Saludos a todos y nuevamente, gracias a los que han apoyado y leído mi fanfic, ojalá les guste este nuevo capitulo, no olviden dejar sus reviews, es la manera en que me puedo dar cuenta, si les va gustando o no, para poder continuar con la historia, ¡FELIZ INICIO DE PRIMAVERA!
Capítulo 8
Poderes ocultos.
Tres siluetas se movían a través de aquel pantano, el terreno era difícil de cruzar, el suelo era en exceso lodoso, dificultando el paso de los tres viajeros. Debían ser precavidos, ya que; las obscuras aguas del lugar, no permitía diferenciar tierra firme, de lo que podría convertirse, en una trampa mortal, en la cual; podrían hundirse y perderse en la absoluta obscuridad de sus profundidades, los árboles de escasas hojas, que ahí habían nacido, tenían formas extrañas y retorcidas, todo el escenario; era a su vez, cubierto por una espesa bruma blanca que dificultaba ver más allá de tres metros de distancia.
"¿Está segura que este es el camino su alteza?" Preguntaba Malina, cuidando sus pasos para no caer al lodo, sin embargo, lo que más le preocupaba era caer al agua pantanosa.
"Por décima vez, ¡Sí, Malina!" respondía impaciente la princesa del crepúsculo, que caminaba detrás de ella, "…y solo pisa por donde Yarl haya pisado, este pantano ha cobrado muchas vidas anteriormente, si caes a sus aguas no podrás salir de ellas" agregó.
"Así es niña, mantente cerca, yo me encargare de que logremos pasar al otro lado" Decía Yarl, quien guiaba el camino, mientras cortaba con su espada algunas ramas secas que obstruían su paso, el caballero real, ya no portaba su casco, solamente su armadura, tenía ojos color café claro, su piel era grisácea, y cabello color castaño, sin duda para el gusto de muchas mujeres del mundo crepuscular, incluida Malina, él era atractivo.
Después de que, Yarl, diera la orden a su primer oficial de llevar a la gente del palacio a Aldrín, los tres salieron cabalgando rumbo a la provincia de Kargon, según Midna, era necesario visitar al viejo Marthus, si alguien sabía que era lo que estaba ocurriendo en el reino del crepúsculo ese alguien era Marthus. La princesa de cabellera pelirroja, aun no comprendía el por qué el oráculo, le había dicho que era necesario que se reuniera con Link nuevamente, sin duda era lo que ella más quería, pero; ¿por qué era importante encontrarse de nuevo con él?, quizás el viejo amigo de su padre podría saber algo al respecto.
"Solo espero que, ensuciarse en este mugroso pantano valga la pena, además, me sorprende que esta bruma no permita que se pueda ver el hermoso cielo crepuscular de nuestra tierra, aquí todo es tan… gris" se quejaba Malina, mientras saltaba el tronco de un árbol caído, a lo cual Midna rodó sus ojos en señal de ya no soportar los quejidos de la joven de ojos purpura.
"Lo que no entiendo, es por qué tuvimos que dejar los caballos cuando llegamos a este lugar" se quejaba una vez más la impaciente adolescente.
"Porque es mucho más peligroso atravesar este terreno con ellos" respondía Yarl con tono de voz calmado, el cual iba caminando adelante, asegurando el camino para las dos féminas del mundo crepuscular.
"Pero al menos, no tendríamos lodo en las piernas y pies, ya llevamos más de tres destellos solares y este lugar pareciera no tener fin" decía la adolescente.
"¡Malina!" pronunció Midna el nombre de la fémina de lacia cabellera negra, en tono de regaño.
"Sí, ya se, ya se, ya no diré nada y caminaré por donde camine Yarl" decía la joven, ahora ella rodando los ojos en señal de fastidio.
"¡Así es jovencita!, recuerda que fuiste tú, la que quiso venir" contestaba la soberana del reino crepuscular, a la vez que evitaba con su brazo izquierdo algunas ramas con pocas hojas de un árbol, del cual, sobresalían sus raíces del suelo lodoso.
"Sí, pero nadie mencionó que el viaje se tornaría sucio y mal oliente" respondía Malina frunciendo el ceño y la nariz en señal de estar percibiendo malos olores del lugar.
"¡OK! suficiente, Malina creo que…" no terminó de completar la frase Midna, cuando, Yarl la interrumpió haciendo un gesto de que guardaran silencio las dos.
"No muevan ni un solo músculo,…no estamos solos" Decía el caballero real en tono de voz muy bajo y sin mover ninguna parte de su cuerpo.
La princesa del crepúsculo y Malina; miraron en todas direcciones sin mover sus cuerpos intentando ubicar la amenaza, sin embargo, no pudieron ver más que bruma, árboles y arbustos retorcidos, los cuales impedían ver más allá de algunos metros.
Midna, poco a poco, fue acercándose a Malina por detrás para poder protegerla de lo que pudiese estar amenazándolos. Yarl con la espada desenvainada, agudizó su oído para poder ubicar la fuente de la posible amenaza.
Con la velocidad de un rayo, algo que no pudieron ver ni identificar, se enredó en la pierna izquierda de Malina; ella, al sentir aquel cuerpo rodeando su extremidad intentó zafarse, pero fue inútil, no tuvo tiempo de hacer algo, el extraño cuerpo jaló a Malina, provocando que cayera al suelo, para posteriormente ser arrastrada sin que ella pudiera sujetarse de algo, el cuerpo de la joven se perdió en la espesa bruma que cubría los alrededores con un grito desesperado.
Midna y Yarl corrieron a toda velocidad en su ayuda, únicamente se guiaban por los gritos de auxilio de la joven de lacia cabellera negra. Era imposible ver que era lo que estaba sucediendo, los obstáculos surgían de aquella bruma, los cuales eran esquivados por la princesa y el caballero real mientras corrían a toda velocidad.
"Si algo le pasa… no me lo perdonaré nunca" decía a sí misma, la princesa del crepúsculo.
Los gritos les indicaban la dirección en que debían correr, los peligros del pantano ya no eran una preocupación, lo que importaba ahora era alcanzar a Malina, si titubeaban, la voz de la joven podría alejarse, y a su vez no sabrían que dirección seguir.
De pronto los gritos dejaron de escucharse, la bruma comenzó a desaparecer, se dieron cuenta que habían salido del pantano, habían llegado al pie de una montaña, con grandes extensiones de campo al rededor, comenzaron a detener su carrera, para mirar en todas direcciones y ubicar a su compañera.
Midna se sintió perdida e impotente, volteaba en todas direcciones pero no había rastro de Malina, el aire le faltaba en sus pulmones, por haber corrido a toda velocidad, pero en gran parte, era de desesperación, el pensar que no volvería a ver a la joven de ojos purpura le perforaba la mente y el corazón.
"Malina…malina… donde estas… donde estas nena" decía en voz baja la princesa con su agitada voz, "¡¿Que vamos a hacer, que vamos a hacer Yarl?! Preguntaba impotente la princesa de ojos ámbar.
Yarl no sabía que contestar, pareciera que a Malina se la hubiese tragado la tierra, "No hay huellas en el terreno, lo que puede significar dos cosas, o Malina sigue en el pantano, o lo que sea que se la haya llevado tiene la habilidad de surcar los cielos" contestaba agitado el caballero real.
Ese último comentario atravesó el corazón de Midna, si Malina no estaba cerca, las posibilidades de volverla a ver se reducían casi a cero.
"No puede ser, estoy segura de que seguíamos sus gritos, siempre estuvieron delante de nosotros, pero repentinamente, se dejaron de escuchar cuando salimos del pantano" decía la princesa bastante angustiada.
"Debemos regresar al pantano…" dijo Midna con determinación, a la vez que, empezó a caminar en esa dirección, pero fue detenida de su brazo derecho por Yarl.
"No me parece una buena idea su majestad, si regresamos ahí sería como buscar a ciegas, y solo terminaríamos muertos exponiéndonos a todos los peligros que hay ahí" comentaba el caballero.
"¡¿Estás insinuando que debemos abandonarla?!" preguntaba muy exaltada Midna.
"¡No! simplemente que no lograremos nada regresando a ese lugar, por el momento deberemos confiar en las habilidades de Malina, ella es más fuerte de lo que aparenta" contestaba Yarl, intentando calmar a la princesa.
Midna quería poder dividirse en mil, para poder buscarla por todos los lugares posibles, pero sabía que no podía, además, Yarl tenía razón, no ganarían nada regresando al pantano, sin embargo, no iba a dejar las cosas así.
"No importa si tengo que regresar ahí y buscarla en cada rincón de ese pantano, no la voy a abandonar, está claro..." decía la princesa cuando su mirada se desvió a espaldas de Yarl, a la distancia veía a alguien que caminaba en dirección de ellos.
"¿Malina? ¡MALINA!," gritaba Midna, mientras corría a toda velocidad en dirección de la joven, seguida de Yarl.
La adolescente caminaba muy lento y tambaleándose de un lado a otro, con los ojos a medio abrir, mientras la princesa se acercaba más a ella, podía ver con más detalle la situación de Malina; su cuerpo desnudo color azul, estaba cubierto de sangre, tenía varias heridas y rasguños a lo largo de su cuerpo, parecía como si un afilado cuchillo hubiera pasado rozando en varias partes de sus piernas, brazos, abdomen y espalda, cortando la piel y parte su carne, ninguna parecía ser profunda, además de, algunos rasguños en su bonito rostro, parecía ser todo lo que había sufrido la joven, sin contar con un extraño fluido transparente y viscoso que la cubría de pies a cabeza.
La joven se desplomó repentinamente, la princesa del crepúsculo con lágrimas en los ojos se apresuró para llegar a donde se encontraba, se arrodilló para levantarla, Midna horrorizada de ver mucha sangre, comenzó a buscar en todo su cuerpo para ver si había alguna herida profunda, pero no había ninguna, solo heridas menores y rasguños, al parecer la sangre que cubría la mayor parte de su cuerpo no era de ella.
La princesa del crepúsculo, intentaba reanimar a la joven que había perdido el conocimiento, pero no tuvo éxito, una vez que revisó sus signos vitales y confirmó que aún seguía viva, se quitó su túnica y cubrió el cuerpo de Malina.
"Gracias a las diosas que sigues viva, jamás volveré a dejar que algo te pase" decía la princesa llorando de angustia y a la vez de alivio, de saber que Malina había sobrevivido.
Yarl se quitó su armadura y cargó el cuerpo de Malina en sus espaldas, continuaron su camino al rio más cercano, para establecer un campamento y poder atender a la joven de ojos purpura.
Comenzaba a ponerse el sol en el horizonte, algunas estrellas del cielo nocturno comenzaban a ser visibles, en toda Acrabia, las calles que habían presenciado las actividades de los habitantes del reino, comenzaban a aligerar su tránsito, las antorchas de las torres de vigilancia, distribuidas a lo largo del pueblo, comenzaban a ser encendidas; así mismo algunas velas en las viviendas del lugar.
Kahdar había pasado la tarde entera, para ponerse al día de lo que acontecía en la vida de Ayesha, ella seguía viviendo en la misma casa humilde, era pequeña constaba de tres habitaciones, con techo de paja y paredes de adobe, como todas las demás casas del barrio donde vivía.
El guerrero real, finalmente había convencido a Ayesha de no participar en la futura invasión Hyliana.
"Lo que no entiendo, es el por qué Hyrule desea invadirnos, nuestro pueblo carece riquezas, a decir verdad, la única riqueza que podemos tener es la poca agua que existe en los acuíferos subterráneos, que hay en el reino de Acrabía" comentaba Ayesha, la cual se encontraba sentada en una pequeña silla hecha de palma, mientras sus dedos jugueteaban con una de sus flechas.
"La princesa Kahina, también desconoce el por qué, pero ella cree que atacando primero podremos tener ventaja sobre el enemigo, de igual manera se reduciría notablemente el número de perdidas civiles" contestaba Kadar, el cual se encontraba recargado en una pared a lado de una ventana, por la cual, se podía ver cómo la gente transitaba en las callejuelas.
"Nuestra princesa siempre velará por nosotros, por eso la admiro muchísimo, y por lo mismo quisiera apoyarla…" comentaba la joven.
"Lo sé, pero; ya hemos hablado sobre eso" contestaba el joven de armadura atigrada, recordándole con su mirada penetrante a Ayesha, su promesa de no involucrarse.
"¡Sí, maestro descuide!, pero recuerde lo que prometió a cambio" respondía la joven de ojos color miel, mientras tomaba su arco y tensaba la cuerda, como si estuviera apuntando a un enemigo imaginario.
La manera en que Kahdar, pudo convencer a Ayesha de desistir de ir a tierras Hylianas, fue con la promesa de hablar con la princesa Kahina, para que pudiera hacer directamente las pruebas, para ser guardaespaldas real, siempre y cuando, estuviera mejor preparada en sus habilidades con el arco y la flecha, esto animó mucho a la joven.
"Lo sé, bueno, es tiempo de que me vaya Ayesha, no quisiera irme sin antes darte esto" Kahdar extendió su mano dejando caer una llave en la mano de la joven.
"¿Y… esto?" respondía anonadada Ayesha.
"Si no me equivoco, en un par de días partiré a Hyrule, cuando yo me vaya, quiero que utilices mi habitación en el palacio real…" comento el guerrero.
"P…pero maestro…" se quedaba sin palabras la joven de cabellera castaña.
"Sin peros, yo haré los arreglos, para que tengas acceso, además, debes irte acostumbrando al lugar, si es que quieres ser parte de la gente más cercana a la princesa, así que puedes ir empacando tus cosas, para ir a tu nuevo hogar" decía Kahdar.
Ayesha no sabía que decir, simplemente se arrojó con un gran abrazo hacía el guerrero y un grito de alegría, a lo cual Kahdar no supo cómo reaccionar, ya que no era muy dado a demostrar sus sentimientos, pero terminó por abrazarla también.
EL guerrero de larga cabellera se despidió de la joven y salió del lugar, caminó en dirección del palacio; mientras caminaba por las callejuelas, podía ver cómo la gente comenzaba a internarse a sus hogares.
Kahdar sabía que existía la posibilidad de no regresar con vida de tierras Hylianas, pero su mente solo podía pensar en una sola persona.
De un momento a otro, se encontró frente a la fuente de la plaza principal, la cual; tenía en el centro la estatua de mármol de dos mujeres vestidas con túnicas, sandalias, una estaba hincada con su brazo derecho extendido al frente y su mano con la palma hacia arriba y con su otro brazo cargaba una vasija, de la cual brotaba el agua, la otra mujer estaba de pie y de espaldas a la otra, con ambos brazos cargando otra vasija, de la cual también brotaba agua, pero su mano izquierda tenía la palma también hacia arriba.
El joven guerrero, sacó una moneda de plata, de un lado tenía un escorpión, símbolo del reino de Acrabía y del otro tenía, la imagen del sol saliendo en el horizonte e iluminando un oasis
"Veamos, que me depara la suerte", dándole la espalda a la fuente, el guerrero arrojó la moneda por encima de su hombro, la moneda giró sin cesar en el aire hasta que cayó sobre la palma de la mano de la estatua que estaba hincada.
"¡Vaya! No me esperaba eso" se decía, el espadachín, mientras observaba el resultado de su lanzamiento.
Kahdar continuó su camino rumbo al palacio, caminando lentamente y pensando en todo lo que había pasado en los últimos días.
"Kahina" se decía, el joven guerrero, mientras miraba la torre más alta del palacio, donde se encontraba la habitación real.
Todos en Ordon se encontraban listos para salir en dirección del castillo de Hyrule, Rusl y el jefe Bo se habían encargado de preparar los carros que llevarían a sus habitantes a los campamentos para refugiados.
Una vez que cargaron las provisiones y equipaje necesario, todas las familias abordaron los carros, las noticias que habían recibido no eran para nada buenas, por lo que, la preocupación era evidente en el rostro de todos.
Era una mañana tranquila, a decir verdad, bastante tranquila, dos carros fueron necesarios para poder trasladar a todos los habitantes de Ordon, repentinamente se escucharon las correas de los caballos, y emprendieron el viaje; Bo y Rusl los dirigían.
Ilia, había preguntado por Link cuando Rusl regresó, pero él no quiso decirle en el estado que se encontraba para no preocuparla, lo mejor sería que todos mantuvieran la calma, por lo que, solo se limitó a contestarle que no lo había visto desde que salió de Ordon.
Ilia tenía un aspecto lamentable, había adelgazado más de lo normal, tenía ojeras muy acentuadas, desde que Link se marchó, no había podido dormir bien, su padre se esforzaba por convencerla de alimentarse propiamente, pero sus esfuerzos no habían sido muy efectivos, casi no comía, todos estaban muy preocupados por la salud de la joven, incluso Uli la esposa de Rusl, le preparaba su baño para poder asearse, ya que el ánimo de la joven, no le permitía preocuparse por su apariencia.
"Ilia, a decir verdad, no sé qué pasará en los siguientes días o meses, necesito tiempo para arreglar ciertas cosas, de hecho, no sé si podré resolverlas, pero cuando nos volvamos a ver, te podré dar una respuesta concreta a lo que me pides, solo te pido que me entiendas y me permitas partir" Eran las palabras que se repetían una y otra vez en la cabeza de la bella joven de ojos verdes.
Ilia estaba viviendo un infierno, sentada en la parte trasera de uno de los carros con sus pies colgando del vagón, simplemente no podía encontrar consuelo ante la incertidumbre que vivía día a día.
"Link, ¿por qué… por qué?" se decía a sí misma en voz baja, procurando que nadie la escuchara, algunas lágrimas salieron de sus ojos, las cuales limpió rápidamente, después de que todos se enteraron de la decisión de Link, Ilia se sentía humillada y avergonzada, por lo que, no quería que los demás la vieran llorar por él.
Los carros comenzaban a salir del bosque y el paisaje cambiaba, se podían ver los grandes pastizales de Hyrule, y a la gran distancia el castillo Hogar de la princesa del destino, todos los niños gritaron de emoción, ver el castillo los emocionaba sobremanera, así mismo los adultos disfrutaban del momento; solamente una persona estaba ausente, ensimismada en sus pensamientos, Ilia volteó a ver el castillo, ella sabía que debería sentirse como los demás, sin embargo, no era así, simplemente siguió mirando y jugando, con el pequeño cuchillo de bolsillo que traía en las manos.
"Al parecer esta fuera de peligro" decía la princesa del crepúsculo mientras terminaba de arropar a Malina la cual seguía inconsciente.
"Sí, sea lo que sea que paso en ese pantano, dejó agotada a la pobre" comentaba Yarl mientras terminaba de encender un fuego, en el improvisado campamento que habían levantado.
"Afortunadamente este rio no estaba muy lejos, era importante limpiar las heridas de Malina, ¿qué habrá sido esa sustancia viscosa que tenía en todo su cuerpo?" preguntaba Midna.
"No lo sé, esperemos que cuando recobre el conocimiento, pueda decirnos que fue lo que sucedió". Contestaba Yarl.
"El desierto de la desesperanza, está detrás de esa montaña, estamos a veinte destellos solares, pero no podemos avanzar mientras Malina siga inconsciente" decía la princesa del crepúsculo, mientras volteaba a ver a la joven adolescente.
"Ah decir verdad, les faltan cero destellos solares" se escuchó una voz que venía detrás de unos árboles de trocos muy gruesos.
"¿Quién está ahí identifícate?" cuestionaba Yarl mientras de un brinco se puso de pie y desenvaino su espada.
Repentinamente, el caballero real, tenía bajo su garganta, la punta de una muy afilada espada apunto de atravesarlo, Midna se quedó sorprendida e inmóvil.
"Fue muy rápido, ni si quiera, pude mover mi espada para defenderme." Pensaba muy sorprendido Yarl.
"¡Vaya su majestad!, para tener un escolta que demanda que alguien se identifique, no es muy hábil que digamos" decía una hombre encapuchado, con túnica negra y voz excesivamente gruesa. "Si fuera un enemigo, los tres ya estarían muertos". Agrego el misterioso hombre.
"¡Maestro!..." decía Midna sorprendida.
"¡¿Maestro?! Preguntó sorprendido Yarl.
"Bueno, al menos reconociste mi voz, mi querida aprendiz, sin embargo, veo que aún, no eres capaz de detectar mi presencia, ni siquiera, a corta distancia" decía el misterioso hombre, mientras envainaba su espada y descubría su cabeza; cuando Yarl lo vio, se sorprendió mucho.
Tenía un rostro muy particular, a diferencia de los habitantes del mundo crepuscular, su cabeza completa era una flama color negro, que parecía arder todo el tiempo, solo aquellos brillantes ojos dorados sin pupilas, que sobresalían de aquella flama, lograban darle un rasgo, a lo que podría llamarse cara.
"¡Vaya, veo que tu acompañante está sorprendido de verme!" recalcó el extraño ser.
"Lo que me sorprende es; el por qué nos atacaste, si dices, no ser nuestro enemigo" comentaba Yarl, que, por su tono de voz, denotaba estar molesto.
"Simplemente era para ver si en verdad Midna y esa cría que viene con ustedes estaban seguras con una escolta como tú, pero me doy cuenta que no es así" Respondía el ser de ojos dorados, lo cual provocó que Yarl se molestara aún más.
"¡Maestro, me alegra volverte a ver!, pero, ¿qué haces aquí?, estábamos en camino a tus tierras, para pedirte ayuda, algunos extraños eventos han estado sucediendo en nuestro mundo", decía Midna, al mismo tiempo que hacía una pequeña reverencia a su mentor.
"¡Entonces, ¿éste es Marthus?!" preguntaba sorprendido Yarl.
Marthus, simplemente ignoró al caballero del mundo crepuscular, "Sé, de qué eventos hablas Midna, pero no es tiempo de quedarnos aquí hablando, es necesario que…" Comentaba apurado el ser de cabeza flameante, cuando fue interrumpido por Yarl.
"¡No deberías referirte de esa manera a su alteza real, llamarla por su nombre, es una falta muy grande y grave de respeto!". Le reclamaba Yarl mientras sacaba su espada y la apuntaba en dirección de Marthus. "No me importa, que me hayas sorprendido anteriormente, no volverá a pasar" decía en su mente el valiente caballero real.
"Hmm, ¡vaya!, veo que el soldadito personal de Midna quiere hacerse notar" respondía en tono burlón el ser de ojos dorados, mientras llevaba su mano derecha al pomo totalmente color negro de su espada.
"¡Te he dicho, que no es manera de referirse a la princesa y futura reina del mundo crepuscular!" gritaba perdiendo el control el guerrero real, lo cual sorprendió mucho a Midna, nunca lo había visto tan molesto.
"En realidad, no tengo tiempo para estos ataques de celos muchacho, pero, si es lo que quieres…, creo que Midna y la cría, tendrán que continuar solas" contestaba calmadamente Marthus, mientras adoptaba una posición de defensa, abriendo sus piernas y desenvainando su espada.
"¡¿QUIÉN ESTA CELOSO?! Gritaba Yarl, mientras arremetía sin control en contra de su adversario a toda velocidad, intentando asestar el primer golpe.
"¡No, deténganse!, no hemos venido a esto, Yarl no te preocupes, no hay problema en cómo se dirija él conmigo, baja tu espada" decía Midna, atravesándose entre los dos, logrando que ambos se detuvieran.
"¡Pero su majestad!" decía Yarl sorprendido.
"¡Baja el arma Yarl!, ¡No eres rival para él!, ¡Y deja de llamarme "majestad"!, tú, al igual que Marthus y al igual que toda mi gente, no van a referirse a mi como tal, aun no me he ganado ese título" decía Midna, lo cual dejo sorprendido al soldado real.
En ese instante, la princesa del crepúsculo recordó, cómo habían sido asesinados sus padres a manos de Zant, y como ella, había abandonado a su gente, para buscar su propia venganza, de igual manera sabía que no había podido salvar a Malina.
Sus ojos comenzaban a cristalizarse, pero, Midna hizo un gran esfuerzo para contenerse, demasiadas cosas estaban pasando muy rápido en su vida; la muerte de sus padres, el repentino peso de todo el reino en sus hombros, una nueva amenaza inminente, un corazón fracturado, el mundo de Midna comenzaba desmoronarse.
Midna por alguna razón volteó a ver a Malina, la cual, permanecía inconsciente, al verla pudo contener sus lágrimas y tomar una postura más firme, Yarl envainó su espada, hizo una reverencia y permaneció de pie, Marthus rompió el silencio "No tenemos mucho tiempo, para desperdiciarlo con estos actos infantiles, es importante que nos dirijamos a Gravendel, o al menos, yo debo estar ahí antes de ochenta destellos solares".
"Pero maestro, que es lo que ha provocado que abandones tus tierras, además no podemos movernos con Malina en el estado que se encuentra" pedía respuestas la princesa de cabellera roja.
"Tendrán que llevarla cargando, espero que, no sea inconveniente para tu escolta Midna" contestaba Marthus, volteando a ver a Yarl, el cual hizo un gesto de molestia, pero se contuvo y no respondió a la provocación.
"Bueno, creo que entonces hablo por todos, así que andando" decía Marthus.
Midna intentó seguir preguntando, pero, prefirió permanecer en silencio, Yarl nuevamente cargo a Malina en su espalda, siguieron al ser de cabeza flameante sin decir ni una sola palabra, simplemente, meditaban sobre lo sucedido, por alguna extraña razón Marthus se había convertido en el líder del grupo.
Los cuatro avanzaron al sur, al parecer Marthus conocía muy bien el terreno y los había dirigido por algunos atajos, para acortar el camino, cuando llegaron a los grandes pastizales del reino del crepúsculo, Yarl decidió que necesitaba descansar un momento, bajó cuidadosamente a Malina de su espalda y la recostó sobre la hierba fresca, el caballero exhausto, se sentó sobre una ronca cercana, todo el luga; tenía ese olor característico que les daba una sensación de paz, nuevamente podían ver aquel hermoso sol crepuscular. La mayoría del trayecto había sido en silencio, solo Marthus había pronunciado algunas palabras para indicarles el camino que debían seguir.
Midna y Marthus, siguieron caminando, los dos sabían que debían hablar, por lo cual, se alejaron lo suficiente del caballero real y de la adolescente.
"Maestro, ¿Por qué salió de sus tierras?, encontrarlo a mitad de camino me sorprendió bastante" preguntaba la princesa de cabellera roja, mientras veía a Malina y a Yarl a la distancia, al parecer, el caballero se encontraba más tranquilo.
"Porque esas tierras ya no existen Midna, el desierto de la desesperanza, ha sido borrado de este mundo". Decía Marthus con voz calmada.
"¡¿Qué?!, ¡No puede ser!, pero, ¿qué es lo que…?" intentaba pregunta la princesa cuando la interrumpió Marthus.
"Es más poderoso que yo, y cada vez obtiene más y más fuerza, por eso debo ir a Gravendel, esto no se compara con el demonio de cabellera roja" contestaba el ser de flamas obscuras.
"¡¿Gandondorf?!, ¿te refieres al demonio; que estaba detrás de Zant y de toda la revuelta que hubo en el mundo del crepúsculo, para conquistar el mundo de la luz?" preguntaba anonadada la princesa.
"El mismo Midna" respondió Marthus, mientras dirigía su mirada al sol crepuscular.
"¡¿Sabías de Ganondorf?! ¡Sabías de él!, y, no ayudaste a mi padre, cuando más te necesitó.
Los sentimientos de Midna se volvieron una tormenta en su interior, muchos recuerdos pasaron por su mente en cuestión de segundos, era imposible controlarlos.
Midna, abofeteó a Marthus con todas sus fuerzas, a lo cual el no respondió y permaneció en la misma posición, las lágrimas ya no se pudieron contener más, la princesa comenzó a golpear el pecho del ser de cabeza flameante con todas sus fuerzas, al mismo tiempo que sollozaba de dolor, Marthus permaneció inmóvil, los golpes de Midna parecían no afectarle.
"¿Por qué?... ¿Por qué no lo ayudaste cuando Zant empezó con su revuelta?, si hubieras estado ahí, ellos aún estarían conmigo", lloraba Midna, terminó de rodillas en el suelo, intentando darle sentido a las cosas.
Yarl al ver la escena corrió en dirección de la princesa del crepúsculo, Marthus al verlo levanto su mano derecha, y al mismo tiempo una barrera de energía obscura lo envolvió, impidiéndole acercarse a él y a la princesa.
"Aun eres débil Midna, espero que no cometas los mismo errores que cometió tu padre, querías ayuda, por eso viniste a mí, dijiste que aún, no te has ganado el título de soberana de tu pueblo, y en eso tienes razón, pero déjame decirte que para lograr eso, tendrás que ser más fuerte, tu corazón está traicionando a tu mente, y no te deja pensar claramente, por eso, lo deberás silenciar, es la única manera en que podrás tener control de ti misma y podrás desarrollar ese poder que hay dentro de ti" decía Marthus, mientras miraba a la princesa directamente a sus ojos que seguían derramando lágrimas.
"Que sabes tú de lo que mi corazón quiere, antes de morir el oráculo me dijo que debo encontrarme nuevamente con él", decía Midna.
"Se más de lo que crees Midna, cuando accedí a entrenarte hace años, no fue simplemente por haber sido amigo de tu padre, lo hice porque sentí ese gran poder que hay dentro de ti, sabía que tenías un gran potencial, solo necesitabas tener el entrenamiento adecuado, pero, haber sido sobreprotegida por tu padre te hizo débil y dependiente de los demás, tu padre pensó que mi entrenamiento podría ser peligroso para su primogénita" Comentaba Marthus.
"¡¿Primogénita?!, a que te refieres con eso, soy la única hija del rey Muthna, no tengo hermanos ni hermanas, preguntaba sorprendida la princesa del crepúsculo.
"Vaya, veo que no sabes nada de tu amado padre, mi querida aprendiz", contestaba el ser de ojos dorados, "por eso tu padre me exilió, tenía miedo de que su pequeña y adorada hija pudiera morir en mis entrenamientos, así mismo, yo sabía demasiado, y me condenó a vivir en el desierto de la desesperanza" agregó Marthus, con tono de rabia.
"Sin embargo, no lo dejé solo, cuando recibí su petición de ayuda, fui rápidamente al palacio, pero cuando llegué…, era demasiado tarde, los cuerpos de tus padres yacían en el suelo, intenté buscarte, pero no te pude encontrar" decía Marthus, bajando la mirada para encontrarse con la de Midna, la cual no podía creer lo que estaba escuchando.
"¿Por qué no mataste a Zant en ese momento?, él no era rival para ti" preguntaba Midna mientras empezaba a incorporarse limpiando sus lágrimas.
"Intenté hacerlo, pero hubo algo que me detuvo, cuando finalmente pude encontrarlo noté que estaba con alguien, alguien que no pertenecía a este mundo, la curiosidad me detuvo, me oculté entre las sombras, y me acerqué para escuchar de que estaban hablando, ahí fue cuando conocí al demonio de cabellera roja, me di cuenta de que era capaz de abrir un portal, al mundo de la luz, así mismo, Zant le había comunicado que tú, habías escapado, la invasión al mundo de la luz, era el momento perfecto, para que alguien de la realeza pudiera reunir los fragmentos de la sombra fundida, que se encontraban en el mundo del cual nuestros ancestros habían sido desterrados, una vez más confié en que ti, pensé que el coraje de vengar a tu familia, te impulsaría a obtener el gran poder de nuestros antepasados y así derrotarías a Zant y al demonio de cabellera roja, para traer paz a nuestro mundo nuevamente ".
"¿Por qué me dejaste sola, me hubieras ayudado, por qué seguías negándonos tu ayuda?" preguntaba la princesa.
"Porque a pesar de que Zant intentó fusionar ambos mundos, no me era posible a mi pasar al mundo de la luz, recordarás que tu padre, me arrebató mi condición de morador del mundo crepuscular, y me convirtió en esto que ahora ves, aun así, intenté contactarte, pero no pude, podía sentir tu presencia en este mundo, pero cuando Zant te maldijo, la magia obscura del demonio rojo, me impedía localizar tu posición, solamente cuando dejé de sentirte, me dí cuenta de que habías logrado ir al mundo de la luz, afortunadamente no me equivoqué y reuniste la sombra fundida, pero una vez más, demostraste debilidad". Comentaba Marthus.
"El poder de Ganondorf era inmenso, además mi cuerpo estaba maldito" replicaba Midna en su defensa.
"No, no me refiero a esa debilidad, terminaste enamorándote de la bestia de ojos azules, ese tal Link, como tú lo llamas, no fuiste tú, si no él, quien tuvo que salvar ambos mundos, y lo peor de todo es que la sombra fundida quedó destruida", reclamaba Marthus.
Minda estaba sorprendida de saber que Marthus conocía toda esa información, la bella princesa se sentía humillada, no sabía cómo responder ante tales acusaciones, intentó resolver muchas interrogantes que se habían formulado en su cabeza pero Marthus se adelantó a hablar.
"En efecto debes ir al mundo de la luz nuevamente, y yo a Gravendel, si queremos destruir a la amenaza de este mundo, es necesario que visite las tumbas de nuestros ancestros, por el momento no puedo perder más tiempo, debes encontrar la manera de volver al mundo de la luz, espero, que tengas suerte Midna" decía el ser de cabeza flameante, mientras daba la media vuelta y se alejaba.
"¡Espera!, tengo muchas preguntas aun" gritaba Midna, mientras corría en su dirección, cuando una pared de energía obscura le impidió seguir avanzando.
"Estoy seguro de que hallaras las respuestas por ti misma" Contestaba el de ojos dorados.
Una vez que Marthus se perdió de vista, las barreras desaparecieron, liberando a Yarl, Midna quedó agotada mentalmente, se quedó arrodillada, pensando en todo y en nada a la vez, habían muchas preguntas importantes que resolver, pero el que una vez fuera su maestro, le había dicho que tenía que ir al mundo de la luz, y a pesar de no saber nada de la amenaza de su mundo, ella sabía que debía empezar por encontrar la manera de regresar a Hyrule
Los tres permanecieron en ese gran campo de hierba fresca, el viento soplaba, meciendo toda planta y flor de los alrededores, Yarl permaneció en silencio, sabía que necesitaba dejar a Midna a solas, regresó donde se encontraba Malina, la cual no despertaba aún, el panorama era abrumador, Yarl comenzó a levantar un nuevo campamento a la sombra de un árbol cercano, acomodando a la joven adolescente lo más cómoda posible.
Midna seguía en la misma posición sin casi moverse, Yarl la miraba, sentado al lado de Malina, esperando poder hacer algo por su soberana, sin embargo, lo que más le hubiera gustado, era poderla abrazarla por detrás y decirle al oído que todo iba a estar bien.
