La verdad es que he tenido un infarto hace unas horas, pues mi ordenador se quedó pillado, no respondiendo y tuve que reiniciar; siendo así que tuve que volver a escribir una parte. Me da rabia porque por eso siempre que me paro un segundo a revisar o lo que sea le doy a guardar. Pero aquí tenéis el siguiente capítulo, espero que os llene de ternura y os guste~
Capítulo 7: Too beautiful to handle.
La taberna del pueblo estaba bastante ruidosa aquella noche, era normal dado que se encontraban pegados al gran puente que conectaba con la capital y el festival de la princesa perdida estaba por caer; por lo tanto venían muchos turistas para poder disfrutarlo. A Matsumoto poco le importaba aquello; la verdadera razón por la cual se encontraba ahí era para ver si podía oír algo sobre Orihime. Sabía que ella deseaba ir a ver los dichosos farolillos, y lo más probable es que quien fuese que se la hubiese llevado es que le dijese que se dirigían ahí. Tal vez quería la recompensa por traer a la princesa, o quería usar su pelo para ganar grandes sumas de dinero. Eso no podía saberlo hasta que tuviese alguna pista, por lo que decidió empezar por ahí.
Tras ella había dos enormes figuras que no eran otros Jirōbō y Jidanbō, los cuales habían logrado salir ilesos, junto a ellos una joven que temblaba como un flan se acercó con bebidas para los dos.
- O-os he traído lo que me habéis pedido... – Dijo Kiyone mientras se sentaba frente a ellos. – Ya os lo he dicho, Ogichi Kurosaki fue visto con una joven de pelo como anaranjado y muy largo en la mina de Las Noches. – Aquello hizo que la rubia se alarmase y escuchase a lo que tenían que decir. – Pero la presa cedió, lo vi con mis propios ojos; seguramente estén muertos.
- Tonterías. – Dijo Jirōbō rodando los ojos. – Shirosaki es uno de los ladrones más ágiles que hay, por eso mismo le pedimos que trabajase con nosotros. Además esas minas tienen miles de salidas, seguramente haya salido airoso.
- No sé yo hermano... – Jidanbō le respondió dudoso.
- ¿Qué te he dicho de pensar? Para algo soy el mayor. – Le chistó el otro mientras se cruzaba de brazos. – Tenemos que saber quien es esa chica, tal vez le esté ayudando.
- P-perdona...¿Pero puedo irme ya? – Preguntó la rubia, a lo que simplemente respondieron tirandole una pequeña bolsa con monedas. – Gra-gracias. Buenas noches.
Y con eso la chica se puso en pie al igual de ellos. Matsumoto no perdiendo el tiempo fue tras ellos. Si su aguda cabeza no le engañaba seguramente ese tal Shirosaki habría descubierto quien era en verdad Orihime, por lo que la traería para recibir la recompensa; por no decir que seguro que hasta le perdonarían todos sus crímenes. Si esos dos gigantes eran sus antiguos compañeros, que al parecer habían sido traicionados por éste, tenía la oportunidad para recuperar lo que era suyo. Los hermanos Ikkanzaka se dirigían hacia el establo de la taberna; ya que sería demasiado llamativo el que se quedasen en un hospedaje siendo fugitivos.
Yendo hasta ahí Rangiku se apoyó en la puerta del lugar, cruzándose de brazos.
- Caballeros decirme...
- ¿¡Qué diablos quieres?! – Jirōbō se giró hacia la mujer alarmado, en cualquier momento podía llegar la guardia real.
- ¡Hermano! No grites. – Le pidió su hermano menor, que a pesar de su juventud era más precavido que el otro. – ¿Mujer que quieres? – Preguntó esta vez él, con un tono más calmado, pero dejando claro que debería de andarse con cuidado con su lenguaje corporal
- No temáis, tan solo me preguntaba si eso que buscabais... – Removiendo la bolsa sacó las dos horquillas con una sonrisa. – Era esto. – Automáticamente los dos rufianes se pusieron en actitud defensiva, dispuestos a apalearla hasta que les entregase lo que consideraban suyo. – Oh por favor, no hace falta, tomar. – Y sin más les tiró la bolsa con las dos piezas de orfebrería, encogiéndose de hombros mientras veía como esos dos gorilas miraban con una gran sonrisa el tesoro. – ¿Contentos?
- Sí...¿Pero por qué nos das esto?¿En que te beneficia ? – Preguntó de nuevo el menor, recibiendo un codazo del otro.
- ¡No seas idiota! Cojamos esto y larguémonos.
- Vaya y yo que os iba a ofrecer algo mucho más valioso que esa baratija; os haríais más ricos que nadie y lo mejor de todo no sería eso. – Añadió con una sonrisa ladeada la rubia.
- ¿Y que sería lo mejor de todo? – En esa ocasión ambos hombres preguntaron a la vez, mirando a Matsumoto con expectación.
- La guinda del pastel sería que os vengaríais de Shirosaki de una vez por todas.
~··~
Habían salido ilesos de aquella prisión de rocas y agua, aunque con algunas heridas y en el caso de Orihime se había torcido el tobillo ligeramente. No era la primera vez que le ocurría dado que solía tropezarse con su pelo al ser pequeña; por eso mismo había aprendido a manejarlo de tal manera que le fuese de utilidad. Mojados y agotados, Inoue salió del río con una sonrisa, llevando a Kurosaki consigo, pues había rodeado su brazo con uno de sus mechones.
- Ah estamos a salvo, menos mal. – Dijo la chica con una gran sonrisa mientras caminaba por la tierra, apoyándose en el árbol más cercano.
- Le brilla el pelo ¿Cómo? No puede ser ¡Pero le brilla el pelo! – Era todo lo que lograba formular Ichigo con los ojos aún abiertos. Recomponiéndose un poco observó a Orihime, ahí apoyada con su ropa mojada, mostrándose hermosa y por unos instantes se quedó observándola. Poniéndose pie se encaminó hacia ella, poniendo una mano por encima de su cabeza, así acorralándola contra el tronco. Sus caras estaban tan cerca que sus narices por poco se tocaban y la mirada intensa de él le dejaba claro que no iba a salir de esa sin explicaciones. – ¿Por qué te brilla el pelo?
- Bueno... Brillar no es todo lo que hace.
- ¿Eh? – Eso solamente le desconcertó aún más, haciendo que la chica mostrase una sonrisa nerviosa. Podía notar como temblaba, pues estaba empapada. Su mirada descendió por su anatomía, sonrojándose al fijarse en como una gota de agua caía por su clavícula y descendía hasta su escote. Ichigo tragó saliva y por su propio bien tuvo que apartarse, dándole la espalda. – Esto...yo...
- ¿Estás asustado, verdad? – Preguntó bajando la mirada a sus pies con la sonrisa más triste que él había visto. – Después de todo soy un bicho raro.
- Inoue... – Sintiendo como si le hubiesen dado una patada, volviendo a mirarla. – No es eso...Es solo que tu ropa está mojada y... – Apartando su mirada con la cara totalmente roja la de ojos grises comprendió que quería decir.
- ¡Ti-tienes razón! Deberíamos secar la ropa.
Con un cabeceo ambos comenzaron a elaborar un campamento base, con todo el lío no sabían que había sido de Renji. Lo mejor sería ir a la cuidad y esperarle por donde iban a entrar a ésta. Por suerte apenas había pasado el mediodía y había unas rocas junto al río que venían de maravilla para dejar la ropa y secarlas. Sentados en el suelo, bueno solo Ichigo, pues Inoue no quería mancharse las enaguas blancas, cada uno se encontraba a un lado del árbol, pues sería demasiado vergonzoso mostrarse en sus paños menores. Se había instigado un silencio absoluto entre ambos, hasta que Inoue estornudó.
- ¿Estás bien?¿Has cogido un resfriado? – Preguntó alarmado, cerrando los puños con fuerza. Se sentía tan inútil; desde el principio había sido ella quien le había estado salvando el pellejo y él solo la había metido en problemas.
- No te preocupes, no me pongo enferma y en todo caso me curo enseguida. Aunque creo que en nada estará seca, voy a comprobarlo.
Ichigo iba a pedirle que no lo hiciera, pero sus palabras murieron en su garganta mientras observaba su figura, solamente ataviada con sus enaguas blancas y una blusa recortada de color rosa pálido; yendo a observar si su dirndl* ya estaba seco. Podía sentir como si estuviese echando humo, realmente Orihime era una mujer espectacular. Sus curvas, el color de su piel, sus piernas que se transparentaban por la fina tela... No podía quitar sus ojos de encima. Y entonces ella se giró hacia él con una sonrisa, diciéndole algo, pero tan solo podía pensar en como el sol se reflejaba en su cabello y en el adorable rubor de sus mejillas al estar tan expuesta ante otra persona.
Se había quedado tan ensimismado en ella que no reacción hasta que se inclinó hacia él, poniendo su mano sobre su frente.
- ¿Ocurre algo, Ichigo? –
Le preguntó en un tono suave, sobresaltándose al escuchar que le llamaba por su verdadero nombre; llevaba tanto tiempo con su otra identidad que le resultaba extraño que le llamasen de esa forma, pero no le molestaba como sonaba . Él negó en absoluto lo sucedido, y tampoco quiso hablar más. En ese momento debía de mantener la cabeza fría y poner las cosas en orden, no podía hablar con ella seriamente estando los dos en paños menores. Habría dicho de ir haciendo una hoguera pero no quería dejarla sola en ropa interior, cualquiera podría aprovecharse de esa situación. No podía estar más agradecido de que Renji no estuviese así, pues se pasaría el día burlándose de él; por no decir que seguramente se le irían los ojos también y a decir verdad no le gustaba la idea de que se parasen a mirarla de la misma forma en la que él lo hacía ¡En que diantres estaba pensando! Nunca se había fijado en las mujeres, ni había tenido el más mínimo interés en éstas; su cabeza estaba más centrada en otros asuntos como el conseguir hacerse rico cuanto antes, o evitar que le encerrasen en la cárcel.
Orihime se sentía más incómoda por momentos, no por el hecho de que su acompañante tan solo llevase sus calzones, mostrando su trabajado cuerpo. Había visto el torso de Grimmjow, ya que parecía que no le gustaba cubrirsélo, y Renji prácticamente iba enseñando el pecho; pero no le producía la misma impresión que cuando veía al pelinaranja de aquella guisa. Por un lado quería mirar, pero al poco se tapaba los ojos avergonzada por como le estaba mirando. Pero no era ese el problema, sino que parecía que Ichigo evitaba el hablar con ella. Tras secarse la ropa por completo comenzó a juntar madera, pescó unos peces usando una red que llevaba consigo en la bolsa que Renji les dejó en ésta y siguió haciendo otras actividades. Comenzaba a sentirse nerviosa mientras observaba como el sol se ponía; debían de retomar el camino pero realmente los dos estaban tan entumecidos por las heridas y la carrera que en un silencioso acuerdo decidieron descansar.
Cuando ya no pudo soportarlo más fue al ver su expresión de dolor por la mano herida, por lo que levantándose del enorme árbol caído, fue hasta él tomándole de la muñeca para acercarle a la hoguera.
- Ichigo, creo que es suficiente ¡Has cogido como quince peces! Yo no como tanto. – Le dijo con una sonrisa que intentaba reflejar un aura amable, a pesar de su preocupación. – Creo que ya podemos descansar.
- Ah s-sí, perdona...Necesitaba pensar...pero Inoue. – Repentinamente se puso serió, mirándole a los ojos con su típico ceño fruncido. – Quiero saber la verdad.
Sabía que le iba a pedir aquello, y sin embargo se sintió algo acorralada, pero tenía el derecho de saberlo, sobretodo ahora que había visto una de las cosas que su cabello podía hacer. Sin decirle nada tiró de él, haciendo que se sentase frente a ella y tomando su mano herida gentilmente. Pasó la yema de sus dedos por sus dedos, delineando la herida y terminando en su muñeca, haciendo que al chico le recorriese un escalofrío. Podía ver por la forma la que le miraba la mano que estaba teniendo un debate interno, soltando un suspiró resignado mientras cogía un mechón de su pelo y comenzaba a enrollar éste a su mano.
- Oye estás un pelín extraña mientras me vendas la mano con tu pelo, además podría usar un trozo de tela o algo así. – Soltó extrañado mientras veía como la otra esbozaba una mueca que se suponía que tenía que ser una sonrisa.
- Lo siento...Intenta no ponerte histérico ¿Vale? Lo entenderás mejor. –
Esperó a que el otro asintiese con la cabeza, exhalando así un largo suspiro Inoue se aclaró la garganta. Era la primera vez que iba a cantar delante de otra persona que no fuese su madre; aunque ella le aseguraba que tenía una preciosa voz y por eso le pedía que cantase tan a menudo. Eso sí, parecía que le gustaba que cantase su invocación en vez de otras canciones. Cerrando los ojos puso ambas manos sobre su muñeca para asegurarse de que no se moviese.
- Brilla linda flor...– Con aquellas tres palabras sus raíces ya comenzaban a brillar, comenzando a descender a lo largo de su melena. – ...dame tu poder... – Ichigo comenzó a mirarla con ambas cejas levantadas ante la sorpresa, percatándose de como la larga melena comenzaba a iluminar todo a su alrededor como si del mismísimo sol se tratase. – ...vuelve el tiempo atrás, torna lo que ya fue... – Pero fue entonces cuando una cálida sensación comenzó a surgir de la mano que estaba tapada por su pelo, recorriendo su cuerpo, mirando hacia ésta lleno de confusión. Todo era demasiado irreal. – El sino trócalo, torna lo que ya fue... – Podía ver como tanto las magulladuras de Inoue como las suyas desaparecían, sintiendo como si su cuerpo hubiese recibido un largo descanso. Volvió su mirada hacia ella, iluminada por la luz que generaba, esta vez de forma literal, y no pudo evitar sentirse fascinado ante la habilidad de la joven como de su voz. – ...lo que ya fue. –
Finalmente Orihime terminó de entonar, abriendo sus ojos con cautela para encontrarse con su mirada marrón, volviendo su mirada hacia su mano para indicarle que la mirase. Desenvolviendo con cuidado su cabello, Ichigo se quedó pasmado: no había nada. Su mano estaba en perfecto estado, parecía que jamás hubiese recibido rasguño alguno; incluso antiguas marcas se habían esfumado por arte de magia. Estaba abriendo la boca mientras giraba su mano, comprobando como su curación había sido absoluta. Su respiración iba subiendo de ritmo, al igual que su calma iba disipándose, en cualquier momento iba a gritar; mas Inoue puso sus mano sobre su boca.
- Sin histerismos. – Le pidió con amablemente, aunque podía ver el dolor en sus ojos ¿Por qué se veía como si hubiese cometido algo horrible?
- Eeeeh no me pondré histérico ¡Qué va! ¡Para nada! – Soltó mientras echaba una risa nerviosa, palmeando con fuerza su hombro. – Solamente tengo una tremenda curiosidad por tu cabello y sus poderes. – Claramente estaba alterado, pero no había forma humana en la que uno no lo estuviera al ver aquello. – ¿Cu-cuánto tiempo llevas haciendo eso? –
- ¿Desde siempre? Supongo... – Respondió encogiéndose de hombros mientras miraba a la hoguera, cerrando en parte los ojos. – Madre dice que cuando era un bebé la gente intentaba cortarme, intentaban quedarse con el don para sí; incluso llegaron a ofrecerle grandes sumas de dinero porque simplemente usase mi don, o directamente a mi. Pero cuando se corta se vuelve castaño y pierde su poder. – Y para demostrárselo se echó a un lado el pelo, sacando un mechón que le llegaba a la altura del hombro. En la mente de Ichigo vino la imagen de algún hombre tirando de los pelos de una pequeña Inoue, intentando quedarse con parte de su poder y podía sentir la sangre hervir en sus venas. – Un don así debe de protegerse...Es por eso que mi madre decidió irse a la torre, donde estaría segura del mundo. Siempre me ha dicho que el mundo es un lugar oscuro, lleno de personas codiciosas que intentarían aprovecharse de mi...de ahí que nunca haya salido de la torre.
- ¿Nunca has salido de la torre?
Preguntó perplejo Kurosaki, cerrando los puños de furia al ver que ella asentía. Podía entender los motivos de su madre ¿Pero que nunca le hubiese permitido si quiera pasear por el césped?¿Disfrutar de un momento tomando el sol? Ahora todo tenía sentido; el porqué no había escaleras, su absoluta inocencia, el que al principio temblase de miedo por todo y a la vez tuviese ese valor para encararse a un bandido. Era cierto que necesitaba ser protegida, pero le parecía un crimen mantener una persona tan hermosa en todos los sentidos de la palabra encerrada como si de una especie de monstruo se tratase; no podía aceptar en absoluto que no hubiese podido disfrutar de nada en su vida.
- Como te dije antes soy un bicho raro. – Dijo repentinamente la chica de ojos grises, captando su atención. Podía ver como temblaba, asustada de su reacción pues no quería que la dejase ¿Pero podía culparle si huía despavorido? – Entenderé si quieres irte.
- Inoue... – Sorprendiéndola la cogió de sus dos manos, entrelazando sus dedos con los suyos. – Mírame a los ojos, por favor. – Sin pestañear hizo como le pidió, encontrándose con una mirada intensa y llena de determinación. Quería que viese que iba totalmente en serio. – Inoue yo... me haré más fuerte. La próxima vez definitivamente te protegeré. Has sido tu quien me ha salvado; tanto de que los otros me llevasen ante la justicia, de pelearme con los demás y de que me arrestasen. Incluso has evitado que ambos nos ahogáramos, y ahora has curado mis heridas...pero yo te protegeré para que puedas salir al mundo. Te debo muchas cosas en tan poco tiempo y yo... – Su agarre se apretó, dándose cuenta de cuan agradable era el tacto de sus manos ¿Sería la primera vez que alguien las sostenía así? – No puedo permitir que vuelvas ahí.
- Pero mi madre...
- ¿De verdad que quieres volver a ese lugar?
- ¡No! Bueno sí... no sé. Ahora que he salido me imaginó volver ahí y se me oprime el pecho. Pero sé que ese es mi sitio, no hay lugar para alguien como yo. – Mordiéndose el labio Inoue se resignaba a aquellas palabras que le habían inculcado desde que era niña. Rangiku le había dejado que salir era un error, y aunque todos con los que se había encontrado le habían parecido encantadores, era consciente de que su rareza se notaría y llegaría un punto en el cual tendría que ocultarse o huir si no quería que fuesen otros la que la encerrasen. Su madre se esforzaba tanto por darle todo lo posible dentro de la seguridad de su torre. – ¿Sabes qué Kurosaki? Hay muchas cosas que querría hacer; querría convertirme en maestra, en cocinera y en astrónoma. Querría ir a una panadería y pedirles un doughnut*; una vez mi madre trajó y eran lo mejor que había probado ¡Desearía poder probar todos los tipos que existen! Iría a las pastelerías y les pediría que me dieran un cacho de cada una. Desearía tener cinco vidas, así podría haber nacido en cinco ciudades distintas y comer cinco tipos de comida diferentes, y tener cinco tipos diferentes de trabajo... Hacer todas las cosas que en esta vida no podré hacer – Se había mostrado muy animada mientras hablaba de todas las cosas que quería hacer, mas hacia el final unas silenciosas lágrimas cayeron de su rostro. – Por eso esta será la única excepción, es lo que me dije a mí misma y así será. – Sentenció, doliendo cada una de las palabras que decía.
- ¡Me niego! – Bramó Ichigo mientras se inclinaba hacia ella, deshaciendo aquel hilo de pensamientos en los que tan a menudo se había perdido, convenciéndose cada vez más que aquel sitio era el único donde podía estar. – No tienes porqué esperar a ninguna de tus siguientes vidas, puedes hacer todo eso y mucho más en ésta. Simplemente no puedo permitirme que hagas eso ¡Te mereces mucho más que eso! Apenas te conozco pero no puedo dejar que alguien como tu malgaste su vida de esa forma...
- ¿Al-alguien como yo? – Orihime no cabía en su sorpresa al ver la sinceridad de sus palabras, por primera vez devolviéndole el agarre; pues en ningún momento habían separado sus manos.
- Sí, una persona amable, sincera, pura, llena de ideas únicas y que no juzga a nadie. Anoche pude ver como te relacionabas con criminales de los más buscados en el reino, y solo hablar contigo les hacía sacar lo mejor de cada persona, incluso de mi. Pensar que tienes que pasarte la vida entre cuatro paredes. – Negó repetidas veces la cabeza. – No hay forma alguna de que permita eso ¡Y no eres un monstruo ni un bicho raro! No sé que clase de persona es tu madre, pero una verdadera madre intenta dar valores y seguridad a su hijo, para que así cuando crezcan sean personas que creen en sí mismas. Y el que digas eso me enfada tremendamente.
Ambos jóvenes se mostraban alterados en aquella conversación, si era así como podían denominar a aquel intenso momento. De repente las lágrimas comenzaron a fluir por los ojos de Orihime, algo que entristecía tremendamente a Ichigo; la había visto demasiadas veces para su gusto llorando o con una expresión parecida. Pillándole totalmente desprevenido, ella apoyó su frente sobre su hombro, rompiendo a llorar de forma desenfrenada, aunque no hacía sonido alguno.
- Gracias Ichigo, de verdad, gracias. – Fue su respuesta a aquellas palabras. – Jamás me habían dicho eso, ni había visto que alguien se preocupase tanto por mi...No sé como expresar lo agradecida que estoy.
Estático, el de cabellos naranja la observó perplejo. No esperaba que esas palabras pudiesen haberla tocado de tal manera. Ella era una flor, algo tan hermosa que hasta temía tocarla. No sabía que era lo que le hacía sentirse tan inclinado a ayudarla, a pesar de que había empezado odiando aquel trato, Inoue se le había metido debajo de la piel tan rápido como los rayos del sol en verano, llenándole de una cálida sensación, la misma que cuando había cantado para curar sus heridas ¿Acaso sería un efecto secundario de su magia? De ser así no iba a molestarte, pues a decir verdad le gustaba aquella sensación. Sin pensarlo apoyó su cabeza contra la suya, dejando que Orihime se desahogase como nunca había podido hacerlo. No necesitaba decirle nada, simplemente con su presencia le dejaba claro que él estaría ahí para ella.
Al cabo de un rato volvíó a levantar su rostro, momento en el cual Ichigo soltó una de sus manos para llevarla a su rostro, limpiando todo rastro de lágrimas. A lo que ella respondió con una pequeña sonrisa, aunque sincera. Se quedaron mirándose así por un instante, observándose mutuamente. Podían sentir la respiración del otro sobre ellos, al igual que su pulso subía a una velocidad vergonzoso. Ambos se preguntaron que clase de sensación era aquella. Pero al darse cuenta de como se encontraban, simultaneamente apartaron la mirada, retirando tímidamente las manos. Ichigo se puso en pie tosiendo mientras que Orihime pasaba su mano por su pelo, soltando una risa nerviosa.
- Bueno...¿Ichigo Kurosaki, eh? – Preguntó la chica mientras cruzaba las piernas.
El nombrado estaba en ese momento calando los peces a unas ramas, para así acercarlas a la hoguera y que se fuesen cocinando. Esbozando una sonrisa ladeada el chico se dio por vencido, además ella ya le había contado todo sobre ella, por lo cual era justo que le dijese la verdad sobre él. Sentándose a su lado de nuevo pasó su mano por su nuca.
- No es tan interesante como tu historia, te voy a ahorrar la historia del huérfanito Ichigo Kurosaki... Es un tanto deprimente. - Dijo apartando la mirada, a lo que ella se acercó más hacia él, cruzándose brazos y apoyando sus brazos sobre su falda, mirándole con total curiosidad, parpadeando varias veces con expectación. – Me dejaron en el orfanato siendo apenas un bebé, y a medida que pasaba el tiempo nadie me adoptaba. Por lo que era el más mayor del lugar, así que muchos me veían como un hermanito mayor. Todas las noches les leía las aventuras del gran Chigo Shirosaki; le llamaban el dios de la muerte sustituto, ya que aunque fuese humano tenía la misma fuerza que un dios ¡Incluso más! En sus aventuras contaba como salvaba a su amiga Ruki-ruki con la ayuda de sus compañeros; el inteligente Urio, la hermosa Ori-mei y el fuerte Chaido. Juntos lograron acabar con el mal que acechaba a Lamp Society. – Dijo extendiendo los brazos para añadir más enfásis en lo que decía. – Y para alguien que no tenía nada era lo mejor, así puse el "go" adelante y añadí otra "o" para crearme mi alías; comenzando así mi vida de ladrón.
- ¿El también era un ladrón? –
- En realidad no...¡Tenía tanto dinero que podía viajar a donde quisiera! Y nadie se atrevía a hacerle frente, porque sino acabaría muerto. Definitivamente era mejor para mi ser como él, alguien que pasase por donde pasase fuese temido y respetado. – Sin darse cuenta estaba contando más de la cuenta, aunque a ella parecía divertirle su entusiasmo. – Pero esto queda entre tú y yo. No querría arruinar mi falsa reputación.
-Ah claro ¿Qué es de un hombre sin reputación? – Al unísono soltaron una suave risa. – ¿Y Renji sabe sobre esto?
- Claro, aunque no me gusta que me llame Ichigo, en teoría significa el que protege, pero a menudo me llamaban fresa; por lo que hasta lo prefería así. Pero con Renji fue diferente, yo tenía catorce años cuando le conocí, me salvó el pellejo cuando unos bandidos querían atacarme por robar lo que ellos habían robado antes. De la nada apareció y me llevó consigo. – Había sido un completo desastre al salir de orfanato y en verdad agradecía haberle conocido, incluso podía decirse que Abarai era su hermano mayor. No es que fuese algo que admitiese en voz alta. – Él acababa de salir de la capital, nunca me ha contado el motivo exactamente; solamente que ahí no era bienvenido y era mejor que se mantuviese alejado de ésta. Y no es que me moleste...solo es raro que ahora quiera acompañarnos.
- Es porque se preocupa por ti, se nota nada más ver como interactuáis... Y por cierto. – No siendo consciente de que volvía a robarle el aliento al ladrón Inoue se inclinó hacia él. – Ichigo Kurosaki me gusta más que Ogichi Shirosaki.
- Vaya, nunca me lo habían dicho...gracias. – Añadió con una sonrisa sincera. – Una cosa ¿Crees que mi mano obtendrá poderes? Porque eso sería increíble.
Por algún motivo aquella pregunta hizo que Orihime comenzase a reírse, a reírse de verdad. En todos los años de su vida jamás se le había ocurrido algo así. Poder verla así, con su cuerpo sacudiéndose a causa de su risa, sin rastro de tristeza o algún sentimiento negativo hacia que Ichigo se sintiese mejor. Definitivamente iba a hacer todo lo que estuviese en su mano para mantener aquella sonrisa. Él no era consciente de que el regalo con el que cargaba era mucho más valioso que las piezas de orfebrería robadas. Solía mantener una faceta de tipo duro y que siempre andaba enfadado, impasible ante los demás y muy a menudo metiéndose en peleas a causa del color su pelo; pues no aceptaba burla alguna de su persona. Había establecido unos parámetros para que nadie se acercase lo demasiado, hasta Renji tenía sus límites, pero los dos lo tenían. Tal vez por eso eran tan amigos.
Mas no podía luchar contra el sincero corazón de la chica ante sí, era como pelear contra las fuerzas de la naturaleza ¿Para que luchar contra la corriente del río cuando éste podía llevarte por un agradable paseo? Hasta había olvidado sus prisas por vender las dos horquillas, y se centraba más en lo que había ante sí.
Aquella noche, con las estrellas cubriéndoles, los dos intercambiaron anécdotas hasta altas horas de ésta. Él hablaba sobre sus trabajos, los sucesos graciosos y los lugares que había visitado; prometiendo que algún día la llevaría ahí. Mientras que Inoue le hablaba sobre lo que había leído en libros, sobretodo de las estrellas que tanto le fascinaban. Realmente dejaron de hablar porque el sueño iba venciéndoles, no obstante podrían haberse pasado la noche entera hablando. Era como si se entendiesen a pesar de ser dos personas tan dispares, como si estuviese destinado que se conocieran; aunque fuese entre unas condiciones tan peculiares como ellos mismos.
Continuará...
Espero haberos dados feels, admito que estoy cansadísima porque son las seis de la mañana y no he pegado ojo. Pero estoy contenta en como ha quedado el capítulo. Aunque admito que temo haber hecho que se acerquen muy de golpe, a pesar de que les he dado más tiempo para que desarollen sentimientos hacia el otro; pues en la película esto ocurre en el mismo día que se conocen.
Como veis he metido el detalle del capítulo 287 del anime, que es un relleno de un capítulo que está basada en esa portada del estilo mil y una noches; ahí Ichigo se llama Chigo, Ishida es Urio, Orihime es Ori-Mei, Chad es Chaido y Rukia es Ruki-ruki. Me hizo gracia dado que yo soy fan de Magi, que es un anime/manga basado en las mil y una noches. Además de que metí tanto la escena en la que Ichigo le promete a Orihime que la protegerá tras la primera aparición de Ulquiorra y Yami. Y por supuesto me parecía importante meter la preciosa confesión de Orihime sobre lo que quiere hacer en sus cinco vidas, aunque quité lo último porque en este AU ella no había conocido a alguien que amase.
*doughnut: Son como se llamaba a los donuts a principio del siglo XIX, siendo ahí donde en teoría comenzaron a hacerse en los países del norte de Europa.
*dirndl: traje tradicional alemán de principios del siglo XIX que se lleva hoy en día en el Oktoberfest.
He de admitir que me puesto a mirar ropa interior del siglo XVII porque pensaba que Enredados estaba situado en esa época, pero luego me fijé que en verdad es a principios del siglo XIX. Estudio la carrera de historia y me gusta que cuando algo está ambientado en alguna época sea lo más correcto posible, por suerte esto es un cuento y tampoco hace falta aquí un rigor histórico XD Por suerte al comprobar que las amadas rosquillas/donuts/dona o como preferíais llamarla(según la traducción es una o otra) eran justo de esa época pude meterlas en su discurso.Lo que me hizo mucha gracia es saber que Rapunzel llevaba un dirndl, y no un vestido. Otro dato sobre mi es que soy alemana, y obviamente tengo uno, por lo que me di cuenta de que iba con ESO por todas partes.
Para que entendáis, esos trajes favorecen muchísimo la figura, además de juntar los pechos y levantarlos; así tu cintura parece más pequeña y tu pecho mayor. En el caso de Rapunzel no es para tanto dado que ella es bastante delgada ¿Pero Orihime? Con el pecho que tiene me imaginaba siendo eso así y que realmente fuese sacando el ojo a alguien XDDD
En todo caso voy a aprovechar estas vacaciones para seguir escribiendo y hacer más cosas con respecto a los fanfics.
El título de la canción y lo que me ha ayudado sobretodo a la hora de buscar inspiración ha sido la canción de Monsta X, Beautiful versión acustica; un grupo que se ha hecho un hueco en mi corazón y la frase es de la canción.
De nuevo muchas gracias por leerme y seguir apoyando a este fanfic, al cual le tengo mucho cariño por ser mi primer longfic. Cualquier critica, aportación o sugerencia siempre será bienvenida~ Ahora voy a dormir porque si sigo escribiendo voy a tener el cerebro hecho papilla.
Un abrazo muy fuerte y hasta pronto.
Att: Feuerimherz.
