la historia ni los personajes son míos bueno eso ustedes ya lo saben. Pero protocolo es protocolo si no siempre llega alguien a criticar y a decir que estoy quebrando las reglas y blah blah blah.. Y prefiero evitar eso.
"Historia Normal"
"Diálogos"
"Pensamientos"
Existen muchas razones por las que soy un peligro cuando estoy ebria, no solo porque me convierto en la "señorita sinceridad" como me dice Sango, sino porque termino haciendo toda clase de locuras. Y si creía que despertar en la cama de la mansión Taisho, despues de dormir con Sesshomaru, habia sido la peor de mis experiencias. Creo que esto no tiene comparación. ¡Joder! ¿Donde rayos estoy? ¿Y quien me esposo?
— Buenos dias. — Miro hacia donde procede la voz de Sesshomaru. ¿Sesshomaru? — Buenos dias princesa. — Siento alivio al saber que estoy con el y no con algún loco, pero al mismo tiempo siento molestia ¿Por qué rayos me ha esposado? ¿Y porque estoy desnuda? Ignoro el hecho de que esta recién bañado y en cueros, cosa que lo hace parecer un Dios.
— ¿Qué haces aqui? — Es lo primero que se me ocurre decir. Niega y lucha por contener la risa. Mejor me hubiera quedado callada.
— ¿Yo? — Su sonrisa petulante me indica que no me va a gustar lo que dirá. ¡Mierda! Que no sea lo que estoy pensando, por favor, por favor. — Estamos en mi casa. — ¡Ay no! ¿Como fue que termine aqui? "Tranquila, Kagome. Puedo manejar esto. Quizás esta es su venganza, aunque no entiendo como rayos termine con el".
— ¿Y esto? — Muevo las manos haciendo que el metal golpee contra la madera. — ¿Por qué estoy esposada?
— Para evitar que huyas de nuevo. — ¿Que? Joder. Efectivamente no puedo escapar.
— ¡Estas loco! — Digo forcejeando y sintiendo como el metal lastima mi piel.
— Efectivamente. — Sube a la cama y se acerca. — Estoy loco por ti. — ¡Mierda! ¡Mierda! ¿Por qué ha dicho eso? Mi libido hace acto de presencia, a pesar de mi terrible condición. Pero es que ni muerta podría ignorar lo bueno que esta y menos cuando lo tengo sobre mí. — Esta vez tenía que evitar que escaparas mientras tomaba un baño o que intentaras me bajaras los pantalones y echarte a correr. — No puedo evitar sonreir. — Me alegra que te cause gracia, pues tambien cerré la puerta con llave, por las dudas.
— ¡Sesshomaru! — Jadeo mas excitada que molesta.
— ¿Que? — Tengo muchas ideas, pero no puedo pensar con claridad, todas las preguntas y reclamos se han esfumado, peor aun cuando se inclina sobre mi pecho y besa mi clavícula. — Uhm. — ¡Joder!
— Sesshomaru. — Repito dificultosamente. Estoy perdida, completamente a su merced. Aunque no es como si fuera un sacrificio. — ¿Por qué estoy aquí?
— ¿No lo recuerdas? — Cierro los ojos e intento rememorar que demonios hice. Los últimos rayos de lucidez me indican que comencé a bebe como loca y luego nada. No hay nada. ¿Qué rayos hice? ¿Por qué estoy con Sesshomaru? ¿Que paso con Sango y las demas? ¿Acaso vine a buscarlo a su casa? No imposible, yo no se donde vive.
— No. — Admito muy a mi pesar. — ¿Que paso anoche? — Pregunto aunque quizás es algo tonto, pues no hace falta mucha imaginación para saberlo. Ambos estamos desnudos, es evidente que paso entre nosotros.
— Se te pasaron los tragos. — Explica bajando lentamente por mi vientre.
— ¡Ah! — Jadeo y arqueo la espalda ante los escalofríos que recorren mi cuerpo, al mismo tiempo que su boca baja cada vez mas. ¡Mierda! Mis pezones se ponen duros y el calor entre mis piernas es tanto que creo que haré combustión en cualquier momento. — ¡Sesshomaru! — Quiero, pero no quiero, es decir ¡Maldición! No sé que quiero, en realidad si lo se, lo quiero a el. — ¿Por qué estoy desnuda? — Otra pregunta estúpida. Mi cabeza no funciona correctamente y menos con su boca en mi piel. Pero el mismo ha dicho que no paso nada anoche, así que eso no explica porque estoy sin ropa.
— ¿Eso? — Levanta ligeramente el rostro y me mira. — Es porque quiero que terminemos lo que dejamos pendiente anoche.
— ¿Qué? — Se inclina de nuevo y su boca llega a la unión de mis muslos. Sus manos separan mis piernas. — ¿No paso nada? — Eso no lo puedo creer.
— Te quedaste dormida. — Dice besando la parte interna de mis muslos. Mi respiración agitada es audible y tiemblo de pies a cabeza. — ¿Tienes alguna queja si lo termino? — Detiene sus labios y sus ojos ámbar se clavan en los míos. ¿Quejas? ¿Por lo maravilloso que resultan sus labios? ¿Por lo que ha dicho que haremos?
— No.
— Perfecto. — Siento sus labios rozar mi sexo y el calor incrementa. — Mi princesa. — Murmura y entonces hunde su lengua entre mis pliegues. Un sonido ronco escapa de mis labios y todo da vueltas. ¡Mierda!
Su boca devora mi sexo, es habilidosa y me hace perder la cabeza. Gimo y tiro con fuerza de las esposas, desesperada por no poder tirar de su maravilloso pelo. ¡Mierda! Lame, penetra y succiona, todo me catapulta a la cima.
— Córrete. — No tiene que repetirlo.
— ¡Sesshomaru! — Con un estruendoso grito exploto dentro de su boca. ¿Que tiene este hombre que me vuelve loca? Sesshomaru se mueve hasta que tengo su hermoso rostro sobre el mío. — Entonces ¿Ahora que me quieres mas? — ¿Que? ¿Quererlo? Baja su boca y me esfuerzo por atraparla, pero se aparta.
— ¡Sesshomaru! — Protesto gimoteando inútilmente.
— Tranquila. — Estira la mano y abre el cajón de la cómoda, toma un preservativo y ahora si me besa. Es lento pero apasionado.
— Suéltame. — Murmuro. No poder tocarlo me esta matando. Quiero hundir mis dedos entre sus cabellos, tocas su piel.
— Escaparas si lo hago. — ¿Que? ¿Esta loco? ¿Realmente cree que podría hacerlo?
— No lo haré. — Aseguro.
— ¿Y si lo haces? — ¡Mierda! Solo suéltame y ya.
— Sesshomaru.
— Te lo dije, Kagome. Esta vez no voy a dejarte ir. — Tampoco deseo irme, no en este momento.
— Puedes castigarme si lo hago. — Dios que cosas digo, pero ahora solo quiero sentirlo. Se aparta y sus ojos rebosan ante lo que implican mis palabras: "Castigo".
— De acuerdo. — De nuevo abre la cómoda y toma una pequeña llave, la mete en la cerradura y me libera. Me mira fijamente, esta tenso quizás esperando que salga corriendo, pero no lo haré. Deslizo mi mano por su nuca atrayendolo a mi, fundiendo sus labios con los míos enrosco las piernas en su cadera. Su mano izquierda masaje mis muñecas con ternura y ahora entiendo que me ha liberado para que no me lastimara. — ¿Puedo? — Murmura agitando el empaque.
— ¡Si! — Exclamo gustosa.
Me priva de su boca y retrocede, quiero protestar, pero veo que comienza a rasgar el envoltorio y luego coloca el preservativo sobre su pene. Sus ojos me observan con atención. Estoy extasiada con lo que veo. Es tan ardiente y es mío. ¿Mio? Bueno al menos por este instante. Se suspende sobre mí y sin que lo ordene separo las piernas, dándole acceso.
— Kagome. — Susurra mientras me penetra. Clavo mis dedos en sus hombros y contengo la respiración. Esta vez duele menos, es mayor el placer que siento cuando mi interior se acopla a su invasión. — Comienzas a acostumbrarte a mí. — Dice con una sonrisa.
¡Su sonrisa!
Paso el dedo por su boca y sonrío.
— Me gusta cuando sonríes. — Su boca se curva aun mas y yo me derrito.
— Lo sé. — Se mueve, es amable. Sin dejar de volverme loca y me desconecto.
Mientras nuestras respiraciones se regulan, sus ojos no dejan de estar sobre mi rostro. Estoy exhausta después de lo que hemos hecho. Ha sido increíble, como todo lo que Sesshomaru hace en mi. La fricción de nuestros cuerpos, el sudor, el sabor de su boca y la manera en la que me hace alcanzar el orgasmo. Todo resulta tan hipnotizaste e irreal.
— ¿Estas bien? — Niego cerrando los ojos. Me rodea con el brazo y me estrecha con delicadeza contra su pecho. ¡Mierda! No me gusta lo que estoy sintiendo en este instante. No porque sea malo, sino todo lo contrario. — Lo siento. — Dice tocando de nuevo mis muñecas. ¿Aun le preocupa? Solo tengo unas ligeras lineas y eso ha sido porque no he dejado de tirar mientras el me probaba.
— Estoy bien. — Aseguro. Acaricio su pecho con uno de mis dedos y armo mentalmente mi cuestionario. — Dime algo.
— Si.
— ¿Como es que termine aquí? — Esa es quizás la principal duda.
— Quisiste venir conmigo.
— ¿Que? — No puedo recordar y esto es malo. Prometo no volver a beber nunca, bueno, eso dije la otra vez. Soy un desastre. — ¿Y Sango? — ¿Acaso no intento detenerme? ¿Me abandono?
— Tu amiga te insistió para que no lo hicieras, pero tu no cambiaste de parecer. — ¿Que rayos estaba pensando?
— Entiendo. — En realidad no, pero necesito a Sango para poder aclarar esto. — ¿Y tu que hacías en el bar?
— Fui a buscarte. — ¿Que? — ¿Tienes hambre?
— Espera...
— Todas esas preguntas las respondí anoche.
— Pero no recuerdo. — Sonríe y niega mientras sale de la cama. — Sesshomaru. — Aun no aclara la mitad de mis dudas.
— Quizás lo recuerdes mas tarde. — Toma mi mano y me hace ponerme de pie, intento tomar la manta para cubrirme pero me la quita. — Conozco tu cuerpo, Kagome.
— Sí, pero... — Ladea el rostro mirándome con curiosidad. — No me siento cómoda desnuda. — Sin soltarme camina hasta el closet y toma una de sus muchas camisas. Vaya que tiene dinero.
— Esta. — Escoge una lila y me la coloca, después abotona un par de botones y retrocede examinándome. — Listo. ¿Quieres lavarte los dientes? — Desde luego que si.
— Si, por favor. — Lo que me recuerda que lo bese con sabor a alcohol. Me llevo las manos a la boca horrorizada y el sonríe. — Debiste lavármelos antes de besarme. — Niega tomándome de la cintura.
— Mi princesa me gusta en todas sus presentaciones.
— ¿Princesa? ¿Por qué me dices así? — Ríe y sus ojos brillan.
— Eso te lo dije anoche. — ¡Joder!
— Dime.
— No. — Me conduce a su baño. Solo hay un cepillo y supongo que es suyo. Sin decir nada lo toma y comienza a ponerle pasta. — ¿Te da asco? — Pregunta al ver mi expresión de pánico.
— Debería darte a ti. — Quien sabe cuanta cosa tome anoche.
— No. — Me lo acerca a la boca. — Déjame hacerlo. — Pide cuando intento sujetarlo.
— Yo puedo. — Niego pero arruga el ceño con la expresión seria.
— Por favor. — Pongo los ojos en blanco y dejo que lo haga. Escupo y doy un sorbo al agua que también me ofrece, luego con una toalla limpia mi boca. — Listo.
— ¿Y ahora? — Ha dicho que puso llave, asi que no puedo escapar y tampoco quiero hacerlo.
— ¿Quieres comer? — Me encojo de hombros. — Vamos.
— Tienes muchos cuadros. — Comento mientras nos dirigimos a la cocina.
— ¿Crees? — Engreído. Entramos a la cocina y veo empaques.
— ¿Pediste comida? — Pregunto un tanto sorprendida.
— ¿Esperabas que fuera como esos hombres guapos que saben cocinar? — Dice mirándome con una sonrisilla. — Lamento decepcionarte, pero la cocina y yo, no nos llevamos muy bien. — Su comentario me hace reir. — Toma asiento. — Me empuja sobre el banquillo. — Ordene uno de los mejores desayunos que hay en New York.
— ¿En serio? — El único desayuno que tomo todas las mañanas es el que Sango prepara o el que improviso yo.
— Sí, Sarabeth's. — Toma un plato y lo coloca frente a mi. — Pedí pancakes con sirope de arce y bacon. — ¿He? No tengo la mas remota idea de que habla. — También waffles.
— Gracias. — Cojo el tenedor y tomo un pedazo de pancakes. ¡Omg!
— ¿Que tal? — Pregunta seguro de mi respuesta.
— Riquísimos. — Se acerca y coloca mi pelo detrás del oído. — ¿No vas a comer? — Abre la boca y lo alimento. — ¿Me dirás que paso anoche. — Niega tomando una servilleta. — ¿Por qué?
— Hagamos un trato.
— ¿Cual?
— Te dire todo lo que paso anoche, si me acompañas a una cena de negocios. — ¿Cena? Mierda. Esas cosas no van conmigo. Y si las cenas de mi padrastro son demasiado elegantes y aburridas, no quiero pensar como son las de Sesshomaru.
— Yo...
— Si me acompañas, te dire todas las preguntas que respondí y todas las que respondiste tu. — ¿Qué? No puede ser, seguro le dije hasta la marca de mi ropa interior. — ¿Que dices?
— Dame un segundo. — Dejo el tenedor sobre el plato y me limpio la boca. — ¿Quieres ir a una cena conmigo?
— Si.
— ¿Para que me ignores como la otra vez? — ¡Aja! Esa no la esperaba. Logra componer su expresión y mueve la cabeza.
— Si mal no recuerdo, fuiste tu quien me ignoro.
— ¿Yo te ignore? — Pregunto pasmada y él finge ignorancia.
— En la galería, fuiste tu. — Lo miro acusadoramente.
— Fue usted, señor Taisho. Y lo hizo de nuevo en el restaurante.
— ¡Ah! Creo que eso fue porque cierta personita, me saco de mis casillas.
— ¿Yo?
— Si, tu. Cuando huiste de mi oficina sin decir nada.
— ¿Que se supone debía decir? — Se acerca y apoya su mano en mi muslo.
— Iba a pedir que te llevaran un vestido nuevo.
— Ibas a encontrarte con tu hermano. — Recuerdo perfectamente el motivo de mi huida. Su rostro se torna serio y entonces siento nervios. Hasta ahora Inuyasha ha estado fuera de nuestras conversaciones, pero ya que lo mencione, necesito hablarle al respecto. Aunque temo su reacción. — Tengo algo que decirte sobre Inuyasha.
— Te escucho. — No me gusta cuando se pone serio, me resulta intimidante.
— Bueno... esperaba que me lo preguntaras cuando nos encontramos en la galería, pero... luego en tu oficina. — Estoy dándole vueltas. — El asunto es que yo era novia de Inuyasha. — ¡Lo he dicho!
— Me lo imagine. — Dice con tranquilidad, dejándome de piedra.
— ¿Que?
— Por las modificaciones a su cuadro, imagine que te habia hecho algo. — ¡Mierda! — Aunque aun no las ha visto. — Ya decia yo, no podía enviarme regalos si lo hubiera visto. — ¿Quieres contarme por que? — Formo una linea con sus labios y lo medito. ¿Quiero hacerlo? Suspiro.
— Me estaba engañando. — No hay necesidad de dar detalles. — Estaba muy enojada y borracha, sé que adora su pintura.
— Entiendo. — Dice pensativo sin mostrar mucho en su expresión. — Lo que me sorprendió fue que alguien tan dedicada al arte y amante de la pintura destruyera un cuadro que vale 14 millones de dólares.
— ¿Que? — ¡Mierda!
— Ese es su precio. — ¡Joder!
— Diría que lo lamento, pero no es así. — Acaricia mi mejilla y relaja su expresión.
— Concuerdo. Mi hermano se comporta como un patán.
— Estamos de acuerdo.
— Entonces. ¿Vendrás conmigo?
— ¿Aun quieres que vaya contigo? — Pregunto sorprendida. Acabo de confesarle los motivos por los que nos conocimos.
— Por supuesto. Las cosas con Inuyasha terminaron ¿Cierto?
— Sí, pero... es tu hermano.
— Y tu eres mi princesa.
— No soy una princesa. — Protesto.
— Para mi lo eres, Kagome. — ¿Que es lo que siento? Algo sube por mi estomago y abarca mi pecho. Algo que acelera mi corazón. Rodeo su cuello y lo acerco a mi boca. Me gusta mucho este hombre, quizás demasiado.
— Soy una loca borracha ¿Aun asi?
— Para mí, eres perfecta, ya te lo dije. Me gustas en todas tus presentaciones. — Lo beso despacio, disfrutando del sabor de su boa y las caricias de su lengua sobre la mía. — ¿Iras conmigo? — Insiste.
Supongo que no tengo nada que perder. Aunque no tengo idea a donde vaya esta locura. Pero Sesshomaru me hace sentir bien, tan querida.
— Si, pero no me dejes beber, por favor. — Sonríe, esa sonrisa que tanto me gusta.
— Es un trato.
— Y tienes que cumplir tu parte del trato. — Le recuerdo.
— Sin duda.
Coño esta pareja me parte, hasta yo quisiera un novio asi que me trate de esa forma... MALVADA SEAAAA porque estoy sola... Nojoda los hombres apestan y el amor también, pero me gusto el capitulo hasta yo quisiera un desayuno de esos.. Esta Kagome tiene una suerte tan buena, elegir al mejor de los hermanos no es tarea fácil, bueno cuando lo ha sido.
Las adoro
Besitos
CONTINUARA...
