Capítulo 8

El poder de las cutie marks

FICHA DE PONI

Nombre: Brownie

Tipo: poni de tierra

Color: canela

Crines: marrón claro

Ojos: azul intenso

Cutie Mark: un pastel cubierto de chocolate

Característica: maestro pastelero de Flowerville


Cerbero había desaparecido, pero el viento y el frío habían ocupado su lugar. En mitad de la calle, las ponis se habían reunido temblorosas, observando con desconcierto los copos de nieve que traía el aire. Ivy y Foolhardy, tras arduas exposiciones (con ilustraciones incluidas) habían logrado hacerse entender. Una unicornia lila, Twilight, parecía llevar la voz cantante.

–Tranquilas. He mandado un mensaje de socorro a la princesa Celestia con la información que nos han dado. En breve recibiremos ayuda. No tenemos de qué preocuparnos.

A su lado, un pequeño dragón, que a todas luces ejercía como su secretario, eructó y un pergamino se materializó en su aliento. La unicornia lo desenrolló para leerlo.

–Querida Twilight. Me temo que vais a tener que salvar Ponyville vosotras mismas. Luna y yo nos dirigimos hacia las puertas de Hades para tratar de cerrarlas, aunque va a ser difícil si no logramos capturar antes a Cerbero. Asegurad Ponyville mientras nos encargamos de eso.

Hubo un momento de silencio.

–Esto es horrible. Las plantas morirán por el frío –murmuró Ivy.

Rarity se llevó una pezuña a la frente.

–Esto es horrible. Yo ya había sacado todo mi ropero de verano.

–Esto es horrible, las princesas no van a poder defender Ponyville –dijo Applejack.

Pinkie pestañeó ante el súbito ataque de preocupación colectiva.

–Ponyville está a salvo –dijo.

¿Cómo lo sabes, Pinkie? –susurró Fluttershy.

–Pony ville está a salvo. Claro, porque la responsable del invierno es la profesora de Flowerville, que podría haber atacado Ponyville ya, pero no lo ha hecho, así que seguramente está comiendo pasteles, ¡Yo comería pasteles! Así que, si no está aquí, es que está comiendo pasteles y Ponyville está a salvo.

Los ponis reunidos miraron a su alrededor, buscando la inexistente amenaza. ¿Era posible que Pinkie tuviese razón? En ese momento, algo cayó junto a ellas desde lo alto de un tejado. Hubo varios gritos. Pero el más poderoso fue el de Rarity que decía:

–¡Mon dieu! ¿Qué le ha pasado a tu crin?

Con el osito de peluche todavía sobre el lomo, Grauj había saltado desde lo alto del tejado en el que vigilaba.

–Tiene razón –raspó su voz–. Ahora que nuestra manada se ha desbandado sería el momento de que nos atacase, pero no hay ataque. El objetivo no está aquí.

–Entonces, ¿dónde?

–En el sitio del que venís – dijo Pinkie Pie–. Fijaos, han montado un montón de cosas para que os divirtáis con ellas y así mandar lejos a los que ibais a hacer algo. ¿Creéis que en Flower Viller deben estar pasando cosas interesantes?


En Flowerville el peligro se había alejado ladrando alegremente hacia el horizonte, pero el frío persistía. Esto podía ser un desastre, así que Lofty Sir, el alcalde (también conocido como el líder de manada) había convocado una reunión de emergencia en la plaza central.

La mayoría de ponis del pueblo se encontraban allí con sus bufandas reestrenadas. Había murmullos, pero ya no quedaba ni rastro de la histeria que había dominado el lugar un rato antes.

Lofty Sir, en el estrado, llamó la atención de los reunidos.

–Parece que nos enfrentamos a una situación peculiar. Cualquier dato que podáis aportar sobre los motivos que la han ocasionado sería de gran utilidad para todos.

Cutie Craft, la bibliotecaria, alzó su pata. Lofty le dio la palabra.

–Adelante, Cutie.

–En la biblioteca desaparecieron dos libros. El primero trataba de puertas a otros mundos e invocaciones, pero el segundo es todavía más peligroso. Habla del origen de Equestria. En malas pezuñas, una combinación de los hechizos de ambos libros podría provocar...

Cuttie pareció dudar. Los ponis estiraron sus orejas hacia ella, Lofty Sir la animó a continuar.

–¿Qué podría provocar, Cuttie?

– Podría... provocar...

La biblioteraria se tambaleó. Brownie, el poni que estaba a su lado le prestó su apoyo.

–¿Te pasa algo?

–No lo sé.

La bibliotecaria cerró los ojos y cayó desmayada. Sus gafas rodaron por el suelo. Brownie trató de hacerla reaccionar.

–¿Qué le ocurre? –preguntó alguien.

–No lo sé –respondió Brownie–. Pero su cutie mark está...

Brownie pareció dudar.

–¿Está qué? –lo apremiaron.

–Está... está...

Bronie a su vez se desmayó sobre Cutie. Alguien chilló.

–Mirad sus cuttie marks, están... están...

Hubo el sonido de otro desmayo en la plaza.

La nieve cayó sobre Cutie y Brownie, mientras en la plaza las marcas y esencias de los ponis eran consumidas por una fuerza invisible. Y esta vez ya no quedaba ni la posibilidad de una histeria colectiva.


La escuela de primaria de Flowerville tenía una amplia terraza en su azotea. Desde allí arriba gustaban de observar astros por la noche, o subir a realizar algunas labores escolares en los días de buen tiempo. Era uno de los lugares favoritos de Night Bloom. Durante la noche, con sus pupilos ya recogidos en sus hogares y las tareas realizadas, Night Bloom subía a aquel lugar a mirar el cielo, las estrellas y los vacíos entre ellas.

El vacío... El infinito... Inabarcable, imposible de llenar ni con todo el conocimiento del mundo. Pero los grandes sabios eran como pequeñas constelaciones, pequeñas luces que daban algo de sentido a aquel sinsentido. Por eso se hizo maestra. Sus pequeños alumnos eran como esas chispas de luz en mitad del vacío.

Flower Ville se había quedado callada. El hechizo estaba funcionando. Night Bloom se asomó por la terraza y observó. Varios ponis yacían en la calle mientras los copos de nieve los iba cubriendo. Algunos todavía no habían acabado de perder la conciencia. Sus cutie marks se aferraban a ellos con cabezonería, pero era cuestión de tiempo. Se llevaría todas aquellas chispas con ella, y así aumentaría su poder. Porque el poder era lo único que importaba al fin y al cabo.

Night Bloom se volvió y caminó hacia el centro de la terraza. Allí, levitando, estaba el libro negro. Había descubierto, al leerlo, que tenía varias páginas sorprendentes: estaban vacías. No hablamos del vacío en el sentido de la ausencia de escritura, hablamos del vacío en el sentido del infinito sin sustancia, de la negrura de las profundidades, de la nada que duele el alma hasta la locura. Night Bloom lo había mirado, y sus ojos se habían llenado de aquella negrura.

Una negrura que debía ser llenada, con conocimiento, con poder.

Bajo el libro negro estaba aquel otro libro. Era muy básico, pero combinado con el primero... ¡Ah! ¡Qué grandes cosas se podían hacer!

Night Bloom alzó la mirada al libro negro, abierto, levitando por sí mismo en mitad de la terraza. Sobre él, pequeñas luces se estaban reuniendo. Cada una de ellas era una cutie mark dibujada en el aire y brillante como una luciérnaga. Formaban un enjambre alrededor de las páginas donde se veía la negrura del infinito. Night Bloom sonrió con satisfacción.

–Todo el poder de Flowerville será mío. Entonces podré ir a robar las cutie marks de Ponyville, y por último, la cutie mark de la mismísima princesa Celestia. ¡Ahora nada se interpone en mi camino! –gritó y añadió una carcajada a su afirmación.

El frío viento agitó su crin y silbó una nota estremecedora. Casí parecía vocalizar, y sus palabras eran "... uuuuuuaaaaAAAAhhhLADERECHANOLAOTRADERECHA"

Night Bloom se volvió justo a tiempo de ver aterrizar el ala delta en la azotea. Le dio tiempo incluso a percibir a Foolhardy a los mandos y a la poni gris forastera sacando la cabeza por un lateral con la lengua fuera. Detrás de ellos volaba Ivy guiándoles.

El armatoste dio varios tumbos, un vuelco y finalmente se quedó quieto.

–Bien, Foolhardy, lo has logrado –dijo Ivy aleteando sobre el punto de aterrizaje.

La piloto novel saltó al suelo y adoptó la pose de la victoria.

–¿Quién es la mejor? ¿Eh? ¿Eh? ¿Quién es la única poni capaz de construir un ala delta con dos sombrillas e impulsarla con gomas elásticas? ¿Eh? ¡Yo! Sí, yo. Oeeeeee... Viva yo.

Grauj no fue tan ceremoniosa. Saltó al suelo y gruño a Night Bloom. Eso pareció devolver a la realidad a Foolhardy.

–Ahá, hemos llegado y vamos a detenerte, porque hemos estado en Ponyville y hemos detenido a tu oso gigante. De hecho, lo traemos aquí como prueba. Así que, cuidadito, que si no te rindes también te derrotaremos... Creo.

Night Bloom sintió que una de sus cejas temblaba ante la súbita aparición. No esperaba esa intrusión, pero no se iba a dejar derrotar. Tras ella, el libro negro lanzaba fulgores oscuros. La unicornia sonrió.

–¿Creeis que podéis detenerme? Me gustaría saber cómo lo hacéis sin verme.

Night bloom alzó la cabeza y una oscuridad sobrenatural surgió de su cuerno, cubriendo el lugar y dejando a las tres ponis a ciegas. Se oyó su risa.

–Ahora, portaos bien, mientras acabo de recolectar las cutie marks de Flowerville.

Ivy lanzó un gritito asustado.

–Tranquila –dijo Foolhardy–, he sido miembro de los Pony Scouts y siempre llevo conmigo no una linterna, sino, dos. Dame un momento.

En mitad de la oscuridad una pequeña luz surgió. Era una linterna que simulaba una mariquita. Sus alitas se desplegaban y el cuerpo del insecto brillaba. A los pocos instantes, la oscuridad abrazó la cosita y su luz fue engullida.

–Tu patética cacharrería no puede contra mi poder –declamó Night Bloom y corroboró su afirmación con una carcajada.

–Eso lo veremos.

En la oscuridad, se oyó el cacharreo de Foolhardy buscando entre sus trastos. Solo ella era capaz, entre todos los ponis, de hacer un ensamblaje completo con los ojos cerrados. Desplegó algo, tiró de varios cables, ensambló y de repente...

–¡Aaaaaaaj, apaga esa luz!

Foolhardy sostenía un foco (este tenía forma de girasol) al que había derivado la energía de la pequeña linterna.

–Te dije que siempre llevaba DOS linternas conmigo, como manda el decálogo de los Pony Scouts. ¡Ja! ¡Come ciencia, bruja!

Night Bloom cerró los ojos ante la hiriente luminosidad y retrocedió. Murmuró algo y, tras ella, el libro negro desplegó tentáculos de oscuridad inmateriales. Ivy lo vio, pero Foolhardy era totalmente ajena al peligro. La cutie mark de la poni pelirroja empezó a desdibujarse.

–Soy la única poni capaz de ensamblar lo que sea con los ojos cerrados. Literalmente. Creías que con tu oscuridad podías detenerme. No, porque yo soy...

Night Bloom entreabrió un ojo y miró a Foolhardy, esperando oírla acabar la frase.

–¿Tú eres?

–Yo... soy...

Foolhardy cayó al suelo y el foco se volcó a su lado proyectando una desmesurada sombra de la yaciente poni.

–¡Foolhardy! –Ivy la sacudió inútilmente y vio el vacío donde debería haber estado su cutie mark. Volvió la mirada. Las hojas de enredadera sobre su flanco se difuminaban hacia la inexistencia. Algo se las estaba llevando.

–¡No!

Ivy sintió que algo vibraba dentro de ella y un agotamiento insoportable la llenó. Miró el libro negro y después a Foolhardy.

"Haz lo que ella espera de ti", dijo el Geranius Itineris.

Las patas de Ivy se plegaron bajo ella, y quedó tendida junto a Foolhardy.

En pie solo quedó Grauj. Su manada de ponis la acaba de abandonar frente al peligro. En ese momento, echó de menos a sus hermanos lobos más que nunca en su vida. Night Bloom la enfocó, con la socarronería de la que se sabe ya victoriosa.

–Y ahora, dame tu cuttie mark, para que tu esencia incremente mi poder.

Grauj notó que algo vibraba dentro de ella y que el agotamiento la llenaba. Cerró los ojos con fuerza y se aferró a los recuerdos de sus hermanos, de su madre loba, de la manada a la que pertenecía. El olor del pelaje de los lobos emergió de su memoria. Las palabras llegaron a su boca desde loprofundo de su esencia.

–La noche es nuestro reino, la nieve es nuestra hermana,...

Night Bloom alzó una escéptica ceja. Grauj se tambaleó, sintiendo cómo sus fuerzas insistían en abandonarla, pero plantó sus patas en la tierra y se mantuvo cabezotamente firme aferrándose al mantra de los lobos invernales.

–... nuestros aullidos... llaman a... llaman a...

Su voz titubeó.

–¿Qué murmuras, poni?

Grauj frunció el cejo, abrió los ojos y enfocó a Night Bloom.

–... ¡A LA TORMENTA! No... soy... un poni. Soy... un... –Grauj tomó aire y la última palabra la gritó a todo pulmón –¡LOBO!

Y el aullido surgió de ella. Un aullido gutural, terrible y poderoso. Un trueno respondió sobre su cabeza. Un instante después los primeros relámpagos empezaron a saltar entre las nubes. La tormenta respondía a la llamada de la loba invernal. Night Bloom alzó una mirada de incredulidad hacia el cielo.

–¿Qué magia es esta?

Hubo un segundo de silencio en las nubes, como si el aire contuviese la respiración, y entonces la tormenta cayó sobre Night Bloom. El viento y los cristales de hielo golpearon con furia a la unicornia y la empujaron hacia atrás varios metros. Un relámpago golpeó el suelo muy cerca de donde estaba.

Ivy Leaf notaba que sus sentidos la abandonaban, tumbada un poco más lejos de Foolhardy, pero entonces un aullido la hizo recobrar el sentido de la realidad. Alzó una mirada desorientada, justo en el momento en que caía un rayo y silueteaba la figura de Grauj alzando su hocico hacia las nubes como si quisiese besarlas.

–Gracias loba –murmuró Ivy e hizo lo que mejor sabía hacer: pasar desapercibida como un geranio.

Night Bloom rodó por la terraza empujada por el viento, recuperó el equilibro y, con su magia, formó un escudo contra los elementos. La nieve se concentró en caer sobre ella, y el aire helado la envolvió en un torbellino. Sin perder tiempo, la unicornia se dirigió a trompicones hacia el libro negro. Si podía llegar hasta él, entonces...

Pero, al lado del libro negro, estaba Ivy Leaf. Se había arrastrado, pasando desapercibida, hasta la fuente de su poder. Ivy alzó las patas, golpeó el libro y lo cerró. Night Bloom gritó. De repente, la oscuridad que había llenado sus ojos se había ido y el contraste con la luz natural del mundo era demasiado para ella. Ivy pisó el libro con sus cuatro cascos, para evitar que volviese a abrirse.

–Has olvidado quién eres, por culpa de este libro, Night Bloom. Tus alumnos te echarán de menos.

La unicornia sacudió la cabeza. Sus ojos enfocaron a las tres ponis sobre la terraza.

–Mis potrillos... ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? ¿Cómo podré...? ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!

Night Bloom se dejó caer el suelo y agachó la mirada. Ivy caminó hacia ella y le golpeó el lomo con el ala.

–Hala, hala... –dijo a modo de consuelo.