¡Hello people! Espero que no se esté aburriendo de mí. Creo que ya las he dejado con la suficiente intriga como para que me odien, así que no molesto más y les dejo leer en paz.
Espero que lo disfruten. Besos, A simple human.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer únicamente puedo apropiarme de la pobre trama.
Muchos de los capítulos llevan el título original del libro, otros no.
Las reglas están para quebrarse, ¿verdad?
Decidí retomar nuestra charla anterior con la sutileza con la que había decidido abordar todo esto.
-Entonces- dije respirando profundamente, llenándome de su esencia- ¿te gustaría comer algo?- le pregunté.
Ella enarcó una ceja perfecta.
-De acuerdo con tu teoría- dijo suspicaz- ¿quiero o no quiero comer algo?- remató.
Bien. Este juego lo podían jugar dos.
-Según mi teoría, no quieres nada de lo que yo pueda ofrecerte- le solté.
Ella sonrió triunfante y se acercó a mí lentamente, con pasos felinos. Como un cazador acechando a su presa. Como lo que en realidad era.
Su rostro estaba a unos peligrosos cinco centímetros del mío.
-¿Seguro de que no hay absolutamente nada que puedas ofrecerme para hacerme desear?
Ok. Ella ganó. Ella definitivamente ganó este juego.
-Y-yo- tartamudeé sin formar una oración. Podía sentir mi corazón en mis oídos.
-Eso pensé- declaró ella alejándose de mí.
Hablaba de mi sangre. Sin duda alguna. Tal vez podría presionar un poco más por información. Y tal vez vuelva a estar así de cerca de mí…
-¿Qué pasa si hay algo que pueda ofrecerte?- le desafié.
-¿Lo hay?- preguntó sonriendo malditamente sexy.
¿Cómo diablos iba a concentrarme en confesarle que sabía que era un vampiro cuando me sonreía de esa manera?
¿Cómo demonios me iba a enfocar en decirle que entiendo que es mi potencial asesina cuando con una simple sonrisa hacía que las malditas hormonas se adueñaran de mi cuerpo?
-Creo que tu madre tenía razón acerca de la inundación- dijo pícara.
Sacudí mi cabeza en un intento de borrar todas las ideas y sensaciones que las hormonas habían traído a mi cuerpo.
-Sé que lo hay- le contesté ignorando su broma a costa mía- lo que quiero saber es ¿serías capaz de tomarlo?- pregunté con la voz un poco ronca. Estúpidas hormonas.
Bella pareció ofendida por un instante, pero luego se recompuso.
-Jamás- contestó con seguridad. Se acercó a mí y puso ambas manos a los lados de mi rostro. Cerré los ojos ante el placer de su contacto; los abrí cuando sentí su gélido aliento a la altura de mi cuello, ya que ella era mucho más baja que yo- jamás- volvió a asegurar.
No pude hacer más que asentir. Su ceño estaba arrugado, me moría de ganas por suavizarlo con mis dedos.
-Bien- susurró. Dejó caer sus manos, laxas a sus costados. Un vacío desesperante me invadió al dejar de sentir sus manos en mi piel.
Tomé sus dos manos, deleitándome una vez más con esa corriente placentera.
-Ven- le dije soltando una de sus manos y guiándola con la otra hacia el sofá.
Nos sentamos en el medio y pasamos algunos minutos en silencio, aún con nuestras manos entrelazadas.
-Eres fría- le dije para empezar. Ella intentó quitar su mano, pero la presioné más fuerte. Probablemente haya podido arrancarme el brazo, pero no lo hizo. Supongo que aquella era una buena señal- no me estoy quejando- le reproché- sólo lo estoy señalando. Y no es normal, nadie puede estar así de frío todo el tiempo. Al menos, no un humano- me corregí. Ella seguía en silencio, observando nuestras manos unidas.
Decidí continuar.
-Eres fuerte y rápida. Jamás te he visto comer o salir a la luz del sol- ella se tensó- y siempre pensé que eras extremadamente educada, como esas mujeres de uno o dos siglos atrás- quise bromear. Ella se relajó apenas. Seguía sin mirarme- y eso por no mencionar lo imposiblemente hermosa que eres.
-¿Tu punto?- dijo bajo y tajante.
-No seas impaciente Cullen- le dije golpeando suavemente su hombro- todo eso me hizo sospechar, pero jamás supe de qué- admití.
Finalmente, ella levantó su rostro, con su entrecejo poblado de arrugas, y me miró a los ojos.
-¿A qué te refieres?- quiso saber.
-Sabía que había algo, y tenía todas las- dudé en decir la palabra- pistas, por así decirlo, pero no sabía qué significaba- le expliqué.
-¿Y puedo saber qué te hizo abrir los ojos?- preguntó con una ceja en alto.
-La Push- contesté con simplicidad.
-Podrías ser más específico, ¿sabes?- dijo sarcástica.
-Lo sé- contesté- ¿recuerdas que el viernes pasado te dije que había sido invitado a la playa?
-Sí, recuerdo que no te veías con mucho entusiasmo- dijo seria.
-Como sea- le resté importancia- en La Push Tyler te nombró, y cuando uno de los locales de la reserva escuchó tu apellido, que en realidad lo dijo Jessica- aclaré- dijo que tu familia no iba allí. Le pregunté por qué a un niño y me dijo que se suponía que tu familia pertenecía a un clan enemigo. Él dijo los fríos, pero aclaró que yo los llamaría- dudé un segundo- vampiros- dije en un tono más bajo. Ella se tensó nuevamente- Sin embargo, dijo que ustedes eran diferentes y que había un tratado que decía que esa era la única razón por lo que podían estar en el pueblo. Aunque tienen prohibido entrar en territorio Quileute- expliqué tranquilo. Después de todo, había tenido una semana para enloquecer y ponerme nervioso. Sin mencionar la ansiedad.
-¿Todo eso te lo contó un niño?- preguntó suspicaz. Rodé los ojos.
-Bien- refunfuñé- tal vez tenía catorce o quince años. Pero para él eran supersticiones. En realidad, me lo contó como una historia de terror para asustarme y darme pesadillas. Él no creía en nada de lo que dijo.
-¿Y tu sí?- remató.
-Por supuesto- le dije- soy lo suficientemente inteligente como para leer entre líneas.
-¿Y en serio crees que eso es bueno?- preguntó ácidamente.
-No lo sé- le contesté con honestidad.
-Por lo tanto, tu teoría dice que yo soy un…
-No en realidad- la interrumpí.
-¿Disculpa?- dijo sin entender.
-La teoría no es de mi invención. Le robé la idea a Jacob- le aclaré.
-¿Jacob Black?- preguntó enarcando una ceja. ¿Por qué diablos lo conocía? Estaba a punto de interrogarle pero ella habló de nuevo.
-Como sea- le restó importancia- según Jacob Black y tus pistas, yo soy un…
-Vampiro- terminé por ella con una seguridad que no sabía que existía. Al diablo con la sutileza.
-¿Y eso te asusta?- dijo volviendo la vista a nuestras manos.
-¿Honestamente?- le pregunté.
-Por favor- dijo despacio. Aún así, pude oírla.
-No- le dije seguro.
No había nada de ella que pudiera asustarme. Me sentía inexplicablemente seguro a su lado.
-Entonces necesitas una buena dosis de terror- dijo con sarcasmo.
No me gustaba esa faceta de ella. La quería ver sonriendo, la quería ver relajada, no así.
-En realidad- dije con soltura- eso es en parte tu culpa. No has sido más que perfecta estando a mi lado, por lo que es un poco tonto pensar que podrías asustarme- bromeé.
-¿Cómo puedes estar tan tranquilo?- dijo exasperada, soltando nuestras manos.
-Entonces, ¿es cierto?- quise confirmar. No que lo necesitara, pero sería bueno oírlo de sus labios.
-¿Es que tienes alguna duda?- dijo recelosa.
-No- dije inequívoco.
En menos de un segundo ella estaba al pie de las escaleras, cruzando la sala. Parpadeé varias veces para asegurarme de que en serio eso había pasado.
-¿Por qué demonios estás hablando de esto como si hablaras del clima Edward? ¿Por qué no estás asustado? ¿¡Por qué no estás gritando, o enloqueciendo?! - casi gritó exasperada.
-Porque no tengo razones- le dije tranquilo.
-¿Es que acaso te escuchas a ti mismo?- dijo incrédula.
-Sí, perfectamente- le aseguré.
Me levanté despacio y me acerqué a ella.
-¿Por qué habría de hacerlo?- le cuestioné.
-¡Porque soy una asesina!- dijo una octava más alta con su voz de campanillas.
-Todos cometemos errores- simplifiqué, sorprendiéndome con mi propia respuesta. Yo no lo creía así, no en realidad.
Conocía a la perfección los asesinatos que había cometido la mafia rusa y no los consideraba errores, exactamente. Mi madre pudo ser víctima de un asesino, ¿qué demonios estaba diciendo? ¿Por qué rayos pensaba así de ella si estaba gritando ser una asesina?
Porque es Bella.
Contestó algo o alguien en mi cabeza, sacando todas las dudas posibles que esa declaración pudo haber plantado.
-Creo que mi padre tendrá un juicio por mala praxis, es bastante obvio que ese golpe en la cabeza te hizo algo- dijo con los ojos abiertos.
-No, tu padre es un buen médico- dije tranquilamente. Ella resopló- Bella, dime algo- le dije acercándome a ella, pero antes de que estuviera lo suficientemente cerca se alejó, quedando cerca de la puerta.
Suspiré pesadamente y me senté en el anteúltimo escalón de la escalera.
-¿Quieres lastimarme?- le pregunté seriamente.
-No- dijo sin dudas- pero eso no quita el hecho de que sea perfectamente capaz de hacerlo.
-¿Y lo harás?
-Espero que no- dijo con la cabeza gacha.
-Confío en ti- le dije con franqueza.
-Haces mal. ¿No ves que soy peligrosa?- contestó tajante. Ya me había hartado con todo eso.
-¡Por Dios Bella!- le dije exasperado, levantándome- pudiste haber dejado que la camioneta de Ben me aplastara, y no lo hiciste. Pudiste haberme matado en los treinta minutos a solas que pasamos en tu auto y tampoco lo hiciste, puedes hacerlo ahora mismo, ¡y sin embargo estás ahí parada diciendo que eres peligrosa para mí cuando tus acciones dicen todo lo contrario!
-¡Porque lo soy!- dijo en el mismo tono que yo.
-¡¿Tanto te cuesta ver que no me importa?!- le grité.
Bella se quedó en silencio, con los ojos bien abiertos.
-¿Tu qué?- dijo sorprendida.
-Ya lo oíste- contesté cortante.
-¿No te importa? ¿Estás loco? ¿En serio no te importa que pueda matarte en cualquier momento? ¿No te importa estar al lado de una asesina, de un monstruo?
-¡Para!- le grité. Ella quedó atónita- dime Bella, ¿a cuántas personas has asesinado?- le dije sin rodeos. Por alguna razón no podía creer que ella hubiese matado a alguien.
Ella se quedó en silencio.
-Contéstame- le dije serio.
-A ninguna- contestó cabizbaja.
Comencé a reír histéricamente.
-Esto no puede estar pasando- dije sin podérmelo creer- ¿es en serio Bella?
-¿Qué te parece tan gracioso?- dijo ella enojada.
Me acerqué a ella, estaba vez comenzó a caminar hacia atrás, chocando con la puerta, dejándola a unos pocos centímetros frente a mí.
-Si no has asesinado a nadie, ¿por qué demonios dices que eres una asesina?- le cuestioné frustrado.
-Porque para eso fui diseñada- contestó con amargura- y porque quise asesinarte- dijo un poco avergonzada.
Bien, eso no me lo esperaba. ¿O sí? En algún punto sabía que ella podría matarme, o que podría querer matarme. Pero jamás pensé que en serio pasara eso. O que ya hubiese pasado sin siquiera yo saberlo…
De cualquier modo, aquí estoy, ¿verdad? No lo hizo, eso es lo que cuenta.
-Pero no lo hiciste- le dije seguro.
-Edward, eres absurdo- dijo negando con la cabeza- ¿no entiendes lo que te estoy diciendo? ¿No escuchaste la parte en la que dije que quise asesinarte? ¿Quieres que sea más clara? ¡Bien!- comenzó a decir crispada- durante esa primer clase de biología ideé miles de maneras de matarte, de engatusarte y llevarte a algún lugar a solas para matarte, para beber tu sangre, ¡para terminar con tu vida!
-¡Pero no lo hiciste!- dije frustrado.
-¡Pero lo deseé!- gritó.
-No me importa- le dije serio.
-No sabes lo que dices- dijo negando furtivamente con su cabeza.
-Sí lo sé- discrepé- estoy diciendo que no me importa que un vampiro, con el que estoy a solas en mi casa, haya querido matarme el primer día que nos conocimos. No me importa, ni siquiera, el hecho de que la única chica que ha podido sacarme más sonrisas en una hora que en toda mi vida sea un vampiro. No me importa, en absoluto, lo que puedas hacerme, porque confío en ti, porque lo único que has hecho desde que te conocí ha sido hacerme feliz. No me importa que seas un vampiro por el simple e insignificante hecho de que ya es muy tarde- le expuse entre enojado y decidido.
Lo había dicho. A esta altura ya estaban todas las cartas sobre la mesa, y de ahora en más, era su decisión.
-¿Qué dices Edward?- dijo mirando hacia abajo- no digas que es muy tarde, no…
Levanté su barbilla con mi mano derecha.
-Bella- acaricié su nombre- la única razón por la que no enloquecí y salí gritando, es porque jamás me has dado razones para hacerlo. No me importa lo que seas, porque al fin y al cabo, eres tú. Y sé que tú jamás harías algo para lastimarme, porque desde que te conocí has hecho todo lo contrario. Por todo lo que mas dicho puedo deducir que no te tienes mucha estima- arrastré las palabras. No me gustaba para nada que se vea de esa forma- pero esta vez déjame decidir a mí, por favor- casi le rogué.
-No sabes el riesgo que represento Edward- dijo muy bajo.
-Lo sé, por favor créeme que lo sé Bella, no soy tan tonto- bromeé un poco- y créeme también cuando te digo que tuve bastante tiempo para pensarlo. Ya sabes, todo el fin de semana pasado, la semana en el hospital sin nada mejor que hacer me sirvió demasiado. Si fuiste capaz de detener la camioneta sin moverte- ella rodó los ojos- y de sostenerme con una sola mano y a esa velocidad como el viernes pasado puedo ver que serías perfectamente apta para matarme en cuestión de segundos, o menos- le dije.
-No eres tan tonto como pensaba- dijo sarcásticamente.
-Lo sé- alardeé.
-¿Por qué haces esto Edward?- preguntó suspirando- yo no te merezco, no puedes exponerte a ese riesgo por mí, no puedo permitirlo. Tampoco puedo poner en riesgo a mi familia por…- se quedó en silencio.
-¿Por qué?- presioné.
-Sólo sé inteligente y aléjate de mí. Porque yo no soy lo suficientemente fuerte como para hacerlo- me pidió.
-¿Es eso lo que quieres?- le pregunté dolido.
Ella me miró con una ternura infinita.
-Es lo que te conviene- dijo resignada.
-Bella, no quiero saber lo que me conviene, quiero saber si tú quieres que me aleje de ti- le dije serio.
-Quiero lo mejor para ti Edward- dijo simplemente.
-Eres tú- le dije sin rodeos- lo mejor para mí, eres tú. No puedes tomar ese tipo de decisiones por mí Bella, no puedes asumir el control. No aquí, no conmigo. Te elijo a ti, aquí y ahora, con todo lo que implica.
-Edward- dijo ella con ojos tristes.
-Basta Bella, por favor- le supliqué- si tú quieres que me aleje, lo haré. Pero sólo lo haré si es lo que tú piensas que es bueno para ti. Si es eso lo que quieres, si deseas estar lejos de mí porque yo no soy lo que tú quieres. Pero ten muy seguro que no me iré de tu lado sólo porque pienses que es lo mejor para mí. Ni dejaré que tú te alejes de mí por esa razón. Sé cómo leerte y soy lo bastante terco, ya sabes.
-Lo puedo ver- dijo con una pequeña sonrisa.
-¡Vaya!- dije sonriendo- parecían años desde que te vi hacer eso por última vez- le dije señalando su sonrisa.
-Supongo- dijo despacio.
Suspiré.
-¿Qué quieres hacer Bella?- le pregunté seriamente.
-Te quiero a ti- dijo con franqueza. Mi corazón se llenó de esperanzas- pero es muy egoísta de mi parte. No puedo merecerte, jamás lograré llenar tus expectativas, jamás…
-¿Por qué no me dejas decidir a mí?- le dije acomodando con mi mano izquierda un mechón que se había salido de su trenza, ya que mi mano derecha seguía en su barbilla.
-Porque no te ves muy capaz de eso- dijo haciendo una mueca.
-Cállate Cullen- dije gruñendo.
-¿En serio no te importa?- dijo suspirando.
-¿Puedo pedirte algo?- ignoré su pregunta.
-Lo que quieras- juró.
-Sé egoísta- le dije sonriendo.
-No puedo- dijo abatida.
-Por favor, sólo para hacerme feliz- le pedí sonriendo de lado.
Ella suspiró audiblemente. Pareció pensarlo unos minutos. Ya se estaba agotando mi paciencia.
Segundo a segundo su rostro fue tomando distintas expresiones, era como un hermoso e interesante libro abierto. Interesantísimo.
Primero se veía afligida, abatida, como si se hubiera resignado a algo. Luego la vi morder su labio inferior- enviando una vergonzosa ola de calor a todo mi cuerpo- indecisa. Ipso facto su rostro se contrajo, su ceño se frunció y finalmente suspiró fuertemente, decidida.
-¿Sabes qué?- dijo resoluta- jamás he tomado la vida de alguien para satisfacer mi sed, jamás he asesinado, no soy una santa, pero siempre antepongo la felicidad de mi familia a la mía propia, jamás he robado o envidiado la pareja del prójimo- comenzó sarcástica- y en cualquier caso me voy al infierno, así que ¿qué más da si rompo algunas reglas?- declaró riendo.
Aquella declaración saliendo de sus labios, de sus rojos y perfectos labios, llenó mi corazón de esperanzas.
Esperanzas que parecían poder ser concretadas.
Ella tenía razón, era Bella, nada malo o egoísta o malvado podría habitar en ella y aún así se suponía que estaba condenada por el hecho de ser un vampiro. Aparentemente, ella no lo había elegido.
El mundo no se iba a derrumbar porque ella decida, finalmente, comenzar a ser feliz.
¿Verdad?...
¡Hola de nuevo! Espero que les haya gustado la resolución final de Bella, y si no, espero sus opiniones.
Quiero adelantarles que el final del próximo capítulo las dejará intrigadísimas.
Y que la continuación de ese será MUY sorpresiva y algo divertida, espero.
Al igual que con éste capítulo, el siguiente vendrá seguido, sin esperas.
Nos leemos en segundos, besos, A simple human.
