Sakura abrió los ojos. Se encontraba en una habitación que no era la suya, y lo más raro aún, se encontraba desnuda. Cerró los ojos he intentó rememorar cómo había llegado allí.

Todos los recuerdos de la noche pasada surgieron de repente. Se incorporó intentando cubrirse su cuerpo con la sábana y miró a hacia el lado opuesto de la cama. La encontró vacía.

Suspiró de alivio. No le apetecía lidiar con el "buen humor" de su marido desde buena mañana. Permaneció quieta, con la mirada perdida, sumida en sus pensamientos.

Nunca esperó que su primera vez fuera así, con un hombre que la despreciaba y la consideraba una salvaje. Lo que más le molestó de todo es que lo disfrutó. Había disfrutada todas y cada una de las caricias que el Uchiha le había dado.

No te hagas ilusiones Saku, esto no va a volver a pasar. Se cansará de ti. Él mismo lo dijo, solamente lo hizo por el pacto. –pensó- Ni siquiera ha puesto interés en conocerme. Además, tú no quieres que alguien como él te toque, ¿verdad?

Con un suspiro cansado se levantó de la cama, todavía cubierta con la sábana. Hizo un leve mohín al descubrir que su entrepierna le molestaba. No era un dolor insoportable, más bien era una molestia notoria, sobre todo al andar.

Sabía que ese día partirían a las Tierras del Fuego; dejaría atrás a su aldea, sus amigos, a sus tíos, su vida.

Tengo que ser fuerte-pensó la pelirrosa con los ojos cerrados- por ellos, por mí.

Justo en ese momento alguien llamó a la puerta. Se giró asustada, solo llevaba puesto la sábana.

La persona que entró fue la persona que menos se hubiera esperada la pelirrosa.

-Buenos días Sakura-chan, ¿qué tal estas?- las voz de Mikoto tranquilizó a ojiverde.

-Bien, supongo- dijo avergonzaba mirando al suelo. Sus mejillas habían adquirido un todo rosado. Le daba vergüenza que su suegra la viera en esa situación.

Con una sonrisa en los labios la morena se acercó y le acarició la mejilla.

-Sakura-chan no debes avergonzarte de esto, es algo por lo que pasamos todas- dijo dándole un guiño de ojos, lo que hizo a la pelirrosa enrojecerse más, provocando a su vez la risa de Mikoto.

-Ten, ponte esto y acompáñame, vamos a asearnos- le tendió una especie de albornoz y se giró para que tuviera intimidad para ponérselo.

Una vez con el albornoz puesto Mikoto la llevó a los baños, donde ambas fueron atendidas por las sacerdotisas. Se encontraban ahora solas en las termas, en un silencio un tanto incómodo para la pelirrosa. No sabía de qué hablar con su suegra. Suegra- pensó- tengo que ir acostumbrándome a esas palabras.

-Sakura-chan- la susodicha alzó su cabeza y miró a Mikoto- Puede ver la sangre en las sábanas, eso significa que eras virgen. ¿Fue mi hijo gentil contigo?

Si antes la pelirrosa estaba sonrojada ahora su cara parecía un tomate. ¿Qué podía decirle?

Mire señora, su hijo me coaccionó para violarme, bueno violarme no porque al fin y al cabo lo permití, y bueno es lo que se espera de una relación de matrimonio, y bueno la verdad es que también lo disfrute, pero vamos… - esas palabras quedaron descartadas, pensó la pelirrosa.

-Esto… yo… yo no…- Mikoto soltó un suspiro cansado, la reacción de la chica le insinuó que su hijo no había sido un príncipe azul, por decirlo de alguna manera.

-Sakura, ¿te hizo daño?¿sufriste mucho?- la mirada de su suegra destilaba preocupación.

-No Mikoto-sama, la verdad es que me esperaba peor mi primera vez- al instante agachó la cabeza avergonzada.

-Sakura-chan, sé que es difícil para ti; dejar todo atrás, casarte con un hombre que no conoces e irte a vivir a una tierra que no es la tuya- las palabras de Mikoto sonaban tranquilas. Sakura la miró y vio que Mikoto tenía la vista perdida, como si estuviera recordando su pasado.- Sé que es difícil porque yo pasé lo mismo que estás pasando tú. Al final entendí que podía llegar a ser feliz. Si bien Fugaku no fue el mejor hombre del mundo llegué a tenerle a aprecio, ¿Sabes por qué?- la pelirrosa negó con la cabeza- porque me dio lo mejor de mi vida, a mis hijos, Itachi y Sasuke.

Sakura se quedó en silencio. ¿Hijos, con él? Imposible. O no tan imposible- resonó una voz en su cabeza- ¿acaso no te acuerdas como se hacen los niños? Porque lo has hecho ya.

Mikoto, al verla con cara de incertidumbre le dio una sonrisa.

-A donde quiero llegar Sakura-chan, es que por muy mala que parezca la situación, los pequeños detalles te harán felices, harán que tu vida merezca la pena- ante estas palabras Sakura pensó solamente con el hecho de que mi pueblo esté bien ha merecido la pena.

-Además Sakura, tienes la suerte de que Sasuke-chan es una persona muy sensible y amoroso- ante esto Sakura abrió muchos los ojos. ¡¿Sasuke una persona sensible y amorosa?! Acaso aquella mujer estaba ciega.

Mikoto rompió a reír.

-Se lo que estás pensando, pero Sakura, poca gente conoce de verdad al verdadero Sasuke Uchiha- ante esto se incorporó- ten paciencia pequeña, cuando descubras cómo es él de verdad todo te habrá merecido la pena.


Sakura y el resto del consejo de su clan se encontraban a la salida del templo. Era hora de partir.

Nadie sabía que decir.

-Sakura-chan- Tsunade habló- esto no es un adiós pequeña, sabes que siempre serás bienvenida en la aldea, en tu hogar- la pelirrosa se abalanzó contra su tía, la mujer que cuidó y veló por ella. Ambas se fundieron en un abrazo como nunca antes se lo habían dado.

Al separarse tanto la rubia como la pelirrosa tenían los ojos acuosos. Mas ninguna derramó una lágrima. Tenían que ser fuertes.

-Sakura, estamos muy orgullosos de ti- Jiraiya imitó a Tsunade y abrazó fuertemente a su sobrina.

-Sakura-san la echaremos de menos, pero como dijo tu tía no es un adiós, es un hasta luego- todo el consejo mostró su apoyo a la chica, que tuvo que reunir todas sus fuerzas para no echarse a llorar.

-Es hora de partir- una voz fría a sus espaldas rompió el momento tan emotivo. Se giró y allí encontró a su marido. No lo había visto desde que salió para enseñarles la prueba de su noche de bodas al consejo.

Iba vestido con una camisa ancha blanca tradicional y unos pantalones negros tipo bombachos. El símbolo del clan Uchiha lucía imponente en su espalda. Su mirada sí que no había cambiado: una mezcla entre indiferencia y superioridad.

Sakura miró por última vez a su familia.

-Hasta pronto, cuídense mucho- y tras realizar una reverencia se giró y fue hasta donde le dijo el moreno.

No miró atrás, eso solamente haría las cosas más difíciles. Ese pensamiento le recordó algo que le dijo su tía cuando le contó que sus padres habían muerto.

Flash back

Una pelirrosa se encontraba llorando desconsoladamente en el bosque de su aldea.

Su tía Tsunade, la hermana de su madre, le había dicho que sus padres habían muerto en acto de servicio.

-Otosan, okasan, prometisteis volver.- las lágrimas inundaron todavía más la cara de la pequeña. De la garganta solo salían hipidos y gemidos de dolor. Sus padres habían muerto.

-Conque estás aquí, debí sospecharlo, al fin y al cabo es tu lugar favorito, ¿no es así Sakura?-su tía apareció al lado de ella. No la había oído venir, cosa que era lógica; su tía era una de las mejores kunoichis de las Tierras Libres, si no la mejor, y ella solo era una aprendiz de diez años.

-Tsunade-obasan, déjame sola- gimió la pelirrosa.

Tsunade, ignorando a su sobrina, se sentó a su lado y la abrazó, haciendo que la pelirrosa llorara todavía más.

-Sakura cariño, no puedes sumergirte en la oscuridad. Hace ya dos semanas que estás así. Tus padres no hubieran querido que estuvieses así.

-PAPA Y MAMA YA NO ESTÁN- gritó la pelirrosa- ¿CÓMO QUIERES QUE ÉSTE? SE HAN IDO Y ME HAN DEJADO SOLA.

-Sakura- la voz de su tía sonó bastante dura- tus padres eran ninjas. Murieron sirviendo los intereses de la villa. No hay mayor gloria para un ninja que ese. Tú, que pretendes volverte ninja lo deberías de saber.- la pelirrosa comenzó a calmarse- Tus padres te amaban con locura Sakura, y no te han dejado sola cariño, nos tienes a mí, a Jiraiya, a la gente de la aldea, nunca estarás sola- mientras la consolaba le acariciaba su cabeza.

-Pero tía, desearía tanto volver al pasado y decirles tantas cosas- tras decir esto soltó un hipido.

-Sakura, no podemos cambiar el pasado, ni podemos quedarnos anclados en él. No te estoy diciendo que los olvides, solo te pido que disfrutes de los recuerdos de tus padres. Que cada vez que pienses en ellos los recuerdes con una sonrisa y mimándote- la pelirrosa alzó la cabeza- Sakura, encuentra tu camino ninja de tal forma que tus actuaciones no te obliguen a mirar atrás, que en tu futuro no te arrepientas de nada de lo que has vivido.

Tras estas palabras Sakura permaneció en silencio, reflexionando sobre lo que había dicho su tía. Sus padres no habrían querido que reaccionara así. Se restregó sus ojitos y limpió todo rastro de lágrimas. Respiró unas cuantas veces y se incorporó.

Tsunade observaba a su sobrina, esperando a ver cómo reaccionaría.

-Tía, haré que mis padres estén orgullosos de mí. Viviré al máximo, para no tener que volver la cabeza atrás nunca más.

Tsunade sonrió, y unas cuantas lágrimas escaparon de sus ojos, sin que Sakura lo viese claro.

Mebuki, Kizashi, habéis educado bien a Sakura. Se volverá una ninja y mujer brillante. No os preocupéis, yo la cuidaré, lo juró- y con esta última reflexión Tsunade se levantó, tomó a su sobrina de la mano y volvieron a la aldea.

Fin del Flash Back


Sakura se encontraba al lado de Sasuke, no permitiría que ese engreído pensase que iba a ir unos pasos por delante de ella, cosa que no pasó desapercibida por el pelinegro.

Llegaron hasta una carroza en la que esperaba dentro Mikoto.

-Sube- ordenó Sasuke secamente.

-Puedo ir andando, ¿te recuerdo que soy una kunoichi?- dijo ella igual de seca que el moreno.

-He dicho que subas, no puedo permitir que vean a mi mujer haciendo cosas que no son propias de una mujer del clan Uchiha- la vena de la frente de Sakura comenzó a hincharse.

Antes de que pudiera responderle "amablemente" Mikoto intervino.

-Sakura-chan, ven a hacerme compañía por favor. El viaje es muy largo y si no tengo a nadie con quien conversar me aburriré mucho- no sabía qué tenía el tono de Mikoto pero hacía que se calmase.

Con una mirada retadora al Uchiha, Sakura se encaminó hacia la carroza, con la cabeza bien alta.

Veo que no has perdido las ganas de luchar. Esto será interesante- pensó el pelinegro. Con un grito dio la orden de partir.

Llevaban ya un día de viaje. No podía decir que había sido aburrido. Descubrió que Mikoto era una mujer muy educada y correcta, pero a la vez cariñosa y parlanchina.

Todo el viaje habían estado hablando de trivialidades, cuál era su color favorito, qué tipo de comida le gustaba, cuál era su estación del año favorita…

Gracias a esa conversación se enteró que su marido tenía veinticinco años, que había nacido el 23 de julio y que no le gustaba para nada el dulce. Ahora entiendo lo amargo que es- pensó la pelirrosa.

También se enteró, que con tan solo quince años había participado en la última gran guerra, cosa que sorprendió a la pelirrosa. También que tenía un hermano mayor, llamado Itachi, pero Mikoto le recalcó que no debía hablar o preguntar sobre él, cosa que extrañó a la pelirrosa.

Cuando cayó la noche, pararon para cenar y para descansar.

La pelirrosa se sorprendió al ver que Sasuke en vez de dormir con el resto del consejo, que se encontraban en otra carroza más grande, prefirió cenar y dormir al raso con sus hombres. Eso decía mucho de él; no era un hombre que buscara comodidades, era un hombre hecho para el combate, y que respetaba a sus hombres.

Cuando se encontraban dormidos la pelirrosa se despertó, tenía muchas ganas de ir al baño.

Con sigilo salió de la carroza, con cuidado de no despertar a Mikoto.

-La primera noche y ya quieres escapar Sakura- si no fuera porque Sasuke fue más rápido y le tapó la boca, hubiera soltado un chillido que habría despertado a todo el campamento.

Cuando el moreno vio que la pelirrosa no iba a gritar le quitó la mano de la boca.

-So animal, ¿qué pretendías?, ¿matarme de un infartó?-preguntó la muchacha todavía exaltada- y para tu información no pretendía escapar, solamente quería ir al baño- dijo hinchado las mejillas.

-Perfecto, vamos- dijo el pelinegro, y sin más se fue caminando hacia el bosque que se encontraba al lado del camino donde habían parado. Al ver que la pelirrosa no le seguía se detuvo y se dio la vuelta- ¿No querías ir al baño?, pues muévete y no me hagas perder más el tiempo.

-¿No pretenderás que haga mis necesidades delante de ti no?- dijo la pelirrosa con un tono que mezclaba molestia y vergüenza.

-¿Qué tiene de malo?, al fin y al cabo no iba a ver nada que no haya visto antes- su mirada recorrió el cuerpo de la pelirrosa, haciéndola sonrojar- si te sientes más cómoda no te preocupes, me daré la vuelta.

Decidiendo confiar en él, (puesto que no le quedaba otra), se internó en el bosque.

Cuando Sasuke pensó que era una distancia prudente le señaló donde podía ir a hacer sus necesidades.

Justo cuando había acabado, oyó un gruñido a su derecha. Un lobo negro, casi tan grande como ella se encontraba a escasos metros de ella. Sakura se dispuso a sacar un kunai de su portakunais, para darse cuenta que no traía sus ropas de siempre. Mierda- pensó- malditos sean los yukatas, y maldito seas Uchiha por obligarme a vestir así.

Miró a Sasuke, quien le decía con un gesto que permaneciera callada y quieta, mientras desenvainaba su espada con lentitud.

Todo pasó muy rápido, el lobo saltó hacia ella pero fue interceptado por Sasuke. Lo que no se esperaban ni Sakura ni él es que más lobos salieron del bosque.

-Corre, vuelve al campamento- Sakura obedeció por primera vez las palabras de su marido sin rechistar.

Llegó al campamento en un suspiro. Aunque Sasuke no le había dicho nada avisó a sus hombres, quienes no tardaron en alistarse y ella los dirigió al lugar donde Sasuke se encontraba peleando con los lobos.

Para cuando llegaron, Sasuke ya se estaba enfrentando al último lobo. No tenía ni un rasguño, ni siquiera parecía cansado. Cuando acabo con el último se giró a ella con el ceño fruncido.

-¿No te había dicho que volvieras al campamento?¿Por qué has molestado a mis hombres por esta tontería?- su voz parecía molesta, como si en realidad hubiera estado luchando con cachorros en vez de con unos lobos salvajes enormes.

Iba a replicar cuando escucharon un leve rugido, o más bien un intento de rugido. Sasuke volvió a desenfundar su espada y se dirigió hacia dónde provenía el sonido.

Lo que vio lo dejo medio sorprendido.

-Ahora entiendo por qué había tantos lobos juntos, cuando solo suelen ir uno, como mucho dos juntos.- Sakura se acercó a donde estaba el pelinegro.

Ante ellos se encontraba una tigresa blanca, muy mal herida.

-Los lobos solo atacan en grupo cuando su presa es más grande que ellos- explicó el pelinegro. Sakura no podía apartar la mirada del majestuoso animal que tenía delante. Avanzó unos pasos más, pero el pelinegro la detuvo- Ni se te ocurra, está herida de muerte, no dudará en atacar.

Deshaciendo el agarre del pelinegro avanzó, escuchando una maldición por parte de su marido.

Solo estaba centrada en la mirada del animal. Avanzó poco a poco, sin ningún miedo. No sabía por qué pero sabía que ese animal no la iba a atacar. Cuando estuvo a escasos pasos de la tigresa alzó la mano, esperando la aprobación del animal, que la miraba a ella con la misma intensidad. Siguió avanzando, ya estaba a escasos pasos. Se agachó para quedar a la altura del animal, que bufó un poco, pero no demostró signos de atacar.

Finalmente rozó al felino. Comenzó a aplicarle chakra intentando salvarla. La tigresa miró a Sakura, he hizo algo impensable. Se medio incorporó y dejó ver que debajo de ella había algo. Era su cría. Sakura la miró y luego miró a la madre. Por un momento su mirada se perdió en los ojos de la tigresa.

Cuídalo- una voz sonó en la cabeza de la muchacha haciéndole dar un respingo- cuídalo, te lo pido.

Sakura estaba anonadada, había oído leyendas de gente que se comunicaba con los animales, pero nunca las creyó. Ahora se encontraba en una situación inverosímil. La tigresa empujó la mano de Sakura, como queriendo decirle que cogiese a su cría.

Con mucha cautela lo hizo. Cuando tuvo a la pequeña cría en sus manos volvió a mirar a la tigresa a los ojos.

Gracias- volvió a escuchar Sakura. Y tras esto, el cuerpo de la tigresa se desplomó sin vida.

No supo bien cuanto tiempo pasó, pero la pelirrosa no paraba de mirar al cuerpo de la tigresa y a su cachorro, que se debatía en sus manos asustado.

-Déjalo junto a su madre- la voz de su marido la sacó de su trance.

-Si lo dejo aquí volverán los lobos y lo mataran. Su madre murió para defenderlo. Ella me pidió que lo cuidara- el moreno, al escuchar las palabras de Sakura arqueó la ceja. Agradecía que sus hombres no se encontraban lo suficientemente cerca como para haber oído a la ojiverde. No quería que tacharan de loca a su mujer, aunque así fuera.

-No es nuestro problema, el débil pierde ante el fuerte, así en la ley de la vida- y dicho esto se giró.

-Si él se queda yo también- ante estas palabras Sasuke paro de andar y se giró.

-Es un animal salvaje, ¿Qué pretendes hacer con él, volverlo tu perrito faldero?-dijo con ironía- Cuando crezca y se vuelva fuerte intentará matarte.

-Es un riesgo que correré- dijo la pelirrosa mirando al cachorro, que la miraba asustado con sus ojos de color ámbar. Con un suspiro de resignación dijo- por favor Sasuke, déjame quedármelo, prometo que no pasará nada, yo responderé a sus actos.

Sasuke al ver la cara de súplica de la pelirrosa maldijo.

-Tss, está bien. Pero tú te encargarás de él. A la más mínima que vea que es peligroso lo mataré.

Sakura sonrió, se acercó al moreno y le dio un beso en la mejilla.

-Gracias- y con una sonrisa en los labios se dispuso a volver en el campamento, dejando a un Sasuke petrificado atrás.

¿Qué demonios? ¿Por qué ha hecho eso? Mejor dicho, ¿por qué reacciono así? TSS maldita bruja no pienses que porque me sonrías y me pidas las cosas dulcemente vas a poder conseguir lo que te salga en gana.

Al ver el enfado en la cara de su señor, los hombres se quitaron de su camino. Sabían muy bien que cuando Sasuke se encontraba en ese estado era mejor no ponerse en su camino.


Una vez en el campamento Sakura se fue a la carroza que compartía con su suegra. Mikoto se encontraba despierta, asustada por el barullo que había escuchado fuera.

-¡Sakura-chan!¿Estás bien?¿Sasuke-chan está bien? ¿Qué pasó? ¿Y qué es lo traes ahí?- la pobre mujer de la preocupación empezó a hacer mil y un preguntas.

-Mikoto-sama estamos los dos bien- y prosiguió a contar lo sucedido hacía unos instantes

-¿Qué vas a hacer con el cachorro Sakura? Como te ha dicho mi hijo puede llegar a ser peligroso.- ante las palabras de Mikoto, Sakura bajó la cabeza al cachorro que tenía en sus manos.

-Lo cuidaré hasta que se haga mayor y pueda valerse por sí mismo- acarició el suave pelaje del tigre- al fin y al cabo se lo prometí a su madre.

Mikoto quedó en silencio mirando a Sakura. Esa chica tenía algo peculiar, de eso se había dado cuenta, pero la amabilidad y las ganas de ayudar eran algo que de verdad apreciaba de ella.

Sasuke-chan, espero que encuentres la felicidad con esta mujer. De verdad que me gusta tenerla como nuera- y con estos pensamientos y una sonrisa en los labios, se dispuso a dormir.

Tras darle las buenas noches, Sakura se acostó con el cachorro acurrucado en su pecho.

Unas dos horas después la despertó un movimiento en su costado. El cachorro no paraba de moverse y de gimotear.

Seguramente tiene hambre-pensó- vamos a ver si encontramos algo de leche en este campamento.

Esta vez salió más precavida, casi pudo notar cuando su marido se puso a su lado.

-¿qué demonios quieres ahora?- su voz sonó cansada y con un matiz de fastidio.

-¿Es que tú no duermes?-preguntó la pelirrosa en el mismo tono- quería buscar algo de leche para Rakki.

-¿Rakki?- preguntó el pelinegro alzando su ceja.

-Sí, Rakki, así es como he llamado al cachorro- su mujer le había puesto al cachorro suerte. Jah la vas a necesitar si vas a pasar con ella más de 10 minutos- pensó Sasuke-- ¿no sabrás si hay no?- preguntó la muchacha.

Sin decir una palabra el moreno se fue, dejando a Sakura sola. Idiota, te vas y me dejas con la palabra en la boca.

Instantes después apareció Sasuke con una botellita de leche.

-¿Esto bastará?-Sakura lo miró fijamente, no esperaba que él mismo fuera a por la leche- te he preguntado si con eso bastará.

-Creo que sí, gracias.- tomó la leche y se giró camino de a la carroza.

-Sakura- al oír su nombre se giró- No vuelvas a hacer una locura como la que hiciste antes. Si murieras de una manera tan estúpida y prematura tendría que dar muchas explicaciones y el pacto se vería dañado ¿entiendes?

-Entendido- las palabras indiferentes de la pelirrosa molestaron de sobremanera al muchacho. ¿Quién se creía que era para contestarle así?

Una vez dentro de la carroza, Sakura se dispuso a darle la leche a Rakki, quien hacía sonidos muy graciosos al tragar con ansia, cosa que le hizo gracia a la pelirrosa.

-No te apures Rakki que queda mucha, no te vayas a atragantar- una vez dicho esto el cachorro dejó de tomar la leche y exhaló un eructo, haciendo reír más a la pelirrosa, quien lo acurrucó otra vez contra su pecho- ¿Tú me harás compañía verdad Rakki?, no te preocupes por el ogro de mi marido, yo te protegeré, pero tienes que prometerme que serás bueno ¿vale?- tras esto la pelirrosa cayó rendida.

No se percató de que Mikoto no estaba dormida, sino que se encontraba mirándola sin que se diese ella cuenta. Definitivamente su nuera era una buena mujer, y tras esto se dio la vuelva y durmió.


Fuera de la carroza se encontraba Sasuke. Se encontraba confuso. Cuando vio salir por primera vez a su mujer y pensó que quería huir su sangre comenzó a hervir. Nadie escapaba de él, mucho menos ella, pues le pertenecía, era su mujer. Esto desconcertó al pelinegro. Nunca se había obsesionado con ninguna mujer a tal punto de proclamarla como suya. Es porque al ser mi esposa lo que haga ella tendrá repercusiones en mí- pensó.

Cuando vio que no quería escapar, sino que quería ir al baño la acompañó, no dejaría que algo le pasase fuera.

Cuando comenzó a internarse en el bosque un comenzó a notar un calor al pensar en el hecho de estar los dos solos. Definitivamente la noche anterior le dejó con ganas de más. Sin embargo, decidió controlarse, no podía dejarse llevar por sus instintos.

Cuando los lobos atacaron la defendió y la obligó a ir a sitio seguro. Menuda sorpresa se llevó al verla de vuelta. ¿Es que era estúpida? No veía que metiéndose solo estorbaría. Se lo reprocho.

Pero más se reprochó a él mismo el no haber intervenido todavía más cuando vio a la tigresa. Su cuerpo estuvo tenso todo el rato que la pelirrosa estuvo frente al animal, y solo se relajó y envainó su espada cuando vio desplomarse a la tigresa.

Ahora quería llevarse al cachorro, y encima se lo pedía suplicando. Cuando le dijo que sí no esperaba que lo besase. Definitivamente esa mujer era extrañan. Unos segundos antes estaba desafiándole y ahora estaba comportándose dulcemente y dándole un beso.

Estuvo toda la noche haciendo guardia en frente de la carroza que compartían su madre y su mujer.

Cuando la volvió a ver salir sospechó que el bicho (como había bautizado él al cachorro), tendría hambre.

Le fastidiaba que su mujer fuese atenta con todo el mundo menos con él. Bobadas, lo que te pasa es que no te respeta, por eso estás molesto- se dijo a sí mismo. Cuando la pelirrosa se adentró en la carroza y dejó de oírla se dispuso a dormir, al fin y al cabo todo esto solo acababa de comenzar.

Mañana les esperaría a todos un día ajetreado, al fin y al cabo, las Tierras del Fuego recibirían a aquella extraña muchacha como su señora. Sí, definitivamente el día de mañana iba a ser importante para todos.


Una vez más, gracias por sus review!No he tenido tiempo de contestarles, pero los he leído todos y estoy más que agradecida.

Espero que les haya gustado el capítulo de hoy.

Lakunoichi