Capítulo 7. Revelación
.
Una risa comenzó a llenar el silencio y Emilia volvió a la realidad.
Aun riendo bajó su cabeza, recibiendo los labios de Albert en su frente. Pudo sentir la sonrisa incrédula de él en su piel.
- ¡Poupee! Exclamó Albert, al ver a la pequeña mofeta jugar bajo el faldón del vestido de Emilia.
Emilia no paraba de reír con las cosquillas que le provocaba el travieso animal, y Albert no pudo evitar reír con ella.
Con lágrimas en los ojos y dolor en su abdomen, Emilia detuvo lentamente su risa, suspirando profundamente y observando incrédula al animal y al mismo tiempo, agradecida de haber aparecido justo a tiempo.
- Nunca pensé que tú sí serías "real", dijo en su idioma, con una expresión de sorpresa y voz suave, mientras acercaba su mano con cautela para no asustarlo.
Poupee, se acercó y olfateó la mano, para luego subir a su falda.
Emilia suspiró nuevamente - Tampoco pensé que tu amigo sería real, debo haberme golpeado muy fuerte la cabeza o haber comido algo realmente muy tóxico para estar sumergida en esta locura. ¿Puedes creer que estuve a punto de besarlo?
Poupee levantó su cabeza y la miró de lado, como si la comprendiera. Albert sólo los observaba.
- Sí, sé que no es correcto. Ellos se aman… Poupee se acomodó a su lado, y movió su cabeza como una afirmación, Emilia sonrió ante la reacción. - Hasta tú te das cuenta de ello ¿no es cierto?
Con una sonrisa, miró a Albert, que seguía la conversación entre ellos con incredulidad.
- Poupee nunca se había acercado a otra persona que no fuese yo…
- … Y Candy, añadió Emilia.
Albert miró extrañado - Sí, y a Candy. Pero nunca se comportó así con ninguno de los dos. Poupee vivía en una madriguera detrás de la cabaña. Cuando viví aquí, se acercó a mí por alimento, me costó un poco demostrarle que no le haría daño y con paciencia logré que no arrancara ante mi presencia. Cuando conoció a Candy, no huyó y se mantenía cercano a nosotros, me sorprendió porque ante George o los chicos, desaparecía inmediatamente. Nos dejaba acariciarlo, es cierto, pero siempre se mostraba un poco temeroso.
Emilia lo miró confundida. - Pensé que tú y Poupee serían algo así como ¿inseparables mejores amigos?.
Albert rió ante la afirmación-. Poupee puede ser una gran compañía y un gran oyente, pero raramente te puede aconsejar como lo haría un amigo.
Emilia miró pensativa. - Quizás no le pones la suficiente atención, dijo mientras observaba cómo la mofeta se acicalaba a su lado.
- ¿Qué le dijiste hace un rato?, preguntó intrigado.
Ella pensó por un momento antes de contestar - Le dije que estaba loca… y que a veces la gente podía ser muy ciega.
- ¿Y Poupee te respondió?
- Si, dijo que tenía toda la razón. Emilia, se levantó de la pequeña escalinata y Poupee la miró atento.
Albert arqueó una ceja. - ¿Eso te respondió?
- Bueno, en realidad solo asintió a lo que dije, así que asumo que me encontró la razón, sonrió
Ambos rieron. - Será mejor que volvamos, dijo Emilia, despidiéndose de Poupee con un guiño cómplice y un "Gracias".
Él asintió, y en silencio se encaminó junto a la castaña, ambos dejando atrás lo que casi estuvo por suceder.
- ¿Por qué crees que la gente se ciega? Preguntó el rubio de pronto.
- Tengo dos teorías. Suspiró. - Una es porque son unos completos idiotas…
Albert rió suavemente. - ¿Y la otra?
- Porque es más fácil vivir así, que enfrentar algo que en el fondo te da miedo como vaya a resultar…
.v.v.v.v.v.v.v.v.v.
Al regresar a la mansión, Candy y Terry ya estaban de regreso, y junto a Archie se encontraban en el salón, cada uno inmerso en su propio mundo. Emilia entró en silencio y observó cómo Candy miraba por el ventanal hacia el lugar donde Albert se había quedado dando algunas indicaciones a un empleado. Archie estaba leyendo con una copa en la mano, mientras que Terry observaba a Candy.
Podía notar cómo los ánimos entre todos habían cambiado, el trato era más cordial.
La castaña se acercó al rincón donde estaba el piano, y en su mente se preguntaba dónde estaría Neil, se sentiría mucho más cómoda allí con una sonrisa amigable a su lado.
- ¿Puedo? Preguntó Emilia en voz alta, indicando el instrumento.
Candy salió de sus pensamientos y sus ojos se abrieron expectantes. - ¿Sabes tocar piano?
- Algo, una tía me enseñó cuando era una niña. Pero, hace mucho que no lo hago… confesó.
- ¿Nos deleitarás con algo de Tchaikovski? O ¿quizás con alguna sinfonía de Chopin?, preguntó Archie haciendo un simpático alarde de su distinguida persona.
Emilia miró por un momento a Archie y sonrió. - Quería tocar algo un poco más "nuevo y menos elaborado", dijo resaltando las comillas con sus manos.
Finalmente se sentó frente al piano, y tocó algunas notas sueltas, cuando comenzó con una melodía suave y nueva para todos los presentes. En voz baja comenzó murmurar la letra de lo que parecía una canción.
Todos la observaban atentos, al igual que Albert quien estaba apoyado en el marco de la entrada, de la manera más casual posible observando y escuchando la melodía.
Emilia miró a Candy que estaba frente a ella y pudo notar sus ojos cristalizados. Seguro estaba recordando, pensó, mientras terminaba de tocar.
- ¿Sabes tocar piano? preguntó Neil llegando tarde a la interpretación.
- Algo, respondió escueta, evitando mirar al resto que aun no decía palabras.
- ¿De qué trataba la canción?, me pareció que cantabas, preguntó Archie.
- Es una canción de amor acerca de dos personas muy cercanas que después de separarse, se reencontraron y comprendieron lo que sentían… o aceptaron al fin sus sentimientos, respondió mirando de reojo a Candy y Albert.
Terry se dio cuenta y un atisbo de dolor se reflejó en su mirada, pero nadie lo notó.
- Con que eres una romántica soñadora, dijo Neil a Emilia, arqueando una ceja en un gesto de duda.
- ¡No empieces Neil!, bufó la castaña, para luego sonreír. Se sentía cómoda con su presencia y con sus bromas mutuas, y la distraía de las miradas de Albert.
- Diseñas vestidos, tocas piano, salvas animales. ¿Hay algo que no sepas hacer?, preguntó Albert mirándola curioso.
- Supongo que ya te diste cuenta que no sé cantar, le respondió dando una tímida sonrisa. Y Albert rió asintiendo suavemente.
- Hace mucho calor aquí, interrumpió Candy de pronto. ¿Por qué no vamos todos al lago? Podríamos aprovechar el calor para bañarnos y pasar el resto de la tarde allí, sonrió alegre.
- Sí, podríamos aprovechar la tarde, hace mucho que no me doy un baño en el lago, afirmó Archie entusiasmado.
- Bueno, entonces pediré que nos preparen algo para llevar, mientras se visten con sus trajes de baño, dijo Albert.
Terry miró a su alrededor, parecía que no sentía ganas de ir. - Si yo tampoco tengo muchas ganas, dijo Emilia en su natal español, al pasar por su lado.
- ¡Terry! Qué esperas, ve a cambiarte, gritó Candy entusiasmada desde la entrada del salón. - ¿y tú Emilia? Ve a prepararte también, añadió.
- No tengo traje de baño, dijo la castaña y sonrió a modo de disculpas.
- Yo tampoco tengo traje de baño, dijo Terry, usando la misma excusa para no tener que participar.
- Oh vamos chicos, dijo Albert. - Terry, te puedo prestar uno, hay muchos.
- Si Emilia, y ¡yo te puedo prestar uno mío!, exclamó Candy
Neil rió. - Eso no le va a caber, dijo observando atentamente al cuerpo de la castaña.
- ¡Eres un idiota! le dijo Emilia, dándole un golpe en su brazo, causando la risa de los demás y una mirada de advertencia de Albert a Neil. - Pero tiene razón, Candy, tu ropa no me queda, dijo con resignación.
- ¡Entonces usa el vestido con el que llegaste! Exclamó la rubia entusiasmada.
- Pero un vestido no es cómodo para nadar, dijo Archie de pronto.
- No es un vestido como el que solemos ver acá, respondió Albert con un casi imperceptible rubor en sus mejillas.
Archie arqueó una ceja, intrigado al igual que Neil.
Sin decir más palabras, Emilia dio un enorme suspiro y derrotada se fue a cambiar. - Creo que nos embaucaron, dijo suavemente a Terry al pasar a su lado, provocando una sonrisa en él.
Emilia, subió la escalera lentamente, realmente no tenía ganas de participar, tenía mucho en que pensar y estar con Albert y Candy la ponía mas nerviosa que nunca.
Cuando salió al pasillo con su corto y escotado vestido de algodón, suspiró.
- ¿Emilia?, llamó Candy. - ¿Irás Así?, le preguntó con una sonrisa.
La castaña envuelta en su sencillo vestido del siglo 21 y descalza, se sorprendió. – ¿Acaso debo ir con otra ropa? Preguntó confundida.
Candy rió. – Eres tan extraña Emilia, por supuesto que debes ir con tu ropa encima, cuando estemos en el lago nos quedarnos en nuestros trajes para el baño, respondió la rubia sacudiendo su cabeza.
Emilia entrecerró sus ojos estudiando a Candy, esperando que estuviese bromeando.
- Anda Emilia, termina de arreglarte para que vayamos, le dijo apurándola.
Emilia asintió. – Vaya, eso si que fue sorpresivo, esperaba una lección de modales antiguos de cualquiera menos de Candy, reflexionó mientras volvía a su habitación. - Pero claro, ¿en qué estaba pensando?, a quién en su sano juicio se le ocurriría ir descalza y con su traje de baño por la casa, cuando va ir a tomar un baño en el lago que tiene en su "patio trasero", ironizó.
Ya con la ropa de vestir encima, y sus zapatos bien puestos, Emilia salió y se encontró a todos los chicos esperándola abajo, bien vestidos y elegantes como siempre.
Los miró incrédula. – Comienzo a extrañar el relajo del siglo 21, suspiró mientras caminaba hacia el grupo.
Los chicos se encargaron de llevar las canastas con algunos bocadillos y mantas para sentarse en la orilla del lago.
Al llegar al lugar, todos sonrieron y comenzaron ordenadamente a sacar las mantas y poner todo en su lugar. Emilia los observaba aun sin creer, la contención que existía en sus modales.
- En mi mundo, estarían compitiendo en quien se tira el mejor "guatazo", pensó, riendo al imaginar tal evento.
- ¿Quieres una Coca- Cola?, le preguntó Neil a Emilia, acercando a ella una botella de vidrio y un pequeño vaso.
- Coca Cola, eso si que no me lo esperaba, dijo para sí. Curiosa por el sabor que tendría aquel refresco en aquellos años, aceptó el ofrecimiento del joven. - Gracias Neil.
Neil sonrió con insinuación - A cambio tendrás que sacarte la ropa y mostrarme ese vestido tan diferente que mencionaron.
- ¡Pendejo!
- ¡Hey! ¿Otra vez con los insultos?
- Sólo dije la verdad Neil, tú eres un pendejo. Sentenció encogiéndose de hombros. Neil solo la observó seriamente y se alejó.
Con todo ya dispuesto para comenzar con la tarde de baño en el lago. Los chicos comenzaron a quitarse la ropa, al igual que Candy. Incluso Terry que se veía reticente a compartir con ellos, parecía disfrutar ahora, y se preparaba para el baño.
Pero Emilia prefirió tomar su tiempo y ordenar algunas cosas, antes de comenzar a sacarse su ropa y exponer su casi impúdico vestido moderno, ante aquel montón de hombres apuestos y extremadamente bien formados.
Sentada mirando al lago, se dispuso por fin a probar un trago de la bebida que bien conocía.
- Emilia, ¿acaso no te bañarás?, preguntó Archie en voz alta obligándola a dirigir su mirada al grupo.
La bebida que tenía en la boca salió disparada, y la tos la obligó a contorsionarse de la manera menos fina posible. El grupo era ridículamente guapo, todos con sus trajes de baño ajustados, y aunque tapaban sus torsos y parte de sus muslos, demarcaban muy bien los músculos del abdomen y otras partes también. Y los brazos musculosos, hombros anchos expuestos, y las piernas de ellos, maravillosamente esculpidas, eran un deleite para cualquier mujer.
- ¿Es una broma?... que acaso no saben que la carne es débil, tropa de desconsiderados, lanzó en su natal idioma, absolutamente ruborizada, mientras miraba con detención el cuerpo de cada uno de los presentes, y poniendo especial atención al cuerpo de Albert.
Todos la observaron extrañados ante el arrebato y rieron de su expresión, sin saber exactamente que había dicho, excepto por Terry quien se rió suavemente ante sus palabras, y aunque no estaba familiarizado con el dicho, pudo comprender perfectamente.
Candy no se quedaba atrás, con su traje de baño algo ajustado y sin mostrar demasiado, su hermoso cuerpo se lucía perfectamente. Más aun con su cabello sujeto en una cola alta, dejando su cuello a la vista, se veía distinguida.
- ¿Y ahora por qué estás molesta?, le preguntó Neil.
Emilia suspiró. – La sequía me está afectando, respondió ironizando, pero Neil no comprendió.
- ¡Carrera hasta el lago!, gritó Candy de pronto, y comenzó a correr.
- ¡Trampa! Gritaron los muchachos al sentirse sin ventaja. Y comenzaron a correr rápidamente detrás de ella.
Al llegar al lago comenzaron todos a salpicarse de agua y a disfrutar del momento, mientras Emilia seguía sentada en la orilla observando a aquel grupo, o más bien a ciertos personajes de aquel grupo
- ¿Puedo? Escuchó de pronto a su lado, en un acento que mezclaba el exquisito tinte británico con el español.
- ¡Terry! Exclamó la castaña sorprendida.
- Creo que no hemos sido presentados adecuadamente, le dijo sonriente.
Emilia sonrió. – Si, creo que nuestro primer encuentro fue algo extraño.
- ¿Llevas mucho tiempo con Albert y Candy?.
Suspiró. – Pareciera que si, pero solo llevo aquí un poco mas de una semana, confesó. - ¡Al fin alguien que habla español! Exclamó de pronto.
El joven asintió. – Pasé muchos veranos en España. Tú no eres de allá, ¿no es así?
- No, soy de Chile en América del sur. Al fin del mundo, sonrió.
- Cuando vine, no pensé encontrarme con tantos cambios, dijo el joven, ahora en su perfecto y atractivo inglés británico. – Candy no es la misma chica que conocí.
Emilia se sorprendió ante la confesión. – Ha pasado mucho tiempo, la gente cambia, afirmó suavemente.
- Si… suspiró. – Pero tenía la esperanza de que no cambiara sus sentimientos… mis sentimientos por ella no han cambiado.
- ¿Es por eso que no querías venir?, preguntó Emilia.
Terry asintió. - ¿Y cuál es tu razón para no querer venir?
- Supongo que necesito tiempo a solas para pensar, suspiró.
- Entiendo.
- Candy me contó de cómo se conocieron, y también sobre Gus… Susana, corrigió.
El rostro de Terry palideció. – Susana es una mujer muy especial, pero no la amo. Nunca podremos ser felices si estamos juntos. Ella lo sabe.
- ¿Y Candy lo sabe?, preguntó, cerrando sus ojos al darse cuenta de lo que estaba haciendo. - Estúpida Emilia, murmuró para si.
El castaño no se dio cuenta de ello, y respondió. – No. Cuando hablamos, me di cuenta de que su corazón no me pertenece. Así que decidí mostrarme ante ella como un buen amigo, no podría arruinar su felicidad una vez más.
- Quizás deberías decirle lo que sientes, es mejor que sepa la verdad, a que esté engañada respecto a lo que sientes… ¡Demonios, Emilia cállate!, se retó una vez mas en su mente.
- No lo sé, creo que ella y Albert… tanto tiempo juntos no pudo ser en vano. Sé que él es su padre adoptivo, pero hay algo en la forma en que se miran y tratan… tu lo has notado, cuando tocaste esa melodía y le explicaste a Archie su significado los observaste.
Emilia cerró los ojos con suavidad y asintió.
Terry esbozó una sonrisa. – Supongo que ya perdí mi oportunidad de ser feliz.
- Todos tenemos una segunda oportunidad para ser felices Terry, es solo que a veces la dejamos ir porque nos cegamos. Sólo puedo decirte que siempre es mejor expresar lo que sientes, a pesar de que no obtengas lo que quieres… respondió sincera.
Terry la observó en silencio por un momento, y asintió. Algo le decía que ella tenía razón. Quizás su segunda oportunidad él mismo se la estaba negando al no decirle a Candy lo que sentía. Porque ¿era eso lo que Emilia le estaba diciendo, no es así?
Sin decir nada, Emilia se levantó y se desprendió de su largo vestido, extendió su mano al joven castaño. – Ven, vamos a darnos un baño, le dijo. El joven la observó perplejo y algo ruborizado, y dubitativo aceptó.
Al introducir sus pies en el agua, Emilia sintió la mirada atenta de Archie, Neil, y aunque no era algo novedoso para él, también de Albert.
- Oh vamos, ¡acaso nunca han visto las piernas de una mujer!, espetó a los chicos.
Archie y Albert, se sintieron descubiertos, y desviaron su mirada a otro lado.
- Te aseguro que tus piernas no son el centro de atención, dijo Neil mientras la seguía observando desvergonzadamente.
- Te lo digo nuevamente Neil, ¡eres un soberano huevón! Le gritó ruborizada en su idioma natal, causando la risa de Albert al recordar su significado.
- ¿Sabes qué le dijo?, le preguntó Candy a Albert intrigada ante las palabras de la castaña.
- Le acaba de decir que es el rey de los idiotas, respondió con una sonrisa y deleite ante las expresiones de la castaña. Candy rió. – Emilia lo conoce tan bien, dijo divertida.
- ¿Huevón? No conocía esa palabra, dijo Terry en español.
Emilia lo miró con una sonrisa. – Es una forma de decirle idiota, aunque es bastante menos sutil, sonrió. - Cuando quieras te enseño malas palabras en español.
- Eso será muy entretenido, le confesó. – No sabía que las damas de sociedad decían malas palabras.
- Las mujeres estamos llenos de sorpresas, le dijoentrando de una vez al agua.
Repentinamente una oleada de agua cubrió a Emilia por completo.
- Eso fue por decirme "huevón", le exclamó Neil.
- Oh Neil, ¡estás tan jodido! Dijo la castaña en español.
- ¿Qué?, preguntó sin entender.
- Dijo que mejor te prepares, respondió Terry. - Pero Neil no lo tomó en cuenta.
El grupo, continuó divirtiéndose y olvidando por un momento todo lo acontecido en el último tiempo. Los roces entre algunos, la fiesta en Chicago, las emociones, todo pasó a segundo plano, mientras disfrutaban en el lago, rodeados de naturaleza y tranquilidad.
- ¿¡Qué haces!? Preguntó Emilia, cuando sintió dos fuertes brazos envolviéndola.
- ¿Pensabas vengarte de mí? Preguntó Neil sin soltarla.
- Oh créeme que no es algo que haya pensado, es algo que pienso y haré, sobre todo ahora… le dijo en un murmullo. - ¡Suéltame! Le gritó.
Neil rió sin hacerle caso. – Emilia, ¿¡puedes callarte un momento!? te estoy haciendo un favor, le susurró.
Emilia bufó. – No me vengas con eso Neil, ¡suéltame!, le dijo seria.
- ¿No te das cuenta cómo nos mira?
- Otra vez con lo mismo, dijo molesta, mientras fijaba su mirada en Albert, quien efectivamente los observaba con el ceño fruncido.
- Te gusta ¡admítelo!
- Es guapo, sí, tu también lo eres, no por eso me gustas.
- ¿Me encuentras guapo? Le preguntó desconcertado, mientras la giraba para enfrentar sus miradas.
- ¿Me vas a decir que no lo sabías? Debes tener a una larga lista de mujeres persiguiéndote sólo por cómo luces…
Neil arqueó una ceja, incapaz de creer lo que oía. – No, no es así.
- Seguro debe ser porque las espantas con ese estúpido carácter que tienes y tus modales de cavernícola, le espetó.
El moreno sonrió. – ¡Te parezco guapo!...
- No hagas tanto alarde, también encuentro guapos a Archie y Terry, ¡incluso a George!
Neil rió. – Yo también te encuentro guapa, le dijo guiñándole un ojo, pero sin soltarla.
Emilia respiró profundamente. – Neil, no confundas las cosas, le dijo con voz suave. Te encuentro guapo a ti y a todos los hombres que están aquí, eso no significa nada.
Por un segundo a Emilia le pareció ver decepción en la mirada de Neil.
- Hey la que está confundiendo las cosas eres tú. Tú no me gustas… dijo serio. -Pero no por eso dejaré de mirar tu cuerpo, o de tenerte a mi lado cada vez que pueda, rió.
Emilia gruñó enojada. - Eres un…
- ¿Un "huevón"? Eso ya lo dijiste, le dijo sonriente.
- ¡No! Eres un ¡saco de huevas!, le dijo mientras golpeaba el torso de Neil con su mano.
Neil no entendió qué le dijo, pero por la expresión supo que era algo aun peor que "huevón".
Finalmente Neil la soltó. Y Emilia lo miró irritada. – Agradece, Neil que hay más gente, dijo en voz baja. – Porque la próxima vez que intentes retenerme así, serán tus bolas las que pagarán las consecuencias.
Neil dio una carcajada al escuchar a Emilia.
Emilia, se alejó dándole la espalda y no pudo evitar la sonrisa que se dibujó en sus labios.
- ¿Con que tú y Neil? Preguntó Archie, incrédulo, cuando la castaña se sentó en una manta a su lado.
- ¿Qué? Contra preguntó con sorpresa.
- Tú y Neil, todos nos dimos cuentas como te tenía sujeta y cómo se miraban, le dijo con una mirada de confusión.
- ¿Todos?
- Deberían ser más discretos si quieren mantener su relación en secreto, dijo en voz baja.
- ¿Yo y Neil?. Emilia rió y sacudió su cabeza, incapaz de creer lo que le estaba escuchando – Neil es un amigo, Archie, y un estúpido. Pero un buen amigo, nada más.
Archie la miró con duda. – Si, por supuesto, amigos. Eso mismo decía de Candy, y me terminé enamorando de ella como un estúpido, confesó.
- Cierto… murmuró Emilia. – Pero eso debió ser distinto, además apenas conozco a Neil.
- Y aun así lo consideras un buen amigo y tienen una cercanía que pocos buenos amigos tienen…
- Es distinto, respondió escueta.
- Sólo ten cuidado, si no sientes nada por él, ten cuidado porque si se obsesiona contigo es capaz hasta de secuestrarte… Aun no comprendo como Candy puede perdonarlo.
Emilia suspiró, Archie tenía razón en ello, pero lo que conocía de Neil era tan diferente a lo que conoció en sus lecturas. Neil era sólo una víctima de las circunstancias, su mirada no mentía. Era un buen chico, estaba segura.
- Archie, llamó suavemente la castaña. - ¿Qué sucederá contigo y Annie? Preguntó encontrándose con la mirada atónita del chico. – Lo siento, no quise ser impertinente, dijo bajando la mirada.
- No te preocupes, respondió Archie recostándose en la manta y apoyando su cabeza en los brazos. – Creo que terminaré el compromiso, soltó.
- ¿Tan mal están?.
- No era la persona que creía, resultó ser una mujer fría y egoísta. Me acerqué a ella por Candy, pensé que podría ser feliz, pero desde que nos comprometimos, he podido ver su verdadera personalidad. A veces siento como si estuviese comprometido con Eliza, aunque al menos ella tiene más ímpetu, con Annie siento que estoy con un muro de hielo.
Emilia rió suavemente ante la comparación. – Será mejor que busques a otra mujer, porque ¿Eliza? ¿de verdad?.
- Quizás ahora con el tratamiento para su histeria cambie en algo, dijo con una sonrisa seria.
Emilia no pudo aguantar una carcajada. - Si el tratamiento la ayuda, quizás podrías mantenerla calmada tu mismo, rió.
- ¿Qué te causa tanta risa?.
Emilia arqueó una ceja. – ¿Sabes en qué consiste el tratamiento para la histeria femenina?
Archie la miró confundido. – La verdad, no.
- Mmm supongo que es mejor que no lo sepas, que se mantenga el misterio.
- ¡No me puedes dejar así con la duda! Reclamó Archie.
- ¿De qué hablan? Preguntó Candy acercándose a ellos.
- Archie quería saber en que consiste el tratamiento que le hicieron a Eliza para su histeria, respondió Emilia con naturalidad.
Candy se ruborizó. Como enfermera conocía bien en qué consistía el tratamiento.
- Esos tratamientos no se discuten, le regañó Candy a Archie.
- ¿Qué tratamientos? Preguntó Albert al unirse a la conversación.
- El tratamiento al que sometieron a Eliza, respondió Archie.
- ¿Qué hablan de mi hermana?, preguntó Neil al llegar al grupo.
- De su tratamiento, respondió Albert tranquilamente.
- ¿Está enferma?, preguntó Terry con curiosidad.
Emilia rió y Candy estaba absolutamente ruborizada.
- El médico recomendó someterla a un tratamiento, por su ataque de histeria en la fiesta, respondió Albert.
- Oh, ya veo. Si que estaba histérica, dijo Terry sobando su rostro.
- ¿Alguno de ustedes sabe en qué consiste ese dichoso tratamiento? Preguntó Archie nuevamente.
Los cuatro hombres se miraron entre ellos, y se encogieron de hombros.
Emilia reía divertida.
- ¿Candy? Preguntó Terry - Tú debes saber.
- Pues sí, eres enfermera, debes saberlo, dijo Albert mirándola con curiosidad.
- Sí, tú debes saber, dijo Neil. - He visto que a mamá la han sometido a ese tratamiento y vuelve a casa totalmente cambiada, dijo pensativo.
Emilia no pudo aguantar soltar una carcajada.
- Es cierto, a la tía Elroy también, y vuelve renovada, dijo Albert recordando.
Candy no podía contener el rubor y Emilia no podía parar de reír.
- Vamos Candy, dinos de qué se trata, por qué tanto misterio, reclamó Archie.
- ¿Tu sabes?, preguntó Terry a Emilia en español.
Emilia asintió, aun riéndose.
- ¿Te lo han hecho? Preguntó curioso.
- No ha sido necesario, respondió sonriente.
- ¿Emilia? Preguntó Neil.
- Yo no sé nada, fingió encogiéndose de hombros.
- ¿Por qué no nos quieren decir? Se quejó Archie.
- Sólo puedo decir que si mantienen felices a sus mujeres, no necesitarán pagar por un tratamiento de ese tipo, dijo la castaña guiñándole un ojo.
Candy ya no podía estar más colorada, y Albert comprendió, ruborizándose sutilmente también.
- Mejor no insistamos, de todas formas no entenderíamos, no somos médicos, dijo el rubio intentando desviar el tema. - ¿Por qué no comemos algo?, sonrió.
- ¡Sí! Exclamó Candy, dejando un gruñido escapar de su estómago. - ¡Tengo hambre tanta hambre!.
- Veo que hay cosas que nunca cambiarán en ti, dijo Terry, provocando que la rubia le sacara la lengua.
La tarde pasó rápidamente en el lago, se podía sentir el ambiente distendido entre todos, cuando la hora de regresar a la mansión llegaba. Afortunadamente para Emilia, no hubo mayores atenciones de Albert hacia ella, aunque tampoco hacia Candy, ni a los demás, por momentos parecía distraído. Pero nadie notó mayores cambios en su carácter.
Al llegar a la mansión, cada uno fue a sus respectivas habitaciones a prepararse para la cena. Al fin tendría Emilia un rato para pensar y lejos de la pareja, por un segundo también sintió alivio de no tener a Neil al lado, su acción con ella en el lago la dejó perpleja, pues podía notar algo más que un simple juego en ello, mas aun después de su conversación con Archie.
Los jóvenes como siempre, se arreglaron rápido y bajaron al salón donde jugaban una partida de póker mientras esperaban a las mujeres. Pero Emilia tampoco demoró mucho, y salió usando un simple vestido gris de satín y su cabello recogido en una trenza a un lado. Sin grandes detalles, logró llamar la atención de los presentes en el salón desconcentrándose por un momento de la partida que llevaban a cabo.
- ¿Póker? Preguntó intrigada la castaña, obviando la reacción de los caballeros hacia ella.
Archie asintió.
- Antes solía jugar los fines de semana con mis amigos, comentó.
- ¿Tú jugabas? Preguntó Albert.
- No me digas que es un juego sólo para hombres.
- No, pero nunca había conocido a una mujer jugar póker, respondió mirándola con sorpresa.
- ¿Quieres jugar? Preguntó Terry, ofreciéndole un asiento.
- No tengo para las fichas, respondió sincera. - Además no sé qué tipo están jugando… aunque si jugaran strip poker, me quedaría como una feliz espectadora, pensó.
- Sólo el típico, cinco de cartas de descarte, respondió Archie.
- El mejor tipo, respondió la castaña con una sonrisa.
- Ven juega esta mano por mí, dijo Neil, haciendo que la castaña tomara su lugar.
- ¿Estás seguro?, si pierdo no quiero que me culpes, le advirtió Emilia.
- Juega de una vez, le retó en su modo bruto y se alejó de la mesa, para que la castaña jugara.
Cada jugador lanzó las fichas de la apuesta inicial en su lugar, y cinco cartas fueron repartidas a cada uno. Emilia estudió cuidadosamente los rostros de sus oponentes, sin dejar que ninguna mueca se hiciera presente en la suya. Sabía jugar perfectamente bien.
Terry, era el mejor disimulando su juego, mientras que Archie era casi un libro abierto, al ver su cara supo perfectamente que no tenía un buen juego.
Albert aumentó la apuesta y todos igualaron. Archie que estaba como repartidor, ofreció cambio de cartas a cada uno. Albert quiso dos. - Tiene un trío, dijo Emilia para sí y estudió con atención su rostro.
Archie pidió tres. - Archie no tiene nada, pensó Emilia.
Terry pidió dos también. Emilia lo estudió atentamente, y estaba casi segura de que no tenía nada importante.
- ¿Emilia?.
- Dame una, sonrió tímida.
Los demás sonrieron ante ella, estaba tan perdida pensaron.
Terry aumentó la apuesta al doble, sonriendo con suficiencia. Archie, no siguió el juego, Albert igualó la apuesta y la volvió a aumentar. Emilia se mostró dubitativa, y finalmente igualó.
- ¿Estás segura? Le preguntó Neil, mirándola desde el otro lado de la habitación.
- Sí, respondió ella. - De cualquier forma no es mi dinero, dijo encogiéndose de hombros.
Los demás sonrieron.
- Maldición, gruñó Neil.
- Muestra tu jugada Albert, dijo Terry.
- Tres dieces, sonrió triunfante.
Emilia se mostró sorprendida.
- Es tu turno Terry, dijo Albert.
- Oh rayos, sólo tengo dos pares, dijo derrotado lanzando sus cartas al centro de la mesa.
- ¿Emilia?.
- Sólo tengo un par de ases, dijo seriamente. - Con tres reinas, sonrió, desplegando sus cartas ante los ojos incrédulos de los caballeros.
- ¿Full house?
Emilia sonrió triunfante. - Supongo que la suerte está de mi lado, dijo inocente.
- ¿Qué hacen? Preguntó una vocecilla desde la entrada del salón.
- Jugamos Póker Candy, dijo Archie.
- ¿Llaman a eso jugar? Bromeó Emilia.
- Luego jugaremos otra partida de verdad, eso fue solo suerte de principiante, dijo Archie derrotado.
Emilia rió. - Cuando quieras Archie, cuando quieras.
- Señores, la cena está servida, se escuchó de pronto una voz.
Albert asintió, e invitó a todos a pasar al gran comedor. La cena fue otro momento distendido, a pesar de que Archie seguía frustrado por la partida de póker.
Rieron, brindaron e intercambiaron ideas. Luego de la cena, la mayoría optó por ir a descansar, había sido un día muy agotador. Uno a uno, se despidieron y cada uno se retiró a su habitación, excepto Emilia, quien quiso salir a tomar un poco de aire antes de irse a dormir.
En silencio se dirigió a una de las terrazas, donde apoyada sobre la baranda miró al cielo y suspiró.
- Emilia… susurró Albert, quien había salido a encontrarla.
- ¡Albert! Exclamó sorprendida.
- Quería hablar contigo sobre… sobre lo que sucedió esta tarde en la cabaña.
Emilia bajó su mirada. - Es mejor olvidarlo Albert.
- ¿Es por Neil? Preguntó con algo de molestia. - Los vi esta tarde. Todos vimos como se miraban, la forma en que te tomó. No deberían comportarse así, le reprochó, - no es bien visto.
Emilia lo miró contrariada - Pero ¿si es bien visto que intentaras besarme?
- No es lo mismo.
- No sé por qué te pones así, entre Neil y yo no hay nada, aseguró. - Además, no tengo por qué darte explicaciones, dijo en voz baja.
- Bueno, estás en mi casa, dijo sin convicción.
- ¿Es eso? Quieres controlar mi comportamiento, sólo porque estoy en tú casa ¿o hay algo más? Le enfrentó. - No entiendo porqué te pones así conmigo, es Candy a quien amas y traes a Terry a compartir con ella.
- ¿Por qué insistes con eso?, preguntó con voz suave acompañado de un suspiro de derrota.
- Porque me doy cuenta como te pones alrededor de ella, porque sé que entre ustedes existe una historia de muchos años, ¡porque sé que ustedes se pertenecen!, exclamó
- Pero ¿¡cómo sabes todo eso!? ¡apenas nos conoces!, dijo con exasperación.
- Precisamente por eso. Porque estás tratando de olvidarla con una mujer que apenas conoces, dijo en voz baja y bajando su mirada.
.
.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
.
.
Hola chicas, les traigo al fin otro capítulo de Perdida en Lakewood, espero que las fans de Emilia y Albert no me tiren tomates :P
Ojalá les guste. Agradezco a todas sus palabras, ya sea para odiar a Emilia o para darle sus ánimos para que por fin se deje llevar por la tentación.
Aclaro también algunos términos e ideas.
*La canción que tocó Emilia en el piano era "Open Arms" de Journey. Si analizan la letra creo que viene perfecta para ellos (De hecho tengo la idea de hacer un song fic con ella, aunque será todo un desafío para mí, encuentro que los song fics son lo mas difícil de escribir)
* Saco de huevas (o cómo acá decimos normalmente saco'e weas xD) es basicamente decir, idiota, estúpido o tonto a alguien, pero en una forma mucho mas ofensiva que huevón.
* Guatazo, es un piquero que se hace cayendo al agua dejando que su abdomen y torso choque directamente con el agua. En youtube podrán ver algunas "competencias", son harto dolorosos, pero divertidos de ver.
* Y el tratamiento para la enfermedad antiguamente llamada histeria femenina, que nunca fue realmente una enfermedad, era la de una masturbación, una masturbación realizada por un médico que hacían ellos mismos con sus manos, o con aparatos vibradores (de uso médico jajaja). La idea era conseguir el orgasmo y con ello dejaban a las mujeres relajaditas relajaditas, todo claro con fines terapeuticos.
Si el tiempo me acompaña mañana, actualizo "Ante mis ojos", si no, seguro termino actualizando el fin de semana tanto esa historia, como mi nueva locura "En otra vida", historia que por cierto las invito a leer.
¿De qué trata? bueno es de Candy y Albert pero en el siglo XXI. Mezclará la historia que todos conocemos de ellos en un pasado donde su destino no pudo cumplirse, con un presente, donde tendrán que descubrir su camino para en esta vida si poder tener el destino que tenían escrito.
Muchísimas gracias a todas/os por su tiempo, y perdón por lo repetitiva, pero como siempre les extiendo la invitación para que lean mis otros mini fics o one shots, "Si tú eres feliz" (Patty y Stear) ; "Redención" (Susana) y solo para golosillas "Nuestro destino" (Candy y Albert).
Un abrazo,
Dulce Ardley.
