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Advertencias: Muerte de un personaje principal
Capítulo VIII: Where you gonna go?
—Harry, ¿qué dices si al terminar las clases nos damos una escapada a los bares muggles de Londrés? —le susurró Jonathan tan cerca de su oído que hizo que el moreno estremeciera de pies a cabeza.
Harry, que estaba sentado frente al otro joven dentro del aula de Pociones Medicinales, se recorrió hacia adelante lo que más pudo, pero con el poco espacio que había entre cada butaca no pudo alejarse demasiado de Jonathan. Normalmente, el maestro de aquella clase no demoraba mucho en presentarse a su clase, pero al parecer, o todos los alumnos habían llegado temprano (muy improbable), o el maestro estaba atrasado. Cualquiera que fuera la situación, Harry tenía que soportar el no tan inocente coqueteo de Jonathan. Sentado al lado izquierdo de Harry, Dominic leía con tranquilidad la portada de El Profeta, pero la minúscula y casi imperceptible sonrisa en su rostro demostraba que estaba atento a sus dos compañeros y que además disfrutaba la tortura de Harry.
—¿No crees que es un poco irresponsable salir a bares a mitad de semana teniendo guardia mañana en el campo de Defensas y Estrategias, Thucker? —preguntó Harry tratando de sonar casual y evitando a toda costa girar su rostro, podía sentir la respiración de Jonathan sobre su cuello y lo que menos quería era que sus narices quedaran a menos de tres centrimetros de distancia. Por la rafaga de aire que bañó toda la parte trasera de su cuello y oído, Harry pudo asegurar que el otro muchacho estaba riéndose.
— ¿Eso quiere decir que si fuera fin de semana sí saldrías conmigo? —le preguntó con la burla.
Harry cerró momentaneamente los ojos para después girar su rostro hacia Dominic pidiendo ayuda con la mirada. Dominic, que no había despegado los ojos del periódico, sólo sonrió con más diversión y negó con la cabeza; había ocasiones en las que se apiadaba de Harry e intervenía para que los coqueteos de Jonathan desaparecieran, especialmente cuando estos estaban sobrepasando la raya del respeto, pero también había momentos como aquel en los que disfrutaba mucho el acoso que el moreno recibía. A Harry sólo le quedó aplicar la ley de hielo y mirar fijamente hacia el frente del aula; sintiendóse ignorado y aburrido, la atención de Jonathan se dirigió al número de El Profeta que Dominic acababa de dejar sobre sus piernas.
—¿Saben algo? A él jamás le aceptaría una negativa, no es personal, Harry, tú eres muy atractivo, eso no lo niego —El aludido se tragó un bufido y actuó como si no estuviera escuchandólo—. Pero Draco Malfoy es otra cosa, si no fuera porque él mismo lo ha negado podría asegurar que es un veela.
Harry se giró rapidamente hacia Jonathan (su cuello le reclamó el brusco movimiento) sin entender a qué venía el comentario de Malfoy, después siguió la mirada de Joathan y comprendió a qué se estaba refiriendo. Aquella mañana no había tenido ni el tiempo ni el interés de hojear El Profeta que llegaba diariamente a su casa por lo que no se había percatado que en la portada del periódico se encontraba una inmensa foto de un muy serio Draco Malfoy junto a una joven bruja de rasgos muy finos y elegantes quien no podía ser otra más que su esposa, Astoria Greengrass. Bajo la foto mágica que de hecho no mostraba mucho movimiento en los rostros de la pareja, se leía un gran encabezado:
El más joven de los Malfoy ha anunciado que el nuevo heredero ya viene en camino
No mostraba nada sobre el artículo ya que sólo era un encabezado, pero Harry podía asegurar que fuera lo que dijera dicho artículo tenía el típico discurso Malfoy que exhaltaba la preservación de la sangre pura (disfrazado ahora con un tono humilde que intentaba no desprestigiar a los mestizos o sangre muggle), así como la valiosísima tradición mágica que representaba un heredero que, a su debido tiempo, pasaría a ser el único dueño del emporio de la familia. En pocas palabras, el típico discurso aburrido y escrito con una jerga política y económica que Harry, normalmente, no le prestaría la miníma atención si no fuera porque se trataba de Malfoy quien no sólo sabía lo del embarazo de Ginny, sino que podía aprovechar esa información para mejorar su imagen social y política en el Mundo Mágico. Merlín, Draco Malfoy podría incluso chantajearlo (no que Harry se fuera a dejar pero el otro bien podría intentarlo) para ayudarlo a limpiar la reputación de los Malfoy.
Una sensación fría que no era mas que la señal de la repentina ansiedad que sentía, comenzó a recorrer su espalda y estuvo a punto de arrebatarle el periódico a Dominic pero el otro lo guardó en su mochila cuando el maestro por fin llegó al salón. Harry no dijo nada, intentó enfocarse al cien por ciento en su clase pero no pudo, su mente estaba repleta de dudas que se multiplicaban conforme sus nervios iban creciendo, pero para su segunda clase del día se obligó a sí mismo a dejar de pensar en Malfoy y sus posibles planes. Además estaba seguro de una cosa, Draco no había hablado sobre el embarazo de Ginny en aquel artículo, el rubio no era tan estúpido como para soltar semejante noticia cuando su principal interés era hacer publicidad el embarazo de su esposa y no el de otra mujer, no importase si fuera la mismisima novia del niño-que-vivió. Pero eso no significara que no fuera a soltar la bomba en un futuro. Harry tampoco era tonto, sabía que aquel secreto no podía mantenerse en la oscuridad por mucho tiempo, era cuestión de tiempo para que todo saliera al aire, pero no por eso quería que fuera Draco Malfoy el vocero principal de la noticia de que Harry Potter iba a ser padre.
Y si no se tratase de Draco Malfoy, Harry estaba seguro de si fuera otra persona, ésta no revelaría su secreto cuando le debía la vida; pero el mismo rubio se lo había dicho durante su primer encuentro en la clínica de maternidad, él no le debía nada. No importaba si Harry había arriesgado su vida años atrás para salvar la suya, Malfoy simplemente no era de ese tipo de personas que se comportaban repentinamente agradables con alguien sólo por eso. Harry sabía que debía de actuar pronto, buscar a Malfoy antes de que se le ocurriera abrir la boca. La cuestión era cómo, Malfoy era una persona de negocios, no cedería sin haber obtenido algo a cambio, y Harry no sabía cómo comprar su silencio. Y para ser franco, Harry no quería comprar el silencio de Draco Malfoy ni el de nadie más.
Aunque también estaba el otro asunto, la última vez que lo había visto, Harry había intentado actuar civilizadamente con su excompañero de escuela, y al final había sido él mismo el que se había comportado inmaduramente, incluso creyó por un momento que había lastimado el orgullo del rubio, pero había deshechado la idea inmediatamente, aunque no por eso se dejó de sentir un poco culpable. No podía simplemente presentarse frente a Draco después de aquel bochornoso episodio y negociar su silencio, estaba seguro que aquello terminaría por romper la fachada de frialdad de Draco Malfoy y el rubio terminaría con una actitud que, por ende, haría que Harry se arrepintiera de haberlo buscado. Prácticamente se sentía entre la espada y la pared.
Ginny y la señora Weasley se encontraban en la cocina de Grimulde Place cuando Harry llegó por la tarde después de un cansado día en la Academia de Aurores. Por un momento, el chico se quedó bajo el marco de la puerta mirando a madre e hija platicando animadamente, el olor a comida recién hecha le indicó que las dos ya llevaban un buen rato en su hogar. Aquella imagen de Ginny y la señora Weasly era la visión que una vez había deseado tanto, la idea de tener una familia, de formar parte de "algo" y no sentirse solo. Y no era que ahora ya no lo deseara, pero tampoco había imaginado que iba a obtenerlo tan precipitadamente. Lo que le hacía sentirse aún más ansioso era lo que pasaría dentro de unos meses, sabía que los pocos cambios que estaba comenzando a vivir eran sólo una pequeña parte de lo que vendría muy pronto.
—Harry —saludó Ginny cuando lo vio; la joven se acercó a él para darle un beso en la mejilla, al parecer estaba de buen humor considerando su radiante sonrisa, Harry también le sonrió pero no con el mismo entusiasmo. Aunque había salido temprano aquel día, se encontraba sumamente agotado y la perspectiva de no poder llegar a dormir como lo había planeado le había bajado el poco humor que tenía.
—Llegaste temprano, querido —fue el saludo de la señora Weasley en un tono que le supo mucho a tristeza mal disimulada. No que le sorprendiera a Harry que la señora Weasley aún se sintiera así con él, pero no por eso se sentía mejor, Molly Weasley era como una madre para él y sentía que con el embarazo de Ginny, el lazo entre ella y él también se estaba perdiendo.
—Cancelaron las últimas clases, así que nos liberaron temprano —medió bromeó mientras se dejaba guiar por Ginny a la mesa para después tomar asiento junto a ella—. Estás muy sonriente el día de hoy —le comentó a Ginny que ensanchó su sonrisa.
—Eso es porque tengo buenas noticias. ¡Conseguí un trabajo nuevo! —anunció con mucha emoción y Harry se quedó mudo de la sorpresa por varios segundos.
—¿Qué?, ¿por qué? —la sonrisa de Ginny vaciló ante el tono de su novio, pero la recuperó inmediatamente.
—Pues es obvio, porque debo ganar mis ingresos de alguna manera para poder proveer al bebé cuando llegue —Molly no pudo evitar fruncir los labios ante el último comentario, parecía no compartir en lo absoluto el entusiasmo de su hija.
—Pero sabes que no es necesario, ya te he dicho que yo puedo asumir los gastos —Harry se apresuró a protestar sin poder evitar el tono defensivo, realmente se sentía presionado por el gesto de Molly, más tomando en cuenta que ella misma sabía que él ya había declarado su responsabilidad económica.
Ginny suspiró y lo soltó del brazo para mirarlo con incredulidad.
—Harry, no tienes idea de lo costoso que es traer un bebé al mundo, ¿verdad?, además, ¿qué esperabas que hiciera durante todo el embarazo?, ¿tejer y cocinar? —preguntó la joven pelirroja en un tono que manifestaba lo que para todos era bien sabido. La más pequeña de los Wesley tenía lo mismo de hogareña que Hermione de tonta.
—Tampoco es una tragedia estar en casa durante el embarazo, Ginny. Al contrario, es más seguro y aprender a tejer y cocinar no estaría mal considerando que lo tendrás que hacer cuando tu bebé nazca —Harry se sintió un poco aliviado de que el gesto de molestia de Ginny pasara de ser dirigido a él para enfocarse en la señora Weasly.
—¡Mamá!, ¿por qué dices eso? Creí que me apoyabas cuando te comenté lo del empleo.
—Sí te apoyo, hija. Pero como madre sé lo que te digo, no querrás que nada te impida vivir tu embarazo, disfrutarlo y enfocarte en lo que viene.
El rostro de Ginny se tornó aun más duro luego de las últimas palabras de su madre.
—Nada de eso va a pasar, no es como si fuera a dejar mi útero en casa mientras estoy trabajando. Además, tampoco es un misterio lo que viene, de hecho es eso mismo lo que me hizo buscar un empleo en primer lugar —Ginny miró a Harry en busca de apoyo moral, o lo que fuera.
—Yo… yo sólo quiero que sepas que dinero no va a faltar, pero si lo que quieres es esto, me parece bien. Tienes mi apoyo y lo sabes —Harry se sintió feliz de que su novia tomara su torpe respuesta como un verdadero apoyo. En cambio, la mirada de Molly no le agradó mucho, pero tampoco era como si hubiera mentido. Apoyaría a Ginny en sus decisiones de ahora en adelante.
—¿Y de qué va el empleo, hija?, no me has querido decir mucho hasta que Harry llegara.
Ginny volvió a sonreir radiantemente.
—Seré reportera en la sección de deportes de El Profeta, ¿no es fantástico?
Harry se quedó mudo por unos segundos. Realmente era un fantástico empleo.
—¡Wow! Claro que lo es, me alegro mucho por ti, Ginny —siguiendo su entusiasmo, se inclinó para besarla rápidamente.
—Lo mejor es que, además de que seguiré en contacto con el Quidditch, tendré acceso a eventos internacionales. Quién sabe, estoy segura que esto podría convertirse en una profesión permanente.
—Vaya, hija. Realmente estoy feliz por ti, y sorprendida, debo decirlo. Nunca creí que te interesara el periodismo. —La señora Weasley parecía más relajada con la noticia de que su hija no se expondría a un empleo tan demandante (físicamente hablando) como lo había temido.
—Bueno, realmente no lo había considerando. La de la idea fue Luna, ya saben, su padre es dueño de El Quisquilloso y ella está algo familiarizada con todo ese mundo. En fin, cuando le platiqué lo del embarazo, ella me hizo ver que no tenía porqué renunciar a mi pasión por el Qudditch y entonces…
—Espera, ¿le dijiste a Luna que estás embarazada?, ¿cuándo? —Harry no pudo evitar interrumpirla.
—Hace dos o tres días, nos vimos para tomar un café y platicar —al ver el rostro de su novio, preguntó: —¿por qué?, ¿qué tiene de malo?
—¿Por qué no me dijiste que le contarías a Luna?, tú misma te molestaste cuando yo hablé con Ron y Hermione, ¡dijimos que no se lo diríamos a nadie sin consultarlo con el otro!
—Harry, cálmate. No es lo mismo, yo le dije a Luna porque es mi mejor amiga, lo sabes.
—Ron y Hermione son los míos y no toleraste que se los dijera —la falta de descanso y tantas horas de ejercicio en la Academia, sin contar el giro que había dado su vida personal, tenían a Harry en un nivel de estrés que lo había hecho explotar justo en ese momento. — ¿Es que sólo importa cuando se trata de tus mejores amigos?
—Ron es mi hermano, sabes bien que fue por eso que me molesté.
—Muchachos, tranquilos —la señora Weasley trató de intervenir pero esta vez Harry no le importó que estaba intentando mantener las cosas en paz con ella y no dudó en refutar el último comentario de su novia.
—Oh, ¿entonces sólo cuando se trata de ti es que yo debo seguir las reglas, verdad?, olvidé que así funcionaban las cosas con nosotros.
El rostro de Ginny se tornó del mismo color que el de Ron cuando él y Harry se habían peleado dos semanas atrás.
—A veces no notas lo idiota y desconsiderado que puedes llegar a ser, Harry —la muchacha se levantó de su asiento. —Si realmente crees que todo se trata de mí, entonces te invito a que abras un poco los ojos y analices quién de nosotros dos se va a sacrificar más durante este embarazo, quién renunció a sus sueños y quién tendrá que cambiar todo en su vida de ahora en adelante —Ginny caminó hacia la chimenea y lo miró una última vez para decirle con profundo sarcasmo —Oh, ¡pero gracias a Merlin que acababas de decir estás aquí para apoyarme!
Y dicho eso, la muchacha tomó polvos flu para irse.
El silencio que reinó estuvo cargado de un coraje que invadió la razón de Harry; esperando el segundo round con la señora Weasley, se sorprendió cuando ésta se levantó tranquilamente y puso una gentil mano sobre su hombro.
—Harry, mírame —el muchacho lo hizo. Molly le sonrió tristemente —Es por esto que no he estado muy contenta con la noticia. No están listos, ninguno de los dos.
—Lo lamento, señora Weasley —no supo si se refería a lo que le había dicho a Ginny o al hecho de haberla embarazado, o tal vez a todo.
—No te disculpes, hijo. No quiero que creas que no me alegro por lo del bebé, porque sí lo hago, un hijo siempre será una bendición. Sólo quiero que pienses bien en lo que realmente quieres: si convertir esta nueva etapa en sus vidas en un motivo para comenzar una batalla que terminará por separarlos a ti a Ginny, o tomarlo como una oportunidad para convertirse en una verdadera familia, —la mujer se inclinó para darle un beso en la frente y seguir el rumbo de su hija —La comida ya está lista, descansa.
Tras haber descansado el resto del sábado en la penúmbra de Grimmulde Place, Harry se sentía indeciso sobre lo qué debería hacer ese día. Normalmente, los domingos era el día en que podía disfrutar la compañía de los Weasley ya fuera en la Madriguera o ayudando en Sortilegios Weasley. Pero luego de la última pelea con Ginny, el moreno se sentía sin ganas de pisar ningún terreno de los Weasley, y no es que no deseara verlos, pero era como si cada vez que se viera con la pelirroja, una fuerza incontrolable lo hiciera desencadenar peleas que últimamente terminaban con palabras más hirientes y difíciles de borrar.
Así que aquel domingo decidió alimentar su apatía y quedarse en casa sin hacer nada productivo o entretenido. Al menos habría sido así sino se hubiera topado con El Profeta del viernes anterior cuando iba camino de regreso a su cama. Luego de su pequeño ataque de pánico a mitad de aquella semana, había olvidado hojear el artículo sobre Draco Malfoy, claro que a estas alturas estaba más que seguro que el rubio no lo había mencionado a él o a Ginny en dicha nota, pero no por ello se sentía menos curioso —y temeroso— de saber porqué Malfoy aún no había soltado la bomba a los medios de comunicación. Y entonces decidió seguir un impulso que probablemente hubiera analizado sino estuviera tan desesperado por contacto social y pensar en algo que no fuera los problemas con su novia, su mejor amigo y prácticamente con todos los integrantes de su vida personal.
Los primeros tres intentos de escribirle una carta a Malfoy fueron eliminados en la introducción. Había pasado de Querido Malfoy ¿acaso quería como respuesta un vociferador?, a Malfoy que, si sonaba amenazante en persona, escrito resultaba peor y lo que quería era calmar las cosas, no empeorarlas. Así que luego de luchar con su creatividad, su caligrafía, y tratar de sonar formal pero casual, Harry había terminado su pequeña carta que, esperaba, no fuera a ser el motivo que Draco Malfoy necesitaba para gritar a los cuatro vientos el embarazo de Ginny.
Draco Malfoy
¿Qué tal? Primero que nada, espero aceptes mis sinceras disculpas sobre mi comportamiento durante nuestro último encuentro. He de admitir que haber pasado de establecer un trato civilizado a rechazar cualquier contacto tuyo en un mismo día fue bastante grosero y un poco hipócrita de mi parte. Lo lamento.
Segundo, aunque sé que no te lo pedí y que realmente no me debes nada, te agradezco que hayas mantenido en secreto el nuevo detalle de mi vida personal, aún nos estamos recuperando de la sorpresa y no estamos listos para que todo el mundo mágico lo sepa. Realmente agradezco tu discresión.
Saludos.
Harry Potter.
P.D. Aunque comprendo si te niegas, te ofrezco una vez más dejar atrás el pasado y mantener por lo menos una relación civilizada cuando nos veamos.
Harry releyó la carta varías veces, indeciso si agregar o quitar algo, finalmente decidió mandarla sin hacer ninguna modificación. Si aquello tornaba en arruinar aún más las cosas, por lo menos tenía el consuelo de que Ginny había visto a Draco Malfoy aquella vez en la clínica de maternidad, así que técnicamente no podía ser su culpa si el rubio decidía soltar la lengua a raíz de la carta.
Sin esperar ninguna respuesta inmediata, el moreno decidió continuar con su idea de pasar un domingo en la apataía total. Pero como la mayoría de sus planes, éste se vio interrumpido, aquella vez fue Andromeda quien se presentó, muy apenada, deseando saber si podía hacerse cargo de Teddy mientras ella acudía a comprar ingredientes para las pociones que ocasionalmente preparaba para mantener sus plantas saludables. Harry solía sentirse culpable por la falta de tiempo que le dedicaba a su ahijado, especialmente sabiendo que Andromeda no tenía la energía para poder encargarse 24/7 de un niño de tres años de edad. Por lo que ahora, estando frente al pequeño mientras éste jugaba con las llamas frías que el mago había provocado, se sintió peor al saber que muy pronto iba a dedicarle aún menos tiempo a Teddy. No le había comentado nada a Andromeda sobre el embarazo de Ginny, pero tendría que hacerlo en algún momento, y no sabía cómo se tomaría la noticia. Bien era cierto que la bruja nunca le reprochaba la falta de tiempo que tenía para dedicarsel a su nieto, al contrario, ella siempre se mostraba (a su manera, por supuesto) sumamente agradecida cuando Harry se presentaba en su hogar para pasar una tarde con el niño, o como ahora, que ella acudía de improviso para pedirle el favor de cuidarlo.
Realmente sentía cómo su mundo estaba comenzando a cambiar con las olas que había provocado aquel embarazo inesperado.
Teddy acababa de soltar una de sus características carcajadas cuando, para sorpresa de Harry, escuchó el timbre de la puerta. Nadie llegaba por la entrada muggle sin previo aviso, e incluso aquellas ocasiones eran contadísimas. Aunque el encantamiento Fidelio de Grimulde Place había quedado inhabilitado poco después de la guerra, Harry tenía hechizos que protegian su hogar para evitar que muggles tocaran a la puerta por lo que sólo los magos podían visualizar el número 12 y timbrar.
Dejando a Teddy jugar con uno de los juguetes que Harry siempre tenía en la sala, el moreno acudió a la puerta. La sorpresa que se llevó lo dejó mudo momentáneamente. No sabía qué era más desconcertante, el hecho de que Draco Malfoy se hubiera presentado a su hogar, o que lo hiciera por el método muggle.
Sin esperar a que Harry se recuperara de su pasmo, el rubio habló alzando un par de pergaminos para que el otro los viera.
— ¿Cuántas cartas más tengo que recibir para que quede claro que no iré con tu chismesito a la prensa?, ¿o es que acaso tu noviecita no confía en mi palabra, Potter?
La actitud tajante del rubio hizo que Harry finalmente reaccionara, aunque ahora se encontraba más confundido que antes.
— ¿De qué diablos estás hablando, Malfoy?
Draco puso los ojos en blanco, evidentemente no se creía la confusión que Harry tenía.
— Oh, por Slazar, ¿qué creíste?, ¿que después de la amenazadora carta de tu novia iba a tranquilizarme con un patético suplicio tuyo? Mira Potter, si para estas alturas no he sacado a la luz tu escándalo personal no creas que es porque estoy esperando el mejor momento para hacerlo. Es porque no me interesa tu vida, ¿capichi? —Draco enfatizó las últimas palabras como si Harry sufriera un retraso.
Finalmente Harry comprendió lo que sucedía.
— ¿Ginny te escribió?, ¿cuándo? — preguntó tan sorprendido que ni siquiera pudo imitar el mismo tono de molestia que el otro le había demostrado.
Draco bajó las dos cartas con clara exasperación.
— ¿Estás diciendo que no sabías que la pelirroja tuvo la "cortesía" de escribirme?, ¿crees que tengo cara de idiota?
Antes de que Harry pudiera responder con sarcasmo, una voz a su espalda lo interrumpió.
— ¡Harry! ¡Mira, se rompió! — Teddy había corrido hacia él sin que el otro lo notara.
Draco observó al niño con los ojos cómicamente abiertos.
— Por Merlín, ¿cuántos bastardos tienes, Potter?
— Hey, no le llames así, Malfoy — Harry lo miró con furia. —Y no es mi hijo, es mi ahijado, Teddy.
A la mención de su nombre, el pequeño sonrió, aunque aún sostenía entre sus manos un pequeño juguete roto.
— ¿Teddy?… oh, Ted Lupin — esta vez Draco miró al niño con interés y curiosidad, aunque no la suficiente como para decir algo más. Claro que el pequeño no estaba dispuesto a ser ignorado.
— ¿Lo arreglas? —Teddy alzaba su juguete hacia Draco, esperando que éste lo regresara a su normalidad. Sin saber por qué lo hacía, el rubio sacó su varita y sin pronunciar una sola palabra, arregló el objeto haciendo que el niño gritara de emoción.
— No tenías por qué hacer eso, Malfoy— murmuró Harry entre dientes y con el ceño fruncido.
— Creo que la palabra que buscas es "gracias", Potter.
— ¡Gradias, gradias! — el niño gritaba y pretendía hacer volar al dragón de juguete, su cabello se había tornado de color rubio plateado, exactamente el mismo tono de cabello que Draco.
Harry bufó.
— Le agradas— dijo de mala gana.
Malfoy sonrió con sorna.
— Por supuesto, soy un Black.
— ¡Yo también! — gritó Teddy tan emocionado como si Draco hubiera anunciad ser el rey del universo. Harry rodó los ojos. — ¡Teddy Lupin Black!
— ¿Qué te escribió Ginny exactamente? — Harry ya no podía dejar más el tema de lado, su curiosidad lo estaba carcomiendo, además no quería creer en lo que el rubio había dicho respecto a lo que supuestamente Ginny le había escrito.
— ¿No te enseñaron modales en el mundo muggle, Potter?, ¿no piensas invitarme a pasar? — la actitud de Malfoy ya no era la misma de molestia que al principio, ahora estaba tranquilo, aunque aún lo miraba con frialdad.
— No suelo dejar pasar a invitados desagradables — dijo Harry al mismo tiempo que se hacía a un lado para que el otro entrara. Teddy ya estaba de vuelta en la sala de estar lanzando a su pequeño dragón y atrapándolo antes de que llegara al suelo. Al menos Harry podía ver el motivo del porqué siempre rompía sus juguetes. — ¿Quieres algo de tomar, Malfoy?
Draco alzó una de sus cejas bastante sorprendido por la repentina cortesía de parte de Potter.
— No, gracias. Aquí tienes — el rubio le entregó la carta sin esperar a que el moreno se la pidiera nuevamente. Harry tomó el pergamino y comenzó a leer rápidamente.
Malfoy.
Sé que estás al tanto de mi embarazo gracias al día que nos encontramos en la sala de maternidad, además Harry me comentó sobre tu (nada sorprendente) sarta de insultos. Te escribo para decirte que pienses muy bien antes de acudir a El Profeta o con cualquier reportero para divulgar la noticia, recuerda lo frágil que es tu posición y la de tu familia dentro del mundo mágico, cualquier piedrita puede destruir lo que quedó de tu apreciado apellido después de la guerra.
También debes tener en cuenta que Harry no sólo es el único con contactos en el Ministerio, yo misma conozco gente dentro de El Profeta como del Ministerio, así que cualquier "noticia" tuya que llegue, caerá a mis manos antes de que puedas decir Snitch. No querrás que tus palabras se tergiversen en tu contra, ¿o sí?
Sé que no tienes ni un pelo de tonto, Malfoy, demuéstralo con tu silencio.
Ginny W.
Harry tuvo que releer la carta tres veces antes de poder reaccionar. Su rostro se había ruborizado levemente, la vergüenza y el coraje lo invadían de igual manera en su mente. Cuando finalmente miró Draco, éste retiró su atención de Teddy que justo en ese momento jugaba con su dragón que levitaba gracias al encanto que Draco le había lanzado.
— Malfoy, yo… Merlín, no sé qué decir — realmente estaba estupefacto por el odio que Ginny había puesto en cada palabra. —No puedo creer que te escribiera esto.
— Yo sí— contestó Malfoy sin una gota de sarcasmo. Ante la cara de Harry, rodó los ojos. —No es la primera vez que recibo una carta de ese tipo, Potter. Claro que la Weasley tiene un estilo muy apreciable. Yo no puedo creer que sea la misma persona que escribió ese atroz poema para ti en Hogwards — ésta vez sí lo dijo con sarcasmo y burla.
Harry no cayó en la trampa.
— Lo digo en serio, Malfoy. Lamento que hayas recibido esto —su seriedad contagió al otro. Draco frunció los ojos con un dejo de enfado y desconfianza.
— ¿Por qué te molesta tanto?, no es como si se pensara diferente de mí. Especialmente tú. — el reproche fue palpable en la voz de Draco, Harry abrió ojos con sorpresa, lo cual hizo que Draco se enfadara todavía más. —Oh, por favor, Potter. No pensarás que ahora creeré que me tienes en el mejor concepto. Sé exactamente lo que piensas de mí, el hecho de que tú no lo expreses como tu novia lo hizo, no quiere decir que espere otra cosa de ti. Me quedó muy claro que no quieres un trato civilizado conmigo, ¿por qué habría de esperar que una amenaza como la de Weasley sea algo que tú no hayas considerado también?
—Te equivocas, Malfoy. Yo no soy así, y en cuanto a lo que sucedió la última vez que nos vimos, como te lo mencioné en la carta, lamento haber reaccionado de aquella manera. Yo sí quiero que nos llevemos bien, ¿por qué lo habría sugerido en primer lugar si no lo hubiera pensado?
Draco no dijo nada ante esto, su mirada se clavó en Harry por varios segundo, el moreno trató de mantenerla pero finalmente giró el rostro hacia Teddy, había algo en aquellos ojos platinados que simplemente no podía tolerar sin terminar actuando impulsivamente e inevitablemente terminar en alguna absurda pelea.
— Bien, si eso es lo que en verdad quieres, yo no soy quién para oponerme — el tono de Draco era muy frío, claramente no había creído las palabras de Harry, pero no parecía dispuesto a ser el autor de otra discusión con el moreno, mucho menos frente a Teddy que estaba tan atento a ellos como a dragón de juguete. —En fin, me retiro. Dile a tu novia que no se preocupe por lo que salga de mi boca, que mejor se enfoque en cosas realmente importantes, después de todo está gestando al mismísimo hijo de San Potter, vaya honor, ¿verdad? — su voz fue sarcástica pero el brillo de sus ojos y la pequeña (casi invisible) sonrisa indicaba que su intención era molestar amigablemente.
Harry no dijo nada, sólo negó con la cabeza y sonrió mientras observaba que el rubio se retiraba por la puerta que había entrado. Le sorprendió que el otro utilizara tan naturalmente un medio muggle para irse, pero creyó que el rubio prefería hacerlo a tener que pedirle a Harry acceso a su chimenea.
Luego de varios minutos de que Malfoy se hubiera ido y de que Harry aun estuviera observado la puerta de su hogar, decidió que después de todo sí quería hablar con Ginny aquel día.
—Ven, Teddy, ¿qué te parece si visitamos la Madriguera?
— ¡Sí!
Llegaron a la vieja casa de los Weasley cuando la familia había terminado de merendar. Harry y Teddy caminaron por el jardín y fueron recibidos por Arthur luego de sentir en las protecciones del hogar el arrivo de los dos.
— Harry, creíamos que hoy no vendrías, ¡hola, pequeño! — el hombre se arrodilló para saludar a Teddy.
— No soy pequeño, ¡soy grande! — el niño brincó para demostrar lo grande que era, aquello sólo provocó una risa en los dos adultos.
— No había pensado venir, pero quise traer a Teddy para que viera los nuevos juguetes de Sortilegios Weasley. – Teddy practicamente se colgó de las piernas de Harry al escuchar la palabra "juguetes" y comenzó a gritar de emoción y no se detuvo hasta que el señor Weasley le hubiese traído la caja de juguetes que tenía para ocasiones como esa.
Una vez que Teddy estuviera lo suficientemente entretenido con los juguetes y el señor Weasley, Harry decidió buscar a Ginny y finalmente hablar con ella. La muchacha se encontraba en su habitación vaciando varios objetos dentro de un baúl viejo, Harry tocó la puerta a pesar de que ésta se encontraba abierta, Ginny lo miró sorprendida pero inmediatamente su rostro se tornó en una piedra cuyo pensamientos eran imposibles de adivinar. Harry supuso que su novia seguía molesta y para ser honesto, él no estaba muy contento con ella. Pero tampoco podían continuar ignorándose eternamente, y ahora el moreno tenía la excusa perfecta para hablar con ella.
— Vine a que Teddy jugara un rato con los juguetes de la tienda.
Ginny asintió pero no dijo nada, Harry dudó que la chica estuviera dispuesta a ser la primera en dar el brazo a torcer, si había algo que caracterizaba a la pelirroja era que su orgullo podía ser indestructible cuando se lo proponía.
— Draco Malfoy me hizo una visita hace un rato.
Aquello rompió la capa de hielo que cubría el rostro de Ginny.
— ¿Qué quería? — su pregunta fue tajante, pero Harry no supo si se debía a la molestia que sentía hacia él o porque se trataba de Malfoy de quien hablaba.
— Le mandé una carta y no le agradó mucho lo que pedí considerando que tú también le habías escrito una carta… similar. — Harry había estado apunto de decir "amenazante" pero decidió no hacerlo, deseaba mantener aquella conversación lo más tranquilamente posible.
Ginny bufó y caminó hacia su cama para sentarse en ella, su mirada se dirigió hacia la pared de enfrente.
— No podía fiarme en que aquel mortífago mantuviera su boca callada, después de todo sabemos bien cómo le encanta platicar con la prensa.
Harry recibió la palabra "mortifago" como un latigazo, sin duda él hacía mucho que no había pensado en Malfoy de aquella manera, no después de todo lo que había sucedido durante el sexto año. Pero era evidente que para Ginny no había significado ninguna diferencia que Draco Malfoy hubiera flaqueado en su intento de consagrarse como mortífago en la Torre de Astronomía en Hogwarts.
— No creo que Malfoy siga siendo el mismo chico de Hogwarts que le fascinaba ser la fuente principal para que El Profeta o cualquier otro periódico pudieran hacerme la vida imposible. — Harry se acercó hacia Ginny pero no se sentó en la cama. Aunque realmente había temido que en cualquier momento Malfoy soltara la bomba a la prensa, no se sentía muy cómodo compartiendo ese mismo pensamiento ahora que Ginny había compartido el suyo acompañado de su prejuicio hacia su ex compañero.
— No iba a correr ningún riesgo con él, por eso le mandé la carta. ¿Acaso te amenazó que iba a ir con el chisme a la prensa?
— Al contrario, estaba muy molesto porque los dos le hubieramos enviado correo cuando era evidente que no iba a hablar con la prensa, dijo que de haber querido ya lo habría hecho desde el primer día. La verdad parecía ofendido por tu carta, al parecer lo amenazaste.
Harry no quiso decirle que había leído la carta. Quería, no, necesitaba saber las razones de Ginny para haber escrito aquello sin hacerlo como si la acorralara o sorprendido en el acto.
Ginny se encogió de hombros restando importancia a lo que Harry decía.
— Da igual lo que haya puesto, es Malfoy y como dije, no iba a tomar ningún riesgo. No se trata solamente de ti a quien podía perjudicar yendo a divulgar mi embarazo a la prensa junto con quién sabe qué inventos suyos, ¿sabes?
— Eso lo sé, Ginny, pero no creo que amenazando sea la manera de lograrlo, ¿qué pasa si toma represalias contigo por esa carta y…?
Ginny le lanzó una mirada que lo hizo callar.
— ¿Represalias?, ¿Malfoy? Por Merlín, Harry, los dos sabemos que él es más inteligente que eso. Lo que menos necesitan él y su familia son escándalos de ese tipo. Lo único que yo hice fue lo mismo que tú y francamente…
— Yo jamás lo amenacé.
— Me acabas de decir que le enviaste una carta y por eso fue a verte.
—Así es, pero en ningún momento lo amenacé, sólo se lo pedí.
— ¿Por qué estamos discutiendo de Malfoy, Harry?, ¿es que no importa lo demás que sucede entre nosotros? — preguntó Ginny exasperada.
— No estoy discutiendo, solamente… — Harry no supo qué más decir.
— Solamente estás molesto conmigo como yo lo estoy contigo, y terminamos peleando por cualquier cosa excepto por lo que realmente nos tiene así.
Aquello sorprendió a Harry y lo dejó un poco confundido para después darse cuenta que Ginny tenía razón. Normalmente hubiera esperado ese nivel de introspección emocional de Hermione, pero no de Ginny. Pero la realidad es que no quería discutir porque le molestara tanto lo que había sucedido con Malfoy, aunque seguía siendo una espinita que no lo dejaba en paz saber que Ginny lo hubiera amenazado con aquellas palabras tan crueles, pero más que eso, como lo había dicho la pelirroja, se sentía molesto con ella por otra cosa, la cuestión era, ¿qué cosa?
— Esto no debió haber sucedido, no así, no tan pronto. — Ginny volvió a hablar tranquilamente haciendo una no intencionada pero buena imitación de Hermione cuando explicaba cosas obvias que no eran evidentes para los ojos de Harry (o de Ron) — No fuimos cuidadosos y nos dejamos llevar por un impulso, ahora todo será diferente y cualquier decisión que tomemos en adelante tendrá que ser bien pensada porque ya no seremos sólo tú y yo.
Bien, aquello resumía básicamente lo que Harry sentía pero sin sonar tan egoísta como sentía que lo hacía cuando lo pensaba. Le confortaba saber que él no era el único que sentía cierto remordimiento de no haber tomado las mejores decisiones en el pasado. Saber que Ginny estaba en el mismo estado mental lo confortaba hasta cierto grado, no podía dejar de sentirse molesto consigo mismo ni con ella porque las cosas no cambiaban al compartir las mismas emociones que la pelirroja. Pero justo en ese momento se sentía más tranquilo y con mayor libertad de expresar lo que había reprimido las últimas semanas.
— Realmente debí haber sido más responsable, no puedo creer que me dejara llevar.
Ginny soltó una pequeña risa mezclada con un bufido.
— ¿Tú debiste haber sido más responsable? Al menos te puedes justificar por cómo se dieron las cosas, en cambio yo sabía lo que sucedía y no pensé… nunca se me había pasado omitir el hechizo protector por más… ansiosa que me encontrara. Jamás había permitido que la situación se sobrepusiera a la razón.
Harry no dijo nada, miraba hacía la alfombra como si aquella pequeña mancha de tinta sobre el estampado de snitchs fuera lo más asombroso del mundo. Harry sabía desde hacía mucho tiempo que de los noviazgos que Ginny había tenido antes que ellos se hubieran besado por primera vez en la Sala de Gryffindor, la chica había tenido total intimidad con Dean; y aunque Harry y Ginny habían sido novios durante varias semanas durante el año en que Dumbledore había fallecido, Harry no había llevado las cosas con Ginny más allá que besos muy apasionados y uno que otro coqueteo. En aquel entonces simplemente no se habían dado las cosas y, para ser honesto consigo mismo, por más que había disfrutado aquellos momentos con ella, no se había sentido cien por ciento enfocado en la situación como para llevarla al siguiente nivel.
No fue sino hasta terminada la guerra y alrededor de seis meses después en los que tanto como Ginny y Harry pasaron por el dolor y duelo de la muerte de sus queridos que intentaron retomar la relación; él sabía que quería estar con ella pero el dolor y la conmoción durante esos meses se habían hecho insoportable como para poder compartir una experiencia así. Pero el noviazgo se dio de forma muy lenta aquella vez, a diferencia que cuando habían asistido a Hogwarts donde se veían diariamente, Harry y Ginny se habían enfrentado a un período de duelo y además a tener que vivir en dos mundos diferentes, después de esos seis meses que en la actualidad los recordaba con un poco de nitidez, Ginny había regresado a terminar sus estudios en Hogwarst junto con Hermione, pero Harry y Ron no lo habían hecho, el primero no deseaba regresar a los estudios aunque aquello significara renunciar a su sueño de convertirse en Auror (ingenuo de su parte ya que la academia le había abierto las puertas sin que él lo solicitase), y el segundo simplemente no podía regresar al lugar donde había visto morir a su hermano.
Pero a diferencia de Ron y Hermione que habían comenzado su noviazgo justo en la cúspide de la guerra y luego de haber vivido tanto durante aquel año, a Harry y Ginny no se les hacía tan fácil llevar un noviazgo a "larga distancia". Harry le enviaba cartas a Ginny pero éstas eran muy escuetas y sin profundizar mucho, su fuerte nunca habían sido las palabras y en escrito le era mucho más difícil expresarse, Ginny parecía igual que él en ese aspecto. Por lo tanto, luego de haber batallado durante las primeras semanas en "mantener" una relación por medio de correspondencia había quedado de manera implícita por parte de los dos que esperarían a retomar el noviazgo una vez que la chica hubiese terminado sus estudios; mientras Harry se dedicaba de lleno a rehacer una vida que nunca tuvo dentro del mundo mágico intentando adaptarse a las nuevas responsabilidades bañadas por la dicha de haber sobrevivido a la guerra y que se ensombrecían por desagradables momentos como los que vivía cada que pisaba el Callejón Diagon o Hogsmeade donde era interceptado por un numeroso grupo de magos y brujas cuya admiración y agradecimiento abrumaban a Harry a un punto que lo llevaron a una especie de autoexilio durante un año.
Durante las vacaciones de Ginny, los dos se veían pero Harry no quería comenzar algo que perdería cuando la chica regresara a Hogwarts, así que el moreno se aseguraba que las ocasiones que se veían fuera en presencia de Ron y Hermione, cualquier miembro de la familia Weasley o los compañeros de Hogwarts como Luna y Neville. Ginny se había sorprendido de que Harry no buscara privacidad entre ellos pero en ningún momento lo cuestionó y respetó la necesidad de Harry de continuar postergando las cosas.
Finalmente cuando Harry se sintió más compuesto para frecuentar lugares públicos y que la comunidad mágica comenzó a darle su espacio, el chico decidió aceptar la propuesta de la Academia de Aurores y comenzar su entrenamiento, pero como no quería favores había decidido tomar un curso express de seis meses que Hogwarts ofrecía de forma extraordinaria como parte de los estragos que había dejado la guerra y así poder tomar los examenes pertinentes para obtener su diploma y entrar a la Academia de Aurores de forma correspondiente. Aquel curso express había sido un bálsamo para la estancada rutina de la vida de Harry, por un lado agradecía que no tenía que volver a Hogwarts como Ginny y Hermione lo habían hecho, pero por el otro tenía una excusa para salir diario de Grimmuld Place y acudir al curso que se impartía durante las tardes en un área especial que se había acomodado exclusivamente para aquel curso dentro del Ministerio de Magia. Harry había intentado (especialmente luego de que Hermione se lo rogara y exigiera en varias cartas) de que Ron tomara el mismo curso, pero para ese entonces Ron ya no pensaba terminar sus estudios porque simplemente se sentía dichoso trabajando con George en Sortilegios Weasley y lo que había comenzado como una ayuda para sobrellevar la muerte de Fred y no dejar a George solo con la carga de un negocio, había terminado por convertirse en algo a lo que Ron quería dedicarse de por vida.
Finalmente cuando Harry hubo terminado su curso y aprovado todos sus examenes, un día despertó con las ansias de ver a Ginny, unas ansias que hacía mucho (sino es que nunca) había sentido. Para entonces la chica ya no sabía realmente en qué situación estaban los dos, ella se había enfocado en encontrar un trabajo dentro del mundo del Quidditch luego de haber terminado Hogwarts, pero no había sido fácil y que Harry se hubiera acercado a ella en busca de revivir lo que parecía perdido le había dado una dicha que no sentía hacía mucho tiempo. Al principio actuaban como en Hogwarts, buscando lugares donde intercambiar besos apasionados y volviendo a conocerse en improvisadas citas y aunque los dos sabían que querían llevar las cosas al siguiente nivel, Harry no se atrevía a hacer el movimiento, se sentía intimidado por no saber cómo actuar, temía que Ginny no disfrutara la experiencia como seguramente lo había hecho con Dean, en cambio ella intentaba quitarle esos pensamientos buscando intimidar cada vez más tomando el liderazgo, pero aquellos arranques de pasión terminaban por frenar aún más a Harry que terminaba las cosas de manera abrupta cuando sentía que explotaría de placer o algún pensamiento traicionero lo azotaba en el peor momento.
No fue hasta una tarde cuando Ginny eufórica por haber obtenido un lugar en el equipo profesional de Arpías de Holyhead cuando los dos terminaron por consolidar su relación. Harry se encontraba en Grimmuld Place estudiando su materia "favorita": Pociones, cuando Ginny llegó por medio de Red Flu practicamente gritando las nuevas noticias. Las felicitaciones se convirtieron en besos frenéticos y los besos es un balanceo que los llevó al sillón más cercano y ahí, sin seguir ningún plan cursi que Harry había tenido para darle un toque "romántico" a la ocasión y sin siquiera detenerse a realizar un hechizo de protección, los dos habían pasado a tener relaciones sexuales por primera vez dejándose llevar por el placer, el tiempo de espera, la expectativa y finalmente, la ansiedad. Ninguno de los dos fue conciente de qué había sucedido, Ginny estaba segura que aunque no había sido precavida las cosas no afectarían ya que su reloj biologico nunca fallaba, y no lo había hecho, las siguientes ocasiones se habían cuidado y ella comenzó sus duros entrenamientos en el Quidditch, faltaba mucho para que pudiera jugar en un partido oficial ya que ahora sólo estaría como remplazo, pero eso no le perdonaba ningún día de práctica. Mientras, Harry trabajaba duro en su entrenamiento para Auror y todo parecía perfecto.
Fue durante una noche después de un día precisamente duro que Ginny comenzó a sentirse mal, las nauseas no se compararon a las jaquecas que comenzó a sentir por lo que empezó una dieta más completa acompañada de pociones que le ayudaran a compenzar las energías perdidas, pero aquellas pociones aumentaron sus nauseas así que se enfocó solamente en mantener una buena dieta y dormir a sus horas. Pero cuando las jaquecas disminuyeron apareció la somnolencia lo que no sólo resultaba molesto sino peligroso, durante uno de los entrenamientos había estado a punto de estrellarse con la pared del estadio debido al sueño que sentía, aquel día había recibido un regaño descomunal por parte de la entrenadora y la chica se disculpó mintiendo al decir que no había podido dormir la noche anterior aunque no fuera cierto. Los días siguientes a aquel incidente Ginny se esforzó por dar lo mejor de sí aunque el sueño no desapareciera, finalmente decidió decirle a su entrenadora su problema y ella le dio unas pociones que fueron un milagro… hasta que uno de los efectos secundarios se hizo presente: vómitos. Para ese entonces Ginny estaba furiosa consigo misma, se encontraba en el mejor trabajo que podía pedir y en cambio su cuerpo le fallaba al no poder soportar la presión de unos entrenamientos. Cuando le comentó a su entrenadora sobre los vómitos que le había provocado la poción ésta la miró como si Ginny hubiera dicho que el planeta era plano y la había enviado directamente al personal de medimagos del equipo.
La noticia le cayó como hielo cuando el médico le explicó que aquella poción sólo provocaba vómitos en mujeres embarazadas o personas con problemas del corazón (lo cual era imposible ya que para ser admitidos al equipo debían pasar un examen médico) Ginny no pudo ni llorar, simplemente se negó a creerlo aunque sabía que aquella noticia era cien por ciento real. Su sueño se había desmoronado en cuestión de semanas, apenas había saboreado lo que se sentía pertenecer a un equipo de Quidditch profesional y ni siquiera había tenido la oportunidad de demostrar su destreza durante un partido oficial. Tardó dos días en soltarle la bomba a Harry, dos días en lo que ella intentaba engañarse diciendo que aquello no era real y que debía haber otra explicación a sus síntomas, pero finalmente tuvo que aceptar que si iba a acudir a una clínica a que le confirmaran lo que ya sabía, tenía que hacerlo con Harry, no porque deseaba que asumiera una responsabilidad, sino porque tenía miedo de estar sola en ese momento, estaba aterrada de que al momento en que el medimago le hiciera el hechizo que ella había negado en la enfermería del estadio de su equipo, no iba a poder afrontar la realidad si estaba sola.
— ¿Sabes algo? — Ginny rompió el silencio luego de un largo rato donde los dos se sumergió en sus pensamientos, — en Hogwarts escuchaba estas historias por parte de las hijas de muggles o los mestizos, incluso Dean llegó a contarme, seguro tú lo sabes bien. Chicas muggles que se embarazan siendo aún muy jóvenes porque no fueron responsables o porque no existen hechizos que son totalmente efectivos como los nuestros, siempre que escuchaba esas historias que normalmente las decían las de sexto o séptimo para instruir o asustar a las menores yo creía que aquello sólo podía pasarle a muggles o a una bruja que es tan joven que aún no domina un buen hechizo protector. Y mírame ahora… qué idiota fui—, la chica rió con amargura.
Harry estaba igualmente sorprendido de que él nunca hubiera escuchado tales pláticas en Hogwarts como avergonzado de ver a Ginny culpándose de algo que los dos habían hecho, que él también había provocado.
— No creo que sólo le pase a los muggles, mira a las familias antiguas del mungo mágico, son más numerosas, además no creo que todos sean tan cuidadosos cuando están… ya sabes. Estoy seguro que pasa más seguido de lo que nos enteramos.
Ginny asintió dándole la razón pero sin parecer muy convencida. No quiso decirle que había pensado aquello de sus padres, siempre había tenido esa idea de que seguramente su familia no hubiera sufrido tanta pobreza si sus papás hubieran sido menos impulsivos, pero ella siempre había sido feliz de estar en una familia tan numerosa y ahora que habían perdido a un miembro sentía que ésta se hubiera recortado por la mitad.
— Ya no puedo seguir aquí, Harry. — Ginny volvió a hablar pero esta vez con una firmeza que se vio reflejada en su mirada, la chica señaló el baúl que había estado llenando de cosas cuando Harry había aparecido en su habitación. — Tengo que irme de la Madriguera.
— ¿Qué dices?, ¿te echaron de la casa? — Harry estaba sorprendido de sus propias palabras.
Ginny negó antes de contestar.
— Por supuesto que no, es algo que debo hacer. Mis padres y yo somos muy diferentes, especialmente mi madre y yo, tú lo viste ayer en Grimmuld Place, ella tiene una idea muy contraria a la mía de lo que significa ser madre. Tal vez me equivoque y termine haciendo las cosas como ella, pero en este momento necesito hacer esto a mi manera, pero no quiero que por eeso todo empeoren entre ella y yo, así que creo que será mejor si comienzo esta nueva etapa fuera de la Madriguera.
Harry la miró impresionado tanto por la decisión de Ginny y porque la chica estuviera tomando una decisión que sabía que le dolía; luego de la muerte de Fred, tanto Ginny como Ron no habían podido dejar el hogar porque sus padres los necesitaban tanto como ellos. En un principio George también había vivido con ellos, pero después, seguramente sintiéndose peor en aquel lugar, había buscado un nuevo apartamento en Londres cerca del Callejón Diagon y que actualmente compartía con su mejor amigo, Lee Jordan. Ron ya había comenzado a soltar comentarios de que él también deseaba buscar un apartamento ahora que había pasado el peor período económico para Sortilegios Weasley y que se sentía preparado para dejar la casa de sus padres. Pero Ginny no lo había estado, ella misma se lo había comentado una vez a Harry semanas antes de que quedara embarazada, la chica quería enfocarse en su carrera y en su familia, estaba feliz con su nueva vida.
— De acuerdo, ¿ya le has dicho a tus padres? — Harry sabía que no, sino el señor Weasley no lo habría recibido con aquel júbilo de siempre momentos antes cuando había llegado con Ted a la Madriguera, pero no sabía qué otra cosa preguntar.
— No, pensaba acudir contigo después de la cena y saber tu opinión y hablar con mis padres mañana aprovechando que Ron se va temprano los lunes a la tienda. Así que, ¿qué opinas?
— Oh, pues si en verdad es lo que quieres y lo has pensado bien… por mí no hay problema.
Ginny frunció el ceño ante el último comentario de Harry.
— Creo que entendiste un poco mal las cosas Harry, si me voy de aquí no es para vivir contigo en Grimmuld Place.
Harry sabía que estaba mal sentir un poco más de alivio que sorpresa ante aquella declaración, pero fue lo que primero sintió. En cuanto a la sorpresa…
— ¿Por qué no?, ¿entonces dónde piensas vivir?
— Con Luna, su padre aceptó rentarme una habitación aunque dice que no me cobrara nada. No quiero vivir en la ciudad ni estar muy lejos de aquí y Luna ha sido muy comprensiva.
Aquello sonó como un reclamo para Harry.
— Pero si vamos a tener un hijo y estamos juntos, ¿no es lo más lógico que vivamos en la misma casa? — ahora que la sorpresa y el alivio habían pasado, Harry se sentía intrigado y molesto con la nueva situación.
Ginny volvió a bufar.
— Lo más logico sería que nos casaramos, Harry. Y eso no va a suceder…
— Tú dijiste que no querías casarte.
— Y sigo sin quererlo, pero vivir juntos y con un bebé en camino es estar a un paso del matrimonio, Harry. Y tú y yo no queremos eso, simplemente ve cómo hemos estado estas semanas, peleamos todo el tiempo, me siento mucho más distanciada de ti ahora que cuando regresé a Hogwarts después de la guerra. Si llevamos esto a Grimmuld Place no vamos a soportar estar juntos más que un par de meses, no quiero eso para el bebé, quiero que nos tenga a los dos bien, juntos.
Harry sentía que debía expresar lo ilógico que Ginny sonaba al repetir tanto la palabra juntos cuando la chica estaba defendiendo un argumento donde la idea era de que vivieran separados. Pero en vez de discutir, en eso la pelirroja había tenido razón, los dos peleaban más que nunca. Intentó ser razonable.
— ¿Qué hay cuando nazca el bebé?, ¿seguirás viviendo con Luna?, ¿regresarás aquí? No quiero ser un padre que tenga que hacer visitas programadas para ver a su hijo.
A Ginny se le ablandó la firmeza en su rostro cuando Harry expresó sus temores.
— Claro que no será así, Harry. Aún faltan meses para que nazca el bebé, para entonces estoy segura que estaremos listos para vivir juntos… los tres. — ella sonrió al decir aquella última palabra, en cambio Harry se sintió dividido entre la tristeza de saber que Ginny tomaba esa decisión y el temor qué sería de sus propios sentimientos cuando aquel momento llegara.
— De acuerdo, así será entonces.
Ginny sonrió nuevamente y se levantó de la cama para darle un beso en los labios.
— Gracias por comprender. Ahora vamos abajo que seguramente mi padre ha de estar vuelto loco con Teddy, ese niño tiene más energías que una snitch.
Notas de autor: Me gustaría decir que a partir de esta innesperada actualización voy a continuar subiendo capítulos nuevos de manera constante, pero no quiero prometer nada, lo que sé que esta historia sigue estando en mi mente luego de tantos años de haberla comenzado y espero algún día terminarla, así que no pierdas esperanza si la lees pero te pido paciencia porque no actualizo seguido.
