CAPÍTULO 7

VIVIMOS JUNTOS, ¿O NO?


Loki sabía lo que ella estaba viendo, pero no se encontraba dentro de esos recuerdos como ella; retrocedió en su memoria hasta su niñez, rodeado de los fastuosos salones dorados de Asgard. Wanda estaba ahí, de pie como una intrusa sin ser vista ni oída por las sombras del pasado del dios, pero él estaba atrapado en el recuerdo de su propia persona.

—¡Sácame de aquí, Laufeyson! —gritó la bruja, su voz encendida en cólera.

Ella dio un vistazo al salón en que se encontraba y tomó aire para gritar de nuevo, pero entonces los pequeños príncipes de Asgard pasaron corriendo frente a ella. Ella los miró y los siguió sin ser notada a través de los inmensos pasillos del palacio. Loki torció el gesto; revivir ese recuerdo era más doloroso de lo que ella podía imaginar. El niño que era antes pensaba por sí mismo y actuaba como había actuado en ese momento, pero al mismo tiempo la mente del Loki adulto estaba metida en él. Detestaba revivir recuerdos porque esa sensación lo enfermaba, ser dos mentes en un mismo cuerpo, y él siendo un mero espectador de las acciones de su anterior yo.

Hizo que la versión infantil de él girase la cabeza hacia Wanda, tergiversando el recuerdo ligeramente, sólo para ella. Sabía que ella lo había reconocido.

—¿Cómo llegaste a convertirte en lo que eres? Mira lo tierno que lucías —dijo ella.

Loki le dedicó una mirada fría a través de su pequeño cuerpo y se dio la vuelta, corriendo tras su hermano, cazando el brillo dorado de sus cabellos como si ansiase poseer un poco de su calidez.

Le dolió un infierno revivir su juventud en Asgard; le dolió un infierno porque volvió a oír los pensamientos de su joven yo, y sintió la rabia como si fuese suya en ese momento, y se le vació el alma de todo lo bueno que había creído poseer en un tiempo anterior.

—Te sentías su sombra, sin atención —Loki se sobresaltó al oír a Wanda susurrar a través del recuerdo; casi había olvidado que ella estaba ahí—. No pudiste ver que él te amaba. Te cegaste. Te cegaste con tu hermano.

Él caminó al lado de Thor; el idiota enardecía a la multitud, y Loki sólo lo seguía, sabiendo que ninguno de los gritos alentadores de la gente estaba dirigido a él.

—¡Era tu hermano! —gritó Wanda angustiada— ¡No sabes lo que es perder a un hermano!

Ella estalló en llanto; Loki endureció sus facciones juveniles y se tragó lo que quería decir.

Sí lo sé. Sé lo que es perder a un hermano. Aquel a quien admiraba se deshizo en oro y alabanzas del pueblo, y lo perdí; aquel a quien admiraba resultó ser mi enemigo natural; tal vez hubiera sido mejor que simplemente muriera, porque ahí al menos habría tenido su recuerdo intacto.

—Hijo de Laufey, padre. Sigo llamándote así —dijo Loki, la escena desvaneciéndose dentro de otro nuevo entorno. Sabía que estaba en su apariencia jötunn, incluso sin necesidad de mirar sus propias manos. Obligó a su piel a volver a un tono cálido, sus ojos recobraron el color verde, y giró la cabeza para mirar con desprecio a Wanda.

No tuvo fuerzas para revivir el resto de los recuerdos en total conciencia. Se encerró dentro de su versión del pasado e intentó con todas sus fuerzas no oír ni ver lo que pasaba mientras los últimos sucesos tomaban lugar. No necesitaba sentir esa rabia de nuevo, ni ese dolor, ni nada de eso; no lo necesitaba, no en este momento. Sólo quería que Wanda lo viese, que entendiese, pero el costo era demasiado alto.

Las emociones de su recuerdo lo inundaron de todos modos, traspasando la barrera que intentó poner. Y lo volvió a asentir todo, porque no podía ser de otro modo. Y cuando se soltó de la lanza en el Bifrost, no fue sólo una acción de su recuerdo; el Loki del presente fue quien volvió a abrir la mano voluntariamente para caer al vacío. Sólo que, esta vez, en su mente destellaba un recuerdo de lo que sería el futuro; una mujer llamada Wanda Maximoff, y tal vez una promesa de paz. Revivió el momento en el callejón, y la primera vez que la vio a los ojos, y luego soltó la mano de la bruja y se separó de ese contacto, volviendo a la realidad.

Wanda tenía las mejillas cubiertas de lágrimas, y tardó en abrir los ojos y enfocar el nuevo ambiente. Tardó en adaptarse a la sensación de estar fuera de sus recuerdos, y Loki esperó en silencio el tiempo que fuese necesario. Esperó en silencio a que ella le dijera que tenía que irse, que no pensaba tener a un dios así en su casa. En cualquier momento podía perder el control y destrozar todo y matarla a ella de paso, y no sería tan raro teniendo en cuenta el desequilibrio mental que acababa de ver.

Wanda se puso de pie y rodeó la mesada para acercarse a él. Desde la silla alta, Loki tenía que mirar hacia abajo mientras ella se acercaba.

Y se acercó más de la cuenta; se acercó tanto que Loki se echó un poco para atrás, esperando un golpe. Tal vez por eso se le congeló el aliento en la garganta cuando ella lo abrazó.

Los brazos de la mujer rodearon su cintura; más arriba no podía llegar en esa posición. Loki se encontró con el rostro de ella escondido en su regazo, y otra vez pensó en lo mucho que Wanda Maximoff estaba cambiando su perspectiva de las cosas.

—Lo siento, Loki —dijo ella, y lloraba—. Perdóname. Lo siento mucho, no quise ser tan dura, tan fría; siento haber sido tan poco comprensiva. Aquí me tienes, yo voy a ayudarte a encontrar tu paz. Te lo prometo.

Loki apoyó sus manos en los hombros de Wanda y la alejó de su cuerpo, obligándola a deshacer el abrazo. Su toque fue gentil pero implacable, y el cuerpo de ella obedeció. Por una vez, Loki no midió todo con ojo crítico, sino que permitió que sus emociones tomaran el mando por unos segundos, y siguió su impulso. Inclinó su torso y rozó con los labios la frente de la mujer, en un gesto que nunca había dedicado a nadie en su milenio de vida.

Arrastró luego sus dedos por las mejillas de Wanda, llevándose las lágrimas consigo. Tomó una servilleta de la mesa y se la puso en la mano.

—¿Ves? Por eso no tienes que usar maquillaje —dijo rompiendo el silencio, de nuevo con su tono burlón y altivo—. Estás hecha un desastre. Tienes corrida toda esa porquería negra que te pones en los ojos.

Esa era su forma clara de decir que el momento emocional había terminado y que no pensaba repetirlo por un largo tiempo. Se bajó de la silla alta y metió las manos en los bolsillos de la sudadera, antes de recordar que había sido de Pietro Maximoff y que él estaba muerto. Sacó las manos de los bolsillos como si ahí dentro pudiera llegar a tocar al espíritu del hermano de Wanda.

—Se llama delineador —espetó ella, a medio camino entre la risa y las lágrimas—. ¿Por qué tienes que arruinar todos los momentos emotivos?

—Porque detesto el drama.

Ahora ella sí se rió, en un tono alto y sincero, fijando su mirada en la de él.

—Lamento decírtelo, entonces, pero eres el dios más dramático que he conocido jamás —dejó salir lisa y llanamente mientras reía y se limpiaba el "delineador" con la servilleta. No logró mejorarlo mucho, y Loki tomó otra servilleta.

—Quédate quieta —ordenó con exasperación, murmurando un encantamiento en el trozo de papel para quitar la suciedad. Pasó la servilleta con precisión y cuidado alrededor de los ojos de la bruja, evitando quedarse perdido en ellos. La servilleta se llevó todo rastro de maquillaje como si nunca hubiese existido, y Loki dio un paso atrás recién cuando el resultado fue satisfactorio.

Ella no parecía saber cómo reaccionar, así que él chasqueó los dedos frente a su rostro.

—¿No dijiste que te ibas a bañar y que luego saldríamos a comprar ropa? —exigió y luego no pudo evitar hacer la broma obligatoria en esa situación, enarcando las cejas—. Puedo bañarme contigo si quieres, así ahorramos agua.

—¡JA! —dejó salir Wanda, como si no pudiese creerse el descaro, pero él sabía que le había hecho gracia—. Primero, tú no pareces el tipo de persona que ahorra nada. Segundo, acabas de bañarte, tu sugerencia no tiene sentido. Tercero… —y se quedó ahí, con tres dedos alzados en el aire, intentando buscar una tercera razón.

Loki se empezó a reír y la dejó ahí con sus tres dedos en el aire y luchando por encontrar una tercera razón inexistente para probar la invalidez de su argumento, mientras él se iba a sentar al sofá rojo. Segundos más tarde oyó los pasos enfurecidos de la mujer y la puerta del baño cerrándose de un portazo.

Escuchó el agua del baño empezar a correr mientras él iba a la habitación de ella. Se imaginó a Wanda duchándose, y su cuerpo reaccionó de una forma evidente ante esa imagen. Compuso una sonrisa para sí mismo y se cruzó de piernas sobre la cama, posando ambas manos en sus rodillas y cerrando los ojos.

Dedicó el momento que se encontraba a solas para extender su mente en meditación, desplegando su consciencia sobre la ciudad. Su magia se encontraba más que debilitada, pero con el debido entrenamiento y descanso volvería a estar en forma pronto. Era más agotador que combatir físicamente, pero Loki lo disfrutaba más. La magia siempre había sido una extensión de su cuerpo, más fácil de manejar que una espada; encontraba placer y satisfacción en usarla, tanto como Thor amaba usar su martillo y sus puños.

La voz de Wanda lo sacó de su trance, justo cuando estaba a punto de alcanzar la mente de la persona número veintiuno que pasaba por la calle.

—Qué ridícula. ¿Cómo pudiste ser tan mal pensada, Wanda? ¡Por Dios! Pietro te hubiese matado si te hubiese visto. Eres una idiota. Te lo juro. Tenías que haber dicho algo, lo que fuese. ¿Qué sé yo, Wanda Maximoff? Tenías que haberle dicho que...

—¡Hey! ¡Brujita rara! ¡Deja de hablar sola! ¡Estás loca, Wanda! —le gritó Loki, a medias molesto porque ella había interrumpido su entrenamiento, y a medias divertido porque sabía exactamente a qué se refería ella con esas palabras. Así que él le gustaba, o algo parecido.

—¡Déjame en paz, Lokito! —contraatacó ella desde atrás de la puerta cerrada del baño.

—¡Loki, Wanda! ¡Es Loki! No te pases de lista.

La oyó reír y decidió abrir los ojos, esperándola. Tardó unos minutos antes de que el pomo de la puerta girase y ella apareciese en el umbral. Totalmente vestida, desgraciadamente. Ella elevó una ceja, expectante.

—Loki, ¿qué hubiese sucedido si llego a salir sin ropa del baño? —inquirió ella con calma.

"Me hubiese deleitado con la vista."

—Teniendo en cuenta que eres tú —se detuvo y sonrió ligeramente hacia ella—, probablemente hubieses chillado y me hubieses lanzado de la cama usando tu precioso poder. ¿Me equivoco?

Wanda ladeó la cabeza, como si analizara la respuesta del dios. Él sabía que tenía razón.

—Buena respuesta —terminó contestando ella, mientras rodeaba la cama e iba a su tocador—. Aunque probablemente también te hubiese golpeado y pateado hasta expulsarte de la habitación y cerrarte la puerta en la cara. Idiota.

Loki dejó escapar una leve risa de diversión ante tan descriptiva respuesta. Se quedó mirándola fijo mientras ella tomaba una cajita y sacaba brochas y lápices. Wanda conectó su mirada con la de Loki a través del espejo, sonrió retadora y se inclinó hacia adelante para ver mejor su propio reflejo.

Loki torció el gesto con desprecio e incredulidad.

—No me digas que vas a poner esa cosa nuevamente en tu cara.

—¿Qué crees?

—Mejor me trago lo que creo.

Loki observó el reflejo de ella mientras la mujer se aplicaba maquillaje. Decidió tragarse la información de que en Asgard eran las prostitutas quienes usaban maquillaje. No sería bienvenido.

Ella terminó de hacer lo que hacía, recogió sus cosas de la mesita de noche y se giró a encarar al dios, quien enarcó ligeramente una ceja, sonriente.

—Me alegra que al fin aprendieras a cerrar la boca. Ya podemos irnos a comprar tu preciada ropa, querido Príncipe de Asgard.

Loki transformó su sonrisa en un gesto juguetón y seductor, mientras la recorría de pies a cabeza con la mirada, sin recato alguno. Ciertamente, se pintaba y vestía a propósito para despertar su instinto animal.

—Yo no me quedo callado, Wanda. Lo que pasa es que encontré absurdo el aquello de seguirte el juego.

—Loki, me encanta que creas eso —contestó ella con una pequeña sonrisa cínica. Al parecer ella no podía quedarse callada. Eran tal para cual—. Sin embargo, yo creo que juegas mi juego desde la primera vez que me viste. ¿No te parece? —achinó ligeramente los ojos con una sonrisa—. Piénsalo.

¿Él jugaba el juego de ella? ¿O era al revés? Loki negó con la cabeza sin ceder en su sonrisa, mientras la bruja se daba media vuelta y salía del apartamento sin dedicarle una segunda mirada.

Loki se calzó sus botas, que se encontraban en el baño, y salió detrás de ella antes de que cerrase la puerta con llave.


Disfrutó la salida; no pensó que lo haría. Le hizo gastar más dinero del debido a la mujer porque se le antojó comida y helado, e insistió y se enfureció e hizo desastres hasta que ella cedió.

—¡Acabas de comer! —le dijo ella, pero el desayuno no había sido suficiente para su metabolismo asgardiano.

Rechazó toda la ropa que le mostró la vendedora hasta que Wanda decidió como último recurso llevarlo a una sastrería a ver trajes. Eso satisfizo a Loki, que dejó que le tomasen las medidas para confeccionar un traje. A pedido de Wanda, que se veía desesperada y le decía que un traje era demasiado formal, terminó cediendo y accediendo a elegir también un par de jeans, una camiseta y una sudadera. Y unas zapatillas, porque las botas de Loki no encajaban con la ropa de Midgard.

—Me vas a dejar sin un centavo —se lamentó Wanda.

—Replicar dinero midgardiano es pan comido para mí cuando estoy en mis óptimas condiciones. Te lo devolveré cuando vuelva a tener control de mis poderes —contestó Loki, riendo y evitando que el vendedor lo oyese.

Wanda pareció tranquilizarse ante esa afirmación, y terminó de pagar sin refunfuñar más.


Cuando estaban de vuelta hacia el apartamento, cerca del mediodía, Wanda paró en un supermercado para comprar comida. En la salida, los interceptó una adolescente.

—¿Eres Wanda? —casi chilló, muy emocionada— ¿La Bruja Escarlata?

Wanda se veía incómoda, pero asintió.

—Sí, soy yo.

—¡Ah! —chilló ahora— ¡Te admiro muchísimo! ¡Te vi en la televisión un montón! ¿Puedo tomarte una foto? Mis amigas van a morirse de envidia.

—Ehm... Vale —murmuró Wanda, y le pasó las bolsas de compras a Loki. Eso llevó la atención de la fanática hacia Loki.

—¿Quién es él? ¿Amigo? ¿Pareja?

—Preguntas demasiado, niña —espetó Loki, dado que Wanda no sabía cómo responder al interrogatorio. Tan segura y orgullosa con él, pero tan tímida en público—. Soy quien se encarga de sacar del camino a los curiosos.

Wanda dejó salir un bufido que probablemente era una risa oculta. La otra chica se encogió, asustada ante la amenaza. Loki sonrió satisfecho.

—¿Ibas a sacar una foto o no?

—S-sí...

—Pues adelante —dijo el dios, y rodeó la cintura de Wanda con un brazo antes de que ella reaccionase, justo cuando la chica tomaba la foto.

Wanda mantuvo la compostura hasta que la chica desapareció; luego se dio la vuelta y tiró a Loki contra la pared con un gesto de sus dedos.

—¿Qué demonios pasa contigo, Laufeyson? ¡Ahora Internet hervirá de suposiciones sobre tú y yo! —intentaba no gritar, pero hervía de rabia y eso era evidente—. ¡Vivía tranquila, sabes! Después de lo de mi hermano, fue un hervidero de reporteros del demonio, y tuve que mudarme para que dejasen de molestar. No necesito imbéciles intentando encontrar mi domicilio y haciendo entrevistas estúpidas —cambió su voz para imitar la de una mujer con un tono mucho más agudo y burlón—. ¿Hace cuánto están juntos? ¿Están viviendo juntos? ¿Planean casarse? ¿Cómo es vivir con un dios nórdico? ¿Los Vengadores están enterados? —volvió a su tono de voz enojado y normal—. Lo próximo va a ser Nick Fury en mi casa, diciéndome que eres un peligro para la nación.

Loki esperó pacientemente que ella terminase de hablar. Su sonrisa no había desaparecido a pesar de que se había golpeado la cabeza contra la pared cuando ella lo lanzó hacia atrás.

—Primero —dijo, imitando lo que ella había hecho más temprano alzando los dedos para contar—, nadie me conoce. Apenas si conocen a Thor. Así que no saben quién soy ni qué hice. Segundo, si quieren venir a hacerte preguntas idiotas, me encargaré de sacártelos de encima. Tengo mis métodos. Y tercero, ¿te molesta el "qué dirán"? Porque que yo sepa, es verdad que vivimos juntos, no será un invento del público.

—¡No de ese tipo de vivir juntos! —chilló ella, escandalizada.

—Por ahora.

Eso fue lo único que alcanzó a decir Loki, sonriendo de esa forma que auguraba problemas, antes de que Wanda se agachase, se sacase un zapato y se lo lanzase con tanta puntería que le dio exactamente en el puente de la nariz. Loki se cubrió la cara con las manos y se dobló sobre sí mismo por el dolor, pero a través de sus dedos podía oírse su risa clara y desvergonzada.