Hola!
He aquí el capítulo ocho, ésta vez, es mucho más corto que el capitulo anterior, pero creó que alargándolo innecesariamente, podría perder la intensidad y emoción que según yo logré.
Atención: ¡CAPÍTULO EXTREMADAMENTE CURSI!
Sobre advertencia, no hay engaño ;)
Buena lectura
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Disclaimer:
Todos los personajes de Sailor Moon pertenecen a Naoko Takeuchi.
La publicación de ésta historia, no tiene fines de lucro su propósito es exclusivamente el entretenimiento.
Toda la poesía aquí expresada, pertenece a la autora de este fic.
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REGRESÉ POR TI
CAPÍTULO 8
DESCUBRÍ
La noche había sido mágica, a pesar del mal momento con Chiharu y el asedio de la prensa, Ami no podía estar más feliz. Se sentía como en un sueño interminable.
Taiki se había portado como un príncipe, como ella jamás pensó. La protegió, estuvo pendiente de ella en todo momento, en cada detalle.
Los Three Ligths la escoltaban como a una reina. Todos abordaron la limusina, sonrientes, hablando de lo mucho que se habían divertido y de los planes para la carrera de los chicos.
—Ami, me alegra que estés con Taiki, estoy seguro de que serán felices juntos. —Comentó Seiya con total franqueza — como dije antes, al menos Taiki fue correspondido.
—Lo dices por…—Ami se detuvo, dándose cuenta que estaba por cometer una indiscreción
—Sí, por Serena —complementó Seiya — ¿Cómo está bombón?
—Bien, bueno, está feliz por su compromiso con Darien —dijo Ami a baja voz, un poco contrariada, aunque sabía que Seiya tarde o temprano se enteraría.
—Me alegro por ella, y por ti, hasta por el odioso de Taiki, tanto tiempo que anheló volver a verte y decirte todo lo que sentía por ti, ¡era tan insoportable! Día y noche lloriqueando por ahí, por eso me alegra más, su espera ha rendido frutos. —Seiya trató de conservar su alegría no sabía cómo reaccionar, no era lo mismo decir que se había olvidado de Serena estando lejos, que volver a verla y más estando en brazos de Darien. —En fin, me siento feliz por ustedes.
—A mí también me da gusto, al menos su sacrificio no fue en vano —agregó Yaten.
—¿Qué sacrificio? —preguntó Ami perturbada pues por segunda vez Yaten hacía referencia a esa palabra.
—No es nada, Yaten se refiere a que vine solo, dejando todo atrás para venir hasta aquí, pero ya no lo estoy, ahora te tengo a ti, así que no me hace falta nada —contestó Taiki, dándole a la joven una mirada tranquilizadora.
—No pues, gracias por lo que nos toca —argumentó Seiya haciéndose el ofendido— uno aquí preocupado, viajando para ver a nuestro hermano y ahora resulta que sobramos.
—No quise decir eso Seiya, no exageres, es sólo que ustedes tarde o temprano regresarán a su hogar y yo, bueno, yo encontré aquí el mío. —replicó el mayor de los Kou, mirando a Ami con la certeza de que lo que decía sería una realidad por mucho tiempo.
—Demasiada miel para mí —dijo Yaten —lo mejor es ir a casa.
Pasaron primero por el departamento de los Kou, Yaten y Seiya argumentaron que estaban muy cansados, sin embargo, la realidad era que no querían hacer mal tercio.
De camino a casa de Ami, y ya solos en la limusina, decidieron dar un paseo por la ciudad, después de todo la noche era joven y hermosa. Disfrutaron de las luces de los antros y comercios, fantasearon con la idea de que los chicos cantaran en los estadios más grandes y los recintos más importantes de Tokio, pasaron un buen rato recorriendo la ciudad Así llegaron al parque aquel, preferido por tantas parejas no sólo por su belleza, sino por la quietud que se respiraba y el hermoso lago que regalaba un paisaje único. Resolvieron bajar del auto y caminar un poco, tras algunos minutos, se detuvieron a mitad del puente uno junto al otro Taiki tomó la mano de Ami, la miró fijamente y le sonrió.
— ¿Sabes algo hermosa? Estar contigo así tan cerca, sobre pasa todas mis fantasías, eres lo mejor que me ha sucedido.
—Taiki, sinceramente creo que eres más de lo que merezco. Durante mucho tiempo esperé a esa persona especial, al hombre que me hiciera feliz, aquel por quien incluso sería capaz de abandonar mi sueño de ser médico. Mucho tiempo soñé con encontrar el amor hasta que apareciste en mi vida. Tú rompiste todos mis esquemas, sobrepasaste todo lo que siempre idealicé, nunca pensé que sería así, pero hoy te lo puedo decir con certeza. Te amo — soltó al fin.
—Mi bella hada azul, tú eres, mi inspiración mi motor, he dejado todo, para estar contigo y ha valido la pena. También te amo, más que a mí mismo y mi único deseo es estar a tu lado y escribir cada día una nueva historia para los dos. —Entonces el joven enamorado, sin soltar la mano de la muchacha, comenzó a buscar algo en los bolsillos de su saco, nervioso con un dejo de incertidumbre y a la vez emocionado por lo que estaba próximo a ocurrir.
—Amor, de pronto de has quedado callado y tan serio, no quise importunarte con mi comentario —Afirmó Ami ruborizada e incómoda por el repentino silencio.
—No, ¿importunarme? Si tus palabras no han hecho más que darme valor para lo que voy a hacer. —Dicho esto, se posó frente a la joven, dejando que su rodilla derecha tocara el piso, acción que sorprendió a la chica y la hizo sonrojar.
—Taiki, ¿qué haces?
—Ami, sé que quizá te parezca prematuro, pero hoy estoy más seguro que nunca de lo que siento por ti, cada día que paso a tu lado, soy más feliz que el anterior, y al tenerte lejos, vivo esperando el momento de estar contigo, pues cada vez que nos despedimos, me es más difícil separarme de tu lado. Ami, mi dulce princesa, ante las estrellas como testigos, quiero pedirte que seas mi esposa. —Tomó entonces la mano izquierda de Ami y puso en su dedo anular un precioso anillo de platino, con un diamante redondo al centro; escoltado por seis zafiros azules, tres a la izquierda y tres a la derecha.
La joven quedó boquiabierta, no esperó jamás lo que acababa de escuchar, en su mente se repetía una y otra vez frases como "es muy pronto", "sería un error", "somos muy jóvenes". Sin embargo, ésta vez escucharía a su corazón que le decía a gritos que aceptara.
—Taiki, yo… yo...
Los titubeos de la ojiazul, sólo avivaron los nervios del pobre hombre arrodillado frente a ella, no estaba seguro de poder soportar una negativa como respuesta.
Ami descendió a la altura de Taiki, lo miró firmemente y procedió a contestar, pues su respuesta le asfixiaba y tenía que hacerla salir de su garganta.
—¡Acepto! Quiero ser tu esposa, porque te amo y yo tampoco quiero separarme ya más de ti. No quiero pensar en nada que no seamos tú y yo.
Aprovechando la proximidad entre ambos, Taiki besó a Ami con ternura, emoción, con alegría y plenitud. La luna hacía labor de reflector, por lo que la escena era de lo más espectacular, misma que fue captada por un paparazzi sin que ninguno lo advirtiera.
Hubo un breve silencio, mientras se contemplaban, ella en ésos ojos lavanda que tantas veces la vieron con recelo, pero ahora en ellos solo veía amor. Él se sumergía en esa mirada intensa, cual océano, en esos ojitos de niña que soñaba cada noche y anhelaba que lo miraran como lo hacían en ese momento.
Así como sus miradas, sus labios se encontraron en un nuevo beso lleno de amor. Al separarse, Ami se quedó pensativa un instante.
—¿Pasa algo mi amor?—indagó con genuino interés.
—Nada, solo que me preguntaba sí… Taiki… ¿Te quedarías conmigo esta noche? ¿Por favor? —preguntó tímidamente. —No quisiera estar sola, no esta noche.
—Sí tú quieres, sabes que no soy capaz de decirte que no —contestó cariñosamente —lo mejor será que nos pongamos de pie, ésta posición no es precisamente cómoda. —Y así lo hizo, el castaño se levantó y ayudó a Ami a incorporarse.
Caminaban por el parque tomados de la mano, tejiendo sueños que esperaban convertir en realidades inolvidables, con el corazón a mil por hora, cuando de pronto Ami bostezó.
—¿Lo siento! —exclamó algo apenada.
—No, perdóname tú a mí, he sido un inconciente, mañana aun hay clases y yo estoy distrayéndote en vez de llevarte a casa para que puedas descansar.
—Pero yo estoy disfrutando el paseo —respondió Ami cual pequeña que ha sido regañada por su padre.
—Lo mejor, es ir a casa —replicó el muchacho dulcemente.
—Está bien —Ami se desanimó un poco, pero en verdad necesitaba dormir o tendría problemas para concentrarse en la escuela.
—Una vez en el vehículo, se sentaron muy cerca el uno del otro, aun llenos de emoción por todo lo vivido y se regalaron un beso tierno que se tornó más intenso a cada instante, sólo se alejaban algunos momentos para tomar un poco de aire, los besos subían más y más de tono. Hasta que Taiki se separó de golpe, lo que desconcertó a Ami.
— ¿Ocurre algo? —preguntó un poco confundida.
—No, nada, sucede que si seguimos con esto no podré parar y no quiero…
—Pero yo no te he pedido que pares, —expuso la chica con una seguridad pocas veces vista en ella.
—Ami yo… es que...
Taiki no pudo terminar la frase, pues sus labios fueron presa de los de la jovencita de ojos azules, quien parecía tener la certeza de a donde quería llegar.
—Ami, estoy perdiendo el control, tú me gustas mucho y…
—Y tú a mí
—Ami… me fascinas tienes algo que me atrapa, que me hechiza, que me seduce, de continuar así no podré…
—Shhhh… calla…
—Sí pero lo que quiero decir es que… —nuevamente fue interrumpido por la joven.
—No me digas nada Taiki, sólo escúchame, porque no creo tener el valor de decirlo por segunda vez: quiero que me hagas tu mujer…
El hombre quedó estupefacto, no sabía que decir, se encontraba sorprendido de semejante declaración, así que no dijo nada, se limitó a responder como era propio, besándola amorosamente, después de todo, él deseaba ese encuentro tanto como ella.
—¿Le he dicho cuán hermosa luce ésta noche señorita Mizuno?
—No puedo recordarlo, si lo dice una vez más no me molestaría en lo absoluto. —Respondió coquetamente la joven.
—Eres hermosa mi niña, eres el ángel que siempre soñé tener entre mis brazos y te amo.
—¡Taiki! —Exclamó Ami enternecida y volvió a besarle dulcemente.
Así continuaron durante el trayecto al departamento de la muchacha, entre besos y caricias atrevidas, el tiempo se hizo corto.
Llegaron a casa de Ami, Taiki despidió a la limusina, para después tomar a Ami de la mano, trataron de calmarse un poco antes de entrar a la recepción, arreglaron un poco su ropa que se encontraba desaliñada por su cercanía en el auto, algo nerviosos y con el corazón dando vuelcos caminaron al interior del edificio.
—Buenas noches señorita Mizuno, señor Kou —Saludó el señor Aizawa.
—Buenas noches, contestaron los jóvenes mientras se dirigían al ascensor. Habiéndose cerrado las puertas de éste, Taiki abrazó a Ami y la besó, tan intensamente como aquella primera vez en el observatorio. Dejando a la chica sin aliento.
Llegando al piso indicado y con un paso fuera del elevador, sumergidos en la pasión de sus besos, el castaño acorraló a la joven contra la pared y la besó vehementemente.
Entre besos, llegaron a la puerta del departamento, Ami abrió como pudo pues estaba por demás excitada. Entraron envueltos en un encendido abrazo, al cerrarse la puerta tras ellos, Ami dejó caer su pequeña bolsa y la chalina que llevaba en sus manos. En un momento en que Taiki se quitaba su corbata y su saco, ella volteó hacia la puerta para asegurarse que las cerraduras estaban en orden.
—Responsable hasta el fin, —dijo él al tiempo que la tomó por la espalda, posando sus manos en sus caderas y atrayéndola hacia él, estando cerca de su oído, se atrevió a preguntar una vez más.
—¿Estás segura?
—Sí… quiero que seas el primer hombre en mi vida —contestó aun con timidez.
El castaño comenzó a besar el cuello de ella con ternura, mientras que su corazón latía a toda prisa, con el sólo roce del aliento de Taiki, la piel de Ami se erizaba y miles de sensaciones la recorrían. Temblaba, no sabía si por miedo o por nerviosismo, pero realmente quería pertenecer a ese joven que le había enseñado lo que significaba amar. Taiki lo notó, y quiso tranquilizarla, abrazándola más fuerte, aumentando la proximidad de sus cuerpos. Luego de tomar lugar frente a ella la miró fijamente.
—Tranquila amor, no te haré daño, tan nuevo es para ti, como lo es para mí y me llena de dicha ser yo el elegido para descubrir ésta forma del amor contigo. Te amo —le susurró al oído. —Quiero llenarte los ojos de estrellas, quiero tocarte el alma y el corazón, quiero ser el único que bese tus labios, el único que te tenga entre sus brazos, quiero que seamos uno para siempre.
Ami se conmovió, no podía esta más segura de su decisión ni de sus sentimientos, realmente estaba enamorada.
— Yo quiero ser tu sueño hecho realidad, deshacerme del miedo que me invade y hacerte saber que te amo más que a nada, que eres y serás el amor de mi vida.
Así comenzaron una nueva oleada de besos que poco a poco se fueron haciendo más exigentes. Ami comenzó a desabotonar la camisa de Taiki entre cada beso y cada traviesa caricia. Una vez que el pecho de él quedó descubierto, ella lo recorrió con sus delicadas manos entre tanto él viajaba con su boca por el cuello de la ojiazul. Los besos pasaron del cuello a la boca de la joven, apasionados y a la vez delicados. Poco a poco caminaron hasta la habitación de ella y una vez ahí Taiki cerró la puerta, aun no habiendo nadie en la casa, quería guardar ese momento entre aquellas cuatro paredes. Lentamente bajó el cierre del ligero vestido azul y delicadamente lo hizo caer al piso dejando a la vista la bien torneada figura de Ami quien se sonrojó al instante, mientras que Taiki la tomó en brazos para llevarla a la cama, dejándola lentamente sobre ella y besándola de nuevo dulcemente. Taiki se volvió un instante para tomar una rosa del arreglo que horas antes le había mandado y que Ami había puesto en la mesa de noche para contemplarlas y soñar con su amor. Con aquella rosa carmesí en sus manos, Taiki miro un instante a la chica tendida sobre la cama, como si fuera la más sublime y hermosa obra de arte.
—Eres divina —dijo con una voz fascinante y apenas audible.
—No me mires así, me avergüenzas —declaró Ami totalmente sonrojada.
—Vergüenza, ¿por qué? Si eres lo más bonito que he visto, quiero que te sientas admirada, deseada y bella. — Taiki no sólo decía aquellas palabras para halagar a Ami, sino como la más veraz declaración, para él, Ami era todas esas cosas y mucho más.
Fue aquella rosa una cómplice perfecta para la seducción, pues con ella comenzó a recorrer el cuerpo de la joven, empezó por su rostro, hasta su cuello, siguiendo el camino hasta sus pechos, deteniéndose un momento a contemplar lo que por tanto tiempo le había sido oculto, siguió hasta su vientre, paseando por ahí algunos segundos mientras que la piel de ella reaccionaba a tal estímulo. Siguió hasta descender a la parte más íntima de aquel virginal cuerpo, bajó despacio por aquellas largas piernas llegando finalmente hasta los pies de la muchacha. Era como sí trazara un mapa, una ruta sugerente que pensaba transitar después de una forma más placentera.
Aprovechó para quitar las zapatillas de aquellos perfectos pies, que besó con suavidad. Con sus labios, siguió el mismo trayecto que antes dibujó con la rosa, acción que provocó que Ami se estremeciera, su respiración ya estaba totalmente agitada.
Cuando él llegó nuevamente hasta la boca de la joven, ella aprovechó para jalarlo de la camisa que aún llevaba puesta.
— ¿No te parece que me llevas mucha ventaja?— Preguntó coqueta.
— ¿Cómo?—cuestionó ingenuo
—Ven acá. —Lo tomó del cuello y lo besó mientras que lo liberaba al fin de la prenda. Para seguir después con el pantalón
—Vaya, mi mujercita atrevida —le dijo, regalándole una sensual mirada que la invitaba a seguir.
—Ayúdame —ordenó Ami con una vocecita infantil al tiempo que a su rostro subían los colores. Sin decir más, Taiki obedeció la orden despojándose totalmente de la ropa restante, quedando totalmente desnudo frente a su amada, al caer en cuenta de ello, un leve rubor se apoderó de sus mejillas, lo que causó ternura en Ami quien le sonrió cómplicemente.
—Ahora eres tú quien lleva la ventaja, pero pienso arreglarlo ahora mismo. La tomó entre sus brazos besándola nuevamente con ferviente deseo y así quitó el sujetador, aunque por la premura sin quererlo pellizcó a la chica.
— ¡Oye! — exclamó ella y en venganza le dio un pequeño y juguetón mordisco en el cuello.
Taiki se deshizo de la prenda tan rápido como pudo —Con que ésas tenemos dijo abalanzándose sobre la joven, tumbándola sobre la cama y comenzó a besarla nuevamente en el cuello y le daba pequeñas mordiditas que no hacían más que provocar miles de sensaciones a la muchacha.
—Aún falta algo… —musitó el hombre y lentamente paseó con las yemas de sus dedos por la pelvis de la joven, acarició aquellos firmes y perfectos glúteos, extrayendo algunos suspiros de Ami, después de indagar un poco, decidió a quitar última de las prendas que cubría la parte más íntima de la joven.
—Ahora sí estamos en igualdad de circunstancias —dijo juguetonamente Taiki
—Así parece— afirmó ella, aunque no podía evitar la vergüenza que sentía al estar por primera vez en completa desnudez frente a un hombre.
El hombre la miraba alucinado, su musa estaba frente a él dispuesta a ser suya. Y él anhelaba volcar en ella todas las fantasías que había tejido durante tantas noches, pero también deseaba hacer de ese momento la experiencia más gloriosa para su princesa. Entonces decidió continuar con el camino trazado con anterioridad, apresando nuevamente los labios de su amada, la pasión era tal que les resultaba difícil respirar.
Se envolvieron en un torbellino de besos y caricias, explorando cada rincón de sus cuerpos, experimentando un placer inédito, ambos sintieron que eran el complemento perfecto, el uno del otro, como si sus cuerpos hubiesen sido esculpidos de tal manera que embonaran a la perfección, como las piezas de un rompecabezas.
Taiki disfrutaba acariciando la tersa y blanca piel de Ami mientras que ella recorría con sus manos la varonil figura de quien la abrazaba.
En cada caricia desbordaban el alma y cada beso entregado con pasión era un grito desesperado diciendo "te amo" era una mezcla entre fuego y ternura inexplicable. Ningún recoveco quedó sin reconocer, cada espacio de piel, de pies a cabeza, fue reclamado por ambos como suyo. Juntos llegaron al éxtasis fundieron sus cuerpos en uno solo tal y como lo eran ya sus corazones y agotados cayeron rendidos sobre la cama.
El miedo en Ami se había marchado ya, dándole la certeza de que no importaba lo que trajera el futuro, ése día había sido el más maravilloso de su vida.
Taiki miraba al hada de sus sueños, en silencio, después de lo vivido, las palabras salían sobrando. Todavía él estaba sin creer que lo sucedido fuera más que un sueño.
Taiki por su parte aun estaba incrédulo, no esperó nunca que sus anhelos del pasado se materializaran ante él de aquella forma, estaba emocionado y lleno de esperanza, sabía que Ami había puesto en sus manos su corazón y su felicidad, por lo que haría todo para no fallarle. Por su parte Ami estaba casi al borde del llanto, porque después de tanto añorarlo, aquel joven de quien se enamoró tiempo atrás, estaba ahí a su lado, borrando con amor todos esos años de soledad y tristeza.
Se habían entregado todo el amor contenido, en cada beso, cada caricia, en cada palabra; inclusive en la pasión desbordada de instantes atrás. Así vencidos por el cansancio se quedaron dormidos, abrazados, sintiendo el cobijo de la piel el uno del otro.
Nada podría borrar la experiencia vivida, nadie podría explicar lo que ambos sentían, aquella habitación que fue refugio de una pequeña solitaria, aquella alcoba que había sido confidente silenciosa de las penas y alegrías de ésa niña, había sido testigo del nacimiento de una mujer.
Tras un par de horas Taiki despertó, era tal el torrente de pensamientos y emociones que lo invadía, que no pudo conciliar el sueño, cuidadosamente se levantó para no despertar a Ami, la cubrió, pues ya se sentía un poco de frío, la contempló por unos instantes mientras ella dormía plácidamente. Fue hacia el escritorio de la joven y buscó lo necesario para escribir, pues deseaba plasmar la experiencia vivida de la manera que él sabía hacerlo.
Descubrí
Esta noche te he amado sin mesura
en tus brazos he perdido la cordura,
te concedí toda pasión en mi guardada
y mi alma ha quedado a ti prendada.
Descubrí que puedo derrumbarme
con el tibio toque de tus manos,
que mi sed sólo puede apagarse
con el dulce elixir de tus labios.
Me quedaron tus caricias cual tatuaje
tus besos fueron para mí de amor brebaje,
grabados en mi ser han quedado tus lunares
y tu aroma en mi piel es el mejor de los perfumes
La luna fue testigo del amor que te profeso
nuestro lecho vio saciado el apetito,
de dos amantes que cedieron al deseo
y entregaron todo por el todo.
=T.K.=
Una vez terminado, Taiki regresó a la cama, al lado de su ahora mujer, Ami entre sueños, se acomodó entre los brazos de él, reconociéndolos como su hogar y se acurrucó como una niña pequeña sobre su pecho. Taiki la abrazó y volvió a dormir satisfecho.
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Bueno, ¿Qué les pareció?
En lo personal, me emocioné muchísimo haciendo éste capítulo. Para quienes están en mi Fb, allá puse la imagen del precioso anillo de compromiso.
Quiero agradecer a Lirit-N, amiga gracias por acompañarme en esta locura, eres un regalo y mi mejor cómplice TQM.
Gracias Usagi Brouillard, por tu amistad, tu paciencia y consejos, yo sé que no es lo que esperabas, pero de cualquier modo, deseo que sea de tu agrado.
Niñas hermosas, a todas muchísimas gracias por pasar a leer, gracias sus reviews, por agregarme a sus favoritos, por hacerme sonreír con sus comentarios, por las correcciones y recomendaciones que me han hecho, en fin ¡MILLONES DE GRACIAS POR SER PARTE DE ESTO!
