Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Tkegl, yo solo la traduzco.


CUTLASS

Veo ahora porqué lo llaman el Nuevo Mundo. Es una enorme extensión de tierra sin explorar, llena de misterios y maravillas. Tal vez, cuando mi misión esté completa, la explore más.

Hasta entonces, ya tengo transporte hacia el sur. No quiero poner los pies en un barco de nuevo, así que viajaré por tierra mientras sea posible. Puede que las aguas más cálidas del Caribe sean más hospitalarias que el violento Atlántico.

No puedo hacer más que tener esperanza.

-Diario de Simon Alistair Mellick, 23 de octubre, 1665

Capitulo ochoChoque de voluntades

―¡Maldición, Smith!

Bella sonrió satisfecha mientras frotaba la colada del capitán y oía el eco de su voz por el pasillo hasta la cubierta. Frotó sus pantalones con un poco de jabón y los hundió en el agua mientras empezaba a canturrear ligeramente.

En un momento Cullen apareció en el umbral de la puerta y Bella tuvo que morderse el labio para no echarse a reír. Tenía una camisa sobre la cabeza, pero una mano estaba atrapada en la manga de la que ella había cosido el agujero. La otra manga estaba completamente desaparecida y el agujero cosido también, de forma que su mano derecha salía por el borde de la camisa. Él barrió la cubierta con la mirada hasta que la vio, entonces caminó hacia ella con fuertes pisadas y una mirada mortal en la cara.

Bella arrugó los pantalones para escurrilos, y los puso en la cesta antes de secarse las manos en su mandil y levantar la mirada.

―Buenos días, Capitán, ―dijo ella animada, poniéndose de pie.

―¿Buenos días? ―gritó él―. ¿Eso es todo lo que tienes que decir en tu defensa?

Ella le miró en blanco. ―Ciertamente no tengo ni idea de lo que quiere decir.

―¡Oh, bueno, estoy seguro de que ciertamente lo haces! ―gruñó, moviendo la manga en su dirección―. ¡Mira lo que le has hecho a mi camisa!

Ella examinó la manga cuidadosamente. ―Parece que la manga ha sido cosida, señor.

―Oh, ¿de verdad? ―dijo él burlonamente, sacudiendo la manga en la cara de ella―. ¡No me había dado cuenta!

Bella luchó por mantener su expresión de inocencia. ―Eso es bastante sorprendente. Yo diría que dificulta ponerse la prenda.

Él se inclinó, con la cara a unos centímetros de la de ella. ―¿Crees que esto es divertido? ¿Lo crees? ¡Bueno, ya veremos lo divertido que es cuando estés encadenada al palo de popa!

Bella frunció el ceño. ―No puedes hablar en serio.

―Pruébame, ―gruñó Cullen―. ¡Whitlock!

Por primera vez, Bella notó las miradas de curiosidad de los miembros de la tripulación que se habían congregado ahí cerca. Newton, con la nariz todavía hinchada y amoratada, la miró furioso -algo habitual últimamente- y se giró para ir a las bodegas. El primer oficial corrió hacia delante.

―¿Sí, señor?

―¡Pon a esta mujer los hierros! ―Cullen apuntó hacia Bella con su manga cosida. Whitlock se mordió el labio y, por un breve segundo, Bella pensó que parecía divertido pero, igual de rápido, su expresión se tornó más seria.

―Sí, señor, ―dijo bruscamente, cogiendo a Bella del brazo y llevándola a uno de los palos. Otro tripulante dio un paso adelante con unas esposas y Whitlock la empujó hacia delante, estirándole los brazos a la espalda y alrededor del mástil antes de enganchar las esposas alrededor de sus muñecas.

―¡No puedes dejarme así! ―gritó ella.

Whitlock arqueó una ceja. ―No es buena idea enfadar al capitán.

―No, espera. ―Cullen dio un paso adelante, dándose golpecitos en la barbilla con su mano libre. Bella intentó no notar la expansión de piel dorada que quedó expuesta por el movimiento―. Átala al mástil, pero libera sus manos. Todavía tiene trabajo que hacer.

Bella resopló. ―¡Como si fuera a hacer algo por ti, bárbaro!

―Harás lo que se te ha dicho, ―siseó Cullen―. O pasarás el resto de este viaje atada a este poste. No pruebes mis límites, moza. Perderás. Tú.

Whitlock y el otro tripulante se acercaron con una cuerda. ―Puede que debas sentarte, ―sugirió Jasper. Bella consideró negarse por un momento, pero entonces él añadió―, es posible que estés aquí un rato. Será más cómodo. ―Bella levantó la barbilla, pero se deslizó por el poste para sentarse en la cubierta. La ataron firmemente, con la cuerda rodeando su cintura y bajo sus brazos, antes de quitarle las esposas.

Cullen miró con satisfacción, tirando de la cuerda para probar su fuerza antes de mover la cabeza hacia Whitlock con aprobación. ―Haz que uno de los chicos vaya a por mi baúl para que la moza pueda ponerse a trabajar. ―Se volvió hacia ella, quitándose la camisa y echándosela en el regazo―. Espero que toda mi ropa esté reparada antes de que seas liberada, ―gruñó―. Toda. Y no juegues conmigo, Smith, o pagarás caro.

Ella contestó a su mirada furiosa con una propia, intentando desesperadamente evitar mirar su pecho desnudo. Sus mejillas se incendiaron por el enfado y la vergüenza, pero ella sabía que había sido vencida, al menos esa vez. Bajó la mirada y oyó la victoriosa risita de Cullen.

Él giró sobre sus talones y caminó hacia el timón mientras un joven chico arrastraba el baúl de Cullen hasta ella y abría la tapa. Le dio material de costura y se largó sin una palabra. Bella cogió la camisa con el ceño fruncido y empezó a sacar las puntadas de la manga.

Suspiró pesadamente, molesta consigo misma por permitir que su venganza infantil la alejara de su meta. Se suponía que tenía que acercarse a Cullen, no ponerle furioso. Es solo que era tan arrogante que le parecía difícil contenerse. Su mal genio estaba probando ser su peor enemigo.

Bella se estremeció, sabiendo lo que tenía que hacer. Tenía que ganarse la confianza de Cullen, lo que significaba que tenía que ser... amable. No importaba lo desagradable que fuera la idea; lo irritante, frustrante y enfurecedor que fuera el hombre. Era la única manera. Rodó los hombros, intentando relajar sus músculos.

Podía hacerlo. Podía ser amable. ¿Cómo de duro podía ser?

Bella enhebró una aguja, mirando hacia Cullen con disimulo. Él estaba de pie ante el timón, lo tenía agarrado sin fuerza mientras hablaba con Crowley.

Definitivamente no notó la forma en que su piel dorada jugaba sobre los músculos de su espalda o la forma en que sus pantalones colgaban de sus caderas; el cinturón en que llevaba la espada subía ligeramente hacia la piel expuesta.

No notó el brillo de sus dientes mientras reía por algo que Crowley había dicho.

No sintió el salto de su estómago o el calor en su piel mientras él estiraba los brazos hacia arriba y su cinturón bajaba un poco.

Y, definitivamente, no estalló en risas al ver el calcetín que había cosido en la costura trasera de los pantalones de Cullen y que, en ese momento, se movía como la cola de un perro.

Ella solo sonrió y se puso a trabajar, pensando que merecía completamente la pena... incluso aunque hubiera terminado atada al palo de popa.

- . - . - . - . -

Edward mantuvo vigilada a Bella mientras ella remendaba su ropa o, más bien, volvía a remendarla. Intentó no demostrar su sorpresa por la increíble pila de prendas que tenía alrededor. La moza había estado obviamente determinada en sus esfuerzos.

No pudo contener una pequeña sonrisa al pensarlo. Para ser tan pequeña, era una buena adversaria, eso tenía que admitirlo.

Cuando el sol estaba en su apogeo, ordenó silenciosamente que le llevaran agua y pan duro. A pesar de la opinión de Bella, él no era, de hecho, un bárbaro. Finalmente se acercó a ella, cogiendo una camisa y examinándola de cerca antes de pasársela por la cabeza. La miró, sorprendiéndose cuando ella bajo la mirada y se sonrojó.

Él abrió la boca para hacer un comentario pero, por una vez, se dio cuenta de que no sabía qué decir. En su lugar, se volvió hacia Jasper.

―Revisa su trabajo y, si lo ha hecho de forma satisfactoria, suéltala, ―dijo malhumorado.

Jasper asintió y, para sorpresa de Edward, Bella le sonrió dulcemente.

―Gracias, ―dijo.

Edward la miró fijamente un momento, inseguro de cómo responder. Entrecerró el ojo. ―No pruebes tus encantos femeninos conmigo, Smith.

―¿Encantos? ―dijo Bella inocentemente―. Solo intento hacer las paces, Capitán. Tenía razón, no debería haberle hecho esto a su ropa. Ha sido infantil, y me disculpo. ―Las cuerdas se aflojaron y ella se puso de pie, estirándose con una amplia sonrisa―. Se siente bien estar libre de nuevo. Supongo que debería guardar todo esto, ¿sí? ―Edward la miró asombrado, incapaz de apartar la mirada mientras ella recogía la ropa doblada, la ponía en el baúl y lo cerraba con un suspiro de satisfacción.

Se volvió hacia Jasper. ―Sr. Whitlock, ¿cree que podría hacer que alguien devolviera esto a las habitaciones del capitán por mí? Es un poco pesado, y en realidad debería encargarme de la cena del capitán.

―Um. ―Jasper miró nervioso a Edward, que todavía no había recuperado el habla―. Sí... sí, por supuesto, señorita. Yo me encargaré.

―Gracias, ―dijo ella, rozando la falda con las manos y echándole a Edward otra amplia sonrisa antes de dirigirse hacia la cocina. Edward y Jasper la vieron marcharse en silencio por el asombro.

―¿De qué demonios iba eso? ―murmuró Jasper.

―No tengo ni idea, ―contestó Edward―. Pero no confío en esa moza ni un segundo.

―No te culpo, ―replicó Jasper―. ¿Has visto la parte trasera de tus pantalones?

La mano de Edward fue a su trasero y gruñó de frustración cuando sintió el calcetín que colgaba detrás de él. ―Esa mujer es el demonio encarnado.

Jasper sonrió satisfecho. ―Es solo que no te gusta el hecho de que no tenga miedo de ti.

―Bueno, debería tenerlo, ―contestó él―. No me decido en si es increíblemente valiente o increíblemente estúpida.

―No es estúpida.

―No, supongo que no, ―admitió Edward, volviéndose para dirigirse a sus habitaciones.

Jasper tiró del baúl y caminó a su lado. ―¿Estás seguro de que es una buena idea? ¿Mantenerla a bordo? Entiendo tu deseo de hacerla pagar-

―No es por eso. ―Edward miró a su alrededor para asegurarse de que tenían privacidad antes de contestar con apenas un susurro―. Es la hija de Charlie Swan, ―dijo―. Es posible que tenga información que pueda ser útil.

―¿Y crees que compartirá esa información... contigo? ―Jasper resopló, cambiando el peso del baúl―. No pareces gustarle exactamente, ya no digamos que confíe en ti.

―Todavía no, pero se hará a la idea.

―¿Oh? ¿Qué te hace estar tan seguro?

Edward sonrió ampliamente, extendiendo los brazos. ―¿Cómo podría resistirse?

- . - . - . - . -

Bella apretó los dientes mientras se aproximaba a las habitaciones del capitán, su estridente risa le ponía de los nervios. Respiró profundamente antes de cruzar la puerta abierta, pintando una sonrisa en su cara y sosteniendo la bandeja de su cena con cuidado. Canturreó mientras dejaba la bandeja en la mesa; colocando el plato, los cubiertos y la servilleta antes de ponerle una taza de ron.

―Espero que tengas hambre... ―Levantó la mirada y encontró a Cullen y a Whitlock mirándola con sospecha. Tal vez había sobreactuado. ¿Era posible ser demasiado amable?

―¿Va algo mal? ―preguntó con inocencia.

Los dos hombres intercambiaron una mirada y Cullen se acercó a la mesa, sentándose y tomando un bocado de su carne. Jasper se sentó frente a él, poniendo ron en otra taza y bebiéndolo en dos tragos con una sonrisa de diversión en la cara.

―Hay que lustrar mis botas, Smith, ―dijo Cullen malhumorado―. Y hay que cambiar y lavar la ropa de cama.

Ella miró tristemente la pila de sábanas y mantas que había en la cama. Le llevaría una eternidad lavarlas.

―Por supuesto, ―dijo, con las palabras ligeramente entrecortadas.

―Tendrás que fregar el suelo, ―añadió él―. Asegúrate de mover los muebles para que puedas frotarlo todo.

Jasper soltó un sonido ahogado, cubriéndolo rápidamente con otro trago de ron.

―Sí, señor.

―Luego puedes encargarte de mi orinal.

Bella se tensó. ―¿Tu orinal?

Cullen masticó un trozo de pan. ―Tiene que ser vaciado y luego bien lavado.

―Pero... ―Bella tragó con dificultad, intentando controlar su mal genio.

Sé amable, pensó.

―Pero... creí que habíamos llegado al acuerdo de que nada de orinales.

El capitán se encogió de hombros, bajando un bocado de comida con ron. ―Hay que limpiar mi orinal, así que estoy renegociando nuestro acuerdo.

―Tú... ¡no puedes hacer eso!

Sé amable.

―¿No? ―preguntó él―. Creo que acabo de hacerlo.

Bella inhaló profundamente y lo soltó despacio. Una y otra vez. Y otra vez.

No estaba ayudando.

―O, ―siguió Cullen con tono coloquial mientras se giraba en su asiento, mirándola intensamente―, podrías decirme exactamente qué estás tramando, Smith.

Bella tragó, su enfado dio paso rápidamente a los nervios. ―¿A qué te refieres?

La mirada de él no vaciló. ―Puedo tolerar muchas cosas. Pero si vamos a adherirnos a este acuerdo que tenemos, una cosa que demando es honestidad.

―¿Honestidad? ―dijo ella resoplando―. ¡Como si tú supieras el significado de esa palabra!

―Sé que no significa fingir ser una dama tonta para ganarte mi confianza.

Bella se sonrojó. Aparentemente, su treta no había funcionado como había esperado.

―Puede que me guarde cierta información, pero yo nunca te he mentido, ―añadió él.

―¿Oh? ―dijo ella, con las manos en las caderas―. Entonces... dime lo que sabes de mi padre.

Cullen se interesó repentinamente por su plato, moviendo la comida por él con su tenedor. Jasper pasó un dedo por el borde de su taza, pasando la mirada entre el capitán y Bella con interés.

―Venga, Capitán, ―instó Bella―. ¿Dónde está toda esa honestidad? Sabías su nombre. Sabías que tenía una hija. Lo que no entiendo es como un mal- ―Cortó sus palabras al ver su mirada de irritación―, ...como un pirata conocía a un legal hombre de negocios como mi padre.

Edward consideró su reto un momento, luego miró a Jasper y movió ligeramente la cabeza. El primer oficial se levantó y dejó la habitación sin una palabra, cerrando la puerta tras él. Edward señaló la ahora vacía silla frente a él y, con un resoplido de irritación, Bella se sentó.

―¿Por qué no empiezas diciéndome lo que tú sabes de tu padre? ―dijo él. Los ojos de Bella destellaron y él levantó una mano―. Solo sígueme, por favor, ―dijo―. Sería más sencillo para mí rellenar los huecos que decirte cosas que ya sabes.

Ella frunció el ceño, irritada por la idea de que Cullen conociera los huecos de la vida de su padre, pero asintió como aceptación de todas formas.

―Mi padre era un buen hombre, ―empezó ella―. Sirvió en la Royal Navy la mayor parte de mi vida. Mi madre murió al nacer yo y la hermana de él, mi tía, me cuidó mientras él estaba en el mar. Ella murió de gripe cuando yo tenía catorce años y él dimitió para poder volver a casa conmigo.

Aceptó un puesto en el comercio y tuvo bastante éxito. Entonces, una noche, un ruido me despertó. Un disparo. Y le encontré en su estudio... ―Dejó de hablar mientras se tragaba las lágrimas.

―Yo le encontré, ―dijo bruscamente, enderezando la columna―. Estaba sangrando en la moqueta. Había sangre por todas partes... ―Se limpió las mejillas, insegura de cuándo había empezado a llorar―. La habitación había sido saqueada, había papeles por todas partes, pero todo lo que yo pude ver fue a él. Caí de rodillas y él me miró mientras tomaba su cabeza en mi regazo, ―Bella se explayó, aturdida por los recuerdos―. Intentó hablar, pero tenía la boca llena de sangre.

Al final solo dijo una palabra, ―dijo ella, mirándole fijamente con los ojos llenos de lágrimas.

―¿Qué dijo? ―Su mandíbula se tensó y ella supo que él ya lo sabía.

―Cullen.

Él apartó la mirada y habló con un ronco susurro. ―¿Y por eso crees que yo le maté? ¿Por que dijo mi nombre?

Bella respiró profundamente, recuperándose. ―Por supuesto que no. No siquiera sabía quién eras, después de todo. Contraté a alguien para que lo investigara; él fue quien señaló en tu dirección.

Pero, ¿por qué más, Capitán? ¿Por qué más diría él tu nombre con su último aliento además de para identificar a su asesino?

Cullen miró sin ver un largo rato y Bella empezó a preguntarse si contestaría. Entonces él se giró y la miró a los ojos, y ella se asombró al ver la intensidad que había ahí... la resolución.

―Porque Charlie Swan nunca navegó para la Corona, ―dijo él―. Era un pirata. Y, durante unos cortos años, fue mi amigo.

- . - . - . - . -

En las cálidas aguas del sur de Jamaica, el barco pirata La Maldición de Abaddon estaba completamente alerta, su tripulación preparada para la batalla con espadas y pistolas. Con una confianza fanfarrona, el capitán del barco caminaba por la cubierta, mirando el navío que se acercaba con ojos cautelosos pero confiados.

No era un barco de la Corona y era más pequeño que el suyo, así que el Capitán Aro -conocido durante tantos años como Aro el Despiadado que su apellido correcto había sido olvidado- no sintió la necesidad de escapar. En su lugar, preparó a su tripulación para el encuentro con la esperanza de que hubiera un tesoro al final del día. Sin embargo, la razón por la que el barco se dirigía hacia ellos a toda vela le hacía sentir curiosidad y, con una silenciosa orden, levantó la mano hacia su primer oficial, Marcus. El hombre colocó un catalejo en la palma de su mano y Aro se lo llevó al ojo; el barco apareció en primer plano.

―Es la Dama Encantada, ―murmuró para sí―. ¿Qué se propone Renard?

―No se atrevería a atacar, ―contestó Marcus.

―No. ―El capitán cerró el catalejo y se lo guardó en el bolsillo. Como corsario, Renard se había hecho una reputación considerable en el Caribe -tanto por sus actividades legales como por las no tan legales- pero nadie se atrevía a atacar La Maldición de Abaddon. Incluso la Marina británica le evitaba a no ser que se vieran obligados a enfrentarse a él―. Pero será mejor que estemos preparados de todas formas.

Marcus asintió y, a su orden, el resto de la tripulación se tensó; la Dama se acercaba más con cada minuto. Finalmente frenó y echó el ancla, había una bandera blanca moviéndose salvajemente en la brisa.

―¿Señor? ―preguntó Marcus en voz baja.

―Quietos, ―contestó Aro―. Veamos qué quiere.

Tras un momento vio un bote moviéndose hacia ellos con solo dos hombres a bordo, el Capitán Renard y un tripulante que movía los remos. El resto de la tripulación se quedó a bordo de la Dama, mirando los sucesos con interés.

―No están armados, ―señaló Aro, apuntando a la tripulación del otro barco. Aun así no ordenó a su tripulación que abandonara la alerta. No se había convertido en el pirata más temido de mar abierto bajando fácilmente la guardia.

El capitán levantó la mirada a él mientras el bote se aproximaba, levantando una mano a modo de saludo con una bandera blanca colgando de entre sus dedos. Aro les dio permiso para subir a bordo con un breve asentimiento y sus hombres se apartaron para permitir a los dos hombres subir a cubierta con las manos todavía sobre sus armas.

―Capitán Aro, ―dijo Renard, quitándose el sombrero con una floritura―. Tiene buen aspecto.

Aro asintió. ―¿De qué trata esto, Renard?

El capitán de la Dama miró nervioso a su alrededor. ―Esperaba hablar contigo en privado. Es un asunto urgente.

Aro le miró con pensativa cautela y luego se giró hacia uno de sus hombres. ―Inspeccionadle.

―Te aseguro que estoy desarmado, ―insistió Renard, levantando las manos mientras el tripulante pasaba las manos por su figura―. Vengo en son de paz.

Aro resopló. ―¿Paz?

Renard sonrió ampliamente. ―Bueno, en este caso, al menos.

El tripulante dio un paso atrás y Aro dirigió a Renard, flanqueado por Marcus y su Intendente, Caius, hasta sus habitaciones. Se echó con las piernas abiertas en una gran silla de cuero, mirando a Renard penetrantemente con los ojos negros mientras éste se sentaba en una más pequeña de madera.

―Ahora, ―dijo Aro―, ¿de qué va esto?

La expresión de Renard se hizo seria y se pasó la lengua por los labios nervioso. ―Yo... uh... creo que tienes interés en Eddie 'Un-Ojo' Cullen.

Aro mantuvo una postura estoica. ―¿Qué sabes de Cullen?

―Sé que atacó mi barco y se llevó mi cargamento, ―dijo Renard con un gruñido―. Dejó a mi tripulación y pasajeros atados como animales.

Aro sonrió satisfecho. ―Bueno, eso viene con el territorio, ¿no lo hace, Laurent? ―preguntó―. Tú mismo estás lejos de ser inocente en estos asuntos.

Renard se encogió de hombros. ―De todas formas, creo que podríamos ayudarnos el uno al otro.

Aro apoyó un codo en el brazo de la silla, pasándose un dedo por los labios. ―¿Cómo?

―Si estás buscando a Cullen, me gustaría ayudar.

Aro rio. ―¿Y qué te hace creer que necesito tu ayuda?

―Tal vez no, ―admitió Laurent―. Pero un segundo barco, una segunda tripulación, podrían ser útiles cuando finalmente le encuentres.

―Sí, ―dijo Aro pensativo―. Y, ¿qué sacarías tú de este acuerdo?

Renard entrecerró los ojos. ―Simplemente quiero ver como Eddie 'Un-Ojo' cae. Si tú te propones hacer eso, creo que tenemos la misma meta.

Aro se puso de pie y caminó lentamente por la habitación. Cullen era un imbécil molesto, tenía que admitirlo. El hecho de que había recuperado el sable todavía le ponía de los nervios y, si también había saqueado la Dama, Aro estaba seguro de que habría encontrado el colgante.

Sí, Cullen se había convertido en una espina en su costado, y una de la que debería encargarse pronto.

Aun así, Renard se equivocaba cuando decía que Aro estaba buscando a Eddie 'Un-Ojo', porque Aro sabía que era solo cuestión de tiempo que Cullen le buscara a él. Con todo, tenía que admitir que el barco de Renard y su tripulación serían útiles cuando llegara el momento de acabar con el capitán de la Flecha. Aro sabía que no debía subestimar al chico, ya había burlado a la muerte una vez.

Se giró, inmovilizando a Renard con una penetrante mirada negra. ―Tú, tu barco y tu tripulación estaréis bajo mi mando. No toleraré ninguna insubordinación.

Renard inclinó la cabeza en un gesto de deferencia. ―Como desees. Como he dicho, solo deseo ver a Cullen castigado y, con suerte, recuperar mi cargamento.

―Cualquier botín será dividido por mi intendente, ―soltó Aro―. No pienses que me alío contigo para llenar tus bolsillos, Laurent.

―Por supuesto que no, ―contestó él, tragando con dificultad―. Solo pido que mi tripulación sea premiada por su lealtad como lo será la tuya.

Aro levantó la barbilla y luego asintió una vez. ―Hecho.

Una lenta sonrisa iluminó la cara del Capitán Renard mientras se ponía de pie y extendía la mano. ―Entonces, ¿tenemos un trato?

Aro la tomó en un firme agarre. ―Sí, Capitán. Tenemos un trato.


Hola!

La historia va avanzando. Estoy deseando leer que os ha parecido el capítulo, y seguro que vosotras estais deseando saber cómo reacciona Bella a la declaración de Edward.

Bueno, la fecha de actualización está en mi perfil y el miércoles pondré un adelanto del siguiente capítulo en mi blog bellstranslations . url . ph

Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.

-Bells :)