Disclaimer: Hellsing no me pertenece pero Erine y lo que me invente sí.
Beta-Reader: Elena-Unduli
PITCH BLACK
CAPÍTULO 8: HEART OF DARKNESS
"¿Porqué siempre me pasa igual?"
Dos días después, aún pensaba en lo que había pasado con mi secuestrador... por segunda vez. Y esta vez había ido un poco más lejos. En pocos días me habían atacado dos veces, en las dos me salvó mi secuestrador y las dos habían acabado en mi habitación... y, bueno, eso. "Por suerte no ha llegado TAN lejos."
Aquella tarde estaba tumbada en mi cama como había estado haciendo desde entonces ―no había salido de mi habitación para nada. Prácticamente ya no me dolía el cuerpo, tan solo un poco el cuello y los cortes apenas los notaba. Lo que más dolorido tenía era mi muñeca y con cualquier gesto me dolía un poco, aunque tampoco era como para hacer un drama. Además cada mediodía él venía, comía conmigo y me ponía aquella pomada. Ya ni le daba las gracias, no fuese a ser que sonriera e hiciera algo que desencadenase un tercer beso com aquél. Aunque eso sí, ahora siempre se despedía con un corto beso al que nunca respondía y que siempre me hacía ruborizar.
No estaba para nada aburrida sumergida como estaba en mis pensamientos. Seguramente así fue como Schrödinger descubrió nuestro segundo encuentro. Él y su manía de leerme la mente... Desde entonces estuvo más pesado aún. "Juro que como siga así, algún día cogeré la pistola y le pegaré un tiro", me decía mientras ponía mi cabeza bajo la almohada tratando de no escucharle.
Llegó la hora de la cena y, como el niño estaba en mi habitación tocándome las narices, llegó el Doc con dos bandejas refunfuñando. Me pregunté qué había sido de aquel mayordomo que solo había venido dos veces ha traerme la comida.
― Maldito criajo... ―dejó las bandejas en la mesa.
― ¡Anda! ¡Hola, Doc! ―corrió a abrazarle con una sonrisa, pero le paró poniéndole una mano en la cabeza. Aún así, el niño seguía haciendo fuerza para conseguir su propósito... que obviamente enfadaría más al loco. Y sin dejar la sonrisa, claro.
― ¡Ni hola ni hostias! ¡Qué esto deberías estar haciéndolo tú, no yo!
― ¿Eh? ¿El qué? ¿Agarrarme la cabeza? ―dijo fingiendo incomprensión.
― ¡No, imbécil! ¡Traer la comida es lo que deberías de haber hecho!
― Aaaahhh, eso... Es que estaba molestando a Erine y se me ha olvidado.
― Pues para un trabajo que tienes ya podrías hacerlo bien, ¿no? ¡Qué no cuesta tanto!
El Doc le dió un golpe en la cabeza, haciendo que Schrödinger se llevara las manos ahí.
― ¡Eh! ¿Por qué has hecho eso?
Mientras discutían, me levanté y me senté en una de las sillas. "Menos mal que está aquí el loco, así distrae al niño", pensé. Empecé a comer ―no iba a esperar a nadie― y me puse a mirar el espectáculo.
― Vamos, Doc, no seas tan pesado... Deberías buscarte una novia.
― ¿Acaso no escuchas cuando se te hab... ¿ ¡¿Qué?! ¿Qué me...? ¡¿Qué?! ¿Qué te has fumado, niño? ¡No necesito nada de eso!
― Venga, tampoco puede ser tan difícil... aunque, pensándolo mejor, tu lo tienes complicado, igual con tu afición a los experimentos las auyentas. Como no la secuestres... ―se puso pensativo y murmuró― Hombre, al Capi no le está yendo mal... Espera. ―entrecerró los ojos como si sospechase algo― ¿No serás... de la otra cera?
― ¿Estás insinuando lo que creo que estás insinuando?
No pude evitarlo. Empecé a reír con solo imaginarme al loco con novia. O novio. Aunque esa imagen también me daba escalofríos e hizo que sintiera lástima por aquella pobre chica o chico imaginario. Toda aquella escena me estaba relajando y me distraía.
― ¿Ves? ¡Erine me da la razón! ―ahora reíamos ambos, mientras que el Doc parecía entre enfadado y traumatizado.
En ese momento entró mi secuestrador, justo cuando mi risa comenzó a disminuir. Nos miró, confundido.
― ¡Eh, Hans, ríete tú también del Doc y su "novia"!
Volví a reír y mi secuestrador parecía divertido. Comenzó reír un poco mientra se quitaba la gorra y el abrigo.
― Oh, venga, ¿tú también? ―ahora sí que estaba enfadado el Doc― Pero bueno, ¿Y vosotros que sabeis? ¿Y si la tuviese qué?
Ese último comentario nos hizo explotar en carcajadas. Yo hasta lloraba de la risa. El Doc se puso rojo de furia y decidió marcharse dando un portazo. Al cabo de unos segundos, ya habíamos parado de reír y mi secuestrador se había sentado. Todos teníamos ahora una sonrisa en la cara.
― Bueno, yo me voy, que aquí no tengo anda que hacer. Creo que iré a molestar al Doc y a su "novia" ―salió y antes de cerrar la puerta dijo― ¡Nos vemos después!
"¿Después? No jodas que va a venir otra vez a molestar", pensé. Continué comiendo y él empezó. Cenamos en silencio como tantas otras veces y mis pensamientos me invadieron de nuevo al no haber ninguna distracción.
Esta vez acabé antes que él, me levanté y volví a tumbarme en la cama. Cerré los ojos. Me estaba entrando sueño, empecé a dormirme...
Noté movimiento a mi lado. Abrí los ojos y vi a mi secuestrador con una mano adelantada. "¿A dónde me quiere llevar ahora?" Suspiré y, cogiéndole la mano, me levanté.
Salimos de la habitación ―con nuestras manos aún unidas― y comenzamos a hacer el mismo camino que hacía unos días hice con Schrödinger. Fruncí el ceño.
― Espera, ¿vamos a pasar otro de esos "buenos momentos en familia"?
Se limitó a sonreír. Yo no volví a decir nada en lo que quedaba de camino y estuve tensa. "A esto era a lo que se refería cuando dijo '¡Nos vemos después!'", me dije. Llegamos a la doble puerta, la abrió y rápidamente solté su mano. Todos ―tanto los soldados como la élite de la organización y el jefe― se habían girado ya para ver quién había entrado. "Ni de coña dejo que me vean cogida de su mano". Pero pasó algo que no me esperaba. Me cogió de la barbilla y me dió uno de esos besos que me daba cuando se despedía de mí. Me había cogido por sorpresa y me enfadé. Le golpeé y me cruzé de brazos mientras él ocupaba su puesto al lado del Major con una sonrisa.
Como era de esperar, ahora todos los presentes sonreían, y alguno reía. Incluso sonó algún silbido. En mi vida me había sonrojado tanto y me estaba enfadando muchísimo. Miré con odio a mi secuestrador.
― Oh, vamos, vamos, dejad a la pobre chica tranquila ―dijo el Major―. Bueno, ya era hora, esta va a ser una noche muy entretenida, quizá más interesante que la otra vez. ¡Y esta vez hay imagen!
El Doc sacó su mando y pulsó un botón. Las pantallas mostraron varios sitios: varias cámaras mostraban los alrededores de un hotel y un pasillo del interior estaba enfocado desde varias perspectivas. En la pantalla central estaba la puerta principal del hotel.
Se empezaron a escuchar sirenas y coches frenando de golpe. La Brigada Antiterrorista y la prensa habían llegado a las puertas del hotel y se estaban colocando en sus puestos. Incluso vi a algún francotirador.
― Doc, pon el canal de noticias. Y vosotros iros ya. Sino os lo perderéis.
El loco pulsó un botón y apareció la imagen de un hombre frente al hotel. "¿Irse? ¿A dónde?", me pregunté.
Aquí Julio Edwards para NKT de Brasil, reportando en vivo desde la entrada del hotel Lio donde la tensión es muy alta.
"¿Brasil? Igual nosotros también estamos aquí. ¿Entonces han planeado alguna de las suyas en el lugar donde se esconden? No, no creo...". Mostraron imagenes de lo que parecía que era el restaurante del hotel y vi como las fuerzas de seguridad avanzaban. Pero no alcancé a ver mucho más porque mi secuestrador me cogió del hombro y me guió hacia la puerta.
Hace treinta minutos dos terroristas armados, un hombre y una mujer, comenzaron a matar empleados del hotel Lio y tienen a cien personas como rehenes. Actualmente, estan en una calma aparente. La policia y los militares estan en espera, la situación es inusualmente tensa.
― ¿Eh? ¿Yo también voy?
― Por supuesto, ya verás que bien que te lo pasas―dijo el Major.
Oh, la policia muestra imágenes de los dos terroristas.
No llegué a ver quienes eran. El niño, la chica de gafas, mi secuestrador y yo salimos de allí. Y para mi sorpresa, también del zepelín. Como supuse al saber que el zepelín había aterrizado en algún lugar, estábamos en un almacén como el de las afueras de Londres, pero este era mucho más grande y habían más zepelines y vehículos. Nos dirigimos hacia un Jeep. Yo cada vez entendía menos lo que estaba pasando. Pero la chica de gafas parecía contenta.
Mi secuestrador conducía y Schrödinger iba en el asiento del copiloto. Al salir de aquel enorme almacén eché una mirada hacia atrás y vi muchos más almacenes como aquel. "Dios, vaya un ejército", pensé, "Como tengan lo mismo en esos almacenes, van a armar una buena en Londres." Fruncí el ceño y dejé de fijarme en el paisaje, y la chica aquella empezó a tararear una canción. Parecía ópera.
Casi no me di cuenta de que habíamos parado. Al salir del Jeep me sorprendí. Podía ver el hotel de las noticias aunque estábamos algo apartados, supongo que para pasar desapercibidos. "Pues sí que estamos en Brasil. No jodas... ¿Quieren que lo vea en directo?" Fuimos al edificio más cercano al hotel, entramos y comenzamos a subir escaleras hasta llegar al tejado. Schrödinger se sentó en la cornisa. Había una buena vista del hotel y los alrededores.
De repente, se oyó ruido de metralletas desde el interior del hotel. La acción había empezado y había manchado de sangre las ventanas de una habitación. Aquel sonido cesó y durante unos segundos no se escuchó nada. Pero pese a que el silencio reinaba, los cristales volvieron a teñirse de rojo al cabo de un momento. Lo único que se oía de vez en cuando era un grito de terror. Luego, silencio otra vez.
Pasaron unos minutos sin que pasara nada. "Menos mal que no estoy viendo nada de lo que está pasando allí." Pero los disparos volvieron, y esta vez parecía una pistola. Los gritos fueron en aumento. "¿Qué narices les está matando? ¡Se supone que solo son dos!" Entonces, desde un piso inferior, algo rompió ocho ventanas y salió despedido hacia el cielo, para luego bajar y clavarse en los postes de las banderas.
― ¿Qué es eso? ¡Grabadlo! ¡Traed las cámaras! ― gritaban los periodistas.
Eran hombres. Los policías.
― ¡Joder! ―dije sorprendida― ¿Quién narices puede hacer algo así? ¡Ningún humano...! Oh, claro. El responsable de esta masacre es el que os quereis cargar, ¿no?
― ¡Tu lo has dicho! ― dijo el niño.
― Pues para estar en el bando de los buenos, no parece el típico héroe... más bien, el villano.
― Bueno, nadie dijo que por estar en el lado bueno no fuese cruel y despiadado ― el chico rió.
― La verdad es que Drácula nunca tuvo buena fama.
Entonces la puerta principal se abrió y del hotel salió un hombre con dos pistolas y vestía un abrigo rojo anticuado. Su melena negra se movía a pesar de que no hacía viento, tenía los ojos rojos escondidos tras unas gafas redondas y sonreía ámpliamente haciendo que sus colmillos quedasen a la vista. Los policías empalados parecía que le sirviesen de comité de bienvenida al haber cuatro a cada lado alineados.
El vampiro hizo un gesto con sus manos retándo a los presentes a ir a por él.
― ¡Genial!
― ¿Por qué dices eso, niño? ―dije. Me miró.
― Guerra... ―esta vez la que habló fue la chica de las gafas― ¡Habrá guerra!
Su cara se iluminó y pasó de parecer pacífica a tornarse maníaca. "Venga, otra loca...", pensé, "Pero si lo que dice es cierto..." No pude evitar pensar en lo que estaba por venir.
― ¡Vaya una declaración de guerra más increíble! ¡Dudo que se pueda superar! ―el niño parecía emocionado.
Entonces el hombre que había salido del hotel habló con una voz grave y calmada que ya había escuchado antes.
― Ahora sal. Ya me he aburrido de deshacerme de estos tipos. ¿O quieres que todos mueran?
"¿A quién le está hablando?" Por lo visto, no estaba hablando solo, porque de entre el montón de policías salió el Dandy, que hizo una reverencia. Parecía muy seguro de sí mismo. Pero el otro hombre también.
― Que manera tan espléndida que tienes de cenar. Todo lo que se esperaría del afamado Alucard ―hubo una pausa y se sacó una carta de la manga―. Mi nombre es Tubalcain Alhambra. Mis amigos me llaman "Dandy man".
― ¿Eres el que está a cargo de este montón de miserables?
― No parece muy impresionado ―dije.
― Ni debería. Para él esto no es nada ―contestó el niño.
― También sabíais que el Dandy la va a palmar, ¿no? ―ya ni me sorprendía. Empezaba a conocerlos demasiado bien para mi gusto ―¿Qué dijisteis que sería esto? Uh... Ah, sí, una especie de presentación a... como se llamaba...
― Hellsing.
― Sí, eso. Es eso, ¿no?
― Exacto. Seremos los malos de la película, pero siempre con educación. No se puede entrar en casa de alguien sin permiso, ¿verdad? ―Schrödinger rió.
Volví la vista hacia el hotel. Ya habían acabado de hablar y ahora luchaban, uno con sus cartas y el otro con sus pistolas. Estaban masacrando a la gente de alrededor, pese a que no apuntaban hacia ellos. El suelo comenzó a teñirse de rojo y a llenarse de cuerpos inocentes descuartizados.
"Dios...", me llevé las manos a la boca, estupefacta, "¿Cómo narices esa organización puede tener semejante monstruo? Se supone que protegen a la gente de a pie, ¿no?"
El Dandy recibió un disparo en la cabeza que hizo que se le desfigurara, pero se regeneró, y lanzó sus cartas hacia el otro hombre, dándole de lleno. Pero aquello no era más que el principio. Subió al tejado y el Dandy le siguió caminando por la pared, con una sonrisa confiada.
De pronto, uno de los puestos de la policía explotó. Nos cogió a todos por sorpresa.
― ¿Quién será? ―preguntó la chica.
― Quizá sea la otra chica, Seras Victoria. O quizá sean los mercenarios que contrataron después de que los hermanos aquellos se cargaran a casi todos sus soldados.
― ¿Y cómo sabes tú que han contratado mercenarios? ―le pregunté al niño. Me miró sonriendo misteriosamente.
― Tenemos nuestras fuentes.
Vi a un policía quitarse el pasamontañas alejándose sospechosamente de allí. Tenía el pelo largo recogido en una trenza. Sacó su pistola y disparó a los policías que estaban cerca de allí.
― Ahh, Pip Bernadotte.
― Todavía me acuerdo de su abuelo ―dijo la chica sonriendo inocentemente―. ¡Casi nos pilló! ¡Pero huímos!
― ¿Por qué se carga a los policías?
― Porque han pactado con el Dandy para ser immortales. Ahora son los malos ―me repondió la chica.
La lucha continuaba en el tejado. La risa maníaca de aquel hombre resonaba por todo el lugar. Al Dandy no parecía gustarle que se riera.
― ¡Son ellos! ¡De verdad son ellos! ¡El Último Batallón! ―el hombre paró de reír y miró al Dandy con cara de loco― Que empieze el baile. ¡Te voy a hacer gritar como un cerdo!
Y lucharon. Fue una lucha ensangrentada, pero ninguno quería detenerse. Parecía que no les doliesen las heridas que se inflingían, es más, incluso se regeneraban.
Pero alguien intervino. Una chica con uniforme y unas armas enormes ―¿cómo podía sostenerlas?― empezó a disparar al Dandy. Supuse que sería el segundo terrorista del que hablaban. Fue entonces cuando en Dandy comenzó a perder contra el otro hombre.
Quiso huir, pero no pudo. El vampiro aquel le atrapó y le partió la pierna de una patada. Iba a atravesarle con su brazo cuando por instinto de supervivencia el Dandy se lo cortó con una de sus cartas, lo que no le sirvió de nada, porque en el momento en que sus puños iban a chocar, el otro vampiro rajó su brazo por la mitad.
Estaba alucinando. Nunca había oído ninguna historia en que los vampiros pudieran hacer ese tipo de cosas. "¿Cómo pretenden hacerle frente? ¡Parece invencible!" Entonces, cogió al Dandy.
― Jaque mate, Dandy man. Lleva a cabo la misión que yo te doy. Yo tendré tu vida. Dímelo todo.
Y con estas palabras, le mordió. Y comenzó a arder, como los hermanos Valentine. El espectáculo había acabado.
Ellos comenzaron a caminar, listos para marcharse. La chica estaba contentísima, incluso creí oir un "se lo merece". ¿Tendría ese comentario algo que ver con lo que fuera que pasara en la biblioteca que la hizo salir enfadada?
― ¡Erine, vamos! ¡No querrás que nos descubran! ―Schrödinger se rió.
Reaccioné, me había quedado mirando ensimismada como llegaba un helicóptero en el que se subió la "terrorista". Corrí hacia ellos y al llegar a su altura, se volvieron un poco. Me giré yo también y vi que aquel vampiro nos miraba divertido. "Oh, no..."
― Vaya, vaya, vaya, pero quién tenemos aquí... ¿Habéis venido a disfrutar en primera fila? ―soltó una risa. Luego nos miró un poco confundido― Mmm, ¿por qué os habéis traído una humana? ¿Acaso me habéis traído el postre?
Rió a gusto y yo me asusté al oír aquello. Entonces apareció delante mío y me cogió por la barbilla, sin haberlo visto venir. Creí ver lástima en sus ojos. Mi secuestrador, por primera vez en toda la noche, se movió y se acercó a mí, apuntando a su cabeza. El vampiro se apartó.
― Tranquilo, perro guardián, no os haré nada hoy. Prefiero esperar a que vengáis vosotros y vuestra guerra.
Puso cara de psicópata, haciendo que me estremeciera. En cambio, al niño le parecía gracioso.
― Llevábamos medio siglo sin vernos, ¿eh? ¡Desde lo de Varsovia! ¡A ver si esto puede ser igual o más divertido!
― ¡Maestro! ―era la chica del helicóptero― ¡Tenemos que irnos!
― No hay ninguna prisa, chica policía ―rió―. Esperaré ansioso el día de nuestro encuentro.
Se dió media vuelta y subió al helicóptero. Y nosotros retomamos nuestro camino hacia el Jeep.
Cuando llegamos al zepelín, ya no había nadie en la sala de las pantallas de cine. Solo el jefe, la marimacho y el loco de la bata.
― Que bien, ya han llegado ―dijo el Major―. ¿Qué te ha parecido este segundo acto, Fraülein?
― ...Macabro.
― Ya veo ―rió y se levantó―. Verás, puede que esto te sorprenda, pero tengo que disculparme contigo.
"Ya lo creo que me sorprende. ¿A qué viene esto? ¿Qué quiere?"
― ¿Duele? ―dijo señalando mi muñeca vendada.
― Ya no tanto.
― Siento mucho lo que pasó. Cuando nos encontramos con él, comenzamos a hablar de la guerra y esas cosas, y se me olvidó comentarle que eras nuestra "invitada".
Pese a lo que decia, se notaba que no lo sentía nada en absoluto y ni se molestaba en esconderlo. Era mero formalismo. Todavía tenía esa maldita sonrisa. Me pareció ver que mi secuestrador fruncía el ceño.
― Ya, claro.
― Suerte que el capitán escuchó los disparos, ¿eh? ―soltó una carcajada― Y dime... ¿qué sentiste?
― ¿Que qué sentí?
― Cuando le disparaste.
Su pregunta me extrañó. "La verdad es que no me dió tiempo a sentir nada, estaba demasiado aterrorizada pensando que iba a morir. Y ahora... tampoco me arrepiento. Me habría matado si no lo hubiese hecho."
Su sonrisa se ensanchó y habló antes de que pudiera decir nada.
― Ven, tengo una sorpresa para ti. Los demás volved a vuestros puestos. Excepto Zorin y el capitán ―se dirigió a mi secuestrador―. Necesito que la controles, si fuese necesario.
La marimacho gruñó pero no dijo nada. Salimos de aquella sala. "¿Qué pretende?"
Por lo visto, no era la única que me lo preguntaba, ya que al salir mi secuestrador cambió la cara. Estaba confundido. Y Zorin también.
― ¿A dónde vamos? ―se atrevió a romper el silencio. No parecía que estuviese hablando con su superior, no parecía tenerle ningún respeto. El Major rió.
― Todavía no puedo decir nada.
Llegamos al pasillo donde la marimacho me atacó y giramos por uno de los que se cruzaban con el central, deteniéndonos frente a la puerta de una de las celdas. El Major sacó de su chaqueta mi pistola y me la dió, haciendo que mi secuestrador frunciera el ceño más que antes.
Algo me decía que esto no iba a ser bueno.
El jefe sacó unas llaves de su bolsillo y abrió la puerta de hierro. Dentro había un hombre de unos cuarenta años con uniforme nazi sentado en el suelo apoyándose en la pared. Llevaba la chaqueta desabrochada y la camisa un poco abierta. El tipo alzó la vista y miró con odio al Major.
― Erine, te presento a Herr Standartenführer Warner. ¿Cómo está, coronel?
― Acabarás muerto, Montana.
― Eso ya lo veremos ―rió―. Bueno, Fraülein, adivina para qué te he dado tu pistola. Verás, el coronel ha estado últimamente muy revolucionario, y eso no está bien.
― Si nos hubieses convertido en vampiros como a tu batallón, los altos cargos no tendrían porqué enterarse de lo que planeas. Es más, ¡nos necesitas para lo que quieres hacer! ¡A ti solo te queda demasiado grande! ¡Y encima con solo mil hombres!
― Tengo todo lo que necesito y lo tengo todo bien planeado ―dijo con calma y con una mirada maliciosa―. No os necesito para nada. Si no estuviera seguro de lo que hago no lo haría, créeme, no soy idiota. Además, para cuando se enteren de esto estarán muertos.
― ¡Traidor!
― ¿Traidor, yo? Para nada ―rió―. Fraülein, ¿por qué no haces los honores?
― Ni de coña.
― Sabía que dirías eso. Venga, tampoco cuesta tanto. Además, es de los malos ―volvió a reír.
― He dicho que no. No voy a matar a nadie ―le lancé la pistola.
― Vaya, esperaba que entrases en razón por las buenas, pero ya veo que será imposible. Zorin ―volvió la vista a la marimacho― dime, ¿qué es lo que más deseas en este momento?
― Psé, ¿no es obvio? Cortarle la cabeza a ese ―señaló a mi secuestrador― y a esa ―me señaló a mi.
"Qué rencorosa", pensé.
― Oh, pero solo puedes tener a uno de los dos ―dijo el Major con malícia.
Zorin se lo pensó un poco y decidió. Hizo aparecer su guadaña y, no se si fue porque pilló la indirecta del Major, por molestar a mi secuestrador o porque sabía que no podía con él, se abalanzó sobre mí.
― Espera. Quiero coaccionarla, no matarla. Por ahora.
Tenía la guadaña en mi garganta y me estaba empezando a poner nerviosa.
― Bueno, Fraülein ―me lanzó la pistola― ¿qué harás ahora?
Le miré con desprecio y luego fijé la vista en la pistola que tenía en mi manos. Mi mente estaba dividida en dos y eso me angustiaba.
"No lo haré. No puedo."
"Pero si no lo hago ¡me matan!"
"¡No voy a matar a un ser humano! ¡No soy una asesina!"
"Pero tampoco quiero morir.."
"¿Qué hago?"
"Igual no es tan difícil..."
Alcé la pistola con mi mano temblorosa apuntando a aquel hombre.
"¡No! ¡No puedo! ¡No quiero ser como ellos!"
― Pero si le está temblando la mano, Montana, ¿cómo esperas que me mate? ― el tipo soltó una carcajada.
Tomé una decisión. "O él... o yo."
Dejé la mente en blanco, no pensé en nada. De esa manera pude coger con firmeza el arma y disparar. Comenzó a formarse un charcho de sangre y mi mano cayó dejando ir la pistola, que chocó contra el suelo. Esta vez no había disparado a ciegas.
"Qué he hecho..." Me paralizé, ni siquiera pestañeaba. El Major reía.
― ¡Muy bien, Fraülein, muy bien! ―incluso aplaudía― Zorin, baja la guadaña. Ha hecho su trabajo.
La marimacho gruñó y no hizo nada durante unos segundos. La separó unos centímetros de mi garganta.
― ¡Y una mierda!
Cuando estaba a punto de cortarme el cuello se paró. Mi secuestrador le estaba apuntando, muy enfadado, pero en realidad, hacia rato que mi mente ya no estaba allí.
― ¡Menos mal que me traje al capitán!
La marimacho bajó su guadaña y la hizo desaparecer.
― Bueno, ya es hora de que volvamos, no tenemos nada que hacer aquí ―comenzaron a moverse pero yo no moví un dedo―. Vamos, Fraülein, tienes que descansar. Ha sido un día muy duro y ya es tarde―seguí sin moverme―. Capitán, llévala a su habitación.
Ella y el jefe se fueron y mi secuestrador ―nunca le había visto tan enfadado― me cogió en volandas.
Llegamos a mi habitación y me tumbó en la cama. Me puse de lado, encogida. Al cabo de unos segundos, mi secuestrador me acarició el pelo y me besó la frente. Lentamente, se fue. Y yo me dormí con un único pensamiento en mente:
"¿Qué he hecho?"
Respuestas a los reviews
Zory: Si, sé que la chavala es tonta... ¡encima que hago que el Capi le vaya detrás! Llego a ser yo y habría pasado eso y más... jujuju
Paolita-chan: No hay de que extrañarse, en Millenium no hay ni uno cuerdo XDD
SeReNa: ¿Por qué la mantienen viva? Bueno, la chica ya irá suponiendo cosas (ciertas o no). Además no es nada importante XDD
